jueves, 12 de junio de 2014

“La Historia, Tribunal  de Última Instancia”

NICARAGUA TUVO SU CASO DREYFUS.  Por el Dr. Emilio Álvarez Lejarza. En: La Prensa, 5 de agosto de 1969.

Nota de Redacción. – Hace  casi un siglo y medio, exactamente en 1828, precisamente en el mes de Agosto, Nicaragua tuvo su caso Dreyfus. José Anselmo Sandoval, Comandante General de Granada,  fue juzgado por traición. El proceso estuvo rodeado de cierta atmósfera de intrigas, de maniobras de elementos que pretendían eliminar a Vado para ascender políticamente.

Vado fue condenado a destierro, pero cuando lo sacaron para llevarlo a San Juan del Norte, alguien lo acuchilló. El caso cobró sensación en la primera mitad del siglo XIX, pero después se diluyó en el tiempo y los documentos que se guardaron fueron muy pocos. Sin embargo, 116 años después, (en 1944) el historiador y político Dr. Emilio Álvarez Lejarza logró reconstruir el proceso y comentarlo. El Dr. Álvarez tituló su artículo con el mismo título con que lo encabezamos hoy: “La historia es Tribunal de última instancia”.

El autocabeza levantado por el Juez de Granada en 1828 decía: “Siendo repetidas las denuncias que este Juzgado ha tenido de la negra e infidente disposición en que se hallaba en días pasados el Con. Comte. Gral. de esta Plaza José Anselmo Sandoval de hacer entrega de ella al partido beligerante en Managua y Nicaragua (Ch) para investigar la verdad del hecho…

Como se ve, ya el juez estaba prejuzgando al referirse a “la negra e infidente disposición” del Comandante General de la Plaza, José Anselmo Sandoval… Y el comentario que el Dr. Álvarez Lejarza escribió, tanto sobre los antecedentes políticos del proceso, como sobre éste y su terrible desenlace, es el siguiente:
I

El proceso por traición seguido contra José Anselmo Sandoval Vado ha permanecido arrinconado por espacio de 116 años.

Se salvó de la incuria de los hombres y de la vorágine de nuestras guerras; y de los incendios y terremotos, sabe Dios como…

José Anselmo Vado nació en Granada en 1794. En 1826, fecha de su asesinato, tenía esposa y tiernos hijos. Su cuñado don Nicolás de la Rocha (A) alcanzó muy buena reputación y era hombre de consejo.

Fue uno de los próceres de 1811 y 1813, progenitor del jurisconsulto don Jesús de la Rocha, del historiógrafo don Pedro Francisco, del lingüista don Juan Eligio, y de otros que tuvieron posición descollante en el país, entre otros el Dr. Máximo H. Zepeda y el Dr. Sebastián Salinas.

Don Nicolás y sus hijos protestaron siempre por el asesinato de Vado y sostuvieron que fue una víctima –como tantos otros— de la iniquidad de la época, tan preñada de inquietudes, zozobras y abusos.

II

El 22 de abril de 1825 (tres años después de la muerte de Vado) tomó posesión de la Jefatura del Estado, don Manuel Antonio de la Cerda. Se retiró más tarde, y entró en ejercicio el Vicejefe don Juan Argüello.

Enseguida, –aquí en Managua— tomó posesión del mando supremo don Manuel Antonio; y, requirió a Argüello, para que le prestase obediencia. Argüello –socarronamente— le contestó que llegaría a León a recibir las riendas del Estado.
El país se dividió en dos bandos. Argüello dominaba León, Granada y Chontales. Y Cerda, Managua, Rivas y Jinotepe.

No nos vamos a detener en la narración de aquellas escenas de devastación y horror. Pero sí, diremos, con la autoridad de Levy, que nadie podía permanecer neutral en la contienda fratricida. Tenía que ser partidario de Argüello o de Cerda. Los dos ellos pensaban que el que no estaba con ellos, estaba contra ellos. Con esto, el discreto lector, podrá apreciar la situación de los nicaragüenses por aquellos años.
Oigamos esta narración del primer Presidente de Centroamérica, el prócer don Manuel José Arce:

“En Nicaragua permanecían algunos restos de la división que pacificó aquellos pueblos a principios del año 1825. El Vic-Jefe C. Juan Argüello, que obtenía el Poder Ejecutivo de aquel Estado, por ausencia del Jefe C. Manuel Antonio de la Cerda, instaba vivamente para que se retirara aquella tropa; yo lo resistí con toda firmeza porque sabía las consecuencias que iba a traer el abandono de un país enfermo de guerra civil; pero Argüello logró favor en el Congreso; y el Gobierno ya no pudo sostener el bien de Nicaragua. Cuando avisé al Cuerpo Legislativo que evacuaría el territorio la pequeña  fuerza de El Salvador, que mantenía la paz entre los nicaragüenses y que con palpable falsedad se vociferaba que los oprimía, dije: “que muy luego vería el Congreso arder otra vez la tea de la discordia en aquel Estado”.

“A poco se encendió la guerra civil que ha destruido lo que pudo escaparse de las matanzas e incendios del año… 1824: Nicaragua ya no existe  si no es para dar lecciones de temor, que deben estudiar todos los que deseen regir la República”.

“Era el Estado más precioso de Centroamérica por todas sus cualidades y hoy es un país destrozado por el encarnizamiento más atroz, donde han fijado su trono los asesinatos, los robos  y las violencias de todas especie”.

“El emporio del Centro se ve regado de escombros. Y, más que por hombres es habitado por las fieras que han amontonado un estupendo desorden”.

“Nicaragüenses: ¿por qué no fuisteis socorridos? ¿Por qué fuisteis desamparados? Ah, se hizo de moda contradecir, desaprobar, todo lo que el Gobierno hacía y ésta es la causa de vuestra ruina. (Memoria del General Manuel José Arce, Páginas 53 y 54).

