lunes, 23 de junio de 2014

Don Pedro Joaquín Chamorro, el gran precursor

1977: CENTENARIO DE LAS CERVECERÍAS. Por: Pedro Rafael Gutiérrez. En: La Prensa, 2 de enero de 1977.




 






En León, jabón, candelas y…Cervezas…!

⃰  De Alemania, con espuma.

⃰  Gran Fábrica en Chinandega

⃰ Un mecánico fundó el Gambrinus

Mientras millares de córdobas serán invertidos en este alegre año de 1977 en la introducción de una nueva marca de cerveza, el mantenimiento del liderato de otra y la celebración extemporánea de un cincuentenario, habrá de recordarse estos días como los que celebran el centenario de la fabricación de la cerveza en Nicaragua, bajo el gobierno de ese gran precursor de nuestro progreso, que fue el extraordinario presidente don Pedro Joaquín Chamorro.

Hace exactamente cien años, nacía cobijándose bajo el alero de la libre introducción aduanera, una modesta fábrica de cerveza, que vino a competir con los productos similares importados especialmente de Alemania, precisamente en los días en que se jugaba nuestro destino económico frente a la presión originada por la Casa Eisenstuck.

El Gobierno de don Pedro Joaquín Chamorro, haciendo referencia a la cerveza entre algunos productos fabricados en el país, señalaba que “son de buena calidad y el gobierno se ocupa ahora de generalizar su uso en los lugares de la República en donde suelen ocuparse de la misma especie que vienen del extranjero”.

PROTECCIÓN AL SEÑOR GALLO DE LEÓN

Aún cuando es probable que la colonia alemana en Nicaragua se las ingeniase para fabricar su propia cerveza, como algunos nicaragüenses hacían por su lado la cususa, la primera fábrica institucionalizada que funcionó en el país era propiedad de “un señor Gallo de León”, cuyo nombre propio se pierde en el voluminoso arsenal de documentos de la época.

Don Emilio Benard, encargado en esos días de la Cartera de Fomento, en la Memoria presentada en 1879, destaca la labor de protección a la naciente industria nacional, refiriéndose a “la brea, el alquitrán y el aguarrás que se confeccionan en el país” y a un reducido rubro de pequeñas manufactureras que se dedicaban a la elaboración de manta, a la Compañía Tijerino y Hermanos, así como a otras plantas que se dedicaron a la fabricación de “sombreros de Jipijapa y la de puros y cigarros al estilo cubano, que no han tenido el éxito que era de esperarse”, y que justamente casi un siglo después habrían de producir divisas al país, bajo la dirección de emigrados cubanos.

El señor Gallo de León obtuvo en 1877 concesiones de parte del Gobierno, que significaron de su empresa, que debe haber desaparecido a los pocos años, como la buena espuma.

Sin embargo en la citada memoria se consigna: “Asimismo ha dado un auxilio semejante –dice el señor Benard— al señor Gallo de León, que se ocupa de la fabricación de jabón y velas de estearina. Con el objeto de estimular la fabricación de la cerveza, el gobierno ha permitido a solicitud del empresario, la introducción de algunos objetos e ingredientes necesarios para la fábrica, sin pagar derechos de aduana”.

DON ALBERTO CABRALES, EN 1904 PIDE TAMBIÉN LIBRE INTRODUCCIÓN

Bajo la mística de que la cerveza al parecer resulta tan importante como el suero fisiológico, el señor Alberto Cabrales, de Chinandega, se acogió a la simpatía que siempre ha dispensado el gobierno a la cerveza.

En la sesión del 24 de Septiembre de 1904 de la Asamblea Nacional Legislativa “se leyó el dictamen de la Comisión nombrada para estudiar la solicitud del señor Alberto Cabrales en que pide se le conceda la libre introducción de materias primas, maquinarias y accesorios necesarios para la fabricación y expendio de la cerveza que fabrica  en la ciudad de Chinandega. Puesto a discusión, fue aprobado favorablemente”.

Esta fábrica chinandegana envasaba su cerveza con tapón de corcho rodeado por un elegante papel de plomo y por lo menos se venía una marca bajo el nombre de “Alsacia”.

Socio del señor Cabrales era el doctor Ernst Rothschuh, abuelo del poeta Guillermo Rothschuh Tablada, quien presumiblemente era el maestro cervecero de la planta en Chinandega, a la que se refiere el ex embajador alemán Von Howald, “como la primera gran fábrica cervecera de Centroamérica pero que lamentablemente fracasó”.

No obstante, el señor Cabrales y su socio Rothschuh obtuvieron del gobierno de Zelaya una interesante concesión en la que se los autorizaba importar libre de impuestos, por seis años, los artículos siguientes: lúpulo en flor o en extracto, cebada, malta, liquen, gelatina, tapones de corcho, sifones, rótulos, alambre, estaño para botellas, generadores de vapor, tanques, peroles, cubas metálicas, barriles, aparatos para cargar líquidos con gas carbónico, carbonatos y ácido sulfúrico para producirlo y refrigeradores, inventario que difiere muy poco del que ahora tienen las plantas que fabrican la cerveza de la Compañía Cervecera de Nicaragua y de la Industrial Cervecera, que se lanza al mercado bajo la protección de San Antonio y del ingenio del mismo nombre, como patronos con mucha fuerza.

La concesión a Cabrales fue firmada el 26 de septiembre de 1904 por el presidente Zelaya y el Ministro de Hacienda por la ley don Félix Romero.

LA IDEA ALEMANA DEL DON PABLO LEAL

No muchos años después, 22 para ser exactos, en 1926 se autorizaba el funcionamiento de la Compañía Cervecera de Nicaragua, organizada a iniciativa, entre otras personas de don Pablo Leal, hijo precisamente de Francisco Leal y de su esposa alemana, que habían sido los protagonistas del apasionado romance que culminó con la humillación de Nicaragua por el reclamo Eisenstuck.
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Precisamente en el mismo número de La Gaceta en que el presidente Emiliano Chamorro hacía gala de haber destripado a los revolucionarios liberales, se publicó la escritura de constitución de la Compañía Cervecera el 25 de mayo de 1926, organizada por escritura por el doctor Salvador Guerrero Montalván, que hasta el día de su muerte, fue el hombre fuerte de la empresa.

