domingo, 30 de octubre de 2016

RAMÓN SÁENZ MORALES: NUESTRO PRIMER POETA MODERNISTA O POETA SEÑERO DEL MODERNISMO?


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RAMÓN SÁENZ MORALES
 (Fotografía de don Adán Díaz F.)

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Liminar de Eduardo Pérez-Valle, Director y Editor del Blogspot:

    Terminé de atisbar el libro titulado “Nicaragua el más alto canto”. Publicado en 2013, esta Antología de la poesía nicaragüense fue seleccionada por el poeta Héctor Avellán, con prólogo de Luis Morales Alonso. De esa reunión de autores  y poemas, en número de 111, Jorge Eduardo Arellano abordó el contenido (END-6/4/2013) con énfasis en no dejar pasar a los “omitidos con mérito”. Uno de ellos, en especial, motiva nuestro interés. Este poeta, digno de reconocimiento, es de los abandonados en las etapas cíclicas del sarro cognitivo, que sigue en aumento por carecer --entre nosotros-- de importantes fuentes primarias.

    Nacido en 1888, a los 40 años el poeta quedó en los brazos de la muerte. El repentino e infausto desenlace hasta hoy no logró arrancarlo envuelto en los olvidos de la lejanía. Por cierto, en el citado artículo, Arellano lo ubica entre “los modernistas señeros”, algo que acopla con la meritoria condición devenida de antiguos sitiales conferidos por intelectuales de su época, entre esos podemos citar a Juan Ramón Avilés, Luis Alberto Cabrales, Mario Sancho.

    Ramón Sáenz Morales no fue el 112 de la antología en mención, pero en estas páginas ahora ocupa el número uno mediante la importante valoración que fue escrita por Cabrales, en 1969. Tampoco, Sáenz Morales tuvo el final de aquellos versos estremecedores de su autoría que vieron luz en agosto de 1914:   

FUNERAL

   Muerto el pobre, colocaron su miseria en el áspero fondo de un cajón. Ahí quedó su tiesa palidez en una siniestra expectativa de cariátide.

   Al otro día, al derrumbarse el último tedio de la tarde sobre los quingos de la montaña, mansas beneficencias de pastores enterraron al pobre más allá del paisaje, casi por donde los breñales hacen sangrar a las tórtolas.

   A la paz medrosa de un follaje temblón quedó el cadáver, sólo bajo el misterio de la tierra negra que desmenuzaron las azadas.

   Que Dios vigile su olvido, —clamó un amable.

   San paz y  hasta allá, —murmuraron otros, fijos en la desconsoladora verdad de aquel frío hueco sin luz que acababan de llenar. Uno que estaba retirado, dejó volar un suspiro que hizo caer muchas hojas secas.

   Mientras tanto, el rebaño esparcido del difunto ponía lágrimas en el severo anochecer del valle…

    Junto a la enmienda de Cabrales, ya cercana al medio siglo, incluimos un artículo elaborado por Mario Sancho, que hemos localizado en el libro: La joven Literatura Nicaragüense, editado en Febrero de 1920. Y para redondear el contexto, compartimos tres anécdotas sobre Sáenz Morales escritas como homenaje por Juan Ramón Avilés, entre ellas, una en extremo curiosa: “La primer cuarteta de Alí Vanegas”. 


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Sáenz Morales por Edith Grön

RAMÓN SÁENZ MORALES

Por: Luis Alberto Cabrales*

    He aquí a un poeta injustamente preterido y olvidado. Fue, sin duda alguna, el mejor poeta modernista de Nicaragua, y precisamente por su calidad innegable de modernista fue silenciado por nuestra generación. Lo creímos defectuoso por falta de cultura auténtica, y realmente tiene los defectos de los seguidores de Darío que no supieron poner continencia en sus poemas y se dejaron llevar a ciertos extremos efectistas de menor calidad.

    Pero cuando leo historias literarias de otros países de nuestra América y veo ser tomados en cuenta a modernistas inferiores a Sáenz Morales pienso que debiéramos haber sido menos exigentes en cuanto a su justipreciación.

   Cuando digo de este poeta que fue nuestro mejor modernista tal vez alguien se pregunta: Bueno, ¿y Santiago Argüello? No tengo el menor recelo al declarar que don Santiago no fue modernista. Su caso es idéntico al de Chocano, a quien equivocadamente se le tuvo por tal. El torrente oratorio en la poética de Chocano debía haberlo clasificado como un mantenedor de la vieja prosopopeya española del XIX con algunas divergencias pseudoparnasianas. Y don Santiago agrava, más que Chocano, su prosopopeya. Es enfático hasta lo indecible. Lo era no sólo en su obra sino en su persona.

    Es para mi inolvidable una visita que junto con Adolfo Ortega Díaz le hice en San Salvador. Nos recibió como quien recibe a pajes o súbditos, con una artificiosa y amanerada petulancia. Allí estaba frente a nosotros, un sí no es insolente, con sus bigotes también enfáticos, con sus ojos chispeantes, su verbosidad abundosa y artificiosa, pleno de una hostigosa vitalidad senil. Muy lejos del porte señorial, y sin embargo modesto, y la palabra natural pero sabia, de don Salvador Calderón Ramírez, por entonces también en San Salvador.

    Nos habló mejor, arengó largamente, ocupándose sólo de su persona, de su gloria, como él mismo decía; de sus incontables triunfos en Cuba, en donde había sido conductor de la juventud. Salimos de él hastiados, desalentados, irritados y  jurando jamás volver a verle. Lo que cumplimos.

    Pues bien, don Santiago, fue juzgado en su época como el mejor modernista  hasta como el pontífice de nuestro pequeño parnaso de entonces. Él era quien consagraba a los jóvenes y “los armaba caballeros”, como él decía.

    Prueba de su pontificado y de su insufrible vanidad es el “espaldarazo” con que “consagró” a Sáenz Morales.

    He aquí como muestra uno de sus párrafos:

    “Y, a pesar de todo extravío juvenil, Ramón Sáenz Morales es poeta. Lo proclamo así, en alta voz, ante el pueblo de pecheros indoctos  de la behetría. Lo armó caballero. La Musa cálzale la espuela. El corcel está listo a la puerta, tascando el freno, tensa la brida, enjaezado y ferrado, inquieto y brioso, para el caracoleo”. Eso era, eso fue para don Santiago la poesía: “un caracoleo”.

    Pero vengamos a nuestro mejor modernista. Tenía Sáenz Morales, una melodiosa fluidez en el verso, pero a veces llegaba ---- como aquel: “Luego lució lo lila en un juego pueril de las eles. Pero en sus mejores poemas llega a grandes aciertos en imágenes, metáforas pinceladas impresionistas, epítetos, que le acercan a los más destacados poetas de su época, un Herrera y Reisig, por ejemplo.

     Demos algunas muestras de esos aciertos que a veces salvaban poemas enteros:

 “estancada agua lila de tu ojera”
 “Todo un parque de otoño hay en tu ojera”
 “De la hierba que crece en los caminos
  se desprende un adiós de mariposas”
  “El viento desarruga
  memorias a una anciana”
  “las sencillas cigarras empeñadas
  en hacer que se tueste su lamento”
 “entumecido sollozaba
 el cañuto pueril de un campesino”
 “hace falta un pastor de humildes canas”
 “parque de callejas soñolientas”
“Entero el aire oliera lo mismo que una flor”
“corazón de humo pobre por la brisa disperso”
“candor solariego”
“faldas ruralmente ruborosas”
“livianas sandalias pastoriles”
“corral oliente a hierba mal mascada”
“una de esas viviendas que en paz de Dios
humean”
“fuga matinal del río”
“la paja cordial de la cabaña”
“Yo nací sencillo. Soy como una gota
de rocío claro que se bebe el sol”.
“Soñar como el lírico que a la tarde inclina
su tallo en un dulce gesto de oración”
“zurciendo la hojarasca, rauda, como una hebra de pánico, hacia el monte se pierde una culebra”.
“Dolorosa, blanca ultrapascual
la de aquel ataúd ¡…Una doncella
había muerto en gracia matinal
Consternáronse tórtolas y estrellas”.
“Un nombre como el tuyo, enmontañado,
oloroso a vereda y a balido,
a surco, a hierbas, a terreno arado,
a milpa verde y platanar florido”.

