Una "ventana" hacia el pasado y una "puerta" hacia el futuro. Historias de ayer y de siempre...
jueves, 19 de agosto de 2021
LOS PARTIDOS POLÍTICOS DE NICARAGUA. Por: J. Demetrio Cuadra. En: El Gráfico. Managua, D.N. 1 de Enero de 1931.
viernes, 18 de junio de 2021
LAS “ESPIONAS” DEL MANAGUA DE AYER: Ardides de un novio de entonces Por: Juan García Castillo. En: El Centroamericano, León, Nic. 25 de Octubre de 1967.
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En el
Managua de ayer, no eran pocas las familias que se dedicaban al “espionaje”, es
decir se mantenían vigilando los movimientos de los vecinos, para saber a qué
obedecían, y después comentarlos con sus amistades.
Una familia
distinguida, cuyo nombre me reservo, que vivía en la zona donde está situado el
Club Internacional y la elegante residencia del Doctor Joaquín Gómez, se dedicaba
al “espionaje”.
Permanentemente
se mantenían, uno de los miembros de esa familia, en la puerta, para darse
cuenta de lo que hacían los vecinos y las personas que pasaban.
Cerca de esa
casa, vivía una señorita de apellido Hazera, quien “jalaba” a escondidas con el
Doctor Francisco F. Moreira, y que debe haber muerto en Panamá, donde se
trasladó después.
Verdaderos
apuros pasaban los novios, para realizar sus pláticas clandestinas, sobre todo
por la presencia de las “espionas” que no abandonaban un momento su sitio
observación.
Un día de
tantos los mencionados novios tenían concertada una cita y desde luego él
acudió puntual, pero se encontró con el obstáculo de que allí estaba una de las
espionas en la puerta.
Posiblemente
era algo importantísimo lo que tenían que decirse los “novios”, que ante la
imposibilidad de hablar con ella, el doctor Moreira, impaciente, recurrió al
máximo recurso.
Aparentó
o por lo menos casi, dio a comprender con ademanes, que iba a hacer aguas, en
la propia acera.
Las
señoritas “espionas”, al ver el ademán del profesional, corriendo y con el
tradicional Ave María Purísima, cerraron la puerta y no se volvió a ver,
circunstancias que aprovecharon “él” y “ella”, para conversar sobre que se
tenían que decir. Y cuentan las crónicas y comentarios de las personas de ese
tiempo en Managua, que las mencionadas mujeres jamás volvieron a practicar el
“espionaje”:
EVOCANDO AL ANTIGUO MANAGUA. Por: Juan García Castillo. En: El Centroamericano, 30 de noviembre de 1967.
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Tejados del Vecindario /Maestro Silvio Bonilla───── Ω Ω
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Con un amigo hemos evocado el Managua de antaño. Recordamos sus viviendas, de construcción irregular; junto a la choza de paja o la minúscula habitación de madera, el edificio suntuoso, para aquel tiempo, de un solo piso, enladrillado con ladrillo de barro; han surgido en el recuerdo las casas esquineras, con un pilar en medio, dos puertas de entrada, una a la calle y otra a la avenida; hemos visto con los ojos del tiempo los enormes patios, con sus arboledas nutridas: aquellos patios limpios, amplios, bajo cuya vegetación pasó los más amables ratos de su bohemia elegante, José Olivares, eterno enamorado de estos lugares de remanso.
No faltaba el árbol de jícaro en los patios de antaño, no
los de mango, ni de otras frutas. Los jícaros con los que nuestros abuelos
fabricaban huacales y jícaras, mientras la semilla, servía para confeccionar la
sabrosa “horchata”, tan gustada y apreciada ayer y hoy.
Eran las jícaras, los huacales, blancos, en los que se
servían el agua fresca, el tiste, el refresco de chilla, la naranjada. Muchos
fabricantes eran artistas. Con un pedazo de vidrio, con una navajita o con un
chuchillo, especies de buriles, nuestros antepasados decoraban esos artefactos;
paisajes, de un arte primitivo, pero grato a la vista.
El árbol formaba parte de la vida del managüense de antaño,
pues se cultivaban, no solo en los enormes “solares”, sino que los sembraban en
la calle (a la vera de la casa, en el mero suelo; que entonces no se conocían
aceras con ladrillos. Los “quelitres” y los “cativos”, formaban alamedas que ya
quisiéramos hoy; mitigaban los ardores del medio día. Eran los árboles en las
casas, en las calles, coposos, enormes. Proporcionaban a la aldea y después a
la ciudad, una temperatura fresca, sabrosa, aún en las horas calurosas.
Aspecto típico, que le daba un tinte colonial, eran las
casas con aceras altísimas, a las que se subía por una gradería. De estas
existían en gran número.
Pocas eran las construcciones de tipo moderno en aquellos
tiempos, es decir moderno para la época. A la orilla de las arenosas e
irregulares calles, surgían las chozas, las casas pequeñas de adobe, pero con
enormes patios, plenos de vegetación, donde los pájaros tenían sus nidos y los
“zanates” formaban sus ruidosas algarabías. Vida patriarcal la de nuestros
antepasados, eran cordiales, ajenos a la envidia, honrados, cumplidores de sus
compromisos. Única era la aldea, donde los contratos, en que se exponían sumas
de dinero, se hacían bajo “palabra de honor” y se cumplían, sin excusas, sin
las leguleyadas de hoy.
Encantadora ciudad, que tenía un solo coche de alquiler, de
la propiedad de don Francisco Bermúdez, cuya casona, de las más elegantes de
aquel tiempo, no ha cambiado y es donde hoy están las oficinas de don Alejandro Argüello Lacayo, tenía un
enorme zaguán. El auriga era el maestro Chú, un señor con algunos años encima,
“potroso”. Diariamente enganchaba los caballos enjaezados para recorrer la ciudad,
buscando clientes, que eran muy pocos, pues las gentes de la época no sabían de
eso: de montarse en coche, a pesar de que la carrera valía un real.
