lunes, 6 de febrero de 2017

FIRULICHE: EL PAYASO QUE CONDENÓ A LA TRISTEZA. Por: Eduardo Pérez-Valle h.

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Don Eugenio Salvador Chávez Barillas
("Firuliche")
Fotografía  tomada en 1982: "Bodas de Oro"

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¿Cuántos cipotes de este país fueron reconvenidos cuando hacían ensordecedores “berrinches” por obtener permiso y el dinero para asistir a la función del circo? Cuando al fin lo conseguían, el permiso estaba precedido de advertencias elaboradas con mucha imaginación. 

Cierto es, que en todos los rincones de nuestras Ciudades-Aldeas, muchos mentores solían atemorizar a los hijos malcriados o mal portados, diciéndoles que de continuar en desobediencia los iban a entregar al dueño del circo…  

En los pueblos y ciudades-villorios de Nicaragua el circo fue un consumo necesario. De pueblo en pueblo, nuestro personaje, el payaso Firuliche,  pasó del estrellato a la fama. Aquel redondel de lonas y cuerdas cubiertas por la carpa, a veces remendada, era espacio social  donde por breve tiempo quedaba nivelada la convivencia, asistían los que preciaban ser boyantes, de rancia cuna  mezclados con la mayoría de los comesalteados.  

Los niños quedaban arrobados con las piruetas, las destrezas en los malabares, en el caso de los adultos, muchos eran acudientes en el interés de lograr a la distancia de las narices, los atributos de las contorsionistas y bailarinas que acompañaban el elenco; también los jaloneaba la picardía, de marcada astucia y malicia, poético-sonora que entonaba Firuliche al ritmo o vaivén lateral de sus grandes zapatones.  

Todos los ojos estaban en dirección del famoso payaso, que sostenía la infaltable sombría que dejaba por un momento para tocar la guitarra y hacer reír con las ocurrencias hechas melodías picarescas y cadenciosas. Una de las chispeantes cancioncillas era acompasada con la siguiente letra:

EL BAILE DEL BIJAGUA YO LO BAILO ASÍ…

Yo conozco una muchacha / que se llama María Enriqueta / cuando sale con su novio / siempre monta en bicicleta /.

Y la gente coreaba:

─ ¡El baile del bijagua yo lo bailo así!  

─ ¡Fon Fon Corón - Fon Fon!

─ En la tarde su mamá / encontró a María Enriqueta / que su novio la tenía / montada en la bicicleta /

Firuliche gritaba:

─ ¿cómo diceeeeeeee…?

─ Y la gente coreaba con entusiasmo:

 ─ ¡El baile del bijagua yo lo bailo así!

─ ¡Fon Fon Corón Fon Fon!

La imaginación tomaba vuelo entre el público, acompañada de sonoras carcajadas.

EL MERCADO, SITIO DE APROVISIONAMIENTO

En abril de 1979 un periodista entrevistó al  famoso cirquero en la ciudad de Rivas cuando iba  hacia Costa Rica, poniendo a salvo su vida y la de los suyos, resguardándose de los cruentos enfrentamientos armados sostenidos entre el pueblo y la Guardia Nacional somocista.

Firuliche contaba en aquella rápida entrevista, que los chistes surgían porque “en cada lugar que visitaba lo primero que hacía era ir al mercado. A oír lo que platicaba la gente del pueblo, captar sus dicharachos y expresiones del momento. Esto le servía para desarrollar su número cuando aparecía como payaso y saludaba al público”.

LA LITERATURA ENFUNDADA EN FIRULICHE

No pocos evocadores de vidas localistas han advenido hacia la figura de aquel circo y de su principal figura. A Firuliche, reconocidos escritores le han enfundado en el traje payaso-literario. Eduardo Galeano  en el cuento “La Maromera” del libro Mujeres. Sergio Ramírez, en el libro Flores oscuras, del que forma parte el cuento  “Ya no estás más a mi lado corazón”. (Alfaguara; 226 pgs.).

Ramírez relata el homicidio perpetrado en una trapecista --“…la sin par Mireya”---. Dice que el cuento tiene origen en el circo de Firuliche, que llegó durante su niñez a Masatepe, pueblo natal, donde él ocupó primera butaca o fila gracias a que su papá era el alcalde municipal.