LES ENVENENÓ EL ALMA

No hay tal que hubiese lucha por ideas y ni siquiera de clases, puesto que tanto Cerda como Argüello eran de la nobleza criolla granadina y los más destacados patriotas del años 1811. Juntos fueron condenados a muerte y juntos sufrieron el presidio en Ceuta, con que les fue conmutada la pena capital.

Dice Pérez que el contacto que tuvieron estos dignos caballeros con los presidiarios de Ceuta, les envenenó el alma; y que quizá los grandes dolores que sufrieron, les exasperó hasta la morbosidad.

La verdad histórica es que los dos jefes hicieron una guerra inmisericorde y feroz. Ni Cerda ni Argüello se sentían seguros en los territorios que dominaban. Carecían de ideales, y, es sabido que los personalismos descansan sobre fundamentos deleznables e inseguros.

Vivían ellos en continua zozobra e inquietud. Temían las rebeliones de los pueblos que sojuzgaban, los cuales ya no soportaban tanta devastación y abuso y, más aún, temían las traiciones de los militares en que confiaban.

El 14 de septiembre de 1827, Cleto Ordóñez depuso a Argüello (B). El astuto Ordóñez quizo dar forma legal a su rebelión y al efecto, después de hacerse rogar, tomó posesión de la Jefatura Militar de manos del Cabildo de León y don Pedro Oviedo quedó como Jefe Civil. Este es el mismo que el año 1830 aparece como Fiscal Suplente de la Corte Suprema de Justicia.

Argüello huyó a El Salvador, y quedaron frente a frente Cerda y Ordóñez. Hubo quien pensara que era mejor vivir en paz; pero esta voz se ahogó y siguió la guerra con el mismo encono y ferocidad.

El 19 de junio de ese mismo año (1827) destituyó Cerda a Casanova y a Gutiérrez, los jefes militares (colombianos) más encumbrados de su régimen. Les siguió proceso y los fusiló. La historia –al comentar la muerte de los colombianos— más condena a Cerda por impolítico que por injusto.

El 28 de junio siguiente se rebeló Managua contra Cerda y aunque éste logró dominar el movimiento armado, se trasladó a Rivas en busca de mayores seguridades.

Enseguida cae Ordóñez, Argüello regresa al país de incógnito y se esconde en una finca aledaña a Granada. Según Pérez, Argüello no entró a Granada porque temía a Sandoval Vado, a la sazón Comandante General del Ejército en Granada.

El 5 de agosto del año 1828 Sandoval Vado, como Jefe, y el Padre José María Estrada, como segundo, asaltaron la plaza de Jinotepe con 1.800 hombres. Jinotepe estaba defendida por Baltodano con apenas 200 hombres. La derrota de los atacantes fue tremenda. Esta es la acción marcial llamada de Las Gamarras.

Baltodano era un valiente: pero la historia dice que el triunfo se debió a la dirección técnica del Licenciado don José Sacasa (Sacasas desde entonces), partidario de Cerda.

Seis días después de esta acción de Las Gamarras se inicia el proceso contra Sandoval Vado en Granada. Declaran en el sumario secreto, personas que más tarde figuran como astros de primera magnitud en el cielo de la Patria.

III

Jerónimo Pérez (Cfr. 533) dice: que como no pudieron condenar a Sandoval Vado a pena capital, le impusieron la de destierro; que una patrulla al mando del Capitán Santiago Berroterán, sacó al reo de la prisión con el objeto de llevarlo al puerto y de allí embarcarlo a San Juan del Norte; que el reo, creyendo que lo llevaban al patíbulo, pidió sacerdote para que lo confesase, y se lo negaron, diciéndole que nada había en su contra

Al entrar la noche (probablemente a fines de agosto de 1928) montaron al reo en una bestia; más como iba engrillado, le llevaba por delante Saturnino Martínez, alias Capita.

La patrulla con el reo salió de San Francisco, tomó dirección hacia el norte y al llegar a la esquina, hoy de la sucesión Mondragón, dobló hacia el oriente y después pasaron por la callejuela detrás de San Francisco.

Siguieron la Calle del Arsenal y al llegar a la Calle del Martirio, que quizá lleva ese nombre por lo que allí pasó, se armó el alboroto.

Hubo disparos de arma, indudablemente al aire, pues nadie resultó herido, más que el infortunado Sandoval Vado, de una profunda puñalada que le infirió Capita, según unos y según otros, una tal Zamuria.

Después Capita arrojó al suelo el cuerpo de Sandoval. Cayó éste sobre una piedra saliente de la calle, la cual quedó manchada de sangre por mucho tiempo, como testimonio de la iniquidad de los hombres.

Este asesinato es el precursor del horrendo crimen de La Pelona. Los asesinos se valieron del mismo ardid para justificarse ante la historia: dicen que sacaban a los reos de la prisión para darles garantías; y cuando van de camino, los asesinan.

Pero la historia es el Tribunal de Última Instancia

IV

Afirma Pérez que todos estuvieron de acuerdo en que Argüello y “sus amigos” ordenaron el asesinato de Vado, pero absuelve al Padre Estrada.

En esa dura y áspera vida nicaragüense, las traiciones y las rebeliones mantenían a los hombres en continua inquietud. Todos se miraban de soslayo, en desconfianza mutua terrible.

Sandoval Vado fue derrotado en Jinotepe no obstante la superioridad de sus fuerzas y se creyó que se dejó vencer. La “venta” palabreja que con tanta frecuencia se repite en nuestras guerras civiles. Por otra parte, estaba ya en los aledaños a Granada, el terrible Argüello, quien temía a Sandoval y ansiaba restaurarse en el poder.

Vamos ahora a filosofar. ¨Estos “amigos de Argüello”, ¿dudaban de la lealtad de Vado? Pueda ser.

¿No sería más lógico suponer que creyeran que tuviesen más confianza en Argüello como Jefe Militar, que en Sandoval Vado?

¿No es más creíble suponer que se sentían más tranquilos con la Jefatura de Argüello que con la de Sandoval?

Puesto que querían deshacerse de Vado, y como no eran capaces de un asesinato, pensaron en formarle proceso a fin de deshacerse de él y al propio tiempo, facilitar el regreso de Argüello, quien, como sucedió, en efecto, asumió el mando supremo después de la muerte de Vado.

