domingo, 1 de febrero de 2026

1988: ACTAS DE LAS REUNIONES PARA CELEBRAR EL CENTENARIO DE "AZUL" .

ACTA No. 1
"Comisión Centenario Azul"

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ACTA No. 3
"Comisión Centenario Azul"

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ACTA No. 4
"Comisión Centenario Azul"

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PINCELES
Por: Fernando Silva
El Viejo, El Viejo, Núm. 8, Febrero, 1962


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domingo, 11 de enero de 2026

DR. ENOC AGUADO FARFÁN: EL MEDIADOR. PUÑETAZOS, BALAZOS Y UN MARINO NORTEAMERICANO MUERTO EN EL DESPACHO PRESIDENCIAL DE JOSÉ MARÍA MONCADA TAPIA

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"De la misma manera que Moncada había adquirido la elección presidencial a la sombra del Espino Negro, Somoza obtuvo la jefatura de la Guardia Nacional a la sombra de Moncada.". Galich, Manuel
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BUZÓN DEL PÚBLICO

En: El Centroamericano, 18 de Agosto de 1967.

DOCTOR ENOC AGUADO …siempre grande aun en la inopia

    Después del terremoto de Managua, Moncada en traje de campaña, despachaba los asuntos presidenciales en una improvisada casa de campaña. Junto a él trabajaba el señor Anastasio Somoza García que era secretario de la presidencia. Aquella mañana del 5 de mayo 1931, todo era rutina y trabajo allí; de pronto hicieron irrupción en el despacho presidencial tres oficiales norteamericanos, tomados de licor, a exigirle a Moncada algo que lesionaba la dignidad presidencial y agredía la libertad de la patria.

    Moncada y Somoza dialogaron con los marinos tratando de encontrar una fórmula honesta que calmara los ánimos de los demandantes y a pesar de esa necesidad, los marinos quisieron ultimar al Presidente. Somoza se lio a golpes con dos de ellos y el sargento Salomón Lagos, que era el ordenanza de turno hizo uso de su pistola de reglamento para defender a Moncada, quitándole la vida al Teniente G. C. Williams que el día 6 de Febrero de ese mismo año había derrotado a Umanzor en el combate de La Guayaba.

    Salomón Lagos y su hermano Manuel habían peleado en la batalla de Las Grietas el día – de Noviembre de 1926 siendo jovencito de 18 años y donde perdió la vida su progenitor, derrotando a Alfredo Noguera Gómez y a Macario Rodríguez, jefes ambos del ejército de 1200 hombres que los liberales emboscaron en aquella memorable acción de armas.

    Esa vez Lagos era sargento de la Guardia Nacional que tenía a su cargo la custodia de Moncada y a fe que lo hizo bien cumpliendo con su deber como un valiente soldado. Ahora, Lagos es Coronel G.N. Retirado.

    Hubo intenso movimiento en Managua en el cuartel general de los marinos que demandaban la entrega de Somoza y Lagos para ser juzgados por una corte marcial norteamericana. Moncada se opuso a ello alegando que dichos ciudadanos no habían hechos más que cumplir con su deber y como acto meritorio ascendió a Lagos a Subteniente P.A.

    Los marinos se tendieron en línea de fuego con cañones, morteros y ametralladoras y el presidente ordenó al marino D. C. Atha, que hoy vive en Managua con un establecimiento comercial, que era entonces Comandante del Batallón presidencial, para que también tendiera sus líneas de defensa, listos a repeler el ataque inminente de los marinos.

César Virgilio Miranda, Ministro de El Salvador, Decano del cuerpo diplomático en Managua y Octavio Reyes Spéndola, Ministro de México, trabajaron hora enteras tratando de solucionar aquel impasse que habría traído a la patria males de incalculable proyección política y económica.

    El Doctor Enoc Aguado Farfán, era Vicepresidente en la fórmula del poder y no se sabe el motivo por el que estaba alejado de la política de Moncada que ya insinuaba su ambición reeleccionista y para lo cual mandó enseguida a Washington al Doctor Carlos A. Morales, de toda su confianza. Pues bien, un día llegaron a visitar a Aguado en su Office Law el General Logan Feland, Jefe Supremo de los marinos de ocupación y el Ministro Hanna a proponerle que aceptara la presidencia ya que ellos estaban dispuestos a darle un golpe a Moncada que estorbaba la política norteamericana en Nicaragua. Aguado sacudiendo su ancestro moral de hombre honesto y de gran responsabilidad patriótica, les contestó: “Caballeros: Mucho ha costado a la patria llegar al canal constitucional y se han gastado para ello sangre y lágrimas. La constitución deberá mantenerse aquí a sangre y fuego y aunque yo personalmente esté alejado de la política de Moncada, tengo que apoyarlo porque él representa al pueblo que lo eligió en comicios libres. Si caballeros, se que es la única oportunidad, como Uds. dicen, que tengo de ser Presidente, pero sobre esa ambición muy justa para un ciudadano está el sagrado cumplimiento del deber!!

