miércoles, 9 de febrero de 2022

LAS HUELLAS DE ACAHUALINCA. Por Francisco. B. Richardson del Instituto Carnegie. Managua, Nicaragua, C.A. 1958.


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Del Director y Editor del Blogspot: Este Plegable de divulgación en arqueología científica, del año 1958, fue el primero y tuvo el propósito de promover el turismo nacional y extranjero: Visit Nicaragua and see the famous footprints of Acahualinca. Fue editado en idioma inglés y español; elaborado en un folio u hoja de cuatro partes en pliegue de acordeón. El concepto, edición y la supervisión en la imprenta, estuvo a cargo del Dr. Eduardo Pérez-Valle por encargo de la Junta Nacional de Turismo. El trabajo litográfico fue hecho en la Litografía y Fotograbados Pérez, de Don Carmen de Jesús Pérez Cano, y la impresión en el Taller San Lucas. 

Al final del último pliegue, el Dr. Pérez-Valle incluyó una Nota aclaratoria: “La escala de corte transversal aproximada que dibujó para este trabajo Francis B. Richardson, no se nos entregó con el original, ni pudimos luego conseguirla. La que aquí presentamos ha sido elaborada en el Taller San Lucas sobre los datos del señor Richardson y teniendo a la vista los estratos de la excavación, pero su valor, como ya se indica arriba, es solamente aproximado.”

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LAS HUELLAS DE ACAHUALINCA

Los más antiguos restos humanos descubiertos hasta la fecha en Latinoamérica

Las ruinas de Acahualinca están situadas en las afueras de al occidente de la actual ciudad de Managua, Nicaragua, a sólo unos cuantos cienes de metros al sur de la costa del lago de Managua y junto a la vía férrea que conduce a Corinto, puerto del Pacífico de Nicaragua. En todo tiempo del año se puede llegar a ellas en automóvil en unos 10 o 15 minutos desde el centro de la ciudad. La mejor ruta es seguir la calle de El Triunfo hacia el oeste, hasta la fábrica de telas Gadala María. Pasando directamente por el lado oeste de esta fábrica, pronto se da con la vía férrea que conduce a Corinto. Inmediatamente después de cruzar la vía férrea, dando vuelta hacia la derecha y siguiendo dicha vía paralelamente por unos 200 metros, llegará uno a las ruinas.

DESCUBRIMIENTO E HISTORIA MODERNA DE LAS RUINAS

Estos antiguos restos humanos, que consisten en huellas de hombres y de animales solidificadas en lodo volcánico y enterradas profundamente bajo varios metros de depósitos subsiguientes volcánicos, aluviales y de humus, fueron primeramente denunciados al mundo por el Dr. Earl Flint, un médico de los Estados Unidos que residió en Nicaragua durante la última mitad del siglo XIX. Su anuncio sobre el descubrimiento circuló por primera vez en 1878, y produjo considerable revuelo en el mundo científico de entonces, apareciendo numerosos artículos concernientes a su descubrimiento en diarios europeos y americanos. Por una veintena de años se siguió acalorada controversia. La atribución de una enorme edad a las huellas por el Dr. Flint, fue recibida con bastante escepticismo, no se hizo ningún intento de seguir hasta el fin el descubrimiento, y, por consiguiente, al alborear el siglo 20, todo lo acaecido fue prácticamente olvidado. El Dr. Samuel K. Lothrop revivió algún interés en 1926 por la publicación de “Cerámica de Costa Rica y Nicaragua”, pero no fue hasta 1941, 63 años después de que las huellas fueron primeramente anunciadas, que se llevó a cabo un serio esfuerzo para redescubrir el sitio. El redescubrimiento puede ser atribuido a una revisión de la correspondencia original del DR. Flint archivada en el Museo Peabody de la Universidad de Harvard y también a mucha buena suerte. El corte de piedra en la vecindad de El Cauce y Cahualinca a veces dejaba a la vista el estrato volcánico en el que están impresas las huellas. Durante la búsqueda del sitio, por la Institución Carnegie de Washington en 1941, un grupo de picapedreros dejaron a la vista en ese entonces algunas huellas. Excavaciones extensas subsiguientes conducidas en 1941 y 1942 expusieron una gran parte de las huellas, tanto humanas como de animales. El Presidente Somoza ordenó que uno de los principales cauces del desagüe de Managua, que amenazaba las huellas, fuera desviado para que el sitio pudiera ser conservado en su estado original para beneficio del público en gran parte y para futuras investigaciones científicas. Al terminar las excavaciones actuales, la Institución Carnegie de Washington construyó un edificio protector que ahora cubre las huellas expuestas, mientras que el gobierno nicaragüense adquirió algún terreno circundante, sobre el que el Ministerio de Fomento construyó una casa para el cuidador, cercó el área e hizo mejoras generales del terreno.

CONDICIONES DURANTE EL PERÍODO EN QUE LAS HUELLAS FUERON IMPRESAS

Hace algunos miles de años vivió en las llanuras que circundan Managua un pueblo que subsistió por medio de la caza, la pesca y la recolección de alimentos silvestres, pues la agricultura fue probablemente desconocida para dicho pueblo. Sencilles y privación espartana caracterizó sus necesidades, comparadas con lo que nosotros llamaríamos necesidades vitales. Es dudoso que ellos hayan desarrollado el arte del tejido textil o siquiera la cerámica, y, hablando de una manera general, se presume que dicha gente era algo nómada. No se sabe lo suficiente sobre el hombre antiguo en el Hemisferio Occidental para poder contestar preguntas como qué tipo de habitación estaba en uso, qué forma de organización social se había desarrollado, y otras numerosas dudas sobre su vida diaria y costumbres. Se ha descubierto, sin embargo, que aquí en Managua hombres primitivos ocuparon esta área al mismo tiempo que el bisonte, un animal extinguido en esta área hoy día. En realidad, antes de 1942, se creyó que el bisonte nunca había bajado más al sur que el norte de México. Si fuera posible dar una descripción detallada, en lugar de generalidades vagas, con respecto al hombre primitivo en esta área, se incluiría aquí. Lo anterior, sin embargo, resume lo que sabemos y suponemos con respecto a esta gente que imprimió las huellas. Excavaciones futuras y detalladas en Acahualinca, quizá puedan arrojar mucha luz sobre esos problemas elementales de la existencia diaria del hombre primitivo en esta parte del mundo.

