viernes, 21 de abril de 2017

VOLCANES DE NICARAGUA: O, VIEUX MOMOTOMBO. Por: Eduardo Pérez-Valle. En: La Prensa, 12 de mayo de 1968. Pág. 4-B.


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         El volcán Momotombo eleva su cúspide a 1,280 metros sobre el nivel del mar, separado del sito de Puerto Momotombo y  León Viejo por un brazo de lago de forma semilunar.

         En el mapa topográfico de la Dirección General de Cartografía (escala 1: 50,000) desde el vértice del volcán al poblado de su nombre hay una distancia de 8 kilómetros y medio, en el rumbo Este-Sureste, podemos decir, en la misma dirección en que sopla el alisio la mayor parte del año. Como este viento arrastra consigo la mayor cantidad de productos eruptivos, el borde Sureste del cráter se ha elevado sobre los restantes y ahora puede decirse que la boca del volcán se abre hacia el Noreste.

         Fue en esta dirección que en 1905 las lavas rompieron un boquete o portillo en la pared, saliendo en estrechas corriente que al llegar al pie de la montaña se extendió ampliamente por la llanura. Desde lo alto estas lavas jóvenes, “intocadas, vivas, como navajas de barbero”, se ven brillar al sol cual si estuviesen húmedas o se tratara de una corriente líquida.

         El cráter tiene forma elíptica, de unos 300 a 400 metros en su eje mayor, orientado de Noreste a Suroeste.

         Actualmente la actividad del Momotombo está reducida a la emisión intermitente de gases, más o menos abundantes, a través de las fumarolas del cráter y de alguna que otra grieta de las laderas.

         En otros tiempos las erupciones de tipo explosivo formaban densas nubes de polvo, cenizas y arenas que los vientos llevaron a depositar en las regiones circunvecinas; entre éstas la penillanura de puerto Momotombo y León Viejo ha sufrido por siglos el bombardeo más intenso a causa de la preponderancia del alisio, habiéndose formado en ella depósitos de gran espesor.

         A la llegada de los españoles la actividad del Momotombo era excepcional. Pedrarias, desde Castilla del Oro, lo describe al rey, de oídas, en esta forma:

         “Cabe la ciudad de León está otro cerro muy alto, y por encima de la corona sale del fuego, que se ve a la clara de día e de noche, por cinco bocas; a la redonda de este cerro hay muy grande cantidad de piedras de azufre”…

         La fama del Momotombo como volcán muy activo se mantiene a través de los años. El padre Vázquez de Espinosa, de paso en Nicaragua en 1613 y 1620, habla de la ciudad de León fundada por Hernández de Córdoba “a la orilla de la laguna menor, 21 leguas de Granada, en sitio llano y apacible, cerca de un alto volcán que siempre arroja cantidad de fuego”.

         Oviedo en el Libro XLI de la “Historia General”, adelanta una noticia sobre el amenazante Momotombo y un juicio acerca de la fundación de ciudades en lugares de peligro:

         “Y en la mesma gobernación de Nicaragua, en la provincia de Nagrando, a una legua o poco más de la ciudad de León, está un altísimo monte, en las cumbres del cual por diversos humero siempre sale humo; é suele acaescer que con tempestad o terremotos  saltan pedazos grandíssimos de piedra é tierra del mesmo monte, é destruye parte de la tierra. Todos estos terremotos é tempestaudes se causa de las concavidades é cavernas que las tales montañas tienen en sus interiores é porque son mineros de azufre ó de alumbre, é los vientos reinclusos en aquellos vaquos, quando espiran, revientan é hacen esos daños”… y en especial donde hay las dispusiciones dessos montes o zufretales ó alumbres, debían los fundadores de nuevas poblaciones apartarse de tales vecindades é assientos peligrosos”…

         Adelante, en el Libro XLII, dedicado a la gobernación de Nicaragua, Oviedo relata con más detenimiento:

         “Comencemos del inferno, que llaman los indios MAMEA, que es cosa muy notable de ver é considerar. Y es de esta manera (LAM. 1ª. FIG. IIIa) –T.IV-.

         “Legua y media de la cibdad de León está un cerro muy alto de la otra parte de la laguna, el qual es de la maneara que le pinté aquí, é la cumbre más alta tiene muchos agujeros, por donde, apartados unos de otros, continuamente, sin cessar un momento, sale humo. Bien creo yo que hasta la cabeca é parte superior del monte, é desde León hay más de tres leguas, porque de más de diez y ocho o veynte leguas se paresce este humo, el qual de día ni de noche no echan llama. Hay por allí mucha piedra azufre é muy buea, é aun tiénese por la mejor que se ha visto, segú lo loan artilleros, para hacer pólvora, é otros para diversos effetos. En las espaldas e lados desde monte é sus anexos, que turan en redondo más de cinco ó seys leguas, hay en muchas partes muchas bocas de agua hirviendo, de la manera que en el Puzol se dice tres leguas de Napones, nerve la zufretara; é assi pienso yo que es todo este monte e sierra de mineros de azufre. Hay otros agugeros por la tierra adentro de la dicha circunferencia, por donde sale grandísimo viento é muy caliente, tanto que no se puede comportar de cerca. Hay otros agujeros por donde no sale viento, sino algún poco de ayre; pero llegándose hombres cerca (como lo hacen muchos sin peligro) se oye muy grandíssimo ruydo, que parece que allán dentro suenan diversos e innumerables fuelles de fraguas de herreros: é o algunas veces cessa aquella espantanble armonía por poco espacio, e torna a hacer lo mesmo, é así de quando en quando son aquellas pausos o silencio: pero el tiempo q᾽ cessa es menos que la quarta parte del tiempo que se oye aquel estruendo. También se halla mucho acije perfetto por allí y entre las otras fuentes calientes hay una cerca de un pueblo que se dice Totoa, tan caliente, que cuescen los indios allí la carne y el pescado y el pan que comen, en ella, y en muy breve espacio, que no se tarda en cocer tanto como se tardaría en decir dos veces el Credo; é los huevos antes de que se diga la mitad del Ave María se cuescen. En el tiempo que truena ó llueve, ó en aquel tiempo  que las aguas se continúan (aunque a la verdad muy pocas veces llueve en aquella tierra); pero lloviendo o sin llover, ningún año passa sin temblar muchas veces la tierra. E no es temblor assi sumario ni presto, sino uy rescio é largo; é yo he estado en aquella cibdad, é vi temblar de manera aquellas casas, que nos salíamos, huyendo dellas, á las calles y á la placa, porque no se hundiesen sobre la gente: é conté en un solo día é noche sesenta é tantas veces esos temblores, é aquestas ó más muchos dias , é a veces tan continuos é unos tras otros, que es cosa de mucho temor. E á veces caen rayos é matan gente é queman casas.

         Todo lo que he yo visto en aquel pueblo de León, é sin duda no es comparación en la tierra tremol o temblores la de la cibdad de Puzol (que por ellos la vi yo un tiempo quassi destryda) con lo que hacen en León; é soy  de opinión que si fuesse edeficada de casas de piedras, como esta nuestra cibdad o como las de España, que muchas derribarían aquestos tembolores de la tierra con muertes de muchos”.

         Veamos ahora como comenta el sabio alemán Karl Sapper el dibujo de Oviedo que acompaña a la descripción anterior:

         Tal dibujo “representa un cono principal rápido de mucha pendiente, con un barranco de erosión bien manifiesto, que conduce de la cima hacia abajo, y varias eminencias, que en mi concepto eran los restos de una circunvalación antigua, en parte destruida por la erosión”. Es probable que la actividad del cono central había despertado (después de un reposo muy largo) poco tiempo antes de la llegada de Oviedo porque de otra manera el barranco de erosión, de arriba abajo hubiera sido –estado— ya cubierto de nuevas cenizas y escorias”.

