martes, 30 de septiembre de 2014

LA CIUDAD DE ESTELÍ, DESDE 1823 HASTA 1976. Por: Dr. José Simón Delgado. En: La Nación, 18 de Diciembre de 1976.


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Realizar un somero estudio del desarrollo de la ciudad de Estelí, por incompleto y a la ligera que se haga, impresiona profundamente al observador común, pero debe asombrar muchas al sociólogo, al verdadero especialista en las cuestiones demográficas y urbanísticas que, sin lugar a dudas, hallan en los ciento cincuenta y tres años de vida de la ciudad que transcurren del 12 de marzo de 1823, al 12 de marzo de 1976, un extraordinario crecimiento de un conglomerado humano, que partiendo de la humilde actuación edilicia de don Benito Valdivia, todavía encontrándose en asiento de Villa Vieja, pasa por las irrevocables decisiones del señor Alcalde de Vara don Joaquín Reyes, hasta llegar a consolidarse y encontrar la estabilidad en el nuevo asentamiento del Valle de Mochiguiste, en que es escogido por elección popular como su primer alcalde don Leandro Lanuza. Y es desde ese preciso instante, desde ese hecho cívico sencillo, que da comienzo, lo que parodiando a otros, podemos llamar sin rubor: El Milagro Esteliano.

Recurriendo a la historia, que registra el desarrollo de todos los pueblos, hago un breve recuento de los hechos más notables y de algunos hombres que marcaron su paso por Estelí, como hijos adoptivos o autóctonos que supieron servirla y honrarla, desde los lejanos días del minúsculo poblado de San Antonio de Pavia de Estelí, hasta los días presentes, rememorando personajes progresistas y admirados en la conciencia de su pueblo como el alcalde don Magdaleno Aráuz, hasta llegar a la ambiciosa gestión del alcalde actual don Francisco Moreno Torres y a nuestra señorial ciudad convertida en “Diamante de Las Segovias”.

Hurgando el archivo histórico de la ciudad de Estelí, nos encontramos con unos cuantos apellidos de familias que existieron, desde los momentos mismos del traslado de la ciudad de Villa Vieja, a su asiento actual, y que posteriormente sirvieron de fundamento, para la organización de los hogares que dieron basamento al pujante conglomerado que conforma hoy la ciudad de Estelí. Entre otros de esos apellidos tenemos: Valdivia, López, Reyes, Lanuza, Castillo, Aráuz, Molina, Briones, Moreno, etc.

De los acontecimientos sobresalientes que legara el crecimiento de la que fuera villa aldeana, uno de los más importantes fue la creación del Departamento de Estelí en el mes de diciembre de 1891, siendo Presidente de la República el Dr. Roberto Sacasa. Es entonces que tiene nacimiento una nueva cabecera departamental y esto permite el nombramiento de autoridades en todos los ramos de la administración pública; la Jefatura Política, recayó como un reconocimiento justo, en el gran gestor de la erección don Isidro Hidalgo, siendo el primero en desempeñar tan elevado cargo, hasta noviembre de 1897, fecha en que el gobierno del General José Santos Zelaya, borró de una plumada el incipiente departamento, para volverlo a restablecer en 1900, ocupando entonces la Jefatura Política don Julián Torres González.

Desde aquella fecha hasta el presente en que desempeña esas funciones don Doroteo Rodríguez Castillo, han desfilado 52 ciudadanos frente a ese cargo.

Creo oportuno dedicar un párrafo especial a la memoria imborrable del Dr. Adolfo Altamirano Castillo, hijo dilecto de la ciudad, el más esclarecido talento político, y quien gracias a su brillante personalidad, inteligencia y atinadas gestiones, logró la férrea y absolutista voluntad de Gral. Zelaya, el restablecimiento del Departamento de Estelí, labor en la que también cooperaron eficazmente con el Dr. Altamirano Castillo, los doctores Samuel Meza y Eleuterio Hidalgo Reyes, quienes merecen la gratitud y el aplauso de la ciudadanía de Estelí.

Es desde esos años de la creación del departamento, que ésta región tuvo sus propios representantes en la Cámara Legislativa, siendo los primeros diputados al Congreso Nacional, los doctores Rafael Zapata Morazán y Eleuterio Hidalgo. Al rodar del tiempo, otros distinguidos estelianos han sido distinguidos con tan elevada designación, destacándose entre ellos: don José Floripe Valdivia, don Adolfo Urrutia, Federico Torres Molina, Sebastián Pinell Vílchez, José María Briones Pineda, René Molina Valenzuela y don Gustavo Altamirano Lanuza; los dos últimos pertenecen a las promociones recientes.

En la administración Pública han figurado con prominencia dentro del mecanismo estatal, los siguientes: además del referido Dr. Adolfo Altamirano Castillo, está el Dr. Doroteo Castillo Rodríguez, quien desempeñara por varios años cargos consulares en Alemania y España. Fue también ministro de Salud Pública y su nombre figuró como posible Vicepresidente de la República, con el respaldo de una de las tendencias políticas del país. Aquí vale referirse al reconocido Patriarca don Paulino Castellón, de relevante y larga trayectoria en nuestras luchas partidistas, quien ocupara por corto tiempo un asiento en el Congreso Nacional y se le escogió como candidato a la Vicepresidencia en la fórmula electoral del Dr. Leonardo Argüello, en uno de sus constantes intentos por alcanzar el poder.

Continuando con la lista de hijos de la ciudad de Estelí que han escalado posiciones meritorias, están: el Dr. José María Castillo Quant, que realizó labor como diplomático destacado en Washington, ocupó la Presidencia del Banco Nacional y el cargo de Ministro de Agricultura y Ganadería durante varios años; Dr. José Ángel Rodríguez, Magistrado en la Corte de Apelaciones de Matagalpa; Dr. Roberto Castillo Quant, Viceministro de Salud Pública; Dr. Ricardo Hidalgo Jaen, Jefe del Departamento Jurídico del Instituto Agrario Nacional; profesor Andrés Ruiz Palacios, ex Director de las Normales de Jinotepe y Estelí, logró escalar el elevado cargo de Viceministro de Educación Pública: Mención especial merece el Dr. Félix Pérez Valdivia, hijo de Estelí, quien fuera el primer Presidente de la Corte de Apelaciones de Estelí, creada el 3 de enero de 1975, acontecimiento trascendental en el desarrollo y desenvolvimiento del Departamento que pasara desapercibido para la mayoría de los habitantes.

De los profesionales de la medicina desaparecidos años atrás y dignos de mencionarse porque legaron su fama y sus relevantes ejecutorias están: Abel Meza, Rafael Altamirano y Rafael Torres.

El hospital fue fundado en 1912 e intervinieron en esta loable tarea el padre Eusebio Ramón Zelaya, las señoritas Mercedes y Teresita Amador, doña Fidelina hoy viuda de Barreto y don Federico Briones. El Dr. Simón Barreto, médico y poeta, fue el primer Director del Hospital y lo manejó con sacrificio y apasionadas entrega, hasta su muerte en 1942. Otro buen colaborador del hospital fue el Dr. Miguel Cifuentes Aguilera, de grata memoria. El segundo director que tuvo ese centro asistencial fue el Dr. Fermín Meneses y en la época contemporánea, el Hospital San Juan de Dios, remozado y dotado de amplio edificio, de más de cien camas, implementos de trabajo, Rayos X, etc., son varios los médicos que lo han mejorado impulsando su progreso.

Por el año 1910, don J. Rigoberto Reyes, don Juan José Matus y el Dr. Alejandro Briones Briones, trajeron a Estelí la primera imprenta, fundaron el periódico semanario “El Temporal” que dirigió el Dr. Briones hasta su suspensión por una drástica orden superior.

Después de este primer ensayo periodístico, se han instalado varias imprentas: “Letras” de don José Floripe Valdivia, el “Tisey” de don Manuel Sánchez Díaz, Imprenta “Géminis” de don Luis Rodríguez, imprenta del Padre Francisco Luis Espinoza, Imprenta “Estelí” de don Arístide Somarriba, etc.

En lo que respecta a otras publicaciones están: “El Eco de Estelí, dirigido por el padre Guevara Blanco; “Norte” de don José Enrique Floripe Fajardo; “Revista”, del Hospital San Juan de Dios bajo la responsabilidad del Dr. José María Briones Úbeda y “Piedras y  Estrellas” de los jóvenes valores intelectuales Bernardino Rodríguez y el Lic. Jaime Zamora Espinal.

En la historia de la Cultura de Estelí, desde tiempos lejanos han descollado por su ingenio, unos cuantos inquietos en rendir culto a las musas y exteriorizar en prosas sus sentimientos; lo lamentable es que muy poco se conoce de sus trabajos intelectuales y que en el bello campo de las letras casi no se posee nada de ellos; en parte a eso se debe que sea reducido el número de valores reconocidos y apreciados por los estudiosos. Sin embargo, se han logrado salvar del olvido varios nombres que destacaron, como el Dr. Samuel Meza, el más célebre de todos, que escribió poseía muy reconocida en su tiempo y dejó en prosas quizás lo mejor de su obra en forma de comentarios jurídicos. También se recuerdan a los Teófilo y Ramón Irineo Rodríguez, talentos esclarecidos y ágiles de mente picaresca  y oportuna.

