martes, 4 de diciembre de 2018

EL TABERNERO Por: Gratus Halftermeyer

DON GRATUS HALFTERMEYER

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EL TABERNERO

(Para los Obreros)
I

         Existe en la especie humana un ente despreciable y malévolo, de una idiosincrasia muy  suya: egoísta, ambicioso, ruin, avaro, mediocre en el trato, falso, hipócrita y por añadidura rufián, último eslabón que él mismo se ha añadido en esa cadena de ignominias, que ostenta su persona, por interés de bolsillo.

         Ese bello ejemplar de la familia zoológica es el tabernero.

         Por lo regular es joven, de buenas aptitudes para ser útil a la humanidad, si él quisiera y tuviera una partícula  de civismo en su espíritu; pero un mercantilismo mezquino y degradante lo ha inclinado al vil servicio de una taberna, con el aditamento de un prostíbulo, del cual es maestresala.

         El tabernero es un profesional de la vagancia, consentido y autorizado por una patente gubernativa, que hace un pingüe negocio, envenenando a la humanidad, en provecho de su gaveta.

         Especulador del vicio; intermediario directo de la degeneración moral y material del hombre, conductor de la maldad, patrocinador de la embriaguez habitual; fomentador de la más ridícula debilidad de que adolece la familia humana. Tal es el tabernero.

         La taberna, centro corrompido donde se incuban grandes males sociales, es el taller del tabernero.

         Allí se desgastan las energías; se dilapida el dinero que serviría para el sustento de la esposa y de los hijos, se enervan las fuerzas vitales; se atrofia el cerebro; se deja la honra y el deber, hechos girones.

El que pudo ser águila queda allí convertido en alimaña.

El tabernero ríe satisfecho de su ganancia. Agasaja con los acordes de una victrola o la sonrisa lasciva de una hetaira cómplice, al incauto que entra en esa morada del vicio.

Poco le importa la degradación moral de aquel individuo. Su lema es hacer dinero, aunque el otro ruede por el fango.

Obrero: Tú que sabes de la rudeza de la vida y  de lo que nos cuesta y vale ser honrados; tu que sabes lo que importa la falta de un átomo de luz en nuestras células cerebrales y la ausencia del valor moral, huid del tabernero, huyamos todos, ya que él es un enemigo solapado, pero efectivo, que nos brinda una falsa amistad, para ofrecernos veneno.

Convirtámonos en enemigo gratuito suyo: que las puertas de su tugurio estén vedadas para nosotros.

El tabernero es el culpable de que en nuestros hogares no haya todo lo necesario para la vida doméstica.

Seres hay en todas la generaciones que nulificaron su porvenir y quedaron inhábiles para el bien colectivo y propio, por culpa del padre, que apegado a la taberna, no se preocupó jamás de su hogar.

La taberna es el modus vivendi del tabernero, y sin éste no existiera aquella.

Obrero: el tabernero es un apestado, huyamos de él.
Es un enemigo de la Patria, pues le resta buenos hijos.
Enemigo de la sociedad: le anquilosa sus miembros.
Enemigo de la familia y de tu hogar.
Él procura tu ruina y la de los tuyos.
Ataca tu salud y embota tu intelecto.
Incapaz de favorecer a sus semejantes: su alma es un yermo              desolado.
Es indigno hasta de vuestro saludo.
Obrero: Apartaos. Apartémonos de él.

II

Tengo una vecina que fabrica dulces, caramelos y otras golosinas con cuyo negocio mantiene a su familia; pero tiene unos hijos traviesos que le merman la mercancía comiéndose los dulces cuando ella se descuida; y por eso reciben ellos diariamente una azotaina mayúscula.

El caso se repite a cada momento y nadie escarmienta; ni la señora pone a buen recaudo la golosina, ni los rapaces dejan de atracarse de confitura, hasta reventar.

¿A quién culparía más? A la vecina que no sabe prevenir la falta, o a los chicos que cumplen con la frase: “en la arca abierta el justo peca”.

Cotidianamente veo por una calle céntrica a un grupo de individuos que son llevados por la guardia, a trabajar en obras públicas, sólo porque fueron encontrados tomados de licor. Entre ellos va uno, dos o tres individuos de consideración social, dignos de otra suerte, que tienen la pena de ser tratados al igual de los desvergonzados y delincuentes.

Entonces me acuerdo de mi vecina que castiga a sus hijos, porque le pillan el dulce que ella misma le pone a mano. Ese castigo esta fuera de toda lógica.

Si no quiere ver el efecto que se quite la causa.

La Patria necesita de buenos hijos, sobrios, trabajadores honrados a todas luces. Todo eso se lograría, si se quitara ese plato de dulces que la vecina pone al alcance de sus hijos.

Nuestro pueblo es en mayoría débil de voluntad. Se deja llevar por la pasión, más si halla facilidad para ello.

A más de un individuo he oído decir: —“Yo no haré tal cosa”. Y a la vuelta de una esquina he visto a ese mismo individuo hacer lo que momentos antes aseguraba que no haría.

El criminal va primero a la taberna antes de poner en obra su plan. La pendencia, el asesinato, el robo, etc., se ha incubado en la taberna. Y de esta a la taberna no hay más que un puente. Sostenedor de ese puente es el tabernero.

El obispo Muñoz y Capurón[1], proscrito en Nicaragua, dijo que el tabernero es más pecador que el vicioso. Y yo agrego: el tabernero no es ciudadano, porque es uno de los factores de la gran suma de destrucción de la humanidad. Se enriquece o vive a costas de la ruina del prójimo; y más censurable es aún aquel tabernero que tiene un oficio honroso que pudiera desempeñar con la frente levantada.

¡Y qué bien sabe ese pan que se amasa con el sudor de la frente!

Si el destilador trocara su industria por otra de tejidos o de moler pinol, merecería el bien de la humanidad. Y si el tabernero en vez de vender aguardiente vendiera telas y pinolillo, merecería el bien de la humanidad.

En Estados Unidos es castigado severamente el individuo que se encuentra ebrio; pero antes esa gran nación le quitó el tósigo de los labios.

¿Qué derecho tiene mi vecina de castigar a sus hijos, cuando ella misma puso la maldad al alcance de sus manos?
Destruido el germen, la enfermedad desaparecería.

No combatamos al enfermo. Combatamos la enfermedad ya los que la propagan.

