sábado, 6 de enero de 2024

RECUERDOS DEL MANAGUA VIEJO: EL PADRE LARA Y EL PADRE SATURNINO. Por Juan García Castillo En El Centroamericano. 21 de Enero de 1970.

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    Después de varios años de ausencia de Managua, un día fui a visitar la Iglesia de San Antonio, remozada al igual que el templo de Santo Domingo, por las órdenes religiosas, que tienen a su cargo, esos lugares de meditación y recogimiento.

    La visita al templo, me trajo la remembranza de un sacerdote managüense, extinto, el Presbítero Jesús María Lara (el Padre Lara).

    Este religioso decía públicamente, que profesaba del liberalismo y era ferviente admirador de su amigo y coterráneo, el general José Santos Zelaya, ex Presidente de Nicaragua.

    Belicoso, el Padre Lara gustaba que lo tomaran por “valiente”, y desafiaba a cualquier persona con quien discutía.

    Se cuenta muchas anécdotas de este sacerdote, audaz, amigo del debate, con cualquier hijo del vecino.

    Cuentan que una vez dialogaba con un feligrés de la Parroquia San Antonio, de la cual fue Párroco varias veces, y se acaloró en la discusión, que, saliendo del templo hacia la Plaza, dijo a su contrincante verbal, despojándose de su sotana:

    Allí está el Padre Lara, aquí está Jesús María Mara, el hombre, te querés agarrar conmigo a los golpes, con puñal o como sea”.

    Refieren los que presenciaron la escena, que el ciudadano católico, ante la actitud agresiva del discípulo de Cristo, su contrincante, dio media vuelta y huyó sin aceptar el reto.

    Gustaba el Padre Lara de tomar licor (aguardiente).

    Un día fui invitado a concurrir a la celebración de un matrimonio en Mateare y el sacerdote oficiante era el Padre Lara. Como se estimaba en los matrimonios, durante la noche fue la fiesta una verdadera francachela, tomando aguardiente y el Padre Lara libaba con nosotros toda la jornada…

    Por la madrugada fue el casamiento y después regresamos todos a nuestras casas, bastante achispados.

    El Padre Lara era conocido y apreciado en el Managua de antaño. No conozco el año en murió el Padre Lara, pero evoco su memoria como uno de los legítimos managuas de ayer.

EL PADRE SATURNINO

    En el barrio en que nací y pasé los primeros años de mi niñez, en Managua, el barrio de Nisperal, estaba una esquina, una cuadra al sur del actual edificio de “La Prensa”.

    La casa era de pobrísima apariencia, como casi todas las del Managua aldeano. Allí vivía y era de su propiedad, el Padre Saturnino. Cuando murió el Padre Saturnino, la casa quedó deshabitada y circulaba entre los habitantes de la zona la especie que el Padre Saturnino había dejado enterrado un saco de monedas en la pared.

    El Padre Saturnino era el sacerdote católico, un poco ilustrado de aquellos tiempos en Managua.

Se contaba que sus sermones eran peculiares por las frases que empleaba.

    “En este mundo”, decía, ya no hay nada que pueda llamarse por su nombre”. Al real le llaman realejo; a la mujer, volado, al pan o al alimento, manduco o mandurria, y así por el estilo, lo que demuestra que esta Managua está corrompida.

    Esta clase de sermones se oían con devoción y con frecuencia por parte del Padre Saturnino, quien era uno de los pocos discípulos de Cristo que había en la antigua Managua

REMODELACIÓN DE LOS TEMPLOS

      Para los que conocimos las iglesias del Managua aldeano, y vemos como han sido remodeladas, nos causa asombro, sus edificios actuales, evocamos las fachadas de los templos de San Antonio, Santo Domingo y San Pedro. Fachadas humildes, de adobe, sin ningún atractivo arquitectónico y recordamos las festividades que antaño se celebraban en sus plazoletas. En San Antonio las ferias de Agosto y Semana Santa, verdaderas orgías de licor y juegos de dados.

        En Santo Domingo la “barrera” para lidias de toros, al igual que en la plaza de San Sebastián, cuya fachada era igual que la de los templos mencionados anteriormente.

   Es grato recordar estos aspectos del Managua aldeano y consagramos un recuerdo a los sacerdotes que hemos mencionado, humildes, sencillos, con verdadero fervor religioso, aunque a veces era, sobre todo como el Padre Lara, un hombre sin investidura religiosa.
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