El volcán Momotombo visto por Oviedo: 1) El cono central, en plena
actividad; 2) El barranco de erosión señalado por Sapper para sentar 
que la actividad del volcán observada por Oviedo era de data reciente
en 1529; 3) El cerro más alto de la "circunvalación antigua", que ahora
se acusa por una prominencia en la ladera sur del volcán; 4) Los otros
cerros circundantes, restos de la "circunvalación antigua", según Sa-
pper.  Ilustración gráfica  y notas del Dr. E. Pérez-Valle 1968.

         Oviedo da en su dibujo la elevación mayor a la colina meridional. Coincide con la observación de Sapper (ascensión en 1898) de “una cuchilla espiral bajando rápidamente desde la altura de 1010 m. en el lado Sur, es decir desde el punto donde se nota ya desde lejos una pequeña eminencia, unos 200 m. arriba de la –del— límite de la vegetación”.

         “Me parece –continúa Sapper— que el atrio anterior fue rellenado enteramente por los productos de la actividad fuete del cono central; y que en las faldas del cono, que actualmente parecen consistir de un solo elemento orográfico, la vegetación arbórea solamente pudo radicarse en el suelo descompuesto de la circunvalación primitiva, pero no en las escorias, arenas y cenizas todavía no descompuesta y movedizas, que actualmente forman la superficie del nuevo cono”… “Que realmente la región culminatoria es muy joven y el terreno más bajo, cubierto de bosques antiguo, se conoce fácilmente, porque aquella es-está enteramente intacta pero –y— éste cortado por muchos barrancos radiales”.

         “Es verdad que al Norte no pude averiguar vestigio alguno de la circunvalación antigua, pero creo que la –el— actual límite tan bajo de la vegetación en las faldas septentrionales, que no se puede explicar de –por— causas climatológicas o topográficas, designa (señala) aproximadamente la extensión anterior de la circunvalación antigua”.

         Sapper emite la opinión de que quizás las eminencias laterales hayan sido activas separadamente.

         Este parecer sería corroborado por la pintura que Torquemada nos hace del volcán:

         “A la orilla de la dicha laguna, entre el Norte y el Mediodía, está un cerro tan alto que terná una legua de su subida, la tierra del cual es toda como acige, de lo que se hace la tinta (dice el P. Fr. Toribio) yo, estando allá, tomé y eché de ella en un tintero y escrivía lo que había menester. Este cerro que he dicho, la tercera parte de él, de la parte de arriba, está hechos como un cobertor de un Alcántara, por entre el cual cobertor y la parte de abajo, sale siempre humo que como piedra azufre”…

         Como él mismo lo confiesa, la información que ofrece Torquemada la extrae del Padre Motolinia, cuyos “Memoriales” tuvo a mano cuando escribió lo referente a Nicaragua. Por el momento, pues, ya sabemos que los famosos papeles de Fr. Toribio (de que también se sirvió Herrera para escribir sus “Décadas”) en parte fueron escritos con tinta hecha de acige del Momotombo, cuya fórmula completa el mismo Herrera se encargará adelante de proporcionarnos.

         A nuestro entender, la descripción del Momotombo por Torquemada sirve, de paso, para arrojar luz sobre un interesante problema cronológico, cual es la fijación en el tiempo del viaje del Padre Motolinia a Nicaragu, durante el cual fundó el convento franciscano de la Concepción, en Granada.

         Según el Padre Vázquez, Motolinia entró en Guatemala en 1528, de donde pasó a Nicaragua, entre otras cosas, para ver el volcán Masaya, que era la gran atracción de la época,  y estaba de vuelta, rumbo a México, en noviembre de 1529. Se ha impugnado la certeza de estas fechas, al parecer con razón.

EL ASPECTO ACTUAL DEL MOMOTOMBO AJUSTADO AL DIBUJO DE OVIEDO:
1) Dirección del alisio
2) Área de mayor precipitación de materiales eruptivos;
3) Límite de la vegetación.

         José Fernando Ramírez propone situar el viaje a Guatemala y Nicaragua entre 1530 (Cuando se localiza a Motolinia en Puebla) y 1533 (cuando está en Tehuantépec). De ese lapso no se conoce nada acerca de Motolinia, y bien caber en él el discutido viaje. Parece haber razón en esto, sobre todo después de comparar la descripción del Momotombo por Torquemada con el dibujo trazado por Oviedo en 1529; no coinciden. Torquemada (por mano de él Motolinia) pinta el volcán en una etapa postrera, en que el “atrio anterior” de que habla Sapper ha sido ya colmado por las materias arrojadas por el cono central, las cuales apareen como cubriendo la circunvalación, a la manera del “cobertor de Alcántara”, que dice Torquemada. Se deduce que Motolinia no estuvo en Nicaragua al mismo tiempo que Oviedo, sino algo después, cuando ya el volcán había perdido su aspecto difuso primitivo, que nos retrata Oviedo, y adquiría unidad por la preponderante actividad del cono central. Así pues, resulta muy aceptable la sugerencia de Ramírez de que el viaje de Motolinia a Nicaragua hay que situarlo entre 1530  y 1533. Y  acaso, como quiere el Padre Lamadrid, aun después de 1537.

         Para cerrar este artículo, dedicado al Momotombo, oigamos al cronista Herrera explicando la manera de hacer tinta con la tierra del volcán:

         “Está a la Vanda del Norte de la gran laguna: I a tres leguas de la Ciudad de León, un Volcán de suma altura, i puntiagudo, que tiene en la cumbre una boca, que echa á la tarde, i a la mañana, humo espesísimo, i arroja gran cantidad de Piedra de Acufre: i juntando la Tierra del Volcán con Agua de Nacolot –nacascolo—, que es Fruta de un Árbol de aquella provincia, se hace finísima Tinta”.


jueves, 20 de abril de 2017

EL DESCUBRIMIENTO AÉREO DE LEÓN VIEJO. Por: Eduardo Pérez-Valle. Enero de 1962.



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PLANO ELABORADO POR EL DR. EDUARDO PÉREZ-VALLE
Publicado en La Prensa, febrero de 1968

1968

El 11 de Febrero del presente año, examinando estereoscópicamente una serie de fotos aéreas tomadas por indicación propia en Marzo de 1962 por la entonces Oficina de Geodesia (hoy Dirección General de Cartografía), el suscrito logró identificar varias calles antiguas soterradas en los predios situados inmediatamente al Sur y  al Sur-Oeste del pueblo de Momotombo. Estas fotos fueron tomadas a 3,000 pies de altura (La Escala es de 1:6000). Algunas calles aparecen francamente orientadas de Norte a Sur y de Este a Oeste; pero hay también algunas que adoptan dirección un tanto oblicua. Es decir, el trazado en tablero de ajedrez no sigue estrictamente, característica que era muy de esperarse que ocurriera en una ciudad de la data de León Viejo. Algunas de las calles mencionadas parecen meterse en el trazado del actual pueblo de Momotombo. Estas fotografías obran en los Archivos de la Dirección General de Cartografía, Managua. 

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EL DESCUBRIMIENTO AÉREO DE LEÓN VIEJO

1962
  
“Varias calamidades pesaban sobre los vecinos de la antigua León: éstos las atribuían al sacrílego asesinato del Obispo Valdivieso, ejecutado por Contreras en 16 de Febrero de 1550; y quisieron dejar el lugar, pensando sin duda que aun a los objetos inanimados que existían en la época de aquel desgraciado acontecimiento se había comunicado el anatema de los asesinos…”

         “En 2 de Enero de 1610 salieron de León con el estandarte enarbolado  y conducido por Pedro de Munguía Mendiola, que desempeñaba las funciones de Alférez Mayor. Caminaron nueve leguas hacia el Poniente, y habiendo llegado a un hermoso y fértil llano, el Alférez fijo el real estandarte instantáneamente en un árbol de guácimo. En seguida delinearon las calles y empezaron a levantar las casas. Este es el asiento en que la segunda ciudad de León ha permanecido hasta el presente”.