Porque sería un contrasentido que un médico fuera a ver a un paciente y que en vez de atacar el mal que le aqueja, se diera a la tarea de reprenderle.

* Del libro: “CARROÑA: Cuadro de Costumbres”.  Imprenta Nacional, Managua, D.N. Nicaragua. 1930. Prólogo del Dr. Modesto Barrios. Managua, 4 de Julio de 1925.




[1] Como consecuencia de las sucesivas expulsiones a mano de los regímenes liberales, Guatemala pasó sin Arzobispo residente casi 30 años: De 1871 a 1885, de 1887 a 1897, y de 1922 a 1928. El último Arzobispo víctima de estas medidas fue Mons. Luis Javier Muñoz y Capurón, expulsado del país junto a numerosos sacerdotes, el 6 de septiembre de 1922. por oponerse a las políticas del Gobierno guatemalteco. Capurón murió en el exilio en 1927, Vale recordar que en 1980, Mons. Juan Gerardi, y en contextos diferentes, se le negó su entrada al País, siendo Obispo de la Diócesis de Santa Cruz del Quiché y Presidente de la Conferencia Episcopal debiendo asilarse en otro país centroamericano.

sábado, 7 de julio de 2018

ACERCA DE UNA INTENCIÓN DE VIEJA DATA ... ¿POR QUÉ OCOTAL Y NO SEGOVIA…?





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Introducción del Director del Blogspot:

         Transcurridos 38 años después que don Heriberto Gadea Mantilla hiciera pública adhesión a la propuesta “de restitución de nombre” patronímico, introducida en la Asamblea Legislativa por el diputado conservador-agüerista doctor Edmundo Paguaga Irías, el pariente consanguíneo de don Heriberto, el entonces diputado Carlos Gadea Avilés, retomó el empolvado proyecto para someter el cambio de nombre; Ocotal por “Ciudad Segovia”.

         Dos fechas para lo mismo, Julio de 1969 y Septiembre de 2007. Lo que ha sido olvidado de aquellos ocurrentes momentos, constituyen el motivo fundamental del primer abandono del trabajo legislativo empecinado en quitar y ponerle nuevo nombre al Municipio.

         Entre alegaciones y zalamerías políticas hechas al propósito de hacerlas llegar a las esferas del poder dictatorial, la “moción Paguaga” atravesó por cambio de seña en la acera liberal-somocista, entonces alguien propuso cambiar el nombre de Ocotal por el de “Ciudad Esperanza de Somoza”, en homenaje a doña Hope, esposa del dictador Anastasio Somoza Debayle. Pero el acantilado infranqueable surgió cuando el doctor René Sandino Argüello con ánimo de extensa disertación, mencionó sin intención alguna, el nombre de Blanca Segovia Sandino, la hija del guerrillero. En ese momento la cosa quedó cancelada y sin mayor trascendencia.

         La moción de 2007 tampoco obtuvo la atención, y así como llegó, sin razón y fuerza, la volvieron a poner debajo del brazo del diputado Gadea.

         Cosas de nuestro país, para recordar.-

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¿POR QUÉ OCOTAL Y NO SEGOVIA…?


Por: Emilio Gutiérrez G.

En: La Prensa, 9 de Julio de 1969.

Nota. — Publicamos a continuación una carta del Doctor Emilio Gutiérrez, explicativa de por qué la cabecera del Departamento de Nueva Segovia, debe llamarse Segovia y no Ocotal.

                                                                Ocotal, (Segovia), Julio 5 de 1969

Dr. Pedro Joaquín Chamorro.
Diario LA PRENSA.
Managua.

Muy estimado doctor:

Con mucho sentimiento he visto los comentarios respectivos de LA PRENSA de hoy sobre el proyecto del diputado Dr. Edmundo Paguaga sobre el cambio de nombre de esta ciudad por el de Segovia.

         Cierto es que hay multitud de problemas más importantes que podrían ser abordados, pero uso no están al alcance de nosotros y otros no son del resorte del Congreso.

         Este proyecto inofensivo, y para algunos intrascendente ha sido viejamente acariciado en esta región. Las razones han sido de estética, de historia y de legalidad.
         Ligeramente se las esbozo, esperando en otra ocasión ser más extenso.

         No es lo mismo tener un nombre de tradición que un nombre lugar poblado de ocotes antes, que dicho sea de paso ahora no existen ni en diez kilómetros a la redonda. Eso aparte de que hay no menos de diez ocotales en otros lugares, pues en todas partes en donde estén plantados esos árboles, lógicamente tendrán que llevar tal nombre.

         No fue esta planicie jamás de nombre indígena. Se encontraron ocotes, pero no había ningún poblado que así se llamase.

         Su primitivo nombre fue Segovia desde en 1543. Lo conservó cuando se trasladó a lo que hoy es Ciudad Antigua en 1611. Lo trajo en 1791 a un lugar cercano a Ocotal con el nombre de Nueva Reducción de Segovia. Fíjese Ud. que se dice reducidos, pero no desaparecidos.

         Consta todo eso en los protocolos de 1790 a 1800. El Intendente don José Salvador en 1794 al organizar el Partido de Segovia dijo que llevaría ese nombre en un lugar que a la sazón se estaba poblando. Ese lugar era el actual asiento. Así lo dice Ayón.

         Para legalidad el Ayuntamiento, León mandó en 1808 a don Manuel Mantilla como Sub-delegado y ras las averiguaciones del caso y memoriales a Guatemala por auto de 19 de octubre de 1809 mandó a hacer la elección del Cabildo de la Nueva Reducción del Ocotal (es decir lo que estaba reducido en el lugar poblado de ocotes), con el nombre de SEGOVIA.

         En 1812 las Cortes de Cádiz le concedieron el título de Muy Noble y Leal ciudad de Segovia. No quiero decir con ello que fuimos nobles ni nos hicieron más leales, porque dicho sea de paso no estoy aduciendo títulos de nobleza. Pero anoto el hecho histórico del nombre, nada más.

         En 1821 el Ayuntamiento de Matagalpa se dirige al Ayuntamiento  de Segovia para que no vaya a acoger el Acta de los Nublados. Y en 1825 el Alcalde don Bernabé Sandros comienza a querer darnos ejidos en actas suscritas en Segovia. No se ha mencionado Ocotal hasta entonces.

         Es a partir de 1840 más o menos cuando comienza a arraigarse la costumbre, pero reto a cualquiera a que me muestre un solo Decreto mandando llamar a esta planicie como Ocotal.