En los ejercicios de las artes y el cultivo de las letras en general, las promociones modernas son más proliferas, más creadoras y diversificadas en la práctica de la belleza y las distintas expresiones de la inteligencia, como vehículo de la Cultura. En este grupo destacan José Enrique Floripe Fajardo, poeta y compositor; José Leonel Rugama, inspirado bardo rebelde muerto en temprana edad; Graciela González, novelista; Elba Sandoval, autora de  numerosas obras; Alcides Meza Molina, poeta; Bernardino Rodríguez, poeta y periodista radial; Edwin Illescas Salinas, poeta y escritor; Lygia Guillén, poetisa, Adriana Guillén o Carla Rodríguez, su nombre literario; Alejandro Floripe, guitarrista; Bayardo Gámez, pintor; Donaldo Altamirano, pintor y poeta; Celso Asensio, poeta y  pintor; William Montealto, poeta, pintor y ensayista, etc., y muchos otros.

CALLE DE LA CIUDAD DE ESTELÍ, 18 DICIEMBRE DE 1976

Al referirnos concretamente al capítulo de la enseñanza, que es la fuente matriz de la cultura en general, y volviendo los ojos al pasado, está un noble maestro llegado a esta ciudad a mediados del siglo pasado, don José Amador, que después de una larga labor docente, sabia y generosa, murió heredando a sus hijas Mercedes y Teresita Amador, la meritísima vocación magisterial en la que destacaron admirablemente, en particular Teresita Amador que alcanzó a vivir ciento dos años, despejada de inteligencia  y siempre con su noble corazón al servicio de la comunidad.  En este campo también tenemos a Pastorcita Moncada y su fecundo Jardín Infantil por donde pasaron tantas y tantas generaciones de los que fueron niños y hoy son hombres ilustres de Estelí.

Doña Soledad Jaen de Hidalgo, ingresada a Estelí en 1917, fue maestra multifacética y su hogar se convirtió en una escuela de las Artes en donde se aprendía pintura, escultura, modelación, etc.; en su variada y sorprendente labor, dejó una colección de maniquíes trabajados en barro, con los que impartía lecciones de anatomía. También merecen mención doña María Llanes de López y doña Berta Briones, abnegadas y ejemplares educadoras.

En 1906, ingresó a Estelí procedente de Guatemala, contratado por el gobierno del Gral. Zelaya, el eminente pedagogo don Adrián Ruiz Durán, fundador de la primera Escuela de Varones, en esa misma época arribó a estos lares la señorita Emilia Prado, que dirigió la primera Escuela de Niñas con notable éxito. El ilustre maestro salvadoreño educado en París, profesor Delfino Barrientos, fue el fundador del primer Instituto que tuvo Estelí desde el año 1913; con él colaboró el también insigne salvadoreño profesor Lázaro Vanegas.

Agregamos a esta interminable lista de educadores de Estelí al profesor Tadeo Sánchez del Rosal, excelente y probo maestro guatemalteco, fundador de la primera Escuela Graduada que hubo en la ciudad.


Muchos años después, quizás por 1930, el destacado educador don Luis Agurto abrió un Instituto de Segunda Enseñanza que fue de vida efímera.

Y en el presente, en el hoy que vivimos preñado tal vez de angustias o de esperanzas, Estelí, la admiración de los entendidos en la educación y la escolaridad, por sus buenos y numerosos centros de enseñanza, y porque más del cincuenta por ciento de su población total urbana estudia alguna de las disciplinas que se imparten en la ciudad, enumeremos los principales de esos excelentes centros de estudios: “La Escuela Graduada Sotero Rodríguez”, que lleva el nombre de uno de los maestros más insignes de Estelí; la Escuela Rubén Darío; la Escuela de Aplicación René Schick G.; Anexa a La Normal de Estelí; la Escuela Berta Briones, que también como acto de reconocimiento justiciero, desde en vida de la educadora, lleva su prestigioso nombre.

El Instituto Nacional Sebastián Pinell Vílchez, que tuvo como primer director al Padre Francisco Luis Espinosa; la Escuela Normal de Estelí, de fecunda labor en la formación del Magisterio Nacional, fue fundada por decreto gubernamental el 26 de octubre de 1955 y su primer director fue el Lic. Raúl Quintanilla, hoy está bajo la capaz y  entusiasta tutela del Lic. Fernando García.

El prestigiado y bien acreditado Colegio de Nuestra Señora del Rosario dirigido por las Monjas de los Sagrados Corazones; el Instituto San Francisco, fundado por Monseñor Emilio Santiago Chavarría, regentado por los hermanos Maristas. El Instituto Río Piedra, antes Dr. Samuel Meza, fundado y dirigido por el Br. Óscar Corea Molina. Existen muchos otros centros en donde se enseña Comercio, Secretariado, etc.

Merece mención destacada  la fundación de la Extensión Cultural Universitaria de la U.C.A., creada en 1969. Abrió sus clases el 4 de junio del año referido y tocó a su notable y eminente director Eugenio Pallais, dictar la lección inaugural. Este memorable hechos cultural llevó en esos sublimes instantes las inspiraciones intelectuales y científicas de Estelí, a la cumbre de sus anhelos, al pináculo de sus sueños en los campos del intelecto, al más elevado peldaño de la Enseñanza superior: La Universidad.

La ciudad de Estelí tuvo Registro de las Personas desde mediado del Siglo XIX., estas funciones estuvieron a cargo del sacerdote que servía como Cura Párroco en la Iglesia Católica de la localidad; y a para los gobiernos de los treinta años, se dictaron disposiciones que trataron de convertir en servicios civiles o laicos estas tareas, que fueron completamente separadas durante la administración del Gral. Zelaya.

El Registro de la Propiedad, así como los Juzgados de Distrito y de los Criminal, existen desde los tiempos del Dr. Roberto Sacasa, con las mismas vicisitudes que sufrió la supresión del departamento y  posteriormente su definitiva restauración en 1900.

Es importante anotar también que en Estelí hubo designado sacerdote en funciones, desde los inicios del traslado de la ciudad  y algunos de ellos son recordados por sus particulares actuaciones: por ejemplo, el Padre Francisco Reyes por haber centrado su empeño en la terminación del primer Templo Parroquial; el Presbítero Timoteo Lacayo, por su constante actividad y frecuentes conflictos que lo enfermaron hasta llevarlo a la demencia; el Padre J. Francisco Fernández, el Padre Eusebio Ramón Zelaya, el Padre Luis Enrique Mejía y Fajardo, que impulsó el embellecimiento de la entonces Parroquia de Estelí; el Padre Filemón Herrera, realizó bastante la obra de construcción, fue la voluntad y el brazo enérgico que logró con tenacidad la terminación de la Catedral. Después vino la creación de la Diócesis de Estelí, siendo el Primer Obispo Monseñor Clemente Carranza y López, electo el 10 de enero de 1963, habiendo tomando posesión del obispado el 30 de marzo del mismo año.

El primer centro social recreativo abrió sus puertas en esta ciudad en la década de 1930 y se le denominó Club Social de Estelí; años más tarde se fundó un segundo centro social conocido con el nombre de Club de Obreros de Estelí; ambos funcionan activamente y constituyen el foco de la vida social de la ciudad.

Estelí ha tenido dos mercados públicos: el primero se construyó allá por 1942, pero jamás fue puesto en uso para sus verdaderos fines; el segundo, que es el que se encuentra en servicio, es bastante pequeño para la pujanza comercial de la ciudad y por lo tanto, está demandado una ampliación pronta y acorde con las necesidades reales de Estelí.

En relación a las instituciones bancarias, el primero en abrir sus operaciones fue el Banco Nacional, en el año de 1940 estableció una modesta agencia, siendo el primer jefe de sus oficinas don Aniceto Rodríguez.

Después siguieron el Banco Nicaragüense y el Banco de América; todos estos organismos cuentan con excelentes instalaciones, lujosas oficinas, personal bien preparado y con un movimiento financiero diario en sus operaciones que, habla por sí solo de la prosperidad económica de Estelí. Otras instituciones en los últimos años han establecido sucursales como: La Inmobiliaria, La Financiera, El Infonac, La Occidental de Seguro, etc.

La primera sala de cine de carácter estable la abrió don Tomás Castillo el 16 de julio de 1928 y se llamó Cine-Fox-Metro. Siguió en la empresa de cines don Hilario Montenegro, que inauguró en 1929, su conocido Teatro Montenegro. Ahora existen otras dos salas de cine: el Teatro Estelí y el Nancy de reciente creación.

El primer automóvil que hubo en la ciudad, lo introdujo don Juan Bruno Molina en 1915. Pero fue don Humberto Torres Molina el primero en establecer  un servicio interlocal de carro, como a finales de 1932. Don Humberto también tiene en su haber el mérito honroso de haber sido el primer esteliano en dirigir un diario en la ciudad capital: “La Noticia”, que fuera de don Ramón Avilés.

El primer taxi lo hizo circular don Eduardo Matus hace quince años; en la actualidad recorren las calles aproximadamente unos cincuenta y dos taxis que con el ir y venir constante, el sonar de sus bocinas y frenazos, han cambiado la fisonomía antes quieta de la ciudad.

