jueves, 22 de octubre de 2020

SOBRE LA CUSTODIA Y PUESTA EN VALOR DEL ARCHIVO HISTÓRICO DE LA FAMILIA CHAMORRO. Por Eduardo Pérez-Valle hijo.

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    La Universidad de Tulane y la Biblioteca Latinoamericana han vuelto a tomar la responsabilidad de custodiar y disponer al público un importantísimo archivo histórico, donde destacan, sobre todo, sucesos de Nicaragua y Centroamérica. En esta oportunidad, el desprendimiento es un conjunto de acervo ascendiente de la familia Chamorro Alfaro, Chamorro, Zelaya, Chamorro Cardenal, Barrios de Chamorro y, Lacayo Oyanguren.  

    Cada tanto tiempo, muchos documentos cierran ciclos de información, pero la historia solo adviene en provecho de la sociedad cuando logramos acceder a ellos. Pueden haber verdades,  mitad verdades o falsedades cuando no podemos –con la prueba documental— enlazar o dar luz sobre las diversas épocas y circunstancias. La atinada contribución de la familia Chamorro está soportada en el prestigio de la Biblioteca Latinoamericana, y ese fondo documental no tiene línea divisoria porque estará disponible a través de la interconexión digital.  

    Empero, el hecho de acceder  al recurso documental más allá de nuestras fronteras, jamás podrá tapar el oscuro capítulo local en materia de archivos administrativos y, archivos en condición de históricos. En ese asunto siempre hubo y prosiguen los balbuceos. En Nicaragua pasa el tiempo, la gente, las instituciones, y continúa la trasposición de errores menores a errores mayores porque desde todos los ángulos evitamos, ocultamos, desconocemos, o no podemos acudir hacia la verdad común de la historia.  

    En materia de historia cabal no existe el rodeo, debemos aceptar que los documentos ofrecen puertas únicas de entrada y de salida. Y a propósito de lo antedicho se inscriben todas las misiones oficiales o particulares emprendidas por historiadores nicaragüenses que jamás habrían osado dar puntadas sin hilos, porque los parladores de historia y la mordicante ignorancia siempre han metido a Nicaragua en serios problemas de toda índole.  

    Varios de esos viajes fueron realizados ante la ingente necesidad de encontrar documentos que contribuyeran a la defensa legal de nuestro territorio. En 1918, hubo búsqueda en archivos europeos, la promovió el ingeniero José Andrés Urtecho. Dos décadas más tarde lo realizó el profesor Sofonías Salvatierra en el Archivo General de Indias. También se inscriben los inestimables aportes del doctor Andrés Vega Bolaños y el doctor Carlos Molina Argüello;  las investigaciones de don Alberto Bendaña en el Archivo Nacional de Guatemala  y en el Archivo General de Costa Rica, entre otros.  

    Es incuestionable la importancia de los archivos históricos, ellos también fueron cruciales para ejercer la defensa territorial frente a la pretensión del gobierno hondureño por apropiarse del Cabo Gracias a Dios. El doctor Eduardo Pérez-Valle, así lo expone en la Introducción de su libro “Un Laudo con dos incógnitas”, publicado en septiembre de 1961:

    “El Mapa Anexo a la Réplica presentada por Honduras ante la Corte Internacional de Justicia, convierte arbitrariamente en isla el trozo de tierra situado inmediatamente al Norte de la actual Laguna de Cabo Viejo, y dice ser esa la famosa Isla de SAN PÍO que el Rey Alfonso adjudicó a Nicaragua; y deja para Honduras las islas y cayos situados hacia el oriente, incluso el verdadero e histórico Cabo Gracias a Dios, descubierto por Colón. Es oportuno, pues, en esta etapa de las desventuras de nuestra Patria, y lo consideramos un deber, antes de que su territorio se vea aún más cercenado, intentar una reconstrucción de la Isla de SAN PÍO a la luz de la Geografía Histórica, estudiando a la vez, con el auxilio de fuentes cartográfica y documentales de innegable valor, la evolución en el tiempo de la Ensenada del Cabo y de otras formaciones litorales de esa región, lo mismo que las vicisitudes y traslados del establecimiento o población del Cabo Gracias a Dios. Todo esto vendrá a demostrar con suficiente fuerza la inconsistencia e invalidez que vicia las pretensiones hondureñas, y el derecho de Nicaragua, según la letra y el espíritu del Laudo real, a toda la margen derecha del río Coco, hasta su desembocadura en el Atlántico junto al Cabo de Gracias a Dios de Cristóbal Colón.”

    La presentación del libro la hizo el  doctor Diego Manuel Chamorro Bolaños (1879- 1970):

    “El trabajo que hoy se publica en este libro fue escrito por Eduardo Pérez-Valle para “La Prensa” en una serie de artículos que constituyen un erudito estudio geográfico, ilustrado con dibujos y mapas antiguos y modernos, sobre la frontera de Nicaragua y Honduras, siguiendo las disposiciones del laudo del Rey de España en sus aspectos oscuros en cuanto a la desembocadura del río Coco y lo que constituye su brazo principal, que según el Laudo debía de constituir el límite en su THALWEG o vaguada, o sea en lo más profundo de su canal navegable.

    El meritorio y erudito trabajo tanto histórico como geográfico agota en realidad la investigación, a la luz de los mapas de la época, sin llegarse localizar a ciencia cierta los puntos de referencia en que el Laudo se basa para designar el brazo principal de la desembocadura. Sin embargo, del estudio de Pérez-Valle se desprenden datos que permiten determinar en forma concluyente cuál es el verdadero brazo principal de la desembocadura del caudaloso río que ha de servir de límite definitivo de ambos países.

    Su contribución, en consecuencia, a la solución de este delicado problema es inestimable y sus aportes tienen que ser tomados en cuenta, por el valor científico en que se apoyan, el análisis documentado y el profundo estudio que contiene de los documentos que le sirven de base, al formularse el instrumento respectivo que deje resuelto el problema de la ejecución en el terreno del Laudo del Rey de España. Esta meritoria contribución servirá también para cimentar la fraternidad centroamericana dentro del viejo aforismo de que cuentas claras conservan amistades. La claridad que arroja el estudio de Pérez-Valle sobre el más oscuro de los puntos del Laudo es de incalculable beneficios para las futuras relaciones de los pueblos hermanos y servirá para evitar futuros rozamientos.

    “La Prensa” ha prestado también un buen servicio al acoger y publicar con tan magnífica presentación los trabajos del autor que ahora se recogen en este libro. 

         (F.) Diego Manuel Chamorro

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    Es desde todo punto indispensable martillar sobre la importancia de poseer Archivos bien conservados y dispuestos al público. La investigación histórica es un proceso metódico, científico, dirigido a descubrir la verdad y hacerla evidente. Eso no puede ocurrir cuando la sociedad en general, mantiene en perturbadora condición los libros y documentos históricos.

    Ese “meritorio y erudito trabajo”, como lo calificó el doctor Diego Manuel Chamorro, contó con la ayuda de personajes de merecido prestigio, quienes le permitieron consultar valiosos libros y documentos históricos, Pérez-Valle dejó constancia:  

    Al terminar la tarea propuesta queremos agradecer a distinguidas personas amigas la valiosa cooperación que nos han prestado. Son ellas: el señor Luciano Cuadra, que puso a nuestra disposición su valiosa biblioteca de obras raras y quiso traducir para nosotros diversos textos en inglés; los Doctores Diego Manuel Chamorro, co-agente de Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia, y Benjamín Castrillo Borge, oficial mayor de la Cancillería, que nos facilitaron copias de los documentos oficiales presentados por Nicaragua y Honduras ante la citada Corte; el señor Tomás Borge (Delgado), que nos acogió amigablemente en su extensa biblioteca de obras agotadas y archivo de documentos antiguos; el Ingeniero Cristóbal Rugama, director de la Oficina de Geodesia y miembro de la Comisión Mixta de Límites, quien puso a nuestra orden todo el extenso material fotográfico y de otra índole de que dispone la Oficina bajo su dirección; y al Señor Director de “La Prensa”, don Pablo Antonio Cuadra, que nos alentó en la empresa de nuestro estudio y nos acogió calurosamente en las páginas de su diario. A todos nuestro agradecimiento.



    Un año después de esa defensa, al doctor Eduardo Pérez-Valle, la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua en sesión del 5 de agosto de 1962, lo eligió Miembro de Número. Así lo demuestra el documento que permanece en nuestro archivo  histórico, firmado por el recordado Profesor Ricardo Páiz Castillo. Hago referencia de lo anterior porque con asombro comprobé que en una de las Revistas de la Academia, fue publicada otra fecha, muy posterior. ¿A qué podría atribuirse esa equivocación desde la Academia?



