domingo, 9 de agosto de 2026

LOS HOMBRES BRAVOS QUE HABLAN EN "RAMA". Por Jorge Jenkins. En: Semana, 19 de diciembre de 1971.


* Sólo se casan entre sí mismos.

* Condiciones ambientales adversas

* Antes un reino, ahora estrechez completa

* De la raza ya sólo quedan unas 500 personas.

* Viven muchos en Rama Cay

* Vestigios cultuales olvidados

En Nicaragua toda la parte que está al sur del río Escondido, por lo menos hasta el San Juan, fue en un tiempo ocupada por una tribu numerosa que vino desde el sur. Sus descendientes ocupan en la actualidad sitios como Wirinki, el islote de Rama Cay, las márgenes altas del río Kukra (localidades de San José, Buenos Aires y Cantagallo) y el río Torsuani.

Representan una estirpe muy particular dentro de los otros grupos de la Costa Atlántica por sus notables diferencias técnicas, lingüísticas y culturales, y porque a pesar de estar más o menos integrados a la civilización actual, mantienen todavía fuertes trazas de su homogeneidad racial.

Los Ramas son, además, una tribu en franca vía de extinción como producto de las duras situaciones ambientales, de la cada vez mayor estrechez de sus territorios, y de su misma endogamia; el intercruce racial a largo plazo es desfavorable al grupo que lo practica, ya que, no existiendo un aporte genético externo, la población tendrá, en esencia, el mismo e invariable potencial hereditario para enfrentarlo al medio, casi siempre hostil.

Sabemos al menos de otra tribu Rama que ha sido reportada viviendo en el río Zapote de Costa Rica. Al igual que los Ramas de nuestro país, los del río Zapota muestran relaciones idiomáticas con otras tribus meridionales, por lo que se acepta en la actualidad que ambas vinieron del sur, llegando una parte de ellos hasta Nicaragua.

Por lo menos desde 1891 se estableció que la lengua Rama tenía estrecha relación con otras lenguas pertenecientes a la familia Chibcha, como los indios Changuinas de las cercanías del lago Chiriquí y con el grupo Dorasquean.

En consecuencia, se pudo ubicar el parentesco de los Ramas con la gran civilización y que se extendió por Panamá, Costa Rica y Nicaragua.

A su paso por los diversos territorios dejaron vestigios culturales que descollan por su belleza y maestría, en especial los trabajo en oro que demuestran su bien conocida habilidad de orfebres.

En la parte sur-oriental de Nicaragua, parte asignada como el antiguo territorio Rama, han sido encontrados escasos pero significativos restos arqueológicos.

Entre estos hay interesantes figurillas de oro y alguna cerámica en trípode que desafortunadamente se encuentran en instituciones extranjera como el Museo Peabody de la Universidad de Harvard, el Museo Americano de Historia Natural y el Museo Británico, esperando que algún arqueólogo se decida a estudiarlos formalmente en relación con los grupos técnicos que poblaron esa región.

Entre esos restos hay alguna cerámica de diseños muy elaborados y figuras de piedra que provienen de interesante concheríos (acumulaciones de conchas de un molusco muy pequeño, y no de conchas de ostras como muchos creen) que alcanzan hasta más de 20 pies de altura, y que parecen haber sido construidos durante muchos años en las áreas circundantes del actual Bluefields.

Debido a la particular situación de estos restos arqueológicos, no sería remoto pensar en la posibilidad de que las estructuras originales hayan sido construidas por una tribu de gran herencia cultural como los Ramas.

Por otra parte, algunos arqueólogos han señalado la similitud de la estatuaria megalítica de la cultura de San Agustín en Colombia, con algunos especímenes encontrados en la región oriental del Gran Lago de Nicaragua.

Los ídolos de la cultura de San Agustín se caracterizan por sus expresiones feroces y por sus rasgos evocan – según opinión de P. Rivet – la presencia del elemento melanesio en América.

Pero quizá lo más interesante son las figurillas de oro en esta parte del territorio fueran hechas por una tribu cuyos antepasados sentaron el precedente de ser en América, estupendos orfebres.

TERRITORIO ACTUAL Y RELACIONES

 Uno de los principales asientos que en la actualidad ocupan los Ramas es el islote de Rama Cay (en realidad dos pequeñas islas unidas por el hombre) situado en la extremidad su r de la bahía de Bluefields, bastante cerca de las tierras continentales y de la desembocadura del río Kukra.