         No obstante, retrocedamos unos cuantos miles de años hasta unas pocas horas antes de que las huellas fueran impresas. Los hombres, mujeres y niños de Managua en esa época remota, estaban siguiendo su vida diaria, nocturna o diurna. En la memoria de aquellos que entonces vivían, los volcanes cercanos de Nejapa, Tiscapa y Asososca pueden haber estado levemente activos, pero tal actividad no había roto sus vidas normales. De momento, posiblemente con algún aviso, uno de estos tres volcanes hizo erupción y arrojó afuera una gran cantidad de ceniza (capa No. 2 en el diagrama adjunto). No hay ninguna duda que estas cenizas cayeron como lluvia desde el aire y que cubrieron un área considerable al oeste y norte de Managua. Siguiéndole los talones a esta erupción de ceniza, una corriente de lodo (técnicamente conocido con el nombre de “Lahar”) corrió por las llanuras alrededor de Managua, inundando una ancha región y echándose al lago. Cuando las cenizas cayeron del aire y los lahars corrieron sobre la tierra, ambos estaban ya bastante fríos, pues ramitas, hojas y otras materias vegetales que se encuentran con ellos, no tienen ninguna señal de haber sido carbonizados. Poco después de que el lodo dejó de moverse, la gente y los animales comenzaron a caminar a través de él e imprimieron sus huellas en el material que rápidamente se solidificaba. Se dice “poco después”, porque los depósitos dejados por lahars tienden a endurecerse rápidamente. Depósitos algo similares cayeron sobre las laderas de Lassen Peak en California en 1915 y después de pocas horas era muy difícil imprimir una huella en ellos con los pies. Lahars que caen desde los volcanes de Java, se sabe que se comportan de la misma manera. A propósito, los depósitos de lahars de Managua, son sumamente parecidos a los que enterraron a Herculano en 79 D.C.

         Cuando se echaron hacia fuera la ceniza y corriente de lodo, se debe presumir que la gente de la vecindad esta aterrada en diversos grados, pues esta erupción señaló el comienzo de un nuevo ciclo volcánico de relativa quietud. Sin embargo, juzgando por huellas vistas en una ancha área, la confusión de que fuera presa la gente, había terminado cuando ellos caminaban en la corriente de lodo. No iban corriendo, sus pasos eran cortos, y notablemente regulares en distancia y dirección. Comentarios anteriores publicados concernientes a las huellas, lo mismo que la creencia popular, afirmaban con énfasis que la gente iba “huyendo” del volcán. No existe tal evidencia, sino que por el contrario, se han observado huellas yendo, no sólo en dirección de los volcanes, sino hacia todos los otros puntos cardinales también. En realidad, si nosotros hoy en día nos enfrentáramos al problema de huir de una erupción tal, nos encaminaríamos rápidamente hacia un punto alto del terreno o hacia el lago. Ciertamente, no hubiera habido mejor lugar para buscar refugio que bastante adentro del lago; sin embargo, muchas huellas preservadas a lo largo de la costa del lago apuntan alejándose del lago hacia los volcanes. Uno puede ver por las huellas conservadas en Acahualinca, que la gente se hundía en el lodo a diversas profundidades.  Esto puede significar que algunos individuos pesaban considerablemente más que otros, pues es posible que algunos fueran llevando cargas pesadas, según lo indican los pasos cortos. Indudablemente, sin embargo, un elemento de tiempo está presente en las huellas expuestas y conservadas en el sitio. Mediante un examen minucioso, uno puede ver que las huellas más profundas, que efectivamente atraviesan la corriente de lodo hasta la ceniza subyacente, fueron impresas antes de que dejara de correr el lodo depositado. La situación, entonces, en esta área expuesta, es que se ven numerosas huellas de gente yendo en la misma dirección, es verdad, pero los que hicieron estas huellas no pasaron por este lugar en particular al mismo tiempo. Una d las observaciones más interesantes de todas, señala una población relativamente densa de estos primitivos habitantes en el distrito de Managua, pues se han contado más de 40 individuos, mientras que sólo una diminuta fracción de 1% del total de la superficie de la corriente de lodo ha sido examinada o expuesta. Si ha habido tal concentración de población, como está indicado, es posible quizás deshacer algunas concepciones aceptadas del hombre primitivo en esta parte del mundo. Además de huellas humanas y de bisontes, concurren huellas del venado cola blanca, nutria, lagartijas y un pájaro llamado guan (Penolope purpurascens) en el miso estrato de las huellas humanas. Las cuatro especies mencionadas anteriormente son naturales del distrito de Managua actual, lo mismo que a alturas considerablemente mayores que Managua. Uno puede ver claramente las huellas del venado en el extremo sur del área expuesta, cruzando las huellas humanas, mientas que las huellas de guan están en el extremo norte de la pista. Las huellas de lagartijas y nutrias, encontradas a unas cuantas docenas de metros del sitio actual, no han sido conservadas. Un ejemplar de las huellas de bisonte fue encontrado a una milla y media al sur de Acahualinca en una corriente de lodo idéntica o por lo menos contemporánea a la de Acahualinca. Finalmente, impresiones de hojas arrastradas y cubiertas no sólo por el estrato de las huellas, sino por todos los depósitos superiores de corrientes de lodo y piedra pómez, fueron recuperadas. Por tanto se puede hacer una buena verificación de las condiciones climatológicas en el tiempo en que se imprimieron las huellas, lo mismo que en todos los períodos subsiguientes.

         En resumen, pues, lo que se ve en Acahualinca son vestigios de los más antiguos rastros de la ocupación humana en Latinoamérica. Se supones a estas gentes como existiendo a un nivel cultural primitivo. Ellos subsistieron durante la época que, el bisonte lo mismo que otras especies que se sabe habitan esta área general hoy día, vagaba por las planicies de Managua. Solamente investigaciones futuras echarán más luz sobre su vida diaria y costumbres. En realidad, Managua y su vecindad ofrecen el campo más propicio conocido hasta la fecha en Hispanoamérica para un estudio del hombre primitivo.

¿QUÉ EDAD TIENEN LAS HUELLAS?

         No se puede hacer ninguna afirmación definitiva por ahora con respecto a la edad de las huellas. Se puede ver fácilmente, por la acumulación de depósitos volcánicos, aluviales y de humus sobre las huellas, que un período considerable debe haber transcurrido para una formación tal. Futuras investigaciones detalladas por numerosas ciencias, iluminarán este problema que es de la mayor importancia. Sin embargo, una breve reseña de lo que ahora se sabe con respecto a los depósitos situados encima de las huellas, nos dará alguna idea de la edad.