    Los visitantes se marcharon con un palmo de narices llevando en sus conciencias el grato reconocimiento de que en esta patria tan escarnecida había hombres de temple moral que hacían la enorme en el concierto humano de los pueblos.

    Moncada terminó su período sin dar a la publicidad, nunca se podrá leer su libro: ¡Las Humillaciones de un Presidente”. Aguado siguió en la política militante y después de la hecatombe subsiguiente a la muerte del General Somoza García, perdió la vista por el impacto moral y físico de la cárcel. Unos políticos liberales, cuando él salió libre, convencidos de su inocencia, reunieron muchos dólares para que el Doctor Aguado Farfán se fuera a curar a una reputada clínica oftalmológica española, pero él, siempre grande aún en la adversidad y la inopia, rechazó con dignidad dicho ofrecimiento.

    Debe conocerse el valor moral de ese hombre. Los que quedamos en este valle de suplicios construiremos un altar de la patria, para en él rezar fervorosamente en su recuerdo que altaneramente simboliza el anhelo nicaragüense de una superación meritísima para forjar la historia en un relieve grave y sincero para sus héroes.

León, Agosto 15 de 1967.

                            JUAN B. SALINAS ECHEVERZ

(Calle de Marcoleta, contiguo a Dionisio Gallo Wassmer).

-- Tomado del libro “Emociones y Recuerdos” del Dr. Juan B. Salinas Echéverz       

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JOSÉ MARÍA MONCADA TAPIA Y ANASTASIO SOMOZA GARCÍA  EN PRESENCIA DE


LA FORMACIÓN MILITAR DE LAS TROPAS NORTEAMERICANAS


Nota: En abril de 1927, Feland asumió el mando de la 2.ª Brigada en Nicaragua. Tras cuatro meses en Nicaragua, fue transferido al mando del Cuartel de la Infantería de Marina en Parris Island, Carolina del Sur, cargo que ocupó desde septiembre de 1927 hasta enero de 1928. Posteriormente, regresó a Nicaragua y asumió el mando de la Brigada por segunda vez, sirviendo allí hasta marzo de 1929. Por este segundo período en Nicaragua, Feland recibió otra Medalla por Servicio Distinguido.

Después de un breve período en el Cuartel General tras su regreso de Nicaragua, Feland fue asignado como comandante general del Departamento del Pacífico en julio de 1929.Estaba prestando servicio en ese puesto cuando fue destacado el 25 de febrero de 1933. Se retiró del Cuerpo de Marines el 1 de septiembre de 1933.

Los viricuetos existenciales del General José María Moncada

Jefe en la Guerra Constitucionalista, pactó con los estadounidenses para obtener la paz.

Alcanzó la presidencia del país, bajo la ocupación de los marines estadounidenses y la guerra antiimperialista del General Augusto C. Sandino.

"Gral. José Ma. Moncada, entre los militares yanquis con los que firmó el famoso pacto del “Espino Negro” del 4 de mayo de 1927. Foto tomada durante ese evento, en la ciudad de Tipitapa, Nicaragua; en donde se encontraron las tropas del Gral. Moncada y los comandantes de las fuerzas interventoras norteamericanas."

 José María Moncada Tapia

viernes, 1 de agosto de 2025

EXISTENCIA CORVADA / Por: Dr. Eduardo Pérez-Valle



                              EXISTENCIA CORVADA

 

  Puntual

   ayer, como siempre,

   durante todos los sábados

   miré pasar al pobre viejo

   setenta y pico de años…

   arrugado

   corvado

   acentuado por la escoliosis

   mirada grisácea

   el sol le abrillanta el blanquecino

   e inmaculado cabello

  a ritmo lento echa apagados gritos de aviso

  El Periódico! ¡El Periódico!

  entre brazo y antebrazo carga pocos ejemplares

  ahí va el sustento dentro del aligerado fardo de su pesada vida

  avanza

  esparce 

  noticias, buenas y malas

  lleva junto a su anónima existencia

  el drama propio y ajeno trágico de todos los días.

 

                   Dr. Eduardo Pérez-Valle -  1977

 


domingo, 15 de septiembre de 2024

En Matagalpa, el final existencial de ALEJANDRA HERNÁNDEZ., reina indígena del centenario, en 1962.