Hay historias de “primera fila”, pero la que a continuación no puedo dejar de insertar en nuestra evocación, es de un incógnito, relator animado en el foro de la política criolla que por dar ejemplo relativo a los padecimientos del pueblo empezó por describirlo acostado y encima de una tabla atravesada por clavos; y olvidándose –este anónimo— de la política, terminó por contarnos la historia completa de una función circense en la que expone otro ángulo, psico-socio-antropológico de los espectadores, dice el anónimo:

“…a nuestro pueblo sólo le falta, unas tablas llenas de clavos y ganarse la vida como faquires, en el circo Firuliche. Y hablando del circo Firuliche, una vez me metí a ver una función, sólo por curiosidad. Fue divertidísimo, creo que pagué 5 reales, es lo más maravilloso que pude haber hecho pues me divertí sanamente con mi humilde pueblo que es vivísimo. La carpa era redonda y pequeñísima, me senté en las tablas que servían de asiento en la parte más alta del circo, casi tocaba con mi cabeza la carpa que servía de techo. Había un solo trapecio y no era muy alto, yo estaba sentado más arriba que el mentado trapecio, el asunto es que,  después que Firuliche y algunos de los payasos hicieron y dijeron algunas bromas divertidísimas, anunciaron al maromero o trapecista que iba a hacer unos “saltos de la muerte”, con redoble de tambor desafinado y “todo mate”. Después de un silencio profundo… Firuliche presentó a “Tarzán”, un muchacho nicaragüense medio musculoso, que hizo unas cuantas maromas; la gente no quedó muy satisfecha, entonces se fue el trapecista y Firuliche presentó a otro maromero, "el maromero enmascarado", por supuesto que salió el mismo individuo, entonces la gente lo empezó a abuchear. ---"Si este jodido es el mismo Tarzán"---, gritaba la gente enojada. Después de repetir las mismas maromas de “Tarzán”, se fue el maromero y Firuliche presentó a “Batman”, entonces salió el mismo maromero con un saco de bramante pintado de negro y convertido en capa y la misma máscara del enmascarado; en ese momento la gente no aguantó “las novedades” y le tiró elotazos, mamonazos, yucazos, mangazos y lo que pudieron tirarle, hasta las hojas de chagüite del chicharrón con yuca; nunca me reí tanto en mi vida como esa noche. Siempre me arrepentí de no haber ido a la función del día siguiente. Cinco reales me dieron la divertida de mi vida. Si supieran las gentes educadas de nuestro pueblo las divertidas que se pierden por no relacionarse con nuestro sencillo pueblo”.

Divertida ha sido la búsqueda disectoria de recuerdos aportados por diversas personas, es decir, la impronta e influencia del circo; por ese motivo hemos mencionado el cuento de Ramírez y el cuento de Galeano, hay otro recuerdo  pero con diferente “altitud trapecista”, la heredó la jocosa prosa  del recordado poeta esteliano José Floripe Fajardo. 

Por su parte, Galeano recordó en el trapecio-literario las circunstancias que causaron las costillas rotas de una niña soñadora con pretensión de maromera, esa pequeña dice Galeano, fue Luz Marina Acosta; que al pasar de las décadas ha sido la inseparable asistente del poeta Ernesto Cardenal.

Floripe Fajardo fue otro “hipnotizado” del circo firulichero, recordémoslo con su peculiar manera de contar esas historias de pueblo:

“Las distracciones de la juventud eran los juegos de conjuntos como la <raya> con chibolas, bolas de vidrio (maules), el boliyoyo y el tiro  libre; la <mancha> <al miado y al bote> y <tiro  libre> con trompos ; los zancos,  el omblígate (tan peligroso, muchos dejaron sus dientes en el suelo cuando se iban de boca sobre la calle empedrada) el aceite, la bola de oro, cuartel inglés, arriba la pelota, saltar cuerda, prenda, rayuela, pisisigaña, jack, elevar lechuzas o papalotes, competencias de carreras, tarzanadas en árboles de las casas de habitación como el trapecio imitando los riesgosos ejercicios circenses, que dejaron mucho jóvenes quebrados y con defectos en las piernas o en los brazos. Los circos tenían un atractivo único, la gente buscaba como asistir a las funciones a como diera lugar,  yo era fanático del circo, me encantaba ir a ver a Francis Chávez, regia contorsionista hija de Firuliche, payaso extraordinario y dueño de la carpa. Una vez me enamoré de una cirquera gringa, del “Circo Americano” tuve propósito de irme con la carpa, pero mi mamá, socorrida por la nada bien recordada Guardia Nacional, me fructuó (sic) el plan, más quedó como memoria de esa aventura truncada un poema que le hice a mí linda y adorada trapecista”

