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UNA NOCHE EN LA CONGA ROJA En: Semana, febrero de 1972
“Ya que no puedo decírtelo al oído por la suerte cruel que
nos separa, quiero decirte por medio de este canto que no puedo seguir
sufriendo tanto. Tú me haces falta…” El disco suena una vez más, hasta la
desesperación.
Basta… parece gritar la muchacha morena y la rokonola queda
muda, es el ambiente de la “Conga Roja”. Hasta el nombre trae la sensación de
movimiento, sudor, acción, fatiga, el baile de la conga, maraca y tumba, el
rojo cuando el cuerpo, agotado en frenética danza está casi extenuado.
Pero esta Conga, aunque Roja, es, aún dentro del vicio,
angustiosa danza de pequeños cuartos que se abren y se cierran, billetes que
pasan de las manos a esconderse y el rojo, sangre derramada en ratos de
violencia. Cuando “SEMANA” se interesó en este lugar abominable, otros dos
crímenes se habían producido, causando otras dos víctimas.
GRACIAS A DIOS…
La pregunta cruel, obscena, salta en la mesa y la
respuesta es rápida, agresiva, como queriendo desvanecer cualquier duda…
--Gracias a Dios yo no soy tan relaja, aquí vienen algunos
que creen que pueden hacer los que les de la gana. Desde antes que me metiera a
esto hay cosas que no me gustan.
La plática entra en confianza. Surgen nombres de lejanas y
apartadas regiones, olor a campo e inocentes costumbres. La misma historia con
pequeñas variantes, pero siempre la imagen de una sociedad que hunde y condena
a la vez, hasta encontrar un nuevo ser que explotar en las más humillante de
todas las formas.
Pero en la “Conga Roja” hay un elemento más absurdo que en
otros sitios. Las muchachas, la mayoría entre los 17 y 25 años no viven en el
local. Habitando en pequeños cuartuchos y apartados barrios, al caer la tarde
van apareciendo, algunas ya vestidas y maquilladas, otras a alistarse en el
pequeño cuarto que cada una tiene asignado.
Son raras las veces que dejan de llegar. Nadie las va a
traer y pareciera que nadie controla a las que no lleguen. Sin embargo, como si
hubiera un pacto terrible, como si tuvieran tarjetas colocadas junto al marcado
de mayor precisión, mejor que en cualquier oficina, en hora determinadas,
vienen y se marchan, semejando mariposas que por la noche son atraídas por una
luz que en este caso las conduce a la más densa oscuridad.
15 CUARTOS Y UN PALOMAR
Construidos en un angosto corredor, maloliente a desechos
humanos, 15 pequeños cuartos, donde la proximidad hace que la intimidad se
pierda, las jóvenes entran y salen, unas veces lentamente y otras dando la
impresión que es una pareja de amantes, la mayor parte del tiempo dejando claro
que es una simple relación comercial, como si fuera un negocio más, y… en el
fondo lo es.
No es raro el cliente, pasado de tragos, al que hay que
conducir de la mano para que no se extravíe, igual que un turista llevado por
el guía en medio de antiguas ruinas.
15 cuartos alineados uno frente al otro. Más allá, junto al
bar, una pequeña escalera que conduce a un alto, al “palomar”, en donde hay 4
cuartos, ahora fuera de uso por estar dañados, vienen a completar el laberinto
donde muy pocas han encontrado el regreso.
LA NOCHE DE LOS PELONES
--Mucho le tiran a esto, cuenta una de las jóvenes, pero la
culpa la tienen “los pelones”, esos del batallón. El día de pago vienen
“sueltos”, como animales. Dichosamente son sólo dos días. Esos son los que
arman los pleitos y corren los clientes, andan con sus bayonetas.
--Primero se pican y después comienzan a andar de cantina en
cantina armando alboroto. Yo ni loca me gusta andar con uno de esos. Son muy
relajos.
La “Conga Roja”, situada a una cuadra de la gasolinera del
Triángulo, tiene además en las proximidades otros prostíbulos y cantinas. Ojos
Pardos, el Cuarto Bate, Veracruz, son sitios donde los hechos de sangre,
escándalos ocurren con frecuencia tal que los vecinos parecen tener la
impresión de vivir en los tiempos del antiguo oeste.
Es rara la semana que los medios informativos no dan a
conocer que en la “Conga Roja” o los otros lugares mencionados, pero sobre todo
en la “Conga Roja” no hay heridos y hasta muertos.
Recientemente una niña resultó herida de bala, todo lo
anterior sin que las autoridades den una explicación al hecho de que estos
sitios continúen abiertos y funcionando tranquilamente.
