miércoles, 28 de diciembre de 2016

LA CÉLEBRE ERUPCIÓN DEL COSIGÜINA Por: Juan Carrillo Salazar. En: El Mercurio, 1932.

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     Este artículo fue publicado en la Revista "El Mercurio", León, 1932, pág. 8. Tomado de la obra: "Elementos de Geografía Física de Nicaragua", escrito por el Dr. y Profesor Juan Carrillo Salazar, ilustre ciudadano leonés, dedicado al cultivo de las ciencias y las letras (1874-1933).  El Profesor Carrillo fue toda una institución de la investigación y la enseñanza, como indicador memorable del respetable legado y admiración profesada por la sociedad leonesa, en este mismo sitio hemos decidido publicar al final, la hoja suelta del "Programa de los funerales del  eminente Maestro de varias generaciones Dr. Juan Carrillo S.". 

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Volcán Cosigüina
Fotografía del Smithsonian Institution
Global Volcanism Program

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     Antes de la formidable catástrofe del Krakatoa javense, el Cosigüina disputaba al Tambora de Sumbaba la preeminencia entre los volcanes causantes de las más fuertes conmociones de la corteza terrestre. La erupción del Cosigüina que comenzó el 20 de Enero de 1835, (7 de Enero según Galindo), a las 6 y ½ de la mañana y terminó el 23 del mismo mes en que finalizó la lluvia de ceniza, se cita, al efecto entre las más estruendosas de todos los tiempos. En esa erupción la cima del volcán, que hoy no es más que una especie de vasto circo trastornado y de difícil examen, voló convertida en polvo; hízose noche sobre una extensión de varios centenares de kilómetros, el mar se cubrió de una espesa capa de ceniza y escorias, hasta a más de 40 kilómetros del volcán, toda verdura desapareció bajo una capa de 5 metros de espesor y el litoral todo, en fin, introdújose en el mar y el Golfo de Fonseca. Al O., el viento alisio aventó el polvo a más de 2.200 kilómetros; al E el contralisio lo dejó caer sobre Honduras, Yucatán y Jamaica; y corrientes aéreas elevadas lo trasportaron hasta Colombia, sobre las altas mesas en que está situada Bogotá. La detonación de la montaña al romperse se oyó en línea reta, a 1.650 kilómetros. El área sobre la cual cayeron las cenizas, fue calculada en 4 millones de kilómetros cuadrados, y la masa arrojada al espacio en más de 50 kilómetros cúbicos (J. Macpherson).

        La erupción duró 43 horas, al decir de Marure, (4 días, según Squier, 7 días, según Karl Seebach citado por Sapper) desde las 6 y ½  de la mañana del 20 hasta la 1 de la madrugada del 23, en que llegó a su mayor violencia; más desde el principio de la larga noche, todo ser viviente huyó del contorno de la montaña amenazante para escapar a la acción de las cenizas asfixiantes.

       El distinguido vulcanólogo alemán Carlos Sapper, pormenoriza la erupción del Cosigüina del modo que sigue.

        El 20 de Enero de 1835 a las 6 y ½ de la mañana y sin ningún indicio precursor, comenzó el volcán a aventar cenizas. La cantidad de estas fue en aumento del tal modo, que al mediodía, ya había oscuridad en la Unión y por la tarde en San Miguel y Nacaome. Antes del anochecer la oscuridad había llegado a Nueva Segobia  y Tegucigalpa y quizá hasta San Salvador. Después, en  lugar de arena gruesa cayó ceniza fina semejante a polvo. A las 9 de la mañana hubo un temblor violento al cual siguieron por la tarde varias sacudidas. En la noche y días siguientes, continuó la erupción acompañada de relámpagos y truenos espantosos. El 21, que se distinguió por haber habido muchos retumbos y  temblores, la ceniza había llegado ya a Guatemala; pero un viento contrario aclaró el día en la Unión, dirigiendo la lluvia de ceniza hacia el S. E., es decir, en dirección de las ciudades occidentales del país, tales como León y Chinandega. El 23, la erupción llegó a su mayor violencia, con una sacudida horrorosa acompañada de fuertes detonaciones, y con la proyección  de enormes masas de cenizas surcadas por violentísimas descargas eléctricas. La sacudida sintióse desde Costarrica hasta el Petén y los Altos de Guatemala, y las detonaciones se oyeron hasta Yucatán, S E de México, Jamaica y N. de Colombia. Las masas de cenizas, que eran gigantescas y  de carácter asfixiante, extendieron su sombra sobre las grandes áreas de Nicaragua, Honduras y el Salvador, y  los vientos alcanzaron a llevarlas hasta la costa N. de Honduras, los Altos de Guatemala, S. E. de Chiapas  y Jamaica.