MAROMERA

                Gitana americana, con pelo de melcocha,                          
tu cuerpo es alimento de mil pupilas flacas
hambrientas de tus formas.-
Americana gitana, que de melcocha es tu pelo,
te quiero horizontal, vertical y curva...
Alada en el trapecio, reptílica en la alfombra.-                     
Gitana sin castañuelas
y que no lloras canciones,
en vez de pulsar guitarras,
pulsas, pulsando cuerdas, fibra de corazones.-

No tienes pelo azabache,
tienes los ojos negros
ni cantas La Macarena,
pero eres gitana, gitana de cuerpo y alma,
alma y cuerpo americana.-

Con carpetas de sonrisas cubres tus desazones,
y en la maraña del pelo, esas hebras de melcocha,
llevas, linda gitana, cementerio de ilusiones.-

Esos recuerdos de José Floripe provienen de Estelí, pero otro pedazo procede de Granada; con la tradicional e inveterada gracia maliciosa del  granadino, fue rememorado por el ingeniero Uriel Cuadra Argüello; con el título “Firuliche en Granada”. (END – 21/08/2005). Sin la menor duda, Cuadra la escogió para hacernos reír como si fuera ayer, y no puede olvidarse que las tandas circenses por lo general también eran fruto de la colaboración, Cuadra Argüello cuenta:

“Otro personaje oriundo de la calle La Otra Banda, era el famoso “Pancho Hermoso”, el de la sotana del padre Cuadra. Debido a su necesidad económica (caso que predicaba seguido con el objeto de que le soltaran), decidió un día que no tenía asma, entrar al circo de Firuliche y postularse para andar en la cuerda floja de equilibrista. Le dieron la oportunidad y así lo hizo, subió a la cuerda con el tubo de chorro que le sirvió para guardar el equilibrio. Su paseo sobre la cuerda resultó excelente, pero al final del recorrido, empezó a temblar y tuvo muchos vaivenes, cayendo de pronto desde lo alto al suelo. Un grito ensordecedor interrumpió los aplausos que envolvían el ambiente. “Que lo repita!”, “que lo repita!”, a lo que él con voz temblorosa y renqueando, respondió: “Que lo repita tu madre hijo de las cien pu…!

Ahora que ya hemos sonreído con estos bosquejos del payaso más recordado por varias generaciones de nicaragüenses, nos toca hablar del otro bautisterio por donde pasó Firuliche:

De ombligo cuzcatleco; solía decir que provenía de una familia pudiente de San Salvador. “Un hermano mío es el actual presidente de la Corte Suprema de Justicia, Dr. Rogelio Alfredo Chávez”, recordaba en la precitada entrevista con Teófilo Jiménez Viales.

UN POCO DE SU HISTORIA CIRCENSE

Inició la vida entre carpas porque su “familia lo envió a México a estudiar en 1928 y tiró por la vida cirquera comenzando como cantante y bailarín, recorriendo toda la república azteca con el circo Atayde y también Centroamérica. En 1930 hice de payaso, ensayé el papel como nueve meses entre un grupo de diez o más. En 80 celebro mis bodas de oro como payaso.”

Cuando acumuló medio siglo de trabajo arrancándole risas y felicidad al público, don EUGENIO SALVADOR CHÁVEZ BARILLAS (Firuliche) no pudo celebrarlo. El año 1980 fue el inicio de un período marcado por la guerra contra Somoza. Con un ipegüe de dos años aconteció la pomposa festividad. Un sábado, 24 de abril de 1982, destacados artistas nicaragüenses de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC)  homenajearon al ingenioso personaje en una tanda especial con el circo a reventar por la nutrida asistencia.

PATRIARCA DEL CIRCO NACIONAL

Esto dijo el periodismo en una nota de la época:

“La fiesta de Firuliche congregó en su carpa a cientos de niños que aplaudieron cuando el Ministro de la Junta de Reconstrucción de Managua, Samuel Santos, entregó al artista un pergamino en reconocimiento a las miles de risas que ha hecho brotar de varias generaciones de nicaragüenses. Carlos Mejía Godoy, Los de Palacagüina y la Banda Municipal de José Tenorio fueron portadores del homenaje que los músicos le brindaron al gran Firuliche. También, en nombre de la Asociación de Trabajadores del Campo (ASTC), se dio lectura a una carta firmada por la poeta Rosario Murillo, que señala a Firuliche como "uno de los que han emprendido el camino del rescate de nuestra cultura popular" (Barricada, Lunes, 26 de abril de 1982).-  

1982: "Celebración en sus Bodas de Oro"

Errabundo, sin disponer de un lugar fijo, el circo de Chávez Barillas recorrió Nicaragua por más de 50 años. Siempre viajaba a todos los países de Centroamérica. Lo acompañaba una pequeña orquesta y el infaltable grupo de bien proporcionadas bailarinas que flechaban los sentidos, a unos con sensibilidad poética y, a otros, con sensibilidad hormonal.  