“Los pelones”, según una de las jóvenes de la “Conga Roja”,
llegan en grandes grupos, hasta de cincuenta, en traje de civil aunque llevando
sus bayonetas, las que emplean a la hora de los pleitos. Son agresivos con los
clientes y estos llegan poco los dos días que están libres “los pelones”. A
veces se pelean entre sí, siendo entonces mayor el escándalo pues se forman
bandos rivales.
LA SALA PRINCIPAL
Los daños que tantos escándalos han causado, obligaron a los
dueños de la “Conga Roja” a iluminar bien el local, a fin de poder identificar
a los culpables en caso haya intervención policial. Sólo una lámpara roja
pegada al techo da al ambiente un poco de penumbra. Los cobradores de la Policía
llegan todos los sábados a recoger el impuesto.
En las paredes, fotos de conocidos políticos se mezclan con
cuadros de mujeres desnudas, y en el fondo una pintura deja ver una terraza
junto a un lago surcado por un velero y varios cisnes.
Aunque la rokonola está al fondo, cerca del bar, las parejas
pueden bailar donde se les ocurra, haciéndolo frecuentemente junto a las mesas
que ocupan el salón principal, situado a la entrada que da a la calle,
permaneciendo el resto de puertas y ventanas cerradas, lo que no permite mucha
ventilación, aumentando el calor y haciendo bochornoso el ambiente.
Esa es la Conga Roja. Identificada plenamente con el sucio y
maloliente baño que hay al fondo del corredor donde están situados los 15
pequeños cuartos. Sitio de explotación y
delitos. Tal vez uno de los más conocidos y antiguos prostíbulos de Managua,
quizás también la muestra más clara para contestar la pregunta que hiciera el
Comandante de Policía de Managua al Arzobispo Monseñor Obando, al decir: “Que
nos señalen dónde están los prostíbulos”.
Ante lo anterior, se levanta desafiante la “Conga Roja”.
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El negocio más antiguo
LA PROSTITUCIÓN EN
MANAGUA. En: La Prensa, 15 de
febrero de 1972.
“Tengo nada más que tres chiquillas; pasen, pero van a tener
que esperar un rato”.
Se cierra la mirilla o la ventana, según el caso –y la
matrona sobre la puerta de calle a los visitantes—. El ambiente interior está
en relación al barrio. Al igual las mujeres, así en las zonas céntricas de la
ciudad se presenta a la vista del cliente un lugar grato, consola con sonido
estereofónico, muebles modernos, luces atenuadas, mujeres jóvenes, maquilladas
hábilmente. En los sectores del ahora difunto Arbolito hacia abajo, el panorama
es otro: mujeres no tan cuidadas, piezas oscuras y estrechas, son –unos y
otros, — los prostíbulos.
No son los únicos sitios donde algunas mujeres venden sus
cuerpos. Existen además las casas de cita. A diferencia de los prostíbulos
están en locales más discretos. Allí no hay Flor de Caña, ni Whisky, y los
vecinos no tienen que reclamar por ofensas a la moral. Estos locales los dirige
generalmente una prostituta escogida “a retiro” por edad. Cumple las funciones
de enlace. Posee una lista de muchachas, entre las cuales figuran desde amas de
casa a empleadas públicas y privadas y otras que escapan a la imaginación delos
puritanos, con sus respectivos teléfonos y horarios en que pueden acudir a
citas de esta naturaleza. Cobran un promedio de 150 córdobas por sus servicios.
En este tipo de negocio, los clientes son seleccionados con
lupa.
Un tercer nivel se realiza por intermedio de algunos
choferes de taxis. Un grupo de prostitutas elegantes, también operan en
combinación con hoteles de categoría; por supuesto estas son las que perciben
mayores ingresos.
Al margen de ellos actúa el submundo de la prostitución: las
patines: (llamadas también según una amiga “las golondrinas”) mujeres y hasta
hombres que recorren las principales calles, en especial la Avenida Roosevelt,
en busca de varones y homosexuales.
Este comercio sexual tiene preocupada a la policía.
Recientes detenciones practicadas por la correspondiente sección especializada
han detectado este negocio en una etapa de creciente desarrollo.
La novedad en los prostíbulos son los cuadros plásticos. En
ellos, un grupo de dos o más mujeres, previo pago de varios cientos de
córdobas, se desnudan y realizan diversas prácticas de lesbianismo.
En la
opinión de un médico amigo, “las mujeres han llegado a mostrar fuertes
inclinaciones anormales en los últimos tiempos”.
