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martes, 14 de abril de 2020

EN MEMORIA DE DON CARLOS MÁNTICA ABAÚNZA, CIUDADANO ADAMANTINO DE LA CULTURA Y LA FE CRISTIANA. Por: Eduardo Pérez-Valle hijo


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Don Carlos Mántica Abaúnza
León, 19 de febrero de 1935 -- 7 de abril de 2020

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    Lo primero en distinguirse frente a Don Carlos Mántica Abaúnza, era la inexistente mengua mental; la asociación neural lo mantenía atento en cada detalle de nuestra conversación, la que empezó luego de mi breve espera en una pequeña antesala. A los pocos minutos, tras el aviso, ingresé en aquel espacio donde él permanecía sentado frente a un escritorio con muchos fólderes y papeles sobre la cubierta. La descripción que resumiría aquel sencillo ambiente de trabajo, sería, la total ausencia de ostentación, el mobiliario básico, donde permanecía el recordado intelectual  que  por tradición familiar también bregaba en lo empresarial.

    Cuando estábamos en el asunto por el cual solicité verle, ocurrió una de las muestras relevantes de aquella usual agudeza de este personaje, por cuyos imperecederos e incuestionables méritos ciudadanos, permanecerá enclaustrado en la memoria colectiva;  entre el cruce de ideas y opiniones, yo hacía apuntes en mi libreta en donde al principio escribí los apellidos Mántica y Abaúnza, éste último sin el acento, en ese instante don Carlos dejó el asiento y traspasó la puerta de salida para indicarle algo a la secretaria, en cosa de segundos miró anotado en mi libreta de apuntes, el apellido Abaúnza, y con aquel estricto celo por el idioma  y sobre todo en el apellido materno, me dijo: —. “!Eeeh! Por favor, Eduardo, no olvides el acento en Abaúnza”—. Denotó una leve sonrisa, correspondida con “descuide” no quedará prosódico.

    Sin pretenderlo, no desaproveché el asunto principal de aquella animada conversación que manera inevitable derivó en variados temas, de historia, arte, arqueología, ocurrió en una pequeña área localizada en la costado noroeste del mismo edificio que aloja al Supermercado La Colonia de Plaza España, oficinas donde él solía permanecer en atención a sus quehaceres empresariales y en donde también funcionaba la empresa de promoción cultural con sello nicaragüense “Mántica-Waid”, creada en 1996 por don Carlos y, dirigida con el talentoso apoyo técnico-administrativo de sus hijos.

    Al visitar el sitio Web de “Mántica-Waid”, en ella publicitan: “Bienvenidos al mundo de la música nicaragüense. ¡Aquí encontrará a los más grandes exponentes de nuestra música a través del tiempo! Con los años, esa empresa consolidó el alcance cultural, con la producción de variados artículos: DVD de corte nacional, libros, camisetas, entretenimiento familiar, etc.”

    Si no mal logro enhebrar los detalles de aquel encuentro ocurrido hace veintidós años, fue inevitable conversar sobre la obra mural del recordado maestro, Leoncio Sáenz, el vistoso Tianguis o mercado indígena localizado dentro del Supermercado La Colonia. Valga decir que, don Carlos Mántica Abaúnza mantuvo a través de los años, un genuino e incondicional apoyo a favor de varios artistas plásticos.

    En la década de los años noventa del siglo pasado, Leoncio, con los años a cuestas, fue otra víctima de la improbidad social. Estuvo cercado por dificultades económicas y de salud, salidos de esa baraja atrapada en la mano aviesa del destino, no obstante, Sáenz encontró algunos apoyos, entre los cuales siempre estuvo el mecenas de las artes,  don Carlos Garzón Bellanger y, por supuesto, no faltó la estatura intelectual y  humana de don Carlos Mántica Abaúnza. 

    Esa vez, Carlos Mántica, supo a través de mi relato, cómo, en complicidad de mi esposa, le obsequiamos a Leoncio más de setenta bastidores entelados, y lo convencimos de retomar por primera vez, en más de cuarenta años, ese tipo de superficie, no fue en vano, porque de ahí surgió la primera exposición y única en esa recobrada técnica, auspiciada por la Galería Epikentro. En esa conversación promoví un reencuentro entre Leoncio Sáenz y Carlos Mántica, relacionada a la restauración del famoso mural. Nunca supe si hubo acuerdo, porque el carácter de Leoncio, un gran amigo, siempre fue indescifrable.*

    Entre don Carlos y el suscrito, la Arqueología como ciencia fue otro de los temas de interés. El año anterior, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en Managua, con  apoyo de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), había iniciado por primera vez en la historia de nuestra educación superior, la carrera en Arqueología Social para graduar los primeros profesionales universitarios, tal como sucedió cinco años después. Asimismo le participé sobre la iniciativa emprendida por el suscrito para obtener recursos económicos y construir lo que dos años más tarde fue la sede del CADI, acrónimo del Centro Arqueológico de Documentación e Investigación-UNAN-Managua.

    De esa animada conversación, derivó la propuesta de don Carlos a fin de realizar una Exploración de Prospección Arqueológica en Acoyapa, Chontales. Me explicó que cierta vez en México, en una venta de libros de viejo, compró varias fotografías aéreas de esa zona, en donde podía apreciarse una elevación desde el suelo con claros trazos o definición cuadrangular, especie de pirámide truncada

    Si aquello fuera comprobado, —dijo—, la historia de la arquitectura monumental en base de la migración y poblamiento desde México tendría un importante cambio, tendría que ampliarse o reescribirse.  

    No prolongué más mí visita y convine con él otra reunión, días después don Carlos Mántica Abaúnza recibió al doctor Ermengol Gassiot Ballbé y la doctora Beatriz Palomar Puebla, catedráticos de la UAB, Catedráticos y Coordinadores de los cinco años de estudios para obtener la Primera Promoción de Arqueólogos nicaragüenses. Les  mostró y facilitó las fotografías. En aquel acuerdo, convinieron en que la Universidad daría todo el apoyo profesional para emprender el viaje al sitio, localizado en tierra firme y cerca del Archipiélago El Nancital, en el municipio de Acoyapa

    Don Carlos, en ningún momento dudó en su aporte incondicional. Gestionó y financió el viaje en un helicóptero militar, alquilado a  la Fuerza Aérea de Nicaragua. Ese vuelo que sobrevoló de orilla a orilla, el Gran Lago de Nicaragua, transportó a los dos Arqueólogos de nacionalidad española y cuatro alumnos de la Facultad de Arqueología. Por supuesto, en esa exploración no podía faltar don Carlos Mántica

    Una semana antes de encontrarnos en la base aérea contiguo al Aeropuerto Internacional “Augusto C. Sandino, nos enteramos del repentino fallecimiento, del hermano menor de don Carlos y don Felipe Mántica Abaúnza. En ese momento pensé que por causa del infausto suceso, se aplazaría la prospección arqueológica. Llamé a don Carlos para darle nuestras condolencias, y para mayúscula sorpresa, me dijo que estuviéramos listos porque en la siguiente semana continuaríamos ļcon lo convenido. Todos quedamos perplejos, pero así ocurrió. Con esa profunda convicción católica, cristiana, y con el ánimo inquebrantable por la cultura y la ciencia, don Carlos ocupó sitio en aquel helicóptero

    En ese viaje, invitó al escritor Pedro Xavier Solís Cuadra, nieto del poeta Pablo Antonio Cuadra, quien llevó un fotorreportero del diario La Prensa, que por cierto, falleció a los pocos meses después de aquella memorable investigación. Varios días después vimos publicado el artículo.