No derivaba ninguna ganancia de ese vehículo don Chico
Bermúdez. Maestro Chu, llegaba casi siempre con las bolsas vacías, pero recibía
cumplidamente su sueldo y su alimentación. Todavía en mi niñez alcancé a
conocer a Maestro Chú, siempre auriga,
pero entonces ya ganaba, pues era de moda “andar en coche”. Había varios
vehículos.
Aldea de una modalidad especial era Managua. La frescura de
los árboles de los patios y el viento que los agitaba, ahuyentaban los zancudos
y sólo de vez en cuando se oía hablar de las “tercianas”… En la casas humildes
y creo que ya lo he relatado una vez en estas crónicas, cómo vivían los cerdos
y las gallinas, junto con las gentes; la charca en que se bañaban aquellos
estaba próximo al tapesco, el lecho de los moradores; las aguas pútridas, pero
las gentes se mantenían sanas y morían de “viejas”.
Y el amigo con quien evocábamos estos recuerdos, me decía
del patio de Juan Zamora, allí junto a la hoy residencia de don Adán Cárdenas,
al occidente.
Ha recordado la tragedia en que Juan Zamora, perdió la vida.
Era capitán de uno de los vapores que surcaban el lago de Managua, cuando el
general Chamorro, en una de sus revoluciones contra el gobierno del General
Zelaya y peleando pereció.
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4 DE JULIO DE 1776 - SALUTACIÓN A LA ESTATUA DE LA LIBERTAD / 14 DE JULIO DE 1789 - SALVE FRANCIA! / 20 DE JULIO DE 1810 - A COLOMBIA.
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4 DE JULIO DE 1776
SALUTACIÓN A LA ESTATUA DE LA LIBERTAD
A ti, prolífica, enorme, dominadora. A ti Nuestra Señora de la Libertad. A ti, cuyas mamas de bronce, alimentan un sinnúmero de almas y corazones. A ti, que te alzas solitaria y magnífica sobre tu isla, levantando la divina antorcha. Yo te saludo postrándome delante de tu majestad. Ave!: Good morning! Yo sé divino icono, oh magna estatua, que tu solo nombre, el de la excelsa beldad que encarnas, ha hechos brotar estrellas sobre el mundo, a la manera del fiat del Señor. Allí están entre todas, brillantes sobre las listas de las banderas, las que iluminan el vuelo del águila de América, de esta tu América formidable de ojos azules. Ave, Libertad, llena de fuerza; el Señor es contigo; bendita tú eres! Pero ¿sabes? se te ha herido mucho por el mundo, divinidad, manchando tu esplendor anda en la tierra otra que ha usurpado tu nombre y que, en vez de la antorcha, lleva la tea.
RUBÉN DARÍO
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14 DE JULIO DE 1789
¡Salve, Francia!
TIERRA
maravillosa y prolífica, salve! Tierra-alma, tierra corazón, tierra-cerebro,
salve! Salve, mil veces, por el privilegiado resplandor de tus cielos
eternamente ungidos con todos los colores del iris. Lámpara de la Civilización,
foco del Arte, asiento de la Belleza, sede de la Inteligencia, salve!
Tierra-luz, tierra, pensamiento, tierra-heroísmo, salve! Tierra nutricia y
gloriosa, salve! Tierra de héroes y de mártires, tierra de santos y de locos
sublimes, salve! Cuna de apóstoles y de sabios, de guerreros y de poetas, de
genios y de reyes, salve!
Salve,
una vez y mil veces, por todo el luminoso acervo de tus grandezas inefables,
inexpresables e increíbles por lo mismo que pasman y confunden aun a las mentes
más avisadas y sutiles Santuario de exquisitas dulzuras; eje y energía de todas
las más altas y estéticas aspiraciones humanas: augusta y gran señora que
llenas de luz la rosa de los vientos y distribuyes el prestigio inagotable de
tus imanes poderosos por todos los puntos del planeta, hasta sus más recónditos
rincones. Salve! Salve ilustre, magnífica, soberana señora.
Digna
eres de todos los mejores elogios, de los más encendidos ditirambos de las más
altas alabanzas, de las más fervorosas jaculatorias. Merecedora eres de los
himnos más sonoros y mejor cincelados, de los más victoriosos epinicios, de los
cantos más robustos, de los verbos y epítetos más fuertes y macizos, del humo
de los más aromáticos inciensos, de las más
delicadas y melodiosas musicalidades, ya que tú eres sólo armonía, ritmo,
lumbre, suavidad, elegancia, distinción, gentileza, donosura, valor, belleza,
arte y talento.
Qué
bien supo decir aquel que un día dijo que tú, oh Francia, procera y triunfal,
eres el cerebro del mundo. Y que bien, cuán bellamente supo también elogiarte
aquel gran poeta muerto a quien por tantos lustros diste el calor materno de
tus senos de Niobe, y que cantó de ti, en tu propia lengua multisonora y
pomposa, los versos devotos y filiales de la inmortal Marsellesa. Yo saludo tu
14 de julio de 1789!
F. RESTREPO GÓMEZ
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20 DE JULIO DE 1810
A COLOMBIA
Al General Luis María Gómez
y
don Tomás R. Vilar.
¡Toquen dianas tambores
y clarines
En el día de tu Santa
Libertad,
La Historia escribe el
nombre de tus paladines
Que te ayudaron con
denuedo y con lealtad!