         “Piensan algunos que la mudanza de la antigua ciudad de León al sitio en que hoy se halla, se verificó violentamente, a causa de una erupción del volcán Momotombo, y por el peligro de que abrasase la lava aquella comarca. Otros suponen que la Laguna invadía la ciudad, y que los habitantes abandonaron precipitadamente sus hogares, para no ser víctimas de una inundación”.

         “La poca distancia de nueve leguas recorridas para edificar la nueva ciudad, hace pensar que al abandonar los leoneses su antigua residencia no fueron movidos principalmente por temor a otras erupciones del volcán, sino por las amenazas de la laguna; y esta opinión se acerca más a la realidad al ver que la primitiva ciudad, situada en Imabita, ha mucho tiempo se halla cubierta en parte por las aguas”.

         Los anteriores párrafos son de nuestro historiador Ayón (Tomo 2º, Libro VI, Capítulo I), quien los escribía en el último cuarto del siglo pasado. Desde entonces la idea de que la primitiva capital de Nicaragua permanece bajo las aguas, no perdido su vigencia. Vecinos del actual puertecito de Momotombo y habitantes de las haciendas aledañas dicen que cuando cada verano se retiran las aguas del Lago, pueden verse en la costa piedras y restos de antiguas construcciones, que dicen ser las ruinas del primitivo León.

         Pero en contra de la tesis de que a León se lo tragaron las aguas, surge la hipótesis de que está sepultado bajo el polvo de los siglos y las cenizas del Momotombo en terrenos aledaños al citado puertecito del Lago de Managua. Nada menos que Sonnenstern, ingeniero alemán que vivió en Nicaragua cuarenta años, y que fue Ingeniero Civil de la República desde los tiempos de Martínez hasta los de Zelaya, es de los que creen en un León viejo seco y polvoriento, que hay que ir a buscar en el seno de la tierra y no en el de las aguas. En su primer Mapa de Nicaragua, de 1858, incluye un “Plano de la Colonia Projectada de Viejo León”, acompañado de la siguiente anotación: “La antigua León fue edificada en el año 1523 y arruinada por piratas el año… El plano en donde la ciudad fue edificada es de una hermosura admirables y sus terrenos son adaptables al cultivo de todos los frutos tropicales y su temperatura media en la mañana, 71º; al medio día, 81º; en la tarde, 75º; de Farenheite”.

         El plano de Sonnenstern sitúa las ruinas de León Viejo unas tres millas al Sur de la desembocadura en el Lago de un riachuelo que sirve de desaguadero a la “Laguna del Tigre”, alojada en la falda oriental del “V. Axusco (3,480 pies)”. Un camino que reúne a “Pueblo Nuevo” con León pasa por las ruinas, las que se encuentran muy cerca de la costa del Lago.

         La localización, pues de estos vestigios, según Sonnenstern, es problema de fácil solución, ya que se hallan a seis millas al S.E. del “Axusco” y unas dos y media al sur de la desembocadura del citado riachuelo.

         Trasladando los elementales datos que proporciona Sonnenstern a un mapa moderno, el topográfico de la Oficina de Geodesia, encontramos que el primitivo León se hallaba situado unos ocho kilómetros al S.E. del volcán Asososca (del Tigre). Hay un camino que va hacia la Paz Centro (Pueblo Nuevo) y otro a León. La posición corresponde al actual puertecito lacustre de Momotombo, situado al borde de una penillanura levemente inclinada hacia el Lago, limitada unos tres kilómetros hacia el Oeste por un conjunto de lomas bajas, últimas estribaciones de la cordillera de los Maribios. El llano tiene una extensión de unos nueve kilómetros de Norte a Sur, y  más o menos en la mitad de esta distancia sitúa Sonnenstern las ruinas de León Viejo.

         Pero tiempo es ya de que nos desengañemos de la exactitud del ingeniero alemán en sus trazados. Sonnenstern no nos va a llevar de la mano para indicarnos el lugar exacto donde debemos escarbar para encontrar la tumba de Pedrarias. Sea por el atraso científico y técnico inherente a su época; sea por propia incapacidad o poca habilidad, los diversos mapas que trazó están plagados de inexactitudes e imperfecciones. Y el plano de León Viejo no ha de ser una excepción. Conformémonos con extraer  el dato de que en tiempos del famoso ingeniero, es decir, hace casi cien años, algunos vestigios debieron existir APROXIMADAMENTE en el sitio que señala, razón por la cual él pudo anotar con tanto aplomo en su referido plano, junto a unos cuadritos negros que quieren representar bloques de casas, encerrados en un cuadro mayor, rayado: “RUINAS DE VIEJO LION”.

         Cabe recordar aquí que cuando Sonnenstern publicó su dibujo faltaban 26 años para que Momotombo fuese inaugurado. En efecto, esta población nació como terminal de la línea férrea a León, Chinandega y Corinto, y fue trazada, por encargo del gobierno, por el ingeniero Salvador Cobos en 1883 (Salvatierra: Los Ferrocarriles en Nicaragua). De manera que no puede haber confusión entre el “Viejo Lión” del ingeniero alemán y el actual Puerto Momotombo. Los cuadritos que semejando bloques o manzanas aparecen en el plano, representan a la antigua capital de Pedrarias Dávila, el Licenciado Castañeda y Rodrigo Contreras, en la que ocurrieron tantos hechos notables en los albores de nuestra vida nacional, hasta culminar en la muerte nefasta del Obispo Valdivieso a manos del “príncipe” Contreras y sus secuaces. Decretada por el cielo la ruina de la ciudad, hasta un acto creativo, como la fundación de Momotombo en 1883, contribuyó a remover sus cimientos, como si el destino en su ciego furor no quisiese dejar piedra sobre piedra. Pues es seguro, que  a la fundación del puerto lacustre, los vestigios que aun restaban a flor de tierra hayan desaparecido para llenar las prosaicas necesidades de los moradores del nuevo centro urbano. Labor destructiva lenta, pero segura e implacable, que amenaza constantemente a tanta venerable reliquia de nuestro pasado histórico, desde los místicos ladrillos de los venerables templos derruidos de Sutiaba, hasta las épicas piedras del castillo de la Inmaculada Concepción, nuestro olvidado santuario nacional, perdido en la maleza, donde la gran sacerdotisa Rafaela Herrera oficiara el sagrado rito del patriotismo, entre relámpagos de gloria, al son grandilocuente de los cañones.

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         La radio nos ha traído recientemente una información al parecer anodina para nosotros, y que, sin embargo, podría significar la clave de este que es uno de los más destacados enigmas de nuestra historia.

         La noticia en referencia explica cómo un arqueólogo norteamericano, Michanowsky, mediante la fotografía aérea infrarroja “ha sacado a relucir partes de un camino prehistórico nunca visto por ojos modernos”, perdido en las selvas de la región amazónica de Bolivia. El hallazgo ha llevado a Michanowsky al pleno convencimiento de que existe “una teoría que necesita ser revisada completamente”. El arqueólogo supone que el camino que ha descubierto unía, lógicamente, centros de civilización, quizás, según su criterio, una ciudad con un santuario selvático.

         El procedimiento empleado por Michanowsky para efectuar sus hallazgos podría ser usado con posibilidades de éxito para la definitiva ubicación del sitio que ocupara nuestra ciudad colonial de León Viejo.