    Cumplimos los objetivos de la investigación científica. Ese mismo día, cuando la tarde estaba en retroceso, agotados por la caminata y el intenso calor del verano, en más de 38º C., regresamos a Managua. Aunque un tanto desilusionados, en el rostro de nuestro amigo y el resto de acompañantes, asomaba la satisfacción de la misión. Trazamos las coordenadas, la formación fue identificada como una estructura geológica, en ella no localizamos nada antrópico. Aunque en las partes más bajas de esa estructura natural, pudimos encontrar pequeños pedazos de piezas cerámicas precolombinas en superficie.

  Ese era don Carlos Mántica Abaúnza, propulsor de emprendimientos culturales y científicos. Investigador, escritor, antropólogo cultural, lingüista, académico de la lengua. Cristiano de profunda convicción; un intelectual arraigado en la cultura nicaragüense. Hombre sincero, adamantino, de cuyo legado se levanta un gigantesco faro luminoso de profunda orientación, a la vista de las generaciones venideras. Ciudadano de acendrada vida familiar y ciudadana. No hubo camino escarpado, siempre supo llegar a la cima. ¡Descanse en Paz!

    A este homenaje, introductorio, decidí agregar un excelente artículo-entrevista, biográfica, elaborado por la periodista Helena Ramos, en 1995. Al final de este homenaje, resolví agregar el emotivo artículo  escrito por don Carlos; el adiós por la partida definitiva de don Pablo Antonio Cuadra, inigualable forjador, promotor y guía de incontables escritores, poetas, artistas plásticos, cientistas sociales, folcloristas.

* Gracias a mi esposa, supe que Leoncio Sáenz correspondió a la solicitud de Don Carlos Mántica A. El Maestro subió a los andamios y puso manos en su magnífica obra mural.   

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CARLOS MÁNTICA: “CRISTO TRANSFORMÓ MI VIDA”. Por: Helena Ramos. En: El País. Año III, No. 32. Nicaragua. Junio 1995.

** Entrevistó a Salomón de la Selva, Alfonso Cortés y al lugarteniente de Sandino.

** Cortés creía que José Santos Chocano no había muerto, “porque él no anda haciendo esas cosas”.


Carlos Mántica, al lado de sus hijas Carmen Margarita de Icaza y Miriam de Chamorro. Atrás su nieta Amalia Alejandra y  con los brazos abiertos, María Daniela.

Carlos Mántica Abaúnza es una persona imposible de caracterizar con un solo epíteto. Sus actividades son tan multifacéticas que cuesta decidir cuál ha sido la más importante; él ha logrado en su labor un delicadísimo equilibrio entre diversos intereses que a menudo parecen incompatible. Es un empresario exitoso, un mecenas inteligente y fraternal, un lingüista intuitivo, un historiador incansable, un musicólogo devoto… Pero si la lista la compusiera Carlos Mántica en persona, estoy segura que comenzaría con las palabras: “un cristiano sincero”.

En su oficina reina un desorden bien organizado; nada de lujo. En la blanca y desnuda pared, se destaca un crucifijo con un Cristo rústico y doliente. Nos fue difícil hacer la entrevista en paz, porque a cada rato a don Chale lo buscaban personas que necesitaban solucionar los más diversos problemas: desde obtener una consulta sobre tal o cual asunto del supermercado hasta resolver el “clavo” de un cepillo dental eléctrico que se le extravió a su nieto, y  éste reclamaba sin misericordia alguna que el abuelo le consiga otro… Carlos Mántica soportó ese ajetreo con una paciencia franciscana, y la expresión, y la expresión más categórica de disgusto que escuché de él, fue apenas un “caray!” Definitivamente, es un hombre de gran ponderación.

Conversamos durante un largo rato, tratando de abordar, por lo menos, los tópicos principales de las experiencias de Chale Mántica, más sinembargo, todavía quedó mucha tinta en el tintero…

HISTORIA Y POLÍTICA

Como tantos intelectuales, Carlos Mántica dejó el ombligo en León. Nació el 19 de febrero de 1935. a  media cuadra de la iglesia La Recolección, donde las paredes, las aceras y el aire mismo están impregnados de historia, con todo su hechizo y dolor… Tal vez, a nivel inconsciente León, “ciudad de poetas  y de fantasmas”, indujo posteriormente a Carlos Mántica a las investigaciones artísticas, a pesar de que él no había crecido en la cultivada y queda metrópoli, porque cuando tenía unos cuatro años de edad, su familia se trasladó a Managua.

Principió la primaria en el Pedagógico, pero “con los sucesos del 44, salieron al exilio muchos de mi familia, iniciadores del Partido Liberal Independiente; estuvimos dos años en Costa Rica. Mi padre Felipe Mántica Berio se exilió junto con el general Carlos Pasos, quien lanzó la candidatura de Enoc Aguado y fue el “hombre fuerte” detrás de su figura. Al regreso, entré al Colegio Centroamérica de Granada, donde me bachilleré. Ese período fue muy importante en el proceso de estar descubriendo Nicaragua, sobre todo en la literatura y arqueología, porque las inmediaciones del colegio era un cementerio indígena, donde recogíamos piezas arqueológicas”.

Continuó sus estudios en la Universidad de Georgetown, de Washington, graduándose como administrador de empresas. “Como les sucede a muchos nicaragüenses, descubrí a Nicaragua hasta que no  la tenía. Estando en la universidad y añorando la patria, comenzamos a interesarnos por ella mucho más. Yo pasaba largas hora en la biblioteca del Congreso estudiando temas nicaragüenses, a mí me entusiasmaron el folclor y la lingüística, mientras mi hermano Felipe se interesó en los piratas y en Walker”.

¿LOS MANUSCRITOS NO ARDEN?

“En esa época empezamos a forma nuestra propia biblioteca que iba a convertirse, quizás, en la principal colección de temas nacionales en el país. Cuando recién graduados inauguramos en 1956 el primer supermercado, pensamos que Nicaragua siempre ha padecido de bibliotecas y creamos un salón de estudios para los investigadores”. De este santuario del saber surgieron dos tomos de la Historia de Nicaragua de José Coronel Urtecho, allí hizo sus primeros pinitos Alejandro Bolaños, con aquellos materiales fueron escritos libros sobre Alfonso Cortés, Manolo Cuadra y muchos otros temas.

La biblioteca fue quemada quince días después del terremoto del 72. “Alguien mandó a pegarle fuego. Alguna vez nos dijeron el nombre del incendiario, pero él lo había hecho por órdenes superiores. La razón ha sido cierta obsesión de Somoza Debayle contra nosotros. Yo no sabría explicarla, porque no teníamos militancia política abierta, pero Somoza había jurado que “los Mántica no iban a levantar cabeza”. Allí se perdieron muchos manuscritos, todas mis entrevistas con Juan Ferreti y Agustín Sánchez, sobre la vida en el campamento sandinista, y con Salomón de la Selva sobre la estadía de Sandino en México… Allí se conservaba el trozo de la vestimenta que Sandino llevaba puesta el día cuando lo mataron, un reloj “Ingersol” que dicen que pertenecía a Rubén…”.