Los prostíbulos tienen épocas buenas o malas, según el
número de visitas que reciben de las autoridades. Los clientes se retiran, con
lo cual quedan prácticamente eliminados y tiene que buscar un nuevo local (lo
confirma uno situado junto al parque Candelaria). También hay días buenos y
malos, los días domingos casi cero de utilidad, igualmente los lunes, martes y
miércoles; los jueves y viernes es bueno y los sábados se funciona a tablero
vuelto.
Antes de medianoche –relataba Natacha, una aislada— podemos
cobrar hasta C$150.00. y en la discusión llegamos a C$70.00. menos; a las tres
o cuatro de la mañana se llega casi por amor.
La existencia de prostíbulos es ilegal en Nicaragua, pero la
prostitución es tolerada y en algunos casos, sometida a controles sanitarios.
Las mujeres son fichadas y se les otorga un carnet sanitario para su control
médico.
Esta es la prostitución “1972”. Para los asiduos visitantes,
la policía no guarda peligrosidad mientras no tengan órdenes de detención
pendientes, pueden gozar, tranquilos Lic. Ricardo Rufati.
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Militar justifica su
posición
MAGISTRADO DE SUPREMA
SEÑALA A LA POLICÍA. En: La Prensa,
26 de Febrero de 1972.
Fuentes calificadas del Ministerio de Salud Pública,
declararon ayer que el control que la Policía ejerce sobre la prostitución en
Managua es ilegal.
Historiando sobre asunto, las fuentes indicaron que la
prostitución en Nicaragua hasta el año de 1955, en que se dictó la famosa “ley
Castillo” que vino a abolir el reglamento del 18 de abril de 1927.
La ley Castillo, publicada en La Gaceta del primero de junio
de 1955, abolió ese reglamento por recomendación del V Congreso Centroamericano
de Venereología de 1954, y contempla penas para los delitos de lenocinio y
mancebías y para todos aquellos elementos que propicien las actividades de la
prostitución.
Nuestras fuentes indicaron que aunque esa última ley no
señala específicamente cuál es la autoridad que se encargará de hacer cumplir,
la prostitución cae por razones técnicas y científicas en el resorte de Salud
Pública, como el principal organismo que cuida y vigila la salud por la salud
del público nicaragüense.
Más aún, manifestaron las fuentes, en el citado V Congreso
Centroamericano se recomendó a los gobiernos del área, eliminar el control
policíaco sobre la prostitución calificándolo como un sistema “tan infamante
como inoficiosa práctica”.
Sin embargo, las causas torales por las que el control de la
prostitución ha fracasado en Nicaragua las expone el magistrado de la Corte
Suprema de Justicia, doctor Felipe Rodríguez Serrano quien en un folleto
titulado “Evolución de la legislación en Nicaragua sobre Prostitución”
publicado hace algunos años por el doctor E. Mendieta, dice lo siguiente,
refiriéndose casualmente a la ley de 1955:
“Con la derogación del antiguo reglamento la nueva política
se asentaba en dos pilares: la labor del Ministerio de Salud educando,
investigando, detectando, curando y previniendo los casos, tratando de reducir la prostitución”. El
otro, la COLABORACIÓN de la Policía en descubrir, perseguir, capturar,
clausurar las casas de prostitución, focos de infección venérea, escándalos y
crímenes, etc…”
Pero allí, continúa observando el doctor Rodríguez Serrano,
“es donde falla la acción abolicionista de la ley Castillo.
Lanzando una valiente y enérgica acusación contra las
autoridades policiales, el magistrado de la Corte Suprema manifiesta
seguidamente:
“Con honrosas excepciones una buena parte de los Jefes de
Policía de la República, ha consentido unas veces a amigos y subalternos
haciéndose de la vista gorda, la explotación de los lenocinios. En otras ha
participado directamente en el negocio del cual se lleva la tajada del león”.
Agregaba el doctor Rodríguez Serrano en aquel entonces que si por su parte
Salud Pública ha fallado en parte es por sus limitaciones presupuestarias.
Finalmente, el doctor Rodríguez Serrano puntualiza: “Por el
momento, desde el punto de vista jurídico, hay prohibición de la prostitución;
desde el punto de vista sanitario, no hay control de la prostitución, y desde
el punto de vista policíaco, no hay persecución de la prostitución”.
Nuestras fuentes de Salud Pública indicaron sobre el
particular que esos comentarios del magistrado de la Corte Suprema continúan en
su plena vigencia, más aún ahora que el control de las meretrices lo tiene
totalmente la autoridad policial.
Por otra parte, desmintieron nuestros informantes las
acusaciones vertidas por el Comandante de Policía en el sentido de
irregularidades de funcionarios de salud, señalando además que los exámenes que
practica el médico de la Policía son completamente anticientíficos.
