martes, 17 de junio de 2014

UNA CARTA INÉDITA DE DON ALEJANDRO BERMÚDEZ A DOÑA ROSARIO MURILLO, ESCRITA EN 1914.. En: El Centroamericano. León, 18 de enero de 1967.

Nota de Eduardo Pérez-Valle, editor del BlogSpot: 

Al publicar esta carta, --en realidad poco propagada, y que apareció por primera vez en el periódico El Centroamericano, en enero de 1967--, que involucra a dos personajes alrededor de la dramática existencia de Rubén Darío, confiamos que la misma, permitirá juntar e identificar otro aspecto del trasfondo en el supuesto hallazgo divulgado en Noviembre de 2012 por la Arizona State University (ASU). El asunto giró alrededor de supuestos documentos personales, inéditos, al que también intentaron darle un retorcido giro biográfico, situando al vate en supuestas apetencias ajenas a su heterosexualidad. En esa historia, la procedencia de los documentos fue atribuida a la familia del señor Alejandro Bermúdez, quien fue Secretario de Rubén Darío. En la carta destaca el párrafo en donde enfatiza a Rosario Murillo: "Es muy grande la herencia de su gloria y también la riqueza material que se obtendrá por medio de sus obras*, para que eso no llegue a tus manos, que son las dueñas de esa cabeza que tanto sueña ahora con descansar en tu regazo". Todo apunta a que Bermúdez pensaba en el tintineo de las monedas y el desarrugar de los billetes, y hay pruebas sobre la manera en que él elaboraba documentos --remunerados--  atribuidos a Darío; por lo tanto, lo del antedicho párrafo tiene la marca de esa inclinación... Para los que deseen ampliar conocimientos relativos al tema, sugerimos la lectura del artículo "El poeta de Nicaragua y el gran fraude de Arizona", elaborado por el dariísta de nacionalidad alemana, Günther Schmigalle Karlsruhe, que puede localizarse a través del link: www.temasnicas.net/revistas2012.htm

* El subrayado es nuestro.

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UNA CARTA INÉDITA DE DON ALEJANDRO BERMÚDEZ A DOÑA ROSARIO MURILLO DE DARÍO ESCRITA EN 1914, EN NUEVA YORK.  En: El Centroamericano.- León, Nicaragua, miércoles 18 de enero de 1967.

RUBÉN DARÍO Y ALEJANDRO BERMÚDEZ
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HOTEL EARLINGTON
278THE STREET, WEST OF BROADWAY,
NEW YORK, N. Y.

New York, 23 de Noviembre 1914.
Señora Doña Rosario M. de Darío
Managua.

Mi estimada Rosario:

Te vas a sorprender al recibir estas letras mías. Ya lo sé, pero tengo la convicción de que te llevarán muy gratas y favorables sorpresas. Por una casualidad me encontré con Rubén en Europa; vivía en Barcelona con Francisca, en una casita fuera de la ciudad, donde pocos amigos llegaban a verle. La pobre mujer esa y los dos malos hombres que manejaban las teclas del interés y la perfidia, tenían al buen Rubén en la condición más pobre supliciado. Le envenenaban el cuerpo con el alcohol para poder debilitar su voluntad y explotar mejor la situación. Le robaban y lo engañaban fingiéndole desinterés, y amistad esos hombres son: Osvaldo Bazil, cónsul de la República Dominicana, y Julio Sedano, a quien tú conoces, “Sirviente Secretario”, que hacía todo lo que Bazil aconsejaba y que ha sido el más perfecto vampiro para chuparse la sangre de Rubén.

La primera vez que me dirigía a la casa del poeta encontré a ese par de pájaros en la calle; salían de allá y yo les pregunté cuál era la dirección. Ellos me la dieron, pero me aconsejaron que no fuera, porque él no me recibiría. Yo insistí, sin decirle quién era y al fin me dejaron seguir. Llamé a la puerta, me abrió Francisca y cuando ella me dijo que “Don Rubén” estaba enfermo, insistí en que le diera mi nombre y le dijese que yo lo quería ver a todo trance. Así fue: le ví, me abrazó y charlamos largamente. Luego repetí mis visitas y noté que trataban todos de mantenerle siempre la botella al lado. Con mucha diplomacia y mucho pulso logré que me lo dejaran pasar una temporada conmigo en mi “pensión”. Pasó 20 días de paz y felicidad el pobrecito, dándose cuenta de lo amargo y terrible que era la vida al lado de aquellas otras gentes. Una tarde que salí hallé al regreso, que habían pagado la cuenta de la pensión sin que yo lo supiese, le habían dado whiskey y se lo habían llevado a la casa otra vez.

Me fui para allá y lo encontró desesperado; me rogó que no lo abandonase, que me quedara con él en su casa y yo acepté. Se me preparó un cuartito y allí estuve preparando lentamente el plan, que ahora ha realizado, de sacarlo de aquel infierno, restituirlo a su vida de alta mentalidad y de gloria y más que todo a la vida, al recuerdo y al cariño de “su amor primero”, de su “garza morena” que eres tú.
Rubén hoy es de nuevo el gran poeta consagrado y resonante; el hombre que te ama y desea pasar entre tus brazos los día tranquilos de su gloria y de sus amores otoñales.