Ordenar el asesinato, tan sólo Argüello era capaz de hacerlo, porque Argüello, en diferentes ocasiones, dio muestras de ser sanguinario y feroz.

El mismo Pérez, olvidando sus anteriores cargos contra “los amigos de Argüello”, ya al finalizar su BIOGRAFÍA DE ARGÜELLO, pinta el cuadro de la agonía de éste (Cfr. 545). Dice que en vez de la calma del cristiano, en trance de muerte, tuvo Argüello la desesperación que le causaba entre otros, el espectro de Vado. A todos los que asesinó, nombraba –dice Pérez—. “A todos les imploraba que le dejaran. Huía del uno y encontraba al otro, hasta que la muerte lo libertó de tan terribles visiones”.


miércoles, 11 de junio de 2014

CARLOS FONSECA AMADOR, PEDRO JOAQUÍN CHAMORRO Y  FERNANDO AGÜERO. Una entrevista por: Óscar Leonardo Montalbán. En: Extra, 14 de septiembre de 1969.

Carlos Fonseca Amador  encuadró su rostro frente a una pantalla situada en el corredor especial de instrucciones de tiro de la Tercera Compañía de la Guardia Civil de Costa Rica. Vestía esta vez en forma muy distinta a como lo había hecho el 1º de Septiembre en la Dirección de Investigación Criminal, de Costa Rica, un bonito edificio iluminado con la espontaneidad del color blanco.

Para Carlos Fonseca Amador los partidos políticos de Nicaragua, son un clan donde la juerga de la ideología es un buen trago para pasar el tiempo y la política, un “schrach” maravilloso para discutir las banalidades de la vida.

El líder supremo del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua no oculta su desencanto al hablar de ellos. Los políticos de su país, son para Carlos Fonseca Amador producto de una simbiosis negativa.

Para Carlos Fonseca Amador los llamados líderes de la oposición, son un “best seller” de nuestra política criolla. Entapujados en sus propios atavismos, escriben el mañana en función de sus estómagos.
Cuando se le preguntó su opinión sobre el Dr. Pedro Joaquín Chamorro y el Dr. Fernando Agüero, no ocultó una sonrisa mordaz y despiadada.

Eran entonces las cuatro y 50 minutos en San José de Costa Rica, y una ligera llovizna tejía de un gris plomo la tarde. Los detectives detrás de él, escuchaban serenos, muchas de sus frases que en ciertas oportunidades iban más allá de una palabra saltada a menos.

El palco en la Tercera Compañía de la Guardia Civil de Costa Rica, estaba lleno.

̶  “Pedro Joaquín Chamorro”, dijo Fonseca Amador. ¡Vaya!

Luego su mutismo fue un chorro de elocuencia.

̶  Pedro Joaquín Chamorro para mí, expresó el dirigente No. 1 del F.S.L.N., es una víctima del atavismo familiar e ideológico. Creo, expresó que su cordón umbilical está aún sujeto a la encomienda, y que sus ideas son tan colonialistas como las de sus abuelos.

Yo pienso, afirmó después, que el Dr. Chamorro difícilmente podría creer en una revolución como nosotros la entendemos, porque para entenderla hay que vivirla. Pero él no puede eso… Él tiene un “Chaise Long”, uno o dos perros de raza, un número para los bailes elegantes de tono “hig hig” y eso para él es todo. Considero, que preso como estoy yo aquí, soy más libre que Pedro Joaquín. Eso sí y hay que considerar un punto de vista sobre la energética de su función social, el director de “La Prensa” es un explotador de noticias.

Insisto, agregó Fonseca Amador, en que Pedro Joaquín es una víctima de sus propias tradiciones. Para él, no existen los que carecen de un pedazo de carne en el estómago; pero sus perros beben más leche que un niño desnutrido.

Él, afirmó Fonseca Amador, hace su llamada a la oposición, pero acomodándola a la legitimidad, es decir, haciéndola funcionar dentro de una órbita administrativa apegada a la etiqueta de los Somoza.

Yo entiendo que Pedro Joaquín Chamorro es un buen comerciante, y por lo tanto no puede ser un buen político.

El líder insurrecto meditó un poco, y luego, analizó la personalidad del Dr. Fernando Agüero Rocha, Presidente del Partido Conservador.
Dr. Fernando Agüero Rocha, 1969

Se quitó los anteojos y frunciendo el ceño, dijo: Multipliquen a Pedro Joaquín por tres veces y entonces Ud., tiene un doctor Fernando Agüero Rocha.

̶  Vea señor periodista, agregó: ¿No tiene algo mejor que preguntar?

Yo repito, continuó diciendo Fonseca Amador: que no se puede ser comerciante y ser político. Pero se le advirtió que el Dr. Pedro Joaquín Chamorro era un opositor honrado, y entonces el hombre aquel, manifestó: De buenas intenciones está empedrado el camino que conduce al infierno.

CMDTE. CARLOS FONSECA AMADOR, DURANTE LA ENTREVISTA
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LA VIOLENCIA NO RESUELVE EL DESTINO DEL PAÍS, OPINA EL DR EMILIO ÁLVAREZ MONTALVÁN

El Frente Sandinista de Liberación Nacional, es una realidad, pero su proyección no resuelve la problemática que afronta el país.
Dr. Emilio Álvarez Montalván, 1969. 

Con estas palabras el Dr. Emilio Álvarez Montalván, excelente oculista y político de mesuradas dimensiones, inició su análisis sobre el movimiento insurreccional, que jefea Carlos Fonseca Amador, actualmente reo en la Tercera Compañía, en San José de Costa Rica, después de haber sido capturado, en la casa del holandés Van Wipper en Alajuela.

--Yo tengo cierta admiración por ellos, pero no encuentro dentro de su contenido ideológico, los elementos de peso, que le puedan dar solución a la crisis político-social, que enturbia a Nicaragua, afirmó el Dr. Emilio Álvarez Montalván.