         En efecto, el medio más adecuado de que dispone la ciencia moderna para la prospección de zonas arqueológicas, con miras a la buena interpretación de los trabajos que se lleven sobre el terreno, es la fotografía aérea. Este poderoso auxiliar de buen número de ciencias está llevando a cabo en los últimos años lo que podríamos llamar con indudable acierto el redescubrimiento del mundo. Sus técnicas aplicables a los infinitos casos cuya resolución se le confía, son numerosas, ingeniosas, admirables. En el caso de la búsqueda de una ciudad perdida bajo las capas del tiempo, cual es el caso de nuestro León Viejo, los procedimientos que suelen usarse, rebosantes de originalidad y palpitantes de una ingeniosidad hasta hace poco insospechada, se fundamentan en el hecho de que los vestigios pueden ser aparentes, bien a causa del relieve o bien por la existencia de un cambio más o menos notable en el color de la vegetación que los cubre y en la aptitud de ésta para reflejar la radiación calórica. Para aprovechar estar particularidades, se dispone:

1)  De la fotografía con emulsiones pancromática corrientes;
2)  De la fotografía a colores;
3)  De la fotografía infrarroja;
4) Del método de la toma de vistas con luz rasante, en el cual puede usarse cualquiera de los tres tipos de fotografía anteriormente mencionados.

         El método de la luz rasante, preconizado y hábilmente aplicado y cultivado por el padre Poidebard,  ha permitido a este insigne arqueólogo el descubrimiento de innumerables vestigios romanos en el Norte de África (véase su libro “La Trace de Rome dans le Déser de Syrie”, 1934). Heridos por la luz crepuscular, de rayos casi paralelos a la superficie del suelo, los más insignificantes detalles del relieve producen sombras exageradas que tienden a desaparecer rápidamente al elevarse el sol sobre el horizonte. Además el padre Poidebard combina el procedimiento con el empleo de series de vistas tomadas en virajes circulares, por lo menos desde cuatro ángulos distintos a diferentes alturas; y también la toma de vistas a diferentes horas, con el sol a diversas alturas sobre el horizonte.

         La fotografía infrarroja, en cambio, no cuenta para nada con el relieve; pero sí con los peculiares cambios en el claroscuro de las fotografías, producidos por otros correlativos en la capacidad de la vegetación para reflejar los rayos infrarrojos.

         Aparte de estos dos procedimientos, que podríamos considerar especiales, la simple toma de fotos a baja altura, en emulsiones ordinarias podría arrojar bastante luz sobre el enigma. Es lástima que tal especie de fotografías no exista en los archivos de la Oficina de Geodesia, en lo que a la región de León Viejo se refiere, pues podrían ser de una gran utilidad. Yo mismo, en 1959, logré descubrir en viejas fotos del Río San Juan tomadas por los canaleros, los vestigios de dos de los antiguos castillo coloniales de aquel río, de los cuales apenas si se guarda un borroso recuerdo perdido entre las páginas tan poco socorridas de nuestros escasos historiadores. En los archivos de España deben conservarse con todo detalle la historia de éstos y los otros castillos del San Juan (cinco en total), y en el archivo guatemalteco debe haber mucho de este; la cosa es que haya quien vaya a buscarlo y sepa encontrarlo. Pues bien, en esas fotografías, que no fueron tomadas a propósito para este objeto, se aprecian claramente los contornos de las antiguas fortalezas, debido a un cambio en la coloración del suelo y su vegetación, cambio que ni el transcurso de tres siglos ha podido desvanecer. Algo por el estilo es seguro que podría apreciarse en la zona donde estuvo León Viejo si se tomasen fotografías a 1,500 metros de altura empleando el material corriente, cuanto más si se dispusiera de emulsiones especiales y filtros adecuados para hacer resaltar las características que se busquen.

         Para emprender la búsqueda de León Viejo, de una manera metódica, por medio de la fotografía aérea, propongo el siguiente plan, que presento no como una obra acabada, sino como  un esbozo, para ser perfeccionado:

A)  Toma de fotografías áreas a baja altura en las zonas al Norte, al Sur y al Oeste de Puerto Momotombo.

B) Estudio estereoscópico e interpretación de tales fotos con miras a descubrir un trazado concorde con la estructuración de una ciudad colonial del siglo XVI.

C)  De ocurrir un fracaso en el anterior intento, nueva misión aérea, para obtener en vuelos circulares a gran altura, y  con luz rasante, fotos de las mismas zonas aledañas a Puerto Momotombo.

D)  Estudio estereoscópico e interpretación de tales fotos

E)  En caso de un nuevo fracaso, aun quedaría el recurso de la fotografía infrarroja. Mas en caso de éxito.

E)  Nueva misión aérea, esta vez para obtener fotografías a baja altura, con luz rasante, en las zonas que en la prospección anterior resulten sospechosas de contener el objetivo buscado.

F)  Estudio de estas fotos. 

G) Desmonte y limpieza de la zona señalada como la de ubicación de la ciudad.

H)  Nueva toma de fotografías aéreas con luz crepuscular en la zona ya limpia, conforme al método del P. Poidebard.

I)   Estudio de estas fotos y elaboración de un plano preliminar de la ciudad, con miras a la acertada dirección de las excavaciones.

J)  Excavación masiva de calles y lugares abiertos.

K) Excavación prolijas de bloques y edificios.

L) Reconocimiento de lugares y edificios con el auxilio de fuentes documentales.

M)  Obras tendientes a la conservación y accesibilidad de los vestigios.

Como los materiales de construcción generalmente empleados durante la colonia no eran muy durables, es posible que los restos que logren hallarse no sean muy abundantes. Las casas de habitación en un principio fueron ranchos de cañas con techos de paja, que poco a poco fueron sustituyéndose por casas de “tapias” y techos de tejas. De tapias se decía a las paredes de tierra apisonada húmeda entre formaletas de madera convenientemente dispuestas. Ya a mediados del siglo XVI se habla de que las casas se están construyendo todas de tapias con ayuda de una tierra blanquecina que traen de los alrededores y  que una vez apisonada se vuelve muy resistente. En algunos edificios de importancia se usaron la piedra y el ladrillo. Muchas de las casas tenían suelos de ladrillos de barro. Y  consta que a lo largo de algunas calles se hicieron ataujías y obras de desagüe de alguna importancia. De todo esto algo debe quedar bajo la tierra, como una flor marchita entre las hojas de un libro. El uso de la piedra y el barro cocido en las construcciones de nuestra primitiva capital constituye una carta de triunfo en el hallazgo de sus reliquias. Hay que jugar a ella y emprender esta alucinante aventura que, de alcanzar exitosos resultados, podría tener hondas repercusiones en el futuro de nuestra vida nacional.

Someto esta consideraciones al buen juicio y elevado espíritu de cooperación y trabajo de los altos personeros de la Oficina de Geodesia, los que tal vez acojan mis sugerencias favorablemente.

                                               Managua, Enero de 1962.

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 *Publicado en: “Cuadernos Universitarios”. Universidad Nacional de Nicaragua. No. 19. Año del Sesquicentenario. Enero de 1962. Pp. 40 – 46. 


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VUELO SOBRE PUERTO MOMOTOMBO

En avión C47 de la Geodesia
Piloto: Capitán Sánchez
Copiloto: Teniente Sánchez
Fotógrafo: Araica
Observador-Director: Eduardo Pérez-Valle
Fecha: 22 de Marzo de 1962.
Hora: de 9 a 10: 15 a.m.
Altura de vuelo: 3.000 pies
Escala: 1: 6.000

Del Dr. E. Pérez-Valle: "Fotografía aérea de la región del Momotombo (Archivos de la Oficina de Geodesia, Managua). Puede apreciarse el extremo N.O. del Lago de Managua, con el pequeño golfo que servía de puerto a León, en el cual está el actual Puerto Momotombo (Intersección de las flechas BB. El cráter del volcán está en la intersección de las flechas AA".

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Carta de la Universidad Nacional
De Armando Rizo Oyanguren a Eduardo Pérez-Valle
7 de Noviembre de 1966



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miércoles, 12 de abril de 2017

ESAS SON LAS RUINAS DE LEON VIEJO. Por Eduardo Pérez-Valle. 31 de enero de 1967.