            


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Liminar de Eduardo Pérez-Valle T.: 

    En la página 252 del libro "Barroco descalzo", escrito por el doctor Erick Blandón Guevara, publicado bajo el sello editorial de la Universidad de la Región Autónoma de la Costa Caribe de Nicaragua. 1ª Ed. Julio, 2003., encontramos datos interesantes y análisis de capital importancia histórica, en esta ocasión, hago mención de la "Reina Aborigen" Alejandra Hernández, que de acuerdo con ese pasaje histórico, recibió la distinción de "Alejandra I",  otorgada por los indígenas matagalpas para representarlos en 1962, como "Reina Indígena del Centenario de Matagalpa". 

    Blandón Guevara presenció el desfile, a ella, la "Reina" la recuerda como una "india imponente". Ese adjetivo, lo vinculé a través del imaginario, porque el artículo está acompañado de varias fotografías de aquella fisonomía, de esa sugerida fenotipia y genotipia aborígen; no obstante, no hay referencia de cómo o dónde terminó ese reinado físico. Con algún resquicio de tiempo me propuse en agenda, encontrar algún dato sobre la primera y única "Reina" de quien el refranero popular diría que, a los matagalpinos indígenas o ladinos, esa cualidad extraordinaria entró con particulares distinciones y preferencias hacia el cerebro de cada espectador. 

    Tres años después, en 1965, nadie habló si aquello fue único para el centenario citadino, reinado sin renovación hereditaria o parafernálico. Las riquezas de la imaginación terminaron con el fallecimiento de Alejandra I. Aquella "india imponente", en Octubre de 1965 entró a la sepultura, y según la nota periodística: "olvidada de sus súbditos ladinos". 

    Aún, con la estrechez de aquella noticia,  a los del presente nos permite precaver que las diferencias de cultura ponen tristísimos, dolorosos y separados llantos en la raza amada. 

    Aquí la noticia complementaria, de 1965:

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ALEJANDRA HERNÁNDEZ la reina indígena de las fiestas del centenario, en 1962.

    Los matagalpinos de mi generación no olvidaríamos el desfile –nunca visto antes ni después—con que se clausuraron esas fiestas del centenario (1962), el cual se inició con la carroza de Alejandra Hernández, una india imponente, de la comunidad de El Chile, que hablaba la lengua Matagalpa y que desde su sitial saludaba, como reina indígena de las fiestas, sin esbozar ninguna sonrisa, con el traje autóctono de manta blanca, hilada en su comunidad. Iba tocada con una pobre y pretenciosa corona de abalorios confeccionada por manos ladinas especialmente para la ocasión. Su rostro adusto, inspiraba temor y respeto a un tiempo.

    El paseo de varias decenas de carrozas alegóricas lo cerraba la reina ladina Edda Haslam Blandón, arriba de un simulacro de carro tirado por dos pegasos de cartón y madera. La india representaba el atraso y la barbarie; la otra, descendiente de mestizos y de los inmigrantes europeos que llegaron a la región en el siglo XIX, la civilización occidental. No es éste el lugar para discutir qué negociaciones o imposiciones hubo de por medio para que los indios fueran llevados a aquella fiesta, que significaba el triunfo de los ladinos europeizados, sobre una cultura que en aquellas fechas se daba por cancelada. Sólo me interesa dejar sentado que la vida pública y privada no era pensable sin la presencia de indios y ladinos, en relaciones desiguales.

    Para nosotros, los indios no eran objeto arqueológico, eran sujetos que veíamos diario y de quienes conocíamos parte de su dolorosa historia de despojo y destrucción de sus comunidades. Había una canción de sus mujeres o inspirada en ellas, que era infaltable en las veladas culturales de mi infancia. Si la memoria no me falla, decía así:

         Sumus las indias de las cañadas

         cuando el cenzontle cantaba tierno

         me lo decía flor de batata

         si me lo pide flor de jazmín

    Allí habían estado, y nunca, como en el verso inicial, se olvidaron de proclamarlo. Los mirábamos cada 31 de diciembre llegar al Común, a la vela de las varas de las nuevas autoridades de la comunidad indígena.

    Blandón Guevara, Erick. Barroco descalzo. Editorial: Universidad de la Región Autónoma de la Costa Caribe de Nicaragua. 1ª Ed. Julio, 2003.  252 pp. 

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EN PETATE BAJÓ A LA TUMBA ALEJANDRA I. La Prensa. Managua, D.N. Domingo 3 de octubre de 1965.

    Envuelto en petate, bajó a la tumba el cuerpo de la Reina Indígena del Centenario de Matagalpa, Alejandra I.

    Olvidada de sus súbditos “ladinos”, la “Reina Alejandra recibió de sus compañeros de comunidad el más imponente tributo póstumo.

    Orgullosos del título conquistado por Alejandra Hernández durante las celebraciones del primer centenario de Matagalpa como ciudad, en 1962, los indios no permitieron que la “Reina” fuera sepultada el mismo día en que falleció víctima de un síncope cardíaco.