-- Ellos están muriendo, lo sé, afirmó Álvarez Montalván, pero yo me pregunto, ¿valdrá tanto derramar esa sangre en una lucha incruenta?

-- En las montañas, tras los parapetos de las casas clandestinas, escudados tras sus metralletas, ellos buscan algo, pero la razón de su ideal, sólo se ha manifestado ahora en la violencia, y ésta no creo que les sirva de mucho”.

QUIEREN ALGO A LO FIDEL CASTRO

“¿Qué pretenden ellos, implantar un sistema socialista a lo Fidel Castro? Puede que sí. Pero, ¿existe en Nicaragua, el clima suficiente para propiciar un estado de tal naturaleza? Somoza tiene allá en su nido 3 mil hombres sobre las armas y la voz convincente de sus tanques, y eso es mucho decir. El F.S.L.N., es una organización valiente, y a la vez suicida. Esos muchachos son hombres a la medida, más creo que su acción no es la panacea donde los nicaragüenses recogerán el buen trigo”.

Cmdte. Carlos Fonseca Amador
Fonseca Amador, en su conferencia de prensa, allá en el Salón de Proyecciones de la Tercera Compañía en San José, recordó a los periodistas, que la revolución de Nicaragua tenía que llevar la etiqueta de Sandino y una inyección fuerte del pensamiento de Ernesto “Che Guevara”. Quiero, dijo Fonseca Amador, una Nicaragua socialista a lo nicaragüense. Vea agregó, yo no pretendo uncir a mi patria al estilo moscovita. No pretendo un socialismo ruso para mi país, sino un socialismo apegado a nuestra idiosincrasia.

LAS PARALELAS DEBEN MANTENERSE

Las paralelas históricas, deben mantenerse, afirmó el Dr. Álvarez Montalván, por lo menos hasta el momento; tratar de fragmentarlas es un error, por lo menos por ahora.

“Cuando yo hablo del F.S.L.N., y analizo sus pro y sus contras, no lo hago en forma timorata, ni se va ya a pensar que la violencia y la muerte pueden darme escozor, pero las situaciones hay que meditarlas claramente”.

“Ellos no están triunfando aún, pero si llegara a lograrlo yo me pregunto: ¿Qué haría? Instalar un paredón para todos los que piensen distinto a ellos, y establecer un plan de gobierno, cuya cobertura, subsane la invalidez de la patria?”.

“¿Abrirán, una encuesta revanchista, donde se pagaría ojo por ojo y diente por diente? Me figuro, que yo estaría en su lista, como cualquier otro ciudadano que despidiera olor a los Somoza”.

¿Y PEDRO JOAQUÍN QUÉ…?

Fonseca Amador, no tiene muy buen concepto del Dr. Pedro Joaquín Chamorro, afirmó el Dr. Álvarez Montalván. Él dijo a los periodistas, que el Dr. Chamorro, era un hombre de buenas intenciones, pero que de ella estaba empedrado el camino al infierno.
Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, 1969. 
“También agregó, que el doctor Chamorro, era un tipo que acomodaba oposición al modo de ser de los Somoza, y dentro de una legitimidad negativa. No se puede, dijo el guerrillero, pensar en la legitimidad de la política, ni ser político y comerciante a la vez”.

“Yo pienso, dijo el Dr. Álvarez, que esas apreciaciones de Fonseca Amador, son muy propias en una persona que piensa como él. El Dr. Chamorro, ha sido sincero con su partido, con su patria y consigo mismo. El tal vez no trajine por los caminos de la clandestinidad, pero ha sabido y sabe combatir al régimen, con su periódico, y en muchas ocasiones con las armas en la mano”.

“La cárcel lo ha encerrado muchas veces, y las privaciones y torturas a que ha sido sometido, son el termómetro suficiente para conocer su estatura moral”.

“El Dr. Chamorro no necesita andar de Quijote, esperando que algún día, algún esbirro silencie su oposición no clandestina que a veces lo proyecta en los momentos de crisis, como un blanco móvil”.

UN GRUPO PUEDE HACERLO


“Si alguien me preguntara, quien podría salvar a la patria, yo diría, que un grupo de hombres honrados, de buenas intenciones, libres de mezquindades, podrían hacerlo. Ellos podrían crear una mística dentro de las generaciones futuras, y escalando los senderos de la legitimidad, fragmentar el círculo corrupto del actual régimen. Se ha dicho que los Somoza han triunfado no por la fuerza de sus ideas, sino por la debilidad de sus adversarios. Y yo entiendo que eso es así. No creo que el régimen actual vaya más allá. Sus últimas crisis así lo han demostrado. A los Somoza no les queda más que un recurso ya: la violencia. “Cuando esto sucede alguien tiene que morir”. El F.S.L.N… Violencia también. Los dos acabarán por destrozarse. 

En 1959, hace diez años, el Dr. Pedro Joaquín Chamorro se alzó en armas en lo que la historia conoció después como la "Invasión de Mollejones y Olama". Nunca antes, ningún movimiento insurreccional de los muchos que se han realizado contra el régimen somocista, estuvo tan fuertemente equipado como él, ni contó con tanto respaldo popular, incluido el de los grandes capitales nacionales. Tuvo, además "Mollejones y Olama", el respaldo de figuras internacionales tales como don Pepe Figueres, Rómulo Betancourt y Luis Muñoz Marín. Sobre el particular se refieren las declaraciones del hoy jefe insurrecto Carlos Fonseca Amador, de quien el Director de "La Prensa" dijo que se entregó "sin pena ni gloria" en Alajuela. Fonseca Amador estuvo desarmado a la hora de su captura.   O. L. M. 

lunes, 9 de junio de 2014

A 35 años  del  asesinato de  Bill Stewart ...