El primer hotel que tuvo Estelí fue fundado por doña Juanita Torres Molina; en sociedad con su señora madre y hermanas; se llamó “Alpino” y abrió  sus puertas el 3 de mayo de 1926. Poco después se fundó el Hotel Castillo de doña Pina Castillo e hijas; éste ya pasó a la historia después de cumplir su acogedora misión. Hoy existen otros buenos hoteles como: El Motel Estelí, El Chico, El Europa, El Drive Internacional, etc. Y como toda ciudad que crece y se moderniza, Estelí cuenta con un número apreciable de restaurantes, centros elegantes de esparcimiento, salones de billares y lugares de diversión y recreo.

En cuanto a la actividad deportiva, que le ha venido a dar nombría a la ciudad, tenemos el Fut-Bol (sic) que se juega desde hace treinta años, y a ratos se logra integrar un buen onceno que hace vibrar de emoción a los fanáticos. El beisbol esteliano ha cobrado fama y su equipo representativo figura entre los mejores del campeonato nacional. También, se juega basquetbol, ping pong, etc., y en los colegios el atletismo figura como ejercicio permanente para forjar un cuerpo sano y ágil.

En relación a las bibliotecas, todavía Estelí se encuentra con el resto de ciudades del país, careciendo de estos importantes y necesarios centros, hay una pequeña Biblioteca Municipal que lleva el nombre del Dr. Samuel Meza, y la dirige el profesor Sotero Rodríguez. Deja mucho que desear pues la dotación de libros es muy pobre y casi no se encuentran volúmenes para consultas de los estudiantes. En los Institutos de Segunda Enseñanza hay también bibliotecas, pero se comprende que son pobres.

Estelí cuenta con una Escuela de Música que es apoyada por la Municipalidad; su labor se ha venido abriendo paso y a esta altura, el grupo juvenil alegra con sus dianas y variadas piezas, muchos actos y ceremonias.

La heroica y siempre abnegada Cruz Roja, inició sus servicios en 1946 y fue su Primer Presidente el Dr. Ricardo Sotomayor.


El Benemérito Cuerpo de Bomberos suscribió su Acta de fundación el 11 de noviembre de 1963 y fu su primer presidente de la Directiva y Comandante el Dr. Manuel Munguía Robelo.

A corta distancia de Estelí, está la Escuela de Agricultura, fundada y dirigida por el Padre Francisco Luis Espinoza; su alumnado es intercentroamericano prevaleciendo en sus aulas gran cantidad de salvadoreños, guatemaltecos, hondureños y por supuesto nicaragüenses.

Los servicios eléctricos de Estelí se remontan al año de 1914, en que don Paulino Castellón organizó la primera empresa. Aquel era un servicio irregular y casi simbólico; hoy el alumbrado ha mejorado mucho y es propiedad de ENALUF.

La creación de la Unidad Sanitaria data de la década de 1920, en los tiempos de las llamadas Uncinariasis que hicieron célebre al médico norteamericano Dr. Daniel Molly y que los niños de la época, temían tanto.

La ciudad de Estelí dio su gran salto civilizador con el uso del agua potable, desde 1956, siendo alcalde municipal don José Dolores Rayo; este servicio fue fundado por el Servicio Cooperativo Interamericano de la Salud, el gobierno de la república y el pueblo de Estelí, que aportaron fondos en partes proporcionales.

Los primeros drenajes de aguas negras, alcantarillados y asfaltado de varias cuadras, realizaron  por vez primera siendo alcalde don Salomón Gómez Palma, también durante su gestión municipal se comenzó a construir el llamado boulevar El Habra.

Traslademos la memoria hacia el pasado y recordemos al Estelí de los días de la construcción de la carretera panamericana, allá por 1941, con Pearl Harbor arrasado y la Guerra Mundial destruyendo el mundo civilizado; entonces, esta ciudad era tan pequeña, que solo se podía decir que tenía una avenida: la Bolívar, inaugurada en 1912, la otra era una media avenida llamada entonces Comercio y que hoy luce hermosa y como propia de una ciudad moderna. En aquellos días solamente se arrojaba la cifra de 4,500 habitantes; hoy, la urbanización se ha extendido por todo el Valle de Mochiguiste y presenta nuevos y populosos barrios como El Funde, San Antonio, La Aldea S.O.S., Bella Vista, El Habra, etc., y se estima en treinta mil el número de sus habitantes.

En cuanto a sus construcciones, sus edificios, eso ha cambiado mucho y todo hace pensar que seguirá superando notablemente; impresiona ver construcciones de variados estilos, elegantes, de líneas severas, de arquitectura refinada y presuntuosa.

Para terminar, agreguemos algo más en cuanto a servicios: existen oficinas de correos, telégrafos y teléfonos desde el siglo pasado, pero se ha venido mejorando sensiblemente y se espera que en breve plazo, progresen más haciendo una realidad los teléfonos automáticos.

Otro dato interesante es que la ciudad tiene dos radioemisoras: Ondas Segovianas, de don Ramón Barrantes, lanzada al aire desde el 20 de febrero de 1957 y la “Radio Latina” de don Rosalío Rodríguez. Ambas prestan magníficos y oportunos servicios sociales a la comunidad y fomentan las expansiones culturales de toda la región norteña.

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ESTELÍ UN PUERTO MEDITERRÁNEO

Así como León, Granada, Matagalpa y otras ciudades del país han sido musas de poetas, músicos e intelectuales, Estelí, una ciudad relativamente nueva, también es inspiración de los genios de las letras.

Estelí, la Exteli Chorotega, ha sido llamada por poetas y viajeros “Diamante Segoviana”, “Futura Capital de Centroamérica”, “Reina del Norte”, “Jardín de la Segovia”.

Con lo anterior, nos podemos dar una idea de lo que es, o puede ser Estelí y de su importancia como centro principal del norte del país.

Antiguamente, Estelí estuvo ubicada en el riachuelo de Ahuehuespala, ahora conocido como Ciudad Vieja, hasta el año 1823, año en que se trasladó al Valle de Michigüiste, lugar de su asiento actual, siendo en ese tiempo Alcalde de Vara Joaquín Reyes, correspondiéndole la estabilidad de la ciudad en su nuevo asentamiento a Leandro Lanuza, primer alcalde de la nueva ciudad.

En 1891, el 8 de diciembre por decreto ejecutivo, se crea el Departamento de Estelí, separándolo política y administrativamente del departamento de Jinotega y teniendo como Cabecera Departamental a la ciudad de Estelí.

La ciudad de Estelí está ubicada a 847 metros sobre el nivel del mar y a una distancia de 147 kilómetros de Managua, 120 kilómetros de Léon, 190 de Corinto, principal puerto marítimo del país, y a 89 Kms., de El Espino.

La temperatura de Estelí promedia en los 25 grados, bajando considerablemente en los meses de noviembre, diciembre y enero.
La ciudad de Estelí, que en los últimos diez años ha tenido un progreso asombroso, no es netamente industrial, ganadera ni cafetalera, como otras ciudades del norte. Más bien es una ciudad que surge y vive de la ventaja geográfica que la ubica a la orilla de la Carretera Panamericana, convirtiéndose en una ciudad puerto-terrestre.

Del dinero que la alcaldía recoge a través de los impuestos, una buena cantidad se destinan al sector fomento, encunetado, adoquinamiento, limpieza y ornato de la ciudad, apertura de nuevas calles, encauzamiento y limpieza del río Estelí para recuperarlo y sacarle provecho.

En el alumbrado público, la alcaldía de Estelí también invierte una buena cantidad de dinero ya que está llevando a todos los costados de la ciudad el alumbrado de mercurio.

Hay que señalar que hasta hace unos cinco años, la planta eléctrica era particular, la cual fue adquirida por ENALUF, quien trajo a Estelí la luz eléctrica proveniente de la presa Santa Bárbara y ha instalado una subestación de la red de electrificación general.

Cabe mencionar que la alcaldía de Estelí, sino es la única, es una de las pocas del país que ha creado una oficina de urbanismo. A ésta oficina están matriculados todos los constructores de la ciudad y tienen como fin coordinar y ordenar el ramo de la construcción.

Actualmente la oficina de urbanismo está estudiando el problema de las aguas negras que se desalojan por el río. Existe el proyecto de construir en un futuro no lejano lagunas de oxidación.

Otro proyecto que tienen en mente es la construcción de otro parque llamado “Lomas del Lago” que estaría ubicado al noroeste de la ciudad en el barrio del mismo nombre.

Muy importante destacar son la construcción del edificio distribuidor de la Casa Toyota con un costo de seiscientos mil córdobas, la construcción del edificio de la Casa Pellas con un costo de ochocientos mil córdobas y la próxima construcción de los edificios de la “Nicaragua Cigar” con un costo de tres millones de córdobas.


domingo, 28 de septiembre de 2014

Recuerdos de ayer…

PRIMER DIPLOMÁTICO  CHINO EN MANAGUA. Por: Juan García Castillo. En: El Centroamericano, 15 de febrero de 1968.


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Hablé en mi crónica de ayer de los diplomáticos que había tratado durante mi larga trayectoria de reportero en la capital y hoy voy a referirme a un diplomático chino, el primero, que llegó hace algunos años a Nicaragua.