    De esos años y,  de años anteriores en la década de los 50, proviene la relación del doctor Eduardo Pérez-Valle con los viejos académicos. Pérez-Valle fue una especie de bisagra entre dos épocas de la Academia, estuvo en el umbral de lo viejo y luego prosiguió entre los relevos. De aquellas épocas, en los años 40 y los 50, provenía la amistad con el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, el papá del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

    Esa relación estuvo identificada quince años atrás, en la década de los 40, cuando el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Zelaya tenía catorce años de fungir como Director del diario La Prensa, y Eduardo Pérez-Valle estudiaba medicina en la Universidad Central de Managua y con la ayuda de otros compañeros elaboraban el periódico “El Universitario”.

    El último número de ese semanario circuló el 21 de Febrero de 1947, porque Anastasio Somoza García, lleno de cólera por una caricatura incluida en ese tiraje, indujo a las temidas turbas nicolasianas para que destruyeran las oficinas  y  talleres del diario La Nueva Prensa, en donde en esa época imprimían El Universitario. La Nueva Prensa no volvió a aparecer más.

    En la Universidad Central de Managua, durante algún tiempo también estudió Pedro Joaquín Chamorro Cardenal,  hijo del Dr. Chamorro Zelaya. La última edición de “El Universitario”, —siendo su Director Pérez-Valle—, incluyó un artículo intitulado “Sandino Nuestro Símbolo Nacional”, escrito  por Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y Ernesto Cardenal Martínez, quienes en ese entonces cifraban 23 y 22 años de edad.  

    Todo lo anterior tiene un lugar común en nuestra introducción vinculada a la noticia del Archivo Histórico entregado a la Universidad de Tulane, me refiero a la amistad y al vínculo intelectual de mi padre con el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya y, por supuesto, con el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, contexto en el que jamás estuvo ausente el poeta Pablo Antonio Cuadra.

    Al examinar el curso de aquella relación, me he tomado la libertad de reafirmar lo expuesto, con otro documento que otorga razón de uniformidad al pensamiento y lo actuado por el doctor Chamorro Zelaya en relación de la Generación Universitaria de 1944, me refiero a la opinión sustentada por él respecto a la gesta nacionalista de Sandino.

    Del mismo modo en que Eduardo Pérez-Valle encontró valiosa cooperación para reunir documentos destinados a rebatir la pretensión hondureña sobre el Cabo de Gracias a Dios, asimismo, otro denominador común entre ambos lo constituyó Augusto Sandino. El ombligo político conservador del doctor Chamorro Zelaya nunca fue causa de ceguera histórica. A este respecto contribuye otro documento fotostático que permanece en  nuestro archivo, carta enviada al Poeta Pablo Antonio Cuadra por el recio intelectual Orlando Cuadra Downing, que fue publicada en el diario La Prensa, el 23 de marzo de 1980:

Marzo 18 de 1980

Ing. Xavier Chamorro

LA PRENSA,

Managua.

         Estimado Xavier:

    Leí con sumo interés y agrado la ponencia de Lizandro Chávez Alfaro en el Encuentro de Escritores 1980, convocado por Casa de las Américas en La Habana, Cuba, aparecida en LA PRENSA LITERARIA del domingo 16 de marzo corriente.

    En dicha ponencia no con todo estoy de acuerdo, particularmente, en el párrafo referente a Entre dos filos del doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, tu padre, de tan grata y respetada memoria. Ese párrafo termina con una llamada a la nota al final del trabajo que consiste en una carta que te dirige el autor. En ella te dice, insistiendo en la vigencia del texto, que Entre dos filos, era “otra vuelta de espaldas a la realidad nicaragüense”.

    Yo que tuve buena amistad con tu padre, recuerdo haber hablado con él sobre su obra histórica y literaria. “Entre dos filos”, fue una novela anti-imperialista que tu padre escribió en 1924-1925. Los acontecimientos políticos de esos años impidieron su publicación y no fue sino hasta 1927 que el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, movido  por la gesta nacionalista de Sandino, publicó su obra. Posteriormente, en 1933 publicó “El Último Filibustero”. Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, aplaudió la gesta anti-filibustera del general Sandino, gesta que enseñó a su hijo, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, a reconocer, respetar y ensalzar a tal punto de ser el único periodista que escribiera editoriales alabándola.

Te envío la presente por la verdad y la justicia.

Fraternalmente,

                        Orlando Cuadra Downing

P.D. Como una prueba más del reconocimiento y admiración a la gesta nacionalista de Sandino de parte del doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya es el hecho de que en marzo 1933, en la Tip. La Prensa, se publicó el folleto: Manifiesto a los pueblos de la tierra y en particular al de Nicaragua, del general Augusto C. Sandino. Vale.- O.C.D.

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    Como ya lo he dicho, en esa relación con la investigación histórica hubo apoyo y uniformidad académica. Los documentos históricos fueron decisivos. Me gustaría insistir con otro ejemplo de ese tipo de interacción, en esta vez, publico la nota mecanografiada autógrafa, enviada por el Dr. Chéster Zelaya Goodman  a Eduardo Pérez-Valle:

San José, República de Costa Rica.

Diciembre 21 de 1974.

Se. Dr. Don Eduardo Pérez Valle.

                                         Granada, Nicaragua. C.A.

    Muy apreciado amigo.

    Aprovechando el viaje de un deudo mío, a nuestra Patria, le envío por medio de nuestro amigo, Dr. Mena Guerrero, la Lista de los documentos, en folders, que Ud. posee, y que tuvo la gentileza de prestármelos; por estar de vacaciones y fiestas cívicas, le prometo enviarle Libros, Folletos y, revistas, cuando se normalice.

       Afmo.  Chéster Zelaya Goodman


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    En esta presentación me he tomado la libertad de extenderme un poco y de poner los anteriores ejemplos de históricas interrelaciones que han facilitado el acceso a documentos pertinentes, porque la noticia sobre la incorporación de la Colección Documental de la familia Chamorro a la Universidad de Tulane y la Biblioteca Latinoamericana, me hizo abrir los ficheros de nuestro Archivo Vertical y tal como lo pensé, en él encontré varias copias de páginas con membrete del diario La Prensa, que contienen índices de un interesante conjunto de documentos e información ordenada, relacionada con ese Archivo Histórico de la familia Chamorro.

    Por más de medio siglo, el doctor Pérez-Valle conservó esas copias del índice que le proporcionó el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, facilitado para ayudad a encontrar algún documento vinculante a la investigación histórica del momento. Ahora, a la Biblioteca Latinoamericana le corresponde respaldar cada documento. Seguro que entre los índices estarán muchos de los que por décadas hemos mantenido en nuestro archivo.  

    Ahora existe otra deuda de gratitud con la familia Chamorro. Ojalá surjan nuevos académicos, gente estudiosa que honre los desvelos y fatigas de aquellos distantes enlaces generacionales que supieron dar beneficios a Nicaragua con el buen uso de importantes acervos históricos. Ya decidiremos sí publicamos algún indicador parcial o todo el índice en referencia.   

 


- I -

1)                                      

LA PRENSA

ARCHIVO DEL DR. PEDRO JOAQUÍN CHAMORRO ZELAYA

1ª- Gaveta

Lista de Documentos contenidos en los folders de la 1ª. Archivadora

Discurso de Dn. David Arellano ante el féretro de Dn. Pedro José José Chamorro.                                                                                                    1 – 1

Carta de Dn. Leonardo Argüello – 1937                                                  1 – 1

Discurso de Dn. Adolfo Altamirano Brown – 1944                                  1 – 1

Recurso de Amparo ante la Corte Suprema de Justicia, para la elección de Alcalde de Bluefields – 1924                                                                 1 – 1

Cartas de Hermógenes Avilés Pereira – 1928                                            1 – 1

Cartas del Dr. Emilio Álvarez – 1929 – 30 – 33                                         1 – 2

Cartas de Dn. José E. Álvarez – 1924                                                       1 – 3

Poder del Dr. Leopoldo Tablada – 1923                                                  1 – 4

Poder de Dn. Abelardo Amaya y cartas de este mismo – 1923                  1 – 4

Carta del Secretario de la Academia de Historia de Granada nombrándolo miembro de ella – 1933.                                                                                   2 – 1

Carta al Min. de Fomento de Dn. Salvador Zelaya, a nombre de José Páiz , denunciando 500 hectáreas de terreno en Caño Cume Pruan.