ENCUENTRO CON LA IDENTIDAD  DEL VICTIMARIO

Por: Eduardo Pérez-Valle hijo

* El periodista de 37 años, era reportero de la ABC News

*Somoza Debayle no pudo hablar porque comprometía la identidad de…

*El tiempo se encargó de poner al homicida frente a los ojos de la Historia

BILL STEWART (Internet)
Estos hechos deben el haber visto la luz a la insistencia de  amigos que me pidieron darle forma y  publicarlas, y al vivo deseo de hacer justicia y honrar la memoria de miles de jóvenes nicaragüenses que murieron asesinados como el periodista mártir, Bill Stewart. Ese pasado debe contarse para que jamás regrese…

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Nunca he dejado las cosas o resoluciones definitivas a la intuición, siempre he preferido ponerles el peso de la prueba y del razonamiento lógico, aunque admita que para algo ha de servir el viejo refranero popular. Así pensé y así sucedió la primera vez en que miré el rostro de aquel individuo marcado por rastros duros, corpulento, poseía una mirada intensa, cargada sobre una enorme testa cuadrangular poblada por cabello de corte bajo y crespo. El interlocutor era un sexagenario “encubierto” por la aplicación evidente de tinte.

En aquella apariencia física había algo que en el primer momento no lograba asociar. Hablamos sin que nuestras miradas descendieran, puesto que, nuestras estaturas casi coincidían por encima de los 6 pies. Era de caminar pausado y erguido, siempre avanzaba con paso marcial. Lo conocí a  finales del año 1992, en el mismo sitio donde lo habían confinado en 1980, tras ser sentenciado a purgar 30 años de prisión por haber pertenecido a la Guardia Nacional de Nicaragua.

Desde la primera vez, hubo algo en aquel semblante cuyo conjunto de caracteres me sugerían rasgos fenotípicos y genotípicos muy distintivos, o sea, rasgos tanto físicos como conductuales, fácilmente asociables a cierto personaje de la dinastía somocista, o bien para ajustarlo al hablar popular del nicaragüense, “éste era cagado al pariente”. Este guardia había sido indultado en el año 1989; por algo más de 8 años aprendió a fabricar mampuestos y otros productos de arcilla en la antigua Cerámica Chiltepe, que fue ocupada por el Sistema Penitenciario Nacional como parte de la “reeducación de internos”.

Era adusto y de hablar pausado, pero no por ello, conmigo no perdía sus ganas de charlar un rato. Durante esos años y después de aparecer en la lista de los indultos publicados en La Gaceta, Diario Oficial, No 65, del 7 de abril de 1989, el indultado número 1423, prefirió quedarse a vivir en las inmediaciones de aquella fábrica localizada en la Península de Chiltepe, cercana a la Laguna de Jiloá, donde ya tenía nuevos familiares, una mujer, una hija, y varios entenados que también laboraban en esa industria.

Aquel sitio, un encuadrado de dudosos trabajadores cargados con inciertos antecedentes, aunque nadie tenía la osadía de manifestarse auténtico criminal, ya sabíamos que la relación contractual estaría marcada por esos detalles relevantes que diario, de forma precavida, auscultábamos con la mirada y el oído.

Real y verdaderamente, en ese lugar aprendimos que era necesario estar preparados a recibir sorpresas desagradables, y aterradoras. La variedad de historias atrapadas en el silencio de aquellos hombres no era simplemente una limitada y anónima serie estadística.

Los puestos laborales estaban determinados por las fronteras de la experiencia y por la edad. Había un grupo de hombres que sobrepasaban los 50 años, y el resto eran adultos jóvenes, para ese tiempo el personal  en buena parte había dejado de estar conformado por exG.N., quienes una vez recibido el indulto se marcharon para jamás volver, esa situación disgregó “secretos atrapados”..

Aunque el grupo empezó a escindirse, “el Kaibil” como solían apodarlo los trabajadores de esa empresa, continuó con sus labores tal como si estuviera bajo un régimen de estricto cumplimiento militar, y las administraciones aseguraban que en veinte años de ningún modo agregó alguna inasistencia, pero ese tiempo no fue lo suficiente para completar los antecedentes de aquel sombrío e inescrutable sujeto. Tenía costumbres castrenses.   

Él tenía identificada mi procedencia, sabía que ambos pertenecíamos a bandos opuestos y en esa historia ya estaba claro, a grandes rasgos, de mi pasado militar dentro de la Revolución Popular Sandinista; quizás eso ponía la cosa un tanto más refractaria. Por otra parte, en aquella amalgama de Empresa privada y “colectivo obrero”, algunos operarios lo llamaban “Kaibil”, mientras otros, los más jóvenes e imprudentes, hacían comentarios sarcásticos, al repetir retazos de rumores relegándolo a la retaguardia militar de la G.N., con sombrero y cuchara de cocinero.

Ninguno de los indicios obtenidos lo acercaba a la cocina, todo apuntaba al Guardia de raciones frías abiertas en el terreno del desafío militar. Acomodé mi horario en aquellos menesteres fabriles y durante un tiempo varié mis labores de consultor independiente; iba en pos de verificar varios indicios que imponían un abordaje hábil y  directo. El tema me fatigaba, pero no tenía más alternativa, que encontrar la historia en esas conversaciones repulsivas.

La vigilancia de aquella empresa era alternada con el apoyo de miembros de la Asamblea de Cogestión Obrera, ese día le correspondió turno al “Kaibil”, a quien le fue entregada la escopeta Remington de corredera calibre 12, previa advertencia de un desperfecto mecánico que el Jefe de Taller –que se decía experimentado en armas— no había podido solucionar. Esa noche decidí presentarme con el pretexto de supervisar, y la noche se vino encima, mientras el “Kaibil” con evidente destreza desarmaba el arma y luego de ir al taller volvió con ella reparada.

FABIO ALBERTO  SALGADO RODRÍGUEZ
Ahí lo escuché preciarse. En ese instante decidí seguir su estado de ánimo e interpelé:

— ¿Vamos, eso que hiciste exige de conocimiento previo?

— “Estos dicen haber sido militares y ya ves, ni siquiera pueden desarmar esta escopeta”, me dijo.

— ¡Vamos, no vengas con generalidades, que por allí escuché decir que también eres buen cocinero!