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PLANITO DE ORIENTACIÓN PROVISIONAL DE LOS PRIMEROS HALLAZGOS
ELABORADO POR EL DR. EDUARDO PÉREZ-VALLE, EN 1967



Esc. 1: 3.0.303                                                     LS 2195

A – “El Diamante”
B –  Puerto Momotombo
C –  “La Providencia”
D –  “Doña Chola” (Sampson)
E –  Cerrito El Desengaño
F –   La Punta
G –  Calpules = formación costera de malezas y arena arrojada por el viento
H – “La Chapaneca” (Geot.)
I – “América” (Geod.)

1 – Lugar donde quedaron al descubierto cimientos a varios metros de profundidad, al excavar las corrientes (Chale).

2 – Pilas redondas y rectangulares entre “La Prov.” y Momotombo, como a 400 varas de la 1ª (Niña Emma).


3 – Fortaleza de León Viejo? A partir de 3 hacia el S. solo hay vegetación baja. Dice Chale Sampson que se debe a que en una época estuvo cultivado.
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   Entre las muchas cosas que se han publicado en los últimos días sobre el caso de León Viejo y la localización de sus ruinas por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, desgraciadamente hay pocas afirmaciones acertadas y muchas desacertadas y hasta contradictorias dentro de su desacierto.

   Hay cosas que parecen sacadas de Los Conquistadores y servidas como retazos de historia, cuando más tienen de novela. Así, aquello sobre la catedral de Valdivieso, de "pilares y arcos maestros de ladrillos y mezcla arcillosa, vigas y soleras de finas maderas, de cuatro cantos, paredes de piedra y mezcla blanca"... Otro día el mismo nos viene diciendo que "en los primeros años... en los primeros cuatro decenios (de la colonia)... lo usual fue el tipo de construcción de tapias". Y que no había ladrillo, por la extrema pobreza; que ni en el nuevo León allá por 1751. Así que habrá que sacar los ladrillos de los "arcos maestros" de la catedral de Valdivieso y dejar sólo "la mezcla arcillosa" a esperas del primer terremoto.

SE INSTALA COMISIÓN NACIONAL DE LEÓN VIEJO
De izq. a der.: Br. Marcos Quintana, Representante de la Municipalidad de La Paz Centro; Dr. Alfonso Argüello, de la UNAN,; Dr. Mauricio Pallais Lacayo, Representante de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua; Dr. Carlos Tünnermann Bernheim, Rector de la UNAN; Ing. Miguel Ernesto Vijil, Representante de la Alcaldía Municipal de León; profesor Antonio Bonnet Correa, del Instituto de Cultura Hispánica; y, profesor Eduardo Pérez Valle, de la UNAN. 

    Se nos ha dicho que la ciudad estaba en la propia ladera o al pie mismo del Momotombo: pues hubo necesidad de construir obras permanentes de drenaje (ataujías) para encauzar las corrientes que bajaban de las faldas del Volcán; y que la fortaleza estaba "en lugar prominente de la falda occidental". Otro día el mismo nos viene hablando de "la tradicional escogencia para fundaciones españolas, de grandes y amplios valles", etc.

  Estas son cuentas gruesas (los padrenuestros) de un rosario de inexactitudes o invenciones como aquello de que hasta 1542 se inició la construcción y el convento de la Merced (en 1530 ya se construía de tapias); el traslado de los restos de Pedrarias a una segunda iglesia de la Merced construida en otro sitio que la primera. 

    A veces se ha dado rienda suelta a una verdadera fiebre delirante que hace decir cosas como que las ruinas encontradas pueden ser de ricas estancias; castillos posteriores a 1610, construidos por encomenderos y capitalistas; o fortalezas defensivas levantadas después del traslado. Como si la construcción de un castillo o fortaleza pudiera ser secreta, y no significa un papeleo de años, hasta de siglos, a través de la complicada burocracia colonial.

LADRILLOS Y TAPIAS

Es bueno dejar sentadas dos cosas:

    1) Hay documentos que hacen mención de construcciones con elementos de ladrillos desde 1542 (La Merced, la casa de Hernán Nieto, junto a la misma; la cárcel construida por Contreras).

    2) No hay motivo para mirar con tanto menosprecio las construcciones de tapias que eran consideradas como muy buenas en esa etapa colonial. Su consistencia no era despreciable, pues se usaba tierra mezclada con algún material compactador, calcáreo o similar. En León Viejo se usaba una tierra blanquecina que traían de los contornos. Se promulgaron cédulas obligando a los encomenderos a construir de piedras o de tapias en los dos primeros años de su encomienda.

Lo cual significa que las tapias no se tenían por menos, sino que se consideraban un material bastante decoroso y permanente, incluso resistente al fuego. El ladrillo, aunque siempre fue un excelente material de construcción, no se usaba sino en casos de máxima necesidad, para lograr mayor resistencia; o porque al usarlo no le causaba mayores gastos (caso de Hernán Nieto que tenía horno de tejas y, sin duda, fabricaba ladrillos).

LA PRUEBA CARTOGRÁFICA

   Existe una larga secuencia que a través de la cartografía histórica nos señal el sitio de la primitiva capital de Nicaragua, junto a la margen occidental del Lago de Managua.

   El primero en esta larga serie es el llamado Mapa de Herrera, publicado para ilustrar el capítulo XII (Del Distrito de la Audiencia de Santiago de Guatemala) de la Descripción de las Indias Occidentales, la que acompaña, como introducción, a las Décadas 1-4, editadas en 16ol. Los conocimientos geográficos son escasos e imprecisos, es cierto; y la cartografía muy imperfecta; pero se hace constar que León está junto a la costa occidental del Lago de Managua, que a su vez aparece como un golfo de la "Laguna de Nicaragua".

    Pasando por el Mapa de Ortelius (1570), caemos rápidamente en lo que podríamos llamar cartas representativas ya no de la realidad, pero sí de la tradición geográfica, tan valiosa para el caso como podría serlo aquella. Hay una extensa lista de mapas posteriores a 1610, que aun continúan mostrando a León en su antiguo sitio. Esto sólo quiere decir que los geógrafos y cartógrafos no supieron por muchos años del traslado de León; PERO SÍ SABÍAN DONDE HABÍA SIDO FUNDADA.

     Notables representantes de tal tradición, tan útil en su persistencia, viene a ser. el Mapa de Laet (1625), el de Sanson d´Abbeville (1656), el de Blaeu (1664-65), el de Coroneli (1696), el "de Gage" (1699), el de Visscher (1700), el de Marden (1700), el de De l´ Isle (1720), el de D´Anville (1731), el de Regner & Ottens (1756), el de Baret-Elwe (1793), el de Arrowsmith (1816), el de Brué (1816), el de Thompson (1816), el de Pinkerton-Herbert (1818), el de Strangeways (1822).

    Así llegamos al Mapa de Baily (1823), construido en base a los informes que suministra Juarros en su Compendio. En este mapa ya León aparece aproximadamente en el sitio actual. Pero el "Mapa de Thompson" (en Narrative of an Official Visit to Guatemala from México. 1829) pone "Sutiabo" y regresa a León a su antiguo asiento. Después hay varios mapas que copian una u otra versión, hasta llegar al de Dietrich-Reimer (1850), que pone "Mabita" junto al Lago, inmediatamente al Sur del sitio de Puerto Momotombo. El mismo año aparece un nuevo Mapa de Baily (el traductor de Juarros), que además de situar dos islas frente a la ensenada de Puerto Momotombo (Sta. Clara  La Grande), hace correr hacia esa misma ensenada el pequeño Río Frío, que vendría a desembocar al Sur de Puerto Momotombo. (Nótese que Baily es plausiblemente exacto en el resto de datos que ofrece en su mapa).

    El mapa que incluye Squier en su obra Nicaragua (1852) tiene una cruz bien marcada señalando el sitio de "Ancient Leon" en el punto mismo en que se llevan a cabo las excavaciones por la UNAN. Squier también incluyó en su obra Notes on Central America (1858) un Map of Honduras and San Salvador que abarca parte de Nicaragua, hasta el volcán Mombacho. Allí están las "Ruins of A. Leon" en el ángulo NO. del Lago, cerca del "V. Axosco" y al N. de un pequeño río sin nombre que corre hacia el Lago, quizás el mismo Río Frío de Baily.