        Después del enorme paroxismo, la actividad del volcán fue en descenso hasta el 27 en que terminó la lluvia de cenizas. Asegúrase sin embargo, que la montaña todavía continuó arrojando humo y fuego, hasta el 15 de Febrero. No hubo derrame de lava, tan sólo acompañaron a la erupción aguaceros tremendos en las cercanías del volcán.

        En los Altos de Guatemala cayó tanta ceniza, que los indios ancianos todavía usan el “año de la ceniza” como era cronológica. Júzguese por este dato cual sería la cantidad de cenizas y piedras pómez que arrojó el volcán.

        Después de la erupción el volcán se mantuvo quieto, sin dejar por eso de retumbar de vez en cuando, como al tiempo del temblor de Chinandega en 1897.


        No hay noticias de erupciones anteriores a la que se acaba de referir, pues  los datos correspondientes a los años 1521, 1709 y 1809 carecen de entera veracidad. Cuando Dampier y Wafer pasaron en 1864 y 1685, no consideraron como volcán al Cosigüina. Wafer, sin embargo, habla de un riachuelo de agua caliente, sin duda alguna el que queda como a 3 kilómetros al S. de la hacienda Capulinar, cuyas aguas tenían en 1897 35º centígrado, y que nosotros hemos tenido a la vista. 

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Programa de los funerales del eminente Maestro de generaciones 
Dr. Juan Carrillo Salazar
León - 1933


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lunes, 26 de diciembre de 2016

EL LIBRO DEL PADRE ESPINO Por: Eduardo Pérez-Valle*

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EL LIBRO DEL PADRE ESPINO 

Por: Eduardo Pérez-Valle*

         A mediados de 1968 salió a luz, publicado por la UNAN como primer número de su Colección Documento, dirigida por Ernesto Gutiérrez, la “Relación Verdadera de la Reducción de los Indios Infieles de la provincia de Taguisgalpa, llamados Xicaques”, por el Padre Fr. Fernando Espino, con prólogo y notas de Jorge Eduardo Arellano, 78 páginas en octavo menor.

     La obrita es rara en verdad. Y su publicación cabe perfectamente dentro del propósito  de la UNAN “de rescatar par el público todas aquellas aportaciones que histórica y tradicionalmente contribuyan al mejor conocimiento de nuestra estructura nacional  y centroamericana”.

      La edición príncipe es de Pineda Ybarra, de 1674.  Y decía Manuel Serrano y Sanz que era “uno de los libros más raros, con serlo tanto muchos de los publicados acerca de la historia de América en los siglos XVI y XVII; baste decir que sólo hay noticias de un ejemplar, propiedad de D. Antonio Graiño”.

       Ni Beristain ni el P. Civezza que se ocupan de P. Espino en sus obras bibliográficas, conocieron directamente la “Relación Verdadera”, dada la forma inexacta en que la describen según lo cita Serrano y Sanz. Este reprodujo el ejemplar del Sr. Graiño en la que no muy divulgada “Colección de Libros  y Documentos referentes a la Historia de América”, publicada por Librería General de Victoriano Suárez, de Madrid, a principios de siglo. La “Relación Verdadera” está en el tomo VIII, intitulado “Relaciones Históricas y Geográficas de América Central”, preparado y enriquecido  con una brillante introducción por el mismo Serrano y Sanz, y publicado en 1908. Reproducción facsimilar de las páginas 329-374 de esta segunda edición es la tercera, que nos ofrece la UNAN.

      La primera edición de la obrita del P. Espino, como bien lo señala Serrano y Sanz, es fuente principalísima del Tratado Primero del Libro Quinto de la “Crónica del P. Vázquez (de la provincia franciscana de Guatemala), que trata de la predicación en Taguzgalpa y la Totogalpa. El P. Vázquez menciona expresamente la “Relación Verdadera” en el capítulo XVIII, del tratado y libro, mencionados; y los capítulos XXII y XXIII contienen un resumen de ella.

      A su vez Juarros resume los capítulos del P. Vázquez en los capítulos XVII y XVIII, Tratado V de su conocido “Compendio”. Ya se ve, pues, la importancia de la obrita de Espino, como fuente prístina en la materia que trata.