“Se quemó una colección de billetes del siglo pasado y de mapas antiguos de Nicaragua, colecciones de fotografías, libros sobre el proyecto del canal de Nicaragua, varias cartas de Rubén, verdaderos incunables de primeras ediciones darianas, también algunos libros que hubieran desaparecido, a no ser que poco antes los publicamos por nuestra cuenta, como la separata con el libro “Palabras evangelizadas” de Azarías H. Pallais, porque nadie lo conocía, recuerdo que al leerla por primera vez Pablo Antonio Cuadra me dijo: “Pero ¿Qué es esta maravilla?” Era una biblioteca muy completa”.


Erwin Krüger, autor de “Barrio de Pescadores”, Tito Castillo, Carlos Mántica, padre Francisco Campos, Eduardo Bunning, fundador seglar de los Cursillos de Cristiandad, José Medina Cuadra y don Antonio Lacayo Oyanguren

“CANTARES NICARAGÜENSES”

A partir de los años 50 los Mántica iniciaron el Instituto Nicaragüense Indigenista con el padre Manuel Pérez Alonso y otros intelectuales fundaron el Instituto Histórico Centroamericano; Carlos Mántica ha sido uno de los iniciadores del Instituto Pro Arte Rubén Darío que construyó el Teatro Nacional.

“Era un época de gran actividad intelectual. En los años 60 el pintor Rodrigo Peñalba me invitó ingresar a La Asociación de Escritores y Artistas Americanos, cuya membrecía rechazaba tanto el padre Azarías…” En aquel entonces, colaboró con la divulgación de diversos autores nacionales; en la lista figuran, entre otros, los eternos antagonistas quienes, igual que las líneas paralelas, se van a cruzar algún día en la infinidad: Carlos Martínez Rivas y Ernesto Cardenal.

“En fin, queríamos conocer y divulgar todo lo que era nicaragüense. Mi amistad personal con Erwin Krüger acentúo este amor por la canción nica, en el año 69 o 70 realizamos el I Festival Folclórico Nicaragüense, en ocasión de la Feria Ganadera, con más de 150 artistas participando. En todas estas “malas andanzas” establecí mucha amistad con los principales compositores de Nicaragua. Así fue ampliándose el círculo que luego narro en el prólogo de “Cantares nicaragüenses”, donde se fue juntando lo que había nacido de manera dispersa, hasta forma un muestrario interesante en el campo de la música y el folclor”.

“Mientras realizaba el trabajo, mi primera sorpresa era darme cuenta de que, a pesar de de los pesares, estos cantos todavía están muy vivos y vigentes, una gran parte de ellos yo los oí cuando era niño. Ahora se encuentran en peligro, pero todavía podemos salvarlos. La mayor de las sorpresas ha sido la riqueza, 220 canciones; en la medida de que continuemos la investigación, el número puede subir hasta 300”.

Chale Mántica no considera que su aporte a la historia del arte fuese algo extraordinario, pero si destaca el empeño: “Cuando uno comienza a hacer este trabajo cuando tiene quince años y llega a los sesenta, se le acumula bastante…”

EMPRENDEDORES

Tampoco se puede obviar la contribución de los Mántica al desarrollo empresarial: han fundado fábricas de embutidos, enlatados, radios, objetos de poliuretano, cosméticos… Sin embargo, su negocio más conocido es la cadena de supermercados La Colonia.

“Abrimos el primer supermercado, el de Montoya, a finales del 56. Se llamó La Colonia, porque mi papá había construido la Colonia Mántica y se suponía que íbamos a abastecer a esta zona. Resultó ser un negocio bastante bien hecho y poco tiempo después inauguramos el de Centroamérica, luego el Central, los de León y Chinandega, Las Brisas, Plaza España, dos en Honduras… Ha sido una labor tenaz, porque nos han saqueado veintiún establecimientos, entre bodegas, almacenes y supermercados”.

Después de la década sandinista, quedaron con el único edificio, el de la Plaza España, y ahora manejan cinco. “Nunca quisimos esperar que vengan buenos tiempos sino decidimos alzar el vuelo con los tiempos que tenemos”.

Además de ser un prominente empresario, Carlos Mántica es conocido por su activa devoción católica.

EXPERIENCIA MÍSTICA

“Recibí una educación religiosa, como todos los chavalos de mi generación; yo era una persona, quizás, recta, pero al fin de cuentas, un poco practicón. Viví la auténtica experiencia religiosa en agosto de 1965, durante un cursillo de cristiandad. Tuve un encuentro personal con Cristo, y eso transformó mi vida”.

“Como resultado, construimos 69 viviendas para los trabajadores y establecimos la prestación educativa para todo el personal, así que varios muchachos se graduaron en la universidad; además teníamos la prestación de pagar el colegio para todos los hijos de nuestros empleados. Siempre hemos mantenido los mejores sueldos de Nicaragua, muchos de ellos con participación de utilidades. El salario mínimo en los supermercados anda por mil 300 córdobas. Uno tiene que ser cristiano en el lugar donde está, hacer la parcela que le toca”.

Lástima que no a todos los empresarios les aparece Cristo. Nuestro Señor, sería una solución ideal para todos los conflictos salariales.

Lejos de opinar que la fe es un asunto estrictamente privado, Carlos Mántica está convencido que la evangelización es un deber cristiano. “Cada vez que hay oportunidad de hacerlo y las circunstancias lo permiten, no tengo ningún reparo en decir que Cristo para mí es lo más importante. Estoy consciente del peligro de que, en vez de ser usados por Cristo, comencemos a usarlo para nuestros propios fines. Es un gran problema de los partidos cristianos, porque muy fácilmente pueden agarrar a Cristo como bandera, y no creo que eso le caiga muy en gracia. Por eso me abstuve de iniciar movimientos políticos con la etiqueta cristiana”.


Pablo Mántica, don Felipe Mántica Berio, Margarita Abaúnza de Mántica, Felipe y Carlos Mántica Abaúnza

CIUDAD DE DIOS

“En 1973 fui llamado para iniciar en Nicaragua la renovación carismática, luego me retiré, pero sigo colaborando con el movimiento. Después, el Señor me llamó a otra cosa y desde 1977 estoy en una comunidad que se conoce como Ciudad de Dios y tiene grupos en cuarenta países. He sido su Presidente mundial y ahora lo soy a nivel regional. Allí ando yo, done El me manda”.

“A veces, la gente tiende a confundir la privado con lo secreto. Por ejemplo, yo no me voy a meter en una reunión del sindicato de choferes o de médicos, porque es un asunto privado, pero esto no lo convierte en algo secreto. Ciudad de Dios es una asociación privada de fieles autorizada en 1984 por decreto del Cardenal Obando y o, donde puede ingresar –y de hecho, ingresa--- cualquier persona cristiana”.

“Somos aproximadamente mil. No existe ningún requisito especial para afiliarse. Tratamos de servir a toda la familia, hay programas para niños, adolescentes y  adultos. No nos interesamos únicamente por el bienestar espiritual sino también por el material; entre nosotros nadie está sin trabajo ni sufre hambre o por falta de una medicina, porque todos nos ayudamos mutualmente”.

“Como autoridad, existe el Consejo Coordinador, yo soy el Coordinador principal, los demás normes no creo que sean muy conocidos. Bayardo Reyes, Wilfredo Martínez, David Pereira, Jimmy Bolaños, Neri Morales, Julio Flores… Uno es maestro mecánico, otro, técnico en refrigeración, otro, cafetalero… No hay, por así decirlo, personajes”.