Ya alistas la imponente
Gran Parada
Que mandará Bolívar en
persona:
Y al ¡presenten armas!
pasará tu enseña sagrada
Que Páez saluda con su
brillante tizona.
Y mientas Sucre y
Ricaurte siguen el desfile ideal,
San Martín llevará
enhiesto el pabellón nacional!
Este iris adorado que en
batallas inmortales,
Lampos de luz le
proyectó la Gloria;
Yo evoco el nombre de
los bravos federales,
Cuyo nombres aparecen en
tu limpia historia!
E. L.
Managua.
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En: LAS
REVISTAS. Año X. Núm. 3. Managua, Julio de 1922. Publicación Mensual Ilustrada. Fundada el 15 de
Enero de 1913. Tercera Época. Director y Redactor Heliodoro Cuadra. Tip.
Nacional.
lunes, 7 de junio de 2021
POR LA MORALIDAD PROFESIONAL. (El Magistrado que prefirió la muerte a la deshonra). Autor: Don Heliodoro Cuadra. Managua, Julio de 1922.
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POR LA MORALIDAD PROFESIONAL
En: Las Revistas – Publicación Mensual Ilustrada.
República de Nicaragua, América Central. Director y Administrador: Heliodoro
Cuadra. Tercera Época, Año X – Managua, Julio de 1922 – Núm. 3.
Claudio González Rucavado
La epígrafe
que antecede encierra una verdad indiscutible, como que toda persona que se
respeta a sí misma, debe tomar en cuenta
esa sabia máxima del ilustrado sociólogo costarricense.
Se
nos ocurre dar este consejo en vista de la denuncia que se nos ha hecho, por el
correo urbano, acerca de la conducta de un Abogado, de esta ciudad, (*) quien ha cometido un
acto penado severamente por nuestras leyes y que, aunque se nos cita el nombre,
cosa que lamentamos, a ser cierto tal informe, ese profesional viste
indignamente la sagrada toga, reservada sólo a los inmaculados, a los íntegros,
a los que, respetando la majestad del Derecho, defienden honradamente los
intereses de su mandantes.
La
persona que nos ha enviado la carta de que nos ocupamos, no sabemos por qué
motivo, no tuvo el valor moral suficiente para poner su legítimo nombre al pie
de la misiva, pues ha usado de un nombre apócrifo: Ángel Pitú, persona imaginaria que salió de la mente del autor de
la zarzuela Adriana Angot, del género
francés.
Se trata,
pues, de un anonimista cobarde que ha querido sorprendernos y creemos que esto es
más que suficiente para poner en tela de juicio su –estamos seguros— falsa
afirmación y le hagamos presente a ese infame acusador público que su conducta
ha merecido, de nuestra parte, la más severa reprobación y que si no fuera que
él esté envuelto en el manto del Misterio, donde se mantiene afilándose las
uñas, como las <<
terribles arpías >>
del poeta, a esta hora el Código Criminal estaría aplicándole sus severos
artículos.
Porque no es con anónimos como se
desgarra la honra de un profesional. No es con anónimos, repetimos, como se
mata moralmente a una persona, que quizá por el rencor de un malqueriente, que
ha sido vencido en juicio, por despecho trata de poner en berlina a su defensor
de ayer.
En este momento, nosotros levantamos
nuestra voz de protesta contra el anonimista que pretende echa una pellada de
lodo contra ese Abogado, que sea quien fuere, tenemos la plena convicción, no
ha cometido aquel hecho punible, censurado por la sana moral.
Llega a tal extremo nuestro optimismo
en este asunto que ni aun los profesionales que se creen fracasados, serían
incapaces de cometer un hecho semejante, y debemos de manifestar que si nos
ocupamos del anónimo de la referencia ha sido por tratarse de un asunto sensacional,
talvez sin precedente en los anales del foro nicaragüense.
Ahora —por lo que pudiera suceder en el
porvenir— vamos a tratar, a la ligera,
esta cuestión, desde el punto de vista doctrinario para que la juventud, que se
inicia en la ciencia del Derecho, se compenetre de lo importante que es para
un profesional, tener bien sentada su
reputación y hacerse digno de la confianza de todos los que necesiten de sus
servicios.
Todo estudiante deberá tratar de ir
modelando su personalidad. ¿De qué manera? Primero, pesando en la balanza de la
Dignidad la conducta de sus maestros, tratando de acercarse al más sabio y
virtuoso de ellos: le pedirá sus consejos y se esforzará por tratar de
imitarle; y, segundo, hará un recuerdo de los principales abogados que en
Nicaragua se distinguieron por su honradez profesional reconocida: David y José
Miguel Osorno, Francisco Barberena, José María Noguera, Casimiro Arosteguí,
quien, siendo Magistrado, cometió una equivocación al poner en firme una
sentencia y que, habiendo advertido el error al verla publicada, lleno de pena,
dijo: <<¡Prefiero la muerte a la deshonra!>> Momentos después tomó
el tósigo fatal que le produjo la muerte instantáneamente. José Francisco
Aguilar, Vicente Navas, Bruno H. Buitrago, Manuel Cano, José Rosa Rizo, José
María Paniagua, Bernabé Portocarrero, Ladislao Argüello, Benjamín Guerra, Juan
Manuel Arce, Santana Romero, Perfecto Tijerino, Agustín Duarte, a todos estos
ciudadanos, una vez que el estudiante haya obtenido el birrete doctoral, los tendrá
presente en todos sus procedimientos.