         Este deseo de restituir el viejo nombre no es de ahora. Data de 1910; luchó por él el Pbro. Frutos Ruiz y Ruiz en 1912. Lo reafirmó en 1925 el Pbro. Nicolás Antonio Madrigal, al fundar  un pequeño periódico con el nombre de El Eco de Segovia, que aún subsiste. Lo lució el Alcalde don Arturo Mantilla al colocar el escudo y nombre en nuestro Mercado Municipal en 1930.

         Lo establecimos en nuestra Biblioteca en 1944, lo proclamó doña Celia Guillén de Herrera en su libro de 1945, se fijó al crear en 1946 nuestro Instituto y así lo volvimos a bautizar en 1952 y definitivamente quedó grabado en el nuevo edificio que inauguró el Gral. Somoza en 1968.

         Así continuó fijándose esa idea que éramos Segovia, tal como León y Granada han querido llamarse así. Si sentimientos indigenistas hubiera, habría que regresar a los nombres de Subtiava (sic) y Xalteva, para una y otra.

         Eso es todo, mi querido Dr. Chamorro. Si ahora el Dr. Paguaga solicitó esa restitución, no se perjudica a nadie y únicamente es deseo de darnos prestigio histórico, carácter de ciudad y  no de poblado de ocotes. Nos parece injusto que se nos trate  de intrascendentes y de colonialistas.

         Toda la enojosa discusión parece que se reduce a que es un agüerista quien presentó el proyecto, y no un liberal. Pero yo, una persona que está contra el Dr. Agüero, para siempre, jamás, amén., no he tenido inconveniente en ayudar al Dr. Paguaga con aportaciones  históricas de importancia. El Dr. Paguaga fue un vehículo, solamente, porque el representante liberal no quiso hacerlo.

         Lo estimaré, mi apreciable doctor, que nos haga justicia con este proyecto, que si no lleva grandes beneficios pecuniarios, lleva en cambio sentimientos de espiritualidad y de cultura hispánica.

         De Ud. atentamente:
                                               EMILIO GUTIÉRREZ G.

                                                                                     Vivo en Segovia

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¿QUIERE EL PUEBLO LLAMARSE SEGOVIA? 

YO CREO QUE SÍ

Por: Heriberto Gadea Mantilla.

En: La Prensa, 15 de Julio de 1969.

         Con muchas personas me ha tocado discutir el punto de recuperación del nombre de Segovia. En el propio Managua, algunos lo ven con agrado  y otros no. He oído discusiones acaloradas en pro y en contra y se me ha pedido que conteste con honradez lo que realmente piensa el pueblo OCOTALEANO, no Ocotaleño, como lo viera escrito en la información de un diario local.

         Yo, al contestar esta pregunta, recurro a un factor digno de tomarse en cuenta; el factor psicológico que por años se ha mantenido sereno en el subconsciente del pueblo. Antes de pasar, adelante quiero aclarar, que yo conozco a este pueblo como la palma de mi mano ya que he vivido con él y gran parte de mi vida la he dedicado a encarar sus problemas. Reto a cualquier ciudadano, desde el aristócrata hasta el plebeyo, desde el millonario hasta el indigente, desde el Político hasta el Politiquero a que me desmienta. Conozco el pensamiento del pueblo Ocotaleano.

         Sobre él para algunos intrascendente proyecto de restitución del nombre de Segovia, no me voy a pronunciar diciendo que actualmente no exista oposición La hay, pero es una oposición fabricada para encubrir otros intenciones tal como se observa aquí todos los días en todos los movimientos  estudiantiles que tras de ellos hay alguien que raras veces de la cara. Ese es el movimiento que existe en oposición al Proyecto y talvez cierto complejo politiquero por ser Conservador quien recogió una inquietud por años acariciada en el subconsciente del pueblo como lo explicaré enseguida. Pero hay algo  que da por tierra con todas las oposiciones prefabricadas y es el propio sentimiento del pueblo. Eso que trasluce inconscientemente y que no hay fuerza capaz de controlar, la manifestación callada que vive en el subconsciente de cada Ocotaleano. Lo voy a probar y también quisiera que se me desmintiera si no digo verdad: Ningún Octaleano, salvo los dotados  de un sentimentalismo excepcional, como mi propia Madre Doña Helena Mantilla de Gadea, que hasta compuso un verso a SU QUERIDO OCOTAL, hace unos 8 días, casos así excepcionales, no hay un solo Ocotaleano que no se haya hecho esta pregunta: ¿POR QUÉ NOS PONDRÍAN OCOTAL? Pero todavía el facor que yo quiero poner en relieve es de mucho más fuerza sugestiva y deja positivamente al descubierto lo que esconde en el subconsciente de mi pueblo. Fijémonos bien: Cuando el fanatismo hacia un nombre que gusta es exagerado, ese nombre se ve en un teatro, en una pulpería, en una cancha de gallos, en un salón de belleza, en un equipo de béisbol, etc., etc.; cuando el nombre no gusta al extremo de fanatizar pero al menos gusta, se ve aunque sea en una cantina o en un estanco de tercera categoría; pues bien, si hay alguien que me pruebe que HASTA EL DOMINGO 6 DE JULIO día en que yo estuve de visita en mi ciudad, si hay alguien que me pruebe que existe o existió antes un solo rótulo, UNO SOLO de algo que se llame OCOTAL, aunque sea en un estanco o en un molino de maíz, yo, HERIBERTO GADEA MANTILLA, me pronuncio en contra del Proyecto. Sin embargo, el subconsciente de la gente lleva el nombre de SEGOVIA muy arraigado en su corazón, porque con ese nombre sí, yo conozco: Una Biblioteca que se llama SEGOVIA, un Instituto Nacional, SEGOVIA, un Semanario de 35 años atrás que se llama “EL ECO DE SEGOVIA”, una maderera que se llama “SEGOVIA LUMBER”, en el parque Duarte de Ocotal hay un monumento al Ilustrísimo Monseñor Nicolás Antonio Madrigal en cuya placa dice: Ocotal y entre paréntesis (SEGOVIA), hay un equipo de béisbol “Segovia”, también una pensión “Segovia”, conocí un Casino “SEGOVIA”. ¿Qué quiere decir esto? No se trata pues de cambiar un nombre como pretendía nuestro representante Liberal don Adolfo Altamirano al proponer que se pusiera ESPERANZA, ese precioso nombre que armoniza con la relevante personalidad de nuestra Primera Dama de la Nación.