FUE ASESOR DE DOÑA VIOLETA

Considera que la primera transformación que se debe lograr es la interior, que no se produce mediante revoluciones, Constituciones, leyes o decretos. Sin restarle importancia a la política, prefiere mantenerse al margen, calificando su participación en esta área como “ínfima”. Sin embargo, durante tres años tomó parte en la elaboración clandestina del Plan Azul y Blanco –“trabajábamos en equipo, seis personas fijas, otras seis flotantes”—y luego fue uno de los ocho asesores de la futura Presidenta durante la campaña electoral, “creyendo entonces que Violeta era la respuesta”. Ella le ofreció la cartera del Ministerio de Educación, pero Chale Mántica la declinó de antemano. Después, doña Violeta Barrios de Chamorro lo nombró encargado de asuntos religiosos de la Presidencia, un puesto que luego ambos olvidaron, por “no hubo necesidad de éste”.

No pretende organizar una cruzada en defensa de sus criterios: “El cristiano tiene que mantener sus principios bien claros, pero no debe pretender imponerlos en contra de la conciencia y la voluntad de cada quien”.

Respecto a que si en su vida familiar pudo combinar sus ideales con las realidades, expresa que allí debería opinar su esposa… “Nuestra familia es muy unida, tengo cuatro hijos, pero luego también cargué con los de mi hermano del alma Tino López Guerra, Tinito y Socorro. Nunca los adopté legalmente, creo que deben sentirse muy orgullosos de su apellido”:


GRANDES AMISTADES

“Tino no era de mi generación y creció casi como hermano de José Mántica, hasta el punto de vivir casi toda su vida en el almacén Casa Mántica, donde mi papá le había dado un cuarto. Fui su amigo desde niño, recuerdo los viajes que hacíamos a México, parrandeamos juntos, conocí por medio de él a Pedro Vargas y Agustín Lara, de quien conservo dos canciones que nunca llegaron a publicarse, por ser demasiada erótica…”.


El Indio Pantaleón, Gabry Rivas, Olga Dawson y el compositor Tino López Guerra

“Resulta que en la despedida de soltero de Tino, Erwin Krüger se sentó a mi lado y Tino me lo presentó. Yo había recogido en acetato las últimas grabaciones del Trío Monimbó, y me propuse revivirlo. En ese esfuerzo, que le grabé doce canciones, Erwin y yo llegamos a ser íntimos amigo”.


Carlos Mántica, con el recién fallecido compositor Chico Lindo, autor de muchas canciones inéditas, en la Isla Juan Venado

“A su vez, a través de él conocí a Carlos Mejía; nació el grupo en la casa de César Ramírez y en la mía, éramos unas treinta personas que nos reuníamos todos lo jueves a compartir folclor, composiciones y poemas y a cocinar platos de carne de monte”.

De los hijos de don Chale, únicamente Carlos Mántica Junior (sic) heredó el interés de su padre por la música, “salió medio artista, ya sacó varios discos, canta bastante bien y toca los instrumentos habidos y por haber. Ha hecho algunos pinitos en el campo de la lingüística, tiene inquietudes, pero está demasiado chavalo”. Al parecer, para los padres, los hijos siempre siguen siendo niños…

“EL GÜEGÜENSE”

Tal vez, la veta principal de la polifacética vocación cultural de Carlos Mántica es la lingüística, sien él autor de varias publicaciones sobre la toponimia nicaragüense y nahua, estableciéndose gracias a este interés una profunda amistad y una larga correspondencia con Alejandro Dávila Bolaños.

En aquellos tiempos, grabando folclor en todos los pueblos con una grabadora de alambre, conoció a “El Güegüense” y quedó asombrado, hasta el grado de traducir la pieza y así hacerla accesible para los lectores. Actualmente está planeando una nueva versión, perfeccionada y profundizada. “Es la primera obra de teatro de protesta. Que yo sepa, representa algo único en la literatura universal: un fulano jugando con dos lenguas para crear el doble sentido. Por ejemplo dice: “piloto de altura”, “repicador de campanas”, “hacedor de arados”, todas éstas son profesiones muy honorables, pero en náhuatl estas palabras significan “recogedor de basura”, “cornudo”; “adúltero” y toda una serie de insultos. Hay 20 o 25 casos de doble sentido”.

Aún siendo “El Güegüense” una creación colectiva, Chale Mántica opina que “el autor principal era una persona muy culta y capaz: dominaba de maravilla el castellano y el náhuatl, pero además, tenía dones de músico y coreógrafo”.  Sostiene la hipótesis que era un sacerdote de origen vasco. “Una doctora que llegó de España me dijo que las únicas palabras del texto que no ha logrado traducir son una expresión vascuence, que en el argot de los buhoneros significa “trato hecho”.

ENTREVISTÓ AL POETA ALFONSO CORTÉS

El nombre de Chale Mántica también está vinculado, de una u otra manera, con las biografías de varios poetas nicaragüenses, entre ellos el trágico Alfonso Cortés. “Resulta que mi amigo Erwin Krüger era contador del manicomio, donde veía continuamente a Alfonso. Además, una secretaria o una enfermera se enamoró de Erwin, entonces, ella recogía los manuscritos de Alfonso y se los regalaba. Erwin, a su vez, me los regalaba a mí. Luego, se quemaron en el incendio de nuestra biblioteca”:

“Empecé a visitar a Alfonso, fue muy difícil mantener una conversación, él sentía muchos temores. Recuerdo, por ejemplo, que le llevé uno de sus libros y al extenderle la pluma, para que me lo autografiara, él retrocedió horrorizado. Finalmente, se tranquilizó y me firmó el libro “Leocadio A. Cortés”. Fue imposible conseguir datos de su biografía, muchas veces él sólo contestaba “puede ser” o “algo así”. Cuando le preguntamos sí la “angélica diana de “Un detalle” era Diana Ortiz, dijo “puede ser”.

“Una vez, mencionamos el nombre de José Santos Chocano. Alfonso dijo: “Yo lo conocí” y empezó hablar de él en presente. “Pero don Alfonso, Chocano ya murió”. “No puede ser ---replicó—Chocano es un hombre muy serio, él no anda haciendo estas cosas”.

“Conservo una entrevista con Alfonso de casi dos horas, la hicimos Ernesto Cardenal y yo, unos quince días después de que él había salido del manicomio y se trasladó a su casa en León. Sus hermanas estaban presentes, eso lo tranquilizó mucho y pudimos entrevistarlo, pero siempre fue una conversación muy quebrada y difícil. En él no se daba una distinción del tiempo, como si todos los tiempos estuviesen en el presente”.

El amor de Carlos Mántica por las letras se expresa no solamente en el interés por los artistas sino también en el tesón por divulgar su obra, convertirla en patrimonio de toda Nicaragua. Actualmente está participando en la formación de una fundación sin afán de lucro que va a publicar una colección de autores nicaragüenses”. En los próximos meses verán la luz seis primeros tomos, breviarios de obras de referencia de bajo costo destinados a los estudiantes.

BIÓGRAFO DE SANDINO

Otra de sus pasiones, de matiz más histórico y ético que político, es la biografía de Augusto César Sandino, a quien Carlos Mántica descubrió durante la adolescencia y se sintió atraído por su gesta y enigma.

“Entre a la universidad a los 16 años de edad, y ya para entonces, las dos grandes figuras de Nicaragua eran Darío y Sandino. Este último era un personaje sumamente controversial,  y lo sigue siendo. Para unos, era un bandolero, y para otros, un gran patriota. Me llamó la atención, por ejemplo, el telegrama del Mahatma Gandhi, publicado en “El Imparcial” de Guatemala, felicitando a Sandino cuando el desarme. En esos días, llegó a los Estados Unidos, enfermo de muerte, Agustín Sánchez Salinas, un hombre culto que había estudiado en París y luego, había militado con Sandino. Tuve la oportunidad de pasar meses entrevistándolo sobre la vida del campamento. Su testimonio me convenció de la sinceridad de Sandino.