Vamos a concluir citando las palabras
del honorable jurisconsulto don José María Hurtado: <<Debemos aplaudir y
admirar al Abogado honorable que sabe ser el sacerdote del Derecho, y que hace
de su profesión un amparo para los que demandan justicia. Por el contrario,
debemos maldecir al Abogado inconsciente de su profesión; al Abogado de mala
ley, porque es peor que el salteador de caminos: éste expone su vida y sólo
arremete contra el dinero que consigo lleva la víctima; aquél no sólo expone su
vida, sino que bien pagado es causa de la intranquilidad social. La moral
jurídica es lo primero que hay que infundir a todo estudiante de Derecho.
>>
HELIODORO
CUADRA
(*)
El anonimista no dice de dónde es natural ese Abogado – Nota de la
Redacción.
domingo, 2 de mayo de 2021
QUESO DE ÉGLOGA. Por: Ramón Sáenz Morales. Managua, Nic. 1918.
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QUESO DE ÉGLOGA
Fue en esta querida Managua, ciudad de
polvo y sol, pero de una belleza que nadie arranca del corazón a quien la vio
una vez. En la residencia del Cónsul de Bélgica, Mr. Louis Layrac, propincua
al cementerio de San Pedro; un lugar a donde llegan con balidos de vacas y
ensueños de cantares aldeanos, las brisas de la Sierra. Noviembre. El aire se
entretenía desgajando las hojas de los árboles y las últimas rosas con que
suele adornarse el corazón. ¡Noviembre en Managua! La indiscutible y mundial tristeza
de este mes, en Managua tiene siempre, por gracia del trópico, sol eficaz y luz, calor, alegría tendida como un solio
sobre las almas que, aunque no quieran recordar, recuerdan; perfume, aunque sea
de las flores caídas o soñadas; luz, toda la luz que pueda ofrecer Dios… ¡El Noviembre
de Managua no lo tiene ninguna ciudad sobre la tierra!
Hallábanse en el comedor de la casa, en
un almuerzo que ofrecía el señor Layrac a Rubén Darío, después de éstos,
Santiago Argüello, Francisco Huezo, Manuel Maldonado, Emilio Hernández y otros
más, todos ellos cerebros, corazones, etc.; cerebros más que todo.
En un momento del almuerzo, por una
admirable ocurrencia de un ganadero feliz y sabio, ganadero tal como los que
exigen las églogas del maravilloso Virgilio, sirvieron a la mesa con un queso
nacional, de ganadería nacional; queso fresco, “de leche” como dice mi pueblo, que chorreaba en el plato la
bella sangre blanca de las vacas.
Darío
pidió que cada uno de los comensales, cerebros todos, repetimos, ─ dijeran algo
en elogio de aquel queso. Y todos hablaron. Largo, hermoso, bello tendido,
gráfico; hasta hubo quien improvisara estrofas que ni el autor recuerda. Por
último, obligado, habló Rubén y dijo, tomando en sus manos y llevando a su boca un pedazo de queso que
hacía cavilar cerebros: ¡Buen Quedo! ¡Maravilloso!
¡Fresco, chorreante, Blanco y suave! ¡Queso de égloga!
Al
oír esto, todos los asistentes prorrumpieron en aplausos, no diremos que por
vasallaje, puesto que vasallos los tienen ellos mismos, — sino por cerebro.
Todos habían adivinado que Rubén había “adivinado” el verdadero concepto, el
aprecio necesario, el atributo exacto aquel queso merecía. En aquella frase, “queso
de égloga”, dicha por Rubén, con ojos entornados, dulces, de añoranza
inalcanzable, de fruición patriótica, esta resumida la verdad.
Y
es así como Virgilio se alzó de su sepulcro a abrazar a Rubén Darío, que se
hallaba, bajo un noviembre de los trópicos, almorzando en la residencia del
Cónsul de Bélgica en Managua.
RAMÓN
SÁENZ MORALES
Managua, Nic. 1918.
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LA FIRMA DE SÁENZ MORALES
Sacuy era una
especie de apodo con que distinguíamos a Sáenz Morales, en los cenáculos
exclusivamente literarios.
Sucedió que en
1911, el poeta adolescente Alberto Ortiz— quien años más tarde murió en Chile,
perdiéndose así uno de nuestros mejores númenes— logró que la casa Maucci, de
Barcelona, editase un Parnaso
Nicaragüense, que dicho sea de paso casi resultó un adefesio.
Ortiz envió
directamente a la casa Maucci los originales escritos por nuestros poetas,
entre ellos los de Sáenz Morales, quien tenía excelente caligrafía; ¡pero cosa
rara! su firma siempre la escribió de cierto modo. El cajista barcelonés leyó Sacuy donde decía Sáenz, y en el Parnaso
Nicaragüense, libro de la casa Maucci, apareció un joven poeta que se llamaba
Ramón Sacuy Morales.
Así fue cómo, por
un mal corrector de pruebas de Barcelona, a Sáenz Morales le decíamos Sacuy sus íntimos, en Managua.
domingo, 21 de marzo de 2021
SUICIDIO DE LA ADOLESCENTE PETRONA ESPINOSA - // - AUTO DE PRISIÓN CONTRA PATROCINIA TORRES LA MUCHACHA QUE MATÓ A SU VIOLADOR
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| EL MOVIMIENTO FEMINISTA - Por: María A. Gámez Enero 26 de 1925 |
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Liminar, de EPV h.:
En nuestra sociedad no estamos exentos de tragedias provocadas por violencia de género; hechos que conmocionan y exigen soluciones de verdadero alcance. Hoy, 21 de marzo de 2021, al revisar las noticias del día, encontré otros dos episodios de horror, otros crímenes, uno a la sumatoria de las mujeres nicaragüenses asesinadas por la mano salvaje, cruel, de un hombre, el otro, agregado a la brutalidad en contra de una persona transgénero.
