sábado, 13 de diciembre de 2014

JORGE NAVAS CORDONERO, ARTISTA GRANADINO QUE SEPULTÓ EL CEREBRO DE DARÍO.  28 de Octubre de 1960.

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A la izquierda del león que cubre la tumba del poeta, se  hizo un hoyo de 3 cuartas de profundidad por 2 en cuadro, y allí se depositó la urna conteniendo el cerebro de Darío.
Granada, Octubre, 28.-

El Maestro Jorge Navas Cordonero
EL MAESTRO DON JORGE NAVAS --actualmente de 86 años--, desde 1,904 a 1,928, dio toda su inspiración artística al embellecimiento de la Catedral de León. Fue el que enterró el cerebro de RUBÉN DARÍO a la izquierda de la tumba del Poeta y frente al León que custodia las cenizas del Ilustre Nicaragüense.
 
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Don Jorge Navas, verdadera gloria del arte nacional, nos concedió una interesante entrevista relacionada con las averiguaciones sobre el paradero del cerebro de Rubén Darío. Es él un anciano de 86 años que por circunstancias especiales se ha vinculado con momentos de importancia de nuestra época.

Nos cuenta que en 1904 él era un operativo aventajado del Maestro Carlos Ferrey en Granada y se ocupaba de ornamentaciones en la Iglesia La Merced, cuyo Cura era el Pbro. Ramón Ignacio Matus. Sabedor éste de que el Sr. Obispo de León Monseñor Simeón Pereira y Castellón, necesitaba un artista que le embelleciera la Catedral, se lo envió con particulares recomendaciones.

El Obispo le encargó para conocer la calidad de su trabajo la estatua de la Inmaculada que está en el frontis del suntuoso Templo Metropolitano y que tiene como 3 varas. Luego le encomendó los Leones del Atrio. Seguidamente los 12 Apóstoles de las Pilastras de la Nave Central, inclusive San Pedro y San Pablo. El artista granadino siguió embelleciendo y ornamentando la Catedral leonesa, con altares preciosos, la Capilla del Sagrario, los relieves de las paredes, armonizando admirablemente don Jorge y el Señor Obispo.

SEPULTURA CIRCUNSTANCIAL

Monseñor, hermano del General Máximo Jerez, estaba grave de muerte y el Obispo dispuso que se enterrara en la Catedral, al pie de la estatua del Apóstol San Pablo, situada a mano derecha del Altar Mayor, y en una de las pilastras del Presbiterio.

El artista Navas se encargó de hace la fosa en un lecho de durísima piedra a la que le dieron 5 cuartas de profundidad.
Por no se sabe qué motivo, la familia dispuso enterrarlo, no en la Catedral, sino en el cementerio general, y quedó la sepultura abierta, que sirvió tiempo después para guardar los restos de Rubén Darío. Unas semanas después Monseñor Pereira le enseñó un leoncito de yeso como llorando, copia de un monumento francés, que cubre los restos de los guardias suizos que defendieron la monarquía francesa y le pidió que le hiciera uno igual para colocarlo en la tumba de Darío. En esa obra tardó 3 meses.

Mientras tanto se suscitó una vigorosa protesta de la intelectualidad metropolitana, porque el Gral. Andrés Murillo se había traído para Managua el cerebro de Rubén Darío. A los leoneses les disgustó ésto y manifestaron su inconformidad.

EL CEREBRO ENTERRADO A LA IZQUIERDA DE LA TUMBA

Pasó cierto tiempo y se comenzó a hablar que de un ropero de la familia Murillo había desaparecido el cerebro de Rubén y  los comentarios fueron de todos los tonos. El propio Monseñor Pereira y Castellón le dijo cierta mañana: “Maestro, es cierto que se ha perdido el cerebro de Darío”.

A las pocas semanas de haberle oído esas afirmaciones, el Señor Obispo, llegaron 3 personas a la Catedral, de las cuales sólo una de ellas era perfectamente conocida para el artista Navas, como era su propio médico, y dirigiéndose a él, le dijeron: con instrucciones de Monseñor Pereira, abra un hoyo a un lado de la tumba de Darío, que vamos a enterrar esto.

Navas preguntó que de qué se trataba, y el Doctor le contestó: “Es una bomba, Maestro y la va a enterrar con mucho cuidado, porque de lo contrario podría estallar y volar la catedral”. Se hizo un hoyo a la izquierda del león que cubre los despojos del Poeta. Se le dio tres cuartas de profundidad y dos cuartas en cuadro.

Concluido el hoyo, el médico ilustre le entregó al maestro Navas un recipiente de vidrio de regular tamaño cubierto con papeles y así lo enterraron.

Monseñor Pereira se estaba dando cuenta de todo, razón por la cual el maestro Navas omitió recabar la orden para abrir el hoyo y aunque no hablaron posteriormente nada en relación con el asunto, quedó completamente claro don Jorge de que lo que había enterrado allí, era nada menos que el cerebro de Rubén Darío.

Hasta aquí las declaraciones del Maestro Jorge Navas, testigo presencial de la muerte y sepultura de Rubén Darío.

                                                        
(Corresponsal A. B. P.)