“Me interesó su correspondencia que se publicó en “El verdadero Sandino o el calvario de Las Segovias”, en cuya recopilación tuvo algo que ver mi abuelo el general Gustavo Abaunza. En San Francisco pude conversar con un señor que fungía como secretario durante la recopilación*, y me mostró dos falsificaciones en la correspondencia, en una frase le agregaron “estos jodidos”, en realidad Sandino nunca usaba tal expresión, él decía “estos chingados”, por la influencia del lenguaje mexicano”.

“Me empezó a entusiasmar la imagen de alguien que inspiró a los intelectuales del mundo entero y estuvo rodeado de mucha gente de valía, aunque también tiene en su historia episodios muy negros, igual que el otro lado”.

(*¿Domingo Ibarra? Nota del Dr. EPV)

LAS FOTOGRAFÍAS

“Pude conocer a Juan Ferreti, el lugarteniente de Sandino, que escapó la noche del asesinato, salió a comprar cigarros y por eso se salvó. Luego él me contó cómo se voló la barda en la parte trasera de la casa de Sofonías Salvatierra, cómo vio llegar el auto del cónsul americano… Cuando llegue a California donde él residía, lo encontré en estando de subsidio, porque le había caído en la cabeza una enorme caja y  quedó muy delicado de salud. Durante quince días lo único que hacíamos era grabar la entrevista sobre la vida del campamento. Luego, tuve la oportunidad de cotejar el relato de Ferreti con el de Agustín Sánchez, que es tío segundo mío, y me di cuenta que todo era real. Una vez Sandino casi lo mata a Agustín, le puso la pistola en la frente, por haber sacado a doña Blanca a bailar un Charleston, con una victrola que había en el campamento”.

“En esta investigaciones mías de Sandino visité México, estuve hablando un día entero con el poeta Salomón de la Selva, quien me regaló un ejemplar del libro de Emilio Portes Gil, el Presidente de México, “Veinte años de política mexicana”, donde narra toda la estadía de Sandino en México y los esfuerzos del gobierno para sacarlo del país.

También me dio datos sobre el ingreso de Sandino en la logia masónica de Mérida de Yucatán. Después, analizando su firma, vi los tres puntos que lo identifican como masón”.


Augusto C. Sandino, en una foto inédita, bailando con Sócrates Sandino en México, años veinte

“Un día me llamó Ernesto Mejía Sánchez y dijo: “Me he encontrado un guaca” Se trataba de un viejito que había trabajado como fotógrafo de “El Excélsior” le habían encomendado cubrir toda la estadía de Sandino en el país. Ya retirado, el viejito había abierto una tienda de fotografías viejas. Total, compré como 18 fotografías, desde el aterrizaje de Sandino en una avioneta, donde están Sócrates  y los miembros del Partido Comunista con la hoz y el martillo… Salomón de la Selva me confirmó que Sandino tuvo un disgusto muy serio con su hermano, porque nunca fue comunista y sintió que lo estaban usando”.

“En aquellos días asesinaron a Somoza, pedí a Mejía Sánchez que guardara las fotografías, porque no quería arriesgarme llevándolas a Nicaragua. En el ínterin, él las regaló a don Ramón Romero, quien sacó un libro sobre Sandino, con todas la fotos, pero conservo otras que me regaló el primo segundo de Sandino que era bodeguero del súper, Enrique Alvarado Sandino. En una de ellas, hasta le fecha inédita, Sandino aparece bailando con su hermano Sócrates”.

PRESIONES DE SOMOZA

“Levanté en microfilme toda la bibliografía sobre Sandino, tuve la dicha que el poeta hondureños Rafael Heliodoro Valle me regaló todo lo que él había recogido sobre el tema, también preparé la bibliografía de la documentación que existía al respecto en la biblioteca del Congreso. Lo entregué todo al doctor Manuel Pérez Alonso, para poder publicer el libro de la bibliografía de Sandino. En 1977 la Seguridad del Estado llegó al supermercado preguntando por esta información, no sé cómo se enteraron. Esta presión impidió que se publicar el archivo de Sandino, calculábamos que saldrían unos cinco volúmenes, íbamos a recoger todo lo que tenía sobre Sandino la biblioteca del Congreso en periódicos y revistas, sin incluir los libros. Teníamos la crónica día a día de todos los combates, porque “The New York Times” publicaba al menos un trocito chiquito, una columna fija sobre la guerra de Nicaragua. Después de la Revolución, todo este material fue superado, estaban mejor documentados que yo y ya no pude publicar nada sobre el tema”.

A pesar de esa desinteresada vocación sandinista de don Chale, él tuvo muchos problemas durante el Gobierno de FSLN y ha sido objeto de un tratamiento que no puede calificarse de preferencial. Con su característico interés por la historia y el arte, los Mántica adornaron el supermercado de Plaza España con portentosos murales pintados por Leoncio Sáenz que representaban las cocinas prehispánica y colonial. A pesar de que no han sido destruidos por los terremotos ni por los incendios, actualmente es casi imposible ver la monumental obra tal y como estaba concebida. Una anécdota muy triste, por cierto.

LOS MURALES

“Aproximadamente en 1982 recibimos una carta de Sergio Ramírez, donde nos pedía prestar los murales para la inauguración del Olof Palme. Accedimos con mucha pena, porque estos murales son únicos en Nicaragua. Pasaron los meses, los años… Tenemos en el archivo nuestras cartas preguntando a Sergio qué pasó con los murales. Dos años después, recibimos una respuesta muy escueta: “Sírvanse a retirar en la Diplotienda la suma de 30 mil dólares en mercadería”. Ya que era obvio que no iban a devolver los murales, nos resignamos, pero fue una manera un poco deshonesta de comprar; sin embargo, el punto es que estos murales se hicieron para que la gente los viera. Ahora están en el Olof Palme, pedaceados, sin que uno pueda apreciar su composición total”.

“Voy a dirigirle a doña Violeta una carta solicitando que yo pueda volver a adquirir los murales, y si quieren que sea patrimonio nacional, perfecto, pero en vez de que los vean cien personas, que se vuelvan a exponer en su lugar de origen, donde los pueden ver cuatro mil personas diario. Creo que los nicaragüenses tenemos derechos a contemplar la obra de uno de sus mejores muralistas”.

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CARTA A PABLO ANTONIO CUADRA. Por: Carlos Mántica Cuadra. En: La Prensa, sábado 5 de enero del 2002. Pág. 10-A.

Enero 2, 2002

“La noche ya está llena de gallos...y con sus preguntas va naciendo el alba”


Hace apenas dos días, el último día del 2001, mientras leía por enésima vez una vieja edición de tu libro El Nicaragüense, me recordaba a mí mismo que me agradaría mucho y que tenía pendiente escribirte una carta, con la esperanza de entregártela personalmente en tu lecho de enfermo...

El Señor no lo quiso así, y ahora escribo estas líneas escuchando en la radio la noticia de tu muerte. Una enorme pérdida para Nicaragua, dicen. Un gran poeta...escritor...artista...filósofo, un visionario...

¡Cuántas cosas se podrían decir de vos, Pablo Antonio! ¡Y cómo tocaste las vidas de tantos que ahora lloran tu partida!

