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Sólo se casan entre sí mismos.
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Condiciones ambientales adversas
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Antes un reino, ahora estrechez completa
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De la raza ya sólo quedan unas 500 personas.
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Viven muchos en Rama Cay
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Vestigios cultuales olvidados
En Nicaragua toda la parte que está al sur del río
Escondido, por lo menos hasta el San Juan, fue en un tiempo ocupada por una
tribu numerosa que vino desde el sur. Sus descendientes ocupan en la actualidad
sitios como Wirinki, el islote de Rama Cay, las márgenes altas del río Kukra
(localidades de San José, Buenos Aires y Cantagallo) y el río Torsuani.
Representan una estirpe muy particular dentro de los
otros grupos de la Costa Atlántica por sus notables diferencias técnicas,
lingüísticas y culturales, y porque a pesar de estar más o menos integrados a
la civilización actual, mantienen todavía fuertes trazas de su homogeneidad
racial.
Los Ramas son, además, una tribu en franca vía de extinción
como producto de las duras situaciones ambientales, de la cada vez mayor
estrechez de sus territorios, y de su misma endogamia; el intercruce racial a
largo plazo es desfavorable al grupo que lo practica, ya que, no existiendo un
aporte genético externo, la población tendrá, en esencia, el mismo e invariable
potencial hereditario para enfrentarlo al medio, casi siempre hostil.
Sabemos al menos de otra tribu Rama que ha sido
reportada viviendo en el río Zapote de Costa Rica. Al igual que los Ramas de nuestro
país, los del río Zapota muestran relaciones idiomáticas con otras tribus
meridionales, por lo que se acepta en la actualidad que ambas vinieron del sur,
llegando una parte de ellos hasta Nicaragua.
Por lo menos desde 1891 se estableció que la lengua
Rama tenía estrecha relación con otras lenguas pertenecientes a la familia
Chibcha, como los indios Changuinas de las cercanías del lago Chiriquí y con el
grupo Dorasquean.
En consecuencia, se pudo ubicar el parentesco de los
Ramas con la gran civilización y que se extendió por Panamá, Costa Rica y
Nicaragua.
A su paso por los diversos territorios dejaron
vestigios culturales que descollan por su belleza y maestría, en especial los
trabajo en oro que demuestran su bien conocida habilidad de orfebres.
En la parte sur-oriental de Nicaragua, parte asignada
como el antiguo territorio Rama, han sido encontrados escasos pero
significativos restos arqueológicos.
Entre estos hay interesantes figurillas de oro y
alguna cerámica en trípode que desafortunadamente se encuentran en
instituciones extranjera como el Museo Peabody de la Universidad de Harvard, el
Museo Americano de Historia Natural y el Museo Británico, esperando que algún
arqueólogo se decida a estudiarlos formalmente en relación con los grupos técnicos
que poblaron esa región.
Entre esos restos hay alguna cerámica de diseños muy
elaborados y figuras de piedra que provienen de interesante concheríos
(acumulaciones de conchas de un molusco muy pequeño, y no de conchas de ostras
como muchos creen) que alcanzan hasta más de 20 pies de altura, y que parecen
haber sido construidos durante muchos años en las áreas circundantes del actual
Bluefields.
Debido a la particular situación de estos restos
arqueológicos, no sería remoto pensar en la posibilidad de que las estructuras
originales hayan sido construidas por una tribu de gran herencia cultural como
los Ramas.
Por otra parte, algunos arqueólogos han señalado la
similitud de la estatuaria megalítica de la cultura de San Agustín en Colombia,
con algunos especímenes encontrados en la región oriental del Gran Lago de
Nicaragua.
Los ídolos de la cultura de San Agustín se
caracterizan por sus expresiones feroces y por sus rasgos evocan – según
opinión de P. Rivet – la presencia del elemento melanesio en América.
Pero quizá lo más interesante son las figurillas de
oro en esta parte del territorio fueran hechas por una tribu cuyos antepasados
sentaron el precedente de ser en América, estupendos orfebres.
TERRITORIO
ACTUAL Y RELACIONES
Uno de los
principales asientos que en la actualidad ocupan los Ramas es el islote de Rama
Cay (en realidad dos pequeñas islas unidas por el hombre) situado en la
extremidad su r de la bahía de Bluefields, bastante cerca de las tierras
continentales y de la desembocadura del río Kukra.