         Poco después de haber sido hechas las huellas –posiblemente aun cuando estaban siendo impresas— fueron cubiertas por un pequeño revestimiento de cenizas negras que caían desde el aire. (Capa 4 en el diagrama adjunto). Entonces siguió una pequeña corriente de lodo (Capa 5) otra erupción de ceniza negra (Capa 6), luego una sucesión rápida de espesas corrientes de lodo (Capa 7). La capa 7 representa el grueso estrato de piedra explotada y ahora usada como material de construcción en Managua. Si no fuera por el delgado revestimiento de ceniza negra que cayó directamente sobre las huellas y actuó como un cojín entre las huellas y los depósitos subsiguientes de lahars, pudo haber sido imposible exponer las huellas, pues las corrientes de lodo tienden a fusionarse unas con otras. Todos los depósitos de lahars y cenizas mencionadas hasta ahora, (Capa 2 hasta la 7), fueron arrojados durante un solo ciclo volcánico que pudo haber durado solamente algunos pocos meses o años. Después de este ciclo, siguió un corto período de inactividad volcánica que puede ser medido en décadas en lugar de siglos. Este período está demostrado por pequeños parches de tierra (Capa 8) hasta 7.5 cm. de espesor, y por cauces de ríos extintos. Uno de tales cauces cortó un canal de 30 metros de ancho y 4.7 metros de profundidad, no solamente a través del lecho de las huellas y profundamente adentro de la tierra subyacente. Siguiendo a este corto período de quietud, un volcán distante, quizá en la vecindad de Masaya o Granada, arrojó lluvias de pómez blanco (Capa 9). Este estrato puede ser fácilmente reconocido en Acahualinca por su color. Una vez más siguió la quietud, como está representado por un depósito de tierra (Capa 10), que llega a un metro de espesor. Renovadas erupciones cubrieron esta última capa de tierra con una corriente de lodo de color verde-aceituna (Capa 11). Otro depósito parchoso de tierra se acumuló (Capa 12), luego éste fue enterrado por las últimas corrientes de lodo (Capa 13), y finalmente, el superior y más grueso de los depósitos de tierra fue puesto (Capa 14). Hay poca duda de que el tiempo representado por esta acumulación superior de tierra excede grandemente a aquel de todos los otros depósitos juntos.

         Mediante un examen minucioso, se puede ver piedras de cerámica quebrada, en esta tierra superior. Están en la sección transversal que deja a la vista las huellas de Acahualinca. Dentro de un radio de 300 metros del sitio, The Carnegie Institution of Washington, desenterró durante 1942 más de 100,000 ejemplares de esta cerámica, de las que solamente unas pocas estaban completas. Dentro de este mismo radio, y hacia el sureste, se descubrió un antiguo cementerio. Un examen preliminar de la cerámica revela que contenía menos de 10 piezas de un tipo conocido en Guatemala y El Salvador a la fecha, o sea más o menos al nacimiento de Cristo. Este tipo de cerámica ha sido identificado como uno de los más antiguos aislados hasta la fecha en Centroamérica, a pesar de lo cual se encuentra en tierra superior. Además, 40 piezas más o menos, de Cerámica Maya, que sin ninguna duda fueron hechas al noreste de Honduras, llegaron hasta Managua, probablemente por medio del comercio. Esta cerámica de tipo Maya se encontró en cantidades tan ínfimas que se debe deducir que los Maya no ejercieron prácticamente influencia alguna sobre los pueblos de esta localidad. Finalmente, unas veinte piezas más o menos, son idénticas en tipo a cerámica común en el sur de Nicaragua y que han sido encontradas enterradas cono objetos de manufactura europea tales como vidrio y hierro.

         En resumen, la gente que hizo y usó esta cerámica hace 2,000 años, durante o poco después de los tiempos del Viejo Imperio Maya, y en los siglos XV y XVI, vivieron exactamente en la misma localidad que aquellos que imprimieron las huellas. Así, pues, Managua ha sido ocupada por miles de años, pero o puede afirmarse todavía que esta ocupación haya sido continua. (1)

(1 – Este artículo es una tentativa de explicación del significado de las ruinas de Acahualinca. Investigaciones futuras, deberán aclarar, y hasta modificar las observaciones del autor incluidas aquí.

Karl Ruppert, miembro del personal de la Institución Carnegie de Washington, condujo el estudio de la cerámica, mientras el Dr. Homel Williams, del Departamento de Geología de la Universidad de California hizo los estudios vulcanológicos preliminares. Numerosos pasajes que se han incluido en este artículo aparecen, no sólo en el informe no publicado aún del Dr. Williams, sino en el material publicado escrito por el Dr. A. V. Kidder, Jefe de la División de Investigación de la Institución Carnegie de Washington.     

                                            FRANCIS B. RICHARDSON

                                               Managua, 1942

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domingo, 6 de febrero de 2022

LEÓN AGUILERA, ESCRITOR Y POETA: EMIGRANTE DE LA CREACIÓN VIRTUOSA EN PATRIA DE ACOGIDA. León, Nicaragua, 1901 - Guatemala, 1997.


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LEÓN AGUILERA. Revista Darío. León, No. 17 a 19. León, Nicaragua. 1 de Mayo de 1922.

Trátase esta vez de un muchacho de veinte años que lleva un rosal triste dentro su corazón. Contextura raquítica, endeble. Aguilera empezó a cantar a los nueve años de edad. Con ese canto infantil e ingenuo, le cantaba a los santos, a Dios, y a la virgen. Después vinieron los amores de la adolescencia, amores llenos de miel y de luz, y su musa fue esclava de su “Beatrice”. Después, las lecturas la influencia del tiempo ha cambiado su sentir. Y León es hoy un joven huraño, esquivo, ha aumentado su silencio… siempre fue un chico triste. Y quien creyera que dentro de esa figura, flácil, caricaturesca, hay una constante vibración de armonías. En la república del Salvador salió su primer libro. “Ofrenda matinal”. Allí están sus cantos a la amada, sus versos pueriles; y allí descubre ya sus tedios, sus inquietudes incurables, su melancolía y su neurosis y es así que va con su dolor. Y su dolor no es ese de los anquilóticos ramplones que lo limitan a un cursi romanticismo encerrado en la feral estrechez de la retórica. Su dolor es un dolor nuevo donde se complican las teorías de Voltaire y de Nieztche con el bello y endiablado escepticismo de Baudelaire; el silencio espectral de Lautréamont con la rebeldía impasible de León Bloy.

Tienen sus versos la marca de su personalidad: su yo diluido en frases de un sentimiento propio. La nerviosidad, la rebeldía, el amor y el odio, caracterizan su dolor.

Llevando un universo de nobles ambiciones en el cerebro y el corazón, lanza su corcel por las colinas en donde Pan tañe su flauta agreste.

El triunfo ha de ser suyo y dentro de pocos años su figura será honra de las letras centroamericanas.

 

 GRIS MOMENTÁNEO

Entra un sol demacrado por el vidrio borroso

a la estancia ilumina con luz convaleciente,

hace un calor de horno y en mi encierro tedioso

soy una flor de esplín que sueña indisplicente!

         El firmamento se hace de crayón esfumado

         y espuma sucia, el día opaco nos abruma…

         la vida de su copa nos da un vino amargado

         y deja entre mi boca las hieles de su espuma.

¿Se nubla acaso el sol como se nubla mi alma?

¡El cielo ayer tan claro, mi alma ayer tan contenta!

Yace trunca en su rama mi más gloriosa palma;

mi pájaro de oro calla y se desalienta!