    Véase en estos últimos versos la avasalladora influencia de aquel de Darío:

    “Esperanza olorosa a hierbas frescas”, que tanta resonancia ha tendio incluso entre grandes poetas muy posteriores, como Lorca y Neruda.

    Podría señalar más felices hallazgos poéticos pero los mencionados bastan para deducir de ellos que Sáenz Morales fue nuestro mejor modernista. En vano pueden buscarse en don Santiago, en su tupida obra poética, versos felices y  novedosos, que eran el sello del modernista. Sin embargo Sáenz Morales rehuyó el exotismo. Se reconcentró en cantar nuestra Sierra de Managua a su modo. Sin realismo, tomando de las poesías eglógicas de otros poetas todo su vocabulario Él nos habla de pájaros inexistentes, como turpiales ruiseñores, alondras, mirlos. De flores no brotadas en nuestros campos sino en páginas de libros ávidamente leídos: eglantinas. De árboles ausentes de nuestros paisajes: acacias, encinas, tilos. Nos habla de manzanas, aljófar, zagales, gaiteros, góndolas, molineras, alquerías, cortijos. En vez de tinajas ve ánforas. En vez de terneros, corderos.
   
    Esta fuga hacia lo irreal en un poeta llamado “cantor de las Sierras” fue en gran parte la causa de nuestro desvío con respecto a su poesía. No aceptábamos en él esa idealización de nuestros campos y campesinos. Así como no veíamos con ojos comprensivos las princesas  y marquesas de Darío. Pero sí –contrariamente— aceptábamos, con aceptación servil de los textos retóricos, las artificiosas églogas de Garcilaso; sus Tirrenos  y Alcinos, sus Fléridas, Filis, Filodoces,  Dinámenes, Climenes y Nisas. Debíamos haber sido más comprensivos, menos exigentes, ya que nuestras exigencias eran parciales, sólo contra él y no contra los Garcilasos de allende y aquende el mar. En realismo y veracidad  poéticas rurales, aunque pese a quien pese, Gabriel y Galán se lleva de pecho a Garcilaso.

    Más a pesar de todas esas fugas hacia lo imaginario, creo que Sáenz Morales fue el primero en logar aciertos nativos. Como todo poeta fue influenciado por el fluir de las estaciones, la seca y la lluviosa. Sus poemas como la Brava Quema, fue un esfuerzo por lograr el acento poético de lo nuestro. Como todos lo que venimos después de él, sufrió el influjo del tremendo verano y la felicidad indecible de las primeras lluvias. En sus descripciones veraneras tiene versos de gran expresividad:

                   “Verano, alto Verano, por qué suenas tan fuerte”

    En un solo verso acierta a dar la sensación de aquel viento bochornoso que asola campos y ciudades en tiempo de los soles marceños. Sensación mejor dada que en cualquier poema ulterior.

    Yo que he sido tan señaladamente marcado por el cambio de estaciones jamás pude escribir un poema por mí aceptable, sobre el aniquilante bochorno de nuestro terrible estío… por lo que llama Sáenz Morales “la omnipotencia cruel y hostil del verano”.

    ¡Cuántos esbozos míos fueron rigurosamente al cajón de la basura! Fue él, también, quien, quizá el primero, dio en verso la sensación indecible de la primera lluvia.

“Naranjero que enmarcas mí ventana
y en cuya fronda el alba se atenúa
¡cómo te ha lavado esta mañana
el agua en flor de la primer garúa!

    Yo, desde antes de ir al Pedagógico, había intentado dar esa sensación en el soneto Sinsonte. Pero todavía quedaban en él restos de lecturas europeas y su influencia. Luego escribí “Jaculatoria a la lluvia” que fue una imitación y calco de “Jaculatoria a la nieve” de Amado Nervo. Sólo hasta 1919 –ya en el Pedagógico— logré algo con “Dios te bendiga lluvia”, que tanto gustó entre mis compañeros:

             Dios te bendiga lluvia
             que caíste del cielo esta mañana
             y limpiaste de polvo los tejados
             y de tristeza mi alma”.

    Este comienzo es lo que valía, todo lo demás fue relleno, ripio. Hasta mucho más tarde di mi “Primer Aguacero” que tanto éxito tuvo en tres decenios.
 
    Me he extendido en estas notas personales para mostrar qué dura lucha era necesaria para llegar a la expresión nativa y directa, abandonando las influencias de lecturas y de sensaciones extranjeras.

    Sólo una vez se asomó nuestro poeta más allá del mar. Y fue para extasiarse en la Provenza de Mistral (tan leído entonces) y a la Provenza medioeval de los Juegos Florales. Por entonces aquí había Juegos Florales y en uno de ellos salió triunfante Ramón. Entonces cantó a su Reina:

“Has de saber, Señora, que vivo enamorado
de los días florales de Aviñón y Provenza”

Por esos mismos días se acercó mucho a la poesía convencional, aunque pasajeramente:

Todo esto pasa en una
 finca de las afueras;
 finca donde se gozan temporada de la luna”

“Señora, usted se pasa cuidando un canario;
tiene usted una constancia de agua clara y alpiste”

“Me gusta sorprenderla regando sus peonías”
“hasta ahora le digo que la quiero, Señora”.

“Y eso no debe ser. Dése cuenta, Señora
 que grave falta es darle espaldas a la aurora”

    Dos acontecimientos le alejaron momentáneamente de su Sierra. La muerte de Rubén Darío y la coronación de don Modesto Barrios. Él escribió los mejores poemas sobre Darío muerto,  y también cuando su primer aniversario.

“Rubén Darío ha muerto. Todos se acordarán
hoy que la luna mengua, de aquel cuarto creciente”.

     Sorprende la memoria precisa del acontecimiento celeste cuando la muerte y el aniversario. De los poemas en lamento y  elogio de Darío surgió un cuarteto que debiera estar en todas nuestras bocas:

“Poetas, todos los poetas, para todos levanto
este licor de aldea que mí espíritu encierra:
Si bebéis la mandrágora inefable del canto
nunca habléis de belleza sin conocer mi tierra”.

    La noche de la coronación de don Modesto Barrios fue noche memorable. Lo coronaron en un teatro que estaba donde últimamente estuvo La Noticia, frente a Catedral. Don Modesto, muy anciano, nos sorprendió por su voz aún fuerte y matizada. Fue tenido por el mejor orador de su tiempo, aunque varias veces el doctor Carlos Cuadra Pasos me dijo que don Enrique Guzmán consideraba mejor orador al licenciado Perfecto Tijerino Navarro. Este fue muy precoz. Diputado a los veintiún años, Ministro de Gobernación a los veinticinco. Murió a los treinta años. Tallo erecto de una estirpe de talentos que parece no extinguirse.

     En esa noche, pues, en que Managua se acordó de su olvidado anciano cargado de años y prestigios, Ramón Sáenz Morales recitó un hermoso poema, escrito en su nuevo estilo casi conversacional. Recordemos los mejores cuartetos:

Cuentan que Enrique Ibsen, el astro de las brumas, 
iba entre las mañanas tiernas de Cristianía
a quitar con un lienzo de suavidades sumas
la nieve que a su propia estatua le caía.

Pues bien, Maestro Modesto, bajo su fría edad,
tiene encendida el alma y el espíritu en fuego,
y a sus años les quita con su jovialidad
la nieve que a su estatua le quitaba el noruego”.

    A Ramón Sáenz Morales –muerto en relativa temprana edad— nunca le hicieron el homenaje que merecía. Luego fue preterido injustamente por nuestra generación. Sus poemas, dispersos en diarios y revistas, sólo fueron compilaos muy tarde con el título de Aires Monteros.

    Esa colección me ha servido para conocerlo mejor y escribir estas líneas de reconocimiento  y debida rectificación.

*En: La Prensa Literaria. Domingo 9 de Noviembre, 1969.