Tan Piu Shum, era el nombre del representante de la República de China y desde el primer momento tuvo contacto con los periodistas ante quienes se mostró atento, amable y campechano.

Despertó simpatía entre nosotros, los buscadores de noticias,  y diariamente teníamos para él en los diarios en que trabajábamos una reseña de sus actividades.

La colonia china lo acogió, desde luego, con marcada simpatía. Era la primera vez que llegaba al país un representante diplomático y  en los círculos del gobierno se notó la marcada simpatía con que se le veía.

Era poeta Tan Piu Shum, un verdadero intelectual y por ello desde el primer momento buscó los círculos periodísticos para amistarse con sus componentes.

Casi más de un mes estuvo en Managua Tan Piu Shun y de pronto sin avisar su partida salió del país, sin despedirse de nosotros, aunque indudablemente participó su viaje al Gobierno.

Hoy escribiendo estos recuerdos de ayer, ha surgido la figura del primer diplomático chino, de quien nosotros jamás supimos de su trayectoria en su vida o si habrá muerto. Parece indudable que el caballero chino andaba en una misión confidencial, entre los compatriotas de las Repúblicas que visitó. Si vive o ha muerto, nosotros consagramos una remembranza al primer diplomático e intelectual chino que conocimos.

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Nota del Editor del Blogspot: 

El nombre del diplomático asiático, Tan Piu Shun, aparece consignado en un artículo de Rafael Heliodoro Valle (El Quijote en América; página digital: Centro Virtual Cervantes.). Según Rafael Heliodoro, este diplomático fue el primero  que tradujo El Quijote al idioma chino; obra que nunca fue publicada. "El original se perdió a la muerte de su traductor, quien estuvo en Méjico y Centro América en 1910". Consúltese en Internet el artículo: El ingenioso hidalgo en México, Revista Cervantes. Habana, febrero de 1939, Año XIV, No. 2. 
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domingo, 21 de septiembre de 2014

EMPEZAR YA CANAL POR NICARAGUA SE RECOMENDÓ EN 1958


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Desde mayo de 1957 estudios completos sobre un posible canal por Nicaragua han sido completados y realizados a fondo, comprobó La Prensa.

La revista “Marine Engineering Log”, especializada en navegación publicó en esa época una recopilación de todas las posibilidades que existen para que un canal sea construido por Nicaragua.

La revista empieza por recordar que el Canal de Panamá, abierto a la navegación en 1914, costó 700 millones de dólares una suma considerada enorme en aquella época y que el gobierno americano calculó que en 10 o 15 años más dicho canal sería insuficiente para la navegación.

Por eso se hicieron estudios sobre las posibilidades del Canal por Nicaragua.

¿A NIVEL POR NICARAGUA?

Más tarde, después de considerar todo lo concerniente a la construcción de un nuevo canal a nivel por Panamá, la revista se refirió concretamente a las posibilidades de construir un canal a nivel por Nicaragua.

Se dijo entonces que el comité investigador consideró que Nicaragua presentaba mayores ventajas que la ruta del río Atrato señalada por Colombia.

Calcularon que el canal por Nicaragua beneficiaría a un 62 por ciento del tráfico actual por el canal de Panamá, salvando 400 millas de navegación.

LA ECONOMÍA

Calcularon también que con el canal de Nicaragua se salvarían anualmente 9.23 billones de toneladas-millas anualmente. Si el canal por Nicaragua fuera construido –dijo el informe— para trabajarlo en forma alternada con el Panamá, el ahorro sería de 15,75 billones de toneladas millas al año.

Agregaba el informe que un canal a nivel por Nicaragua representaría un ahorro anual de 940 millones de dólares en gastos de transporte. Si se usaran alternadamente los canales de Nicaragua y Panamá, agregó el informe, el ahorro subiría a 1.562 millones de dólares.

El informe descarta los informes en contra de algún drenaje que habría que hacer en el Lago de Nicaragua sería altamente costoso. Alega otras razones en favor que hay que tomar en cuenta. (Hay que recordar que este informe, emitido en 1957 y después ampliado en 1958, se hizo cuando no se consideraba las explosiones nucleares como un posible medio de apertura de rutas). El informe, debido a esto, hace un cálculo sobre el costo de remoción de materiales por yarda cúbica.

BUEN LUGAR EN COLOMBIA

Más adelante se recuerda que el hecho de que en la ruta de Atrato (Colombia) hay regiones poco habitadas, da lugar a que sea allí más fácilmente el uso de explosiones nucleares.

En resumen el informe dice que no sólo es un hecho que la zona fronteriza entre Costa Rica y Nicaragua ofrece la mejor zona posible para la construcción del nuevo canal, “sino que esta construcción debe ser iniciada inmediatamente”.

LA LÍNEA

El informe dice que el canal podría pasar por una línea de este a oeste en la latitud de 11 grados—03 Norte. La línea empieza cerca de la Bahía de Salinas en la frontera tico-nica y sale 10 millas al noreste de San Juan del Norte, en el Caribe.

Un canal así,  –dice el informe— no haría indispensable el drenaje del canal. Para dar mejor oportunidad de escogencia, dice, se daría a los expertos a escoger una línea que no excediera 5 minutos de esa latitud y en una línea que no pasara por puntos más altos de 800 pies sobre el nivel del mar.

El artículo termina diciendo que existe todo el equipo disponible y que el gobierno de Estados Unidos podría proveer, el equipo nuclear especial, si se usara este equipo. Inversionistas privados, agrega, podrían aportar el capital para la construcción.

Garantizaron que los comunistas y otros elementos afines desatarían una tremenda campaña contra el uso de materiales nucleares en esa zona.


En consecuencia –termina diciendo— estamos convencidos de que si el canal por Nicaragua se va a hacer en la década de 1960, se tendrá que hacer con métodos no convencionales y no con artefactos nucleares. 

viernes, 19 de septiembre de 2014

EL CRIMEN DE "LA PELONA" (1828) - ASQUEANTE Y VERGONZOSA HISTORIA DE NUESTROS "GOBERNANTES".

INTRODUCCIÓN


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El 22 de abril de 1825 (tres años después de la muerte de Vado) tomó posesión de la Jefatura del Estado, don Manuel Antonio de la Cerda. Se retiró más tarde, y entró en ejercicio el Vicejefe don Juan Argüello.

En seguida –aquí en Managua— tomó posesión del mando supremo don Manuel Antonio; y, requirió a Argüello, para que le prestase obediencia. Argüello –socarronamente— le contestó que llegaría a León a recibir las riendas del Estado.

El país se dividió en dos bandos. Argüello dominaba León, Granada y Chontales. Y Cerda, Managua, Rivas y Jinotepe.


No nos vamos a detener en la narración de aquellas escenas de devastación y horror. Pero sí, diremos, con la autoridad de Levy, que nadie podía permanecer neutral en la contienda fratricida. Tenía que ser partidario de Argüello o de Cerda. Los dos ellos pensaban que el que no estaba con ellos, estaba contra ellos. Con esto, el discreto lector, podrá apreciar la situación de los nicaragüenses por aquellos años.

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EL CRIMEN DE “LA PELONA”. En: La Prensa, 13 de Octubre de 1970.

El crimen de La Pelona…

En todas las Escuelas e Institutos en el cuso de Historia de Nicaragua se les explica de una manera ligera y superficial a los alumnos (razones de tiempo y programa) los sucesos conocidos como La Pelona.

Este suceso, como otros de gran interés de nuestra historia los iremos publicando en nuestras ediciones de lunes por la tarde con fecha martes, en la segunda página de la primera sección.

Hoy comenzamos con La Pelona. El crimen cometido que ha pasado a la historia con ese nombre, es uno de los más brutales que registra la interminable guerra civil en que ha vivido el país.

El relato del suceso es extraído en la Historia de Nicaragua que escribió Jerónimo Pérez, con algunas Notas de Redacción.

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NO ES ISLA ES CERRO

Contrario a lo que mucha gente cree y afirma, el mismo Jerónimo Pérez en su relato, “La Pelona” no es una isla, sino una pequeña península rematad por un cerro. Es decir que tiene conexión con tierra firme por medio de una faja de tierra baja, la cual en algunos inviernos casi llega a inundarse, pero nunca al extremo de permitir el paso de embarcaciones entre el cerro y la tierra fi. En verano esa faja de tierra, deja para fácilmente ganados y otros semovientes.


POR QUÉ TOCARON LA PELONA

“La Pelona” queda al otro lado de Granada, rumbo noreste. ¿Por qué la embarcación con los prisioneros que iba a San Carlos tocó allí…? Es muy sencillo las embarcaciones pequeñas que cruzan el Gran Lago siempre toman como primer rumbo esa zona para acercarse a las costas de Chontales que generalmente son manas y continúan bordeándolas hasta San Miguelito primero y San Carlos después. Esta ruta es usual hoy en día.

El relato que a continuación, fue la culminación de la primera sangrienta guerra civil que tuvo Nicaragua independiente entre sus dos primeras máximas autoridades: don Manuel Antonio de la Cerda como jefe y don Juan Argüello como vicejefe.

EL RELATO DE PÉREZ

Vuelto don Juan Argüello del destierro, asumió el mando en Granada que Ordóñez le quitó en León, y era tal su ansia de combates que sólo hablaba de atacar al enemigo, por lo cual le llamaron don Juan ataque.