                                  LEÓN AGUILERA

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EL GOBIERNO DE NICARAGUA REHUSÓ COMPRAR EL LIBRO URNAS DEL TIEMPO QUE EDITÓ EN GUATEMALA LEÓN AGUILERA, QUIEN HONRA NUESTRAS LETRAS. El Centroamericano. León, Nicaragua. Jueves 15 de Octubre, 1964.

CIUDAD DE GUATEMALA. – (Especial para “El Centroamericano”). – El gobierno de Nicaragua rehúsa comprar el libro de un nicaragüense que honra con las letras a Nicaragua. Se trata de “Urnas del Tiempo” de León Aguilera.

         Esto parece el colmo, se comenta hasta en muchos círculos conectados con la cultura hispanoamericana y del Gobierno de Nicaragua.

         Otros Gobiernos han comprado, ejemplo: Honduras: 300, El Salvador 350, Costa Rica 200, Panamá 150, Ecuador 100, Uruguay 200, Argentina 100, Colombia 100. ¿Y el de Nicaragua? ¡Muy bien, Gracias!

         El Ministerio de Educación Pública de Nicaragua aduce que no tiene fondos disponibles del presupuesto, lo mismo dice la flamante Secretaría de Información y Prensa de la Presidencia de la República de Nicaragua. Por otro lado, el Gobierno de Nicaragua se retrata de cuerpo entero como “malinchista”. Recientemente ha nombrado a un señor para que “copie del Archivo Nacional documentos que se relacionan con Nicaragua”, dándole la bicoca de trescientos dólares mensuales, cuando estos documentos que se relacionan con Nicaragua, están en perfecto orden de clasificación, los cuales se pueden microfilmar en menos de media hora a un costo menos de cien dólares. En la clasificación hemos pasado muchos años haciéndolo con esmero y cuidado en compañía del Profesor Mario Enrique Chávez Zelaya y sobrino del Reformador de Nicaragua, General José Santos Zelaya. En los círculos de la Sociedad de Historia y Geografía de Guatemala se comenta lo desacertado en nombrar a un señor que nadie le conoce capacidad para estos asuntos tan delicados.

         Recordamos con dolor inmenso el desprecio que hiciera un exEmbajador de Nicaragua al extinto Profesor Joaquín Pardo, quien le ofreciera en forma amistosa hacia Nicaragua, documentos auténticos y de gran valor jurídico para aportarlos a favor de Nicaragua en la Corte Internacional de La Haya cuando Honduras y Nicaragua acudieron para dirimir la controversia sobre el territorio en Litigio. Como se recuerda Nicaragua trató inútilmente el asunto con argumentos desacertados y hasta con dudosos documentos. Mientras que en el Archivo de Guatemala habían documentos que datan de Carlos I, donde marcan la jurisdicción eclesiástica de Nicaragua desde Choluteca y el Aguán, documentos similares hay firmados por Felipe II en 1596, tres de Carlos II, cuatro de Felipe V, y uno muy valiosísimo del Papa Clemente VII.


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LEÓN AGUILERA, (97); ESCRITOR LEONÉS; FALLECIÓ EN GUATEMALA. Por Armando Quintero M. Corresponsal. La Prensa, 15 de abril de 1997.

LEÓN. – Un laureado escritor nacido en esta ciudad de León, aunque la mayor parte de su vida la pasó en Guatemala, de nombre León Aguilera, murió el pasado martes 15 de abril según los informes que nos proporcionó el destacado dariano José Jirón Terán, quien en varias ocasiones tuvo la oportunidad de conversar con él, cuando visitaba ese país.

         Aguilera nacido a principios del presente siglo, al morir tenía 97 años y en todo este tiempo se convirtió en un escritor de mucho prestigio, “en un poeta de verdad”, según nuestro interlocutor.

         Desde muy joven, Aguilera demostró que tenía actitudes natas para la literatura. Comenzó colaborando en la revista “Rubén Darío”, que dirigía otro destacado intelectual: don Juan Felipe Toruño; también fue en su ciudad natal donde escribió su primer libro sobre la Real Basílica Catedral y otras cosas de León, habiendo cursado sus estudios de primaria en el tridentino Colegio San Ramón.

         Su padre fue don Presentación Aguilera, propietario de la Farmacia Aguilera, también desaparecida y estaba emparentado con la familia Ibarra Padilla.

         No logramos averiguar el nombre de su madre.

         Según nuestras fuentes, el joven Aguilera partió para Guatemala resentido y decepcionado con la alta sociedad leonesa, ya que se enamoró de una joven de apellido Herdocia, cuyos padres y allegados se opusieron al noviazgo, aduciendo que no pertenecía a su clase social y además era hijo natural, lo que en aquellos tiempos era una especie de estigma.

         Pasaron los años y León Aguilera comenzó a publicar en el diario El Imparcial de Guatemala una sección titulada “Urnas del Tiempo”.

         Desde entonces nunca más regresó a Nicaragua, lastimado por el desprecio que había sufrido, aunque siempre trataba de obtener noticias de su amado León con las personas que llegaban a Guatemala procedentes de nuestro país.

         Don José Jirón nos confirmó que el fallecido escribió diez libros y deja una hija de nombre Grecia, que es periodista.

         Sus funerales se efectuaron el martes 15 de abril en la misma tierra que le dio acogida.


PUBLICADO EN LA PRENSA, NICARAGUA. MIÉRCOLES 23 DE ABRIL DE 1997
Archivo Vertical Hemerográfico Dr. Eduardo Pérez-Valle (1924 - 1998)

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Del Director y Editor del Blogspot: Esta entrega o reencuentro no será la última sobre el poeta León Aguilera. 
En la Web está publicado un interesante artículo de doña Grecia Aguilera, periodista y escritora, hija del poeta; puede localizarse en Internet a través del link: 

LEÓN AGUILERA FILÓSOFO HUMANISTA. Por Grecia Aguilera 31 de marzo, 2007

Agenda cultural. Por: La Hora. Guatemala, C.A.

    Filósofo, periodista ilustre, escritor y poeta guatemalteco, fue declarado “Poeta Niño” a los 7 años de edad y a los 10 hizo su primer periódico. Hablaba varios idiomas, entre ellos: francés, inglés, italiano, ruso, griego, latín, japonés, alemán, chino, y otros.

    El filósofo León Aguilera nació en la ciudad de León, Nicaragua el 11 de abril de 1901 y murió en la ciudad de Guatemala el 13 de abril de 1997.

    En 1921 inició su carrera como periodista en el Diario “Prensa” de El Salvador. Se trasladó a Guatemala en 1924, integrándose de inmediato al Diario “El Heraldo” de la ciudad de Quetzaltenango. En 1931, don Alejandro Córdova, director del recordado Diario “El Imparcial”, de la ciudad de Guatemala, llamó al humanista León Aguilera para que pasara a formar parte de dicho rotativo. En ese entonces los titulares del diario destacaban por la precisión y gran maestría con que los redactaba León Aguilera.