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Los de Hace 13 Años

De la Muchachada de 1913

Por: Mario Sancho*
Juicios

     ¡Dichosa la ciudad que tiene cerca una montaña! –ha dicho Juan Maragail— ¡una montaña y un poeta que cante esa montaña! Dichosa si descansa al pie de un monte, porque sus hijos han de aprovechar la perenne lección de fortaleza y alegría, de vigor y de bondad que les mantenga el alma erguida y sereno el pensamiento; porque la vista, cansada en la diaria labor, hallará alivio en los tonos azules y en las líneas majestuosas; y porque, ya sea que tras él mueran las tardes o nazcan las auroras, el trabajador, el obrero, el hombre de manos diligentes y espaldas afanosas que de otra suerte no conocería más que la fatiga del día y la quietud reparadora de la noche, podrá gozar al menos, en digno escenario, de los idílicos amaneceres en que el sol –cual otro viejo rey Midas— vuelve de oro todo lo que toca, o de los ocasos radiantes en que los celajes causan celos a las púrpuras de Tiro y a los tapices de Persia.

Dichosa, mas dichosa todavía, si tiene un poeta que cante las excelencias de ese monte, que celebre la industria de sus abejas, la música de sus pájaros y los perfumes de sus flores; que le haga epitalamios a la torcaz enamorada y elegías al guardabarranco solitario; que diga cómo es de suave la sombre del cedro fragante, de imponente la altitud del roble y  de placentera la cachaza de la ceiba que deja prender entre sus barbas centenarias a las felices oropéndolas, el nido de sus amores de un día, y que honre con versos armoniosos la feracidad del suelo que devuelve cien espigas por cada grano recibido, la ardua labor del campesino en los surcos y la abnegada dedicación de su mujer al hogar apacible.

         Un poeta que llene a conciencia este programa de cantos, es el complemento indispensable a la montaña para hacer la felicidad de la ciudad asentada a sus pies… Un poeta que descienda todos los días de la cima tranquila a la inquieta llanura, llevando como Moisés cuando bajo del Sinaí con las leyes que Dios le había dictado, el evangelio de la bondad, del amor, del trabajo, de la paciencia, de la benignidad y de la dicha, viene a ser, en el orden moral, algo así como la brisa en el orden físico; un mensajero eficaz entre los árboles y los hombres entre la tierra virgen y las calles holladas de malicias y de crímenes, entre la salud agreste y la enfermedad urbana, entre las fragancias del bosque y los malos olores de la ciudad.

Managua posée la montaña y el poeta que deseaba para todas las ciudades del mundo, aquel gran catalán cuyas palabras sirven de lema a estas líneas. Managua tiene sus sierras con los más lindos paisajes que puedan contemplar ojos humanos, con las más hermosas arboledas, con el más suave clima y con la tierra más agradecida a los afanes agrarios y más complacientes a las esperanzas rústicas. Tiene también un poeta, exquisito y sencillo al mismo tiempo, claro como el agua matinal, dulce como la miel fabricada por las rubias obreras en lo íntimo de la floresta, y armonioso como los pájaros en las amanecidas de mayo, cuando las alas se vuelven sedentarias en la tibieza del nido y los picos olvidan las frutas por los besos. Se llama este lírico pastor: Ramón Sáenz Morales.

*Del libro “La joven Literatura Nicaragüense”. Febrero de 1920.

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LA PRIMER CUARTETA DE ALÍ VANEGAS

    Al hogar de Juan de Dios Vanegas, en León, iban de cuando en cuanto los intelectuales de Managua: Ramón Sáenz Morales, José Olivares, Salvador Ruiz Morales y Juan Ramón Avilés, a pasar pequeñas temporadas, gratas a sus espíritus, en la siempre grata compañía del poeta dueño de la casa.

    Los pequeños hijos de Vanegas tenían gran cariño para los *muchachos de Managua*, y Sáenz Morales, con Ruiz Morales, gozaban del encanto del *nido ajeno*. Entre ellos y los chicos de casa había una gran camaradería, jugaban unos con otros a la pizizigaña, al trompo. Para los pequeñuelos, aquel ricito característico que colgaba sobre la frente de Sánez Morales era un juego más.

    Una tarde, Sáenz Morales se preparaba a salir de visitas, y estaba de pies conversando con Vanegas y su señora, cuando el hoy joven y distinguido poeta Alí Vanegas, como de siete años de edad, entonces entró corriendo, desde la calle, como quien dice disparado, y parándose en seco frente a Sáenz Morales le espetó, jadeante, esta cuarteta:

                         *Desde mi tierra he venido
                           pisando tierra caliente,
                           sólo por venirte a ver
                           colochito en la frente.*

    Y dicho esto, salió corriendo otra vez a la calle.

    Por la primera vez vimos inmutado a Sáenz Morales. Talvez sintió ganas de darle un cariñoso tirón de orejas al pequeño coplero, pero Alí Vanegas ya iba por lo menos a cien varas de distancia.

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lunes, 17 de octubre de 2016

ASÍ ES NICARAGUA. Por: Horacio Fernández R.*


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De EPV h., Director-Editor del Blogspot:

Don Horacio Fernández R., al fallecer dejó entre nosotros una promesa incumplida: reunir en un libro todo lo que vivió y experimentó en Nicaragua y en el exilio. Este singular personaje perteneció a la generación que arrancó en los albores del siglo XX.  Siempre estuvo revestido de un incomparable talante; de esa destreza narrativa que suscita en el lector las ganas de llegar al final de los hechos. De regreso en Nicaragua con su apreciable familia fue parte de nuestro vecindario. El recordado maestro del periodismo, Profesor Ricardo Trejos Maldonado, contertulio en las festividades regulares de Dn. Horacio, al dedicarle un plausible artículo periodístico publicado en febrero de 1989 lo caracterizó  con el siguiente titular: "EL SIEMPRE SORPRENDENTE HORACIO FERNÁNDEZ R." 

En vista de ese vacío que dejó, volcaremos nuestras energías para reunir los escritos dispersos. Damos inicio a ese compromiso con este testimonio, jocoso, interesante, histórico, y sobre todo, lleno de esa ocurrencias que sólo él pudo almacenar a través de su denodada existencia. Salud Don Horacio!! Estamos en Nicaragua!!!

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ASÍ ES NICARAGUA!!

¡Cómo vibran en nosotros el viejo Managua! ¡El de antes del terremoto de 1931, el Managua donde sólo existía un campo de beis, el field de la Momotombo, un solo mercado, el San Miguel y un único teatro, “El Variedades”. Allí donde asistimos a las inolvidables series cinematográficas del celuloide mudo, como: Las calaveras del terror; La Mano que aprieta; La moneda rota; El misterio de la doble cruz; Ravengar; El clavel negro; El caballero de la medianoche; La gran jugada; La sortija fatal; La daga que desaparece; El conde de Montecristo; Nuestra Señora de París; Los miserables; Tarzán el hombre mono y dramas emocionantes como: El destino de la carne; El proceso Dreyfus; La mujer X.

¡Jamás volveremos a ver espectáculos iguales, menos, interpretados por actrices como la María Ladrón de Guevara o la sin par María Guerrero Díaz de Mendoza! Tampoco películas con astros de la talla de un Charles Hutchisson, Eddie Polo, Harold Lloyd, Tom Mix, Art Acord, Elmo Lincoln, Charles Chaplin, Max Linder, Adolfo Mejou, los Barrymore, Fairbanks, Ramón Novarro, John Gilbert, Rodolfo Valentino, Perla White, las Mack Seneck, Doroty Lamoore, Mary Pickford, Francesca Bertini, Shirley Themple, Pola Negri, Gloria Swasson, Priscila Dean y otros.

De la película “El clavel negro” tomó su nombre una banda de criminales y de “La gran jugada” lo tomó, Alfredo Castillo, para ponérselo a su negocio de cantina y billares. “La gran jugada” que fue muy popular en el viejo Managua.

En esa Managua, donde sólo había una cervecería, la de don Arturo Wallace, frente al Xolotlán y contigua a la mansión de don Teodoro Hocke. Wallace con otros inmigrantes que se fincaron en Managua, dieron prestigio al país entre ellos: Campari, Stadthagen, Re, Parodi, Frixione, Lupone, Luco y otros.