La escritura se suscribió el 22 de marzo de 1926, de modo que la empresa cumplió su cincuentenario el año pasado, época en que se organizó la nueva empresa Industria Cervecera de Nicaragua que ha anunciado tener también en su planilla a magníficos cerveceros alemanes.

No proceder en esta forma, es como abrir una perfumería sin contar con la valiosa nariz de un francés.

Los socios de la Compañía Cervecera de Nicaragua organizada bajo los petardos de la revolución del 26, eran los señores Julio Edgrd Bahlke, Vicente Rodríguez, Joaquín Solórzano Gutiérrez, don Pablo Leal, Jacobo Reinaldo Edmundo Téfel, Rafael Cabrera, Hebert Ivie Thompson, Francisco Bunge, José Benito Ramírez, Manuel José Riguero y don Hans Bodo Raven, quienes al firmar el documento manifestaron que la compañía duraría en operaciones hasta el treinta y uno de agosto de mil novecientos cincuenta y tres, sin sospechar el éxito que tendrían en la operación que iniciaban.

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El capital inicial de la empresa fue de “noventa mil pesos oro de los Estados Unidos de América”, cifra que es necesario comparar con la inversión de treinta y cinco millones de córdobas que traja la Toña bajo la almohada.

La acción de la cervecería organizada bajo las postrimerías del régimen del General Chamorro, costaba “quinientos pesos oro americano”.

La empresa contrató los servicios de Christian Jetter, como primer maestro cervecero y de Erwin V. Zünd, como segundo.
Posteriormente, aparentemente tocados de la fiebre cervecera, otros inversionistas decidieron montar otra planta, y finalmente el 18 de febrero de 1928 la fue concedida una nueva autorización al Dr. José Bárcenas Meneses, pero al parecer no trascendió la acción del protocolo del notario.

LAS MARCAS EXTRANJERAS

Mientras se montaba la planta cervecera nacional, ya desde 1913 se encontraban patentados los nombres de Carta Blanca, Saturno, Salvatore, Bohemio y Monterrey, a nombre de don Carlos A. Padilla, como representante de la Cervecería Cuauhtémoc de México.

Y que la cerveza constituía ya un próspero negocio, lo prueba el hecho de que en el Plan de Arbitrios de León, del 7 de agosto de 1902, se cobraban cinco centavos por el expendio en esa ciudad de cada botella de cerveza.

El día dos de mayo de 1927, el presidente de la Compañía Cervecera de Nicaragua citaba para una reunión con el objeto de aumentar el capital y estudiar el proyecto de la fábrica, mientras el 17 de diciembre del mismo año, convocaba para otra importante junta para celebrarse el 5 de enero de 1928, año en que comenzó a trabajar a plena capacidad la cervecería con la marca Xolotlán.

Simultáneamente el auge de la cerveza, se montaba en Managua el establecimiento Gambrinus, cuyo primer propietario fue el mecánico Franz Reisinger, quien dejó las herramientas por las salchichas y los espumantes vasos de la bebida que se ubica entre los licores suaves y los diuréticos naturales.

Otra planta que surgió en la década de los sesenta fue absorbida por la Compañía Cervecera, que con gran delicadeza le cortó las alas a la planta Águila, adquiriéndola con todo y plumas.

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La guerra está planteada ahora entre dos colosos, que tiene por detrás no sólo maestros cerveceros y protección fiscal, sino ingenios, bancos y los proyectiles publicitarios listos para pelear.


En realidad 1977, será un buen año para conmemorar el centenario de la industria cervecera en Nicaragua, nacida bajo los buenos pronósticos del Presidente Pedro Joaquín Chamorro. 

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EL PLEITO DE 1972

Victoriano vs. Aquilinos

SENSACIONAL PLEITO DE GRANDES CAPITALES. En: La Prensa, 20 de febrero de 1972.


En Nicaragua nunca se había planteado un pleito de grandes en materia de capitales.

No es que antes de hoy no hubiera competencia, porque en muchos sectores industriales y comerciales existe, sino que jamás dos sociedades anónimas millonarias se habían enfrentado en un juego que puede ser a muerte, o resolverse mediante algún expediente de transacción.

En otras partes sí, ha habido compañías que se tragan  a compañías, y aun aquí mismo cuando una superpotencia extranjera interviene con motivo del mercado común, se come lo que quiere.

Pero esta vez no se trata de capitales extranjeros, sino de nacionales que están envueltos en una interesante y peligrosa pugna.

UNA COMPRA ESTRATÉGICA

Ocurre que la Cervecería Nacional (Victoria) comenzó a comprar acciones del Águila y llegó a adquirir  un 25 por ciento  de esta última con lo cual la tiene virtualmente inmovilizada pues según la escritura social del Águila no se puede aumentar el capital social si no se cuenta con más del 75 por ciento de la acciones… Según se dice la idea de los “victorianos”  era llegar a tener el control completo de los “aquilinos”, una especie de guerra de negocios que como decimos el país no había presenciado jamás en ese estilo.

EL CONTRAATAQUE

“La ofensiva” de compra fue detecta a tiempo y se detuvo en el 25 por ciento como decimos, una posición buena, pero no óptima, pues desde ella se puede paralizar pero no obligar a una rendición completa.

Sin embargo los “aquilinos” incómodos de semejante cuña dispusieron una contraofensiva basándose en la nueva ley de “títulos y valores” y que consiste en emitir “deventures” o bonos, mediante los cuales una vez colocados dentro del público se obtiene un financiamiento adecuado y arecido al incremento de capital en una sociedad.