El gobierno de Cerda se había trasladado a Rivas, porque el vecindario de Managua no le inspiraba confianza desde el ataque frustrado el día de San Juan, pero no por eso los managuas eran enemigos de la causa conservadora, sino que querían cambiar el personal de gobierno. En Rivas sucedió lo mismo, pues los mismos partidarios y hasta sus propios parientes se le convirtieron en desafectos. A esto contribuyeron los reclutamientos, las contribuciones, y, sobre todo, la fusilación (sic) del doctor Gutiérrez y de Casanova. (Este es un hecho histórico que merece abordarse por separado).

Y a proporción que estas sembraban el descontento, Cerda desmantelaba el gobierno mandando las fuerzas del ejército, con que a las órdenes de Baltodano mandó atacar la plaza de Granada.

Esta se vio en momentos de sucumbir, en tal extremo que cualquier jefe, menos sencillo, la habría tomado. El vicejefe Argüello y sus principales amigos estuvieron con lachas preparadas en el lago para escaparse, y entonces fue cuando el Padre Estrada salvó la situación con un movimiento último y desesperado. Mientras que él cargaba de frente, una compañía con buenos oficiales, entre ellos Berroterán, salió a picar la vanguardia del cantón, y lo verificó con tal denuedo, que él ejército de Baltodano huyó precipitadamente de las cuadras próximas a la plaza, el día 30 de septiembre de 1828. La honradez y lealtad del citado Baltodano le pusieron a cubierto de sospechas de traición, pero al menos se creyó que algunos influyeron en su ánimo para que no atacase ciertos puntos y lo hiciese cuando no debía, para el triunfo definitivo del jefe Cerda. 

En el último asalto faltaron elementos, a lo cual fue debida en mucha parte la derrota. Estos elementos los había pedido el mismo Baltodano y cabalmente los encontró en camino para Granada con auxilio de tente; de suerte que si no se precipita a dar el ataque general, si triunfo había sido infalible.

Como dijimos antes, el jefe Cerda, por asegurar la toma de Granada, se quedó sin fuerzas, sólo con una guarnición cívica compuesta de jóvenes parientes y  amigos, y de unos pocos soldados que custodiaban el cuartel al mando del Capitán Isidro Pérez. Todo esto lo había hecho a pesar de los continuos amagos de asalto, en uno de los cuales don Juan Ruiz, a la cabeza de los descontentos, luchó cuerpo a cuerpo con el centinela del cuartel.

PRISIÓN Y MUERTE DE CERDA

Tal situación, empeorada por la derrota de Baltodano en Granada, no podía durar mucho tiempo. Al fin Cerda fue preso, y entregado por sus mismo deudos.

Los que tomaron el cuartel de Rivas no eran partidarios de Argüello: hicieron la revolución creyendo arreglarse con éste pero Argüello era más vivo que ellos y procuró hacerse dueño de la situación en los momentos mismos del conflicto. Valladares Román que estaba en Masatepe con la división liberal observando a Baltodano que permanecía en Jinotepe, desde la derrota de Granada, recibió orden de marchar a Rivas y lo hizo con tal actividad que llegó antes que Baltodano, que se dirigió al mismo punto con el proyecto de salvar al Jefe Cerda de la prisión en que le tenían.

Cuando Baltodano llegó cerca de Rivas y vio que Valladares le había ganado la delantera, disolvió sus tropas, y emigró para no volver más a su patria.

Argüello, no satisfecho de haber mandado a Valladares, envió también plenamente autorizado a su Ministro don Narciso Arellano, que marchó por agua con una compañía y desembarcó en San Jorge, en donde partió en el acto para Rivas.

En efecto, antes del arribo de Arellano, las coas andaban en vacilaciones: ya se formaba un consejo para juzgar a Cerda; ya se declaraba nulo; y a resolvían mandarlo a Granada; y juzgarlo de nuevo en el mismo Rivas. Después de la llegada del Ministro, cesaron las vacilaciones; un consejo ad hoc condenó ilegalmente al último suplicio al jefe de Estado, y la República tuvo la desgracia de ver morir en un cadalso, y de ser salpicada con la sangre del primero a quien como primer independiente, le había confiado sus destinos.

A su muerte se añadió el sarcasmo. La esposa de Cerda ocurrió al vicejefe Argüello pidiéndole la vida de su esposo, inmediatamente después que fue condenado, y éste accedió a la solicitud, pero detuvo al correo en Granada, y (no) lo despachó hasta una hora en le fue imposible llegar antes del término de la capilla. Así fue como, por más violento que anduvo, llegó la resolución favorable cuando la terrible sentencia había sido ejecutada.

LA VENGADORA

Como doña Damiana Palacios que se decía esposa del doctor Gutiérrez fusilado por Cerda, tomó parte muy activa en ese drama; como ella salió al encuentro de Arellano; y como la presencia de éste determinó el giro de los sucesos, el pueblo juzgó lógicamente que aquella mujer compró con su impudicia la venganza que había jurado. Así se repite hasta hoy; pero el que medianamente conozca el carácter de aquella revolución no puede creer que un amor pecaminoso haya causado eficientemente la desgracia de Cerda. Su muerte estaba resuelta en los consejos de Argüello y Arellano no hizo más que aprovechar la oportunidad que le brindaba aquella mujer frenética, que quiso tener la inicua vanidad de decir que ella, con sus favores, había colocado en el patíbulo al precitado Cerda (N. R. Esta mujer merece también reportaje aparte).

De los partidarios de Cerda, unos emigraron a Costa Rica; otros se ocultaron en el país y otros cayeron presos al lado del jefe.

Desde luego, la ciudad de Rivas (entonces villa de Nicaragua) se hizo el teatro de los acontecimientos, y el Vicejefe Argüello no tardó en trasladar allá el gobierno.

Poco después remitieron a este departamento los presos en aquellas cárceles siendo uno sólo de importancia, y era el licenciado don Juan Aguilar. Entre los demás se contaba un negro extranjero llamado Cutaní, sirviente doméstico del jefe Cerda, a quien persiguieron porque decían que maltrataba y azotaba a los que su amo mandaba poner presos. A ese Cutaní lo capturaron en un monte, lo castraron y lo redujeron a prisión.

Todos estos presos vinieron escoltados a Masaya, y era tal la inmoralidad de aquella época, que una mujer, exaltada liberal, mandó hacer alto a  la tropa, y esta se paró para que aquella dijese una arenga. En efecto, vociferó a los mencionados presos cuanto quiso, e instó al pueblo para que vengase en ellos las injurias, que decía, habían recibido los liberales de sus enemigos los serviles.

INVENCIÓN DE UN TRASTORNO PARA TRASLADAR LOS PRESOS A SAN JUAN DEL NORTE

Los presos mencionados fueron conducidos a Granada, asegurados en los calabozos del cuartel de prevención, y poco después comenzó esta farsa: El Regidor, subteniente Juan Orozco (a) Catán, fue a la cárcel donde se hallaba el Lic. Aguilar, y le manifestó que estaba fraguada una revolución, cuyos fines no eran conocidos hasta entonces; desde luego este cuento lo hizo de tal modo que impresionó al referido Aguilar, quien inmediatamente llamó al jefe político Canuto Uriza y le manifestó lo que Catán le había revelado, concluyendo con pedirle garantías para él y sus compañeros de prisión.

El jefe político en el acto, fingiendo celo, por la vida de ellos, pasó al alcalde 1º José Eusebio Urbina, la nota que dice:

“Del Jefe Político Departamental. Granada, enero 20 de 1829. Ciudadano Alcalde Constitucional. Habiendo solicitado el licenciado Juan Francisco Aguilar, que se hallaba preso en el cuartel de prevención de esta plaza, el hablar conmigo este día lo verifiqué, y se me aseguró por el citado Aguilar, que el C. Regidor Juan Orozco le había manifestado, que en ésta iba a habar una revolución, ignorándose sus fines; y que aún cuando sea con algún objeto bueno, es perjudicial y deshonroso a la tranquilidad pública y autoridades constituidas, se servirá usted, en cumplimiento de sus deberes, instruir información averiguar haciendo declarar al citado Orozco y evacuar las citas que resulten del proceso hasta ponerlo en estado de proceder contra los que resulten cómplices. D.U.L.D.U.

Ya debe suponerse que todo se hizo a medida del deseo, estampando declaraciones como se necesitaban, de que resultó averiguando según ellas, que era cierta la revolución y que en su objeto no era otro que el de asesinar a los encarcelados, en cuya virtud el mismo jefe, resolvió ponerlos a cubiertos trasladándolos en clase de detenidos a San Juan del Norte para mientras el gobierno regresaba de Rivas y disponía lo conveniente. Para verificar dicho traslado dirigió al comandante de Armas, que era Cándido Flores, el oficio siguiente, el cual dio la contestación que también insertamos.