    En 1862 fue publicada la "Carta de los Estados de Centro América, con todos los proyectos de las diversas vías de comunicación interoceánica", formada por A. E. van de Gehüchte, ingeniero del Gobierno de Guatemala. En este mapa, ejecutado en presencia de "todos los documentos más acreditados, tanto marítimos como terrestres", aparecen las "Rnas. León" en el mismo sitio en que las pone Squier (1858), en la porción Sur de la zona de Puerto Momotombo, donde precisamente pasa el trazo de uno de los proyectos de canal presentados. 

     El Mapa de Justo Juan Gavarrete (1878) fue formado con multitud de datos de notable exactitud compilados personalmente por su autor. Este mapa marca el sitio de "Viejo León" frente a la ensenada de Puerto Momotombo, inmediatamente al Sur de dicho lugar.

     En la 2da. edición de la Geografía de Centro América por el Dr. Darío González (1881) texto escolar muy conocido en su tiempo, va incluido el Mapa de Centroamérica por Edwin Rockstroh, que muestra el trazo del ferrocarril de occidente terminando en "Moábita", en el sitio del actual Puerto Momotombo. Ese era el nombre de tal lugar antes de que el puertecito lacustre fuera trazado por el Ing. Cobos en 1883. Con los nombres de Moabita, Moábita o León Viejo aparece mencionado indistintamente en toda la documentación relativa a los contratos ferrocarrileros, a la construcción y operación del ferrocarril y a la navegación de vapores en el Lago de Managua.
  
     Hemos dejado por último la cita  y el comentario, que lo merece más prolijo, del "Plano de la Colonia Projectada de Viejo León" de Sonnenster, Ingeniero Civil de la República, incluido en un recuadro en su primer Mapa de Nicaragua (1858). En es plano se sitúan las ruinas de León Viejo a unos 8 Kms. al SE. del volcán de Asososca (Axusco) ya 6 de la laguna de Asososca (del Tigre) Hay un camino que va a Pueblo Nuevo y otro a León. La posición casi corresponde al actual Puerto Momotombo, más o menos en medio de la penillanura que bordea la ensenada. En tiempos de Sonnenstern algunos vestigios debían observarse en el sitio que señala, razón por la cual pudo anotar en su referido plano, junto a unos cuadritos negros que quieren representar bloques de casas, encerrados en un cuadro mayor, rayado: "Ruinas de Viejo LION".Tales ruinas están unos 300 metros  al Sur del "Projecto de Camino para Ferro Carril" entre Moabita (que así se llamaba) y Corinto. Al extremo de esta vía se construye más tarde el pueblo de Momotombo. 

LA PRUEBA ARQUEOLÓGICA

    El lugar donde todas las evidencias concurren a situar la primitiva León de Nicaragua en un amplio campo que, por lo menos, abarca una extensión de 1 km. de Norte a Sur por unos 400 o 500 metros de Este a Oeste.

     Tal expansión la fijamos en forma estrictamente provisional. Las dimensiones reales de la planta de la ciudad serán establecidas a medida que progresen las labores de limpieza y excavación del terreno.

     En el área citada se ha logrado localizar hasta 13 montículos de base más o menos geométrica (rectangular o cuadrada). 

     Estos montículos tienen la misma apariencia que tenía el que se ha excavado profundamente, donde se han encontrado las ruinas de un edificio grande, al parecer una iglesia.

   En casi todos estos montículos se han practicado "calas" o sondeos y hallado ladrillos, sin duda perteneciente a viejas construcciones. 

    La disposición de tales montículos sobre el terreno, alineados en direcciones bien determinadas y orientados, habla de una organización urbanística cubierta por el polvo de los siglos.

    En el montículo que primero comenzó a excavarse, y en el que se ha excavado más profundamente, surgieron las ruinas de lo que a todas luces parece ser una iglesia. 

   La construcción tiene 15 m. de ancho (NS-SU) por 40 de largo (E-O). La parte expuesta se encuentra en la porción oriental de un rectángulo formado por camellones de tierra que alcanza unos 75 metros de longitud y que puede ser el límite del antiguo cementerio.

LA IGLESIA DE LA MERCED

      En las ruinas del edificio se distinguen dos partes: una construida de ladrillos; la otra de tapia reforzada a espacios regulares de unas 4 varas con rafas de ladrillos. La parte de ladrillos está situada al Oriente, y corresponde sin duda a la cabecera. (Puede creerse que fue construida de ladrillos y reforzada con fuertes pilastras adosadas lateralmente porque se pensaba construir bóvedas sobre ella). Esta parte es más angosta que la otra. La planta es cuadrada, de unos 12 metros de lado, dimensiones a propósito para albergar 3 capillas de regular tamaño. El resto de la construcción es de unos 4 metros más de ancho y corresponde a las naves. Ya se han descubierto dos bases de las columnas o pilares que formaban las naves, a unas 5 varas del muro de la fachada y aunas 4 de las paredes laterales. A medida que la excavación progrese hacia el fondo, irán apareciendo las demás. Son de base cuadrada, con las aristas cortadas en chaflán. Así quedan demarcadas tres naves: de 10 metros de ancho la central, de unos tres metros las laterales.

     Sería prematuro hacer afirmaciones ajustadas en una etapa en que los trabajos de excavaciones apenas si comienzan. Pero puede recordarse aquí que la iglesia de la Merced de León Viejo, hacia 1530, se construía de tapias con la ayuda de una tierra blanca, "recia como argamasa", que llevaban de los alrededores. El material de relleno de las tapias descubiertas es blanquecido y resistente, y parece haber sido extraído de la cabeza del "calpul" de Puerto Momotombo, o de un lugar también cercano en el camino a la Paz Centro. En 1542 la iglesia de la Merced ya estaba construida, con tres naves, paredes de tapias, rafas y arcos de ladrillos, techo de tejas.

     Las ruinas descritas pueden considerarse un tanto marginadas hacia el Oriente del conjunto de túmulos diseminados en el área. También por esto puede presumirse que se trate de la iglesia de La Merced, pues existe al menos un testimonio quizás un tanto exagerado de Pedro de los Ríos (1543), según el cual al monasterio de la Merced y su iglesia se hallaban fuera de la ciudad.


Managua, 31 de enero, 1967.

EDUARDO PÉREZ-VALLE
Investigador de la UNAN.


jueves, 6 de abril de 2017

VIDA COTIDIANA DE LEÓN VIEJO. (Anotaciones para reconstruir la primitiva capital de Nicaragua). Por: Dr. Eduardo PÉREZ-VALLE. 1967

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 LA CIUDAD DE LEÓN VIEJO BAJO LA TIERRA, MAYO 1967
Fotografía del Dr. Eduardo Pérez-Valle

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26 de Noviembre, 1966
                                             
 Sr. Prof., Armando RIZO OYANGUREN
Departamento de Historia,
Universidad Nacional.-
Managua..

Impuesto de los conceptos vertidos en su atenta del x corriente, con sumo agrado comunico a Ud. mi entusiasta conformidad para colaborar con el Departamento de Humanidades de esa Escuela, a fin de ubicar definitivamente el sitio de León Viejo.

Como primer paso de mi parte, comenzaré a ordenar los datos que obran en mi poder, referentes a este problema, datos que recogeré en una serie de artículos de próxima publicación.

Mucho agradecería a Ud. se sirviera informarse sobre la bibliografía reunida en la primera etapa de su investigación. Quizás yo pueda suministrarle algunas fichas importantes.

Soy de opinión que León Viejo debe localizarse previamente dentro de las cuatro paredes del estudio. La excursión comprobatoria vendría después, como lógica consecuencia de la investigación documental. No obstante esta opinión, nunca estaría de más la visita a los lugares señalados como probables sedes del Viejo León, y si las circunstancias lo permitieren y Ud. tuviere a bien comunicarme sus planes oportunamente, con mucho agrado le acompañaría en las excursiones que proyecta.