CIRCO ROMPECORAZONES

Un caso propio del “Efecto Firuliche”, que algunos puntos enlaza con el de nuestro recordado José Floripe Fajardo a quien la bella contorsionista lo indujo a sugerente poesía, también lo cuenta el escritor Alexis Machuca en el libro Crónicas muy siglo veinte, o sea, que el efecto no sólo era de acá, también de allá, allende… Detengámonos en la crónica de Machuca:

“Tiempo después, eran los años cuarentas, pasó por la ciudad el salvadoreño “Firuliche”, deleitando a todos con su animado circo. Samuel echó en saco roto sus prédicas de simulado hombre nuevo y, convertido en asiduo visitante de la carpa, de la noche a la mañana enloqueció de amor por una maromera de griego nombre: Circe, cuya serena belleza la había hecho arrastrar tragedia tras tragedia, ya que muchos hombres se mataban por ella y, otros tantos, quizás, con espíritu débil, terminaban suicidándose. 

Así lo contaban quienes alguna vez la vieron pasar por la cálida Nicaragua, por la primaveral Guatemala y la fresca Costa Rica. A Samuel le duró su pasión lo que el circo duró. Ido “Firuliche” y su comparsa, habiéndose largado igualmente la tentadora maromera, Samuel viose sin pisto y sin mujer, pues su morena, ojos de mar, nomás sabiendo de sus andanzas, lio bártulos y una mañana, día de feria en La Paz, se le fue para…”

Hasta ahora tenemos las pruebas fehacientes que nos permite asegurar que Firuliche en verdad tuvo un “circo rompecorazones”.

Para llevar a término estas largas páginas dedicadas a todo un personaje de nuestra niñez, asunto que no podría bien lograrse sin atraer recuerdos de un lado y otro, nos vamos de Estelí y Granada, en curso errabundo hacia Matagalpa en donde el matagalpino Leandro Delgado también aporta sus recuerdos de infancia:  

“A finales de la década de los años 50 fuimos a vivir a una casa esquinera en frente a la plaza de Laborío,  a media cuadra de la Iglesia de San José, la que estaba en construcción y aun no comenzaba a construirse el campanario. Yo tenía escasos doce años, era la edad dorada en que se podía combinar el tiempo de estudios y de juegos.

El lugar que llegó a ser más tarde el Parque Darío aún era una plazoleta donde se jugaban béisbol los fines de semana y en más de una ocasión llegó Dn. Salvador Chávez, el mimo salvadoreño a instalar en la plaza Laborío su famoso circo “Firuliche” y que para todos era un festival, las veces que  nos lográbamos escabullir por debajo de la lona y presenciar el acto circense era algo formidable, recuerdos imborrables que sellaron nuestra niñez.”

¿Cuántas veces más la creación literaria podrá auscultar la memoria inédita para rellenar páginas con los recuerdos del Circo Firuliche? Bueno, esa pregunta puede responderse con el auxilio del remanente generacional del pasado siglo, sobre todo, los que nacieron antes de 1980, los más “jóvenes” los que aún aguardan por el “boleto” de partida. Lo cierto es, que Firuliche seguirá como recurso en la construcción de géneros literarios.

Don Eugenio Salvador Chávez Barillas decía que en el año 1979 ya tenía acumulados 47 años de recorrer Nicaragua. Al “Patriarca del Circo” sólo Bluefields le faltó en el curso errabundo: “…se me ha escapado por la incomunicación en la giras de mi circo”, decía. Agregaba: “En la isla de Ometepe estuve hace unos 37 años en el viejo vapor Victoria”. En Rivas estuve la primera vez en 1936 y de allí he caído por esta simpática ciudad (Rivas) unas ocho veces.”

Las estadías del circo en la ciudad  de Rivas, que en otras épocas conocimos como la tierra “de las naranjas”, eran para él “como un cheque al portador”. Firuliche afirmaba que los rivenses no dudaban en gastar dinero por presenciar los números del circo.