El italiano Napoleón Re, casó con la estimable dama Rosaura Fonseca y juntos procrearon distinguida familia. Don Napoleón fue dueño de la hacienda “El Paraíso” cercana a la Managua, también de la “Quinta Re”, donde ahora se halla el Mercado Oriental. Todavía queda allí una fundición de un digno descendiente de tan honorable familia, el activo industrial Silva Re.

El antiguo field de la Momotombo, jugaron, El Bóer, el Managua, el Japón, el Nueve Fuertes, el San Fernando, el Granada, León, Chinandega y la Costa Atlántica, lo mismo que famosas estrellas como el negro Pinock, Deshon, el Maqueado, Solís, (del sensacional Drop), el zurdo Argüello, Jolea, Píldora, la Crema, Timoty Mena y otros.

Estamos pasando la cinta del Managua de la Bibianita, de la Luisa Pintada, de la Beatriz Cárdenas, del Waterloo, de la Chela Matilde, de la Cota Bayunca, de la Ceiba Mocha, del romántico barrio de Pescadores, del de la Bajada de Carranza, de Cachirulo, de los Martínez, de la Piedra Blanca de Tiscapa, del cerrito de Chico Pelón, de la Quinta Nina.

¡Eso era el viejo Managua, donde el nicaragüense que lo había inundado, entre broma y broma chorreaba su ingenio y lo desparramaba a su gusto, porque el pinolero es ocurrente, decidor, bullanguero y peleador!

Una vez en Guatemala dijo Miguel Ángel Asturias: “¿Nicaragua?... ¡allí es donde el talento es peste!”

Por doquier había alegría, derroche de buen humor, de chistes y picardías:

“Ve… vos… ¿verdad que no es lo mismo decir Tomasito Urroz, que… tomá tu arrocito?

“¡Tampoco es lo mismo consulado general de Chile, que… general con su chile al lado!”.

Y los que tomaban parte en esos “no es lo mismo” reían a carcajadas rematando: “No es lo mismo decir mondongo de Tapachula, que… tápale chula el mondongo”. ¡Así era Nicaragua y sigue siendo!

Porque los nuevos managuas han salido aumentados y corregidos… demasiados vivos, tan vivos que un guatemalteco que vino al país a darse cuenta de lo que en verdad había de oposición a los Somoza, de vuelta en su patria, nos dijo: “ ¡En Nicaragua  no hay ninguna oposición al somocismo… lo que allí hay, es una solemne chapandonga!”

Figúrense que cuando me lustraba, pregunté al limpiabotas: “¿Y esa familia va a estar todo el tiempo en el poder?”  Y  al momento me respondió: “Paciencia piojo… que la noche es larga”. Y cuando le dije: “¿Cómo anda aquí la oposición a los Somoza?”, riendo me contestó: “Tres piedras y un… tenamaste.” No entendí lo que quiso decirme.

Después en un restaurante lleno de clientes, de una mesa gritaron: “¡Muera Somoza!” y de otra replicaron: “¡Viva nuestro general!” “¡el verdadero jefe!”, y cuando salieron del local, al despedirse, se dieron fuerte abrazo. Todos allí son lo mismo. ¡Esa es la oposición en Nicaragua… una solemne chapandonga! Nosotros callamos… porque en efecto, así es Nicaragua y quizás siga igual, indiferente… irresponsable!

Y si no, veamos: Ante el esfuerzo constante del gobierno revolucionario en su afanosa lucha por resolver la crisis económica, en defender los inválidos emolumentos que ganan los trabajadores y otras capas sociales, los agiotistas o hambreadores del pueblo, saboteadores declarados del proceso revolucionario persisten en su despiadada explotación. Los comerciantes se burlan de las disposiciones oficiales ignorando la magnanimidad de la revolución. A los precios de rigor para la canasta familiar, ponen los que ellos quieren y la extorsión sigue en marcha. ¡Nos ven cara de babosos! Nos tratan como a Bartolos! ¡Y cuando se le antoja, nos aprietan el cincho y se montan en uno!

Llegamos hasta a creer que tratan de reírse de nosotros, soltándonos el chiste que aún  falta, el de: “No es lo mismo Bartolomé Montoya, que… ¡Bartolo, me monto ya!


¡Así es Nicaragua!

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* Este artículo fue publicado en El Nuevo Diario del día sábado 2 de mayo de 1987.

domingo, 11 de septiembre de 2016

EL ÚNICO NICARAGÜENSE QUE ESTUVO PRESO 21 AÑOS EN CUBA.

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CAPITÁN CHÉSTER LACAYO LACAYO
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Nota introductoria de E. Pérez-Valle, Director-Editor del Blogspot:

     Alguna vez, creo haber leído la frase "Anatomía del Espionaje" en un libro de Kurt Singer.  Ese "oficio" o desempeño marcado por los intereses menos sospechados, donde la humanidad ha blandido argumentos de todo tipo para recordar que al humano --en la mayoría de los casos-- le importa el fin y no los medios; en tanto alcance el dominio en el campo de confrontaciones bélicas, adelantos científicos, mercados internacionales, o detentar el poder político y, por qué no incluir, el empeño de arrebatar "Evas" con anillos en dedos anulares, para ponerles sello candente. Sin ninguna duda, de todo hay en esa "anatomía", cuya estructura, forma y relaciones supera al que han dicho constituye el "oficio más antiguo de la humanidad". 

    Agente, espía, oficial de inteligencia, confidente, en fin, es diversa la clasificación de los tipos que abarcan términos  al servicio de traiciones, simulaciones, engaños. Según convenga o sea, las personas puestas al servicio de la conspiración tendrán la connotación de la historia rasa: les darán el honroso título de patriotas o caso contrario: desleales. 

    El conjunto de técnicas diversas también asigna definiciones en el campo de la persona que observa y escucha con intenciones encubiertas: "agente sedentario", dedicado a esperar, el tiempo que sea necesario, bajo fachada "profunda" para lograr lo propuesto. El  agente o espía "doble bandera", al servicio de dos interesados opuestos que persiguen  o no, el mismo objetivo. El agente "Intocable" que vale por lo que sabe. El agente de "fachada pública", que parece indistinto pero no lo es. Y ya no se diga lo que constituyen los medios de reclutamiento: por interés económico; bajo " apetito o dependencia hormonal"; chantaje o por dependencia de estricto apego ideológico. La gama es interminable. 

    Ahora, después de un largo período de ausencia en este Blogspot con "Ventana hacia el pasado y Puerta hacia el futuro", hacemos la entrega de otro episodio olvidado por el "remanente generacional"  que está próximo a navegar por el lago Estigia. En razón del origen de este episodio, es difícil desentrañar los secretos "crudos" que la muerte se lleva al sepulcro, y muchos connacionales que pudieron abundar en detalles íntimos de esta historia, incluido el personaje central de esos 21 años entre barrotes, ya no están entre nosotros. Esta historia tuvo como escenario central la Revolución Cubana hasta donde llegó Chéster Lacayo Lacayo, nicaragüense, leonés, que nació en 1916, hijo de don Lisímaco Lacayo y doña Berta de Lacayo. 

    En Cuba fue juzgado y sentenciado a permanecer 21 años en la prisión de "La Cabaña".  Falleció a los 68 años en los Estados Unidos de Norteamérica, noticia que llegó a Nicaragua a través de una escueta nota publicada en el diario La Prensa, edición del día Viernes, 19 de Octubre de 1984, cuando en este país cursaba la Revolución Popular Sandinista y ya había estallado el conflicto bélico más trágico de nuestra historia patria. 

    El 19 de abril de 2008 en El Nuevo Diario, fue publicado un artículo sobre la misma historia de Chéster Lacayo cuyo hilos fueron extraídos del reportaje elaborado por Óscar Leonardo Montalbán, en el periódico "Semana", hacia 1964. En la fotografía central que ilustró la interesante historia, puede verse a Chéster Lacayo, vestido con el traje militar de las Fuerzas Armadas de Cuba;  un personaje de tez blanca y de cuerpo regordete que obtuvo el grado de Capitán. Desde joven tuvo ímpetu irrefrenable por tomar acción en todos los movimientos armados emprendidos contra la dictadura iniciada por Somoza García. 