Con voz pausada y grave prosiguió:

— “Todo exG.N., tiene la obligación de cumplir cualquier misión, toda tarea relacionada con la rutina diaria del campamento o del acantonamiento. Ese cuento mal echado surge porque yo fui, durante algún tiempo, jefe de las bodegas de avituallamiento. Ahí despachaba todos los pedidos de la tropa. ¿El que no me conoció es porque no estuvo ahí? ¿Si estuvo en la Guardia, saben que Fabio Alberto Salgado Rodríguez, mejor dicho, “Somoza” fue miembro del Primer Batallón Blindado y después fui miembro del Batallón de Combate General Somoza, fundado el 1º de diciembre de 1956”.

— ¡Sí, desde luego! Murmuré, sin tener idea hasta dónde me permitiría llegar con mis preguntas.

Yo, no aguardaba precisamente una confidencia importante, capital y decisiva, pero la plática fue internándose…

Entre los datos confiados, en ese agitado día, supe que “El Kaibil”, bautizado como Fabio Alberto Salgado Rodríguez, fue parte de los 160 soldados de Nicaragua enviados a combatir en la República Dominicana junto a las tropas interventoras norteamericanas pertenecientes a la primera Brigada de la 82ª División Aerotransportada que aplastó el levantamiento armado popular del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Movimiento Revolucionario 14 de Junio,  surgido en apoyo de Juan Bosch.  

Llegué a convencerme que ese hombre –el dizque cocinero— era testigo “ciego y mudo” de interioridades insospechadas e inimaginables. Así, en febril relato me dio algunos detalles de su participación en Río Blanco y Waswala, antes y durante las maniobras de contrainsurgencia de la operación CONDECA, Águila VI, que agrupó en 1976 a miles de soldados enviados por las dictaduras de El Salvador y Guatemala.

DOS NIETOS “OCULTOS” EN LA DINASTÍA SOMOCISTA

Este  asunto ya no era sólo de mera filiación militar, la historia completa surgía del verdadero apellido, el “disfrazado” origen genético,  conservado bajo otro nombre consignado en la cédula de identidad ciudadana emitida por el Consejo Supremo Electoral de Nicaragua. Entonces, en esa misma captación, debía ampliar y desembrollar el parentesco, además del derrotero a través del “Somoza” sustituido por el “Salgado Rodríguez”.

Aquellas conversaciones me dejaron muchas veces pensativo. A partir de entonces comencé a buscar otros datos, conclusiones claras. Decidí continuar y requerí explicaciones:

— ¿Por qué los Guardias te decían “Somoza”?

— “Soy nieto del General Anastasio Somoza García”, sobrino de Luis y de Anastasio Somoza Debayle, porque mi padre fue Papa Chepe”.

— ¿Eres hijo de José Rodríguez Somoza?

— “¡Sí! y él también fue el padre de Reinaldo Salgado Rodríguez, ya fallecido, quien alcanzó el grado de Tnte. G. N., y lo mataron durante los combates contra Germán Pomares en Jinotega. Sólo me quedó otra hermana que vive en los Estados Unidos, ella se llama Yolanda Mercedes Medina Salgado, casada con un señor de apellido Wong, que fue dueño de un supermercado por donde inicia la carretera a Masaya.  


FABIO ALBERTO SALGADO RODRÍGUEZ
JOSÉ RODRÍGUEZ SOMOZA (AL CENTRO). Es evidente el parecido físico con FABIO A. SALGADO RODRÍGUEZ 
— ¿Pero tiene otros hermanos por parte de padre?

— “Es cierto, pero esa gente jamás mantuvo relaciones con nosotros. A “Papa Chepe” esos le salieron “virecos, eran cuatro hijos: José, Julio, Miguel y Leonel Rodríguez Abrego”.

— ¿Cómo fue tu niñez y la de tus hermanos?

“Todos crecimos distantes de “Mama Julia”, doña Julia García de Somoza, que habitaba en la hacienda El Porvenir, en San Marcos, Carazo. Nuestra madre fue una humilde trabajadora, primero allá en Carazo, y después en la Hacienda Santa Feliciana cercana a Tiscapa, en toda esa extensión, ahí donde fue el restaurante Los Gauchos. “Papa Chepe” nunca nos reconoció como hijos legítimos, pero su esposa, doña Leonor Abrego nos conoció,  sabía de nuestra existencia. Todo sucedió igual a la relación escondida de mi abuelo con mi abuela llamada Claudia Rodríguez Sánchez, ella hacía quehaceres en la hacienda El Porvenir, y de esa relación nació mi padre, José Rodríguez Somoza”.

— ¿Por qué ingresaste a la Guardia Nacional?

— “Yo trabajaba en la hacienda Santa Feliciana, y después decidí incorporarme a la vida militar, en donde nunca tuve ningún privilegio y empecé como soldado raso”.

— ¿Fuiste procesado en los Tribunales Populares Antisomocistas?

— “¡Ya ves…! Me condenaron a 30 años de prisión, pero jamás supieron quién era yo, en realidad. Con el indulto de la Violeta quedé libre”.

— ¿Puede decirme la circunstancias de tu traslado a esta fábrica, para trabajar como reo al servicio del Sistema Penitenciario Nacional?

— “No me vas a creer, pero esto se le debo a una mujer casada con un coyol del FSLN, ella llegó a la Cárcel Modelo y me miró entre los presos, nos conocíamos desde antes, se me acercó y me dijo que ella me ayudaría a salir, después me trasladaron a la Chiltepe, y aquí estoy contando la historia”.

— ¿Quién es esa mujer?

— “Esta viva  y tiene un buen puesto, mejor dejémoslo ahí”.

— ¿Dónde están tus familiares, tu anterior esposa e hijos?

— “Tengo varias hijas, ellas nacieron en León, que por cierto prefiero no ir mucho por esos lado, ahí dejé algunos enemigos… Una trabaja como profesora en la UNAN. Ellas ya están casadas y tienen familia. Con ellas me veo, cuando puedo”.