Para mí, sin embargo, aparte de lo que puedan decir de vos los poetas y literatos, periodistas y otros eruditos, lo más importante es que eres y seguirás siendo la CONCIENCIA, el pensamiento de nuestra tierra, de nuestra Nicaragüita, como cariñosamente la llama Carlos Mejía.

Vos nos enseñastes a amarla... a conocerla...vos nos dijistes las verdades, nuestras verdades, que nadie más decía. Te adrentastes hasta lo más íntimo de nuestra nicaraguanidad y desglosaste el alma misma de nuestro ser itinerante, errabundo, yoquepierdista y guatusero. Descubriste a nuestro Güegüense interior, y nos lo devolviste como si estuviéramos frente a un espejo.

Más que eso: Hiciste de tu vida misma una jornada de enseñanza sobre el ser nicaragüense. Te convertiste en nuestra conciencia misma. Me comentaba alguien de cuánto, en los años recientes, le hacían falta tus ESCRITOS A MÁQUINA. Así fuiste formando, a través de tus escritos y de tu vida misma, de tu ejemplo, a toda una generación de compatriotas. Porque fuiste faro y luz para un pueblo perdido, inquieto y ávido de guía.

No como poeta, o pintor, o crítico de arte. No como escritor o literato o miembro de la Real Academia. Sino como humano. Como maestro, como evangelizador laico, dispersor de valores. Por compartir con nosotros tu vida misma.

Por enseñarnos a través de tus propios aciertos y errores humanos. Por pintarnos  una y otra vez en el lienzo de lo cotidiano, de lo esencial de nuestro ser. Por enseñarnos a enorgullecernos de quiénes somos.

Ahora que el Maestro de Maestros te ha llamado a su lado, dejas a una Nicaragua ávida de identidad de paz y de justicia.

Sabemos que ese legado de cariño, de humildad y sencillez, de amor a lo nuestro en toda su expresión que nos dejas, logrará que día a día vaya germinando y creciendo esa semillita de orgullo en la tierra fértil de nuestro corazón.

Esa semillita que todos los nicas hemos llevado dentro por tanto tiempo, relegada por los tiempos y los acontecimientos de nuestra historia.

Ojalá que esta tierra que ahora te abraza y te recibe, nos hable y nos recuerde cada día de tus enseñanzas y que te veamos en cada atardecer en nuestros lagos, en cada paraje de nuestra tierra, en cada hermano nicaragüense. Que ahora cada uno de nosotros seamos portadores de tu estandarte de luz, de civilismo, de humildad, de Cristianismo, de paz y de hermandad.

Esta noche, como Piolín, los gallos cantan su “Dónde estaraaaa...” Y Nicaragua entera contesta a una sola voz. Porque estás en cada uno de nosotros.

Descansa Maestro, que ahora nos toca a nosotros: ¡Nicaragua vela por vos!
Tu “Pájaro Loco”



viernes, 17 de julio de 2015

EL PROBLEMA DE LA POBLACIÓN EN NICARAGUA -- UNA REALIDAD OLVIDADA. En la opinión de Pablo Antonio Cuadra y Eduardo Pérez-Valle




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- I -

PARLAMENTANDO DESDE AFUERA / UNA TESIS EN LA CÁMARA Y UNA REALIDAD OLVIDADA. Por: Pablo Antonio Cuadra. 18 de Mayo 1957.









   



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En  edición de ayer publicó LA PRENSA crónica de la discusión parlamentaria alrededor  de un proyecto hecho sobre la rodilla, como acostumbramos en Nicaragua, por el diputado Molina R. y de la intervención de Julio Ycaza Tigerino, el cual, sobre una supuesta “realidad socio-económica” como impedimento quiso cerrar las puertas al impulso civilizador del Norte y de la Cuenca del Río Coco, impulso que movió aunque improvisadamente, la moción del Diputado Molina.

         Ycaza Tigerino dijo, si nuestro cronista le es fiel:

         “Es cierto que ningún Gobierno ha hecho nada efectivo por la Región Atlántica, inclusive la Cuenca del Río Coco, y no lo han hecho porque aunque se lo propusieran no estarían en capacidad de hacer gran cosa estable y beneficiosa. Todos sabemos que las bases de la riqueza son la tierra y la población, el elemento humano. Ninguna solución al problema sería llevarnos los brazos del Pacífico a explotar la tierra del Atlántico, porque entonces las tierras de nuestra vertiente que han sido tradicionalmente la riqueza de la nación, quedarían baldías.

         Y es que fundamentalmente nuestro problema es de población, somos un país con reducido elemento humano.

         Ycaza Tigerino en esas pocas palabras sienta una tesis falsa y de consecuencias entumecedoras para la expansión intra-territorial que Nicaragua necesita de manera urgente. Su error deviene de una generalización equivocada y muy común entre nosotros cuando se juzga nuestra densidad de población. Porque, es verdad que Nicaragua en conjunto es un país de “reducido elemento humano”, pero trabajaríamos sobre una “ilusión óptica” si a esa visión general de conjunto no agregáramos una particularidad especialísima de Nicaragua que es: Que su población se ha concentrado de una manera tremenda sobre una reducidísima porción de nuestro territorio –la estrecha zona del Pacífico que va de Rivas a Corinto— superpoblando esta zona con una densidad casi igual a la de los países más poblados del mundo, como El Salvador o Bélgica, mientras el resto de nuestra tierra es casi un desierto.

         Como toda la actividad, digamos civilizada de Nicaragua está reducida casi solamente a esa densa faja de tierra, nosotros presentamos ese fenómeno extraño y al parecer contradictorio de una fortísima emigración, que además de las causas políticas obedece a que toda la tripulación de nuestra nave nacional se ha echado sobre estribor, y  como no hay vías, ni comunicación, ni atención, ni la protección estatal, social y económica para encausar la expansión y la actividad demográfica hacia el Norte y hacia el Atlántico, el nicaragüense se va del incómodo barco mal distribuido y busca otros países. Sólo en Costa Rica hay más de treinta y cinco mil nicaragüenses, en California  hay más de cinco mil, y en el resto de México y Centro América ¿cuántos nicas más habrá para formar con todos ellos la densa población de cualquiera de nuestros departamentos norteños o Atlánticos tan vacíos?

         Por lo tanto, no se trata de posponer el problema del Norte (y en concreto de la cuenca del Coco) para darle prioridad a la zona del Pacífico. La zona del Pacífico es verdad que necesita todo lo que Ycaza Tigerino señala: adecuada distribución de tierras por una ley agraria justa y sobre todo “realista”, legislación social campesina, etcétera. Pero la zona del Pacífico tiene no sólo siglos sino milenios de tener prioridad y sería absurdo  “socio-económicamente” esperar otro siglo más, hasta que aquí construyamos el Paraíso, para preparar el Norte y encauzar hacia él el movimiento de expansión interna del país que ahora se desperdicia en una inmigración hacia el extranjero que es un derroche injustificable. Sería como decir, demos prioridad a Granada, y hasta que hayamos desarrollado en ella todas las posibilidades económicas y sociales modernas, comenzaremos a atender a León.  Lo justo, lo nacional, es atender a toda Nicaragua a la vez en la proporción y en la medida de sus problemas regionales. Pero además, yo creo que la tesis a sostener con respecto al Norte es la diametralmente contraria a la de Ycaza Tigerino, o sea: que la única manera de que algún día las regiones del Norte y Atlántica desarrollen a plenitud su capacidad geo-cultural, es afrontando ya su nacionalización y promoviendo YA todo el movimiento preliminar de población y de explotación de esas zonas postergadas por los medios técnicos bien conocidos y experimentados de nuestra civilización.