    De las dendritas y axones que resisten los embates de la atrofia, reproducimos íntegro el artículo del recordado Óscar Leonardo Montalbán. En último lugar dejo nuestra rogativa a los lectores de este Blogspot, para que sugieran temas de interés particular o colectivos; tengan total certeza que siempre estaremos dispuestos a situarnos frente a la "Ventana" de la Historia. Muchas gracias. 

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¿ERA O NO AGENTE DE LA C.I.A.?

Extraña odisea de CHÉSTER LACAYO el nica prisionero en “La Cabaña”. 

Por: Óscar Leonardo Montalbán.

PUBLICADO EN: "SEMANA"
         Un día como cualquier otro, año de 1961, un moderno y confortable avión de la Panamerican World Airways Sistem, despegó una mañana despejada y calma del Aeropuerto de Miami, Estados Unidos, donde había hecho escala con procedencia de Nueva York, rumbo hacia el Sur. El itinerario de vuelo señalaba puntos de escala en América Central y posiblemente en algunos países de Sur América, dejando a un lado la isla de Cuba, emporio socialista inventado por Castro, y situada hacia el Sur del Trópico de Cáncer, frente al Golfo de México, que a manera de tenazas parecen querer apretar las penínsulas de la Florida y  Yucatán.

         El vuelo pareció ser normal, simple y rutinario, como tantos otros, pero no lo fue, principalmente para dos viajeros que parecían conversar animadamente, tal vez sobre la determinación de De Gaulle, de permitir a Marruecos escoger libremente su propio destino, la tambaleante presidencia de Janios Quadros en el Brasil, la sombra de Alexis Kosigyn sobre Kruschev o la inflación política del clan Kennedy.

         Se ha dicho que de la Florida a Cuba no hay más que un salto de garrocha, pues basta cruzar la corriente del Gulf Stream para tocar las tierras de los primitivos siboneyes u “hombres de roca”, para cambiar de clima de las tierras templadas, a las latitudes tropicales de “La Perla de las Antillas”.

         A menos de media hora de haber iniciado el crucero, el aparato inició un descenso inesperado. Cesaron de trepidar las turbinas y el motor apagó su voz. ¿Qué pasaba?

         Una azafata, vestida como un maniquí, y con mucha inquietud saltándole sobre el maquillaje, dijo primero en español y luego en inglés: Ladies and gentleman estamos en Rancho Boyeros, Cuba.

         LOS DOS HOMBRES AQUELLOS

         Para muchos de los pasajeros, tal vez aquello no significaba mayor cosa. Lo imprevisto siempre sucede. Pero para dos miembros del pasaje, había algo especial. La pareja aquélla, estaba pensando en que no era demasiado halagador el paisaje que se pintaba frente a ellos.

         El aparato fue rodeado rápidamente por varios milicianos vestidos de verde olivo. Dos miembros oficiales de la Policía Secreta de Castro G – 2, subieron la escalinata y se dirigieron a los dos hombres aquéllos, uno de regular estatura, cinco pies siete pulgadas, color blanco, cabello castaño claro, rostro café y labios un poco delgados. El otro un poco más alto, cabello un poco oscuro pero con cierto aire de importancia.

         El primero Chéster Lacayo. Lacayo, nicaragüense de 45 años de edad, el segundo Miguel Ángel Ramírez, doctor y general, originario de la República Dominicana, excomandante de la frustrada invasión a Cayo Confites, hacía algunos años, y que intentó dar un nock out a la Dictadura del Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, ajusticiado después por varios miembros de confianza de su ejército en una carretera cuando se dirigía hacia una de sus lujosas villas.

         Los miembros del G – 2, hicieron bajar del aparato a los dos hombres bajo seria custodia y se los llevaron.

         Poco después del avión remontaba vuelo hacia su original destino. Dos asientos quedaron vacíos, pero el tiempo era bueno. Las azafatas comenzaron a sonreír, solo se les notaba que habían perdido un poco de rouge.

         Cofee MissCofee… Sus palabras sonaban dentro del ambiente como las gotas insistentes de un grifo mal cerrado.

         DONDE SURGE LA DUDA

         Los puntos suspensivos surgen de pronto. ¿         Qué realmente había pasado? ¿Por qué aquella extraña escala, en un país inhóspito para la larguirucha figura del Tío Sam, que congestiona sus estómagos desde hace muchos años a base de un pastel llamado democracia? ¿Por qué? ¿Por qué?

         Las versiones sobre lo que realmente ocurrió parecen interesarle a muy pocos. No digamos a cuántos, pero en verdad interesan. Más de uno de los que han hurgado por allí, han manifestado que Castro sobornó por una buena suma de dólares al piloto de la nave, para que se desviara de su ruta, otros afirman que aquel hombre que fomentó su insurrección en Sierra Maestra, filón de corpulentos árboles de 250 kilómetros de largo, comprendidos del Cabo Cruz hasta Guantánamo, ordenó a dos aparatos cazas de su Fuerza Aérea, a desviar la ruta en que estos dos hombres, amigos del vivac y la aventura, viajaban en busca de ignorado destino.

         Los cables internacionales fueron parcos. Ellos tenían algo más grande que revelar al mundo. La discriminación racial había alcanzado su punto. Luther King, Ganador del Premio Nobel de la Paz, había puesto la investidura de un Cristo Africano, 5.750 personas habían perecido en Chile  como consecuencia de los terremotos y maremotos, los rusos lanzan al cosmos a Yuri Gagarín. “El nuevo Colón del Espacio”, y Patricio Lumumba es muerto por los inconformes nativos de Katanga. Sin embargo, la primera versión ha merecido mayor crédito. El poderoso avión de la Panamerican World Airways se había entregado por sí solo. Su piloto, debió de haber vuelto a casa con mucho dinero,  y los dólares  huelen a manzanas en cualquier huerto.

         LOS CARGOS

         Chéster Lacayo y el Dr. y General Miguel Ángel Ramírez, fueron conducidos a uno de los cubiles de la G-2. Ambos fueron llevados ante el Premier Fidel Castro. Fueron exhaustivos aquellos interrogatorios. Eran unos “gusanos” se dijo. Habían traicionado la causa. Lacayo el tipo a quien los reivindicadores de Cuba, habían distinguido hasta concederle el grado de Capitán del Ejército 26 de Julio, los había vendido.

         Él había querido comparar una Gillette para la barba de Castro.

         Los interrogatorios se hicieron copiosos, y los cargos tenían la fuerza de un ciclón tropical, tan originales y continuos en las costas cubanas que miran al Oriente desde el Paso de Miami hasta la punta extrema de la Isla frente a Cayo Hueso. Chéster Lacayo negó los cargos, sacó de sus archivos revolucionarios argumentos que fueron declarados apócrifos y finalmente, después de un juicio sumarísimo, fue condenado a 15 años de prisión. Conclusión: Lacayo era doble agente al Servicio de la CIA (Central Intelligence Agency).

         Próxima parada, Isla de Los Pinos, una prisión erizada de fusiles de 2126 kilómetros cuadrados de superficie e infestada de un socialismo fanático.

         4.000, 5.000, MÁS, CADA DÍA MÁS LLEGABAN ALLÍ. No valían nada era simplemente “gusanos”.

         ¿Bueno? ¿Y qué hacer con un gusano? Usarlo como señuelo para pescar algo gordo… Y los planes de la CIA, eran algo más que eso.
         Pocos días después el Premier Fidel Castro habló por televisión.

         La fabulosa red de TV que teje su inmensa red de filamentos, botones eléctricos y ondas, llevaron una noche de tantas a sus pantallas el caso de Chéster Lacayo. Fidel habló, su hemorragia verbal fue incontenible. El reloj aquella noche en Cuba tuvo jornada triple, o tal vez más. Isla de los Pinos tan cerca de Cuba y tan largo de los Estados Unidos.

         LAS PRUEBAS

         El Premier Castro fue inclemente. Juzgar a otro más. A dos más. Que importaba. ¿El paredón acaso no había cobrado más de 1.300 “gusanos”?

         Muchos gritaban más allá de la isla: “¡Basta ya! Todos estaban repitiendo eso. Un profesor de una Universidad norteamericana había escrito: “Escucha Yankee”. Fue aquella una advertencia. Y Batista, el Presidente Sargento, ¿qué no había hecho? Por qué no le habían dicho a él y a Masferrer, ¡basta ya! Quién había escrito “Escucha Yankee”, estaba con Fidel. Había que acabar con las lacras, ¿por qué no?