         No se trata de cambiar, sino de restituir el que por derecho nos pertenece y que yo estoy probando aquí, vive y vivirá siempre en el subconsciente del pueblo ocotaleano. ¿QUIÉN NOS PONDRÍA OCOTAL? Esa ha sido la pregunta eterna a través de generaciones. Cuando el niño empieza a pensar y  busca en cada cosa su verdadero sentido; cuando sus ojos escudriñan el horizonte buscando los OCOTES y no los ve, cuando principia a revelarse a todo lo que no tiene sentido, viene inevitablemente la pregunta: ¿POR QUÉ SE LLAMA ESTO EL OCOTAL SI NO HAY OCOTES? y cuando se mete de lleno en los libros y su inquietud lo lleva a hasta la raíz de su propia historia, entonces nace el deseo de restituir lo propio. Se ha buscado en los protocolos existentes la procedencia legal del nombre de El Ocotal y no se encuentra. Llegamos a ese lugar y se nos bautizó con el nombre de LA NUEVA REDUCCIÓN DE SEGOVIA. Bien dice el Dr. Gutiérrez en su artículo contundente, REDUCIDOS PERO NO DESAPARECIDOS. La costumbre ha venido contagiándonos a través del tiempo, pero en este caso, ni la costumbre que dicen es Le, ha podido desalojar el nombre de SEGOVIA del corazón del pueblo.

         Por otra parte, el Ocotal no es un nombre indígena como Estelí, Somoto, Totogalpa, Macaralí, Subtiava (sic) o Xalteva, si lo fuera y nosotros quisiéramos cambiarlo, no sé la palabra que podríamos merecer, pero ni el nombres es indígena ni nos llamamos así, nos llamamos “SEGOVIA”, por estética por la historia y por la legalidad. Los que alegan lo contrario, deben perdonarme, pero no son autóctonos del lugar y en tal caso quedan eximidos de la responsabilidad de conocer lo nuestro, o bien, los induce a oponerse a factores totalmente ajenos y alejados de la idea principal. Esa es la verdad llana, esa y no otra. Soy nacido en El Ocotal, conozco todos sus problemas y nunca rehuyo a la responsabilidad que tengo al haber hecho tan poco en pro de su engrandecimiento cultural. Si algún día lograra hacerlo… tampoco faltaría quien dijera lo contrario. ¿QUIÉN NOS PONDRÍA EL OCOTAL? ¿Puede decir quién se opone al Proyecto, el fundamento legal de este nombre?

Managua, 11 de Julio de 1969.

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¿POR QUÉ CAMBIARLE EL NOMBRE A OCOTAL?

Por: Rosa Quiñones

En: Novedades, 5 de Julio de 1969.

         En estos momentos en que se debate con tanto ardor, el cambio del nombre de Ocotal a la cabecera departamental de Nueva Segovia y que hasta los mismos representantes, don Adolfo Altamirano y Dr. Edmundo Paguaga, exponen criterios distintos.

         Quiero expresar mi opinión.

         Nosotros los habitantes de El Jícaro respetamos la tradición, no estamos pidiendo que se le cambie el nombre a nuestra ciudad. Pero en aras de la concordia de los de un mismo pueblo. Que ayer sacaron una gran manifestación, con cartelones y parlantes pidiendo no sea cambiado
.
         ¿Por qué no dejar a Ocotal con su nombre y si se quiere honrar el nombre de Ciudad Segovia, cambiar el nombre de Jícaro por éste y trasladar a cabecera departamental al Jícaro? Esto nada tendrá de raro, ya que no es la primera vez que el Excmo. Sr. Presidente de la República, General A. Somoza ha expresado el deseo de trasladar la cabecera departamental a Jalapa.

         Siendo el Jícaro un municipio también rico y más poblado ya que tiene 62 valles, es cabecera del Distrito y también su posición geográfica la favorece. Sería la ocasión propicia para hacer el traslado y así evitar resentimientos.

         ¿Por qué nuestros representantes no piden que se nos construyan normales, ya que carecemos de maestros titulados? O que se abran cursos para que nuestras maestras empíricas que han sido destituidas sigan trabajando. Los maestros titulados que envían aquí, la mayor parte de ellos muy pronto desertan, quedando las plazas vacantes y a que es muy difícil que se nos llene el cupo y en este caso los que pierden son los niños y el pueblo. Mientras que si fueran nuestros niños los que coronaran su carrera en Normales, allá, estarían con nosotros derramando la luz de la enseñanza de que tanto necesita este departamento que tiene mayor cantidad de analfabetos.

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BLANCA, HIJA DE SANDINO, TERMINA MOCIÓN

SEGOVIA

         En: La Prensa, 5 de Julio de 1969.

Un Sandino que no habla, habló de Sandino y rompió la moción Paguaga. — Quisieron cambiar el nombre a Ocotal, por el de “Hope de Somoza”. — Sólo Segovia iba ganando, pero el recuerdo de Blanca, perdió la moción.

         Cuando parecía que era inevitable la aprobación del inocuo proyecto de ley del diputado agüerista Dr. Paguaga tendente a cambiarle el nombre a Ocotal por el de Segovia, y después de 2 horas de lamentable pérdida de tiempo de los legisladores, el presidente Montenegro, sin decir agua va y en un gesto típicamente montenegrino, suspendió la discusión, alegando el mucho tiempo gastados en el debate y dejó al proyectista con “el vigoró en la boca”.

         Como informamos ayer, el Dr. Paguaga, ocupando tiempo y materia gris en cosa tan insustancial y tan anti-nicaragüense, como es el de cambiar un nombre tradicionalmente indígena, por otro archiespañol y castellano, parecía bocado aun pírrico triunfo parlamentario y ya se daba por descontada la aprobación de su proyecto por la manifiesta intención del ala somocista, en así hacerlo.

         En la discusión se observaron cosas dignas de tomarse en cuenta. Por ejemplo, la elocuencia del diputado somocista Altamirano, ocotaleño también como el proyectista, que tartamudeaba de indignación contra sus colegas de banco, por la preferencia  que éstos exhibían para su oponente.