       Por lo que hace a la figura personal del P. Espino, constituye una auténtica gloria para nosotros el que tan distinguido franciscano y eficiente apóstol haya sido nuestro compatriota. Puede decirse sin temor a exagerar que su vida llena de luz y  de nobles acciones la historia franciscana de Centroamérica.

      Polifacético le vemos predicando a los xicaques en la oscura Taguzgalpa, donde desde la creación del mundo jamás se había oído hablar del verdadero Dios; le vemos “continuo en el confesionario” procurando la reforma y el consuelo de las almas descarriadas; o escribiendo un catecismo en lengua xicaque, para que sirviese de herramienta eficaz a los futuros obreros de aquella inculta mies; o como rígido maestro de novicios, templando en la virtud y las privaciones a sus pupilos, como a aquel Fr. Jacinto de Ayala, a quien “por verle enfermizo, juzgándole por inepto, y deseando hallar motivo para que fuese expelido, le ejercitó grandemente en la humildad y rendida tolerancia”; o como constructor, ordenando la reedificación de la iglesia de San Francisco de Guatemala, ajustando en su calidad de Ministro Provincial (1673), con los maestros carpinteros Nicolás y Juan López, la calidad y costo de las obras; o como provincial de Guatemala (1674) enviando a Fr. Pedro Lagares al nicaragüense valle de la Pantasma, en prosecución de la obra civilizadora entre los xicaques; misión que dio origen a la fundación del Hospicio de Nueva Segovia por este digno varón, así como a la fundación de Quilalí (Culcalí) Paraka, San José de Pantasma y San Francisco de Nanica, hasta culminar con la muerte del apóstol en Segovia el 24 de julio de 1679. O como Comisario Visitador de la tercera Orden, dando ejemplo personal como obrero, cargando adobes y maderos para la construcción del Calvario de Guatemala ; y luego como amante de las bellas obras pictóricas, encargando los cuadros de la pasión al “más excelente, discreto y primoroso artífice”, el capitán D. Antonio de Montúfar, quien, concluida su obra en tres años de labor, hubo de perder la vista para el resto de sus días.

       Tal fue nuestro compatriota, Fr. Fernando Espino: un sol de ilustración, un volcán de caridad, un mar de incansable de energía en todas las actividades nobles que puede abarcar un ser humano.

       La edición de su “Relación Verdadera” que nos entrega la UNAN, por ser, como dijimos, facsimilar de la de 1908, contiene sus mismas erratas, entre ellas la ya señalada en el prólogo por Arellano (p. 43), y otra, más importante, en la 53 mil seiscientos sesenta y nueve en vez de mil seiscientos sesenta y ocho.

        La “Relación” se ocupa primordialmente de lo referente a la misión del P. Espino entre los xicaques. Pero está complementada por una “Declaración para que no ayga confusión”, que trata de la misión del P. Verdelete  y Fr. Juan de Monteagudo; después de la misión de los PP. Martínez y San Francisco y el lego Fr. Juan de Baena; y, por último de los aprestos que hacen para su salida los PP. Lagares y Guevara, a la Pantasma y a Iamastrán y la Cuscateca, respectivamente. Sobre estos dos últimos misioneros y sus compañeros se dan noticias complementarias en otro opúsculo del P. Espino, publicado en 1675 bajo el título “Razón del estado en que se hallan las reducciones de indios infieles”, etc., a que se refiere Arellano en la nota 7 de su prólogo de la “Relación Verdadera”. 

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*Publicado en “Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación” No. 1. Banco Central de Nicaragua. Julio-Septiembre 1974. Págs. 14-16.  

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TESTIMONIO

       de un caso sucedido en el partido de Jalapa que toca al obispado de Nicaragua, y junto a las tierras de xicaques, cuyas conquistas y reducciones pertenecen a esta provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Guatemala.

       Yendo a la ciudad de la Nueva Segovia, de donde soy natural y el primer sacerdote indigno de aquella ciudad (dice el R. y V. religioso que testifica), fui al valle de Jalapa, donde era cura Isidro Castellanos, el cual no sabía la lengua materna, y me pidió por amor de Dios confesase a aquellos indios y les predicase, porque le parecía que nunca se habían confesado en su lengua materna, sino en medio castellano; porque los curas sus antecesores tampoco sabían la lengua, como fueron Antonio Berzú y Alonso Pérez de Rivadeneira. Y movido de caridad fui, y habiéndome visto un indio llamado Gonzalo, anciano de más de setenta años se compungió y casi lloró y me dijo: Seáis bien venido, Padre, que ya se ha cumplido y veo lo que dijo un Padre de tu vestido y traje, al principio de nuestra conversión. Díjele yo: ¿Pues habéis visto otro hombre como yo vestido? 