         “Esta es Radio Habana Cuba: Territorio Libre de América”.

         Castro presentó documentos, que no beneficiaban a Chéster Lacayo. Muchos de ellos estaban dirigidos a oficiales y miembros del Ejército Liberacionista que yacían acantonados en Pinar del Río.

         Se mostró en T.V., una fotografía de Chéster Lacayo, en los momentos en que abandonaba las Oficinas de la CIA, en New York.
         El hombre portaba un cartapacio bajo el brazo.

         Fidel dijo que los oficiales que habían estado en contacto con Chéster Lacayo, estaban arrestados y que serían juzgados por traición. Lacayo habló en favor de ellos. Repitió  hasta la saciedad que únicamente había conversado con aquellos amigos, de exportar una expedición hacia Nicaragua. Lacayo afirmó que siempre había soñado con ello.

         Nadie le creyó. Mucho menos el Alto Mando del G-2.

         Los “gusanos” cuando se encuentran atrapados hablan así. No les queda otro camino.

         Chéster Lacayo: Traidor. “Esta es Radio Habana, Cuba, Territorio Libre de América”.

         Por esa época merodea por las calles de la capital cubana, el Dr. Francisco Frixione. Muchos nicaragüenses estaban allí. Había que estar  con Castro. Batista vivo, había muerto. El Dr. Frixione supo de aquello.

         Cuando Castro entró en La Habana el 1º de Enero de 1961, después de su brillante victoria en Santa Clara. Las Villas, todos estaban con él, o por lo menos parecían aparentarlo.

         Su nombre había roto los records de publicidad, y los principales órganos de prensa del mundo, adornaban sus portadas con su rostro. Las emisoras de radio y las centrales de TV, atiborraban sus programas para dar excelsitud a su hazaña. El fanatismo era imponderable. Más de algún idiota dijo que se parecía a Cristo.

         EL COMPLEJO DE CULPA

         El complejo de culpa era un transeúnte. Recorría las calles y  avenidas de las principales ciudades de Cuba, penetraba la montaña y horadaba las conciencias jóvenes. Todos se sentían culpables de lo que había ocurrido en tiempo de Batista. Sus juegos sucios. Sus rackets norteamericanos monopolizando los centros nocturnos, el negocio fraudulento de los traganíqueles, la prostitución en gran escala y la clandestina opulencia del tráfico  de drogas. Batista reía en ese entonces. La zafra estaba buena. ¡Caña!   ¡Más caña! Las barbas de Castro crecían en Sierra Maestra.

         Después de la entrada de Fidel aquel primer día del año de 1961, hubo días de jolgorio. Fue la primera vez que, en Cuba, se celebró la Navidad, no el 25 de Diciembre, sino una semana después. Corrió la sidra y los lechones consumieron la grasa en los braseros.
         Había llegado la era de las barbas. Sí Castro la tenía, todos debían de usarla. Era un honor. Pero habían muchas barbas que no eran legítimas y entonces comenzaron a entrar en acción los barberos. Se descubrió la falsedad de muchas. “Gusanos” se dijo, y el paredón se pintó de cruces una y otra vez.

         EL GENERAL Y DOCTOR RAMÍREZ

         El General y Doctor Miguel Ángel Ramírez, fue un hombre de mejor suerte. Después de su arresto no volvió a ver a Chéster Lacayo más.

         El río político que ambos habían recorrido, desde cuando José Figueres ideó la Legión del Caribe, bifurcó el rumbos en sus canoas. Si se dijeron adiós bien poco importa en aquellas circunstancias.

         El Doctor Miguel Ángel Ramírez había sido un hombre importante. El Mar Caribe se o sacia de memoria y más aún la llamada “Hiena del Caribe”, el Generalísimo Leónidas Trujillo.

         Ramírez tenía muy buenos contactos. Siempre los tuvo. Castro fue su amigo, por lo menos durante algún tiempo. Fue una luna de miel larga. Después de dos o tres años se disociaron.

         Fue un hombre que gozó de simpatía de Prío Socarrás, durante los años de 1948 a 52. Entonces el dominicano aquel tenía un buen camarada, Eufemio Fernández, con mayor influencia que él, en el Gobierno. Se cuenta que Fernández era un hombre de decisiones rápidas y violentas. Son de los tipos  que muchos afirman, que nacen con una metralleta en la mano y no con un biberón.

         POR MEDIO MILLÓN

         Antes de la proyectada y loca invasión a Cayo Confites, el hizo mucho por cristalizar lo que llamaba su gran aventura.

         Pocos días antes de la fecha señalada para el desembarco, notó que faltaba algo. No había suficientes hombres, pocos alimentos y parque limitado. Si ellos lograban desembarcar pensaba Fernández, habría que encontrar comprar además de comida; conciencias, Fernández era de los que creía que no se conquistan almas con sólo leer la Biblia.

         Convencido de que todo podía venirse al suelo, un día, se presentó ante el Presidente Prío Socarrás y le solicitó 500 mil dólares. Prío saltó del asiento y se echó a reír. Entonces el “dominicano loco” sacó su revólver y le dijo, o extiendes el cheque o te mueres.

         Fernández salió con el cheque en la mano. Prío Socarrás, el Presidente se quedó meditabundo. El hombre que se acababa de marchar sabía demasiado y él no quería compromisos.

         OTRA VERSIÓN AJENA

         Las versiones históricas a veces huelen a leyenda. Sus personajes suelen ser maleables en muchas ocasiones.

         El General y Doctor Miguel Ángel Ramírez, juega en ese caleidoscopio que oscila ente la verdad y la mentira.

         Los que estuvieron allá, en la Cuba primitiva de Castro, afirman que el dominicano Ramírez, no fue capturado en el avión, en el cual viajaba Chéster Lacayo. Muchas voces gritan a media calle que estaba en Cuba. Repiten que cuando Lacayo le advirtió, que iba hacia la isla, mediante una comunicación radio telefónica que sostuvieron en algún punto, días antes de su captura.

         Ramírez sólo alcanzó a gritarle: No vengás. Luego se hizo el silencio y la comunicación se cortó. El ojo del G-2 había observado todo a través de una hendija.

         Ramírez y Eufermio Fernández, eran prisioneros en La Habana, Cuba.

         Chéster Lacayo, purgaba una condena en la Isla de Los Pinos. Quince años de prisión apretaban su vida como grillos. Diez años han pasado ya.

         Fernández fue sentenciado al paredón. Cargos para formular el veredicto condenatorio sobraron. “Gusano”, uno más no importa. “Esta es Radio Habana Cuba, Territorio Libre en América”.

         El dominicano se enfrentó a la muerte como había aprendido a hacerlo. Como lo había hecho en Cayo Confites, cuando precisamente, no llovieron sobre su humanidad bombones o cápsulas de chocolate. Antes de que el pelotón disparara, se lanzó contra ellos. Fue una carrera loca, frente al os fusiles. Cayó frente a ellos. Era un condenado a muerte y a la muerte le sobran caminos.

         Ramírez fue perdonado por Fidel. Se le dio un salvoconducto. Logró conseguir ropa y  algún dinero para marcharse. Iba a su tierra.

         Tomaría un avión en el Aeropuerto de Columbia, y diría adiós a las armas.

         Los motores del aparato comenzaban a calentar cuando un vehículo se detuvo. Nuevamente los milicianos están allí. Lo arrestaron de nuevo. Había una orden del Comandante Raúl Castro. Una hora, un día, una semana, quien sabe cuánto. No mucho que se diga. Raúl Castro, le abrió un juicio sumario. El veredicto fue condenatorio: 20 años de prisión. Pero… algo sucedió. Ramírez no fue enviado ni a la Isla de los Pinos ni a La Cabaña. Poco después volvía a dejársele en libertad. Preparó todo, desconfiado, y a la vez, optimista. Trashumaba esa alegría de la desesperación.

         Fue nuevamente al Aeropuerto de Columbia. Vio para todos lados.
         No vio a nadie. Los milicianos no estaban allí. Había oxígeno en la atmósfera.