         En un esfuerzo desesperado, propuso que se llamara a Ocotal, en vez de Segovia “Ciudad Esperanza de Somoza”, lo que provocó la hilaridad de la barra, y la perplejidad de sus colegas. Montenegro se hizo el desentendido y ni siquiera consideró la moción, no obstante que fue obvio que tampoco la declaró improcedente. Un mudo pertinaz, al que no se le conocía el tono de voz en la Cámara de Diputados, el esteliano, René Molina Valenzuela, hablo por primera vez en dos años y medio. Otro que mantiene un prudente silencio, el Dr. René Sandino Argüello, también se voló la cerca hablando de Darío de Persia, de Agateyte, de Diriangén y de Blanca Segovia Sandino, la hija del famoso guerrillero. Esta mención del diputado Sandino, dirigida al parecer al diputado Juan Manuel Gutiérrez, quien había mocionado para que Ocotal pasara a llamarse Ciudad Sandino, abrió un boquete considerable en la fortaleza de la moción de Paguaga y fue evidente que desde ese momento empezó a naufragar a pesar del buen viento anterior.

         El Dr. Argüello Hurtado (de ANC) hizo una hermosa defensa de la nicaraguanidad criticando abiertamente el proyecto y al proyectista, y acuñando la frase “No se contentan con entregar el territorio; ahora los llamados conservadores quieren entregar hasta los nombres”.

         El Dr. Zelaya Rojas (ANC) tan locuaz en otras ocasiones, mantuvo obstinado silencio ignorándose el por qué,  y no abrió la boca en toda la sesión.

         En fin, pocas veces la mesa de los periodistas pasó tan divertida observando cómo nuestros legisladores, gastan el tiempo miserablemente en discusiones tan pueriles habiendo tantas cosas que hacer en este país y que necesitan urgentemente de legislación adecuada.

         Único resultado favorable fue el rechazo inesperado de proyecto tan tal de sustancia.

         ¿A qué se debió…?

         A que el nombre de Blanca Segovia Sandino, pronunciado por el diputado René Sandino (no es pariente de Augusto César), abrió como decimos un gran boquete a la moción porque si se hubiera cambiado a Ocotal su nombre por el de Segovia, es seguro que muchos nicaragüenses le hubieran dicho Blanca Segovia, en recuerdo del héroe.

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QUIEREN CAMBIAR EL NOMBRE A OCOTAL

Por. Alina Lorío L
En: La Prensa, 09 de Febrero del 2007.


Diputado propone llamarla Ciudad Segovia
Corresponsal/Nueva Segovia

El diputado liberal Carlos Gadea Avilés introdujo ante la Comisión de Asuntos Municipales de la Asamblea Nacional una iniciativa de ley que propone el cambio de nombre del municipio de Ocotal por Ciudad Segovia.

Este es el segundo intento por cambiar el nombre de Ocotal en la historia del Poder Legislativo en Nicaragua. El primero fue a través de uno de los senadores del régimen de los Somoza.

Hoy la historia se repite con la justificación de rescatar el nombre de origen de esta ciudad.

Ocotal es actualmente uno de los 12 municipios y cabecera del departamento de Nueva Segovia; la tercera ciudad fundada por los españoles en Nicaragua, ubicada a 226 kilómetros al norte de Managua y con aproximadamente 45 mil habitantes.

ARGUMENTOS

El diputado Carlos Gadea Avilés justifica su iniciativa en argumentos históricos y en su exposición de motivos realizada el 14 de diciembre de 2005 y recordada en el pleno de la Asamblea Nacional el martes 6 de febrero. Dijo que el objetivo de llamarle Ciudad Segovia es rescatarle el nombre, en memoria de la primera ciudad fundada por los españoles.

Además considera que con el cambio de nombre el atractivo cultural e histórico —evidente todavía en los rasgos coloniales que conserva la ciudad— resultaría más cotizado por el turismo.

A CONSULTA

Para el diputado, hay el tiempo suficiente para que se genere opinión entre los ocotaleanos, y entre otras cosas propondrá abrir un libro para que la población se exprese y quede constancia de la iniciativa.

La Comisión se reunirá la próxima semana. Es un proceso que puede durar todo este año, según el diputado Gadea, quien manifestó su disposición de respaldar lo que la población, en las consultas de la Comisión y en los debates públicos, decida.

“Yo me siento segoviana, vivo dentro de Nueva Segovia, es difícil cambiar el nombre de Ocotal cuando tenemos un arraigo de más de 200 años”, expresó Martha Adriana Peralta, ex alcaldesa en férrea defensa del patrimonio histórico cultural de la ciudad.

Consideró que lo más importante a estas alturas no es cambiarle el nombre a la ciudad sino ser más coherentes con su nombre haciendo un esfuerzo por recuperar todas esas áreas deforestadas a su alrededor.

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jueves, 5 de julio de 2018

HECHOS OCURRIDOS EL 22 DE ENERO DE 1967, DENTRO DEL GRAN HOTEL. Por: Ingeniero Jacinto Vélez Bárcenas



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Publicado en: El Centroamericano, 16 de Marzo de 1968.

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-I-

         Con respecto a las narraciones hechas por el Doctor Hernán Arostegui en su libro “La Guerra de Managua”, y que se han publicado sistemáticamente en diarios de este país,  he llegado a la conclusión de que en vista de mi cercana participación en los sucesos del 22 de Enero de 1967, es mi obligación dejar testimonio de los hechos acaecidos en aquella fecha, en los cuales tuve personal conocimiento y participación.

         El objeto de dejar testimonio sobre los hechos del 22 de Enero y muy especialmente sobre lo sucedido dentro del Gran Hotel, es con el fin de dejar una constancia de la verdad objetiva, para que ésta en el futuro no sea tergiversada.

         Al escribir sobre algo histórico, no pretendo herir susceptibilidades, ni mucho menos provocar rencores, así como tampoco pretendo aparecer ante los posibles lectores de estas líneas, como absoluto conocedor de lo ocurrido.

         Después de haberse firmado el pacto con la Unión Nacional Opositora, se desarrolló una intensa campaña electoral para ambos bandos, en los cuales sucedieron desenlaces sangrientos, como la muerte violenta de mi grande e inolvidable amigo Silvio Parodi Basset, el señor Potosme, así como otros apreciables ciudadanos opositores al Somocismo.

         El clímax de la campaña llegó el día 22 de Enero, fecha en que debía llevarse a cabo la manifestación de la Unión Nacional Opositora, en la ciudad de Managua.