Recibo a nombre  de Enriqueta Lacayo v. de Vivas, de Benjamín Barillas – 1924.                                                                                                      2 – 1

Nota de Débito del Banco Hipotecario de Nic. – 1936.                             2 – 1

Denuncios de 2 lotes de terreno en Cabo Gracias a Dios.                          2 – 1

Carta de Carlos Bolaños al Dr. Pedro J. Chamorro – 1924.                       2 – 1

Recibo de Peritaje en fincas de Diriamba – 1926.                                      2 – 1

Documentos del Banco Nac. por el Dr. A. Vega Bolaños -1926         .               2 – 1

Exposición a la Corte Sup. de Justicia, sobre la venta de la goleta Matilde Kelting – 1926.                                                                                          2 – 1

Consulta de Lorenzo Espinoza – 1924.                                                    2 – 1

Carta al Dr. Jerónimo Aguilar h.  – 1928.                                                  2 – 1

Exposición al Juez sobre el caso de Rafael Monterrojas                            2 – 1

Correspondencia varias del Banco Nacional –  1926                                 2 – 2

Documentos del Banco Nacional – 1928.                                                  2 – 3

Del Banco Nac. otros documentos – 1922.                                              2 – 4

 

Estado de cuenta del alumno Jaime Chamorro – 1952                               3 – 1

Cuento “La Caza del Lagarto” por P.J. Chamorro.                                             3 – 1

Publicaciones del cultivo del Café.                                                         3 – 1A

Documentos de Carlos Cardenal &  Cía. Ltda. 1937-38.                          3 – 2

Escrituras, documentos de Salvador Cardenal 1924.                                 3 – 3

Carta a Pedro J. Chamorro de Isabel Cardenal y su contestación – 1935.  3 – 4

Constancia de empleados del Min. Gobernación a favor del Dr. Pedro J. Chamorro – 1927.                                                                                       3 – 4

Cartas a P. J. Chamorro del Dr. Manuel Arana Pasos – 1927.                   3 – 4

Carta a P. J. Chamorro del P. Jesuita Daniel Restrepo  - 1926.                  3 – 4

Carta al P. Jesuita Renaud del Dr. P. J. Chamorro y otra más – 1927.        3 – 4

Carta a P. J. Chamorro de Fray José Pérez – 1927.                                   3 – 4

Carta a P. J. Chamorro del Máximo Zepeda – 1928.                                 3 – 4

Carta a P. J. Chamorro del Dr. Emilio Álvarez – 1928.                               3 – 4

Carta a P. J. Chamorro de Pedro José Chamorro y contestación – 1928.   3 – 4

Carta a P.J. Chamorro del Dr. Agustín Sánchez V. – 1928.                       3 – 4

Cartas P.J. Chamorro del Dr. Jaural de Londres y su contestación – 1927 – 1928.                                                                                                                3 – 4

2ª. Página.-

Carta a P. J. Chamorro del Dr. Cuadra Pasos y su contestación – 1928.     3 – 4

Carta a P.J. Chamorro de Monseñor Reyes – 1928.                                  3 – 4

Carta a P.J. Chamorro del P. Jesuita José Carlucci – 1927.                       3 – 4

Carta a Juan Ramón Avilés del Dr. P. Joaquín Chamorro – 1927               3 – 4

Carta al Dr. Octavio Pasos Montiel del Dr. P. J. Chamorro – 1927            3 – 4

Carta a Editorial Franco Ibero Americana del Dr. P.J. Chamorro- 1927     3 – 4

Carta a P. J. Chamorro. Managua de Dn. Mariano Zelaya Granada. -  1920-27

Carta a Agencia Gral. de Librería y Publicaciones Buenos Aires del Dr. Pedro J. Chamorro – 1927.                                                                                     3 – 4

Carta a Revista Nuestra América, Buenos Aires del Dr. P. J. Ch. -1927.   3 – 4

Cartas al Dr. P. J. Chamorro, Managua del Dr. Jauralde. Notario Público Londres y sus contestaciones – 1929.                                                          3 – 4

Carta a P.J. Chamorro del Secretario de la Real Academia Española – 1928.

Cartas a P.J. Chamorro de Dn. Leandro Chamorro, Granada – 1929 – 40. 3 – 4

Carta a P. J. Chamorro. Managua de Dn. Alfonso Ayón León – 1929.       3 – 4

Carta a P.J. Chamorro. Managua, del Sr. Gerardo Ferrufino 1930.             3 – 4


viernes, 16 de octubre de 2020

EL DR. GUSTAVO TABLADA ZELAYA Y LA CLÍNICA PÁVLOV, EN UN ARTÍCULO DEL DIARIO LA PRENSA / 20 de Agosto de 1973. Pág. 10.


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Los integrantes de la Policlínica I. P. Pávlov, doctores Julio César Borge, Gustavo Tablada, José Luis Medina y Juliio C. Briceño, quienes junto con su colega Ena Briceño (que no aparece en la gráfica), han fundado en esta ciudad un centro asistencial privado de grandes alcances y motivaciones sociales. 
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Liminar de EPV h.:

Estimé que este artículo sobre la “Clínica Pávlov” fundada por el Dr. Tablada Zelaya y otros colegas, en la Managua de los años setenta, no podía  compartirlo sin que, al menos hubiera un recordatorio del contexto en el cual conocimos al inolvidable médico chontaleño que en esa época rondaba los treinta y tres años de edad.

Todos los vecinos lo tenían en alto concepto, como persona y  profesional de la medicina. Tampoco era desconocida la participación política del Dr. Tablada en las filas del Partido Socialista Nicaragüense.

En aquel contexto de mi juventud tuve más de un excelente amigo de vecindad, uno de ellos era peculiar, caracterizado por poseer un picaresco y fino sentido del humor. A este singular acompañante de mis andanzas juveniles, siempre le asomaba la tozudez del que todo lo sabe,  y por ese motivo, los amigos menos tolerantes lo apodaban “El Burro”, aunque él solía acompañar toda ocurrencia con risas persistentes y grandes. Estudiaba en el Instituto Nacional Maestro Gabriel; de cuerpo tonelero y un rostro donde destacaban grandes ojos saltones, contradictor de voz grave, quien solía otorgarse la razón con la locución “Donde digo, dijo Diego”.

Este amigo era parte de aquel vecindario, caracterizado por familias no adocenadas, porque en esas calles y avenidas podía localizarse gente muy peculiar en cuanto a educación universitaria y académica. En nuestro entorno que tendría un hueco en la película “Aquellos años maravillosos” de Kevin Arnold, vivió el Dr. Gustavo Tablada y familia, ocupaba una casa esquinera a media cuadra del extenso parque del Residencial que, a mi juicio, en esos años fue Dorado y, al pasar del tiempo, por diversas razones dejó de serlo.

A donde fuéramos por aquellas aceras, la referencia cartesiana te ponía frente a las casas de numerosos médicos, químicos-farmacéuticos, ingenieros, abogados, arquitectos, profesores universitarios, en fin, en la convivencia del conocimiento. Cercano al domicilio de la familia Tablada, no había manera de esquivar las especialidades médicas, porque a poca distancia vivían otros galenos, que recordarlos pone el alma de cántaro.

Aquel calendario existencial deshojaba el año 1975. Sin extravíos, en ese trocito urbano de Managua era fácil localizar un numeroso grupo de hermanados en la ética del juramento hipocrático. A través de esos recuerdos distantes hasta la cercanía del presente, y en particular, durante los tres últimos años, sobrevino la pena recóndita en los hogares de otros entrañables médicos.

Próximos a la casa de la familia Tablada vivían otros portadores del báculo de Esculapio, quienes por otras causas y en años recientes, fueron convocados a la inexorable cita de tierra y cielo. Humanistas que dedicaron su vida a socorrer y curar a muchos ciudadanos, en donde nunca faltaban los aquejados indoctos, de esos  mismos que en el presente pandémico tampoco atienden la obligación de usar mascarillas para prevenir contagios y muertes.

En estos gratos recuerdos de aquella vecindad establecida a mitad de los años 70, están las familias de los inolvidables médicos: Dr. Néstor Castillo Balladares, Dr, Ángel Axel Sobalvarro Orozco (1951-†2019), Dr., Rafael Pérez Fonseca (†11/10/2020). En un corto trayecto vecinal, también habitaban los médicos: Sergio Prado Arnuero, Luis Rigoberto Wilson Juárez, Ronni Avilés y Sandra Aráuz de Avilés, entre muchos otros.