         Veinte años de prisión, una sentencia de corcholata.

         CHÉSTER EL HOMBRE ENIGMA

         Chéster Lacayo, preso en la fortaleza de “La Cabaña”, uniforme No. 98, nació en Managua, en el año de 1916. Era hijo de don Lisímaco Lacayo y doña Berta Lacayo, por ambas ramas estaba relacionado con sobresalientes familias de la sociedad nicaragüense. La mayor parte de su niñez la vivió en los Estados Unidos, y allí aprendió a hablar el inglés correctamente.

         Por el año de 1926, siendo Presidente de la República don Carlos Solórzano permaneció por algún tiempo en el país. Era un muchacho inquieto con ciertas ideas en la cabeza. Se le considera uno de los precursores del escultismo en Nicaragua, actividad a la cual dedicó algún tiempo de sus años mozos.

         Luego partió de nuevo fuera del país, y retornó años después.
         Siempre inquieto, atiborrado de una ideología que sus amigos no lograban determinarla, era simplemente una ecuación sensorial y espiritual.

         ALGO ESPECIAL

         Cuando joven amaba las tradiciones y las pompas señoriales. Sentía melancolía por lo escudos de armas y las panoplias. Desconcierta a veces con eso, a quienes más tarde, cuando ya era estudiante a aquellos que pedían libertad a media calle. Por eso muchos pensaban cosas de él, aún cuando reconocían, que son era un tipo, de esos que se van por todas parte, contando cosas de los demás, amasando calumnias o fornicando verdades. Por lo menos eso parecía. Pero Chéster Lacayo tenía su mundo de allí, quien sobra que más de alguien pregunte. ¿Qué es Chéster Lacayo Lacayo: un hombre de ideales, un revolucionario introvertido, un aventurero capaz de jugar suerte como lo haría un jugador a los dados, un transformista capaza de vestir sotana un día domingo y el lunes un usurero que presta al veinte por ciento? Realmente. La pregunta escapa con el helio de una burda probeta.

         Hoy más que nunca sobra quien trata de descifrar el guarismo de su conciencia.

         ¿Fue realmente un agente de la CIA o un leal Capitán del Batallón 26 de Julio en Cuba? To be or not to be. It is the question. (Ser o no Ser. Esa es la cuestión.

         SUS PRIMERA LUCHAS

         En Nicaragua prosigue estudios en el Instituto Pedagógico. Dentro de ese centro encontró ambiente a sus inquietudes. El deseaba algo, siempre lo estuvo deseando. En dicho centro escolar organizó la Unión Nacional, de la cual fue presidente.

         En 1930 cuando la bota militar del General Somoza García, comenzaba a golpear las puertas de la política nacional, fue el primero en enfrentársele con su grupo de rebeldes.

         Más tarde organizó la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) cuyo requisito principal era luchar por la libertad y  la democracia en el país, y no tener menos de 14 años.

         Viene el año de 1939. Gobernaba ya como Presidente el General Somoza García, el hombre al que había combatido cuando aún era un imberbe de calzón corto. El 17 de Diciembre de 1938, fue encarcelado junto con el Sr. Arnulfo Rivas y recluido en las cárceles de La Aviación y sometido a trabajos forzados.

         Ambos logran su libertad el 26 de Diciembre. La Navidad había pasado ya, y en las celdas no hay pavos en la mesa ni en los días feriados.

         ¿Cuál fue el motivo de su detención?

         Por esos años los gobiernos de fuerza comenzaban a nutrirse. Estaban creciendo fuertemente. El clan Somoza, era uno, dentro de otros que tenían futuro. El Gral. Somoza García había llegado al poder gozando de buena simpatía. Sobre las aguas del Mar Caribe, se había comenzado a consolidar la trilogía política de la “3 T”., Tiburcio Carías en Honduras, Trujillo en República Dominicana y Tacho Somoza en Nicaragua.

         A Chéster Lacayo no le gusta la letra “T” y comenzó su insurrección dentro y fuera del aula.

         Cuando en 1938, aquel Diciembre, lo detuvieron, fue por haber pronunciado, en la Escuela de Comercio “Julio Solís Carnevallini”, un pronunciamiento en contra del General Somoza García a quien acusó de d estar negociando el Territorio en Litigio con el Presidente de Honduras, Tiburcio Carías. Gritó, que Somoza García estaba regalando la tierra de  los nicaragüenses como si fuera parte de una de sus haciendas, y lo repitió una y otra vez. Y vaya si le oyeron.

         Cárcel de La Aviación, hoy Cuarta Sección de Policía, fue el epílogo de aquel discurso. Fue una Navidad tras la reja. La primera tal vez.

         LA REBELIÓN DE LOS NIÑOS

         Chéster Lacayo desconcertaba a veces. Siendo ya crecido inventó “La Rebelión de los Niños”. Tal vez pensaba él, que jugar a la guerra era una cosa sencilla.

         Un buen día convención a unos cuantos jovencitos, 40 en total y se fue a la montaña. Desde algún punto geográfico, desafió el Gobierno en el poder.

         Trataron de localizarlo pero fue imposible.

         Los padres de familia estaban a punto de estallar. Fue una preocupación colectiva. Chéster y su tropa juvenil, sin armas, sin vituallas, sin nada, vivía un mundo poblado de fantasía.

         Un buen día se cansó de jugar al cero escondido, y puso fin a la fuera infantil. Los jovencitos volvieron a su casa y Chéster Lacayo, el inquieto mozalbete, también lo hizo así.

         Para él, no había sucedido nada. El armisticio se había firmado sin disparar un tiro.

         Pero Chéster Lacayo, era un hombre de improntus. Siguió adelante. Se cuenta de cierta ocasión que organizó un desfile estudiantil, y logró incluso que la Guardia Nacional, le prestara un buen número de rifles. Las armas fueron devueltas. Lacayo sabía que sin parque, no había nada. ¡Bah! Solo era un desfile escolar.

         ¿Fue juego o ficción aquella? Ser o no ser. Es la cuestión.

         MÁS ALLÁ DE LA FRONTERA

         Durante el Gobierno del General Somoza y raíz de sus intentos pro reelegirse, fue extrañado del país. Dejó sus huellas en Colombia y Costa Rica. Por esos rumbos conoció gente importante. Seguía buscando algo. ¿Qué era ese algo?

         Más tarde formó parte del movimiento revolucionario jefeado por el general Conservador Alfredo Noguera Gómez. La rebelión se tendió a lo largo de la frontera tico nicaragüense. Ahora iba en serio la cosa, pero fracasó.

         Durante uno de los primeros encuentros fue herido en una pierna, captura y traído a Managua. Ya no era solo un estudiante, era alguien más. Los otros, a los que combatía lo pensaban así.

         Fue conducido a Casa Presidencial, y luego trasladado a las Cárceles de “El Hormiguero”. Chéster no estuvo mucho tiempo allí.

         Consideró el penal como un hotel de mala muerte. Mucha mugres, demasiada promiscuidad, abundaban los chinches y escaseaba la comida. Además aquellos carceleros, lo despertaban demasiado temprano. Un día de tantos escapó. Nadie supo realmente cómo lo hizo, y quiénes manipularon la fuga. Lo cierto es que un día encontraron su jaula vacía.

         Vino entonces la persecución. Los mastines le seguían de cerca. Chéster Lacayo  había logrado avanzar hasta la Costa Atlántica, y luego ganar las plácidas playas de Corn Island, en esos años, una isla semidesierta, casi despoblada, con pocas chozas y una manifestación de cocoteros, tendidos a manera de un muro vegetal frente a la costa. Corn Island, (Isla del Maíz), una hipoteca a lo Chamorro-Bryan no fue buen refugio. Lo pillaron allí.

         Pero Chéster Lacayo, repitió su hazaña. Burló a sus custodios, y una noche, valiéndose de una pequeña embarcación, dijo adiós a la paradisíaca isla. Posiblemente sus captores dormían. La luna no debió ser espléndida esa noche.

         Remó durante quién sabe cuánto tiempo. Solo la canoa, un hombre y el mar. Finalmente ganó territorio costarricense. Corn Island quedó atrás.