Esta situación geográfica favorece un poco a la
población que puede dedicarse indistintamente a la pesca y a la explotación de
los bancos de ostras cercanos a ciertos cultivos en las tierras aledaña.
No sabemos exactamente cómo y cuándo llegaron a esta
localidad.
Existen al respecto dos versiones históricas que es
interesante conocer: La primera establece que estos naturales fueron confinados
ahí entre el período de 1816 – 1862.
La segunda versión – quizás más confiable – se
encuentra en una parte del estudio antropológico de Adolph Schultz sobre esto
indígenas, y que por contener datos interesantes de esa época (1924),
reproducimos después de haber hecho la respectiva traducción:
“Estos indios vienen originalmente del interior del
este de Nicaragua, de donde emigraron hace cerca de 75 años a Punta Gorda
(cerca de Monkey Point) en la costa. Después de una batalla tribal, parte de
ellos (unos 200, según Mr. Grossmann) vinieron a Rama Kay donde han vivido
prácticamente en completo aislamiento desde entonces. Su principal ocupación es
la pesca, pero ocasionalmente cercana a las llanuras. Una epidemia de influenza
ha diezmado su número en gran parte, de manera que el cruzamiento entre ellos
es más pronunciado ahora que antes.
Es claro que desde hace muchos años los indígenas
Ramas han venido percibiendo las influencias de otros grupos étnicos, en
especial los de habla inglesa.
El precio que han pagado para su parcial integración a
la civilización moderna ha sido la pérdida casi total de sus tradiciones y
costumbres.
Prueba de ellos es el desuso en que ha caído su propio
idioma, a tal punto que solamente algunos de los más ancianos lo conocen en la
actualidad, sin utilizarlo cotidianamente; aunque sea paradójico, el inglés es
la lengua que hablan preferentemente todos los habitantes. En Rama Cay sólo un
anciano muy enfermo conoce bien el Rama).
Han sido las misiones evangelizadoras y las relaciones
de diversa índole con Bluefields, las que de una u otra forma han desvirtuado
el contenido autóctono de sus manifestaciones culturales; incluso el
temperamento y carácter actual del indio Rama está conformado, en buena parte,
de mestizaje cultural, dado en sus periódicos contados con los comerciantes de
Bluefields que normalmente discriminan a los naturales Ramas, ofreciéndoles pro
sus productos los precios más antojadizos que quieren.
Esto les ha imprimido un sentimiento de explotados que
se traduce en manifestaciones de justificada desconfianza. Los Ramas tienen
plenas conciencia de su condición de marginados, y su idiosincrasia actual no
es más que la respuesta lógica ante esa concepción despectiva que del “indio”
se tiene, no sólo en Nicaragua, sino que en toda América.
El que no conoce a los Ramas y los trata por primera
vez, frecuentemente sufre el fiasco de no encontrar en ellos al “indio noble”
tan susceptible al engaño y a la explotación.
En Rama Cay (también llamado Ramaki) viven
aproximadamente unas 300 personas.
Constituyen cerca de 90 familias repartidas a su vez
en 34 casas, de manera que en cada una suelen vivir varias familias comúnmente
emparentadas.
Es posible que este tipo de estructuración obedezca,
en primer lugar, a la escasa extensión territorial de los dos islotes, y en
segundo, al sentimiento de unión interfamiliar necesarísimo para enfrentar la
dureza de los elementos ambientales. El viejo y no menos cierto aforismo de que
“la unión hace la fuerza” encuentra aquí su más estricta aplicación.
Hay que destacar que los indios Ramas poseen una
extraordinaria habilidad para fabricar un sin número de objetos de uso diario
como redes, y atarrayas que pacientemente tejen, haciendo a su vez ellos
mismos, de madera, las agujas. Canastas de bejucos tropicales de exquisito
gusto y utensilios de cocina. Arcos, flecha y arpones para la caza y pesca,
también de excelente calidad y perfectamente adaptados para tal función.
A pesar de que ya comienza a darse la paulatina
incorporación étnica de Miskitos, negros, zambos y ladinos, la población de
Rama Cay muestra aún su preponderante tradición de endogamia que ha
caracterizado a la tribu Rama desde sus albores; tradición que indudablemente
se ha vuelto contra ellos en el tiempo, pero que ha sellado para siempre su
estirpe en la historia de la antropología.


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