    En 1952 escribió el libro “Treinta años de El Imparcial”, relatando el diario acontecer nacional e internacional desde 1922 a 1952.

    Las primeras secciones publicadas por el filósofo guatemalteco León Aguilera en diferentes diarios de Centroamérica, en las que describía sucesos diarios, las tituló: “Rumor del diario vivir” y “Espejo de los días”, prácticamente la cuna de lo que posteriormente bautizó con el nombre de: “URNAS DEL TIEMPO”.

    Cuando el diario “El Imparcial” cerró sus actividades periodísticas el 16 de junio de 1985, fue llamado por los directivos de diario “Prensa Libre”, los periodistas Pedro Julio García y Álvaro Contreras Vélez para que en dicho matutino continuara publicando sus “Urnas del tiempo”.

    El periodista ilustre y eximio filósofo León Aguilera publicó los libros titulados: “Ofrenda Matinal”, poesía, 1921; “Estancias de la Montaña”, canto a Guatemala, 1942, prologado por don Alejandro Córdova; “Urnas del Tiempo” tomo I, prosa, 1956; “Urnas del Tiempo” tomo II, prosa, 1964; “Poemas del Verano”, poesía, 1972; Itinerario de Otoño, sonetos, 1988. En 2002 el Ministerio de Cultura y Deportes publicó el libro de poesía “Cantos del Véspero” de León Aguilera, edición conmemorativa por el centenario de su nacimiento (1901-2001).

    Los temas de las obras del gran humanista León Aguilera se han referido a la filosofía, la ecología, la fauna, la flora, la profundidad del ser humano, la belleza, el amor…

    Las obras del filósofo León Aguilera son un legado para la humanidad por su gran valor, por su alto contenido histórico, filosófico, cultural, literario, por la riqueza del idioma español que fluye de una manera hermosa, musical y didáctica y por ello su obra literaria ha sido utilizada por catedráticos, por profesionales de diferentes ramas, por destacados personajes nacionales y extranjeros de diferente ideología social, religiosa y cultural.

    León Aguilera fue socio fundador, socio honorario de diferentes asociaciones e instituciones del país, obtuvo un sinnúmero de galardones, homenajes, condecoraciones, diplomas de honor al mérito que testimonian su ilustre carrera literaria y periodística.

¿Dónde encontrar su obra?

HEMEROTECA NACIONAL DE GUATEMALA

Diario El Imparcial de 1941 a 1985

Diario Prensa Libre de 1985 a 1997

BIBLIOTECA WALT WHITMAN DEL IGA

CIRMA (Antigua Guatemala)

Archivo de Diario El Imparcial

Opiniones

    León Aguilera hermano de Whitman, de Neruda, nos reta con cada una de sus columnas en El Imparcial, a vivir, a ser, a respirar hondo en su poesía que él cuidadoso va acumulando en sus Urnas que no son muerte sino vida de tiempo inacabable”.

Margarita Carrera

    En especial fueron muy apreciadas sus Urnas de crítica literaria, en las que, por su gran erudición, podía pasar de los clásicos, a los escritores de mayor actualidad y generoso siempre, dio palabras de estímulo, a las voces de quienes se iniciaban en las letras”.

Luz Méndez de la Vega

    “…su poesía se encamina hacia los valores permanentes, hacia lo trascendente, nada escapa a nuestro poeta como motivo de creación. Es entonces cuando encontramos que en otros versos se vuelve hacia lo propio, hacia la naturaleza exuberante de esta Guatemala que tanto amó, para cantarle a sus montañas, rí­os y mares, a sus golfos y bahí­as, a la fiesta continua de mangos y platanares, de cucuyuces y magueyes que reinventan en el “largo, amarillo y lento calor”.

Carmen Matute

    “Hay en la prosa de León Aguilera un reverdecer constante de la palabra: llega como aluvión esa riqueza siempre presentida de voces que se multiplican para darnos un panorama intenso y vívido de las emociones con las que se llenan de color los ámbitos.

Delia Quiñónez

    “Referirse a la fecunda personalidad de León Aguilera, es adentrarse a un mundo extraordinario de belleza, de sueños, donde el tiempo se empina jubiloso para derramar desde los altos miradores celestes, su cúmulo poético que se vierte sobre todos aquellos seres sublimes, receptores del elixir divino de las musas.

María del Mar

    “Loor al poeta de poetas que plasmó en sus inolvidables versos, la maravilla sin par del universo, dibujando con letras doradas cada rincón de la naturaleza. Loor al Gran Maestro, que supo estimular y motivar con sus palabras a todos los escritores que nos acercábamos a él en busca de su sabia orientación poética. Loor al noble escritor, periodista y poeta que embelleció con incomparable policromía el caudal de la literatura guatemalteca.

Sara Cabarrús de Ruiz

    “Alguna vez traté el tema de la creación literaria con la doble exigencia de la espontaneidad y disciplina, y ambos valores se dan en la obra de León Aguilera.

David Vela

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domingo, 30 de enero de 2022

EL CLUB AZOTEA Y OTROS RECUERDOS DE DON "MINCHO" Y PÉREZ VALLE. (Cosas Veredes Sancho Amigo). Por: Mario Fulvio Espinosa. La Prensa, 26 de febrero, 2006.

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COSAS VERDES SANCHO AMIGO

EL CLUB AZOTEA Y OTROS RECUERDOS DE DON “MINCHO” Y PÉREZ VALLE

Por: Mario Fulvio Espinosa

Como decíamos ayer, un grupo de “recordadores irredentos” de la perdida Managua nos reunimos periódicamente en la “Peña del Viejo Solitario”, lugar paradisíaco que un Mecenas anónimo ha puesto a nuestra disposición para que ahí, mimados por la bella Dane, hilvanemos recuerdos y conversemos sobre vivencias que anhelan salir del alma

SALVAR LOS RECUERDOS

Desde hace varios años en cada Luna Llena nos reunimos en la “Peña del Viejo Solitario para pescar añoranzas. En este lugar mítico los “recordadores irredentos” damos rienda suelta a la imaginación y las historias, cuentos y leyendas fluyen como una Fuente Castalia inspiradora.

Sabemos bien, los parroquianos de ese privilegiado lugar, quelas oportunidades de evocar cosas del pasado van perdiéndose en la vorágine de un sistema que pretende sepultar nuestra historia, para convertirnos en simples compradores compulsivos. Por tanto… urge poner a salvo los recuerdos.

Danae es una mujer alabastrina, los dioses le han concedido el privilegio de la belleza eterna de Venus y la prudencia y sabiduría de Minerva. Nosotros la vemos ir y venir por la regia casona caminando con sus pies alados, y le consultamos cuando es menester tener su opinión a fin de estrechar aún más nuestros lazos fraternos.