LA BATALLA

Durante la tarde del viernes, comenzó la batalla entre ambos capitales. En la Asamblea General de Accionistas de la Cervecería “El Águila, S.A.” que había sido citada para conocer de un aumento de capital con el objeto de dar a esa Cervecería “mayor capacidad de competencia”. El intento de un aumento de capital fue bloqueado por la ausencia del 25% que pertenece a la Cervecería Nacional (Victoria), es decir que esta última rompió el quórum a los accionistas del Águila. Sin embargo, como ya eso había sido previsto los de “El Águila”, encabezados por el Presidente de la Directiva, don Manuel Ignacio Lacayo, presentaron un proyecto que consiste en admitir los bonos preferentes o deventures, explicando que estos últimos podían ser convertidos más tarde en acciones comunes, lo cual según el Dr. Joaquín Cuadra está estrictamente apegado a la nueva Ley de Títulos y Valores.
Agregó que para hacer esa operación no se requería autorización para aumento de capital.

UNA CUÑA

A lo propuesto que luego fue aprobado por la mayoría, se opuso el Dr. Salvador Castillo Selva, quien representaba 10 acciones, supuestamente de la Cervecería Nacional (Victoria), alegando que era un aumento de capital disfrazado, ya que había una obligación de redimir los bonos por acciones comunes si los propietarios de estos lo deseaban.

Como la Asamblea por votación mayoritaria aprobó el proyecto, el Dr. Castillo Selva dejó sentada su protesta alegando que lo actuado era ilegal por no haber el quórum requerido para un aumento de capital que era lo indirectamente, según el Dr. Castillo Selva, se estaba haciendo.
Este último dijo también que pediría la nulidad de loa actuado en la Asamblea en las Cortes de Justicia.

SON MUCHOS MILLONES

El sistema de bonos preferentes, o deventures, es muy usado en otros países pero en Nicaragua ese está invocando por primera vez.
La realidad del problema es que está ocurriendo una confrontación mayoritaria de capitales.

El 25% que ha comprado la Cervecería Nacional (Victoria) de la Cervecería “El Águila va más allá de los 4 millones de córdobas y la cuestión está planteada en esta forma:

Si gana El Águila de nada le habrá servido a la Victoria haber invertido esos 4 millones, pero si gana la Victoria, con los 4 millones invertidos puede incluso quebrar al Águila y eliminar su competencia o simplemente absorberla. 

sábado, 21 de junio de 2014

EXPRESIDENTE DE NICARAGUA PRESO DURANTE 59 DÍAS EN CÁRCEL DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA

Un episodio desconocido de hace 101 años.-

CUANDO ZELAYA FUE ACUSADO DE ROBO Y ASESINATO EN NUEVA YORK. Por: Ignacio Briones Torres. En: Semana, 28 de noviembre de 1971.


Nunca se imaginó el general José Santos Zelaya, que un Tratado de Extradición firmado por él con los Estados Unidos el 6 de marzo de 1905, en el apogeo de su poderío y dominio del país, iba a ser usado por el Departamento de Estado yanky para reducirlo a prisión ocho años después.

Pero eso es exactamente lo que ocurrió la madrugada del miércoles 26 de noviembre de 1913 en la casa No. 645 West and Avenue de Nueva York, cuando después de varios días de andar en la búsqueda del ex mandatario nicaragüense, los alguaciles del Departamento de Justicia se presentaron con una orden de arresto, dictada por los supuestos delitos de robo y asesinato, de los que se acusaba al hombre que un día tuvo en su puño el destino de Nicaragua y los nicaragüenses.

Medio dormido y somnoliento, instantes después de su detención, el general Zelaya solicitó a sus captores que le permitieran comunicarse con su abogado, petición a la que gentilmente accedieron y no opuso ninguna resistencia en la captura; pero la cortesía de los alguaciles contrastó con la del Comisionado Shields, quien abruptamente rechazó una fianza propuesta a favor del detenido, rechazo que significó la apertura de la cárcel para el ex Presidente.

La noticia del arresto y los pormenores de ella, han permanecido prácticamente desconocidos en Nicaragua durante 58 años, a pesar de que recibieron amplia difusión en el “New York Times”, periódicos del cual han sido recopilados por el joven Noel Lacayo, encargado de la Biblioteca del Banco Central.

LA SOMBRA DE “CANNON” Y “GROCE”

Tampoco pudo imaginar el general Zelaya, que una orden de ejecución dada por él contra los norteamericanos Leroy Cannon y Leonard Groce, quienes en 1909 volaron un puente como activistas del movimiento insurreccional que acabó con el régimen liberal por el presidido, y otra orden más lejana, que terminó con las vidas de los nicaragüenses Domingo Toribio y Sixto Pineda en Masaya el 21 de abril de 1901, serían removidas y reactualizadas para utilizarlas como justificación de su captura.

Sin embargo, esas cuatro muertes, tanto como el Tratado, sirvieron espléndidamente a los hombres que por aquel 1913 manejaban la política exterior de los Estados Unidos para descargar sus viejos sentimientos de hostilidad contra don José Santos.

Asimismo se puso en juego el proceso que a raíz de la caída de Zelaya, le incoó el Congreso de Nicaragua y la acusación que el cuerpo legislativo introdujo en su contra ante la Corte Suprema de Justicia, bajo el carago de haber malversado once mil córdobas del Erario Nacional.

EL “NO” DE MR. BRYAN

José Santos Zelaya se encontraba en París, viviendo su exilio, cuando decidió ir a los Estados Unidos y tratar de hacer efectivo los Bonos de la deuda Emery que, como se sabe, ascendían a la suma de 450 mil dólares. De Francia se trasladó inicialmente a Cuba y su breve permanencia en La Habana la aprovechó para entrevistarse con el también ex Presidente y General Cipriano Castro, de Venezuela, a la sazón residiendo en la Isla.

Las informaciones periodísticas calificaron la entrevista como el inicio de  un plan conspirativo de Zelaya tendiente a derrocar a los gobiernos de Honduras, Nicaragua y Guatemala.

La veracidad del plan, si es que existió, jamás se llegó a establecer; pero sí es lo cierto que el 6 de noviembre, José Santos Zelaya estaba desembarcando en Nueva York y que siete días después, luego de una rápido cambio de impresiones con su ex ministro Dr. Julián Irías, solicitó una audiencia al Secretario de Estado, que lo era Mr. William Jennigs Bryan, el mismo que firmó con el general Emiliano Chamorro el convenio canalero.