De inmediato, sacudido por los
detalles de esos abominables crímenes, interrumpí mis planes domésticos en
tiempos de pandemia. Al retraerme, topé con un hecho ocurrido en mi presencia y
la de un amigo. Fue algo de ese imparable drama atinente a las mujeres. En el mismísimo instante de lo ocurrido intentaba descifrar y a la vez
explicar la docilidad con la que una mujer enfrentada a la violencia, mostraba la
facilida con la cual, el agresor se hacía obedecer.
VIOLENCIA DE GÉNERO
En el año 1984, a bordo de una
motocicleta nos dirigimos hacia una parada de autobús, en donde habíamos convenido encontrarnos con un mensajero. Por
breve tiempo permanecimos entre la muchedumbre de gente ansiosa por entrar al
armatoste de turno. En ese instante, los gritos de una mujer joven, forzaron
los giros de todos los cogotes aglomerados, a escasos metros de distancia escuchábamos
elevados gritos de dolor provocados por los golpes asestados por el Adán de
algún sueño o despertar truncado.
Mientras eso ocurría, a poca
distancia de aquella parada del autobús urbano, en las inmediaciones de El
Centro Cívico, aguardaba Francisco “Chico” Corea, mi acompañante y uno de
aquellos entrañables compañeros de trabajo, a quien alguno de esos irrefrenables
hurgadores de rasgos físicos, acostumbrado a la malacostumbre del nica de poner
sobrenombres, encontró en los prominentes ojos saltones y en dos labios de
grosor desproporcionado, la designación bautismal de “Riquisísimo”.
Ante los hechos relatados, y no
de otra manera, la gente subió de manera
presurosa al autobús. Nadie intentó frenarlo. Quedé en solitario, en compañía
del agresor y de la agredida.
Clavé la mirada en aquel
individuo, ansioso por resolver el asunto del mensajero, y lo insólito tuvo
presencia: la mujer tomó al hombre de la mano y dirigiéndose a mí persona,
empezó a gritarme: — ¡Qué le ves! — — ¿Acaso
te atrae mi hombre? — En ese momento el apaleador avanzó con paso resuelto, era
evidente la intención de agredirme, de la cintura sacó un filoso cuchillo. La
mujer no callaba, a gritos lo instaba al
pleito.
En sentido contrario escuché la
voz del mensajero, quien no estaba enterado de todo aquello. Sin perder de
vista por un instante al furibundo malmatador de la mujer, también miré a “Riquisísimo”
cruzar con rapidez la calle, para ponerle punto final al imborrable episodio
propinándole al apaleador un certero guaspirolazo en la cabeza. El hombre quedó
atolondrado y la mujer hincada ante su inseparable victimario. En todo momento,
aquella mujer con evidentes morados y hematomas en su cara y brazos, no dejó de vociferar contra nosotros.
Al día siguiente, sobre aquella
experiencia de impuesta reflexión, busqué un excelente cómplice en el magistral
escrito de Rabindranath Tagore, incluido en “Los Titanes del Pensamiento”,
libro de José Ma. Gandia, julio de 1971. En corta exposición sobre el Feminismo, Tagore
levanta en peso a la mujer, y aplasta contra el suelo a los apaleadores y
femicidas.
En esas siemprevivas reflexiones
del poeta filósofo Rabindranath Tagore, puede leerse:
“Así pues, aunque en el período
actual de la historia, el hombre vive afirmando su supremacía masculina y
edificando su civilización con bloques de piedra, sin parar mientes en que en
el principió vivió del crecimiento, no podrá del todo aplastar a la naturaleza
femenina en el polvo ni en sus inertes materiales de construcción. El hogar de
la mujer puede ser derribado, pero a la mujer no se le mata, no puede
matársela. No es que la mujer esté buscando sólo libertad de hacer su propia
vida, luchando contra el monopolio que el hombre ejerce en los negocios, sino
que su lucha va contra el monopolio que, el hombre quiere ejercer en la
civilización con lo cual destroza todos los días y amarga su existencia. Debe
restablecerse el pedido equilibrio social agregando todo el peso de la mujer a
la creación del mundo humano.”
Esta introducción adviene,
primero, porque preocupa saber que en Nicaragua la violencia de género no tiene
un registro histórico fiable, pero más trágico resulta encontrar a la sociedad nicaragüense frente a la
subyacente perversidad de la naturaleza
humana sin disponer de educación temprana y continua capaz de proveer bondad, virtudes y cualidades en general,
capaces de contrarrestar la violencia de género.
Para identificar el presente ensombrecido por la violencia
de género no se puede prescindir del pasado. Apropiados registros y estudios
permiten entender el origen del efecto multiplicador. Acá les dejo dos casos,
en el año 1936, un grupo de hombres jóvenes agredió a una adolescente; el final
de la muchacha fue trágico, sin embargo, aquel hecho conlleva a preguntarse: ¿qué
otros caminos habituales transitaron esos individuos? La otra situación
corresponde a una cuestionable Sentencia Judicial de aquella época, ochenta
años atrás, en donde la mujer agredida obtiene un fallo desfavorable.
Antes de exponer los hechos
trágicos, compartiremos con los lectores el artículo “El Movimiento Feminista”,
de la escritora nicaragüense María A.
Gámez, publicado en la Revista “Nicaragua Informativa”, 26 de Enero de 1925.
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SUICIDIO DE LA ADOLESCENTE PETRONA ESPINOSA. La Noticia, 24 de Enero de 1937.
Masaya, 24.- Petrona Espinosa de 15 años de edad, se suicidó hoy arrojándose a la Laguna de Masaya, cuando cuatro individuos salvajes, en estado de ebriedad, trataron de abusar de ella. Ella era vecina del Barrio Monimbó. Tenía novio. Su cadáver fue rescatado 5 horas después. La policía persigue a los bandidos. Corresponsal Especial.-
TEXTO ÍNTEGRO DEL AUTO DE PRISIÓN CONTRA PATROCINIA TORRES LA MUCHACHA
QUE MATÓ A SU VIOLADOR. La Noticia, Jueves 19 de Agosto de 1937. Número
5,532.