Al grupo original de invitados, entre los que figuran Ricardo Trejos Maldonado, Salvador Espinoza, Carlos Ocón, Manuel Aragón Buitrago, Wilfredo López, Alí Benito del Castillo, Luis Rocha y otros, a menudo agregamos invitados especiales. Esta vez ha llegado el abogado Benjamín Pérez y el acucioso investigador Eduardo Pérez Valle que desean también pescar recuerdos.

En esta noche del 13 de febrero la Luna ha decidido despojarse de todos sus velos, espléndida en su plenilunio con su luz ilumina el bello jardín donde, debajo de una pérgola de fragantes flores, permanecemos reclinados sobre suaves divanes, al mejor modo de los dioses del Olimpo.

La conversación de estos amigos es venturosa, cada quien tiene algo que decir y se respeta, por natural cortesía, a quien habla, nadie trata de interrumpir o aplastar a los demás con prolongadas intervenciones, y los otros escuchan atentos, a sabiendas que la mejor virtud del conversador es saber escuchar, además, todo lo que ahí se dice contiene excelsos valores, experiencia, sabiduría, tolerancia, buen humor, respeto, sentido de justicia, y nobleza de sentimientos.

LOS FASCÍCULOS DE LA PRENSA

         Pérez Valle trae a colación la publicación de fascículos que realiza LA PRENSA con informaciones y fotografías que revelan la vida cotidiana de los nicaragüenses desde inicios del siglo XX. “En uno de ellos –dice— apareció una fotografía de la Avenida del Centenario, ese grabado rescató recuerdos puesto que ahí aparece el edificio Carrión, frente a Ludeca, donde mi padre arrendaba un segundo piso que fue durante once años nuestro hogar”.

         Entrecierra los ojos Pérez Valle para evocar lejanías. Los años de infancia habitando en el centro de Managua, los primeros juegos y ensueños. “Siempre procuro, como labor impostergable, conversar con gente anciana, con esos viejitos octogenarios o nonagenarios que arriban al ocaso de la vida. Al extinguirse la vida, muere la historia en el encierro de la memoria”.

         “Quiero –agrega—, mencionar a algunos de estos sabios ancianos que aún viven y con los que debemos conversar cuanto antes, pues ellos son filón de la historia”. Uno de ellos es don Carmen de Jesús Pérez Cano, sucesor de la familia de don Horacio E. Pérez, el fundador de los Fotograbados Pérez. Creo que frisa los 81 años, pero se mantiene fuerte, centrado y rebosante en anécdotas y acontecimientos históricos.

         “Debemos recordar que don Horacio. E. Pérez fue, junto con don Juan Ramón Avilés, el fundador del diario La Noticia que por largos años fue el decano de los diarios nacionales. Por otra parte, don Carmen vivió en el centro de Managua teniendo como vecino al doctor Santos Jiménez –que también vive—, y fue comandante del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua.

         Alí Benito del Castillo ha entrado como en trance, levanta su mano y todos volvemos hacia él la mirada. “La virtud de estos fascículos es muy simple, con retazos de historia cotidiana han despertado recuerdos que estaban dormidos y sin posibilidades de despertar. Nadie había tenido esa idea pues la tendencia general de los hombres es derivar de la política y la economía todos los acontecimientos de la historia. Por eso, al descubrir que existen otros valores más humanos que subyacen en los hechos, nuestro pueblo ha despertado de manera sorprendente, dirigiéndose a ellos con abundancia de testimonios gráficos”.

LOS 83 HIJOS DE DON ALBERTO SOLÍS

         Pérez Valle puntualiza que en el fascículo 130 de LA PRENSA figura un pequeño segmento anecdótico de la vida de don Alberto Solís Velásquez, el empleado público de más antigüedad laboral en Nicaragua. Don Alberto nació en Masaya el 3 de junio de 1876, fue hijo de don Miguel Ángel Solís (español), y de doña María Velásquez. Para el año 1963 don Alberto tenía 79 años de trabajar como empleado público, también para esa fecha ya tenía 83 hijos, entre legítimos y naturales, y más de cuatrocientos nietos.

         El 9 de noviembre de 1963 recibió una medalla de reconocimiento como el empleado más viejo al servicio del Gobierno, comenzó a ejercer el oficio de telegrafista bajo la dirección de don Telémaco Castillo, director de Comunicaciones duran el gobierno de don Roberto Sacasa, posteriormente fue subordinado de don Santos Castillo, quien al decir de Solís Velásquez “acostumbró sancionar a los telegrafistas que se equivocaban en transmitir o descifrar un mensaje telegráfico, ordenaba capturarlos, raparlos, untarles en la cabeza sebo serenado y luego los sometía al escarnio público”.

         El mismo don Alberto le contaba al periodista Pedro Rafael Gutiérrez (q.e.p.d.), que al llegar el año nuevo de 1900 muchas personas enviaron mensajes adoloridos de despedida a sus familiares y amigos, porque corrió la noticia que con el nuevo siglo llegaba el fin del mundo y se esperaba el desplome del cielo.

         Tres años y cuatro meses después del 63, LA PRENSA publicaba la noticia de la muerte del señor Solís, “que impuso récord en años de servicios y en número de hijos”. En el ocaso de su vida decía: “Estos momentos son para mí en extremo difíciles de definir. Me siento triste, enamorado, como he estado de mi viejo telégrafo, me duele verlo tirado en un rincón como si fuese una vieja guitarra”.

DON BENJAMÍN Y EL CLUB AZOTEA

         Calló Pérez Valle, hubo un momento de silencio y reflexión entre los habitúes de la Peña, el cual fue roto por Don Benjamín Pérez Fonseca, el amigo exprocurador de Derechos Humanos. “Yo quisiera traer al recuerdo el llamado Club Azotea, que después recibió el nombre del Club Terraza. Me ligan a ese lugar muchas vivencias sentimentales, pues mi padre, don Benjamín Pérez Aráuz fue administrador de ese local desde 1933 a 1947”.

         Se acomoda en su poltrona don “Mincho”, toma un trago de la jarra de delicioso chocolate que le ofrece Danae y prosigue:

         “El Club Terraza eta situado en los altos de la Casa Pellas, en la Avenida Roosevelt de nuestra amada Managua. Sus trabajadores eran personas gratas, afables, a las que eternamente agradeceré el trato cariñoso que siempre nos dispensaron, a mí y a mi hermano José Iván, que en ese tiempo éramos mocosos creídos, malcriados y pedantes.

         “Corrían los años cuarenta, Nicaragua era sencilla, sanas sus costumbres, honestas las gentes, los que robaban caían presos y presos quedaban, no hacían mansiones ni vivían en el boato como ahora. Nunca se pensó que la corrupción se vería como normal y hasta folclórica y pintoresca.