Esta situación geográfica favorece un poco a la población que puede dedicarse indistintamente a la pesca y a la explotación de los bancos de ostras cercanos a ciertos cultivos en las tierras aledaña.

No sabemos exactamente cómo y cuándo llegaron a esta localidad.

Existen al respecto dos versiones históricas que es interesante conocer: La primera establece que estos naturales fueron confinados ahí entre el período de 1816 – 1862.

La segunda versión – quizás más confiable – se encuentra en una parte del estudio antropológico de Adolph Schultz sobre esto indígenas, y que por contener datos interesantes de esa época (1924), reproducimos después de haber hecho la respectiva traducción:


“Estos indios vienen originalmente del interior del este de Nicaragua, de donde emigraron hace cerca de 75 años a Punta Gorda (cerca de Monkey Point) en la costa. Después de una batalla tribal, parte de ellos (unos 200, según Mr. Grossmann) vinieron a Rama Kay donde han vivido prácticamente en completo aislamiento desde entonces. Su principal ocupación es la pesca, pero ocasionalmente cercana a las llanuras. Una epidemia de influenza ha diezmado su número en gran parte, de manera que el cruzamiento entre ellos es más pronunciado ahora que antes.

Es claro que desde hace muchos años los indígenas Ramas han venido percibiendo las influencias de otros grupos étnicos, en especial los de habla inglesa.

El precio que han pagado para su parcial integración a la civilización moderna ha sido la pérdida casi total de sus tradiciones y costumbres.

Prueba de ellos es el desuso en que ha caído su propio idioma, a tal punto que solamente algunos de los más ancianos lo conocen en la actualidad, sin utilizarlo cotidianamente; aunque sea paradójico, el inglés es la lengua que hablan preferentemente todos los habitantes. En Rama Cay sólo un anciano muy enfermo conoce bien el Rama).

Han sido las misiones evangelizadoras y las relaciones de diversa índole con Bluefields, las que de una u otra forma han desvirtuado el contenido autóctono de sus manifestaciones culturales; incluso el temperamento y carácter actual del indio Rama está conformado, en buena parte, de mestizaje cultural, dado en sus periódicos contados con los comerciantes de Bluefields que normalmente discriminan a los naturales Ramas, ofreciéndoles pro sus productos los precios más antojadizos que quieren.

Esto les ha imprimido un sentimiento de explotados que se traduce en manifestaciones de justificada desconfianza. Los Ramas tienen plenas conciencia de su condición de marginados, y su idiosincrasia actual no es más que la respuesta lógica ante esa concepción despectiva que del “indio” se tiene, no sólo en Nicaragua, sino que en toda América.

El que no conoce a los Ramas y los trata por primera vez, frecuentemente sufre el fiasco de no encontrar en ellos al “indio noble” tan susceptible al engaño y a la explotación.

En Rama Cay (también llamado Ramaki) viven aproximadamente unas 300 personas.

Constituyen cerca de 90 familias repartidas a su vez en 34 casas, de manera que en cada una suelen vivir varias familias comúnmente emparentadas.

Es posible que este tipo de estructuración obedezca, en primer lugar, a la escasa extensión territorial de los dos islotes, y en segundo, al sentimiento de unión interfamiliar necesarísimo para enfrentar la dureza de los elementos ambientales. El viejo y no menos cierto aforismo de que “la unión hace la fuerza” encuentra aquí su más estricta aplicación.

Hay que destacar que los indios Ramas poseen una extraordinaria habilidad para fabricar un sin número de objetos de uso diario como redes, y atarrayas que pacientemente tejen, haciendo a su vez ellos mismos, de madera, las agujas. Canastas de bejucos tropicales de exquisito gusto y utensilios de cocina. Arcos, flecha y arpones para la caza y pesca, también de excelente calidad y perfectamente adaptados para tal función.

A pesar de que ya comienza a darse la paulatina incorporación étnica de Miskitos, negros, zambos y ladinos, la población de Rama Cay muestra aún su preponderante tradición de endogamia que ha caracterizado a la tribu Rama desde sus albores; tradición que indudablemente se ha vuelto contra ellos en el tiempo, pero que ha sellado para siempre su estirpe en la historia de la antropología.