Chinandega, Agosto 16.
Juzgado
de Distrito para lo Criminal. Chinandega diez y seis de Agosto de mil novecientos
treinta y siete. Las ocho de la mañana.
Examinadas
las presentes diligencias, resulta: que a las doce meridiana del día siete del
mes en curso se presentó ante el Juzgado Local de la ciudad de El Viejo,
Patrocinia Torres, de diez y seis años de
edad, soltera, de oficios domésticos y de dicho domicilio, manifestando que a
las diez de la mañana del propio día y en la montaña de “Campirano” de esa
jurisdicción, fue luchada y violada por el individuo Carlos Osorio y que
después, por haber seguido molestándola, le dio varios machetazos al violador.
El Juzgado mandó a instruir la información correspondiente, recibiéndole su
declaración ad-inqueredum a la mencionada Torres y ordenando la práctica de los
respectivos reconocimientos. En su indagatoria relató lo siguiente: que iba con
una pana de atol a venderlo a la finca de Manuel Serrano, cuando en la mitad
del camino salió Carlos Osorio en calzoncillo diciéndole: <<que lo iba a
querer por mal ya que por buenas no lo quería>>, y como ella se resistiese, la cargó y le
puso un trapo en la boca, donde después de larga riña hizo uso de su persona.
Que después se paró frente a él que estaba en el suelo, y Osorio le decía que
se fuera a sentar a sus piernas y que no hiciera escándalo, porque se iba a
casare con ella. Que posteriormente, tomó su machete (de él) y le pegó el
primer machetazo en la nuca, parándose entonces Osorio, diciéndole que no lo
cortara, que no le volvería a decir nada; pero que ella prosiguió dándole
mientras él le tiraba golpes.
CONSIDERANDO
Que los cuerpos de ambos delitos
se hallan plenamente comprobados con la partida de defunción de Osorio y con el
dictamen médico-legal que establece que falleció como efecto preciso de las
lesiones recibidas; y con el dictamen de los peritos nombrados que reconocieron
en Patrocinia Torres las características de la violación.
II
Que en
relación con la delincuencia de ésta, debe tomarse en cuenta, que si es verdad
que obró por motivos poderosos que la impelieron con este hecho punible, como
es el forzamiento para que satisfaciese los instintos bestiales del violador,
que lastima en lo más hondo los sentimientos de una mujer, igualmente cierto es
que dichas circunstancias no la eximen de responsabilidad criminal, ya que no
se encuentra comprendida en los casos taxativamente señalados en nuestro Código
Penal.
En
efecto, en el inciso cuarto de su artículo 21, dicho cuerpo de leyes requiere
la unión de tres condiciones indispensables para que exista legítima defensa y
en consecuencia la exención de responsabilidad: la agresión ilegítima; la
necesidad del medio empleado para impedirla o repelerla, y la falta de
provocación de parte de la ofendida. El caso que nos ocupa, indiscutiblemente
presenta la primera y última condición; más en cuanto a la segunda, es preciso
estudiarla con detenimiento, para deducir con rectitud la que la ley impone
resolver. Sin entrar a considerar la racionalidad del medio, puesto que la
calidad de mujer y su corta edad son suficientes para inclinarnos por la
afirmativa y justificar cualquier instrumento y acción, pasaremos al
significado de las palabras IMPEDIR o REPELER empleadas por nuestro Código.
Ambas producen idéntico efecto, es decir, imposibilitan la comisión del hecho,
y aun cuando en muchas ocasiones tienen diferente conceptos, aquí están
copulativamente puestas y encierra la idea de rechazar.
Ahora bien para que medie rechazo es necesario que exista simultaneidad en las acciones por cuyo motivo, la posterioridad de una desvirtúa la legitimidad de la defensa. La autora en su declaración indagatoria, confiesa que el primer machetazo le dio DESPUÉS que Osorio hubo usado de su cuerpo, circunstancias que si constituyen un atenuante calificado, por ser la “vindicación próxima de una ofensa grave” (arto. 22 No. 4 Pn.), en manera alguna puede dar mérito para un sobreseimiento definitivo. En conclusión, cualesquiera que sean las razones morales que militen en favor de Patrocinia Torres legalmente cabe declararle auto de prisión. Por tanto, de conformidad con las disposiciones citadas y los Artos. 28 Cn. 92, 93, 94, 100, 184, 187 inc. Po y 285 In. y 438 No. I. Pn., el suscrito Juez, RESUELVE: 1º. Ha lugar en poner en segura y formal prisión a Patrocinia Tórrez, de diez y seis años de edad, soltera, de oficios domésticos y del domicilio de El Viejo, por el delito de homicidio en la persona de Carlos Osorio, de calidades ignoradas y que se le embarguen bienes en cantidad suficiente para responder por las resultas del delito. Envíese copia certificada al Encargado de Cárceles y desen los avisos de ley. 2º Se sobresee definitivamente a favor del fallecido Carlos Osorio por violación en Patrocinia Torres, debiendo continuarse esta providencia, en su oportunidad, con la Superioridad respectiva. Cópiese y notifíquese. Ed. Montealegre C. Francisco Enríquez, Srio.