“FIRULICHE Y SUS ESTRELLAS”

Un recuerdo contrastable con los diversos momentos y tiempos de aquel circo, lo podemos hacer con el descriptivo relato de Silvio J. Morales en su libro Nebur Oirad. Circunstancias esas, la del autor, sean en mucho o poco imaginadas, describe el ambiente del circo en alguno de aquellos diez lustros, como más adelante podremos constatar, no era el circo de 1978-79 que el propio Firuliche describió con algunas interioridades. Morales habla del circo por conducto de sus personajes:  

“Años más tarde Magamby recordaría la primera vez que su padre le llevó al circo, los payasos le dieron más miedo que el león, destentado, viejo, y jubilado con restos de melena y  un rugido que en vez de espantar, más bien hacía que los niños de pecho pudieran dormirse, la parte cumbre del show acompañado con fanfarria, era el momento en el cual Firuliche introducía su cabeza en la boca de león y por supuesto la multitud deliraba en aplausos; el circo tenía un camello, que un beduino conducía, que también Firuliche personificaba, unos caballos manchegos por el aspecto a Rocinante que tenían, unos perros que hacían cabriolas, unas bailarinas de salsa encabezada por una niña (la hija de Firuliche) un enano cabezón (hijo de Firuliche). Muy serio, Magamby a sus 7 años le dijo a su padre, que se quería unir al circo y ser enano cabezón… por supuesto su padre le dijo que no.”

A continuación agrega: “El circo era un acontecimiento en el pueblo, la chavalada se ponía sus mejores galas, como en Semana Santa, los hombres en zancos eran la atracción y después los chavales los trataban de emular construyéndose los mismos; “Firuliche y sus Estrellas” así era el rocambolesco título del circo, esa experiencia del circo fue para él inolvidable, fue su primer enamoramiento platónico con la niña bailarina, después entendió el gran circo de la vida donde todos somos actores y representamos varios papeles.”

Casi al llegar a sus “Bodas de Oro”,  Dn. Eugenio Salvador Chávez Barillas contaba con un circo que pasaba de un estado bueno a algo mejor. En abril de 1979 cuando viajaba hacia Liberia, Costa Rica, lo acompañaba una orquesta de ocho músicos y diez bailarinas, entre las cuales quizás ya no existía la despampanante Circe… “cuya serena belleza la había hecho arrastrar tragedia tras tragedia, ya que muchos hombres se mataban por ella y, otros tantos, quizás, con espíritu débil, terminaban suicidándose.” El personal lo integraban 45 personas; 12 artistas circenses y las diez transmisoras del “efecto Firuliche”.

Las bailarinas del circo eran salvadoreñas, nicaragüenses y ticas. Gómez Barrillas apuntaba satisfecho: ─“Esta variedad ha resultado efectiva sin dejar el espectáculo cirquero propiamente dicho.” ─ Por los diversos relatos sabemos qué tan seguros eran los imanes de aquellas bailarinas…

Firuliche estimaba en 1979 que su circo en activos podría rondar no menos de 300 mil córdobas, y agregaba: “Poseo cuatro camiones y tráileres para el transporte del personal. Dos plantas de energía que me dan el kilowataje que necesito para el espectáculo en la pista”.

Esa era el Circo Firuliche, con la no menos destacada participación de toda la familia Barrillas-Rodríguez. Como era de esperarse, en esos quehaceres nómadas, lo acompañaba su esposa doña Juana Rodríguez de Chávez, de nacionalidad chilena; sus hijas Francis, que era “alambrista” y, Marina, en el cargo de gerente general. Un hijo del matrimonio, que cursaba estudios universitarios, había fallecido en accidente de tránsito ocurrido en el departamento de Carazo.  

LOS BAILES SENSUALES DE LAS RUMBERAS

Esa frase que antecede el último recuerdo que hemos decidido incorporar es de la siembra y cosecha de don Orlando Ortega Reyes, a saber, el único que,  con amenidad literaria aporta la mayor cantidad de datos y el ambiente de aquel famoso personaje del circo nacional. Le dedica todo un artículo bloguero, bajo el título: “El Gran Firuliche”; en donde “se lleva” el circo hacia San Marcos, en la parte oriental de país, y entrega un relato panorámico, diríamos que no secunda sino que confirma la existencia de “Circe”… Evoca el trapecio, los payasos…  dentro de la inocente imaginación de los niños y,  no podía faltar la inflamable proyección de los adultos.