La oficina de Bryan contestó secamente a Zelaya que “el señor secretario no tenía tiempo para recibirlo” y juntamente con la negativa se difundió el rumor ente los miembros del Cuerpo Diplomático Centroamericano en Washington que “Nicaragua podía solicita la extradición del ex Presidente, siempre que basara su solicitud en el Tratado que el propio ex Presidente había firmado con los Estados Unidos en 1905”.

Se aseguró también que como Zelaya había sido juzgado en ausencia, después de su salida de Nicaragua, “la extradición sería legal”.

Sin embargo, cuando los reporteros del “Times” preguntaron sobre el particular al Embajador Emiliano Chamorro, éste dijo que “no estaba enterado de nada”.

Pero a pesar de les declaraciones de Emiliano, los periódicos newyorkinos continuaron informando el suceso con titulares como estos:

** “INSINÚAN QUE ZELAYA PUEDE SER EXTRADITADO”.

** “SUPREMA CORTE EN MANAGUA CONSIDERANDO DENUNCIA POR ASESINATO Y ROBO”.

** “ZELAYA, EL EX PRESIDENTE DE NICARAGUA, BUSCADO POR ASESINATO”.

** “EX PRESIDENTE CON CARGOS DE ASESINATO DESAPARECE”.

** “CREEN QUE ZELAYA ESCAPÓ A CANADÁ”.

** “LEGACIÓN NICARAGÜENSE SOLICITA DETENCIÓN EX DICTADOR BAJO CARGOS DE ASESINATO”.

Por su parte, los textos estaban en un todo calcados en el tono de los titulares y abiertamente decían que el ex Presidente “estaba siendo buscado por el Gobierno de Nicaragua, aunque al mismo tiempo aclaraban que “la Legación Nicaragüense rehusaba hacer declaraciones”:

EL “SI” DE MAC REYNOLDS

El Tratado de Extradición que Zelaya firmó en 1905, y que todavía está en vigencia, contenía una cláusula que daba poder a cualquiera de las dos partes firmantes para arrestar hasta por 60 días, a una persona que fuese considerada sospechosa de haber cometido un crimen.

Con base en esa cláusula, el Ministro de Justicia, Mr. Mc. Reynodls emitió la orden de captura contra el ex Presidente, “por los cargos de asesinatos cometidos en Nicaragua”. La orden fue dictada el 24 de noviembre, o sea 17 días de la llegada de Zelaya a Nueva York.

El 25, el “New York Times” informaba: “Se entiende que el alegato en que se basa la orden de detención es de que Zelaya asesinó a Leroy Cannon y Leonard Groce, dos ciudadanos americanos. Pero se ha reportado también de que Zelaya tiene cargos de haber matado al nicaragüense José Sixto”.

Ese mismo día los alguaciles se presentaron en el “Waldorf Astoria” donde hospedaba Zelaya, pero no lo encontraron. Al noticiar la infructuosa búsueda, dijo el “Time”:

“El aviso de que él podría ser buscado por agentes del gobierno parece haberlo recibido el general Zelaya, pues ni sus amigos lo han podido ver y cuando varios de ellos fueron a buscarlo al hotel, encontraron abandonadas sus habitaciones y se les dio que había desaparecido”.
EL EX PRESIDENTE JOSÉ SANTOS ZELAYA EN UNA CALLE DE NUEVA YORK,
ACOMPAÑADO DE JULIÁN IRÍAS
Un día después, el periódico dio a conocer que “aunque el Departamento de Justicia está haciendo todo esfuerzo para arrestar al ex Presidente de Nicaragua, reclamado por el gobierno de su país, reportes recibidos a altas horas de la noche no ofrecen esperanzas que pueda ser encontrado pronto”.

Y agregaba: “Oficiales del Departamento de Estado creen que Zelaya recibió una intimación que pudo haber solicitado y escapó a Canadá, hasta donde lo han ido a buscar los agentes del gobierno”.

La persecución seguía incesante, cuando un abogado de nombre Corry M. Stadden se presentó al Departamento de Estado y  solicitó ser recibido por el Secratario Bryan.

Pero este, informado  de que se le iba a tratar el “caso Zelaya”, rehusó conceder la entrevista.

Stadden se dirigió entonces al Consejero Mr. Basset Murr, pidiéndole que le confirmara si en realidad el gobierno nicaragüense había solicitado la extradición del ex Presidente.

La respuesta de Murr fue breve y rotunda: “¡No! ¡La iniciativa ha partido de los Estados Unidos!”.

CATEAN LA CASA DE UN HIJO

La pesquisa dio con un hijo de Zelaya, que era pianista, tocaba en un nigth club, residente de varios años en los Estados Unidos y casado además, con una norteamericana, sobrina del Héroe de la Guerra de Secesión, general Robert E. Lee.

Se llamaba Alfonso Zelaya y vivía con su esposa en el Hotel Hargrave. Los policías catearon su habitación y en ella hallaron el equipaje del ex Presidente. Alfonso Zelaya fue sometido a interrogatorios para que dijera el paradero de su padre.

Este, en lugar de contestar, protestó por la persecución de que lo estaban haciendo objeto, advirtiendo: “Si el general Zelaya es capturado y lo envían a Nicaragua, será asesinado, víctima de sus crueles enemigos”:

Al otro día del cateo, el “New York Times” –era el 27 de noviembre de 1913— traía esta noticia:

“ZELAYA, EL EX PRESIDENTE DE NICARAGUA BUSCADO POR ASESINATO, ENCARCELADO EN LA ESTACIÓN DE POLICÍA. El destituido Presidente de Nicaragua, general José Santos Zelaya, a quien agentes de policía del Departamento de Justicia y Alguaciles de los Estados Unidos han estado buscando desde el lunes con una orden de arresto bajo los cargos de asesinato en Nicaragua, fue arrestado mientras dormía en su cama en un apartamento del sexto piso en 645 West Avenue.

El apartamento pertenece a Mr. S. Valentine. Al arresto de Zelaya siguió la búsqueda por oficiales del Gobierno en otros dos departamentos en que se sospecha podría ser encontrado.