    Tampoco aceptaron que su cuerpo ocupara una modesta caja de madera que un “ladino” residente en la comarca ofreció con ese fin. Ella debía bajar a la tumba como habían bajado sus antepasados: envuelta en petate.

    Durante dos noches, los indios de El Chile y comarcas aledañas acompañaron el cuerpo de Alejandra, entonando cantos que “ladinos” presentes calificaron como impresionantes.

    Al tercer día de fallecida, la “Reina” Alejandra bajó a la tumba que para ella se había abierto en el humilde cementerio de El Chile.

    Rostros impenetrables, tras los que se ocultaba la emoción que embargaba el corazón de cada uno de los indígenas, dieron el último adiós a su soberana.

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Fotografía tomada del libro "Barroco descalzo", escrito por el doctor Erick Blandón Guevara


domingo, 14 de enero de 2024

Ideal Unionista - RUBÉN DARÍO. Por: Gastón Baquero. El Centroamericano. León, Nicaragua, C.A. 8 de Julio de 1966.

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¿Estaría el poeta en Chile cuando se hizo 
esta foto o habría llegado ya a España?

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(Por Gastón Barquero, Jefe de Redacción de “Diario de la Marina” hasta su clausura” por Fidel Castro).

    En 1889 llega Darío por segunda vez a El Salvador, viene de Chile, acaba de publicar Azul. El presidente salvadoreño era. F. Menéndez, un hombre enamorado de la Unión. Rubén ha contado el encuentro con el gobernante. “Era –dice, uno de los más fervientes partidarios de la Unión Centroamericana, y hubiera hecho seguramente el sacrificio de su alto puesto por ver realizado el ideal unionista que había sostenido Morazán, Cabañas, Jerez, Barrios y tantos otros. Esos días se trataba cabalmente de dar vida a un nuevo movimiento unificador, y es claro que el presidente era uno de los más entusiastas de la obra”. Y añade Darío: “A los pocos días me mandó llamar y me dijo:

    ---¿Quiere usted hacerse cargo del diario que sostenga los principios del a Unión?

    ---“Desde luego, señor Presidente--, le contesté.

    “En efecto, no pasó mucho tiempo sin que yo estuviera a la cabeza de un diario, órgano de los centroamericanos que, naturalmente, se titulaba “La Unión”.

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    Rubén, que fue periodista toda su vida, que ganó su pan con el trabajo para diarios y revistas hasta pocos días antes de morir, iba a dar muestras de que podía y sabía dirigir un periódico doctrinal. Fue él quien escribió el editorial de presentación, que servía de programa para el nuevo diario. Recogió los principios contenidos en el “Pacto de San Salvador” que habían firmado los ministros de las cinco repúblicas.

    “Pensadores: que en vez de las sombrías nubes que ha amontonado el separatismo vuelvan nuestras ideas vencedoras a los altos ideales, como águilas bajo relámpagos. ¡A la obra! Nuestro Darío0 espera el contingente de vosotros; que soplen vuestros pulmones y él será la trompeta. “La Unión” persigue y desea que nos inundes de tus claridades, ¡Ah Progreso!, y que sobre nuestras cabezas se extiendan, con ruido glorioso tus alas sonoras, ¡Oh Libertad!”

    ¿No es emocionante esa página de Darío, de quien un conocimiento externo de su obra ha hechos pensar a muchos que era un desarraigado, un parisiense de alma y de voluntad? Dios después muchas otras muestras de amar la unión de Centroamérica. Él es uno de los grandes precursores de realizaciones como el Mercado Común Centroamericano, la ODECA, la Unión Universitaria y de Cultura, que son la más bella promesa de un gran futuro.

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    Rubén se sintió desde su primera mocedad un ciudadano de todas las naciones de Centroamérica. Hay que observar que cuando Darío dice “La Patria”, se está refiriendo indistintamente a su Nicaragua natal o (a) El Salvador que amara tanto, o (a) Guatemala, (o) a Honduras o (a) su Costa Rica. De manera natural, ingénita casi, siente por suyos a todos los vecinos y constituye un fuerte símbolo su identificación temprana con el magno varón salvadoreño Francisco Gavidia, como es también un símbolo el que luego vayamos a encontrarlo, ya como cónsul de Colombia, ya como Enviado argentino, ya como Delegado de Nicaragua, o como Diplomático de Costa Rica, o Vocero de Honduras… naturalmente, un espíritu abierto hacia el cielo no se queda ni aún en la asamblea de vecinos, por muy naciones de cuna. Muy temprano saltó a Chile, y de allí un estirón semejante al que diera cuando entró en contacto directo con Gavidia. Luego, la Argentina pudo sentirlo vivamente como hijo leal suyo. Todo el Continente americano se le volvió patria. En su porvenirismo, en su visión de lo que el mundo será un día, cantó la Unión de los pueblos de América, entendiendo por tal lo que el propio Dios entendió, o sea, todos los pueblos del Nuevo Mundo, desde el Septentrión hasta el confín austral. En Rubén, a los nicaragüenses se suma lo centroamericano: a esto se suma lo continental hispanoamericano, con España a la cabeza, y a todo ese resplandor y gozo de la Unión agrégase la porción no ibérica del Nuevo Mundo. Es la concepción ecuménica de la vida y de la cultura, de la historia y de la acción cotidiana del hombre. Se vive para el mundo, no para la aldea. Esto se ilumina en la sucesión de los poemas rubenianos: “Salutación del optimista” se continúa con “Salutación al águila”, como “Fuertecotzimi” se extiende hasta cristalizar en “Canto a la Argentina”. Rubén va de lo local a lo universal, y la Unión es el camino, la Unión es el viaje.