      --Sí, Padre (me respondió), vestido de jerga como tú (pareciéndole que el sayal era jerga). ¿Pues, cómo? ¿o cuándo? (le pregunté). Díjome entonces el indio Gonzalo: Siendo yo mozo, al principio que conquistaron aquestas tierras, se apareció aquí un hombre como tú vienes ahora vestido, un mecate atado a la cintura.  Era un hombre alto de muy linda cara, muy  blanco, y descalzo, sin tener nada en los pies, el cual sabía nuestra lengua materna, como si fuera indio nacido aquí. Nos predicaba y  confesaba, pero no decía misa, tenía corona como tú, y no le vimos comer jamás, solamente decía, que después de medio día le trajesen para comer una olomínitas, que son unos pescaditos muy pequeños, como los de la laguna de Atitlán, y que cocían estos pescaditos y se los ponían en la mesa y se iban. Y esto era sólo sobre tarde al ponerse el sol, y otro día por la mañana venía el indio que le asistía y hallaba los pescaditos sin disminución ninguna, ni haberlos comido, ni llegado a ellos al parecer; y esto fue continuamente todo el tiempo que duró y asistió dicho religioso en este partido de Jalapa, y en los pueblos que andaba predicando el S. Evangelio, y confesando, como fue en este pueblo de Jalapa, Teotecacinte y Poteca, que fueron más de seis meses, andando siempre los caminos a pie, sin criado ni cama. Item más, dijo el dicho Gonzalo, no dormía en las casa de los Padres, ni pedía luz, sino que anocheciendo se iba a un arroyo que estaba allí cerca, y debajo de un árbol o zapotal grande (que yo ví, y duraba este tiempo) se albergaba  y veían todos los indios del dicho pueblo de Jalapa una gran llamarada de fuego y chispas que salían de ella, y no hallaban cenizas ni rastro de haber habido fuego en aquel lugar. Y esto fue todas las noches, que dicho religioso venía allí a predicar,  y cumplidos los seis meses, poco más o menos, que había estado allí, y asistido en este partido; mandó a llamar a este pueblo de Jalapa a todos los indios de los otros dos pueblos de Teotecacinte  Poteca, y una tarde puesto en un cerrito, les predicó y se despidió de todos los indios, diciéndoles que andando el tiempo vendría otro religioso u hombre vestido como él estaba, y que éste les predicaría y confesaría; que no tuviesen pena; y diciendo esto con grande llanto de los indios e indias, se apartó de ellos y se fue, y entró en un carrizal muy pantanoso y cenagoso, espeso, a donde nunca entran  ni pueden entrar hombres ni animal alguno, por lo pantanoso, cenagoso y espeso que es el dicho carrizal, un gran trecho de sabana que coje este sitio y nunca más vieron a dicho religioso ni salir de dicho carrizal, aunque con el amor que le tenían, rodearon dicho sitio para verle. Esta misma relación como la tengo aquí hecha me contó un hidalgo llamado Juan Beltrán, natural de Córdoba, que está avecindado cerca de este pueblo de Jalapa, hombre de gran talento,  y curioso en saber cosas antiguas e historias.  