La primera búsqueda fue hecha el lunes en el Waldoff Astoria. Se encontró que Zelaya había sido avisado y había huido. El martes se siguió la pista al Hotel Hargrave, en 72 Street y Comumbus Avenue. Dos de sus hijos fueron encontrados en ese hotel, en el cual se descubrió el equipaje del Presidente.

¡ESTÁ ARRESTADO, GENERAL!

George F. Craft, un agente especial del Departamento de Justicia, fue al apartamento de Mr. Valentine y dijo a éste: “Tengo una orden de arresto contra José Santos Zelaya. Yo no quiero molestarlo, pero estoy seguro que él está aquí y tendré que buscarlo en su apartamento si usted no lo entrega”.

--Si, él está aquí—dijo Mr. Valentine y él no tratará de escapar.

El agente Craft fue llevado al dormitorio. Encendió un fósforo y por su luz pudo ver la figura del general Zelaya durmiendo en la cama. Acercó el fósforo a la cara del general y éste se despertó. Inmediatamente fue informado que estaba arrestado.

El general Zelaya se vistió rápidamente y pidió permiso para llamar a su abogado por teléfono, el señor Luis Correa, que había sido Ministro de Nicaragua en los Estados Unidos cuando Zelaya era el Presidente. Después de una breve conversación con Correa, Zelaya sacó de su bolsa un sobre lleno de dinero y se lo dio a Valentine. Dirigiéndose a su captor le dijo: “Estoy listo”.

Y se lo llevaron a la Estación de la Policía de West 100th Street, de donde lo trasladaron minutos después a otro destacamento policíaco ubicado en la Calle Greenwich. Ahí se le introdujo en una celda.

HABLA LA NUERA

En su edición de noviembre 27, el “Time” entrevistó a la esposa de Alfonso Zelaya y a un hijito de ambos, de cinco años de edad. El niño dijo a los periodistas que mientras estaban en una tienda él había visto que varios detectives los seguían.

--Ellos nos han estado siguiendo todos estos días, corroboró la señora Lee de Zelaya. A cualquier parte que vamos, los veo a mi alrededor. ¡Y ésta es la tierra de los libres!, a la que nuestro antepasados vinieron para ser libres.

Y cuando le preguntaron su opinión sobre el arresto del general, expuso:

--Lo detienen porque mi suegro prefirió el beneficio de su propio pueblo y porque rehusó vender su Patria a los cazadores de concesiones americanas él fue arrojado del poder. Ahora todas las influencias siniestras de esos cazadores  de concesiones están sobornando a oficiales públicos para hacerlo vivir  a él y a todos los que estamos en su familia en una atmósfera de terror. Yo estoy orgullosa de mi ascendencia americana; pero mi experiencia como miembro de la familia de un hombre perseguido por explotadores norteamericanos, me ha hecho desear que ojalá todas las personas de mí país pudieran saber bastante de las condiciones de América Central, para que conocieran de qué manera el dinero de los explotadores mancha la reputación norteamericana y se aprovecha de la realidad de Centroamérica; y como ese dinero explotador oculta al pueblo americano la realidad de su opresión o países vecinos y débiles. Con ese mismo dinero se justifica el uso de barcos de guerra y de nuestros marinos que son enviados a aquellos países  solamente a destruir las fuerzas que se oponen a la cruel explotación comercial de la gente centroamericana por los negociantes de Estados Unidos.

“Mr. C. Alfonso Zelaya –Imprimió el Time— quien se unió a su mujer mientras se desarrollaba la entrevista, dio esta explicación de la actitud del Departamento de Estado hacia su padre:

La demanda maderera Emery, se trabajó bajo una concesión permitiendo a mi adre hacer inspecciones bienales para ver que todas las condiciones fueran cumplidas. Por algo la compañía fue obligada a plantar un árbol pequeño cada vez que aserraran uno grande, y por otro lado fue obligado a pagar al Gobierno un porcentaje de todas las ganancias. Los investigadores que envió mi padre reportaron que los árboles tiernos no habían sido plantados como se había acordado y que a ellos les habían estado ofreciendo soborno para reportar todo como correcto. Mi padre canceló la concesión”.

ZELAYA EN “THE TOMBS”

William M. Offley, Superintendente de la División del Departamento de Justicia condujo de la Estación policial de la Calle Greenwich al Edificio Federal, al general Zelaya. En el camino tuvo poco que decir acerca de su caso –reportó el “Time”—  y sólo expresó que los cargos contra él y su detención no estaban basados en el Tratado, sino que provenían de la política y de sus “enemigos en Nicaragua”.

En el Edificio Federal, el general Zelaya estuvo recluido una hora en la oficina del alguacil Henkel, ante el que fue procesado criminalmente. Como el inglés del ex Presidente era bastante deficiente, pidió que se le permitiera llamar a un intérprete y concedido el permiso llamó a Mr. Edwin F. Johnson.

“Los procedimientos fueron breves” informó el “Time”. El comisionado Shield notificó a Zelaya los caragos que motivaban su detención al cual –se le dijo--, duraría hasta que recibieran de Washington los papeles para una extradición formal. Shields ordenó que recluyeran a Zelaya en “The Tombs” (Las Tumbas), consideradas las cárceles más inhumanas del mundo. En ellas estaría bajo el control directo del alguacil y no de las autoridades ordinarias. Como primera muestra de cortesía, el alguacil ordenó que se le incomunicara totalmente.

El 30 de noviembre, Zelaya pidió que se le diera permiso para hablar con su hijo Horacio. El motivo de su pedimento no podía ser desatendido: quería entregar a su hijo un botón de la Legión de Honor, que andaba en el saco al momento de su captura. “No quiero, explicó, deshonrar a la República de Francia, teniendo en la cárcel una condecoración suya”. A la visita, una vez autorizada, concurrieron también su hijo Alfonso Zelaya, el hijito de éste y su esposa Mrs. Zelaya comentó:

--Es bastante malo que un hombre sensitivo y refinado como es mi suegro sea enviado a prisión solamente porque enemigos políticos de él y amigos de los marinos estadounidenses tienen el poder en Nicaragua. Yo espero que mi país, porque mi país es EE.UU., no lleguen nunca a ser una pequeña potencia, porque no me gustaría pensar que nuestros propios ciudadanos sean humillados del mismo modo que EE.UU., está humillando al general Zelaya.