EL ASESINATO DE BILL STEWART EN UNA CONFESIÓN ESCUETA PERO CLARA

Todo empezó durante otro breve intercambio con aquel guardia, entre nosotros hubo opiniones encendidas, opuestas, relacionadas con el desarrollo de la guerra en los barrios orientales de Managua. A Fabio Alberto Salgado Rodríguez y al suscrito nos separaban muchas cosas, convicciones y valores diametralmente opuestos, pero también, en aquellos recuerdos, en donde a mí me interesaba oír, desentrañar, también estuvimos separados por el cauce que atraviesa el barrio Riguero y corre paralelo a la pista de Residencial El Dorado, el reparto en donde, en la primera cuadra queda mi casa. De un lado la guerrilla, del otro, la Guardia somocista. Ya había escuchado que él –durante la insurrección final, había operado en esa zona, y, ¡repentinamente! a mi interlocutor lo “traicionó” el pasado, o derivó en la psicología del criminal… aunque este sujeto no era el Raskólnikov de Crimen y Castigo con “el alma torturada y una conciencia llagada en carne viva”.

EL ATAÚD DE BILL STEWART  EN EL AEROPUERTO DE MANAGUA
Siempre esperé darle al papel en blanco los elementos probatorios de aquel hallazgo fortuito, sin embargo, al no obtener avance, los primeros indicios quedaron entre mis anotaciones sueltas, guardados mientras configuraba con certeza, las partes esenciales de esta especie de silencioso juicio en etapas. Obtuve mis primeros elementos de convicción alrededor de este tenebroso suceso cuando una y otra vez repasé la filmación que estremeció las conciencias de miles de personas alrededor del planeta, aquel asesinato fue otro acto de horror, capaz de hacer sobresaltar hasta el último músculo del rostro, compungir el alma y el corazón ante la crueldad y la impiedad humana, demostrada. Asociado a ese testimonio fílmico, en mi cabeza martillaban las palabras del exG.N., en aquella controversia, Fabio Alberto Salgado Rodríguez: había dicho frente a mi cámara de filmar “… yo le volvería a dar a ese gringo en el Riguero…”.

En el habla de este sujeto era usual escuchar la expresión “darle agua”, la empleaba cuando polemizaba con algún contradictor  –del ámbito de trabajo— lo increíble es que lo tomaban como algo irrelevante, propio de un bromista, sin embargo, ese era el lenguaje acostumbrado por los Guardias durante la perpetración de muchos asesinatos atroces.

Miles de televidentes de diversos países quedaron atónitos ante uno de los dos crímenes perpetrados en las calles del populoso barrio Riguero en la mañana del día 20 de junio de 1979. La filmación mostraba al hombre indefenso, puesto de rodillas y después acostado boca abajo sobre el pavimento, dispuesto así por aquel Guardia Nacional al servicio de la dictadura somocista, que a continuación le asestó varios disparos de fusil, causándole la muerte inmediata.

Cursaban los días que conducirían al triunfo militar del 19 de Julio, la revolución triunfante que marcó el feliz momento en que fue  derrocada la dictadura precedida por Anastasio Somoza Debayle. La persona asesinada por aquel Guardia Nacional que actuó en compañía y complicidad de otros miembros de esa patrulla militar, fue el periodista Bill Stewart, de 37 años, quien trabajaba para la ABC News con sede en los Estados Unidos de Norteamérica; minutos antes, esos mismos guardias habían ultimado al traductor de Stewart, un  joven nicaragüense, de 27 años, cuyo nombre era Juan Francisco Espinoza Castro.

El asesinato de Bill Stewart está incluido en el irreprimible comportamiento criminal de la Guardia Nacional engendrada y mantenida bajo los dictados del sistema de gobierno somocista. Los crímenes perpetrados no pueden ser objeto de simples explicaciones de la conducta humana aislada, es imprescindible juntar diversidad de hechos e interpretarlos desde la sociología y la psicología, elaborarlos a partir de los diversos componentes y antecedentes de la sociedad nicaragüense.

La orientación de la delincuencia tiene, según de dónde ella provenga, las justificaciones más asombrosas, tanto así por ilógicas, como por la irracionalidad  o puerilidad mostrada por los hechores o por aquellos adyacentes del contexto criminal, con interés de sostenerlas. Así hemos conocido la fría impasibilidad donde el discurso justifica brutalidades y  barbaries. Del crimen de Bill Stewart, la familia Somoza ha esgrimido:

"Puede ser cierto de que a ciertos oficiales de la Guardia Nacional se les pasó la mano, cometieron excesos, no cabe duda. Lo de Bill Stewart, el periodista norteamericano, fue horrible, lo vimos en la televisión, eso fue lo que no toleraron los Estados Unidos. No obstante, no todos saben que aquel oficial de la GN ya había estado más de dos semanas en combate, perdió los estribos e hizo una barbaridad, eso no es correcto, pero hay que ver los dos lados del cuento."[1]

Ahí, en las diversas versiones de la familia Somoza siempre estuvo la complicidad, el oxígeno del monstruo draconiano. La columna vertebral o el aparato de sostén del somocismo siempre fue el asesinato, selectivo y serial. Eso quedó demostrado otra vez, cuando los  camarógrafos Jim Céfalo y Jack Clark lograron grabar la muerte de Stewart, ya no estábamos ante la conocida “ley fuga”, del prisionero muerto al “intentar” escaparse, esa vez el asesino y la víctima quedaron en el testimonio fílmico.

SOMOZA, MENTIROSO Y CONTUMAZ, PROTEGIÓ AL SOBRINO

Reinaldo y Fabio, de apellidos Rodríguez Salgado, paradójicamente, los “Somoza ocultos”, fueron los únicos de la dinastía que estuvieron en un frente de batalla en contra de las fuerzas populares del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El primero murió en combate, y el otro, con la propia mano criminal de un Somoza terminó de ponerle la lápida a la tenebrosa dictadura que su familia amamantó.