“Del jefe político departamental. Granada enero 21 de 1829. C. Comandante de Armas. Adjunto a usted el sumario averiguativo, que a mi solicitud instruyó al alcalde 1º. De su mérito se deduce evidentemente la realidad del desorden que se intenta hacer por la mayoría de los descontentos con las providencias del Supremo Gobierno, que ha tomado conocimiento en las causas de los reos que se indican en la presente, para que en su vista se sirva con la posible brevedad, adoptar la providencia  que sea más capaz de cortar de raíz el trastorno que se asoma y cree ser la única que anunció en mi auto de esta fecha, de que me dará el recibo correspondiente. D.U.L.C.U”.

“Comandancia de Armas de Granada. C.G. Departamental. Acabo de recibir su nota fecha de ayer 21 del actual juntamente con el sumario que le acompaña, y entendido de su contenido he dado mis providencias en esta virtud, y debiendo caminar los reos por la boca del río San Juan, me preparará usted la cantidad de 13 para socorrer la escolta que deberá marchar en custodia de ellos: con lo que satisfago su citada. D.U.L., Granada, enero 22 de 1829. J. Cándido Flores”.
LOS ASESINATOS

Todo preparado al intento el día 25 de enero (1829) sacaron escoltados a los que llamaban reos, y fueron puestos a bordo de una piragua que zarpó en la misma fecha.

Los citados presos, como hemos dicho, eran ocho: el Licenciado don Juan Aguilar, sujeto de importancia por su saber y posición social. El capitán Isidro Pérez, el valiente que (no) rindió la espalda la noche en que cayó Cerda, hasta que recibió orden de su jefe. Leandro Wollop, buen escribiente; Gabriel Cárcamo; Matías Vega; un señor Chavarría, llamado culebra; un Briceño, y el negro Cutaní, sirviente del jefe Cerda.


La escolta que los conducía la formaban los oficiales Juan Orozco Catán y un Santamaría, y unos pocos soldados entre los cuales eran conocidos Teodoro Obando (a) Charrascal, el mismo Samuria que figuró en el asesinato de Vado, un Cornavaca y Frite.

Zarpó, pues la barca el 25 referido, llevando los oficiales la orden de ejecutar el crimen más horroroso de nuestra historia, y denunciarlo por medio de un incendio en la isla llamada La Pelona. Esta señal debían percibirla ciertos talayas que pernoctaban en un piso al oriente del convento de San Francisco.

El 28, un poco avanzada la tarde, llegaron a la isla y resolvieron desembarcar a pretexto de comer. Los presos se colocaron bajo un pequeño árbol de guayabo para defenderse de los rayos del sol próximo a sepultarse en el ocaso.

La tropa tomó aguardiente de un garrafón que llevaron para distribuirlo hasta que se embriagasen y luego comenzaron a disparar tiros por el aire, aumentando el desorden a proporción de la embriaguez. En tal estado y fingiendo que los reos querían fugarse, disparaban sobre ellos, hasta que caían bañados en su sangre.

En vano se postraban de hinojos y abrían los brazos suplicantes; en vano las lágrimas, los ayes y lamentos; todo aquello era diversión para la tropa embriagada y brutal que cumplía las órdenes más inicuas. Al sacrificio sucedió el incendio y el incendio anunció el sacrificio a los que avizoraban desde el alto de San Francisco, éstos corrieron a la Prefatura (sic) diciendo: “Ni me busques”, palabras convenidas para que supiesen que había visto la hoguera.

Los asesinos ataron piedras a los pies de los cadáveres, y los arrojaron al abismo, creyendo que las aguas y las fieras ocultarían para siempre el hecho de que eran responsables, sin saber que los crímenes muchas veces quedan impunes de la justicia humana, pero casi nunca ocultos o sepultados en el olvido.

El negro Cutaní se fingió muerto y en la noche pudo escaparse, a pesar de las heridas que había recibido, y vagaba en la costa por ver si descubría alguna embarcación que le sacase de aquel sitio. En efecto, divisó una, que llamó incautamente, porque era la misma de los asesinos que retornaban a Granada, y éstos conociéndole, se encubrieron hasta atraparlo, y en seguida lo mataron.

Hubo una publicación célebre en esa época, porque refería el suceso de que hemos hablado, la cual insertamos, pues quizá no exista otro ejemplar que el que nosotros conservamos, y la juventud gustará de verlo.

EXCLAMACIÓN DE LAS VÍCTIMAS DE LA PELONA O NUEVA ISLA DE SACRIFICIOS

¡Árboles! ¡Piedras! ¡Aguas! ¡Vientos!... ¡Mudos testigos de nuestro sacrificio atroz! Haced un esfuerzo y publicad nuestro horrendo asesinato: decid a los hombres la abominable sangre fría, las espantosas circunstancias con que se nos arrancó nuestra mortal existencia: hacedles entender nuestra terrible suerte; anunciadles que el peor enemigo de la especie humana es el tirano que sufre y promueve tan detestables… ¡Charrascal, insensato!; ¡Charrascal, torpe instrumento de venganzas! Esforzados también; escuchad nuestros lamentos; no olvidéis nuestros dolores y ayes, que tanta impresión os hicieron; oíd los gritos de vuestra conciencia, y para aplacar vuestras sombras, decid también a los hombres la bárbara extremidad a que os arrastraron criminales influencias.

¡Árboles y piedras! Nunca rehuséis la benigna morada que vuestros poros y cavidades distéis a la sangre con que os salpicaron nuestros asesinos: ella será monumento eterno que recordará al navegante nuestra memoria y le exigirá enérgicos y saludables sentimientos contra la tiranía.

¡Aguas y vientos!, conducid y guiad vuestros cadáveres a la vecina costa, pera que su vista muestre a los hombres la nada que somos, y que vuestro fracaso les enseñe a conocer en toda su extensión el peligro en todos se encuentran… Los peces, las fieras que habitan las hondas linfas, respetarán los restos de nuestros asesinados cuerpos. Conducidlos, aunque la tiranía nos rehúse la sepultura, que los hombres de todos (los) cultos conceden a sus semejantes, aún los más criminales.

¡Tirano injusto y cruel! Vos seréis comprendido en la publicación de vuestras delincuentes maquinaciones. Sabed que la Providencia vela por la conservación de la especie humana y tiene preparados cien caminos para descubrir los grandes crímenes.

Pocos días después de la remisión de los presos, cuando no se había publicado el asesinato de ellos en La Pelona, regresó de la villa de Nicaragua (hoy ciudad de Rivas) el Vice Jefe Argüello con todo el cortejo de su gobierno; y luego que se instaló en Granada, el Jefe Político Canuto Uriza le dio cuenta del proceso que hemos mencionado, relativo a las causas del envío de dichos presos a la Boca del San Juan, el cual acompañaban el oficio que dice:

“Ciudadano Ministro General del Gobierno del Estado de Nicaragua. Del J.P.L Departamental. Adjunto  a U. la sumaria información que a mi solicitud instruyó al Alcalde 1ro. sobre el desagrado que la tropa en general manifiesta por la impugnidad (sic) de los reos que de Nicaragua vinieron presos a esta ciudad , y el peligro inminente en que se hallaba la existencia de los citados con la permanencia de ellos en ésta, y por lo que fue indispensable adoptar la providencia que en ella aparece. D.U.L. Granada, febrero 3 de 1829. Canuto Uriza”.

A este oficio contestó el ministro Arellano el siguiente despacho: Ministerio General del Gobierno Supremo del Estado. C.J.P. Departamental. Recibí la nota de U. de hoy, y sumaria información que acompaña, instruida por el Alcalde primero de esta ciudad; queda impuesto el Gobierno Supremo de las grandes causas que motivaron la mandada de los presos a la Boca del San Juan, verificada el 25 del próximo pasado a tiempo que el Gobierno Supremo existía en la villa de Nicaragua. De su orden lo digo a U. en contestación a su citada. D.U.L. Granada, febrero 3 de 1829. Arellano”.

En esta ministerial se advierte desde luego la cautela con que fueron puestas las palabras “a tiempo que el G.S. existía en la villa de Nicaragua”, para que sirviesen como de protesta de que sin conocimientos de los gobernantes se habían mandado dichos presos a San Juan del Norte.

A continuación regresó la piragua con su tripulación completa, y desde luego el oficial se apresuró a llevar la noticia de que un chubasco había volteado la embarcación, y como los presos iban con grillos y atados con cadenas unos a otros, ninguno había podido salvarse, esto es, todos habían perecido.

Desde luego el Gobierno y empleados que ordenaron aquel crimen sabían la ejecución por el incendio que se vio la noche del 28 de enero, pero aparentaban sorprenderse al saber que se habían ahogado, y aún interrogaban a la escolta y a la tripulación sobre el suceso para hacer creer al pueblo que eran inocentes o nada responsables del resultado.

Pero el pueblo con el instinto admirable con que juzga y raciocina decía: No hay tal naufragio, los presos han sido asesinados.

UN TESTIGO

¡Que torpe es el criminal! Los asesinos no se habían fijado en un jovencito que don Juan Aguilar llevaba para su servicio,  y éste con la suficiente razón para contar el hecho, decía a todos la verdad.

Un individuo del pueblo dejó confundidos a los ejecutores del crimen que declaraban en una de las oficinas contando el vuelco en la piragua: “Y este niño, les dijo, ¿cómo pudo salvarse del naufragio?... ¿Quién de ustedes los salvó?” Quizá hasta entonces (no) se fijaron en este testigo singular y nulo ante los jueces, pero el más fidedigno ante la sociedad.