A  las pocas calles  y avenidas de nuestro residencial, tres en rumbo norte-sur y siete de este-oeste, la urbanizadora que la trazó decidió bautizarlas con los nombres de “metales”, ese peculiar detalle no fue intrascendente porque estuvo incorporado al lenguaje disimulado y corrosivo de mis amigos, en donde no faltaba “El Burro Baltodano” y, Reynaldo, el hermano intermedio, que por su extrema delgadez le decíamos “Papel”.

Precisamente, la Avenida del Oro era ruta hacia la casa del Dr. Tablada Zelaya. En las inmediaciones de esa misma avenida aurea también residían  varias encantadoras muchachas que provocaban ensoñaciones y hondos suspiros. Mis amigos del círculo, solían hablar de sus encaminamientos domingueros y sabatinos con sólo mencionar alguno de aquellos nombres de metales. Cuando alguien preguntaba por los planes, ¿A dónde se dirigen?  Vamos donde los kilates resplandecen, decían.

Yo vivía en otra avenida paralela a los linderos del Oro, pero la nuestra no tenía el nombre de otro metal precioso, era la Ave. “El Cobalto”, la cual sugería emisiones vecinales radioactivas.. Entre aquel otro grupo convecino, había mucha emisión de ideas y acciones de lucha antisomocista. Cada quien en lo suyo. Además de las profesiones, ese detalle ideológico fue parte interesante y peculiar de aquella vecindad.

A propósito de lo anterior, traigo a la memoria, al ingeniero Dionisio Marenco y la poeta Daysi Zamora. En ese tiempo, Dionisio Marenco trabajaba para el Ingenio Montelimar. A Doña Ruth Aragón Dávila, cuñada del Dr. Danilo Aguirre Solís, reconocido abogado y sobre todo, combativo periodista. El Dr. Sergio Prado Arnuero, un profesional consagrado, principalmente, a la atención de familias de escasos recursos económicos,  muy activo en la lucha contra la dictadura somocista. Creó y dirigió un programa radial para hablar de medicina preventiva, atender consultas con micrófono abierto y,  obsequiaba medicamentos a la gente enferma. Después del 19 de julio de 1979, por planteamientos ideológicos considerados disensos, sufrió terribles asedios, y junto a su familia fue empujado al exilio.   

Esas avenidas y calles tenían la placidez provocada por frondosas arboledas y el silencio de las rutas poco transitadas. Frente a la casa del notable médico chontaleño, vivía el poeta Beltrán Morales, con su inseparable boina y bastón, acompañado de  su esposa Marcia Ramírez Mercado, y un poco más al norte, Dña. Gladys Bonilla Muñoz, fundadora y dueña de la Escuela Politécnica de Comercio, en cuya casa siempre hacía parada el autobús colegial en donde viajábamos alumnos del Instituto Pedagógico de Managua.

Ahí, durante cinco días a la semana descendía el hijo de doña Gladys, que cursaba la educación primaria. En ese breve lapso, desde la ventana del bus, en ocasiones divisábamos al Dr. Tablada en el portal de su casa, acompañado de una señora, cuyo genotipo racial era marcadamente distinto al de nuestras féminas del terruño local.

La incógnita sobre aquella persona quedó despejada cuando Alejandro Prado,  otro inolvidable de aquel grupo de inquietos ánimos juveniles, con predilección por el levantamiento de pesas y hermano menor del médico Hermógenes Prado recordado deportista del boxeo nacional, apareció donde solíamos reunirnos, llevaba el directorio telefónico debajo del brazo, lo abrió y leyó: “casa 133, teléfono 94933 a nombre de doña Tatiana Marinkins de Tablada.

Cuando Alejandro aún no terminaba de decir la última palabra, fue interrumpido por Sandro Paniagua (Paniaguita), quien en tono de burla hacia todos los presentes exclamó: ¡un día estoy con despistados y desinformados, y ahora resulta que no saben dónde queda el Kremlin! Todos nos volvimos a ver, sin entender la insinuación de Sandrito. Quien de forma corrosiva prosiguió: — ¡Pues sepan que esa señora es rusa! ¿Acaso no es la esposa del Dr. Tablada? —

Cuando llegaron los años más aciagos, cercanos a la derrota de la dictadura somocista, hubo importantes alianzas entre agrupaciones de diferente naturaleza ideológica, en una de aquellas participaba el personaje en la línea de mis laberínticos recuerdos.

Sobre las opciones políticas de aquel momento, eran interesantes las opiniones incisivas de mis amigos, entre los cuales había uno, de apellidos Morales O., que integraba el Movimiento de Acción Popular M-L., y, a la vez, militaba en el “jáibol”, y siempre, aunque no asestara ni de largo ni de cerca, no desistía en cargar el arco de cupido al hombro, al final adjuró del credo estalinista y  terminó adherido a la IV Internacional. Otro, era fervoroso activista del Frente Obrero, y el resto de amigos participaba en lo que tuviera forma de cuadrilátero antisomocista.

En nuestras ocurrentes probanzas de las adherencias, cierto día del año 77 fuimos a participar en la celebración del Primero de Mayo en la sede de la Central de General de Trabajadores Independientes, alojada en una casucha a la orilla del baipás cercano al barrio San Cristóbal.



Apenas iniciaba la actividad cuando enfrente del sitio fueron estacionados dos jeep militares de la Guardia Nacional. En ese momento, un dirigente sindical de apellido Solórzano caminó hacia donde estábamos sentados y nos pidió que nos retiráramos, “porque la reunión poseía identidad, pertenecía a la clase obrera”, insistió dos veces. Parece que en nuestros rostros miró mucho aire juvenil, y no éramos candidatos al presídium y a cantar la Internacional. Con el riesgo del momento salimos a la calle, en donde por fortuna logramos distanciarnos del peligro.  

La población estaba atenta a la reciente conformación de dos importantes agrupaciones, el Frente Amplio Opositor (FAO) donde participaban muchos ciudadanos de larga trayectoria antisomocista, y en bando paralelo surgió el Movimiento Pueblo Unido (MPU) atenazado por militantes y simpatizantes públicos de la organización guerrillera Frente Sandinista.   

En aquel Frente Amplio Opositor participaba el Dr. Gustavo Tablada junto al Dr. Julio Briceño, eran colegas fundadores de la Clínica Pávlov localizada en la raya divisora o límite norte del popular barrio San José Oriental y del otro lado, el residencial Ciudad Jardín. Por esa calle también pasaba el mismo autobús colegial del IPM., que nos llevaba de regreso a nuestros domicilios.

En Ciudad Jardín descendían mis inolvidables compañeros de colegio, Henry Villavicencio, Erick Rodríguez Rossoto y sus dos hermanos menores, Horacio Peña Jr.

Los alumnos de secundaria teníamos la costumbre de ocupar los últimos asientos en la parte trasera del bus, cuando pasábamos frente a la Clínica Pávlov por lo general volvíamos la vista hacia el rótulo de aquella clínica porque había un compañero de recorrido, hijo de un político del Partido Liberal Nacionalista que, mientras se levantaba para ir hacia la puerta de salida, solía decir en voz alta: --¿Quiénes bajan en Moscú?

Ambos médicos eran representantes del Partido Socialista Nicaragüense en el Frente Amplio Opositor. Ese Partido terminó dividido en dos bandos irreconciliables.  que de haber  existido hasta al presente continuarían con el mentón sostenido ante los hilachos teóricos de la fracasada y extinta URSS.

Sin embargo, me viene en gusto decir, que por lo conocido sobre la trayectoria política del doctor Tablada, este no abrazó vicios de ideología. Al contrario, la ciudadanía lo recuerda asido al recto concepto de  justicia y honradez, motivado en resolver problemas cotidianos de la vida nacional.  

En cuanto a los contactos ocasionales con el doctor Tablada, recuerdo una vez que encontrándonos el grupo de amigos en el jardín exterior de la casa contigua a la de él, descendió de su vehículo y caminó hacia nosotros para saludarnos. Y con amplia sonrisa, de quien encuentra a los muchachos de la vecindad en bulliciosa conversación, nos preguntó: — ¿Acaso esta es alguna reunión antimperialista?—  A todos nos motivó a risa la ocurrencia del  memorable psiquiatra y militante socialista.