Ahora, repasemos con la ayuda de un artículo periodístico, elaborado treinta años después a partir de diversas fuentes, lo que rodeó e implicó el asesinato de Bill Stewart:

“El gobierno de Anastasio Somoza informó que a Bill Stewart y Juan Francisco Espinoza los había matado un francotirador sandinocomunista. En ese momento Somoza no sabía que existía la grabación en la que se aprecia al guardia golpeando y disparándole a Stewart. La grabación, transmitida después desde la habitación 307 del Hotel Intercontinental, le dio la vuelta al mundo y era repetida constantemente por la televisión estadounidense”.

“Un día después de los asesinatos, la asociación de periodistas extranjeros, encabezados por un periodista del periódico Washington Post, leyó un documento de protesta a Somoza durante una conferencia que brindaba el mandatario”.

“El rostro de Somoza estaba desencajado. Le habían descubierto la mentira con la que quería deslindar responsabilidad en los asesinatos e incriminar a los sandinistas. Los Estados Unidos rompieron relaciones con Nicaragua inmediatamente”.

ANASTASIO SOMOZA DEBAYLE

















"En una conferencia de prensa, Anastasio Somoza Debayle informó dos días después de los asesinatos que el guardia que mató a Bill Stewart y a Juan Francisco Espinoza se llamaba Pedro González y que murió en un combate en las afueras de Managua, en un enfrentamiento con tropas sandinistas”.

“Otras versiones periodísticas informaron después que el guardia era de apellido Álvarez y que había llorado el día en que el nuevo gobierno sandinista lo enjuició, pero personas que conformaron el Poder Judicial en los primeros años de la revolución sandinista dijeron no recordar si se había enjuiciado o no al asesino de Bill Stewart”.

“El periodista Nicolás López Maltez considera que los guardias que mataron a Stewart y a Juan Francisco, si es que eran diferentes personas, aún es un secreto, porque no cree en la versión de que murió en combate contra los sandinistas”.

“El capitán Justiniano Pérez, segundo jefe de la EEBI, indicó en una entrevista que le hizo el periodista Fabián Medina que los guardias que habían actuado en contra de Stewart y Juan Francisco lo habían hecho por un estrés tremendo y sin que nadie se los ordenara”.

“Fue la acción de un solo sargento”, dijo Pérez, quien agregó que el guardia fue relevado y después de la guerra no supo qué pasó con él y que también desconoce si fue sancionado o no”.


Extracto de la crónica: "Imágenes de la ejecución de un reportero", elaborada por Félix Pacheco

“La crónica resulta horripilante. En primicia…

"De la patrulla de seis o siete, se adelanta un guardia, del que sólo se ha sabido que se apellidaba Álvarez y que lloró con amargura ante un tribunal sandinista. El guardia echa el alto. De los tres periodistas (Bill, Cefalo y Clark) que viajan con el intérprete y el conductor en una furgoneta por la Pista Portezuelo y acaban de desviarse para tomar la avenida de los Mártires del 1º de Mayo, dos se guarecen entre los matorrales y desenfundan las cámaras, a la vez que se adelanta Bill como responsable del equipo. Enseña su acreditación de prensa y trata de decir que no habla español y que es periodista gringo".

"El guardia encañona a Bill y le grita: “Ponte de rodilla, hijueputa, ponte de rodillas”. Bill, que lleva pantalón blanco, camisola de manga corta a cuadros, de cuello desabrochado y raya marcada al lado izquierdo del pelo –muy negro, sin canas-, se arrodilla con los brazos en cruz, pide clemencia y suplica: “No (hablo) español, no español, yo periodista”. El militar ordena a Bill que se tumbe: “¡Acostate, hijueputa!” Bill se tumba boca abajo.

EL  CAMARÓGRAFO DE STEWART JUNTO AL ATAÚD 
El guardia avanza y sacude al periodista una tremenda patada en el costado derecho con la bota de la pierna derecha, retrocediendo a continuación unos pasos, mientras Bill se retuerce de dolor en el suelo y suelta las primeras lágrimas.

El reportero levanta la cabeza, con mirada derrotada y suplicante, a la vez que repite: “No español, yo periodista, yo periodista”.

El guardia, que sostiene el arma con ambas manos, la deja de pronto en la izquierda sólo, avanza de nuevo hacia Bill y, sin piedad, acciona con la derecha el subfusil apuntando a la nuca de aquel cuerpo tendido en el suelo y que de repente salta sobre los adoquines, casi simultáneamente con el disparo".

UNA ESTRATAGEMA FALLIDA

La escena de la ejecución de Bill ha durado 42 segundos, tan largos y espantosos como los 42 años que llevaba la dinastía de Somoza masacrando a Nicaragua.

A continuación y a sangre fría, los guardias matan al intérprete, el nicaragüense Juan Espinosa Castro.

Los mismos guardias urden la estratagema de eliminar testigos. Su idea era matar también al conductor de la furgoneta, Pablo Tiffer, y a los otros dos periodistas, arrojando después los cadáveres a una cuneta de zonas frecuentadas por el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), para echar la culpa a los guerrilleros antisomocistas.

En su intento de salvar el pellejo, Tiffer convence a los guardias de que él dirá que los autores del asesinato fueron efectivamente los sandinistas. Los guardias caen en la trampa de Tiffer, el cual, con ayuda de los otros dos reporteros, recoge el cadáver de Bill y lo lleva al hotel Intercontinental, junto con el material filmado.

El invento de la patrulla no cuajó y la Guardia Nacional difundió el siguiente comunicado: “En el día de hoy, cuando viajaban en su coche `Mazda´, en cumplimiento de su trabajo, perdieron la vida al aproximarse a una barrera de la Guardia Nacional, en el barrio Reguero, en el sector oriental, el periodista norteamericano Bill Stewart, de la `ABC News´, y el ciudadano nicaragüense Juan Francisco Espinosa Castro, que le servía de intérprete.”



[1] Las últimas horas del poder. Artículo publicado en: Semanario 7 Días, Edición 303 del 12 al 19 de julio del 2001.  Entrevista a los hermanos Luis Ramón Sevilla Somoza y Alejandro Sevilla Somoza.