En medio de esta lucha sorda de los que contaban el naufragio y los que lo contradecían, vino el cuerpo del delito a evidenciar el asunto. Algunos cadáveres, arrojados por las olas, salieron por Tepetate, en la costa norte de Granada, y a este aviso corrió una escolta a sepultarlos en la arena y a detener al pueblo para que no los viese.

Los enterradores para ocultar más pronto los cadáveres trozaban con puñales  el pie de  uno para zafar la cadena que lo ligaba al otro; más a pesar de esto, los curiosos no dejaron de verlos y esparcieron la verdad por todas partes.

El pueblo verá en ese suceso el dedo de la providencia: imaginaba que los asesinados habían llegado a Granada, contra las leyes naturales, acusando a los asesinos y pidiendo venganza de crimen tan horroroso. Decían contra las leyes naturales porque habían surgido del fondo del lago a pesar de las piedras que ataron a los pies, porque habían atravesado las corrientes de las aguas, y porque los referidos cadáveres habían llegado parados a la costa. Hasta el que los animales no los hubieran devorado, lo veían como un milagro para el descubrimiento de la verdad.

El pueblo no comprendía que las precauciones de los asesinos para ocultar el crimen, eran las mismas que habían de servir para demostrarlo. No quisieron sepultarlos en tierra, porque creyeron que más tarde podrían abrir los sepulcros. Prefirieron arrojarlos al agua, porque allí los animales acabarían con los restos, y les pusieron pesos para que nunca saliesen a la superficie.

Ellos no sabían que los cuerpos sólidos pierden mucho de su peso entre los líquidos; que por consiguiente, lo que ataron a los pies de los cadáveres no impedirían la elevación, y que esta debía por lo mismo efectuarse en posición vertical, cabalmente la más a propósito  para travesar las corrientes del lago que van del N.O. al Sudeste, partiendo de Los Cocos al derramadero de San Juan. Los vientos reinantes en esa estación son del norte o del este, en cuya virtud los cuerpos flotantes, impelidos por ellos, pudieron atravesar las corrientes, y naturalmente, arribaron a la playa de Granada. Así fue un hecho natural todo lo que el pueblo calificaba de milagroso.

DIMITE ARELLANO

Se nos ha asegurado que el Comandante Flores, por satisfacer al público que abiertamente acusaba a las autoridades de complicidad en el asesinato, inició una causa, y que el gobierno le ordenó inmediatamente que sobreseyese. Por esta orden el ministro Arellano hizo dimisión de su puesto, y en su lugar fue llamado el Lic. don Agustín Vigil, el mismo que más tarde fue sacerdote y el orador sagrado más culminante de nuestro país.

Descubierto el asesinato en toda su plenitud, cada empleado procuró vindicarse echando a los demás la responsabilidad del crimen. La renuncia de Arellano, sin duda, no tuvo otro objeto, y juzgando por el momento en que la puso  y por un acto en que no hubo ni podía haber órdenes escritas ni públicas, sino las más secretas, debe considerarse bastante par su vindicación, o al menos para suspender el anatema consiguiente a un hecho tan horroroso.

Pero la verdad es que a pesar de la dimisión, el rumor público siguió condenándole como participante de las órdenes dadas para el asesinato. Nadie duda que el gobierno la dio, ya porque los subalternos no se habrían aventurado a una ejecución tan grave, ya por la impunidad de que gozaron aun después de patentizado el crimen. El público, pues no creyó que sólo Argüello hubiese ordenado la muerte de los presos, y veía la expresada renuncia como un lavatorio semejante al de Pilatos.

Al Lcdo. Vigil se le achacó también complicidad por la aceptación del ministerio y por su importancia en el partido de Argüello. Se refiere que aquel, con la gravedad de su palabra, defendía en público al gobierno, y que a las personas de confianza les decía: “Los defiendo porque son mis amigo, pero la verdad es que ellos mandaron a matarlos”.

Y, ¿Cómo habían de eximirse de la mancha los principales del círculo de Argüello, si recaía también sobre todo el Partido Liberal que le seguía?

Montesquieu, gran filósofo nada sospechoso a los librepensadores dijo:

“¡Cosa admirable! La Religión Cristiana, que al parecer no hace más que la felicidad de la otra vida, hace también la de ésta”. Meditad estas palabras y veréis que encierran esta otra sentencia: “La Religión Cristiana, que al parecer sólo castiga los delitos en la otra vida, los castiga también en ésta”; y es la verdad expresada en los divinos libros, reconocida por el género humano y confirmada por la historia desde el fratricidio de Caín hasta nuestros días”.

Escuchad jóvenes, con atención. A Frite le amputaron ambas manos. Samuria murió casi repentinamente de un do0lor en el estómago, tan violento, que se creyó envenenado. Cornavaca murió en un punto llamado El Arenal. Allín cenó con sus compañeros de viaje, a quienes contó el suceso de La Pelona, hasta los ayes y los lamentos de cada moribundo; quedó dormido sobre la arena y poco después recordó a sus amigos con iguales gritos y contorsiones que los que había estado remedando. Estos creyeron que continuaba con la imitación y no ocurrieron a auxiliarle; cuando se desengañaron que padecía un acerbo dolor, ya era tarde, pues estaba agonizante.

Otro de los ejecutores, Obando, sirviente de don Fulgencio Vega, cayó enfermo en su casa en el barrio Cuiscoma. El mismo Vega fue a verle y aconsejó que llamasen un sacerdote: Obando hablaba con entereza, pero al ver al padre que iba a auxiliarle, volvió la cara a la pared, y cuando éste le habló para confesarle, había muerto.

No discutiremos la razón, la justicia o injusticia de este procedimiento que viene desde la tragedia del paraíso; pero el hecho es que los descendiente, los bandos con los de sus caudillos y los pueblos con los de sus soberanos. Quien arguya en contra hallará mucho que hablar; pero el mundo seguirá su marcha.

Por fortuna de la nación y del gobierno mismo de Argüello, poco después de este suceso se cambió completamente el escenario político. Recordarán nuestros lectores que el Jefe Cerda y vicejefe Argüello, entraron al servicio en abril de 1825 y que siendo su período de cuatro años, terminó en 1829, en cuya virtud el mismo Argüello bajó del poder, y por cuanto por la gran revolución que había precedido, no se había practicado elecciones de supremas autoridades, le entregó a don Juan Espinosa, presidente del Consejo Representativo, el cual lo ejerció hasta mayo de 1830, época en que entró a servicio don Dionisio  Herrera, mediante la elección que recayó9 en este hábil político hondureño.

Herrera no estableció la paz en el Estado; pero al menos con su habilidad dio tregua a la anarquía y los pueblos pudieron descansar de los trastornos pasados. Para el mantenimiento de esa quietud sacó del Estado a don Juan Argüello y a Goyena, los cuales no volvieron a Nicaragua, sino que murieron, uno después de otro, en el hospital de Guatemala.

CONCLUSIÓN

Para el efecto de narrar sucintamente la vida de Argüello, nos bastaría lo que hemos escrito. Pero nuestro propósito va adelante, y es que deseamos que la juventud se impresiones con los ejemplos de la historia, para que deduzca  las reflexiones que son tan necesarias a la moralidad del corazón; por eso le presentaremos el fin de los más o menos complicados en el asesinato que acabamos de referir, para que se convenzan que la justicia humana dejar impunes algunos crímenes pero nunca la divina.

OTRAS MUERTES

Juan Catán arribó por puerto de San Ubaldo. Él y dos compañeros estaban guarecidos bajo un árbol, porque llovía. Catán los instó que se trasladasen a otro árbol más coposo, y como aquellos no aceptasen, él se retiró solo… Acababa de colocarse, cuando un rayo puso fin a su existencia.

Cándido Flores murió en el destierro, lejos de su familia y amigos.

A Canuto Uriza, curandero en uno de los pueblos de El Salvador, le atribuyeron los indios el año 37, cuando la invasión del cólera, que había envenenado las aguas, y le asesinaron en un motín.-

Arellano, joven aún, en medio de la opulencia, construyó una casa suntuosa para disfrutarla con su gran familia. Pasó a Chontales a visitar su hacienda, y allá comió pescado a que era muy afecto. Se indigestó y tomó un medicina que no le hizo efecto; tomo mayor cantidad, y tampoco; y por último, atormentado de una basca seca, expiró en aquel desierto, sin las comodidades y auxilios que pudieran brindarle sus deudos  y toda la sociedad. Su cadáver fue sepultado allá; pero sus restos fueron traídos a Granada.

El Lcdo. Vigil se asila en la Iglesia. Como sacerdote es sin mancilla como orador no tiene igual. Es el ídolo y el orgullo del pueblo granadino; pero un sentimiento de vanidad le convierte en un enemigo: emigra, vuelve y cree que Granada le cierra sus puertas. 

Entonces se retira a uno de los pueblos más tristes de Chontales, en donde le enclava un destino misterioso. Los admiradores de su saber y elocuencia quieren sacarle haciéndole cura de alguna ciudad, canónigo y aún obispo, y a todo resiste con negativa inquebrantable. El cólera le acomete y sus restos yacen en Teustepe.

