domingo, 28 de diciembre de 2014

MÚSICA CON IDENTIDAD NICARAGÜENSE: EL ZOPILOTE, EL ZANATILLO, PERDÓNAME JOVEN...

Discos nicaragüenses

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Nota de Eduardo Pérez-Valle h., Director-Editor del Blogspot:

Esta "ventana" de nuestra Historia abre múltiples recuerdos; los que me pertenecen, en primera persona,  están ligados a Luis Andino hijo, mi recordado excompañero de estudios primarios en el Instituto Pedagógico de Managua, hijo de Don Luis Felipe Andino, talentoso y reconocido músico, autor de la popular y pegajosa canción Dame pozol con leche,  además de empresario de instrumentos musicales y sello discográfico, que también, con buen suceso, ha sido evocado por el ingeniero Orlando Ortega Reyes en su Blogspot: Los hijos de Septiembre.

Don Luis Andino vivió en ese viejo "Centro" de la Managua anterior al terremoto de 1972; su casa era de dos pisos con balcón a la calle, de casi idéntico diseño arquitectónico a la de otro excompañero del Pedagógico y también hijo del afamado músico y compositor nicaragüense: Don Tino López Guerra, me refiero al médico pediatra Constantino José López Rosales, con el cual y junto a los demás chiquitines que cifrábamos siete años de edad, integramos el coro de "Infantil" que en la antigua capilla del Pedagógico cantó la canción  "Nicaragua mía": Que linda, linda es Nicaragua, bendita de mi corazón... si hay en la tierra.... 

La familia Andino y la familia López Rosales fueron amigos de mi padre, y de mi recordado padrino de bautismo, don Carmen de Jesús Pérez Cano, dueño de la empresa "Litografía y Fotograbados Pérez", en donde fabricaron empaques de los discos bajo el sello discográfico "Andino". 

El nombre comercial del negocio emprendido por don Luis Felipe Andino fue: Centro Musical - Andino U. & Co., y antes del terrible terremoto de 1972 tuvo local en su propia casa de habitación, localizada en la 5ta. Calle S. E. No. 512. Posteriormente abrió la tienda en el Centro Comercial Managua.

Andino U. & Co., competía en el comercio de los instrumentos musicales con "Casa Liberty" de E. Herrera & Co. Ltda. y otro competidor de envergadura lo constituía "Instrumentos Musicales Yahama" de Casa Mántica.

A esos talentosos y brillantes ciudadanos debo añadir a otro no menos trascendente intelectual, don Salvador Cardenal, infatigable investigador y promotor de la música folclórica, popular, vernácula, de Nicaragua.  En 1955, don Salvador inició la meritoria labor de compilar, recopilar y, divulgar, la música nicaragüense; incluso, el ingeniero Ortega Reyes recuerda que don Luis Andino al iniciar el sello discográfico "Andino", contó con el apoyo de don Salvador.

Con estas líneas introductorias, damos lugar a los recuerdos vinculados a hitos y sucesos precursores del ámbito musical nicaragüense, con artículos que perpetúan los cantos que en cualquier rincón del planeta, nos devuelven en la memoria, la "cuota completa" de identidad patria. Tengo la certeza que después de leer estas entregas, muchos intentaran tararear, en voz baja o en voz alta, pero lo harán, entonados o desentonados, pero lo harán...

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EL ZOPILOTE. En: La Prensa, 13 de Octubre de 1957.

Don Salvador Cardenal ha venido realizando desde hace algún tiempo un notable esfuerzo para dar a conocer el rico e ignorado folklore nicaragüense.

Por medio de una serie de discos marca CENTAURO, se han ido divulgando poco apoco numerosas canciones folklóricas nicaragüenses, canciones de anónimo autor, que el pueblo ha venido cantando y silbando a lo largo de los siglos.

Estas canciones tienen diversas letras, pero las diferencias existentes son mínimas, tal vez unos dos o tres versos cambiados, a veces en un cuarteto.

Estos cantos han sido recogidos de boca de algún campesino, que sin pensar que llevaba un tesoro en la boca, lo lanzaba al aire, pero ahí junto a él estaba un investigador, que conociendo el quilataje de las notas musicales, tomó prontamente lápiz y papel y trasladó con nerviosa mano a su libreta esta canción que de no haber sido la causalidad, se hubiese perdido en la Cueva misteriosa donde se hallan las joyas folklóricas.

Uno de los encantos del folklore consiste en que no se sabe quién es el autor. Son cantos espontáneos que nacieron sin saberse dónde, ni cuándo, ni cómo. Es algo así como una mujer hermosa cuyo nombre y morada se ignoran.

El primer disco de la serie Centauro Número NPF-001, trae el canto titulado: El Zopilote, interpretado por el trío Los Pinoleros, y Este toro no sirve, perteneciente al género conocido con el nombre de “Son de toro” o “son de cacho”, interpretado por los Chicheros.

El folklore reúne los más variados temas: satíricos, amatorios, etc. Algunos de ellos tiene letra y música, otros en cambio sólo tiene música, perteneciendo a esta clase muchos de los sones de toros.

En este disco la primera interpretación El Zopilote, tiene música y letra en tanto que del segundo sólo música.