         “Las personas que conocían Estados Unidos o Europa no creo que llegaran a mil, de modo que llegar a un restaurante de lujo y pedir un Martín, un Tom Collins, un Manhattan, un Scotch, un Filet Mignon, un Chateaubriand era para que los encargados del lugar abrieran tamaños ojos. Sólo en la Azotea se podían pedir esos antojos con la seguridad de ser servidos al instante y con todas las de ley.

         “El pionero en el arte de tomar licores fue el señor Lupone, quien fue dueño del mejor hotel que tuvo Nicaragua antes de 1931, pero a la gente que hoy quiero rendir homenaje en esta rueda de amigos es a aquellas estrellas del bar y la bandeja que tanto nos quisieron. Comienzo con Ismael Flores López, a quien le encontrábamos un parecido total al actor italiano Rosano Brazzi, un día levó anclas para Estados Unidos y sólo nos dejó sus buenos recuerdos.

         “Otro fue Rosendo Bonilla de grata y feliz conversación que nos llamaba “cuates”, también se largó a Norteamérica y ya no regresó; luego viene el salonero Manuel López, era algo fuera de serie para halagar a la gente y para sacar propinas a pedernales como Mariano Argüello Vargas, hombre sabio pero duro y orgulloso igual que el coronel Alfonso Mejía Chamorro, de quien se decía que tenía cien pares de zapatos, la mitad de ellos “Florsheim”. Juan Ramón Ponce, el “Barón Ponce”, serio, reposado, le decían “el venerable”, pero a la hora de los tragos y andando entre lobos, como ni iba a aullar. Otros fueron Manuel Ortega, Enrique Fonseca y Juan José Guardado, siempre amables y afables”.

LA “MESA PAGANA”

         “También quiero rendir homenaje a un inolvidable y selecto grupo de hombres prominentes que eran infaltables del mediodía del sábado en adelante, en el Club Azotea, conformando lo que llamábamos la “Mesa Pagana” en la que se libaba con clase y categoría. Me refiero a los doctores Carlos A. Morales, Vicente Vita, Mariano Argüello Vargas, Augusto Cantarero, Antonio Barquero, Joaquín Cuadra Z., siendo notorio que cuando concurría también el general José María Moncada, ellos decían que había llegado la espada del liberalismo, puesto que Carlos A. Morales representaba la pluma de su partido. Al integrarse a esta mesa iniciaron brillante carrera política, entre otros los doctores Julio C. Quintana y Arnoldo Alemán Sandoval.

         “En lo que toca al área de restaurante encabezo mi lista con don Filadelfo Lacayo, un gran cuque –ahora se llaman cheff—, fue fraterno amigo de mi padre y manejaron juntos los servicios del Club Social de Jinotepe y del Casino de Casares en los años cincuenta al cincuenta y cinco. También mi homenaje a Socorrito Merlo y sus hermanos. Para todos los que he mencionado mi cariño y mi recuerdo y la ratificación de la frase: “Sólo morimos cuando nos olvidan”.

         La conversación prosigue amena en la “Peña del Viejo Solitario”, otros parroquianos deslían sus recuerdos. Pero para nosotros el espacio ha terminado.

NOSTALGIAS Y ALGO MÁS

         La publicación de los fascículos Memoria de ocho décadas de LA PRENSA ha despertado recuerdos que permanecían dormidos y sin posibilidades de despertar en la memoria de los nicaragüenses y en especial de los managuas. Ha bastado este pequeño incentivo para que todos deseen contribuir con sus nostalgias y aportes gráficos e la construcción de esta historia de la cotidianidad de nuestro pueblo.

 




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LA CHISPA UNA BODA Y EL BAILE DE SOMOZA Por Mario Fulvio Espinosa. En La Prensa 18 de junio de 2006

¿Recuerdan la Bajada de La Chispa? El anzuelo ha sido lanzado con buena carnada por Sergio Espinoza. Los parroquianos de La Peña del Viejo Solitario están como los peces “ñundos” de la Laguna de Masaya, prestos a devorar recuerdos en esta espléndida noche del 11 de junio. La Luna Llena abre más su enorme pupila de oro y aguza sus orejas sin aretes para escuchar lo que se dice y confirma en esta amable controversia de recordadores irredentos

Boda de románticos



La boda del doctor Carlos Marín Arcia con la joven Gloria Argentina Ortega Pérez ante los oficios religiosos del padre Argüello. Detrás figuran el señor Emilio Espinosa Carnevallini y el doctor Orlando Lacayo Palma. (15 de mayo de 1947). (LA PRENSA/ CORTESÍA.)

Un visitante distinguido, el doctor Carlos Marín Arcia, trajo a La Peña el recuerdo de su romántico noviazgo con la bella señorita Gloria Argentina Ortega Pérez.

Era la “jalencia” una época en que los jóvenes de aquellos tiempos nos trasladábamos a vivir entre nubes, allí venerábamos e idealizábamos a nuestra novia y soñábamos llevarla al altar como culminación a tanta adoración,

Las películas románticas en su mayoría explotaban el tema de la fidelidad a más no poder, así como ahora se sumerge al espectador en un mundo de vidrios rotos, explosiones, choques, bombardeos, tiroteos, lucha cuerpo a cuerpo y en general se muestra como ideal el mundo de la competencia cruel donde, por supuesto, siempre triunfa el más fuerte.

“Mi boda se realizó el 15 de mayo de 1947 —explica el doctor Marín—, en la Santa Iglesia Catedral de Managua, fueron nuestros padrinos el doctor Mariano Bermúdez Arcia y doña Pastora Ortega de Bermúdez, el sacerdote oficiante fue monseñor Manuel Argüello, más conocido como el padre Argüello.

Todos quieren hablar y por eso, en aras del orden y la prontitud, dispensamos el protocolo de las presentaciones y el placer sensual, romántico de describir la belleza siempre nueva de Danae, nuestra diosa y musa. Nos sumergimos, pues, en esa urgencia que aumenta nuestra inspiración y el numen de románticos recuerdos. ¡Qué delicia es compartir el pan de la fantasía y la chispa divina que da el vino del buen humor!

Como respirando aromas del recuerdo el ingeniero Oltio Cajina dice: “La séptima avenida noreste de Managua comenzaba en la Puerta del Sol, en la Calle 15 de Septiembre, bajaba hacia el Lago pasando frente al atrio de la iglesia de Santo Domingo, seguía rumbo al norte llegando a las esquinas de la Casa del Catecismo y de la inquieta Nadine (la muchacha más popular y chiquita del barrio), caminando un poco más, no podíamos pasar sin mirar de soslayo lo que ocurría en la Pensión Monimbó de Galifardo, para al fin, cruzando la Calle Momotombo, llegar al Parque de Candelaria. Frente a la esquina nororiental del parque, sobre un terraplén, estaba el taller de don Amadeo Rodríguez, uno de los mejores ebanistas de la ciudad.