59 DÍAS Y LA LIBERTAD

Los papeles de extradición no llegaron. Exactamente a los 58 días, uno antes de los que permitiera el Tratado que se invocó para detenerlo, el general Zelaya fue puesto en libertad.

Un misterioso personaje que dijo ser graduado de Yale; pero que se negó a revelar su nombre, habló para el “Time”.

--Yo estuve –dijo—ocho años en Nicaragua, en el negocio de las minas. Zelaya era un hombre lleno de vida y energía. Los cortesanos siempre estaban a su alrededor. Ahora lo encuentro quebrado, viejo y triste. Su espíritu la ha dejado, estoy seguro que él no piensa comenzar una revolución. Sólo quiere un lugar donde vivir y estar en paz con el mundo. Los americanos han sido perversamente engañados acerca de Zelaya. Él era un hombre inteligente y a menudo desplazaba administradores nacionales con americanos de probidad.

Mr. Knox le envió un rudo ultimátum acerca de cierta demanda maderera Emery. Yo conocía a Cannon y Groce, ellos era obreros de muelle, y Groce era tal vez el extranjero más inútil en Nicaragua. Yo estuve en el palacio de Zelaya, cuando le llegó el mensaje de Mr. Knox diciéndole que él debería dejar la Presidencia o seria arrojado del poder. El dio el gobierno al Dr. José Madriz, que era el más distinguido ciudadano de los Estados Centroamericanos. ¡Cómo es que siendo desagradable a Mr. Knox fue aceptado como Presidente de la Conferencia de Paz, fue un misterio que nosotros que estuvimos en Nicaragua nunca pudimos descubrir! Mr. Knox no tendrá nada más que hacer con él como con Zelaya. Él fue a México y murió en desgracia a pesar de las promesas de su país”.

EMILIANO RECUERDA

General Emiliano Chamorro Vargas
En sus “Memorias”, el General Emiliano Chamorro escribió:


--“Creo sinceramente que en el Departamento de Estado se llegaron a formar un buen concepto de mi actuación y de mi persona por el hecho de que siempre que solicité alguna cosa la conseguí. Por ejemplo, la prisión y extradición del General Zelaya, la que conseguí con menos dificultad de la que yo esperaba. El Secretario de Estado me dijo: Su Gobierno quiere la extradición del General Zelaya. El mío no tiene objeción que hacer. Se hará. Pero personalmente voy a decirle a usted que para el Gobierno de Nicaragua va a ser muy difícil mantener al General Zelaya prisionero, y a medida que el tiempo pase van a convertir ustedes a un dictador en un mártir, en un elefante blanco, o una brasa ardiente, que no van a saber qué hacer con él hasta el punto que por temor público lo tendrán que poner en libertad. A mi juicio, el Gobierno de Nicaragua dará un paso el falso llevando adelante la extradición”.

viernes, 20 de junio de 2014


DE ESA TALLA ERAN LOS COMBATIENTES SANDINISTAS

LA MUERTE DE “PAYO  RUNGA”

MARCO ANTONIO SOLANO SÁNCHEZ ("PAYO RUNGA")

Por: Raúl Venerio Granera*
       
CMDTE. GUERRILLERO RAÚL VENERIO GRANDERA
Esta es la crónica que ofrece a Rumbo de Paz[1] un Comandante Guerrillero sobre los últimos instantes de un sobresaliente luchador… uno de los miles e innumerables combatientes de la causa popular que germinaron en los heroicos barrios orientales de Managua. Donde todos se insertaron en la batalla al lado de los “Yeikos” del Frente Sandinista de Liberación Nacional, tal como  identificaba la misma Guardia del dictador a los cuadros beligerantes del Frente.

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Dieciocho días con sus noches hubo combates sin tregua ni cobardía. Y en los últimos días, casa por casa y casi cuerpo a cuerpo. Siempre en el firme resguardo de nuestras líneas. Defendiendo nuestro perímetro trazado por nuestras gloriosas barricadas que  iniciaban, desde la intersección de la radial de El Dorado, con el by pass de los antiguos Transportes Modernos (hoy, “de la Solidaridad”), por el sur; hacia el norte corriendo a lo largo del cauce principal, que era una verdadera defensa natural antitanque.  Desde  ahí, hasta la intersección del otro by pass, hoy pista de La Resistencia, en la esquina norte del mismo residencial El Dorado. Después hacia el oriente, pasando por el Puente El Edén y siguiendo paralelo al curso del cauce hasta Lozelsa[2]. Continuaba sobre la  Carretera Norte hasta el barrio Santa Rosa, después, hacia el suroeste pasando por la Colonia Nicarao para volver al oeste y cerrar de nuevo en Transportes Modernos.

Mientras tanto, de manera sostenida y tal como sucedió desde octubre de 1977, cuando inicia la Ofensiva Final con el ataque al cuartel G.N. de San Carlos, las Escuadras Tácticas insurreccionales persistimos en ofensivas de hostigamiento sobre el enemigo. Pero el día decisivo llegó en junio de 1979; cuando el pueblo que participaba en las incursiones nocturnas en los barrios orientales de Managua, de forma masiva y al grito de: “Dichosa la madre que parió un hijo sandinista”, no se replegó a sus casas, sino que, en una acción espontánea y de vigor y ya con la luz del día se quedó atrincherado. En tal circunstancia, el día 9 de junio de 1979, exactamente nueve meses y 18 días después de la Insurrección de septiembre de 1978, el Estado Mayor de Managua, obligado por el apremio de esa acción de los combatientes populares, decidimos el ingreso de las escuadras guerrilleras al área, para así, todos,  ponernos al frente de la resistencia activa y revolucionaria.

En junio del 79 Nicaragua entera olía a victoria

Además, la propuesta insurreccional también contemplaba el llamado hecho a sostener la huelga nacional total que cada día cobraba más fuerza, con la participación del pueblo organizado --la que era consciente y activa en todas sus manifestaciones--, incluidas las acciones perennes y presurosas que sostenían las Unidades de Combate que se sucedían en ese mes de junio de1979.