Ofrecemos al lector las cuartetas cantadas de El Zopilote. Son cuatro, repetidas a lo largo de la duración musical. Indudablemente que la letra es mucho más larga, pero en el disco se escuchan las más interesantes estrofas:

                            ¡Ya el zopilote murió,
                            ya lo llevan a enterrar!
                            ¡Échenle bastante tierra,
                            no vaya a resucitar!

                            Ya el zopilote murió
                            arrimado a un paredón;
                            y a don Pedro le deja
                            las patas para un bordón.

                            Ya el zopilote murió
                            en la mitad del corral,
                            y a doña Juana le deja
                            las alas para volar.
                           
        Ya el zopilote murió
                            y se murió de repente;
                            y a don Emilio le deja
                            lo pelado de la frente.

La Prensa, con el objeto de divulgar más y más nuestro rico folklore muy poco conocido en verdad, irá publicando cada domingo un brevísimo estudio sobre cada uno de los discos nicaragüenses que lleven en sus nota el alma del pueblo, el canto de un poeta anónimo, o la música cuyo ritmo ha extraído el nicaragüense de la raíces mismas de su vida paisana.


Ya hay una cantidad grande de discos de música folklórica y de autores nicaragüenses y La Prensa, no quiere estar ajena de ese movimiento musical, que se inicia y que tendrá, no lo dudamos, hondas repercusiones en la cultura patria. 

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Discos nicaragüenses

EL ZANATILLO *

El disco número NPF-002, correspondiente a la colección de música folklórica nicaragüense marca Centauro, trae dos piezas tituladas: El Zanatillo y Perdóname Linda Joven.

Podría decirse que esta canción se identifica con el alma del folklore de la geografía de nuestro triángulo. No hay ningún lugar de Nicaragua en donde esta nota no haya sido escuchada  y saboreada. Sus acordes son los más conocidos y populares.

Este canto del Zanatillo, pájaro breve y negro, es una queja de amor.

                   Zanatillo, Zanatillo
                   préstame tu relación
                   para sacarme una espina
                   que tengo en el corazón.
                  
      Esa espina no se saca
                   porque es espina de amor,
                   sólo tú, negrita puedes,
                   sacártela con primor.
                    
      El Zanate y la zanata
                   se fueron a confesar
                   y como no hallaron padre
                   se pusieron a llorar.

Esta idea de la espina que no se puede sacar es tan antigua como el mundo. Repetida y repetida en una y mil formas, el hombre seguirá clavándose espinas y tratando de sacársela, y cuando a veces lo logra, volverá otra vez a suspirar por tenerla de nuevo clavada.

De ritmo pegajoso, la gente se la aprende tan pronto como las palabras salen de la boca,  y luego inconscientemente, cuando menos lo piensa, tal vez cuando espera por el “adorado – tormento”, la canción le brota.

                      Para sacarme una espina
                     que tengo en el corazón.

Y con esta espina en el costado, el romántico, el enamorado de ayer, de hoy y de siempre, seguirá por su camino, con la espina y con su canción, con su deseo de tenerla y no tenerla, porque si no la tiene se muere, y si la tiene lo mata.

PERDÓNAME LINDA JOVEN

Este canto es un alcahuete de Cupido, un cómplice incondicional del pícaro flechero. Los jóvenes de ayer con canas de recuerdos le deben a sus notas más de una noche de luna, y otros, con menos suerte, víctimas de la traición del arquero divino, sólo lo recuerdan por un balde de agua fría que el enojado suegro les tiró desde las coloniales ventanas.
                           
                            Perdóname linda joven
                            que te venga a despertar,
                            que te venga a despertar,
                            con mi canto virginal.
                            Quisiera ser la almohadita
                            donde tú vas a dormir
                            para darte mis abrazos
                            y un besito sin sentir.

Estos son los primero versos con que el ardiente galán trataba de hacer flaquear la altivez de su dama, y verdaderamente la indiferente Dulcinea necesitaba tener un corazón de hielo, para no derretirse ante ese terrorífico lanzallamas.

Sin embargo, en caso de que no diesen resultado las primeras estrofas, se seguían hiriendo las cuerdas y el corazón de la guitarra. El serenatero tomaba nuevas esperanzas, y continuaba:

Acostadita en tu cama
bajo de tu pabellón
los airecitos que dentran
son suspiros que doy yo.
Quisiera ser sabanero
pero no de la Sabana,
quisiera ser sabanero
de la orilla de tu cama.

Aquí las cosas estaban en su clímax. O la dama de ensueño se dejaba ver en la ventana, y el cantante había logrado lo que quería, o bien el desvelado suegro, bigotes descomunales pronunciando palabrotas, se levantaba y hacía poner pies en polvorosa al enamorado Romeo.

Si nada de esto sucedía, la guitarra seguía gimiendo, y las últimas notas eran un verdadero jaque mate, al corazón de la dama, y a la paciencia del “viejo”:

                            Deseara ser bejuquito
                            bejuquito de verano,
                            para enredarme en tus manos
                            y enredarte hasta morir.
                            Ya con esta me despido
                            cogollito de verde palma,
                            que si me voy y te dejo,
                            pero te llevo en el alma.

Si al terminar de jugar esta ficha, nada sucedía, ni viejo ni niña, el desconsolado galán olvidaba sus penas a las orillas sonrientes de una botella o bien, con más lógica y menos romanticismo, decía como la zorra del cuento:

“No importa, no está madura”, o bien “como esas abundan”, aunque en su interior pensase lo contrario. Actitud filosófica, eso es todo. 

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