Nadie de mis inseparables se dio por sorprendido, al contrario, el ocurrente Mario, “El Burro” Baltodano, dijo: — Apenas recitábamos los primeros versos de la “Oda a Roosevelt” — Respuesta que el doctor Tablada encontró empática y divertida. ¡Aaahh! ¡Qué bien! Exclamó.  —Compruebo que conocen el primer poema antimperialista de nuestra América— A continuación, yo agregué algunas palabras para retornar y asentir el contenido de aquel saludo rodeado de aire político: —Dr. Tablada, —dije— si decide acompañarnos por un rato, también escuchará “El Grito hacia Roma” de García Lorca. Entre nuestras infaltables risas y las de él, el doctor dijo: —quisiera quedarme pero el reclamo de mi esposa serían los versos más sonoros ----.   

Así recuerdo al Dr. Tablada; y estoy seguro que pasará el tiempo y nadie encontrará manera de  introducir ideas contrarias sobre este ciudadano de incuestionables méritos, que fue capaz de retar al régimen somocista desde la atención médica y la militancia política. Y que durante toda su vida no abandonó la búsqueda por encontrar democracia, justicia y paz, en la Nicaragua de todos.  

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MUCHO OJO CON LAS COMIDAS TRADICIONALES

En: La Prensa, 20 de Agosto de 1973. Pág. 10.

         Verdad, estimable lectores, que es sabroso recetarse un buen lomo de cerdo asado, un humeante nacatamal, una sopa de mondongo con bastante chile, o una fritanga de esas que venden en el Mercado Oriental…?

         Sin embargo, si usted abusa de esos alimentos que conforman nuestra dieta popular, puede dar origen con el tiempo a graves enfermedades, no sólo penosas, sino hasta fatales.

         Tal es el criterio científico del grupo de especialistas responsables de la “Policlínica I.P. Pavlov” quienes incluyen dentro de esa línea de comidas peligrosas, si se abusa de ellas, a los chicharrones, los picantes, los encurtidos, las salsas, pastas de todo género, y en general todos los alimentos excesivamente fritos o refritos, al igual que las comidas demasiadamente condimentadas.


         Indican seguidamente los especialistas mencionados, en entrevista que le hiciéramos que igualmente figuran dentro del campo de lo nocivo el comer irregularmente, comer a cualquier hora, ingerir cualquier cosa para saciar el apetito, o detenerse a comer en lugares antihigiénicos donde pululan las moscas y pésimas condiciones ambientales en general.

         Aclarando que ellos nos son vegetarianos y que todos podemos hacer uso de esas comidas en términos moderados, dichos especialistas sugieren que padeciéndose de alguna enfermedad de cuidad, el paciente debe dar toda la importancia que se merece al uso de productos naturales, esto es, vegetales y frutas que el organismo asimila más eficazmente ayudando a eliminar las secreciones y a desintoxicar el cuerpo.

         La Policlínica Pavlov constituye algo trascendente y singular en nuestra historia médica, no sólo porque por primera vez en el mundo (excepto en la URSS) se bautiza una institución de este tipo con el nombre del más insigne galeno ruso, Iván Petrovich Pavlov, Premio Nobel descubridor de los reflejos condicionados como el método de investigación científica más avanzado en la medicina, sino porque con su fundación se junta profesionalmente por primera vez en América Latina varios egresados de la Universidad de los Pueblos Patricio Lumumba.

         Integran la Policlínica Pavlov los doctores Julio César Borge, pediatra, Ena Briceño, ginecóloga, ambos de la UNAN, y Gustavo Tablada, psiquiatra, Julio C. Briceño, medicina interna y José Luis Medina cirugía general y medicina, los tres egresados de la Universidad de los Pueblos de la URSS.

CÓMO NACIÓ

         La policlínica nació, según nos refieren durante la mayor agudización de la asistencia médico-hospitalaria en la capital, poco después del terremoto del 23 de diciembre de pasado (1972). Ellos señalan que lo que persiguen fundamentalmente es plasmar en la práctica la adecuada combinación de la escuela médica de la Europa Oriental, más concretamente de la escuela rusa, con las normas y métodos científicos del mundo occidental, mediante la conjugación de conocimientos de dos egresados de nuestra alma mater con tres profesionales que conquistaron sus títulos en la URSS.

         Nuestro criterio científico, puntualizan, aborda de la manera más integral a cada paciente tomando en consideración en forma básica las condiciones ambientales en que vivimos, la situación económica de nuestro pueblo, sus condiciones culturales y de alimentación dado nuestro retraso cultural.

         Este es, una novedad que por primera vez se estila y ejecuta en nuestro medio. Independientemente de que cada uno de los médicos de la Policlínica Pavlov atiende en forma individual a cada paciente, cuando se presenta un caso raro o complicado, es objeto de una atención colectiva de los cinco galenos, sin que ello signifique un recargo adicional para el enfermo.

         De esta manera, expresan los entrevistados, se manifiesta la materialización de nuestros principales objetivos, o sea la de unificar las dos escuelas médicas que se ubican en el mundo occidental y en el hemisferio oriental.

         La unión de profesionales de dos escuelas distintas, indican, pretende sentar procedimientos sobre una nueva concepción de la medicina mediante una atención calificada al paciente, desde un punto de vista social, económico y científico.

         Al padecer de alguna enfermedad de cuidado, el paciente debe dar toda la importancia que se merece al uso de productos naturales, esto es, vegetales y frutas que el organismo asimila más eficazmente ayudando a eliminar las secreciones y a desintoxicar el cuerpo.

         En definidas cuentas, agregan, la tendencia es que nuestra policlínica preste atención a todas las clases y capas sociales del país, procurando intensamente que ningún paciente salga de nuestra institución sin que no se le atienda por asuntos económicos, aunque reciba el mismo tratamiento de otros sectores más pudientes.

PROGRAMA CON DROGADICTOS

         Indicando que ellos utilizan los métodos científicos de curación que actualmente se usan en el mundo occidental y en la URSS, nos informan que en estos días tienen a su cargo un tratamiento colectivo de sicoterapia, con un grupo de doce jóvenes drogadictos de nuestra sociedad.

         A pesar de todas estas novedades, la policlínica no pretende ser una isla, y por el contrario, mantiene magníficas relaciones con otros organismos calificados del país como el Instituto de Cardiología, las asociaciones de oftalmología, neurocirugía, etc., aparte de que cuentan con la colaboración del Laboratorio Clínica Nicaragüense del doctor Eleázar Galo, que también forma parte de la mística y de la práctica del centro asistencial privado Pavlov.

 


viernes, 9 de octubre de 2020

"DISPARATES DEL CENSO": EL TÍTULO DE UNA INVETERADA DENUNCIA PREELECTORAL EN NICARAGUA. Revista La Patria, 10 de Agosto de 1920.

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DISPARATES DEL CENSO

    El partido conservador ultramontano todo lo subordina a los intereses de círculo. El Censo no podía escaparse de esta irregularidad.

    Como en León no hay ni un dieguista, el nombre de Chamorro, como dice el pueblo, es cuero de tigre, el Censo hecho últimamente hace aparecer a León con 25.000 habitantes, es decir, con la tercer parte de lo que le dio el último Censo de Zelaya. Así los catálogos de León tendrán muy pocos ciudadanos. En cambio, en Granada, hace aparecer el Censo con mucho más de lo que tiene realmente. El Catálogo de Granada, contendrá muchos electores.

         A Masaya le da menos población que a Granada con el mismo fin. A Chontales le da más habitantes que a Nueva Segovia, con el mismo fin.

         Por último, le da a toda la República unos 600.000 habitantes, suma que le dieron varios documentos oficiales de Zelaya. Nicaragua, pues, desde Zelaya para acá ha perdido en vez de aumentar, y esto sin pestes y sin guerra larga y desastrosa.

         Nosotros creemos que Nicaragua tiene unos 800.000 habitantes. En Honduras, que tiene menos territorio que Nicaragua y es más despoblado, el Censo, hecho por un especialista extranjero en tiempo de Sierra, dio más de 700.000 ¿Por qué Nicaragua va a tener menos población que Honduras? En apoyo nuestro viene Centro América, periódico publicado en Guatemala por la oficina pan-americana, el cual da a Nicaragua 800.000 habitantes.

         Es hasta donde puede llegar la obsecación (sic) política. No sólo se han alterado los catálogos, sino también el Censo.

         ¡Oh tiempos! ¡Oh costumbres!

                                                          Cayo Graco

 

domingo, 4 de octubre de 2020

- MORAZÁN EN GUATEMALA - Este artículo fue localizado y copiado por el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Zelaya de un impreso (1840) conservado en The New York Public Library

 MORAZÁN EN GUATEMALA 

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José Francisco Morazán Quezada (Tegucigalpa, 3 de octubre de 1792 – San José de Costa Rica, 15 de septiembre de 1842

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En el escrito a máquina está consignado: El anterior impreso fue copiado por el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, de un folleto que existe en The New York Public Library. 