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    No pierde amor a su tierra, a su cuna original, porque haya levantado su vuelo hacia el mundo. Toda su ternura reaparece ante la evocación de los nombres que eran sus dioses lares: Nicaragua, León, Momotombo, París no le borra el amor al gran Nicaragua. Se va siempre, pero siempre vuelve. A la hora del dolor supremo, la tierra suya lo llama con hondo clamor, y allá fue a morir.

G.B.

“(Mundo Hispánico” de Madrid publicó en su edición de mayo el texto íntegro de esta admirable prosa de Baquero, exaltante homenaje a Darío).

-- C. D. M.

sábado, 13 de enero de 2024

OBJETOS QUE SOBREVIVEN AL PASO DE LOS TIEMPOS. Por: Edwin Sánchez. En: El Nuevo Diario. Lunes 8 de Agosto, 1994

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END recorre la tienda de un anticuario
Antigüedades "La Botija"

    Un reloj de bolsillo Hamilton, una victrola de 1903 con megáfono en flor, que suena un vals italiano, una pintura en vidrio de 1931, la cama donde durmieron parejas de otro siglo: todo forma un mundo que no quiere ser sepultado por el olvido. O mejor, por la comodidad de apretar un botón y accionar el rayo láser.

Lilibeth Morales hace sonar una victrola de consola. Ahí escuchará a Víctor M. Leiva con sus primeras grabaciones. (Molina). 

    El anticuario Eduardo Pérez-Valle disfruta de este mundo aparte, sumergido casi en una pompa de jabón Camay. Aquí, en el Centro Cultural Managua, hay una parte de la Managua vieja, en fotos postales, en imágenes que tratan de alimentar la vacía memoria de las nuevas generaciones.

    ¿Se imagina usted mirar a un grupo de bañistas disfrutando de las playas de Poneloya, pero allá cuando la historia no sabía nada de Sandino, en 1922?

  Aún en esos tiempos, había su gente que buscaba con desesperación el mar aprovechando la Semana Santa, aunque dicen que antes ni siquiera se podía escupir.

    En el álbum de la historia no contada nos asomamos al Xolotlán, a lo que era entonces el parque Rubén Darío, a los viajes en el tren, muerto en los 90 por pura desidia oficial; y rostros, rostros de comienzos del siglo, sobrios, difíciles, como si supieran, en el inmortal instante en que fueron registrado por el obturador, que iban a ser posteriormente exhibidos en estas tiendas de la eternidad.

Tienda de eternidades
Esta victrola tiene de sonar nada menos que un siglo. Y la música surge nítida de su parlante en flor. Pero la tienda de antigüedades de don Eduardo Pérez Valle y Lilibeth Morales también tiene camas (de bronce) donde durmieron parejas del siglo pasado, y otros objetos que desafían al tiempo. 

    Poco a poco, esa moda de adquirir un fonógrafo con los discos de Juan Pulido y su orquesta argentina que toca Besos y Cerezas, un fox trot, crece. La gente parece no conformarse con los Discos Compactos: desea tener esos discos realmente duros, casi irrompibles y a prueba de fechas.

    En un hermoso mueble de la época, está una riquísima colección de los primeros acetatos que la Víctor Talkin Machine lanzara al mundo. Miren ustedes por ejemplo a José Baros con su ¿Qu trajo Pachita?; el Rigoletto: É il sol dellʼ anima duetto Duca e Gilta, atto 1 (de Verdi), grabado nada menos tres años después que arrancara el más raro y peligroso de todos los siglos, exactamente el 22 de septiembre.

    Buscando y buscando en los rescoldos del tiempo, hallamos al “Otello Brindisi” con la Orchestra de Ernesto Badini, y claro, entre los pioneros de la música grabada nos encontramos con don Víctor M. Leiva y su canción “Cara de León”, tocada por José Robleto y su Trío Pinolero.