         Eran aproximadamente las 10 de la mañana del 22 de Enero, cuando el Doctor Fernando Agüero salió de su casa en el carro de Carlos Estrada Vélez, acompañado por el Doctor Luis Pasos Argüello, Armando, Ronaldo y William Estrada Vélez, Roberto Vélez Bárcenas y yo.

         Arribamos al Club Managua, y entramos por la parte trasera. Después de su discurso el Doctor Agüero se lanzó a la Plaza de la República, en su histórica marcha, acompañado  por los arriba mencionados, más Francisco (Chico) Reyes.

         La gente parecía estrujarnos, en un loco afán por estar cerca del máximo líder. Nos detuvimos  frente a Carlos Cardenal, y allí permanecimos, ya que según instrucciones del Doctor Agüero permaneceríamos sentados por unos o dos días. Los manifestantes se encontraban entusiasmados y llenos de valor cívico, dispuestos a permanecer en la Avenida Roosevelt, hasta que el Estado Mayor, instándolos a buscar una solución pacífica y patriota del Problema Nacional. Momentos después comenzaron a oírse disparos y se entabló una lucha armada ente el pueblo, (en su mayor parte desarmado), y el ejército. Algunos caían segados por las balas, y otros combatían valientemente en una forma desigual.

         Los manifestantes pidieron al Doctor Agüero que no se retirara, más bien que se enfrentaran a las fuerzas del Gobierno, a lo cual el Doctor Agüero accedió desenfundando una pistola de corto calibre, y avanzando sobre la Avenida Rooselvelt, con dirección a la Loma de Tiscapa. Los que acompañábamos al Doctor Agüero y Luis Venerio Plazaola, coincidimos en considerar la actitud del Doctor Agüero demasiada temeraria y sin ninguna posibilidad del menor éxito, ya que avanzábamos por el centro de la calle, sin ninguna protección, enfrentándonos a un ejército completo, entrenado, disciplinado y careciendo del armamento necesarios para dicha operación.

         Tratamos inútilmente de convencerlo, a que desistiera de sus propósitos de avance, pero siendo imposible persuadirlo en una forma lógica, optamos los presentes: Ronaldo, William, Armando Estrada Vélez, Chico Reyes, Luis Venerio Plazaola y yo, emplear la fuerza, ya que el Doctor Agüero dispuesto a morir por su pueblo, continuaba avanzando. Prácticamente lo secuestramos, logrando llevarlo en una forma obligada hasta las puertas del Gran Hotel, en donde lo introdujimos.

         En el recinto del Gran Hotel,  ya se encontraban refugiados, una enorme cantidad de manifestantes, entre los cuales había gente de todo sexo, edad y condición social. Pasamos al balcón del Gran Hotel, y estando allí, recibimos una fuerte descarga de parte de la Guardia Nacional, la cual enfocaba su ofensiva contra dicho recinto, habiendo caído casi en las puertas  muchos muertos y heridos, entre los cuales se encontraba el líder estudiantil René Saldaña; habiéndose iniciado por parte el ejército el sitio del Gran Hotel.



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-II-

         Sugerí al Doctor Agüero la captura de los extranjeros como medida de protección  para ambos, y alguien se expresó diciendo que nos tildarían de comunistas, a lo cual respondí que la verdad se sabría después. Luciano Cuadra, Chico Reyes, otros  y yo, procedimos a eso, cuando Luis Venerio Plazaola, en una forma independiente ya se encontraba en la misma operación.

         Algunos norteamericanos, suramericanos y Don Hernán Robleto, el cual lucía muy nervioso, y desconcertado, fueron colocados en las piezas, las cuales creímos les brindarían la máxima protección. El tiroteo era intenso, percibiéndose sonidos de armas de todo tipo. Los Doctores Fernando Agüero, Luis Pasos Argüello, Pedro Joaquín Chamorro, se encontraban en las habitaciones de los extranjeros, en cuyas puertas  había puesto gente de confianza, para que no se permitiera la entra ni salida de los extranjeros, sin nuestra previa autorización.

         En esos momentos de confusión, algunos de los que se encontraban en la planta baja, ingirieron licor, tomándolo del bar y se encontraban fuera de control. Algunos se dedicaron al pillaje, ya que Chico Reyes me llevó a uno de ellos, con dos sacos y pantalones ajenos, al cual castigamos severamente. Asimismo algunas mujeres, se apropiaron de las prendas interiores de los huéspedes.

         El teléfono fue cortado y habiéndome pedido William Estrada, me comunicara con su casa, explicándoles que todo marchaba bien, bajé y  me encontré con la grave y desagradable sorpresa, de que un norteamericano de apellido OBrian, que decía ser ejecutivo del Infonac, Ifagan y amigo personal del General Anastasio Somoza, estaba a punto de ser muerto por un grupo tomado y bien armado, que no estaba dispuesto a dejarlo salir del Hotel. Tuve un fuerte diálogo con el mencionado norteamericano, ya que no quería desistir a sus intenciones, hasta que afortunadamente, logré convencerlo, antes que nos dieran muerte a los dos.

         Después de ese incidente, se envió gente a resguardar todas las puertas del Hotel, y como a las nueve de la noche, teníamos la situación interna bajo absoluto control, combatiendo así contra las fuerzas del Gobierno.

         Se ordenó levantar un censo de la población interna y fue sorpresivo tener conocimiento de que habían dentro aproximadamente unas 1,800 personas, de las cuales un 90 por ciento estaban desarmadas, y el resto combatía con todo de tipo de arma, incluyendo pistolas de todo calibre.

         Nos estaban disparando con los cañones de 30 mm., de las tanquetas, todo tipo de ametralladoras,  y garands, los cuales abrieron sendos orificios en las paredes, habiendo herido levemente en una ocasión a un funcionario de la Embajada Americana, cuyo nombre era Walter Kadett, a quien yo trasladé a una habitación, el cual fue atendido clínicamente por el Doctor Agüero, quien reconoció las lesiones recibidas por el señor Kadett.

         Durante el resto de la noche, se percibieron tiroteos intermitentes, durante los cuales fueron heridos cerca de 15 ciudadanos, los cuales fueron socorridos por la Cruz Roja, y trasladados al hospital. Otro de los norteamericanos parecía morir del corazón, ya que yacía en el suelo y se incorporaba con la respiración jadeante y pulso alterado.