Justificando su dicho, las fuentes manifestaron que los
exámenes semanales que practica la Policía a las prostitutas no es válido, porque una persona que padece
de gonorrea crónica da negativo en el examen, haciendo que la enfermedad se
propague, pues solamente el cultivo (de alto costo) es el método que detecta
eficazmente la gonorrea en la mujer.
Los informantes admitieron que es cierto que cuando Salud
controlaba la profilaxis venérea, se les daba a las meretrices una constancia
de 21 días después de un examen completo de sangre V.D.R.L. y de inyectarles
2.4000.000 unidades de penicilina.
Luego las pacientes se presentaban a los 21 días para que se
les aplicara otras dosis igual de penicilina, sistema con el cual se conseguía
eliminar definitivamente la sífilis y prevenir en un 65% que contrajeran la
gonorrea.
Según lo aseverado por nuestros informantes, la Policía se
hizo cargo del control de la prostitución desde hace más de 6 meses, y como no
contaba con los elementos científicos necesarios, contrató al doctor y militar
Manuel A. Rugama.
Conforme lo declarado por las fuentes, en Managua se estima
que operen unas mil prostitutas en forma abierta y tres por cada una de éstas
en forma clandestina, o sean cuatro mil en total.
Añadieron que según estadísticas también estimadas, se
calcula que en los últimos 5 años la prostitución se ha incrementado en un 70%
en Managua y en un 40% en los puertos terrestres y marítimos, y que en el resto
de la ciudades, León y Granada, son los que tienen mayores incrementos.
Se nos señaló igualmente que las enfermedades venéreas han
aumentado a niveles alarmantes por diversas causas: uso de pastillas
anticonceptivas, marihuana y demás drogas, lectura de material pornográfico,
películas de tipo erótico, pérdida de la fe católica, liberación en la mujer de
sus costumbres y tradiciones, etc., etc.
Todas estas causas hacen que la mujer haya perdido miedo a
las enfermedades venéreas y éstas han invadido colegios de segunda enseñanza,
universidades, oficinas públicas y privadas, etc.
Finalizaron indicando nuestros informantes, que todas estas
secuelas de honda perturbación social se deben precisamente al hecho de que el
control de la prostitución esté en las manos de la Policía, lo cual esta niega,
acusando a su vez a las secciones de Sanidad de no mantener un examen
obligatorio.
NO COBRA
El Dr. y Mayor Manuel Adán Rugama, retó ayer a cualquier
mujer de vida liviana, a que le presente recibos o documentos de que él haya
cobrado por “revisar” a estas mujeres.
De esa manera, el Dr. Rugama aclara su situación. Afirmó que
él recibió un memorándum del Comandante de la Policía, su jefe inmediato, para
que efectuara esas labores.
El memorándum dice textualmente: “se servirá practicar
exámenes ginecológicos a todas las mujeres que se lo soliciten”.
El Dr. Rugama, afirma que recibió el memorándum el 23 de
marzo del pasado año. El Comandante Rodríguez, dijo Rugama, le pidió que
atendiera a meretrices y gente de escasos recursos.
“Sacrificando mi tiempo, lo hice con todo gusto”, expresó el
médico Rugama, agregando que la atención, se extiende a familiares de los
guardias de la Policía y de los presos.
Agregó que él consiguió que varios especialistas atendieran
a pacientes que así lo ameritaban. Pero por estos servicios él no cobraba ni un
centavo. Que es la Policía la que sufraga los gastos y que él no sabe de dónde
consiguen el dinero.
Agregó que ésta era una emergencia que beneficiaba a la
ciudadanía. Su labor es transitoria. Afirmó, que no sabía por qué el organismo
autorizado no trabajaba satisfactoriamente.
Dijo que exámenes que debían efectuarse cada diez días, los
hacían a los 45, y que eso no puede dejarse al tiempo, ya que la mayoría de las
enfermedades venéreas tiene un tiempo de incubación de 10 días máximo.
120 A 150 SEMANALES
Finalmente, el Dr. Rugama dijo que atendía un promedio de
120 a 150 mujeres de vida airada cada semana, y que el índice de enfermas era
de un 30 por ciento.
Por su lado, el Comandante de Policía mostró documentos de
los gastos que en esa “clínica” hace la Policía.
“Si esto se considera malo, y lo que estamos haciendo es
dañino, se suspenderá”, expresó un poco molesto el Comandante Rodríguez Somoza.
Mostró las siguientes cifras de gastos en la “clínica” para
atención de meretrices: Octubre: C$689.45. Noviembre: C$1.437.50. Diciembre:
C$1,392.90. Enero: C$1,214.05.