LOS COMPACTOS DE LOS AÑOS 20

    Hay otra composición, “Noche de verano”, con Champú Musical. Es interesante notar detalles como al que los discos “Columbia” son discos con un nuevo procedimiento eléctrico vivo-tonal, que representan la más alta realización en la fabricación de discos, estando completamente libres de ruidos de superficie. Estos son os únicos discos sin ruidos”. Así afirma la compañía.

    En la casa del anticuario vemos un retrato de don José Esteban González, hecho el 16 de diciembre de 1931, otras fotos de 1925, y un reclinatorio que Lilibeth Morales Montiel muestra como una de las piezas de gran valor.

   Según Lilibeth, su tienda es la única especializada en antigüedades, pero el trabajo no es estrictamente lucrativo.

    Eduardo Pérez Valle dice que una vez alguien llegó a ofrecer 600 dólares por una victrola, pero él le dijo que mejor buscar un equipo de sonido con Disco Compacto. Realmente hay que valorar ese invento del perrito asomándose al megáfono.

    En estos tiempos de hacer cualquier cosa mediante un botón, resulta muy raro ver uno de estos aparatos. Usted tiene que darle 16 vueltas a la manigueta para que suene un disco de unos cuatro o cinco minutos. Sin duda, para animar una fiesta, el encargado debe calentar como un lanzador.

    Los que se dedican a este tipo de negocio secular tienen que tiempo al tiempo: revelar el inventario, ingeniárselas para tener a disposición piezas realmente de colección como los relojes de leontina que Sacasa regalaba a los gerentes del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

    Aquí se encuentran además pinturas religiosas, imágenes, monedas y muebles con un acabado que ya es imposible lograrlo en esta época.

    Se ha perdido el arte del tallador, lamenta Eduardo. La estirpe de los maestros de la madera parece que se extinguió con el tiempo.

    Sobre las imágenes, Eduardo dice que hay que actuar con sumo cuidado. Se debe conocer qué imagen es para los milagros y cuáles para la venta.

    Si a usted alguien le llega a vender una estatuilla de más de 45 centímetros ni siquiera se acerque en broma. Estas son de iglesia y usted podría verse en problemas, no con el Cielo, sino con la policía.

Un trabajador del Anticuario muestra "una vajilla de plata de otro siglo".

    Experto en esto de saber seleccionar al santo, Eduardo cuenta con imágenes el siglo XVIII, pero parece que no le atrae nada relacionado con la iconografía: prefiere, mejor, candelabros de plata de Granada del siglo XVII o monedas de esos años.

    De una vitrina saca una monedad de Felipe V, acuñada en 1734. Pero si puede negociar algún objeto español, se detiene cuando se trata de la cerámica prehispánica. “Estoy contra eso”, le oirá usted decir.

    Lilibeth y Eduardo hicieron suyas estas palabras con música de lema: Lo antiguo es bello. Y se sienten rodeados de lo que el calendario les dejó.

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martes, 9 de enero de 2024

LAS ESPINAS ESTÁN MADURANDO. Por: Eduardo Pérez-Valle. Junio de 1944.

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LAS ESPINAS ESTÁN MADURANDO
en torno a mi frente.
Oh sangriento dolor que alimentas
los frutos maduros,
oh savia bermeja
que salió del surco,
dad calor que madure los frutos
junto a las espinas!

Ved sonriendo las manos del justo
cerca de mi frente:
van cortando los frutos maduros
que la seca espina
taladrando mis sienes produjo.

Seguid las espinas
hiriendo en el surco!
Quiero ver acercarse a mi frente
las manos del Justo,
que sonríen llevando a mi Padre
los frutos maduros!

E. PÉREZ-VALLE

VI. 1944

EL LEÓN DE SIEMPRE. En: Revista "La Patria". León, 16 de diciembre de 1919.

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    Ese pueblo tiene un modo de ser tan particular y tan distinto de los pueblos de la República, que bien merece que se diga algo respecto a su genio. Es romántico y soñador, y por consiguiente, nada práctico, es capaz de los mayores entusiasmos y de las más arriesgadas empresas; pero inconstante, idealista y de impresiones fugaces; de allí sus fracasos políticos y su amodorramiento. Es heroico, pero si no corta de un solo golpe el nudo Gordiano, cree que los dioses de la guerra le son adversos, y se declara en derrota. Es noble, más su nobleza llega a tanto con el enemigo, que no sólo lo perdona, sino que le da armas para que lo asesinen. Es cristiano, y su cristianismo es tal, que olvida las injurias, disimula las ofensas, mata el hambre y la sede de os que le hieren, da riquezas a los que le odian, alberga en su seno, con cariño a sus verdugos; recibe con honores a sus carceleros y condecora a los que se atreven a sujetarlo de las crines. León ha sido tildado de orgulloso, y no lo es: cualquier lechuguino persona, pero con tal que no sea del lugar y se de aires de lord. León es tenido como libre-pensador, y no lo es: allí es donde impera más el fanatismo, donde se reza de corazón a Jesucristo, quien verdaderamente vive y reina en las almas y no en el recinto de las oficinas públicas; León ha sido estigmatizado de ingrato; eso sí. Pero sólo con sus hijos, con sus pensadores, con sus héroes, con sus literatos, con sus artistas y con sus hombres de ciencia.