Es de un autor anónimo; pero por el estilo parece el mismo autor que escribió las Memorias de Jalapa, o sea de, Manuel Montúfar y Corona.

ESTADO POLÍTICO DE GUATEMALA – ÚLTIMAS OCURRENCIAS DE AQUEL PAÍS – DERROTA DEL GENERAL MORAZÁN

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10 sept. 2012 - Por esas ironías de la historia, Francisco Morazán fue fusilado el mismo día en que se dio la independencia de los Estados Centroamericanos.

Por cartas de Guatemala que alcanzan hasta el 20 de marzo próximo pasado, se sabe que el General Francisco Morazán ha sido batido completamente por las tropas del Estado de Guatemala, al mando del General Rafael Carrera. Este golpe parece haber destruido el poder que el General Morazán ejercía hace once años, poder conquistado con las armas, mantenido por medio de la perfidia, manchado con la sangre de los centroamericanos, regado con las lágrimas de las familias infelices que ha sumergido en la horfandad (sic) y la miseria. Cuando el General Morazán se presentó en escena pública como soldado, fue combatiendo por los Estados al gobierno federal: después, como gobierno federal combatió a los Estados; hoy, resistiendo una reforma es derrotado, haciendo la guerra a un Estado que arruinó desde 1829, y  que se venga hasta ahora.

         La caída de Morazán y partido, no pueda menos de interesar a los americanos, porque este hombre ha sido dos veces presidente de Centro América, y era en la actualidad Jefe de un Estado (San Salvador) porque ha autorizado muchos actos de funesta celebridad en la historia de su país, y porque la catástrofe de que hoy nos ocupamos, proviene de sus propias faltas, y  no de la influencias extrañas como ha  supuesto algún escritor malicioso o mal informado. Vamos a exponer el origen de la revolución que se está operando en Guatemala, con la mira de evitar interpretaciones equivocadas, y con la de que las desgracias de Centro América sirvan de lección a nuestros compatriotas.

         Sabido es que el General Morazán al frente de las tropas de los Estados de San Salvador, Honduras y Nicaragua, ocupó en 1829 la ciudad de Guatemala (residencia entonces de las autoridades nacionales y de las del Estado), por una capitulación solemne en que ofreció respetar las vidas y propiedades de los vencidos; que posesionado de la ciudad olvidó la capitulación bajo pretextos frívolos, y  constituyéndose juez en su misma causa; que redujo a prisión a todos los ciudadanos que habían ejercido cargos públicos o tenido alguna influencia en la política del país; que expulsó del territorio a multitud de personas notables; que confiscó los bienes de cuantos no pertenecían a su bando; que se apoderó de la persona de M.R. Arzobispo, y lo arrojó fuera del territorio, lo mismo que a los eclesiásticos seglares; que ocupó las temporalidades del primero y los bienes de los segundos; y que después de tantos atentados, ejercidos a nombre de la constitución, de que se decía protector, fue elevado al mando supremo por su partido bajo las formas republicanas que irrisoriamente se daban al pueblo en ridículo espectáculo.

         Pero el General Morazán, proscriptor a nombre de los Estados, no podía respetar la constitución y las leyes, estando investido del poder, cuando antes de elevarse a tanta altura las había violado. Tampoco tenía bastantes aptitudes para mandar solo, o para dominar su partido; y de aquí resultó en su administración una mezcla de impotencia y de tiranía demagógica, que descontentó a los Estados y produjo fuertes reclamaciones y la guerra civil. El General Morazán y sus colegas, triunfantes a nombre de los Estados de la Federación negaron pronto a estos mismos Estados los derechos que les daba la ley fundamental; autorizaron a los pueblos para desobedecer a sus autoridades legítimas, y predicando la anarquía obtuvieron triunfos de que abusaron: donde el ejemplo de ultrajar con ruindad a los gobernantes caídos, de arrastrarlos de cárcel en cárcel, de arrojarlos del suelo patrio sin previo juicio, de tratarlos como a las más viles muchedumbres, desvirtuaron la autoridad, santificaron la insurrección y sancionaron el poder de la fuerza.

         No contento el General Morazán y sus partidarios con prohibir y confiscar a las autoridades nacionales y a las del Estado de Guatemala en 1829, con deponer, encarcelar y desterrar a las de San Salvador en 1832, con fusilar sin formación de causa a muchos ciudadanos (el mismo año) en los Estados de Guatemala, San Salvador y Honduras, con prescribir a muchas personas respetables de Nicaragua en 1833, con tratar de la misma manera a las autoridades de San Salvador en 1834 y a muchos costarricenses y hondureños en tres distintas épocas; no contestos con destruir la libertad de imprenta, y emplear la fuerza en las elecciones, con disponer del tesoro para imprimir periódicos subversivos y calumniosos; no contestos, en fin con gastar la riqueza pública sin restricción ni responsabilidad, llevaron su demencia al colmo, atacando la religión y las costumbres del pueblo y predicando libertad, y estableciendo teorías inadecuadas, que al paso que oprimían a todas las clases, prepararon la revolución que hoy debe producir un retroceso, de que no son culpables sino las que, desconociendo su posición, atrajeron el rayo sobre sus cabezas.

         La pequeña evolución del pequeño pueblo de Jumay, en abril de 1837, revolución que no era producida sino por el malestar de los pueblos, si tenía otro pretexto que la ignorancia de unos cuantos labradores de la última clase, fue bastante para atraer la proscripción sobre todo el vecindario, que por decreto del gobierno del Estado de Guatemala se mandó arrancar de sus hogares para trasladar a los puntos que designara el gobierno. Este atentado y las vejaciones que los militares cometieron sobre los infelices pueblos, fueron censurados severamente por la prensa; pero no por los enemigos del gobierno, sino por sus más exaltados partidarios, que quizá no tenían en esto otras miras que llamar la atención para obtener empleos y suplantar a los que a la sazón mandaban. La crueldad de éstos, las declamaciones de sus contrarios, el descontento universal y la indiferencia del general Morazán en tan críticos momentos, incrementaron la insurrección de las masas, hasta el grado de sobreponerse al gobierno, no sin causar los estragos que en esta clase de trastornos se experimentan; pero la facción dominante estaba muy lejos de ceder a las exigencias de los pueblos, quería solo que éstos le tuviesen la escala para derribar a un gobernante y suplantarlo; el pleito ordinario de América.

         Las masas acaudilladas por el General Rafael Carrera, que triunfaron el 2 de febrero de 1838 (llevadas a Guatemala por los partidarios de Morazán), inspiraron terror a los morazanistas y aunque estos hicieran la corte a Carrera y lo adularon hasta el exceso, y le abrieron las puertas de la capital, tan luego como se vieron lejos de las fuerza con que habían triunfado, proclamaron una cruzada contra ella; declararon salvajes a Carrera y sus soldados y llamaron al General Morazán para que los exterminase. Pero no eran favorables las circunstancias para reconquistar  un país que conmovido hasta sus cimientos reconocía su poder y  se había acostumbrado a la lucha; así es que aunque el General Morazán tentó las vías de conciliación, no fueron escuchadas sus proposiciones, porque nadie  podía confiar en las palabras de quien habían faltado siempre a ella, y porque exigiendo los pueblos la abolición de las leyes sobre materias religiosas, es decir, el matrimonio civil y el libre divorcio, etc., y de los nuevos códigos (que se habían trasplantado del estudio del Sr. Livingston a Guatemala, al derecho de elegirse jueces, la disminución de los impuestos, el regreso del clero proscrito, y la devolución de los bienes de éste, o una compensación del tesoro, tenía el General Morazán que chocar con su partido si cedía a tales demandas, quizá por su propio interés; y en todo caso, dar oídos a peticiones que destruían uno de sus grandes hechos, la expulsión de los religiosos.  Eligió, pues, la guerra contra los pueblos, y sostenido por el vecindario de Guatemala (que teniendo la dominación de las masas populares, se sacrificó gustoso y prescindió de partidos y pasiones políticas), adoptó el plan de campaña que creyó más adecuado, encomendó su ejecución a los jefes militares, y marchó a Guatemala para vigilar desde allí el cumplimiento de sus órdenes.