“La séptima avenida terminaba al hacer topo con el cerco de cemento y madera de la Estación del Ferrocarril, pero unos noventa metros antes comenzaba una cuesta muy pronunciada —por cierto muy pequeña—, Bajada de La Chispa y que para nosotros era una pista mejor que la de Le Mans, para bajarla a todo ‘full’ con nuestras patinetas”.

RECORDANDO A PANCHITO HERRADORA

Pero… ¿Qué era La Chispa? La Chispa era una cantina situada a la izquierda de la calle sobre el recodo de un paredón. Era muy frecuentada por los mozos de carga y resto de trabajadores de la cercana estación del Ferrocarril. El más devoto de sus parroquianos era el director del periódico Y qué pues, el corpulentísimo Panchito Herradora y Plazaola, que ya conmovido y vacilante por los humos del alcohol se acostaba en la acera para evitar que los guardias se lo llevaran preso por ebriedad.

Para nosotros, cipotes vagos y callejeros, la Bajada de La Chispa era un sitio muy importante porque allí, sobre la pavimentada, realizábamos competencias de deslizamiento y velocidad. Yo me vanagloriaba de haber inventado la patineta “delta” porque la tabla tenía forma de triángulo, eso le permitía al amiguito que me empujaba por la espalda subirse al artefacto cuando éste agarraba gran velocidad.

¡Qué sabroso era aquello! El aire fresco nos daba en la cara y nosotros tejíamos la ilusión infantil de ir rompiendo la barrera del sonido… Y no nos daba pereza volver a subir la cuesta para iniciar una y cien carreras más.

Claro que en estas pruebas “de alto riesgo” no faltaban los accidentes, como el que tuve cuando una “Semilla de Jocote” brequeó una rueda de la patineta y salí volando de trompa contra el pavimento, por varios días anduve con la bemba inflamada. O cuando al girar la cuesta a mucha velocidad nos dábamos vuelta y salíamos con las patas al aire, a lo mejor golpeados pero muertos de risa.

SOMOZA EN EL CLUB TERRAZA

Calla el ingeniero Cajina, y Danae propone un brindis con chocolate por los heroicos “Corredores de La Chispa”. Hay unos segundos de silencio que aprovecha nuestro invitado de honor, el licenciado José María Talavera, para recordar la noche en que nuestros queridos miembros de La Peña, don Benjamín Pérez Fonseca y Eduardo Pérez Valle contaron algunas historias sobre el Club Terraza de Managua.

Yo también tengo mucho que decir sobre ese club porque en 1955 entré a trabajar a la OCAL (Oficina de César Augusto Lacayo), como encargado de esa oficina. Recuerdo que en ese tiempo eran empleados de esa oficina los señores Orlando Poessy Ortega, Marcos Lacayo, Ronald Arana, Guillermo Sánchez, Humberto Benard, Payo Solórzano, doña Élida Martínez y otros que no recuerdo.

Mucha confianza depositaron en mí don César Augusto y el licenciado Carlos Reynaldo Lacayo, a tal punto que me encomendaban a sus hijos para que los llevara al matiné del Cine González a ver las películas de William Boyd, Roy Rogers, Tom Mix y otros, cuando la entrada costaba tres córdobas a palco alto.

Pero hay otro suceso que nunca olvidé. Fue durante las fiestas agostinas de 1956, cuando llegó a Managua la célebre orquesta cubana La Sonora Matancera para presentarse en los mejores lugares de Managua y en algunos departamentos.

El día sábado 8 de agosto de ese año, llegué como de costumbre a la OCAL y me sale doña Élida y me dice: “Chemita, lleve por favor esas dos cajas de cerveza Budweiser (don César era el distribuidor), al Club Terraza, aquí está la factura pero si no pagan no entregue el producto”. “Y si no me pagan”, aduje. “Entonces llevátelas a tu casa”, me respondió la señora.

AHÍ ESTABA LA MATANCERA

Fui de mala gana, el Club Terraza estaba situado en los altos del Edificio Pellas en la Avenida Roosevelt y las oficinas de OCAL media cuadra abajo, frente al Banco Hipotecario.

Tuve que subir por el ascensor del taller de mecánica porque en la entrada de la Casa Pellas estaban unos guardias impidiendo el paso al ascensor. Entro y cuál es mi susto que veo a unos militares de alto rango de la GN (Guardia Nacional) vestidos de gala y a otros civiles en la misma guisa. ¿Qué pasa aquí? pregunté a un empleado amigo. “Mira —me dice—, lo mejor es que no te dejés ver porque si no te sacan, viene el general Somoza a la tertulia con La Sonora Matancera”.

Me puse a buen recaudo. Llegó el general Anastasio Somoza García vestido de frac, acompañado de su hija, los demás hijos y su guardia personal, era la primera vez en mi vida que miraba a Somoza García de cerca.

Entró de inmediato La Sonora Matancera acompañando a Celia Cruz. Estaba con ella Celio González, Nelson Pineda. Raúl Planas y los grandes músicos elegantemente vestidos de traje oscuro y lazo negro; Celia vestía una alegre falda de rumbera. Estaban ahí por supuesto el gran maraquero Carlos Manuel Díaz Alonso “Caito” y Rogelio Martínez, director del conjunto, con su inseparable guitarra.

Comenzaron a sonar los cobres y el primero que se presentó fue Celio González que cantó La Historia de un Amor del compositor panameño Carlos Almarán, cuyo apellido no era Almarán sino Eleta. Esa canción la grabó la Sonora con la voz del argentino Leo Marini.

SOMOZA SE FUE “A SEGUIRLA" 

Aquellas formidables y acopladas trompetas, el piano con sus oportunos registros, las rítmicas tumbas pronto llenaron de ritmo musical el ambiente. Todos los invitados comenzaron a bailar y Somoza fue el primero, de su calidad como bailarín me reservo la opinión, pero puedo asegurar que no perdía pieza, estaba a las puertas de otra postulación como candidato a Presidente de la República, cargo que venía ocupando desde 1934 cuando sucedió a Moncada,

Dominar la danza era pues, parte del ejercicio de su campaña proselitista que concluyó al mes siguiente cuando Rigoberto López Pérez interrumpió a tiros su baile en los salones del Club de Obreros de León.

Hasta hace poco mi amigo, el ingeniero Francisco Gutiérrez Barreto, en su libro ¿Qué le pasa a Lupita?, confirma la actuación de la Sonora en el Club Terraza. Solicité después más información al “matancerólogo” don Leonardo Torres y así me contestó: “Ve Chemita, yo estuve esa tarde en el Club Terraza porque era el chofer del Chato Lang, de ahí Somoza se llevó a la Sonora a la Loma de Tiscapa y después al Casino Militar. La muerte no avisa y estoy seguro que Somoza se hubiera carcajeado si alguien le hubiera dicho que sus días estaban contados”.

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