       Dijome cómo había oído esto al mismo indio Gonzalo y a otros antiguos y  viejos y  a su suegra de dicho Juan Beltrán, el cual está casado en este valle, y su suegra es encomendera de dicho Jalapa, la cual murió. Sabía muy bien la lengua materna  y cuando  yo fui era viva, y le pregunté este caso, y me dijo que así era, y que desde el tiempo que se había casado con Hernando de Herrera lo contaban y decían los indios; y cuando me vieron decían a la dicha mujer: De esta manera estaba vestido aquel Padre que vino aquí, y nos prometió había de venir otro a predicarnos y confesarnos en nuestras lengua materna. Y así fue Dios servido de que les prediqué, confesé a muchísimos que nunca se habían confesado, de cuarenta y de cincuenta años de edad,  y algunos de más, y hasta el dicho Gonzalo que tenía más de setenta con hartas lágrimas se confesó. Así mismo salieron de los platanales o montañas muchachos de cinco y de seis años, que no se habían bautizado, y  los bauticé, y puse óleo y crisma, hijos de los indios cristianos de este pueblo de Jalapa; serían más de diez o doce de los cuales fue padrino dicho Juan Beltrán, que hoy vive, hombre de gran capacidad y rico. Y al despedirme de los indios (que estuve más de un mes) lloraron mucho, sospechaban que aquel dicho religioso de nuestra Orden era S. Antonio de Padua, que en aquellas partes remotas apiadándose de aquellos indios ya cristiano, por no tener quien les enseñase la fe católica, lo enviaría allí Dios Ntro. Señor. Está este valle tan cerca de los xicaques o indios caribes, una legua o media de distancia. He dicho todo esto para honra, gloria de Dios y de nuestra sagrada Religión Seráfica, in verbo sacerdotis que es así, como lo oí, y  los ví, y había veinte y ochos años poco más o menos, que vi lo que tengo dicho y lo firmé. 

Fr. Fernando Espino

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sábado, 3 de diciembre de 2016

UNA ENTREVISTA DE HENRY RIVAS AL AUTOR DE "LA CASA VERDE"


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Del Director-Editor del Blogspot:

    Henry Rivas fue un abanderado luciente del teatro (nicaragüense), aunque gran parte del conocimiento, formación, y las circunstancias cambiantes de ese tipo de trabajo, lo obligaron a estar lejos de Nicaragua. Como suele suceder con la mayoría de “nicas”, intentó retornar y radicarse, pero por estos lares nunca encontró, sincera, generosa o escasa ayuda para el oficio.

    Durante varios años vivió en Puerto Rico, después en Francia; de un lado a otro, rodeado de satisfactorios logros artísticos, sin faltar las cíclicas privanzas económicas, pero en esa búsqueda errabunda del logro, nunca olvidó la certera y sabia advertencia de Tartufo: “Así como la pereza es la clave de la rutina y la avidez el móvil del servilismo, la mentira es el prodigioso instrumento de la hipocresía." Aunque bien guardado de la ciénaga, Rivas se reencontraba con la patria mediante los artículos periodísticos de diversa naturaleza que remitía al poeta Pablo Antonio Cuadra.

    Entre aquellos vínculos epistolares, fue recibida la primicia sobre la entrevista realizada a Mario Vargas Llosa durante la visita a la Universidad de Puerto Rico en la municipalidad de Río Piedras.  PAC la publicó en La Prensa: Una entrevista de HENRY RIVAS al autor de “La Casa Verde”. Un nicaragüense será el protagonista de la nueva novela de Vargas Llosa*

    En la medida que el escritor peruano granjeaba fama, fueron difundidos diversos e interesantes antecedentes relacionados a la copiosa y célebre creación literaria remontada a los años de juventud mientras ocupó un escritorio para elaborar la  nota roja o noticias de la sección policial. Como suele suceder en ese ambiente periodístico, el imberbe fue succionado por el “círculo incendiario” de veteranos periodistas peruanos, al que entró por el obligado descenso a los escenarios donde el crimen brotaba y salpicaba con más intensidad.

    De aquel oficio, interrumpido –quizás a tiempo—, por el padre de Vargas Llosa; al que podría llamarse el final abrupto del “bautismo” reporteril iniciado a los quince años, más tarde surgió “Conversación en La Catedral”,  la imprenta lo recibió en Julio de 1960, y así empezó a leerse la controvertida tercera novela, donde el personaje principal fue adjudicado al nicaragüense Norwin Meneses Genie, excompañero de trabajo en el periódico.

       Henry Rivas supo, en la entrevista realizada a Vargas Llosa en Noviembre de 1969, que el compatriota Meneses Genie ocupaba parte destacada de aquella trama novelesca en la ciudad limeña; por supuesto, la historia avivó recuerdos y opiniones encontradas entre los viejos amigos del círculo. Diríamos que, el entretejido vargallosiano rivalizaba con mucha de la conceptualización de El Hombre Mediocre de José Ingenieros.