         Tenemos años de dejar salir nuestra sangre hacia el exterior porque nuestras venas no comunican su vital circulación a esas regiones propias llenas de porvenir y de riqueza. Y nuestro problema demográfico no es el tan sencillamente planteado por Ycaza Tigerino de un país escaso de elemento humano, sino el de un país desnivelado que corre por la Historia con casi todos sus pasajeros asomados a una única y pequeña ventana…

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- II -

EL PROBLEMA DE LA POBLACIÓN EN NICARAGUA Y LA URGENCIA DE CIVILIZAR EL NORTE. Por: Eduardo Pérez-Valle. En: La Prensa, 22 de Mayo de 1957.

               
      









El problema es de población en países como Australia o el Canadá, donde hay menos mano de obra que piezas disponibles, acarreando como consecuencia que la economía tiene que permanecer circunscrita dentro de ciertos límites, los cuales sólo con el tiempo  y la inmigración se pueden ir ensanchando. En cambio, en Nicaragua NO SE HAN CREADO todas las plazas necesarias y menos podrían haberse ocupado. En una palabra, hay DESOCUPACIÓN. Y esto es una de las grandes determinantes de corrientes de migración interdepartamental y de emigración.

         El problema que el Dr. Icaza llama de población, es decir, carencia de brazos, puede presentarse de vez en cuando incipientemente, aún en países superpoblados como Inglaterra y Suiza, donde el enorme desarrollo de la industria a veces no va de acuerdo con el aumento de la población. Pero en Nicaragua lo que hay es una mala distribución de las fuerzas vivas, a causa de la inexistencia del gobierno para trazar directrices que tiendan ya no a la liberación económica de los gobernados, pero ni siquiera a la satisfacción temporal de las más elementales necesidades humanas.

         La población económicamente activa, va por eso de departamento en departamento, y cuando se pierde toda esperanza, o bien la emigración al exterior abre una puerta salvadora, o se acepta la miseria como forma de vida. El censo de 1950 demostró que aún en la zona del Pacífico hay departamentos de emigración: Granada, León, Masaya, Carazo y Rivas, yéndose a concentrar gran parte de esta emigración en los departamentos de Managua y Chinandega. Y hasta hay fuertes corrientes  emigratorias de los departamentos del Pacífico y los centrales hacia los de la región atlántica, que ésta no compensa. La gente se mueve en busca de mejores oportunidades para emplearse, dedicarse al comercio o las pequeñas industrias; los campesinos van en busca de trabajo mejor remunerado y estable. Y todos tienden a concentrarse en los centros urbanos activos, donde tienen mayores oportunidades de divertirse y aprovechar alguna asistencia social.

         El mismo Censo permite establecer las causas que motivan el flujo de población hacia ciertos departamentos: Managua, la industria y el comercio en general; Zelaya, las minas (¡horror!), el hule, la madera; Chinandega, los ingenios y la actividad portuaria; Nueva Segovia, el oro de los ríos; Madriz, el café; Río San Juan, la madera, el hule, el comercio; Matagalpa, el comercio y la agricultura. De manera que no hay sino crear uno de estos “cebos” para que los brazos afluyan y la región se mueva.

         Debe haber habido error en las apreciaciones del director de LA PRENSA al atribuir a nuestra región del Pacífico  una densidad de población casi igual a la de El Salvador y Bélgica (1). Con El Salvador, la comparación pasa, porque este país tiene una densidad de 56 y los departamentos del Pacífico tienen 45. Pero con Bélgica la apreciación no es exacta, porque ésta tiene una densidad de 287 (casi el doble de la población que puede alimentar) y sólo pequeñas zonas de Managua y Masaya tienen esa densidad. Con todo, aunque el Pacífico está superpoblado, tampoco es de temerse con el Dr. Icaza que el desarrollo de la cuenca del Río Coco vaya a perjudicar la agricultura o la industria en el Pacífico. Lo más, por la competencia en la demanda de brazos saldrían perjudicados los patrones, si perjuicio puede llamarse a una merma de las injustas ganancias obtenidas en este río revuelto que constituyen la falta de una ley agraria y de un salario mínimo, y las deficiencias del Código del Trabajo.

         Pero por encima de todo esto hay un hecho que se sobrepone con fuerza incontrastable a todas las lucubraciones, y es que la NIPCO, sin importar mano de obra, con el pobre material humano preexistente, a base de los desmedrados músculos de los indígenas de la región, ha llevado la explotación maderera a límites prohibidos. Según datos suministrados por el Sr. Molina que anteriormente fueron aportados por el Director del “Gran Diario”, y que nadie hasta la fecha ha osado contradecir, la NIPCO ha extraído 750 millones de pies cúbicos de madera, embolsándose la respetable suma de 400 millones de córdobas, como se dice, “libre de pacha y basura”. La NIPCO una vez terminado su agosto en la cuenca del Coco dejará como recuerdo de su orgiástica explotación un camino de tierra de precaria existencia y dudosa utilidad, una extensa región de nuestro territorio (probablemente un 20 por ciento) espantosamente deforestada, expuesta a la erosión y a una eventual esterilidad; un pueblo escarnecido y hambriento que vio impotente cómo el extranjero arrancaba la riqueza de sus manos; y, por fin, uno que otro funcionario enriquecido con esta iniquidad.

         Pregunto: ¿Es tan escaso el poder financiero de nuestro país, que se jacta de ser buen pagador de sus deudas externas, de mantener lujosas representaciones en el extranjero y, aquí mismo, un costoso ejército ornamental y una extensa burocracia que atruena con sus ronquidos; es tan escaso digo, el poder financiero de nuestro país, que no pueda siquiera prescindir de la NIPCO y tomar él mismo las riendas de la explotación maderera de la cuenca del Coco, asegurando así un porvenir menos sombrío a la región, una más equitativa remuneración del trabajo y en general unas condiciones de vida más humanas para los legítimos dueños de aquellas riquezas?

         La moción del Sr. Molina es buena, aunque no convenga a los enormes intereses creados alrededor de este asunto. La comisión diputadil daría sus frutos, siquiera poniendo a trabajar la imaginación haciendo sugerencias, valederas o descabelladas que luego los técnicos se encargarían de acoger o desechar. Pero la luz se habría prendido y un rayo de esperanza alumbraría la terrible agonía de aquellas regiones.

                                             EDUARDO PÉREZ-VALLE

         (1) – NOTA DE PABLO ANTONIO CUADRA: Escribí mi artículo contra la tesis del Diputado Ycaza Tijeriono sobre el recuerdo de un estudio que hice hace seis o siete años. No contaba con el dato exacto de la densidad de población de la que llamé “zona del Pacífico”, sino un mapita hecho entonces con la densidad de las principales regiones de esta zona, algunas de cuyas cifras son aún mayores que las de El Salvador. Así el departamento de Masaya, tenía entonces 120 habitantes por kilómetro cuadrado. Carazo: 54.88. Managua: 46.82 y ciertas zonas de Chinandega de 70 a 80 habitantes por kilómetro cuadrado. En cambio Jinotega tiene 3 por km. cuadrado.  Río San Juan: 1.25. Zelaya: 1.01 y la Comarca del Cabo que abarca la mejor zona del Coco: Un habitante cero veintiuno por km. cuadrado. Estas cifras y las que aduce en su interesante artículo Pérez-Valle prueban mi tesis de que la falta de población es en Nicaragua un fenómeno que debe ser planteado con sus propias características de desniveles extremos (pues tenemos zonas superpoblada como Masaya y despobladas como el Coco) y no de una manera general. 