Por último, don Juan Argüello, dijimos, murió en el hospital de Guatemala, lejos de su patria, y ausente de su esposa y de su familia. Su agonía fue larga, y en vez de la calma del cristiano, tuvo la desesperación que le causaba la vista de Cerda, Vado, Aguilar, Pérez, Wallope, Cárcamo y otros. Todos le asediaban en espectros; a todos nombraba, a todos imploraba que le dejasen; huía del uno y encontraba al otro, hasta que la muerte le libertó de tan horribles visiones.

Y en fin, jóvenes en verdad, en verdad os digo, que no sólo recayó el estigma sobre la frente de los culpables, sino hasta en la tierra en que el crimen fue ejecutado. Esta isla calva que veis en lontananza, inmediata a la costa de Chontales, es La Pelona o Isla de Sacrificios. Los navegantes extasiados en la grandeza del lago, y en la verdura lozana de las grandes y pequeñas islas, de repente ven La Pelona y le ven con horror, porque la miran como desolada por el incendio, y porque al punto recuerdan que allí se ejecutó el hecho más bárbaro que refieren nuestros anales.[1]




[1] Es bien sabido en Granada que los navegantes del Lago jamás pernoctan en esta isla, porque existe la superstición de oírse en la isla durante la noche lamentos y  ruidos extraños. 

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(Familia de Arellano defiende)

UN FOLLETO SOBRE “LA PELONA”. En: La Prensa, 20 de Octubre de 1970.

“No haya cuidado: la posteridad, si bien tarde, llega por fin con sus serenos juicios y su imparcial justicia; y la verdad, libre de las tinieblas que la envuelven, brillará, a no dudarlo, más temprano o más tarde con todos sus resplandores”.

                                  FAUSTINO ARELLANO CABISTÁN

         La supuesta implicación de don Narciso Arellano en el asesinato de La Pelona, consignada en la Biografía de don Juan Argüello escrita por don Jerónimo Pérez y publicada originalmente en varios números de su periódico quincenal La Tertulia a principios de 1876, fue demostrada a los pocos día por el hijo de aquél, don Faustino, en el folleto El asesinato de La Pelona y el Lic. Jerónimo Pérez (Granada, Imprenta de José de (Jesús) Cuadra, mayo de ese mismo año).

Para esa fecha, el carácter sectario de las narraciones del cronista Pérez basadas en la poca verosímil tradición oral, como sus errores e inexactitudes, eran reconocidos por sus contemporáneos. Algunos de ellos se expresaban de sus tendenciosos relatos con crueles burlas; don Enrique Guzmán, aludiendo a él, apunta en el “Retrato a pluma de Máximo Jerez”: “…en Nicaragua, la palabra Licenciado se ha hecho, y con justicia, sinónima de ignorante”.

Así don Faustino Arellano pudo contestar con seguridad la “sobra de ligereza” y “falta de buen criterio” de las acusaciones de don Jerónimo a su finado padre. Citando de la Historia de los Girondinos de Lamartine (tomo 2, p. 131) la definitiva certeza de que “jamás le es permitido a la historia acusar sin tener pruebas en que fundar su acusación y de la Historia del Consulado y del Imperio de Thiers (tomo 15, p. 41) el postulado de que “toda buena crítica descansa sobre dos fundamentos: los testimonios y la verosimilitud, preguntaba:

         “…dónde están las pruebas, dónde los fundamentos, los incidentes y circunstancias verosímiles que puedan autorizar a nadie para presentar a Arellano como cómplice del asesinato de La Pelona”.

         La renuncia de don Narciso del ministerio “por causa del sobreseimiento del sumario levantado para averiguar el crimen en cuestión” fue considerada “la más valiente y solemne protesta de la inculpabilidad del hombre acusado por Pérez con tan remarcable injusticia”; Pérez, sin embargo, la tergiversaba.

         A su pretensión de “hacer pasar esta renuncia como uno de esos juegos hipócritas que se hacen para salvar la pluma, como se dice vulgarmente, equivalentes al lavatorio de Pilatos, como lo consigna él mismo” –seguimos citando al folleto—, don Faustino oponía el testimonio irrecusable “de un sobreviviente contemporáneo a aquellos sucesos”: don Macario Álvarez, cuya inapreciable declaración, decía el mismo don Faustino, probaba cómo:

         “…con cuánta franqueza y energía Arellano condenó aquel hecho atroz; la indignación que produjo en su alma generosa; su inmediata retira del ministerio, valiente protesta que importaba nada menos que un desafío a muerte al puñal de los sicarios”.

         Don Macario, respetabilísimo en esos años y “testigo presencial en las altas regiones del poder” durante 1828 y 29, rendía homenaje a la verdad histórica expresando sus impresiones imparciales:

         “Arellano no hizo esperar la dimisión del ministerio que servía, y  no se volvió a ver más en el despacho, ni en la casa del gobernante. En ese mismo día fue nombrado el señor Licdo. don Agustín Vijil; yo fui encargado de llevar a la casa del señor Arellano la comunicación en que se daba a reconocer al nuevo ministro. Todos creímos que esa renuncia era una enérgica protesta contra aquel horrible asesinato, y para alejarse de todo participio en los negocios políticos de aquella época aciaga, cuya resolución fue aplaudida por toda la gente de corazón.

         La conducta del ministro Arellano era generalmente apreciada en aquellos días. Nadie le consideraba cómplice, ni siquiera se ponía en duda su inocencia. De un carácter franco, caballeresco y leal, sus sentimientos le alejaban de los manejos impuros, y el circunspecto merecía las simpatías de todos los que tuvieron la dicha de tratarle”.

         Respecto a la muerte de don Narciso por indigestión de pescado, es un invento más de don Jerónimo, otro rumor que explotó para construir la narración del condenable asesinato, del que siempre será responsable Argüello, tal como le convenía a “su propio campo de acción política” anti-liberal, o más bien de furibundo anti-argüellista.

         Don Narciso, según la tradición familiar, murió repentinamente en su hacienda chontaleña de Quimachapa, asistido por su hija Elena y el cura de Acoyapa, del cólico miserere, o sea, de un ataque de apendicitis.

Como el historiador José Dolores Gámez en su Historia de Nicaragua (Managua, Tipografía “El País”, 1889. P. 399) exculpaba a Argüello del crimen de La Pelona al sugerir que fue cometido sólo por la tropa embriagada, el Jurado Examinador del concurso  en que se premió su libro le hizo observar que estaba “en abierta oposición con la tradición unánimemente aceptada en el país” de la culpabilidad de Argüello.

Aceptando ésta al final de su obra (p. 817), Gámez responde que esa “tradición unánime” no había sido “otra que el odio de partido y de las familias ofendidas por Argüello”. “En él parece –continúa— que se inspiró el licenciado Pérez para convertirse en eco de tan grave acusación en lo que más lo confirma, según las circunstancias de que Argüello murió pobre en Guatemala y en que todos los Ministros y amigos de éste, a quienes supone cómplices en el asesinato, murieron o desgraciadamente  o lejos de su hogar”.

A Gámez le bastaba ese fundamento para invalidar a don Jerónimo “como historiador del suceso de La Pelona”. En esa misma página de su Historia (la 817) se refiere  al folleto de don Faustino que juzgaba documentado (ya que insertaba, además del testimonio de don Macario Álvarez, una carta también inapreciable del expresidente don Vicente Quadra) y, en su opinión, probaba “la obscuridad de las acusaciones del Licenciado Pérez”; después de transcribir algunos conceptos del folleto, concluía:

“Entre las afirmaciones apasionadas del Licenciado Pérez, sin otro fundamento que la palabra y  la tradición vulgar, y los argumentos lógicos y concluyentes del señor Arellano, nos ha parecido de estricta justicia descidirnos (sic) por éste”.

El famoso folleto –según palabras de Orlando Cuadra Downing— se ha reproducido cuatro veces: en tirada especial (Managua, “Tip. El Renacimiento”, 1921) por don Felipe (María) Arellano, nieto de don Narciso e hijo de don Faustino; parcialmente, sólo sus documentos en las Obras históricas completas de don Jerónimo Pérez (Managua, Imprenta y Encuadernación Nacional, 1928, pp. 547-551) editadas y prologadas por el historiógrafo Pedro Joaquín Chamorro Zelaya; en la Antología del Pensamiento Nicaragüense (Revista Conservadora, vol. 2, No. 7, febrero, 1961 pp. 103-107) de Orlando Cuadra Downing y en la Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragaua (Tomo XXXIII, julio a diciembre, 1967, pp. 33-45); las dos últimas llevan esta “advertencia” de la primera reproducción fechada en Granada, diciembre de 1921:

“Con motivo de haber reimpreso El Correo, diario que se edita en esta ciudad, la biografía de don Manuel Antonio de la Cerda y actualmente la de don Juan Argüello; y como en esos escritos aparece uno de mis antepasados, envuelto en los sucesos deplorables de La Pelona, muy desfavorablemente, según el sentir del cronista Lcdo. don Jerónimo Pérez, quien más de una ocasión ha caído en gravísimos errores, me veo en el caso de reproducir la defensa que mi padre don Faustino Arellano, publicó en favor de mi abuelo.

         Al lector corresponde emitir su juicio sereno e imparcial.

                                     FELIPE M. ARELLANO            

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