    Muchos intentaron redimirse del “pecado novelesco”. Pero nadie pudo capear el bulto, porque a la novela le llegó el éxito y las sucesivas ediciones de Conversación en La Catedral; los personajes de carne y hueso fueron aventados a la palestra, tanto así como periodistas o como ciudadanos públicos; al final,  todos contaron algo o todo. El periodista limeño Juan Gargurevich, en 2005 publicó el libro: Mario Vargas Llosa. Reportero a los quince años. Hemos transcrito un párrafo del autor, aunque el Capítulo Tres retrata a “los reales protagonistas”. Dice Gargurevich:

     “El 28 de marzo de aquel 1952 Vargas Llosa fue agasajado por su cumpleaños –ya eran 16- pero la fiesta tenía sabor amargo porque era realmente la despedida. En un chifa de la calle Capón brindaron por su futuro sus mejores amigos, Carlos Ney Barrionuevo, Norwin Sánchez Genie (sic) y Milton von Hesse” (PUCP. Fondo Editoral. Lima. 2005. p. 72).

    La entrevista de Henry también atrapó la confesión sobre la coyuntural parentela política-ideológica del afamado escritor,  y, por esas coincidencias propias de la Nicaragua-Aldea, donde todo tiene rostro y todo se entrecruza, propició el encuentro entre dos excompañeros de estudios colegiales y, enlazó a dos viejos amigos: Norwin Meneses Genie y Mario Vargas Llosa.

    Sin reservar indulgencias para sí mismo, otro rememorante de Norwin ha sido Carlos Sánchez, excompañero de los años 50s., en el periódico “Última Hora”. El contemporáneo hace la siguiente semblanza en un artículo titulado: EL NICA” Norwin Sánchez Genie: un personaje de Vargas Llosa. (La Primera, Perú. 9 enero 2011). Dice este autor:

    “La popularidad dentro del ambiente periodístico limeño la alcanzó Norwin muy pronto. Noctámbulo cabal, gran señor de la cerveza y el cuba libre, hábil para trabajar casos simples pero mejor los complicados, diestro en saber conquistar la simpatía de los agentes de la policía secreta. Y muy extrovertido, sobre todo en el trato con colegas pertenecientes a las redacciones de otros diarios de Lima.”

    Al final, ninguno fue sin los otros, tampoco hubo novela sin todos ellos. Ninguno intentó borrar las culpas del resto, y cada quien vivió con las sombras y las luces de aquellos días. Para entender el presente hay que revisar el pasado, ¿será ese el caso de Mario Vargas Llosa?

     Arguye, el veterano periodista Carlos Meneses, contemporáneo y coterráneo  de Vargas Llosa, que éste “sin duda, eligió a Norwin no sólo por ser su amigo, también porque era personaje de vida novelesca. Era la figura precisa para una novela que enfocaba la ciudad de Lima, y buscaba como con linterna los rincones más abyectos del lugar.”

    Para reblandecer las duras molleras nacionales, invitamos a lecturas gratificantes de esta trilogía: Juan Gargurevich como interlocutor de Carlos Ney Barrionuevo, y el artículo del veterano periodista Carlos Sánchez, localizables todos en la Internet. En cuanto a Norwin Meneses Genie podría decirse que después de su regreso a Nicaragua, en 1954 y llegado el último día de su existencia, se “fue” a como le correspondió iniciar al autor de “La Casa Verde”, o mejor apuntalado en las siguientes líneas:

    “Luis Becerra lo quiso asimilar a Mario Vargas Llosa a “La Crónica” policial. Lo llevó a unas cacerías nocturnas en las que perdió la virginidad a los 16 años. Mario Vargas, ciento por ciento burgués, descubrió un mundo que le revolvió las entrañas y por eso se venga pintando a Becerra como el Becerrita canallesco de “Conversación en La Catedral”. (Carlos Ney Barrionuevo: Estampa, suplemento dominical de Expreso, Lima, domingo 17 de marzo de 1970).

    Por ahora introduzcamos en ese túnel del tiempo a Vargas Llosa a través de los rescoldos de la memoria atrapados en la entrevista de nuestro recordado Henry Rivas.  Y, para tener la antesala en la que encontró la parca al personaje de Vargas Llosa, incluimos los siguientes párrafos de Carlos Meneses, publicados en La Primera, Perú. 9 enero 2011.

Nicaragua y el final

Por: Carlos Meneses

Su vida en Managua fue muy diferente a la de Lima, no ejerció el periodismo, salvo algunas colaboraciones en el suplemento cultural del diario La Prensa, que dirigía el poeta Pablo Antonio Cuadra. Tuvo intenciones de escribir un artículo mostrando su desacuerdo por el tratamiento recibido por Mario Vargas Llosa en su novela “Conversación en La Catedral”. Me lo decía en una carta y lo que más lamentaba era que se hablaba de su afición a la bebida. Añadiendo que en una ciudad pequeña como Managua ya lo habían leído todos.