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- III -

Hacia un estudio de nuestra población

EL DR. YCAZA TIJERINO Y LAS “CORAS” DEL PROFESOR PERPIÑÁ. Por: Eduardo Pérez-Valle. En: La Prensa, mayo 1957.

         En carta dirigida al director de LA PRENSA el 19 de Mayo y publicada en este diario, dice el doctor Icaza Tijerino: “En el estudio definitivo (sobre la densidad de población de Nicaragua) realizado por el profesor español don Román Perpiñá y titulado “SÍNTESIS COROLÓGICA DE LA POBLACIÓN DE NICARAGUA”  (Boletín de Estadística No. 2) se señalan tres zonas de diferente densidad de población: la zona de DASICORAS (más densamente poblada) que abarca los departamentos de León, Chinandega, Managua, Granada y Rivas, y cuya densidad de población media es de 70 habitantes por kilómetro cuadrado. La zona circundante de las dasicoras y que se llama AREOCORA abarca parte de los departamentos de León, Chinandega, Managua, Granada, Boaco, Matagalpa, Jinotega, Nueva Segovia, Rivas y los departamentos enteros de Chontales, Madriz y Estelí, con una extensión de 33,265 kilómetros cuadrados. La densidad de población en la areocora es de 23 habitantes por kilómetro cuadrado. Por último la zona menos poblada  o ANACORA con 100.000 kilómetros cuadrados y que comprende todo el departamento de Zelaya, todo el departamento de Río San Juan, toda la comarca de Cabo Gracias a Dios, y parte de Nueva Segovia de Jinotega y Matagalpa y de Boaco. La anacora tiene una densidad de población de 1.4 habitantes por kilómetro cuadrado.

         Todo el párrafo anterior está bueno como síntesis por el doctor Icaza de la “Síntesis” del profesor Perpiñá. Lo que no está nada bueno es que el doctor Icaza llama a ésta ESTUDIO DEFINITIVO. Cuando más, exagerando un poco se le podría llamar BOCETO; y digo exagerando porque la calidad de boceto excusa imperfecciones, pero no inexactitudes y caprichos.

         Dice el profesor Perpiñá que “son tan diversas y con tan amplias diferencias las concentraciones  y las diluciones de su población, que en modo alguno el territorio nacional se puede tomar económicamente como una unidad masiva. Cierto, muy cierto.  Y agregó que por la misma razón tampoco pueden tomarse las divisiones departamentales como tales “unidades masivas”. Esto lo acepta el profesor Perpiñá. Pero si digo que ni siquiera los MUNICIPIOS pueden tomarse como unidades que expresen densidades típicas de población, el profesor disiente, porque precisamente sobre esta base deleznable está fundamentado todo el edificio de su “Síntesis Corológica”. En efecto, él trabaja con los datos sobre población y superficie aproxmada de los 123 municipios existente en 1950, suministrados por el Censo de ese año. Ahora bien, basta una rápida ojeada al mapa de Nicaragua y a los datos mencionados para ver cuán dispares andan los municipios en cuanto a extensión superficial y cómo sus respectivas densidades tiene que ir al garete siguiendo el capricho de las leyes que los crearon.

         Veamos algunos ejemplos: San Juan de Oriente tiene 829 habitantes y Prinzapolka 13.205; pero la densidad respectiva es de 29 y  0.9 ¿Por qué? Porque San Juan tiene sólo 29 kilómetros y Prinzapolka más de 14.000. Dolores, el municipio más denso del país, tiene 755 habitantes y Bluefields 14.445. La densidad respectiva es de 1.510 y 1.0 ¿Por qué? Porque Dolores sólo tiene ½ kilómetro cuadrado y Bluefields LE DIERON 15,737. Alguien podría decir que la despoblación de ciertas zonas como Prinzapolka y Bluefields no permite dividir un gran municipio en otros pequeños. Correcto. Pero en este caso sería lógico limitar el MUNICIPIO a la parte activa, relativamente poblada, dejando el resto como COMARCA (llámese como se quiera). Al menos se obtendría la ventaja de poder aplicar mejor la Corología del profesor Perpiñá. De hacerse esto Bluefields se convertiría en un municipio pequeño en extensión, pero de unos 8.000 a 10.000 habitantes, tan denso como el que más de los que constituyen las dasicoras del profesor Perpiñá. Ya con el enorme municipio de Jinotega el mismo profesor hizo lo que digo. Cortó la  parte poblada y activa y  la introdujo en la areocora, destinando el resto, la “montaña” que se extiende hasta la frontera norte, a la anacora. ¿Por qué no hizo algo parecido con otros municipios que se prestaban a la misma dirección?

         Otro punto fuera de toda sistemática en la “Síntesis Corológica” es la falta absoluta de patrones de densidad que aplicados a las unidades superficiales determinen el género de éstas. Así pues el profesor Perpiñá además de usar los ARBITRARIOS municipios como unidades de densidad típica, los usa ARBITRARIAMENTE. Y así vemos en la dasicora a Buenos Aires (13 habitantes kilómetro cuadrado) codeándose con Dolores (1.510 habitantes kilómetro cuadrado); en la areocora, Villanueva (4 habitantes kilómetro cuadrado) junto a San Nicolás (125 habitantes kilómetro cuadrado); y en la anacora, Corn Island (100 habitantes kilómetro cuadrado) junto a San Juan del Norte (0.5 habitantes kilómetro cuadrado).

         Otra cosa que no puede pasar por alto es la distribución de las areocoras, que me parece de todo punto caprichosa. Dice el profesor: “Cada una de estas tres dasicoras tiene una zona natural de influencia directa cuya población es mucha más rala. A estas zonas son a las que llamamos areocoras”.  ¿Cómo se ejercería esa influencia? Por las vías de comunicación, el comercio, los nexos culturales y administrativos, no por el radar ni la telepatía. Sin embargo, el profesor Perpiñá pone en la zona de influencia de León todo Estelí y Madriz  y parte de Nueva Segovia, Jinotega y Matagalpa. Busco por doquiera y no encuentro la INFLUENCIA DIRECTA de León en estas regiones. Tal vez sería más acertado vincularlas, lo mismo que Rivas, con Managua.

         Por último, al hablar de sus areocoras o zonas de influencia,  el profesor mete en un paréntesis la palabra “hinterland” como insinuando una sinonimia. Yo conocía el concepto de “hinterland” correspondiendo a un gran espacio productor y consumidor del cual depende la vida de los puertos oceánicos, dadas las posibilidades que ofrece al comercio y al tráfico. Este concepto repetido en autores como Case-Lütgens, Bergsmark, etc., me hace chocante el oír hablar de “hinterland” de León, Managua y Rivas. Además, la misma versión literal de la palabra lo prohíbe: “Región interior”; y para el caso tan interiores son León, Managua y Rivas como Jinotega, Matagalpa y Boaco.

         En razón de lo expuesto creo que no es correcto llamar ESTUDIO DEFINITIVO al boceto del profesor Perpiñá. Y entre éstas, claro está, no han de colarse las cuatro líneas que anteceden, las cuales fueron escritas con un verdadero y único propósito: el de devolver aquello que no se puede tragar. 

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