    En los años que tengo de vida, me he cerciorado de esta dolorosa verdad, de este hecho real e indiscutible, que apena y entristece. Máximo Jerez, Rubén Darío, Santiago Argüello, Félix Quiñones, Mariano Barreto, José Madriz, Luis H. Debayle, Francisco Paniagua Prado, Modesto Barrios, Francisco Baca p. y Francisco Baca h., Leonardo Argüello, Anastasio J. Ortiz, Paulino Godoy, Remigio Casco (leones por afecto), José de la Cruz Mena, S. Desiderio Pallais y Leocadio Juárez, quién más quién menos, pueden dar testimonio de mi aserto, pues en su vida pública han recorrido esa vía, cuyo punto de partida, es para los que llegan a sobresalir en León –un montículo por Tabor— siendo su término, cuando la calumnia, la decepción, la envidia y la ingratitud han acabado con todas las energías del cuerpo y del espíritu, la áspera cumbre de un Calvario, que se hunde solamente en la tumba. De éstos, Máximo Jerez, Rubén Darío y José Madriz, cuyos nombres inmortales bastan para honrar un Continente y para enorgullecer la raza, probaron mucha hiel y vinagre, fueron apedreados como Esteban y asaeteados como Sebastián; Santiago Argüello lleva muchas cicatrices en los calcañales, de los ofidios que lo han mordido; pero él, como otro Calmette, ha neutralizado la ponzoña que le inyectaran, con sólo el roce de las alas de su intelecto prodigioso; Remigio Casco, víctima de una maquinación que pudiera llamarse diabólica –vio su honor de hombre y de sacerdote, rodando por el suelo; sintió en su rostro el salivazo de la infamia; lo calumniaron despiadadamente. No se tomó en cuenta, para deshonrarlo y escarnecerlo, ni la santidad de su ministerio, ni el raro talento que la Naturaleza le dio para brillar en la tribuna, triunfar en la polémica y para dar, timbre y gloria, a las letras patrias, como uno de los escritores más gallardos de América; Félix Quiñones, Mariano Barreto, Lus H. Debayle, Francisco Paniagua Prado y Modesto Barrios, no han, hasta la fecha, recibido de ese pueblo, a quien ellos han dedicado, desde la juventud, todas sus energías y talentos, ni una sola corona de rosas, tejidas por un cariño ingenuo y espontáneo o por mano o que no pidan recompensas o favores; pero, en cambio, las ráfagas de la murmuración y la maledicencia les han helado las carnes; y ya hoy, cubiertos de canas, están parados en medio del desierto, viendo pasar la caravana en que van Leocadio Juárez y S. Desiderio Pallais, dos médicos ilustres y de talento, cuyas ciencia y virtudes no fueron justamente apreciadas por la generación que yo conozco, que los relegó casi al olvido y los apartó del círculo profesional en moda. ¿Y Francisco Baca p., Anastasio J. Ortiz, Francisco Baca h., Leonardo Argüello y Paulino Godoy?

    Era el año 1893. En ese tiempo era yo un niño, pero el nombre de los Baca, Ortiz y Godoy, sonaban en los aires como clarines que anunciaban el alba, y sus claras vibraciones resuenan en mis oídos todavía. Godoy, los Baca y Ortiz eran los ídolos de León: los cubrieron de flores; (el montículo de Tabgor) pero vino el año de 1896, y los ídolos, exceptuando, Godoy, cayeron de sus pedestales; los arrojaron al cieno, y los lobos devoraron su reputación de jefes pundonorosos, cuyo único delito fue la derrota. Mas quedaba uno en pie, y también debía caer.