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miércoles, 10 de marzo de 2021
PODIO Y SITIAL DEDICADO A MUJERES NICARAGÜENSES CUYOS HECHOS INADVERTIDOS, MARCAN HISTORIA
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** Una nicaragüense, la primera
mujer forense en España
** La nadadora que por primera
vez cruzó el Lago de Managua
** La primera mujer nicaragüense que
saltó en paracaídas
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Liminar, por EPVh.:
Aunque en
Nicaragua muchos hombres se crean faroles luminosos, es notable cuán
establecidas han sido las luces cegadoras de las mujeres nicaragüenses. En el variado
dominio del deporte nacional se han reconocido muchos méritos, pero faltan
sitiales y podios para hechos o sucesos que por algún motivo han sido eludidos.
Temo
que debo jactarme explícitamente por la escafandra utilizada en estas búsquedas,
sin embargo, no todo se ha dicho y no todo está hecho, espero el aporte de los
lectores.
Habrá
que ampliar sobre la intrépida paracaidista masayense; la audaz nadadora del
Xolotlán y, la interesante nota periodística de la doctora nicaragüense en la medicina
forense de España. En estos tipos de lances no es extraño que ocurran rebates,
más cuando en este caso peculiar el índice apunta hacia España. Ya veremos
cuánto más se dice o aporta.
Más
allá de esta entrega, esperamos asentarlas, porque el más valioso legado que
nos quede sea el hecho cierto. Vale la pena exponerlas, porque permanecen vivas,
porque siempre serán importantes.
Finalmente, osaré
decir que Nicaragua es el único país en donde probablemente la primera costilla de donde
surgieron los nicas, le fue extraída a una mujer.
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MUCHACHA NICA SE
GRADÚA DE FORENSE. Madrid, (EFE).- La Prensa. Managua, Nicaragua, 23 de
Octubre de 1980.
Madrid,
(EFE).- Brenda Basset, de 29 años, médico ayudante de la seguridad social, y
desde hace pocos días, la primera mujer forense en España, es nicaragüense.
Así se
destaca, en una entrevista publicada en el vespertino madrileño “Pueblo”, que
presenta a Brenda como un nuevo tipo de mujer moderna que no olvida tampoco su
misión de ama de casa.
Brenda,
casada con un periodista español, llegó a España en 1967. “Abandoné mi querida
Nicaragua –dice—, y aquí continué con la ilusión de mi vida, la medicina.
La
primera mujer forense de España se presenta como una mujer muy apegada a la
familia, amante de la música folklórica de su país y además le gusta recordar
que fue campeona de natación de Centroamérica.
Cuando
se le comenta “si la medicina forense es insólita en la mujer”, Brenda
responde: “El contacto con los cadáveres lejos de insensibilizar, refuerza la
humanidad y la caridad. A más experiencia sobre la muerte, más creencia en la
vida”.
Brenda
declara que no es feminista, aunque está convencida de la importancia que tiene
para la sociedad la incorporación de la mujer en el mundo laboral, y de los
muchos cambios que todavía surgirán hasta la completa equiparación jurídica con
el hombre.
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LA PRIMERA MUJER
CENTROAMERICANA QUE SALTÓ EN PARACAÍDAS. En: La Prensa, 1942.
ADILIA HUERTA PRIMERA MUJER PARACAIDISTA
A finales de
enero de 1942, Adilia de Huerta, originaria de Masaya, esposa de Mario Huerta,
se lanza en paracaídas desde un avión piloteado por el teniente Blandón del
Cuerpo Aéreo Nacional. Primera centroamericana en hacerlo.
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MARUCA JAIME LA NADADORA QUE CRUZÓ EL LAGO DE MANAGUA En: La Noticia, 27
de Agosto de 1937.
La joven
nadadora managüense Maruca Jaime, quien realizó la hazaña de cruzar el Lago de
Managua hace tres años, en eventos promovidos por la Junta Nacional de
Deportes, se inscribió ayer entre los aspirantes a participar en la delegación
de Nicaragua a las Olimpiadas de Panamá.
MARUCA JAIME RETA A
LA CAMPEONA CORINTEÑA. En: La Noticia, Jueves 19 de Agosto de 1937. Año XIII.
Número 5.532.
Maruca
Jaime, la nadadora capitalina que ha tomado parte en torneos acuáticos de gran
distancia verificados en el Lago de Managua, nos dijo para su publicación lo
que sigue:
La vez
pasada que estuve en Corinto, el Alcalde un señor D᾽Arbelles y
otros estaban interesados en que me midiera con la campeona corinteña Matilde
Soto; la campeona porteña rehusó diciendo que ella no estaba en condiciones y
que yo seguramente estaba entrenada, y pidió un plazo de dos semanas.
Yo estoy
interesada que se verifique la lucha entre nosotras dos, y deseo que tenga
efecto el próximo 15 de Septiembre en dicho puerto desde Punta Sefede hasta el
Muelle.
Maruca
agregó: Aunque mi competidora haga su entrenamiento en el propio lugar de la
lucha, no le temo, y yo ya me estoy entrenando bajo la dirección del nadador Julio
Gómez Mejía.
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domingo, 7 de marzo de 2021
UN CASO DE SERVILISMO COLECTIVO. Por: Manuel Quintero E. En: El Gráfico, 1 de Enero de 1931.
Liminar: Ahora nos asomaremos por la ventana desde la cual puede avistarse una más del servilismo piramidal. Betún y cepillo de manufactura criolla. Aunque este episodio de hace 90 años está circunscrito a la ciudad de Diriamba y tiene estamento de clase, del pecado original no escapan los perfumados de copete y tampoco los caitudos. El servilismo colectivo tiene arraigo en muchos ámbitos, sobre todo, en el estanque de la política, donde muchos arriman para succionar.