         A todo esto, la mayor parte de los refugiados, permanecían en una actitud pasiva, buscando como protegerse, y tratando de averiguar cómo se desenvolvían los acontecimientos. Como a las diez y media de la noche, se oyó una voz que se identificó como en el aquel entonces Capitán José Iván Alegrett, quien era jefe que comandaba las fuerzas de la Guardia Nacional, que sitiaban el edificio del Gran Hotel, y el cual hablando por medio de un megáfono portátil, se dirigió a nosotros conminándonos a rendirnos y a desocupar el Gran Hotel, en términos de media hora, bajo el apercibimiento de que si no salíamos durante ese lapso de tiempo, destruiría el edificio con todo y sus ocupantes.

         Alguien me facilitó un megáfono y me dirigí a él: “Capitán Alegrett, aquí habla Jacinto Vélez en representación del Doctor Agüero”, a lo cual contestó Alegrett: “Adelante que lo escucho”. “Voy a salir a parlamentar con Ud., en nombre de la Unión Nacional Opositora”. “Entendido”, respondió. Luego se escuchó a través del magnavoz que el Capitán Alegrett daba orden de cese al fuego. Se abrieron las puertas del Hotel, y salí con una sábana blanca en las manos, iluminado por las luces de tres tanquetas. Una situada en la esquina del Palacio Nacional, otra frente al Súper Viajes de Claudio Fonseca y la tercera en la cual se encontraba el Capitán Alegrett, enfrente a Rappaccioli Saballos.

GUARDIAS NACIONALES TRANSPORTADOS HACIA EL GRAN HOTEL 

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- III –

         Me prometió que respetaría nuestras vidas, si nos entregábamos, pero que iríamos en calidad de cautivos, para ser juzgados por los tribunales, a lo cual respondí que mucha gente había muerto ya, y que ninguno de nosotros estábamos dispuestos a rendirnos, haciéndole la advertencia de que teníamos todo tipo de armas, como ametralladoras M-3, Browning, Thompson, Johnson, Rifles Garands, 30-30, calibre 22, escopetas, granadas de mano, cocteles Molotov, y parque, para combatir por 3 o 4 días (por supuesto que todo esto era un ardid ya que yo trataba de que no se supiera cuán débiles nos encontrábamos), habiéndose él referido diciendo: “Que muerto de risa, se metería con los tanques, por la puerta principal, y saldría por el González”, a lo que respondí que podría hacerlo y matar mucha gente, pero que moriría en la culminación de su intento.

         Durante nuestra conversación, el Capitán Alegrett, se mostró muy preocupado por los acontecimientos,  y me pidió le concediera llevarme a mi casa, a lo cual respondía que no sería posible, y a que en el futuro no me perdonaría en calidad e hombre, el haberme marchado y dejado a todos dentro del Gran Hotel, comprendió el Capitán Alegrett, que mis intenciones de permanecer junto al resto era definitiva. Me dijo que me mandaría preso para evitar que fuera yo una víctima más, pero me negué en una forma rotunda, ofreciéndole además que me lanzaría sobre él, y nos liaríamos a golpes, para forzar a la gente sobre su mando, a que me mataran; lo cual lo ablandó un poco y desistió a sus intenciones.

         En honor a la verdad, quiero dejar en claro, que el tanque del Capitán Alegrett, no disparó ni un solo cañonazo, sino el del Teniente Smith, ya que de haberlo hecho así, los dirigentes de la Unión Opositora, no se encontrarían hoy con vida, debido a que la habitación en donde se encontraban estaba ubicada frente a la línea de fuego del tanque del Capitán Alegrett.

         Luego del anterior diálogo, regresé al  Hotel, y el Capitán Alegrett, se fue en un jeep, con rumbo desconocido.

         Un rato después los monseñores Portalupi y Donaldo Chávez Núñez, arribaron con el objeto de mediar en el conflicto, pero el Capitán Alegrett (que ya había regresado), exigió garantía a su libertad, así como a sus vidas, para lo cual me ofrecí como rehén, habiendo permanecido como tal, durante el tiempo que los Monseñores parlamentaban con los dirigentes de la Unión Nacional Opositora.

         Durante el período de permanencia en el recinto del hotel, logré llegar a un acuerdo con el Capitán Alegrett, según el cual nos comprometeríamos, ambas partes del conflicto, a cesar el fuego hasta el amanecer, con el objeto de facilitar las negociaciones iniciadas entre los dos, y posteriormente continuadas con la intervención de los monseñores Portalupi y Chávez Núñez.

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- IV -

         Después de la salida de los Monseñores Portalupi y Chávez Núñez, los cuales habían prometido regresar con una respuesta satisfactoria a tan grave problema, los mencionados Monseñores brillaron por su ausencia, ya que no se supo más de ellos. Yo regresé al Hotel, en donde me reuní privadamente en una de las habitaciones de la planta baja, con los Doctores Fernando Agüero, Pedro Joaquín Chamorro, Luis Pasos Argüello y los señores Estrada Vélez, el Nene Chamorro y Don Salvador Cardenal, con el objeto de hacer comentario de lo sucedido anteriormente, pero sin llegar a ninguna conclusión definitiva.

         Con el acuerdo de cese al fuego, entre el Capitán Alegrett, y yo, el resto de la noche transcurrió en relativa tranquilidad, aunque siempre con la tensión que naturalmente reinaba entre los refugiados.

         A eso de las seis de la mañana del día 23 de enero fuimos informados de que muchos de los que se encontraban en la planta baja del hotel, estaban de nuevo ingiriendo licor, razón por lo cual William, Armando, Ronaldo Estrada Vélez, y yo, nos dirigimos al lugar en donde se encuentra ubicado el bar, y procedimos  a decomisar cinco cajas y un cesto de variados licores, los cuales depositamos bajo llave, en un lugar cercano a la cocina.

         Como a las nueve de la mañana, al tenerse conocimiento que en las afueras del Gran Hotel, se encontraban el Coronel Francisco y dos funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos, fui comisionado con el objeto de invitarlos a entrar al Hotel, para parlamentar con la dirigencia opositora que allí se encontraba.

         Los funcionarios diplomáticos antes mencionados, aceptaron la invitación y entraron al hotel, en donde se dedicaron inicialmente a inquirir acerca del número, nombre y nacionalidad de los huéspedes extranjeros que se encontraban bajo nuestra custodia.