Ortega Reyes evoca: “Durante cerca de dos horas observábamos atentos los atrevidos actos de los trapecistas, los bailes sensuales de las “rumberas”, las acrobacias de un personaje cuyo nombre no logro recordar, pero que era el as de la rola-rola, los actos sorprendentes de un prestidigitador, la actuación de la gran Tulita que con los dientes maniobraba unas sillas de madera, las cuales pasaba por encima de su cabeza y las disparaba metros atrás de su escultural figura.  No obstante, lo más esperado era la aparición de Firuliche y sus payasos, entre los que recuerdo a Rabanito, Zocotropo y Pochi Pochi.  Firuliche robaba la atención de toda la audiencia con sus chistes y sus actuaciones con el burro Torcuato, que era tan listo que todos creían lo del cuento del muchacho embrujado y si todavía estuviera vivo, ya la UNI le hubiera concedido un honoris causa.”

LA PIJAMA DE LA CEBRA

A datos más concretos, conclusiones más seguras. Esa frase la asociamos a la pluralidad de temas abordados y tendencias de pensamientos de un círculo pequeño de amigos con los que de forma regular me encuentro cada fin de semana. Ese distinguido redondel de pensamientos es sorprendente al tender puentes a la memoria. Debo subrayar, entre mis apreciados tertuliantes vespertinos, al ingeniero Mario Corea Molina, esteliano de cepa, distinguido por retrotraerse en cualquiera de los temas de nuestra agenda cultural y técnica. A él debo, este magnífico adherido que pone el "último cierre", quiero decir, las últimas RISAS y SONRISAS, que de seguro deben tener en carcajadas al propio Firuliche. 

Entre el ruedo de los tertulios, el ingeniero Corea Molina trajo a la memoria al no menos destacado del circo Firuliche: Nos comentaba que no olvidaba los comentarios y chistes que generaba el burro Torcuato, nombre propio  inmerecido para ese mamífero cuadrúpedo que no era terco ni bruto, actor central del circo. Al finalizar cada presentación la gente adosaba otras ocurrencias; decían en su pueblo que por la mañanas la cebra le decía al burro Torcuato:

--- Good morning Torcuato!

A lo que contestaba el burro de birrete y toga...

--- Qué good morning ni que nada, apresúrate, quítate la                        pijama que vamos  de viaje!


 EL VALS DE TORCUATO


Una vez leído todo lo anterior, y aceptado que Firuliche constituye un interesante caso de estudio a través de esa impronta sociológica que marcó y pervive, hay quienes aseguran que cautivó muchas mentes con su  peculiar (firulichesca) psicología de masas; como veremos a continuación, también influyó en educandos de música clásica y vernácula. No hay contradictor para aquel excelente esparcidor de ánimo, incomparable multiplicador de sonrisas, eficiente aplacador de tristezas. En esta imparable sucesión de juicios y recuerdos, recibimos los oportunos recuerdos del doctor Jorge Donaldo Rodríguez Matute, detengámonos a leer algo más de otra memoria fiel:

“Torcuato sin Firuliche no hubiera sido, Firuliche sin él no hubiera existido. Eran un binomio indisoluble", afirma el galeno Rodríguez Matute. 

"Recuerdo que el burro Torcuato daba vueltas alrededor de la pista, a pasos rítmicos, las cuatro patas en especie de lenguaje gestual. A la voz de Firuliche, Torcuato detenía el trote; de inmediato le ordenaba:

─ ¡Torcuato! ¡Salude a la señorita más bonita de Estelí!

De inmediato el burro hacía lo propio frente a la susodicha, sostenido en sus patas traseras entregaba la reverencia solicitada, a la vez que un grupo de músicos ejecutaba el vals El Danubio Azul.

Tiempo después, durante uno de los exámenes de música y canto en el colegio religioso administrado por las monjas de la ciudad de Estelí, pusieron debajo de la aguja un Long Play, en el repertorio discográfico estaba El Danubio Azul. La monja a cargo de la asignatura preguntó:

─ ¿Señoritas! ¿Quién identifica esta canción?

Mutismo total, y de repente, una vivaracha del alumnado dijo:


─ ¡Yo sí sé, maestraaa! Es la canción del Burro Firuliche."


Firuliche logró arraigar el circo en los cuatro puntos cardinales de nuestro país; no fue un precursor fallido del arte circense, porque aún hace presentaciones en la memoria de todos nosotros. Logró lo que muchos desearían, ser inextinguibles.


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