         DE PRONTO LLEGÓ CASTRO

         En 1958, Castro y 82 hombres de los cuales 12 sobrevivieron desembarcaron en Cuba, Granma, una pequeña embarcación propiedad de un tipo inquieto llamado “Pichirilo”, los llevó hasta la Isla. Por veredas y con la ayuda de algunos campesinos los sobrevivientes lograron llegar a Sierra Maestra. Batista, el Presidente Sargento, ser rió al principio de aquello. Después no mucho, había en su rostro un rictus de amargura. Todavía lo tiene.

         Chéster Lacayo, volvió a sentir que el gusanillo de su espíritu inquieto se le movía adentro y atraído por la revolución cubana y la mística de Castro, se fue allá.

         Su historial era bueno, y la confusión post bélica inaudita.

         Lacayo ganó puntos dentro de los jefes barbudos verde olivo que habían comenzado una guerra con una docena de hombres. Ocupó cargos de importancia, y parecía haber encontrado algo allí.

         LA DEPURACIÓN

         Pronto comenzó el período de depuración. Castro, empezó a investigar a su gente. No bastaba ser barbudo para ser revolucionario, había que demostrarlo.

         Estando en Cuba, Chéster Lacayo viajó a New York. Alguien había contado cosas de él. El G-2, organizado ya, comenzó a moverse. Tras él fueron los “mastines”. Lacayo se hospedó en la Babel de Hierro en casa de Fernando Argüello y Sra. El G-2, estaba detrás de él como su sombra.

         Volvió a Cuba, y aún no habían pruebas concretas contra él. Castro tal vez, disimuló un poco quería que él corriera más. Había que darle largas.

         Siendo Presidente de Honduras Ramón Villeda Morales, Lacayo planeó una invasión a Nicaragua. Consiguió un transporte y se hizo a la mar. Castro detestaba a los Somoza. ¿No habían sido ellos los patrocinadores junto a la CIA, y Kennedy los que planearon en “Valle Feliz”, Costa Atlántica de Nicaragua, la invasión a Bahía de Cochinos? Lacayo era un hombre a quien había de cuidar ¡Claro! Castro lo sabía.

         ¿EL DOBLE JUEGO?

         La expedición aquella no llegó a Nicaragua. Las tropas hondureñas hicieron prisioneros a los frustrados invasores. Fue una “Bahía de Cochinos” en miniatura. Villeda Morales tuvo preso a Lacayo. Después de que ambos violentaron sus insultos, el Presidente de Honduras comenzó a simpatizar con él. Lo dejó libre, pero los agentes del G-2, vigilaban. Raúl era un tipo que sabía lo que hacía.   

         ¡Cierto o no! Chéster Lacayo viajó a New York, Estados Unidos, pero muchas sombras tenía tras sus espaldas. Pronto Castro supo que Villeda Morales amigo íntimo del Ing. Somoza, lo había enviado en misión especial.

         LOS PASOS QUE NO SE PERDIERON

         Sus pasos no se perdían en la gran urbe. Fotos, documentos, direcciones, llamadas radio-telefónicas, fueron captadas por los agentes enviados por Castro. ¿Y aquella foto, saliendo del Departamento de la CIA con un cartapacio bajo el brazo?

         ¡Bueno! Bastaba.

         Un buen día, del año 1961, un avión despegó de Miami rumbo al sur. Viaje sin escala. Pero el aparato se detuvo en Rancho Boyeros, Cuba. Llegaron los milicianos, y el telón cayó. Todo había cambiado.

         Un “gusano” más había caído. Castro habló con él, vino el juicio y luego la condena.

         Han pasado diez años, este diciembre el dueño de la Cuba Roja, prometió dejar libres a aquellos prisioneros que tuvieran más de 50 años de edad. Chéster Lacayo tiene 54. La promesa no se ha cumplido.

         La Cabaña sigue igual. Un poco modernizada. Allá al Norte, se extiende el Malecón. Desde el Castillo del Príncipe hasta las rutas que conducen a Varadero. Sobre el Malecón las aguas aún forman pequeños lagos cuando el viento se agita, y las lanza adentro.

         No hay muchos yankees por allí. Ha nacido una nueva clase. La juventud tiene un solo molde creado por Castro. Ha pasado mucho tiempo para que esa nueva generación cambie su fisonomía política.

         Creo que no lo hará.

         EL CANJE

         Chéster Lacayo vive allá y poco sabe de eso. Tiene en Panamá un primogénito que lleva su mismo nombre. Es alguien importante con 30 años de edad, hijo de su primera esposa Ernestina Cerna hija del Dr. José Antonio Cerna.

         En Colombia, en Santa Marta, reside su segunda esposa, con la cual procreó tres hijos más. Ella es miembro de una Compañía de Arquitectos.

         El Padre Cardenal viajó recientemente a Cuba. Lleva un Mensaje del Arzobispo de Managua para Fidel Castro. Tratará de que Chéster Lacayo logre su libertad.

         Puede que sí. Castro canjeó una vez tractores por hombres.

         Kruschev a Gary Power el piloto espía, que fue derribado sobre el espacio aéreo ruso por un cohete teledirigido por el genial espía Abe, que había operado con éxito durante diez años en varias ciudades de los Estados Unidos. El cambio se hizo. Un célebre abogado llamado Donovan, logró el canje.

         El Padre Cardenal tiene ahora una misión parecida.

         Chéster Lacayo, puede que consiga su libertad. Un canje por Gabriel Albuerne seis años preso en Nicaragua, no sería mal negocio. Se acusa a ambos de jugar a las dos caras de la moneda. Todo puede suceder.

         “Esta es Radio Habana Cuba, Territorio Libre de América”.

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LA ÚLTIMA CARTA DE CHÉSTER LACAYO, DESDE LA CABAÑA, CUBA

CHÉSTER LACAYO No. 98

         Salón 24. – Patio Uno.
         La Cabaña, Aptdo. 6093.

         Hace meses y meses que no recibo ni una cartita tuya, ni una carta de Chela, ni de Bertita… He estado muy preocupado por Uds., principalmente por Chela. Aunque su última carta no era muy pesimista, siempre se traslucía una honda inquietud por su salud, por su corazón, por su presión alta. Quiero saber de ustedes, cuanto antes, y a vuelta de correo, si fuera posible. Me hacen mucha falta tus letras, tus poemas… Debes de tener algunos nuevos, transcríbeme algunas de tus últimas creaciones… Me gustan tanto…

         Gustavo, de quien les he hablado en mis últimas cartas, me cuida mucho. En el mes pasado me atacó una infección de limpangitis, día y noche me ponía faumentos fríos de permanganato, se me curó. Después tuve una grave crisis de hipertensión, me subió a 280 máxima y  190 mínima. El me cuidó y me sigue cuidando con cariño y  dedicación y no sólo me cuida con solicitud, sino que me hizo cargo del departamento de encuadernación del penal, del cual soy  responsable. Hasta ahora, en nueve años, me siento acompañado, no siento ya, una soledad irritante, me siento acompañado, atendido, servido… Todos los meses hace que da su pensión, pues es huérfano de padre y madre, me giran diez pesos, con ellos compro lo más necesario en la bodega mensual que nos dan. Este mes no han suministrado gratis, un peine plástico, un cepillo de dientes, una pasta dental y un rollo de papel sanitario, un par de medias y un par de calzoncillos.  Ya en meses anteriores no dieron una colcha, una enguantada y un par de botas.

         Le pedía a Chela la Dirección en México de Hernán Robleto y nada hasta la fecha. Quiero que visites a Fernando y Alina Argüello y les das muchos recuerdos de mi parte, que me escriban, que ansío sus letras. ¿Qué han sabido de Chestercito y su esposa? ¿Y mis adorables nietecitos? ¿Chela y Will? Muchos besos y abrazos para toda la familia: Bertita, esposo y sobrinitos; Lucía, esposo e hijitas; Emilia; Bertita, esposo y sobrinitos; Ligia, esposo  e hijitas; Danilo, esposo e hijos… y para ti, un millón de besos y  abrazos, recibe de Gustavo sus saludes, que hace extensiva a Chela y  resto de familia.

         Tu tío que te adora, Chéster. 

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