         Después de haber obtenido los datos que consideraron necesarios, abandonaron el hotel, habiendo regresado cerca de 2 horas más tarde; durante ese lapso de tiempo se le permitió a un norteamericano apellido Gaudet y a dos monjitas, abandonar el recinto del hotel, (dicho norteamericano tildó luego al Doctor Agüero y sus colaboradores de comunistas, en su artículo editado en una revista de New Orleans para Latinoamérica titulada: “Fracaso Rojo en Nicaragua”).
         En esta ocasión los funcionarios diplomáticos, venían en carácter de intermediarios para logar una resolución satisfactoria al conflicto presentado, para lo cual se llevó a cabo una plática en el segundo piso, en la que se encontraban presentes además, de los funcionarios diplomáticos, los Doctores Fernando Agüero, Luis Pasos Argüello, Pedro Joaquín Chamorro, los hermanos Estrada Vélez, el Nene Chamorro y el suscrito, habiendo conferenciado alrededor d 45 minutos, en los cuales el Doctor Agüero presentó a los funcionarios las bases para llegar a un armisticio definitivo; las cuales fueron las siguientes:

         1) Que el Doctor Lorenzo Guerrero, permaneciera por un año más en la presidencia.

         2) Elecciones supervigiladas por la OEA.

         3) Que todos los que nos encontrábamos en el Gran Hotel, no nos rendiríamos, sino que nos marcharíamos a nuestras casas con nuestras respectivas armas.

         4) En caso de que no fuera aceptado, ninguno de los puntos mencionados, se entregaría como holocausto los Doctores Fernando Agüero, Pedro Joaquín Chamorro y Luis Pasos Argüello, a condición de que el resto de los sitiados en el Gran Hotel, fueran puestos en libertad.

         El Coronel Francisco de la Embajada Americana y su comitiva, se marcharon y al rato se le disparó una pistola en una forma involuntaria a uno de los refugiados en el segundo piso del hotel, motivo por el cual la Guardia Nacional abrió fuego nutrido en contra del hotel, entablándose nuevamente otra refriega, entre las fuerzas del Gobierno y los opositores. Después de varios minutos de fuego intermitente se debía a un lamentablemente accidente y no a un hecho voluntario.

         Mientras, aún daba explicaciones a través del megáfono, se oyó un nuevo disparo que aparentemente provenía de un rifle de unos de los ocupantes de una de las habitaciones, iniciando éste disparo una nueva refriega. Después de proteger mi persona, me dirigí a la habitación en la que se encontraban entre otros los Doctores Eduardo Rivas Gasteazoro y Francisco Frixione, quienes impávidamente contemplaban un individuo que en una forma voluntaria había hecho disparar el garand que portaba, dando ocasión a la última refriega que aún continuaba; viendo la pasividad de los que allí se encontraban, me vi obligado a increpar al autor del disparo, para que me entregara su arma, pero habiéndose éste negado, me fue necesario hacer uso del arma que yo portaba para poder despojarlo de su fusil.

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- V –

         Después de lo narrado anteriormente, volvió la tranquilidad con un nuevo cese al fuego y ratos más tarde llegaron al hotel nuevamente el Coronel Francisco y los otros dos funcionarios norteamericanos, quienes traían una propuesta de armisticio de parte del Presidente de la República, y la cual consistía en la garantía de la vida y la libertad de todos los refugiados del Gran Hotel, a cambio de la entrega de la armas que poseíamos y la promesa de dirigirnos en forma pacífica a nuestros hogares.

         Después de haber sido discutida la propuesta del Presidente de la República, se acordó aceptarla y se comisionó a los señores Uriel Argüello Pasos y el Nene Chamorro, para que se encargaran de hacer los arreglos necesarios con los empresarios de autobuses locales, para que transportaran a los refugiados del Gran Hotel hasta el lugar del cual provenían.     

         Después de haber llegado el armisticio, varios de los presentes, nos dirigimos a la planta baja del hotel, para comunicar al resto de los ocupantes las bases del arreglo satisfactorio a que se había llegado, pero debido al nerviosismo y la gran cantidad de personas, se llegaron hacer malas interpretaciones, a tal extremo que algunos llegaron a creer que entre las bases del armisticio, estaba la condición de que el Doctor Fernando Agüero, se entregara como prisionero a las fuerzas del gobierno.

         Muchos se opusieron a esta falsa interpretación, alegando como razón principal su solidaridad con el Doctor Agüero, mientras otras consideraban que ésta era una jugada política del Doctor Agüero, para garantizar su integridad personal. Después de acaloradas discusiones y reiteradas explicaciones, logramos los voceros de la dirigencia opositora convencer a la mayoría de los concurrentes teniendo en muchos casos que apelar a nuestras armas para lograr el desarme de los más intransigentes que no querían aceptar las bases del armisticio.

         Aproximadamente a las cuatro de la tarde del día 23 de Enero, se hicieron presentes el Doctor Hernán Arosteguí, algunos camarógrafos, periodistas nacionales y extranjeros, los cuales habían viajado especialmente desde los Estados Unidos, para hacer un reportaje de la situación, entrevistando en esa forma a los Doctores Fernando Agüero, Pedro Joaquín Chamorro, en medio de la multitud de los cuales procedían.

         Los más connotados dirigentes fueron transportados a sus hogares a bordo de vehículos propiedad del gobierno americano, en los cuales ondeaban pequeñas banderas de los Estados Unidos.

         Al comenzar el obscurecer de la tarde, el señor Chico Reyes y el suscrito, abandonamos el refugio, después de haber constatado que éramos los últimos.

         Para poner término a la narración de los hechos, en que participé, así como de los que pude apreciar, quiero hacer público reconocimiento a los ciudadanos de que en una forma decisiva contribuyeron con su actitud valerosa y serena a mantener el orden, la moral y el espíritu de lucha entre los ocupantes del Gran Hotel, el 22 de Enero y quienes propiciaron e hicieron posible que la alta dirigencia opositora encabezada por el Doctor Agüero lograr llegar a un armisticio digno en circunstancias adversas.

         Entre las personas a las cuales hago este público reconocimiento a su valor y serenidad como me es posible recordar los nombres de Francisco (Chico) Reyes, Medardo Martínez, Luis Venerio Plazaola, Rubén Castro, Luciano Cuadra, hermanos Estrada Vélez, René Saldaña, y otros a los cuales por razones del tiempo me es imposible recordar de sus nombres, pero que siempre recordaré su valiente actitud y elevado valor cívico.

JACINTO VÉLEZ BÁRCENAS

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