         Permítasenos ahora hacer una ligera reseña de las cuestiones suscitadas sobre reforma de la constitución de Centro América, cuestiones que son de suma importancia, y que está íntimamente enlazadas con los últimos acontecimientos  de aquella nación. El sistema federativo que en ella se adoptó, tuvo por partidarios a los teoristas imitadores del Norte, y a los entusiastas provincialistas que no querían depender de la antigua metrópoli del reino; pero ni unos ni otros comprendían el sistema federativo, y de aquí provino una confusión que ha tenido funestos resultados. El congreso se creía facultado para legislar ampliamente y los Estados para no obedecer sino lo que no atacase  su soberanía: el congreso se reputó superior a todos los poderes, e igual pretensión tuvieron las asambleas de los estados; el congreso pasaba sus acuerdos a la sanción del senado, pero podía ratificarlos aunque los desechare este cuerpo; mientras que el gobierno era un simple ejecutor, sin tener ni aún el voto suspensivo, estaba obligado a consultar al senado en los casos arduos, y a proveer los empleos a propuesta del mismo cuerpo; y aunque se decía encargado de conservar  el orden, se le negaba la facultad de situar tropas en los estados, como si pudiese moverlas en otra parte: los gobernadores o jefes de los estados se reputaban iguales al presidente de la república, y entablaban cuestiones de preferencia hasta para concurrir al templo; y finalmente, reinaba tal desconcierto, que todo era el país, menos república federativa. Convencidos muchos ciudadanos de la imposibilidad de marchar, empezaron a clamar por una reforma que pusiese término al desorden: la pidieron los estados y aún se inició en el congreso, que al fin decretó una convención de estados, que ha impedido Morazán,; pero lejos de accederse a ella, se persiguió a los que la proclamaban y el General Morazán y su partido se empeñaron en mantener un régimen que les proporcionaba medios de mandar discrecionalmente, ensanchando sus facultades cada vez que convenía a sus miras. Sin embargo, no pudiendo resistir el clamor general, dejó en libertad al Congreso a los Estados para constituirse libremente, y los autorizó para reunir la convención nacional. Nicaragua reformó en consecuencia su constitución; y en Guatemala, que estaba animada de los mismos sentimientos, solo había diferido hacerlo por la revolución en que se hallaba. Era urgente, sin embargo, reformar la ley fundamental por haberse exigido una parte de los pueblos del estado de Guatemala en el nuevo estado de los Altos; y por tanto, no había quien se opusiese, en público a lo menos, a la reunión de una asamblea constituyente de aquel.

         En tales circunstancias se presentó el General Morazán en Guatemala (abril de 1838), cuyas autoridades y vecindario lo recibieron como a su protector, entregándose sin reserva y sin excepciones de partido, aun el de 1829, en sus brazos, y exponiendo cada cual sus ideas sobre el estado de la cosa pública. En manos de aquel caudillo estaba conquistar un nombre eterno, obrando en justicia, accediendo a las demandas de los hombres buenos, y restableciendo a Guatemala al goce de la paz y de la libertad, de que se veía privada por consecuencia de los pasados trastornos; para vencer a Carrera contaba entonces con toda la parte ilustrada y propietaria de Guatemala, sin excepción de partidos. Pero el General Morazán, con que tanta decisión había decretado y sostenido las más inmensas providencias, no pudo, o no quiso, o no supo hacer otra cosa  en Guatemala que burlar la expectación pública; y después de soltar algunas medias palabras, y expresar algunas medias ideas, se marchó a San Salvador, dejando en pie la guerra delos pueblos acaudillados por Carrera, y a los partidos en un estado de verdadera hostilidad. Le importaba más ir a San Salvador, a impedir las reformas de que se ocupaba el congreso en general.

         Continuó por algunos días la guerra intestina, guerra atroz de devastación y sangre, en que nunca podía quedar victorioso el gobierno, que tenía necesidad de soldados pagados, al paso que los pueblos, peleando por el instinto de su conservación, empezaron pronto a obtener ventajas. Estas obligaron a la Asamblea Legislativa de Guatemala a dar algunos decretos en armonía con el voto de la mayoría del estado, y en el mes de julio 1838 se publicó una amnistía, se convocó una asamblea constituyente, se suspendieron los nuevos código, y encargando el gobierno a la persona llamada por la ley, entró dicho cuerpo en receso. Nada de esto podía convenir al General Morazán y sus partidarios, que veían desaparecer su poder en Guatemala y temían la vuelta de los proscritos; y así es que se reservaron anular todo lo practicado en la primera ocasión favorable. No pasó mucho tiempo sin que ésta se presentase, porque los tenientes de Morazán dirigieron mal las operaciones militares, y dentro de pocos meses (septiembre de 1838), las masas populares mandadas por Carrera dominaron el estado y amenazaron la ciudad en que residía el gobierno. Este confió el mando de sus tropas al General Carlos Salazar, sujeto de bastante capacidad, y morazanista decidido, quien por el momento consiguió triunfar de Carrera en una sorpresa; mas no llevó adelante sus apelaciones, que por falta de recursos, ya porque estaba más ocupado de usurpar el gobierno que defenderlo. Los pueblos a pesar de su derrota se rehicieron pronto, y redujeron a llamar de nuevo en su auxilio al General Morazán, quien se prestó a venir a Guatemala, no precisamente por hacer el bien, sino por reanimar a sus partidarios y trabajar por su cuenta. En esta ocasión puso él como a sus errores al citado General,  preparó su última derrota, de que en vano acusará al destino, ni a los hombres, porque sólo la debe a su falsa y egoísta conducta.

         Tan luego como el General llegó al territorio del estado de Guatemala, comenzó a manifestarse desabrido con el gobierno, y a entenderse sólo con el General Salazar, cuya insubordinada conducta merecía más bien un severo castigo, que amistad íntima y constante deferencia. Una pequeña división con que el nuevo estado de los Altos auxilió a Guatemala, al mando del General Agustín Guzmán, se puso en campaña a las órdenes del General Morazán, quien, contando con fuerzas suficientes para hacer la guerra, marchó a la capital antes de obtener ventaja alguna de importancia, dejando a Guzmán encargado del mando de la división que obraba contra Carrera. Este se manifestó entonces dispuesto a tratar con Guzmán, y sin la intervención de Morazán hizo la paz, obligándose a entregar las armas, quedándose con las muy precisas para mantener el orden en los pueblos sublevados, y tomando por garante de la capitulación al mismo Guzmán. `Tanto se desconfiaba de la palabra del General Morazán.´ Este ratificó el trabajo, sin dignarse dar cuenta al gobierno de Guatemala; y tan luego como se recogió el armamento y pudo descuidar por esta parte, hizo reunir la asamblea que había decretado antes no tener más sesiones y estaba disuelta y terminada; depuso por medio de sus hechuras al encargado del gobierno, D. Mariano Rivera Paz; colocó en la silla al General Salazar, quién, fiel discípulo de Morazán, le había servido ya para que ocupara de hecho el gobierno de otro estado, alevemente invadido. Cuando Morazán hubo hecho esta mudanza regresó a San Salvador, dejando desarmado al estado de Guatemala, y llevando con sus tropas el 13 de abril de 1839. En honor de éstas y de su caudillo, debemos decir que no cometieron actos de venganza, y que se limitaron a reponer el gobierno legítimo y ponerse a sus órdenes. Esto, tan luego como se vio restablecido, entró en relaciones con los demás estados; celebró con ellos tratados de amistad y alianza, y reunió sus Asamblea Constituyente. El estado de San Salvador, dominado ya por Morazán, se manifestó entonces hostil hacia la administración de Guatemala; y el de los Altos, extraviados por los perversos consejos de algunos partidarios de Morazán que allí se habían asilado, no contento con manifestar desvío, dejó insultar impunemente a los comisionados de Guatemala, no pudo evitar que se atentase contra los viajeros pacíficos, y rehusó ratificar el tratado de amistad con Guatemala, todo para preparar los ánimos en favor del General Morazán, cuyo plan existía entre este y el General Guzmán, por medio de los emigrados guatemaltecos de los Altos.

         Habiendo alcanzado Morazán un nuevo triunfo sobre las tropas de Honduras, y logrado sofocar las insurrecciones de casi todos los pueblos importantes de San Salvador, se proponía invadir el estado de Guatemala en combinación con el General Guzmán, comandante General de Quezaltenango, a cuyo efecto hizo marchar al General Salazar a la frontera de Guatemala. Pero el General Carrera desbarató esta combinación, marchando sobre Guzmán, a quien batió e hizo prisionero, no sin correr riesgos personales por salvar a este jefe del furor de la tropa. El gobierno de los Altos se disolvió, dejando a los pueblos hechos presa de algunos soldados y gente desenfrenada que cometió excesos sobre la población de Quezaltenango, mientras el General Carrera no se presentó con sus tropas a restablecer el orden. Esto fue a fines de enero y desde entonces los Altos se reincorporaron a Guatemala.