Sin más por hoy, y a la espera de sus gratas nuevas, le saludo atentamente.

Eduardo PÉREZ-VALLE

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SITIO ARQUEOLÓGICO "RUINAS DE LEÓN VIEJO"
Inicio de las excavaciones. Febrero de 1967
Fotografía tomada por el Dr. Eduardo Pérez-Valle
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(Anotaciones para reconstruir la primitiva capital de Nicaragua) 


PRIMERA SERIE

Extraída de la Colección de Documentos para la Historia de Nicaragua, por Andrés Vega Bolaños (Colección Somoza)

INTRODUCCIÓN

         La colección de Documentos para la Historia de Nicaragua, del Dr. Andrés Vega Bolaños, es la primera obra que se realiza con miras a proyectar una gran luz sobre la historia colonial de nuestro país.

         En efecto, la “Colección de Documentos referentes a la Historia Colonial de Nicaragua”, formada en el Archivo de Indias por el Padre Pastella, S. I., por instrucciones del Ministro de Instrucción Pública Ing. José Andrés Urtecho, y publicada por el gobierno de don Diego Manuel Chamorro en 1921, sólo contiene la exigua cantidad de 47 documentos, escogidos exprofesamente con miras a la ventilación de las cuestiones limítrofes de Nicaragua con Honduras y Colombia.

         Por otra parte, de nuestros autores que han tratado en conjunto la historia patria, vale decir, Ayón y Gámez, el primero realizó una labor apreciable como compilador en un solo cuerpo de obra de multitud de datos hasta entonces dispersos en nuestro perdido archivo nacional y otras escasas fuentes similares. La Historia de Gámez vale como síntesis de Ayón y complemento de éste, en el período posterior a la Independencia.

         En cambio la obra de Vega Bolaños es de una magnitud monumental, cuyos alcances pueden apreciarse al sólo notar que en los diecisiete tomos que llegaron a publicarse comprende 838 documentos, algunos de ellos verdaderos legajos resolubles en multitud de documentos primarios, todos los cuales abarcan un período que va desde el descubrimiento de Nicaragua por Colón (narrado en su famosa carta de 1503) hasta el año 1551.

         Ciertamente, no es bastante honrado establecer parangones entre una obra histórica de conjunto y una colección de documentos. Pero aquí viene al caso, porque a finales de la gestión diplomática del Dr. Vega Bolaños en  España, se suspendió la publicación de la Colección de Documentos para dar cabida en la “Colección Somoza” a las reediciones de Ayón, Gámez y Arancibia, 5 tomos en total, que si bien son importantes para nuestra bibliografía, están muy lejos de compensar lo que hubiera significado la publicación de otros tantos tomos de la Colección de Documentos.

         Es una gran pérdida para nuestra cultura que esta obra no se haya terminado. Cualquier gobierno de la República se honraría grandemente ordenando su continuación, así como se honró grandemente por ello el gobierno que la comenzó.

         En el proemio que encabeza el tomo primero de la Colección el Dr. Vega Bolaños estampa acertados párrafos que quiero transcribir aquí:

         “Casi todo lo relativo a la formación y desarrollo de nuestra Nación ha sido estudiado en diversas ocasiones aprovechando las colecciones de los investigadores españoles e hispanoamericanos, las obras de los cronistas que activamente participaron en la vida de América y algunos estudios parciales relacionados con hechos o circunstancias especiales”.

         “Pero todo o casi todo ese abundante material necesita de la depuración que se obtiene estudiando las fuentes puras que proporcionan la verdad o facilitan su búsqueda y encuentro”.

         “Es copioso el número de documentos que he podido encontrar en los muy ricos archivos de España; además de lo mucho que he copiado, he anotado la signación y detalle de otros tantos, referentes a ese largo período en que España se proyecta sobre la provincia que lleva el nombre de su cacique principal”.

         “Omitimos lo que cae en el campo de la interpretación o del juicio, afanados en disponer de mayor espacio para los documentos, pues todo aquello queda reservado para quienes hayan de utilizar esta materia prima”.

         “Siguiendo el orden cronológico, parecen aquí todos los documentos encontrados. De esta manera, los futuros investigadores, que espero sean muchos, tendrán la máxima facilidad para el estudio, y la satisfacción que proporciona la abundancia de datos auténticos sobre los hechos de nuestra historia, compilados desde el mismo momento en que nos descubrió Colón, por la índole de sus primitivos habitantes, por su privilegiada posición y las características de quienes aparecieron conquistando y colonizando el territorio”.
La Ciudad de León Viejo bajo la tierra / Volcán Momotombo
Fotografía del Dr. Eduardo PÉREZ-VALLE, Febrero 1967
Pues bien, de este importante acervo de documentos, que desgraciadamente sólo cubren un corto período de nuestra vida colonial, entresaco los siguientes datos para reconstruir la vida cotidiana de León Viejo, primitiva capital de Nicaragua.

         Cada anotación va precedida de un número, puesto por mí, para futuras referencias. Al final tienen un número romano, que indica el tomo de la colección de donde fueron sacadas; y un número en cifras arábigas, que indica la página de ese tomo. Hubiera querido poner las notas en un estricto orden cronológico, pero por falta de tiempo, y por considerar este un trabajo preliminar de algo más acabado, las dejo como están.

         Falta aún una advertencia que me parece de justicia y elemental espíritu científico poner aquí. La extraigo de la Nota Preliminar que a la reedición del “Cedulario de Encinas” puso el Dr. Alfonso García Gallo, Catedrático de Instituciones Políticas y Civiles de América en la Universidad de Madrid:

         …“En la mayor parte de los archivos y en especial en el de Indias, se guarda la documentación oficial del Consejo de Indias o de otros organismos y en estos, antes como ahora, sólo se formó expediente a los funcionarios cuya conducta era mala o cuando menos dudosa. Mientras que, por el contrario, al oficial íntegro y celoso de su deber nunca se le sometió a procedimiento. Y así resulta que los expedientes conservados en los Archivo, por su propia naturaleza, sólo se refieren a la parte peor de la Administración. Es un error de método utilizar estos expedientes como única fuente para conocer el estado social de un país cualquiera teniendo en cuenta solamente los archivos de los tribunales de justicia, donde aparece registrada toda la escoria de la sociedad, pero en los que no se habla para nada de la mayor parte de la población”.

         Dejo a los lectores el cuidado de aplicar esta importante advertencia en los casos que corresponda.

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Fotografía Panorámica del sitio "León Viejo", mayo de 1967
Fotografía del Dr. Eduardo Pérez-Valle
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I

HASTA LA MUERTE DE PEDRARIAS, 1531

1.- 1529, Enero. La iglesia está servida, aunque pobre de ornamentos y campanas. Hay dos monasterios. El de Santo Domingo, hecho por el vicario general Fray Diego de Loayza, con un capellán; y el de Nuestra Señora de la Merced, hecho por el vicario provincial Fray Francisco de Bobadilla, con cuatro religiosos (carta de Pedrarias). I. 455.

2.- Pedrarias en una posada, Diego de López en otra, dice Cereceda. I. 462.

3.- Pedrarias dice que en los arrabales de León, en la provincia de Imabite, existen alrededor de 15,000 indios. La iglesia construida en León es la mejor iglesia “que en estas partes” se ha hecho. El Momotombo presentaba cráteres activos. I. 129.

4.- Pedrarias manda hacer la Casa Real de fundición provista de todo lo necesario. I. 378.

5.- La Casa Real queda en manos de Juan Meco, de 45 años, vecino de León, en 1528. Las ordenanzas reales se fijan en una tabla a la entrada. I. 383.

6.- El primero que fundió en la Casa Real fue el vecino Alonso Martín de Don Benito. I. 392.