Cualquier persona, que por alguna razón se haya visto envuelto en un conflicto de guerra, seguro debe acordarse de acontecimientos (individuales o colectivos) que le dejaron alguna marca. Sean estos por la fuerza de la violencia misma o por el relato en si. Y en este caso, creo me asiste el deber de hacer un paréntesis en estas evocaciones para hablar de un compañero extraordinario por sus dotes de militante insurreccional, por el don de amigo y la  indiscutible calidad de compañero: El muy mentado “Payo Runga”: el compañero y amigo Marcos Antonio Solano Sánchez.          
 
Por qué “Payo” y por qué “Runga”

Payo les dicen a quienes se llaman Rafael. Y “Runga” en buen nica significa un combate del bravo en un sendero atronador. De esos que huelen a mierda, miedo, y a sangre de valientes. ¿Cuántos vivieron tales experiencias? ¡Estoy seguro que miles! Yo sé de algunos,  muchísimos. Pero ni siquiera me atrevo a mencionarlos por una sencilla razón: existe muy poco espacio en estas páginas para mencionar a tanto valiente.
Otra cosa, en este relato sobre el compañero Solano, mi intención es centellear un vistazo de referencia que ilustre un poco la calidad de los compañeros que participaron en la hazaña de los barrios orientales y el posterior Repliegue. Igual y de forma somera mostrar el comportamiento de las tropas del dictador a las que nos enfrentábamos…

Como pasa y es normal en el mes de junio en este país, ese día amaneció chubascoso y una llovizna porfiada se había instalado durante toda la mañana sobre el cielo de los barrios orientales. Cubriéndolos de un ambiente plomizo, ventoso y húmedo. Toda la gente de ese sector de manera heroica mantenía una tenaz resistencia a las embestidas de los guardias élites del dictador, los que después de días de intensos combates, pues los teníamos ocupados desde el 9 de junio, ya desesperados trataban de recuperar esa parte de la ciudad donde se ubicaba, entre otras posiciones importantes, la mayoría de las instalaciones de un pingüe sector industrial,  las salidas de la carretera a la Fuerza Aérea y al Aeropuerto Internacional, la misma que, igualmente conduce a los departamentos del norte y centro del país. 

El paradójico presagio de un mortal obús

Pero, sobre todos los pronósticos y un poco antes del medio día, un bellísimo arco iris apareció nítido tendido en el firmamento. Tal vez anunciando el fin de la lluvia y la vuelta al ametrallamiento y los bombardeos de la aviación, que como en Guernica, atacaban y volaban pija sin reparo cobrando víctimas a montones, especialmente en la población civil indefensa.

Recuerdo que ese día en compañía de otros jefes y combatientes nos dedicábamos a revisar posiciones y el estado de nuestras tropas en la primera línea de combate, en “Punto Blanco” para ser exacto (nombre en clave de la intersección de las hoy Pistas de El Dorado y La Resistencia). Aquí me parece que debo  comentar, que hasta ese momento en su endemoniado encono, la Guardia para combatirnos únicamente había utilizado la Aviación, tropas de infantería de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería y los Blindados, sin utilizar, todavía, piezas de artillería.

Pero en lugar del acostumbrado ataque de la aviación una vez que se aclaró el día, sorpresivamente fue la artillería liviana la que  inició una serenata mortal de graneado mortereo sobre las posiciones rebeldes. Un disparo de mortero 81 milímetros,  hecho con precisión endiablada, alcanzó y bañó el centro de una trinchera enclenque en donde se impartían órdenes de combate. El resultado inmediato fue de cuatro muertos y 12 heridos de gravedad. Entre estos el compañero Marcos Solano, “Payo Runga”, hasta ese momento jefe del sector.

“Payo Runga” destrozado, pero sobrevive el ataque

Después de recibir semejante noticia, casi una hora pasó hasta que logré llegar al lugar donde habían trasladado a los heridos. Todo un cuadro impresionante de dolor y muerte era acompañado por un fuerte hedor a pólvora y sangre seca, el que igualmente se confundía con el olor del alcohol que reinaba a lo largo de uno de los corredores de la escuela donde se había improvisado un raquítico hospital de campaña. Un hombre que me lució mediano, blanco y fuerte, aunque ya entrado en años, asistido por varias mujeres que hacían de enfermeras, sudaba con diligente energía su condición de experto cirujano, atendiendo las heridas graves de las restantes víctimas del ataque.

Decidido y a como pude me fui abriendo paso hasta el fondo del lugar. Con algún pesimismo vi allí, sobre un ensangrentado petate y tendido boca abajo con la parte inferior del cuerpo casi destrozado, a mi bien apreciado amigo y compañero de lucha, “Payito Runga”. Enseguida avancé con cuidado entre los heridos, hasta lograr arrodillarme junto a él. Y golpeado por la impresión y el dolor, despacio fui examinando sus heridas y también su rostro. Cuando lo hallé, lo percibí cenizo y lampiño. Después toqué sus manos frías. Al contacto, él entreabrió sus ojos achinados y me quedó viendo con mirada lánguida pero firme.

Las mentiras de la valentía

-Casi no duele –me dijo, aun sabiendo que yo sabía que él mentía. Sabiendo que de forma cruel la vida se le escapaba por entre las heridas enormes de sus destrozadas piernas y pecho.

-¡Cállese, compa! -le ordené, haciéndome el fuerte-; ¡sin hablar! Tiene que conservar las fuerzas -insistí. 

-¡No, compita! –me contestó-. No nos engañemos. Aquí no hay vuelta de hoja ni nada que hacer, porque ahora solo de estorbo puedo servir. ¡Y esto si acaso me salvo! Recuerde que esta posibilidad tan triste estaba contemplada hasta en la consigna. Lo que yo quisiera es no alargar mi agonía en balde –me dijo con voz cansada. Y en una forma suplicante recuerdo que me pidió: -¡Présteme su pistola que estoy desarmado y déjeme solo que quiero reposar!