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Escritores de Carazo
Sociología intuitiva
UN CASO DE SERVILISMO COLECTIVO
En: El Gráfico, “Semanario Nacional Ilustrado”- Editores
propietarios: Ángel M. y Carmen J. Pérez e hijo, Ltd. Año VI. Managua, D.N. 1 de Enero de 1931. Núm. 228.
En
una ciudad de nuestro país había una gran parte de la sociedad de alto copete
que apenas llegaba a tender su tienda a aquel lugar cualquier foráneo intrépido
o taimado, corría presurosa a insinuársele de modo humillante, doblegando el
espinazo ante el recién llegado, a quien bien pronto elevaban a la más alta
cumbre social del pueblo. La casa del foráneo se convertía a los pocos días en
club o en casino, pues era allí donde se daba cita la mejor sociedad.
Mientras
esto ocurría, la media y la baja sociedad eran miradas por la alta con profundo
desdén, con indiferencia suma.
Cierto
día se apareció en la ciudad un joven matrimonio compuesto de un galeno bien
parecido y avaro y de una dama graciosa y atrayente. No pasaron muchos días sin
que la casa del matrimonio ése, fuese convertida en el mejor centro de recreo
de la ciudad. Los caballeros y las señoritas se gloriaban pronunciando con
deleite indecible, a diestra y siniestra, los nombres del Dr. Alejandro
Carranza y de su esposa doña Margarita:
era así como se llamaban los recién llegados.
No
había conversación, de cualquier índole que fuese, en que no figurasen el Dr. Carranza y doña Margarita: ellos eran
el plato del día; ellos lo llenaban todo; ellos ocupaban la mente de toda
aquella sociedad, día a día, hora a hora, minuto a minuto.
En
el transcurso de un lustro que vivió en aquella ciudad el dichoso matrimonio,
el Dr. Carranza fue Alcalde tres veces, Presidente honorario o efectivo de
cuantas asociaciones políticas, religiosas o de orden social se establecieron;
fue el médico preferido de todos los hogares y el ídolo de todos. Así también
doña Margarita era la mimada del conglomerado social: en todas las fiestas ella
era la reina; en los bailes, los más altos linajudos se disputaban el honor de
danzar con ella, y daba lástima ver cómo las más orgullosas señoritas le
rendían pelito homenaje, humildemente, servilmente.
Comprendiendo
cómo era aquella gente, el Dr. Carranza y su señora la explotaron a maravilla:
en su farmacia no solo vendían medicinas, sino también legumbres, licores,
sombreros de antigua usanza que los caballeros compraban a un alto precio con
satisfacción, ý hasta varitas pintadas en diversos colores, que los niños de
los ricos compraban con fruición para jugar con ellas.
Un
día cundió la noticia en la ciudad de que los esposos Carranza se irían rumbo a
México. La sociedad se conmovió, las demostraciones de pesar por la ida de
aquellos seres queridos fueron abundantes y servilescas. Lo más conspicuo de
los caballeros acordó obsequiar al Dr. Carranza y señora con un espléndido
banquete la víspera de su viaje.
Y
la hora del banquete llegó; y el momento del champán también llegó: los brindis
menudearon ensalzando los méritos del Dr. y hasta hubo pasajes en ellos que
culminaron en llanto.
Tocó
hablar al Dr. Carranza cuando ya su mente estaba exaltada por el mucho licor
que había ingerido. Todos esperaban un discurso lleno de sentimentalismo y
compuesto de frases empapadas de llanto. Más el Dr., acosado por tanto brindis,
contestó en estos o parecidos términos:
“Señores:
Jamás he
estado en una población como ésta: vuestros corazones en vez de bondades
derraman servilismo; vuestras almas abyectas fueron creadas para vivir de
rodillas; en este pueblo no hay dignidad personal, mucho menos colectiva; sois
soberbios, altivos y hasta crueles para con vuestros coterráneos que no tienen
el baño dorado del dinero. En corrillos o en la soledad de las alcobas habéis
destrozado el honor de algunas de vuestras principales damas, haciéndolas
aparecer en secretos amoríos conmigo. Me habéis hecho un tanto rico merced a
vuestro…”
El discurso
del Dr. Carranza fue interrumpido por los tenedores y los cuchillos que,
empuñados por todos los comenzales (sic), se irguieron en actitud amenazante contra el orador. La
concurrencia se lanzaba contra el Dr. para lincharlo, cuando uno de los
caballeros golpeando fuertemente la mesas, dijo en altas voces:
— ¡Alto, señores! No permito que
toquéis a este hombre. Yo, al contrario de lo que vosotros pensáis en este instante,
lamento que no lo hayáis dejado terminar su alocución. Hemos recibido de él una
lección preciosa: debemos agradecérsela.
Vosotros
juzgáis que lo que nos ha endilgado son
insultos que merecen su castigo, tanto más cuanto que hemos sido exageradamente
bondadosos con él y su señora. Son insultos, en verdad, pero benéficos para
todos nosotros. Es la paga más valiosa, el agradecimiento más práctico que nos
da el Dr. Carranza en cambio de nuestro proceder rastrero. Lo que él ha dicho
tiene un valor inapreciable, es la verdad desnuda que hará cambiar la
orientación social de nuestro pueblo. En lo futuro seamos cultos y atentos con
todos los de afuera, pero con dignidad y con decencia: nada de servilismo, nada
de abyección, nada que nos baje a la condición humillante en que hemos vivido.
Levantemos por medio de la cooperación y el estímulo el nivel social y
económico de muchos de nuestros conciudadanos que no ascienden por el medio
ambiente estrecho e ingrato en que les ha tocado nacer.
Y
fue aquel acontecimiento, el origen de la renovación de aquel pueblo, la base
granítica sobre la cual se levantaron caracteres de valor intrínseco.
Manuel Quintero E.
Diriamba, Centroamérica.
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