7.- Al ir a residenciarse a Panamá ya Pedrarias la dejó hecha, de tapia, declara Rodrigo del Castillo, Tesorero de S. M. en tiempo de Salcedo. Las ordenanzas quedaron en poder y casa de Isidro Robles, marcador y fundidor. No las pidió Salcedo ni las expuso Pedrarias sino a su vuelta. I. 420.

8.- 1528. Cédula Real ordenando se haga Casa de Fundición, pues no la hay. I. 439.

9.- Cereceda habla de la “fortaleza-castillo” de León. La casa de Estete está cercada de tapias, junto a la fortaleza.       I. 460, 462, 465.

10.- Fray  Diego de Loayza llega a León en Septiembre de 1528, sale en Enero de 29 hacia las Islas, a enviar religiosos, y de ahí a España. 1470.

11.- En 1529 ya había en León varios sastres, espaderos, cerrajeros, carpinteros, zapateros, silleros, curtidores, zurradores. Los principales productos de la región eran tintas de teñir, cáscaras para curtir, vino de maíz y frutas, aceite de semillas de mamey (escaso), y ropa de algodón “que algunos (españoles) ya la usan”. I. 484.

12.- León y Granada están en muy buenos sitios, dice Castañeda. Hay estero que entra a tres leguas de León y le sirve de puerto.      I. 496.

13.- 1529. Juan Martín de Talavera es pregonero.     I. 500.

14.- 1529. El Br. Pedro Bravo es cura de la Iglesia Mayor.     I. 465.

15.- 1529. Nómina de escribanos: Juan de Ribera, Bartolomé Pérez, Bernardino Valderrama, Juan de Simancas, Juan de Espinosa, Benito de Prado (escribano mayor de minas y veedor).      I. 500.

16.- La casa de fundición tenía el suelo de tierra, pues había que regarla para barrerla.     II. I I.

17.- Había una “casilla” (casita) junto a la fundición, dicen testigos castañedistas. Castañeda edificó, dicen, su casa cercada de tapias, dando buen ejemplo que siguen Hernando de Soto y Hernán Ponce de León, compañeros y vecinos. II. I I, 122, 137.

18.- Iglesia de Santa María de la Merced.    II. 120, 151.

19.- El provisor de la Iglesia Mayor es el Br. Pedro Bravo, quien vive frente a la plaza.      II. 157.

20.- Háblase de “carreras” y “traviesas”, términos que parecen significar avenidas y calles.     II. 173.

21.- Al parecer el veedor Pérez de Valer también vivía frente a la plaza.
       II. 173.

22.- Se mencionan varias plazas.  II. 173.

23.- Desde la casa de Pérez de Valer se veía la puerta de Pedrarias.  II. 181.

24.- Casa de Juan Téllez; posada de Isidro Robles.   II. 181.

25.- Para ir de donde Pedrarias adonde Juan Téllez, se pasaba por donde el tesorero Diego de la Tobilla.   II. 181.

26.- 1529.             Alcaldes y regidores:
                            Peñalver, alcalde; 
                            Rodrigo Lozano,
                            Francisco Lozano,
                            Rogel de Loría,
                            Francisco Porras, regidores.    II. 288.        

27.-  El “palacio de Pedrarias” en 1530 era una casa con dos puertas a la  calle y portal.    II. 289, 290.

28.- Había un bohío construído junto al palacio para la guardia, con corral delante, para los caballos.   II. 289, 290.

29.- La guardia de Pedrarias: Diego de Mercado (capitán), Pedro García Espadero, Alvar Núñez Portuguez, Hernando de Cosca, Andrés de la Guarda, Alonso de Segovia, Luis Jiménez y Hernán Rodríguez.  II. 281, 290.

30.- Más guardas de Pedrarias: Fernando de Caherá, Francisco Villacastón.  II. 290.

31.- Había una camarilla con armas junto al “aparador” (oficina) de Pedrarias en su casa; y una puerta que daba de la sala al corral.   II. 290.

32.- Otro guarda (o pedrarista armado): Gonzalo Barbero.   291.

33.- Pedraristas armados en las elecciones de alcaldes y regidores el 1º. De Enero de 1530: Alonso Martín de Don Benito, Andrés de Molina, Iñigo de Iberna (a) El Tuerto, Alcántara Botello.   II. 295.                                               

34.- Hernando de Soto y Hernán Ponce tenían su casa en una esquina a un lado de la iglesia mayor.     II. 308.

35.- Casa de Pedrarias, en la plaza. Linderos: “a la una parte, casas de Juan Giniles, e de la otra parte, casa de Antonio Picado, e de la otra parte, casa del dicho heredero, y por delante la casa Real”.     II. 308.

36.- Francisco Hurtado, regidor perpetuo, se sentaba a veces a la puerta de la iglesia con el Br. Pedro Bravo, provisor; Rodrigo Pérez, arcediano; y  el cura Gonzalo Hernández.     II. 350.

37.- 1530, Marzo. La iglesia y los monasterios se están construyendo de tapia, con ayuda de una tierra blanca, recia como argamasa. Todos tapian sus casas por temor al fuego.    II.  402.

38.- Pedrarias manteníase enfermo y  en cama casi siempre.   II.  213.

39.- Atuendo de la Tobilla el 1º de Enero, 1530: capa, espada y caperuza negra; “en soletas de borceguíes, de manera que el dicho tesorero no solía andar”.     II. 343.

40.- I En. 1530. Atuendos: Diego de Mercado, en calzas y en jubón; Alonso de Segovia, un casco en la cabeza y un broquel debajo de la capa, con la espada en la mano; Luis Ximénez y Villacastón con espada y cota de malla debajo de la capa.   II.  290, 291.

41.-  Diego de la Tobilla, libidinoso, escogía lo más granado de la indiada femenina para su lecho. Cohabitó con la Villacreces, la de Galeano, con Ana Jiménez, la Morruga, la de Narváez, con María de Narváez (de Téllez Girón), con la mujer de Padilla, etc.     II.  242, 244. (VI., VII.).

42.- Sobre Pedrarias: Su mujer, doña Isabel de Bobadilla. Tres hijos varones, dos fallecidos (1530) y uno de 20 años. El hijo segundo murió en Tierra Firme.    II. 452.

43.- Se establecen 8 regidores en vez de 6, más 2 alcaldes.     II. 495.

44.- 1526, 30 de Junio. Hay seis regidores nombrados. Se necesitan dos regidores más, para poder formar regimiento cuando algunos están ausentes. Pedrarias autoriza a regidores y alcaldes a nombrar otros dos.  II. 495.

45.- 1529. La elección de alcaldes y regidores se hacía “la víspera de año nuevo”. Juntos el alcalde mayor, el consejo, justicia y regidores de la ciudad elegían personas hábiles y suficientes, vecinos, para que su señoría el Gobernador escogiese los alcaldes y regidores del nuevo año.  II. 496, 499.

46.- 1529. – El alcalde mayor Castañeda pretendía que no hubiese más que los tres regidores nombrados por el rey y quería proponer para alcaldes a parciales suyos, dice Pedrarias. De los regidores nombrados por el rey, uno era “persona de poca mañana, criado del dicho alcalde mayor; y el otro asimismo pobre y de poca experiencia, recién venido de España, que no sabe las cosas de la tierra ni tiene qué comer en ella”. Y así los tendrá Castañeda, “mayor prestos para lo que quiere hacer”… Para lograr sus propósitos Castañeda se había contraído con dádivas a los alcaldes ordinarios del año anterior Isidro de Robles y Álvaro de Peñalver, así como a los mencionados regidores por el rey, afirma Pedrarias.      II  497.


47.- Del partido de Castañeda: Isidro de Robles, Álvaro Peñalver (acompañante de doña Ana), Francisco de Porras, Francisco Hurtado, Rogel de Loria, Rodrigo Lozano. Algunos hasta han vendido su casa para ir a vivir cerca de él en otra peor.    II.   533.

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