En ese trance no comprendí de inmediato qué significaba aquella solicitud ni el alcance del ruego. Hasta que un brillo sospechoso puesto en una especie de profunda mirada de gratitud, irrumpió violento en mi poco claro entendimiento para darme a sospechar la evidente intención de quitarse la vida, y así terminar su profundo dolor y endemoniado martirio.
 
Los revolucionarios tienen siempre esperanzas

Tengo que aceptar que por un momento frente aquel cuadro tan doloroso, dudé, pensando que en algunas circunstancias también, por compasión, se puede  matar a un ser humano, especialmente amigo. Pero reaccioné y por supuesto que no le di la pistola ni la venia para la soledad que me pedía. Si en algo éramos fuertes los revolucionarios era en mantener nuestras esperanzas firmes y resueltas frente a las fatalidades. Además, no estaba dispuesto a ponerle fin a su dolor a cambio de permitirle que se eliminara en forma tan ingrata y desgraciada.

¡Eso nunca! -casi le grité, resonando mi gruñido en todo el ambiente y desde el fondo de mis propias pesares. En aquel momento de alguna manera mi confianza se agrandó sobre todos los augurios. ¡Y no me equivoqué! Aquella terrible situación fue solventada al menos de forma temporal, y la confianza se fortaleció en medio de aquel terrible y dramático escenario.

Recuerdo que para entonces, el Estado Mayor del Frente Interno había comenzado a considerar seriamente la propuesta del Repliegue Táctico a Masaya, pues las tropas del dictador, en un alarde de incapacidad, y el pueblo, en uno de enorme resistencia, a diario escenificábamos feroces combates que cada vez urgían de más municiones y provisiones. La Guardia las tenía a montones, abastecida por gringos e israelitas. En cambio nosotros ahí, carecíamos de todo. ¡Eso sí!, lo que nos sobraba era determinación, “güevos” de hombres y ovarios de mujeres para seguir en la pelea, sin tregua ni debilidades: “Árbol copudo, movimiento sospechoso… Ráfaga” –gritaban las fuerzas insurgentes en combate contra las fuerzas de la EEBI infiltradas tras nuestras líneas de defensa.

Las bromas del combatiente herido

Pocos días antes de salir el Repliegue hacia Masaya, “Payito”, milagrosamente recuperado  gracias a la intervención quirúrgica y los cuidados médicos del doctor Donoso Montealegre; médico y combatiente del Repliegue, fue entregado a la Cruz Roja Internacional.

-¡Cuánta vaina! –me dijo, mientras de pie junto a su camilla lo despedía al borde de nuestras líneas de defensa, y en un momento de tregua concertada por la benéfica institución-. “Ya vio por cuántos clavos pasamos juntos y al final resultó que el jodido fui yo -me insistió.

-Bueno, eso te pasó por pura “bujonería” tuya -le dije bromeando, feliz de verlo sonreír, y aunque con mucho dolor. Seguro que bajo la protección de la Cruz Roja tendría mayor oportunidad, ya no solamente de sobrevivir, sino de salir adelante y continuar de algún modo en la lucha hasta el día la victoria final.

El cobarde y sangriento asalto a Belmonte

¡Pero no sobrevivió! La voluntad de Dios no estuvo en este episodio con él. Pues en un acto de profundo odio y de indecible cobardía, la Guardia asalta militarmente el recinto de Belmonte, donde la Cruz Roja Internacional tenía y cuidaba a los heridos desarmados e indefensos, y ya muy mejorado de sus lesiones lo asesina en la misma habitación donde dormían él y quién sabe cuántos más.

Nunca supimos los nombres de todos los que allí fueron masacrados. Cuántos eran y dónde los sepultaron. No hubo tampoco sermón ni plegaria en favor del eterno descanso de “Payo Runga” y sus compañeros de martirio. Pues al menos las oraciones que en un primer momento se pronunciaron en su nombre, fueron dichas en secreto y casi con vergüenza, debido a la prudencia partidaria de aquellos días aciagos, cuando se escondía la fe para no alterar la hipócrita y cerrada uniformidad de las ideas. Aunque arriesgar y dar la vida por el prójimo fuera el más grande acto de credo dado por los combatientes sandinistas y el pueblo que lo acompañaba en su enorme sacrificio.

De esa talla eran los combatientes sandinistas que pelearon en los barrios orientales. De esa calaña eran también sus enemigos somocistas, los que algunos por allí, hoy en día, quieren resucitarlos para que vuelvan de la tumba política donde los mandamos, para de nuevo tratar de continuar desangrando al pueblo victorioso.

¡Honor y gloria a Marco Antonio Solano: nuestro recordado Payo Runga! Héroe de la Insurrección de Managua.

**Comandante Guerrillero.

Miembro del Estado Mayor del Frente Interno que dirigió la insurrección victoriosa en la ciudad de Managua.  Extracto del Testimonio: “DESDE EL FONDO DEL CORAZON”

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Marco Antonio Solano Sánchez
Nació el 22 de noviembre de 1951
Hijo de Da. Ana María Sánchez v. de Solano
La dirección editorial de Rumbo de Paz supo que el heroico combatiente sandinista, después que la Guardia Nacional descargó balazos sobre él dentro de las instalaciones de la Cruz Roja, en Belmonte, junto a otros compañeros masacrados, fue conducido al depósito de cadáveres, y aún con vida, fue puesto dentro del congelador, mientras un soldado vigilaba la entrada del local. El suplicio de “Payó Runga” terminó en el martirio más indecible. En las palabras del autor de este conmovedor testimonio: “…arriesgó y dio la vida por el prójimo, el más grande acto de credo dado por los combatientes sandinistas y el pueblo que lo acompañaba en su enorme sacrificio”.




[1] Rumbo de Paz, revista de la Federación de Amigos de la Coordinadora Nacional de Oficiales en Retiro (FACNOR).
[2] Lozelsa, tienda cuyo nombre fue referencia para orientarse en Managua, en la actualidad no existe, en ese sitio ahora está el Hospital Central, en las inmediaciones de la Colonia Centroamérica.