         Cuando esto sucedía, otra nueva desgracia vino a aumentar los embarazos del General Morazán. La división del General Cabañas que hacía la guerra en Honduras, fue completamente batida por las tropas de Honduras y Nicaragua, y el influjo de Morazán quedó reducido a San Salvador solamente en donde la fuerza hace callar el voto público y sofoca las repetidas insurrecciones de los pueblos. En semejante situación levanta el General Morazán 2.000 hombres, y el 6 de marzo emprende su marcha sobre Guatemala, cuyo gobierno nada supo hasta que se hallaba el enemigo a treinta leguas de la capital. El general Carrera marchó a su encuentro; pero creyendo más segura la victoria se evitaba el primer choque, envió una pequeña guarnición a la ciudad con orden de sostenerse mientras el maniobraba sobre la retaguardia y flancos que apenas se había puesto en estado de defensa; y después de un breve combate desalojó a la tropa del gobierno, y se posesionó de la plaza principal, y de los puntos del Calvario y de San Juan de Dios, para dominar toda la población; pero el General Carrera lo atacó inmediatamente; batió su retaguardia; lo desalojó de los arrabales; lo obligó a defenderse dentro de las trincheras de la plaza que acababa de tomar; el 19 a las cinco de la mañana las asaltó y  derrotó completamente a Morazán, haciéndole más de 300 muertos, entre ellos unos 20 oficiales, y obligándolo a huir con poco más de 100 hombres, pues casi todo el resto de su tropa ha quedado herido y prisionero. El vecindario de Guatemala tiene pocas víctimas que llorar; y si ha habido desórdenes y excesos en los momentos del triunfo, lo que estamos muy lejos de aprobar, se deben a la invasión aleve del General Morazán, a la exaltación de las masas populares, exasperadas de onces años de tiranía, a una guerra de tres años, durante las cuales se ha tratado a los pueblos como salvajes, y a la convicción en que se halla la mayoría, y especialmente las masas, de que todos sus males y los ataques a la religión, se deben al General Morazán y a su partido, única y exclusivamente.

         Cuando decimos ataques a la religión, no se entiende la abolición de las órdenes monásticas y la usurpación de los bienes repartidos entre los que triunfaron en 1829, ni la expulsión del M.R. Arzobispo, ni otras materias susceptibles de injusticias, de error, de ilegalidad y falta de poder legítimo; pero que no atacaban la creencia popular, aunque atacaban sus afecciones, sus costumbres, su piedad y sus gustos, hablamos de ataques, tiránicos como impolíticos, que unidos a aquellos golpes, formaron un todo que parecía dirigido, no ya a disminuir la influencia del clero, sino a anular una religión única de hecho, y el único lazo que podía mantener una sociedad en que las leyes  habían perdido la fuerza y su eficacia, así como la autoridad había sido humillada, desacreditada, encarcelada y proscripta, donde se había excitado y lanzado a la masas contra todo lo que existía de antiguos propietarios, y done el corto saber de nuestra media civilización se había calificado de usurpadora y tiránica aristocracia. Hablamos de esas leyes que unidas a la persecución del clero y a la ocupación de sus bienes aparecieron después, tales como el matrimonio civil y su disolubilidad, sin consideración al dogma ni a las costumbres; la abolición de los días festivos por la autoridad civil, y  otras materias que naturalmente debían producir una reacción, y esta reacción como todas las reacciones, irse necesariamente al extremo opuesto y abolir en unos confusamente lo útil y perjudicial.

         De esto es culpable el General Morazán, que tantas veces tuvo en sus manos los destinos de Centro América; que pudo evitar los males y fundir los partidos; que pudo moderar la acción imprudente de exaltados teoristas sin cálculo, de furiosos imitadores que no conocían su propio país, y que creyeron hacer un pueblo de filósofos de  --- que necesitaba escuelas de primeras letras para aprender el silabario, y saber después lo que son leyes y lo que es moral pública, separada de la moral religiosa, cuyo auxilio se contaba, si no por perjudicial al menos por superfluo, por rancio, por retrógrado, por oscurantismo, palabra de moda en los que no ven claro, ni saben distinguir lo que conviene a cada pueblo y a cada estación de la vida civil de las sociedades; el General Morazán, que llamado por todos los partidos en que estaba dividida y subdividida la parte civilizada para defenderla contra las masas que se habían sublevado en las montañas con pretextos religiosos y contra una tiranía ejercida en nombre de los principios liberales que se desmentían, no supo aprovecharse de tan feliz coyuntura para establecer un orden social, un sistema seguro y vencer con tantos recursos juntos, masas que entonces parecían insurreccionadas contra todo lo que existía de civilización. Pero el General Morazán, contra todas las expectativas, y con sorpresa de cuantos se habían comprometido, que por desgracia era toda la gente pensadora, hace la paz con Carrera, le quita algunos fusiles y le deja todavía armado en su montaña impenetrable; desarma a Guatemala, deja sus rentas empeñadas por mucho tiempo y cansados y empobrecidos a sus vecinos con pedidos y exacciones; disuelve las milicias del estado y se lleva las armas; y para colmo de males, derroca al gobierno legítimo del estado y suplantar a D. Carlos Salazar. ¿Qué recurso quedaba a los guatemaltecos sino unirse a Carrera, ceder a sus pretensiones religiosas y procurarle dirección y apoyo?

         Por un año consecutivo, desde el 13 de abril de 1839, Carrera ha sido fiel apoyo de la causa y del gobierno del estado de Guatemala; tratado como una fiera por sus enemigos, denostado como un salvaje, muchas veces ha sacrificado sus venganzas a las insinuaciones el Gobierno: nada ha exigido de éste para sí y para sus tropas: sus pretensiones se han dirigido a la abolición de las leyes sobre materia religiosa, a la abolición del juicio por jurados, que los pueblos no pudieron entender y menos practicar, y a un código copiado de un proyecto escrito por Luisiana.

         ¿Quién puede prever las consecuencias de este triunfo del General Carrera? El podrá atraer la caída completa de Morazán y de su partido, aprehender o no a este jefe las tropas de Carrera. La caída de Morazán sería un mal para Centro América, si dócil como debió serlo al clamor de los estados por una reforma, la hubiese apoyado, lejos de contrariarla; o si cuando los mismos estados manifestaron su deseo y decisión de separarle de los negocios públicos, no se hubiese empeñado en dirigirlos, ya desde el gobierno en que era desconocido y cuya misión había terminado, ya a la cabeza de las tropas, haciéndose nombrar por su cuñado general de ellas, ya haciéndose elegir gobernador del estado de San Salvador. En tal situación sólo podía ya ser causa de guerra, y sólo en triunfo podía afirmarle; este triunfo era difícil contra los tres estados, y cuando el de San Salvador se ha insurreccionado tantas veces contra el General Morazán. Más de un año hace que los estados de Centro América se gobiernan independientemente, sin lazo legal alguno de unión federativa: la nacionalidad ha desaparecido y Morazán ha contrariado constantemente la reunión de una convención nacional que reorganizase la república. Así, él es el autor de la desorganización actual: lo es de los males consiguientes al aislamiento con que se gobiernan cinco estados, débiles por ellos mismos,  y de los diversos sistemas que se adoptan: lo es de la mayor importancia del General Carrera, porque  no habiendo podido vencerle, y habiendo transigido con él, desarmó a Guatemala, y dejó armado a Carrera, y será responsable de todas las consecuencias. Por último el mayor de los errores, el mayor de los males que pudo hacer a Guatemala, después de los que le ocasionó en 1829, es el de haber invadido el estado en marzo de 1840, porque aun cuando se hubiera posesionado de la capital, no había dominado más que el terreno que pisara, sin posibilidad de triunfar de los pueblos, cuyas masas domina Carrera con intereses verdaderamente populares; y si en 837 y 838 no pudo aniquilarle con toda la cooperación y recursos de todas las clases del estado, al presente que la mayoría de éstas está unida a Carrera, y que la experiencia de 838 hacía tan odioso a Morazán, era imposible que tarde o temprano dejase de triunfar Carrera.

         Hemos sacado estas noticias de diversos papeles públicos de Guatemala,  y de cartas particulares de aquella ciudad, y entre los periódicos del Tiempo,  y de unas reflexiones escritas con mucho juicio y moderación por el Dr. Alejandro Marure, sobre el influjo del General Morazán en los acontecimientos políticos y militares de aquel estado, desde el año de 1837.

FIN

(Impreso en México, en 1840)