Los ramas, raza étnicamente pura que
quedaba en Nicaragua, se están extinguiendo. Tal es la conclusión a que ha
llegado una expedición encabezada por Jorge Jenkins, licenciado en biología,
que visitó recientemente la isla de Rama Kay, asiento de los indios ramas.
La isla está ubicada en la bahía de
Bluefields, a unas dos y media horas de este puerto en lancha de remos.
Originalmente, la población vivía en dos islitas separadas por unos cincuentas
metros, pero sus habitantes las unieron por una especie de puente hecho con los
caparazones de ostras, ostiones y otros moluscos similares. Esto fue hecho en
el siglo pasado, dice Jenkins
La población está compuesta por unas 300 personas,
agrupadas en 90 familias que viven en 34 casas. Antes que los ciclones Irene y
Edith azotaran el Atlántico, había 49 viviendas. La diferencia entre el número
de casas y de familias que las habitan se explica porque varias de aquellas son
ocupadas hasta por cinco familias, todas ligadas entre sí por lazos de
consanguinidad.
Aunque no existe la promiscuidad sexual, ésta llega a producirse dado el carácter endogámico de los ramas, lo que eventualmente podías llevarlos a la extinción total. Es sabido que en las razas endogámicas (que no mezclan su sangre con otras) se produce una especie de desgaste genético, una degeneración o aberración cromosomática que las lleva gradualmente a la desaparición.
CICLONES
LOS PERJUDICARON
El Lic. Jenkins está de acuerdo en que
a lo largo de la historia de este pueblo se ha venido produciendo una reducción
en el número de sus habitantes. A esta reducción podrían haber contribuido las
enfermedades o, como en los actuales momentos lo están haciendo, las
condiciones físicas adversas en que vive el pueblo.
Como efecto de los ciclones, parece
haberse producido una alteración en la fauna marítima (según averiguó Jenkins,
a los habitantes de la isla se les hace difícil la pesca, principal medio de
vida) y las extensiones que habían sembrado en las tierras continentales,
fueron arrasadas.
Bluefields, que constituía su mercado
para los productos marinos (chacalines, ostiones, camarones), se ha quedado
esperando los cargamentos de los ramas.
El inglés es la lengua empleada
preferentemente por los ramas y el único hombre que conoce la lengua de sus
antepasados, es un anciano cardíaco que cuando la expedición de Jenkins llegó,
tenía 30 días de no probar alimento.
(Jenkins cuenta que algún tiempo antes
que ellos llegaran, una pareja de filólogos norteamericanos obtuvo del anciano
rama una relación de más de dos mil palabras en su dialecto).
UNA
ANÉCDOTA
Jenkins dice que después de un día en
que se le suministraron medicamentos, el anciano rama podía sentarse. Jenkins
cuenta la siguiente anécdota sobre el caso del anciano, que, según él, es un ejemplo
de la terrible apatía en que está sumida esa pobre gente:
“Después de entregarles todas las
medicinas que llevábamos, prescribimos a la familia del anciano un medicamento
para su enfermedad. Nos dijeron que no tenían dinero para ello. Entonces ofrecí
comprarles una atarraya de las que ellos hacen, pero se negaron a vendérmela”.
Los ramas, dice Jenkins, llevan una
vida primitiva. Cazan con arco y flechas y pescan con canastas de bejucos y con
redes. No existe ninguna distracción espiritual y la única persona que posee un
radiorreceptor, la maestra de la escuela, no vive en la isla.
Para Jenkins, el estudio antropológico
de los ramas es sumamente importante. Él explica por qué:
“Está absolutamente comprobado, dice,
que los ramas son un grupo étnicamente diferente de los misquitos y los sumos,
que son los otros pueblos de la Costa Atlántica.
En el resto de Centroamérica, sólo una
lengua tiene cierta similitud con la rama. Esta es, la que hablan los indios
changüinas, que viven en los alrededores del Lago Chiriquí, en Panamá. Esto fue
comprobado en 1891 por un filólogo llamado Brinton.
Aun cuando ahora se los puede encontrar
además de Rama Kay, en Wirinki y en la cabecera del Río Cuckra, por lo menos
hasta en el siglo XVIII ocupaban toda la parte sur del Río Escondido.
Se cree que a Rama Kay fueron
confinados, pero no se sabe cuándo ni por quién. El etnólogo Charles Belle, que
vivió en la Mosquitia entre 1816 y 1862 ya los encontró allí.
Los ramas son de origen meridional y
forma parte de la gran familia Chibcha que bajó desde el Sur de América.
Uno de los grandes enigmas que
etnólogos y antropólogos tratan de descifrar, el poblamiento de América, podría
tener una de sus claves en el estudio de los ramas.
Descartada
de una vez la teoría autoctonista del origen del hombre americano sostenida por
el sabio argentino Florentino Ameghino, la atención de los investigadores se ha
concentrado en Centroamérica.
Casi todos los grupos indígenas de
América, tanto del norte como del sur, tienen tipo mongol. Para explicarse
esto, se ha elaborado una hipótesis por la que se hace aparecer una inmigración
de pueblos orientales que entraron en América por el Estrecho de Behring.
Pasaron al sur el “puente” centroamericano y luego iniciaron una emigración
regresiva.
Pero los ramas al parecer no la
completaron, pues no se encuentran señales de esta raza más al norte. La
anterior es solamente una de las varias hipótesis que se han formulado sobre el
tema.
En esta segunda expedición (la primera
fue dirigida por el Dr. Gian di Stefano, catedrático del Departamento de
Biología de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, actualmente en
Italia) se tomaron medidas craneales, de la piel, muestras de sangre, etc.
Este estudio, en el que participaron,
además de Jenkins el Dr. Mario Almendárez y el Br. William Kupper, será
presentado en Roma durante el 40 Congreso Internacional de Americanistas, a
celebrarse en septiembre de 1972.
El estudio fue auspiciado por la UNAN,
el Servicio Universitario Mundial (SUM), el CUUN y la Asociación de Ciencias y
Letras de León.



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