Procuré que su conversión en personaje literario no le representara un oprobio ni mucho menos. No le enviaba palabras de consuelo, si no razonamientos partiendo del hecho de que los periodistas somos personajes públicos y Mario tenía la opción de utilizarlo a él y a otros más. También trataba de demostrarle que no había habido intención de ofensa, menos de denigrarlo.

Aunque aceptaba que tal vez pudo haber obviado parte del cuadro en que él aparece en horas de la mañana bebiendo en su lugar favorito, el bar Zela. Esto ocurría en esa etapa en la que él, Norwin, se mantenía lejano del alcohol y posiblemente por esa razón la mención a piscos y cervezas en la novela de Mario, le molestaba aún más.

El episodio final llegó en 1974, cuando con unos amigos Norwin va a un bar. Inmediatamente después concurre a una casa de prostitución, donde sigue bebiendo. Sobre estos momentos de su vida hay tres versiones. Hay quienes aseguran que dentro de esa casa en la que Sánchez Genie ha estado alrededor de 24 horas, alguien, un militar se dice, le dispara varios tiros por considerarlo enemigo de la dictadura nicaragüense.



La otra versión señala que mi amigo se suicidó. ¿Iba armado? Lo dudo. Y la versión que me dio Pablo Antonio Cuadra, en la visita que hizo a Mallorca, fue que estando en el prostíbulo lo indujeron a jugar a la ruleta rusa y su tiro resultó “premiado”. Mario Vargas Llosa, se inclina por aceptar la primera versión. La menos truculenta de las tres.

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Una entrevista de HENRY RIVAS al autor de “La Casa Verde”

Un nicaragüense será el protagonista de la nueva novela de Vargas Llosa*

A PALMORA

   Conocí al novelista peruano, Mario Vargas Llosa, en la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras) hace ya algunos meses. Dictaba una conferencia en la Sala de Estudiantes de la facultad de humanidades. “El Intelectual frente a la Revolución”. Terminada la charla, de un grupo de jóvenes incluyendo al gran poeta puertorriqueño Matos Paoli, invitamos a Llosa al Café Restaurant LA MANSION. Al calor de la reunión conversamos con el autor de La Ciudad y Los Perros.

   No cabe la menor duda que Mario estudió en el Colegio Militar Leoncio Prado, plantel que sirve de escenario a gran parte de la novela LA CIUDAD Y LOS PERROS. Dos años estudió allí el novelista. Él afirma: “Mi intención no era contar un hecho de mi vida sino recrear algo que a mí me impresionó. Creo que este fenómeno es frecuente en la literatura”. Y agregó: “Yo jamás me he reconocido en el personaje de Alberto, aunque la crítica así lo vea”.

   “La novela crea realidad, la transforma y perfecciona dice el ensayista Alberto Escobar, es un camino imaginario hacia lo real a través de una experiencia imaginada de una criatura imaginaria pero que se confunde con la realidad.”

   Mario Vargas Llosa reside en Londres, gusta de la bohemia de París aunque realmente desearía vivir en su Perú. Personalmente es de apariencia humilde e irradia humanidad. Es una persona accesible y sencilla, de fácil palabra. Se encontraba en Puerto Rico invitado por el departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico. Yo asistí a dos de sus cursos: “La novela como vocación individual y fenómeno social”, y “Técnica de la Novela”.

Norwin Meneses Genie
Cuando supo que yo era nicaragüense me preguntó, en la Universidad, que si yo conocía al “NICA” Norwing Sánchez Genie. “Trabajamos juntos, me dijo, hace unos 15 años en el diario LA CRÓNICA del Perú (Lima); precisamente mí última novela tiene un escenario de esa época y Norwing Sánchez viene a ser el protagonista”. Se expresa muy altamente de su viejo amigo y en ese momento le escribe una nota para que yo se la envíe. Le participo que Norwing es mi amigo y compañero de colegio. Y es así como estrechamos más la amistad.

   En otra ocasión me preguntó por Ernesto Cardenal: “Sí lo que hace es sincero, me dice, es admirable”. No ha leído a Ernesto pero sí leyó el prólogo de “La Nueva Poesía Nicaragüense”. Le gustó mucho.