    Estalló la Revolución de la Costa, y para salvar a la Patria, vino Godoy del ostracismo, y espada en mano, salió al campo de batalla a combatir contra el godo; cruzó el suampo para expulsar de su tierra al bucanero; pero el Destino había decretado que el león no podría esgrimir su zarpa, y el que unos meses antes, había entrado como en triunfo, por la calle de la Ermita de Dolores, vitoreado por miles de bocas, al son de los clarines, al estallido de las bombas y los cohetes, al rugido del cañón y escoltado por una inmensa caballería, que fue a encontrarlo a varias leguas de la ciudad; el que era en esos días, por sus prestigios, dueño del corazón del ejército patriota; el que atraía sobre sí las miradas de las mujeres hermosas, que a su paso le arrojaban flores; el que pasó bajo los arcos de palmas y entre una valla de árboles artificiales, cubiertos de banderolas y gallardetes, como en Domingo de Ramos, volvió, poco después del campamentos, decepcionado, envuelto en el silencio, sin el amor de sus subalternos y vito con ojos de sospecha aun por los mismos que le admiraban: Sic transit gloria. Y así León, como Atenas da a Sócrates la cicuta y a Temístocles el camino del destierro. ¿Qué, pues, le espera a Leonardo Argüello? Ya supo del sabor de la mandrágora cuando las luchas de 1912 y 1916, y utópico todavía, no quiere comprender que su pueblo no recompensa más que el éxito, cree sólo en el éxito y oficia únicamente en los altares del dios Éxito, de quien sus caudillos no deben ser nunca abandonados, pues de lo contrario, se hunden para siempre en el abismo de las cosas oscuras. Político, orador y de cerebro pujante es Leonardo Argüello, pero si no triunfa, pasará como pasan las naves… como las nubes… como las sombras…

    Para ser breve, no citaré otros ejemplos, pues se me puede juzgar de corazón mal puesto, omito los nombres de varios de mis coetáneos y otros más jóvenes, que, a fuerza de inteligencia, han logrado distinguirse, en lucha abierta conta la zumba mal intencionada, el chascarrillo hiriente, la murmuración punzante y la envidia que siega reputaciones y guillotina el mérito. Paguaga, Medrano, Vanegas, Juan Carrillo S., Manuel Tijerino, Edmond y Desiderio Pallais h., Juan B. y Gustavo Prado, Lino Argüello, Nicolás Paniagua P., Lara, Abraham Argüello, Alfonso Valle, Pedro P. y Bernardo Sotomayor, Benito y Constantino Hernández, han podido salvar esa barrera que hay para todos los que tienen músculo y fósforo, y haciéndose los sordos a los ruidos de abajo, han dejado pasar la marejada: Laudate pueri Domino. León tiene sus peculiaridades: casi todas las clases sociales, principalmente la alta y la burguesa, se tienen por artistas y sapientes; casi todos creen tener aptitudes para todo: (grave error y gran defecto) para la literatura, la poesía, la oratoria, la política, el periodismo, la música, la escultura, la pintura, la estrategia y otros ramos del saber humano; por lo cual nadie es más que otros y no se reconoce superioridad ninguna, sino hasta que la consagración viene de extranjeras playas, y la nimbada cabeza asoma, anunciada por las trompetas de la Fama y ostentando laureles que no nacieron en los huertos del terruño. Esta y otras razones tengo para asegurar que León nunca podrá tener caudillos y hombres públicos estables, tanto porque es insubordinado e indómito, exigente e intransigente, como porque el último pechero piensa que puede ser estratega, diplomático o Primer Magistrado de la Nación. Por ese motivo es que los presidenciables son muy raros, mejor dicho, no hay ninguno; porque para serlo, se necesita ser un Foch y un Clemenceau al mismo tiempo, ser hacendista, orador y hasta poeta; en suma, en hombre con todas las perfecciones e ingenio de la especie humana. Pero a los defectos apuntados, tiene una gran virtud: sabe honrar a los que traspasan los dinteles del más allá; entierra con regia solemnidad a sus muertos. Dígalo José de la Cruz Mena, aquel mago del pentagrama, que paseaba gemebundo su miseria, como otro Job, por calles y parques, pobre y desvalido, en compañía de Lázaro, y rumiando a solas la pena de que la intriga estuvo a punto de arrebatarle el lauro de la victoria que alcanzó con su vals “Ruinas”, Pero José de la Cruz Mena entró al sepulcro, cargado de coronas y guirnaldas, entre los sollozos del pueblo, los gemidos de la orquesta, que al par de las campanas, brotaban lágrimas sobre el que había tomado los remos de la negra barca y se perdía en las sombras del misterio… Díganlo Darío, Máximo Jerez, Francisco Baca , p. e hijo, Gerónimo Ramírez, Madriz, Ortiz, Remigio Casco y otros más, si al inclinar su frente en el ocaso, no tuvieron su apoteosis y no se vieron sus manes rodeados de toda la pompa feérica de un sol de abril que se sepulta, bajo la lluvia de los pétalos, con que siempre amortajan la Primavera y el Amor las alas de las águilas que sucumben y las de los cisnes que se van…

    Pero Atenas se tornará en Roma. Cartago desaparecerá…

Noviembre de 1919. C. R.