   De Coronel Urtecho le di a leer “Rápido Tránsito” y me dijo: “No cabe la menor duda de que estamos ante un escritor de fuerza y muy personal en su agradable prosa, pero entiendo que el libro es disparejo. Se nota que ha sido escrito en diferentes épocas”.

   Y continúa diciendo: “A mí personalmente me gustan los capítulos de su infancia. Son deliciosos y de una prosa más sincera”.

   Le enseño un cuento mío, “Mi sueño con Gesche” y me dice que me encuentra más poeta que político en ese cuento, se refiere a la prosa que uso.

   De Carlos Martínez Rivas no conoce nada pero ya ha oído hablar a Octavio Paz, el gran poeta mejicano, de Carlos. Y me dice: “Paz es una montaña y si él lo elogia ya eso es decir mucho”.

    En otra ocasión me habló de su viaje a Cuba invitado por “La Casa de Las Américas”: “Me llamó la atención dice, las filas de personas comprando libros para adquirir cultura”.

   Hablamos de los incidentes en Caracas. Me dijo: “Las cosas comenzaron con motivo del texto que leí al recibir el premio Rómulo Gallegos. En la prensa venezolana se me reprochó a veces con violencia, haber proclamado en ese acto, al que asistían autoridades venezolanas, mi solidaridad con LA REVOLUCIÓN CUBANA. Precisamente porque ese acto tuvo carácter OFICIAL, yo consideré mi deber reafirmar en él mi posición sobre la situación del escritor en América Latina”.

    Le pregunté por sus ideas políticas: “ante todo soy escritor, me dijo, no pertenezco ni estoy en ningún partido porque quiero conservar mi independencia que considero indispensable para el ejercicio de la literatura que es una vocación exclusiva y excluyente. De modo que en política mis ideas son las de un franco-tirador. En la GRAN OPOSICIÓN de nuestros tiempos entre CAPITALISMO Y SOCIALISMO, estoy por el triunfo del SOCIALISMO porque creo que, pese a sus deficiencias y errores, el sistema socialista es más humano y más justo que el sistema capitalista. Dentro del Marxismo estoy con aquellos que luchan por hacer más elástico este sistema, por descongelarlo, hacerlo más democrático. Para el Perú y para América Latina ambiciono un socialismo que aproveche las lecciones del pasado y no sólo dé la tierra a quien la trabaja, suprima las injusticias económica y nos libre de los monopolios extranjeros y de las castas locales, sino que también admita la libertad de expresión y la crítica”.

   Le escuché decir: “Escribir es un destino”. Me lo encontraba en los pasillos de la Universidad de Río Piedra y siempre charlábamos. “La infelicidad es el origen de la vocación literaria, me dijo un día es decir, cierta forma de infelicidad”. También cree que “el escribir es una tiranía que convierte en dos a un hombre: Él, y otro que lleva dentro de él. De un lado tiene una vida igual que los demás, del otro, se nutre de la vida del escritor, cada día más tiránica, pero siempre al servicio de la voluntad de crear”.

    A mi parecer, Mario Vargas Llosa, no ha escrito su obra definitiva como un Cortázar, aún no ha cumplido con una verdadera creación, su obra está en proceso. Pero podría decirse que Vargas Llosa es el profesional de las letras. Al lado de su esposa Patricia y sus dos niños, Álvaro y Gonzalo, Mario Vargas Llosa es un individuo que escribe diario 8 horas. Es asombrosa su actividad. Buena parte de su tiempo la ocupa en reescribir lo escrito. Gran admirador de la obra “Tirante el Blanco”, novela de caballería que lo orientó bastante. Es un verdadero innovador en materia de técnica. Y allí están un William James y un Flaubert a quienes él admira, fuera de obras como el Amadis de Gaula y Don Quijote. Esta constante lectura al lado de los grandes maestros, éste sistema de vida, hacen de Vargas Llosa uno de los grande novelistas actuales. Por eso a la edad de 34 años tiene varios premios y novelas tales como La Casa Verde, La Ciudad y Los Perros, un drama titulado La Huida, un libro de cuentos: “Los Cachorros”. Y su última novela que se desarrolla de nuevo en su Perú y cuyo protagonista viene a ser un nicaragüense, cuyo nombre es Norwing Sánchez Genie. Aunque no necesariamente figure ese nombre en la novela.

*Publicado en La Prensa Literaria. Managua, D.N., Domingo 23 de Noviembre de 1969, pág. 2B.

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