No puedo reseñarte en esta carta todo cuanto he hecho para sacarlo de allá, venciendo resistencia hasta de sus “secuestradores”, Bazil y Sédano, que le dieron por concluidas 10 mil pesetas que habían recibido a cuenta de sus libros, pensando que con el robo lo dejarían imposibilitado para salir. Yo vencí todo eso. Busqué recursos, fue a Madrid, conseguí los pasajes, hablé con el Presidente del Consejo de Ministros, con los amigos de Rubén, literatos y diplomáticos y con unas pocas pesetas hice los preparativos del viaje y anuncié a todos nuestra salida para América. Cuando yo hacía todo, eso en Madrid, Bazil y Sédano, en Barcelona, envenenaban a Rubén con Ajenjo, para que yo lo encontrase impotente, así fue, lo hallé perdido, pero comprendí la infamia y no me desmayé. Luego le amenazaron con sus acreedores, después de haberse cogido su dinero, sin pagar las cuentas. Dos días antes del viaje saqué a Rubén de la casa y lo puse en una pensión para evitarle molestias. Saqué el equipaje en horas anticipadas y paré así nuevos golpes traidores y pérfidos; y por último, como le amenazaban con detenerlo el día de la partida, me anticipé a sus maquinaciones y obtuvo una orden para llevarlo a bordo desde la noche anterior a la fecha de la salida. Así, pues, el 24 de Octubre, día de San Rafael, estaba tu marido, sano y salvo, en el camarote No. 1 del vapor español “Antonio López”, listo para salir el siguiente día para la América, con este tu amigo como huéspedes de honor, ambos de la Compañía Trasatlántica, en misión de paz y de concordia por todo el Continente y bajo los mejores auspicios de gloria y prosperidad.

Rubén no acaba de asombrarse de cuanto he podido hacer y juzga, con razón, que solo un hombre de mi temple y del probadísimo cariño que le tengo, pudo haberlo arrancado de aquella pocilga y de aquellas garras que lo aprisionaban.

Me han hecho respecto a ti las más íntimas y sagradas confidencias. Te ama y volverá a tu lado para siempre si tú tienes el talento de llamarlo y hacerle declaraciones de tu constante adhesión a su persona y de invariable afecto para él.

Es la hora tuya, mi querida Rosario, y debe recuperar a su marido, cuya gloria todavía no comprendemos lo bastante, y cuya herencia te pertenece en justicia y por AMOR.

Para terminar te digo que le escribas una larga y expresiva carta al cuidado de Don Manuel Calderón a Panamá, para que se le entregue cuando pasemos por el istmo. Dile de tu constancia para esperarlo, pues solo te inspiran codicia su nombre, su genio y su corazón. Del más; todo lo que tú sabes, lo que decías en tus divinos coloquios de pasión por él, allá en Managua, y en Panamá. Muéstrate apasionada, delicada, abnegada y firme. Llámalo y yo te aseguro que llegará a tu lado para no separarse hasta morir.

Es muy grande la herencia de su gloria y también la riqueza material que se obtendrá por medio de sus obras, para que eso no llegue a tus manos, que son las dueñas de esa cabeza que tanto sueña ahora con descansar en tu regazo.

Si puede ir a Masaya, suplica a mi Señora que te muestre una parte de la carta que le escribo hoy, en que también le hago una crónica de las peripecias de nuestro viaje. Allí encontrarás otros datos que alargarían mucho esta carta, si los hubiese consignado aquí.

El Bazil y Sédano nos han escrito cartas de insulto y maldición: el negrito antillano me ataca cruelmente y te menciona a ti en una carta que te mostraré cuando nos veamos algún día.

En fin, la canalla está vencida, el genio resucita, te destacas en el horizonte como una visión dulce y adorable para él y yo me regocijo al ver que nuestra nave nos acerca al lado tuyo y que pronto talvez vas a tener entre los brazos al hombre que te dio su nombre y que siempre será una gloria para ti, para nosotros y para el mundo.

¿Te llevará la felicidad con estas noticias y con esta empresa? Así lo creo; pero si por desgracia me equivoco, piensa que en todos estos propósitos no hay más que mucha buena voluntad para ti, de parte de tu afmo. amigo.
                                                        ALEJ. BERMÚDEZ

P. D. — Escríbeme también a Panamá.

Doña Margarita  Debayle de Pallais, recuerda, como si fuera ahora, los días en que ella inspiró el poema del famoso Rubén Darío. En: Bohemia, 25 de Junio de 1965.


Es cierto que sólo las personas de gran sensibilidad, son capaces de disfrutar con el tiempo de los gratos recuerdos. Si en alguien puede tener plena aplicación este pensamiento es en Margarita Debayle viuda de Pallais la musa infantil de Rubén Darío.

La Margarita de hoy, honorable matrona a quien sus hijos y  nietecitos rodean con animada algarabía en demanda de una caricia tierna y espontánea, dista mucho de ser la Margarita de ojos dulces y soñadores con cuyos dorados bucles jugueteaba el viento de la playa, cuando un día el poeta le preguntó “Margarita ¿quieres que te cuente un cuento?” Sin embargo ambas poseen algo que las confunde e identifica, que las pone fuera de la acción transformadora del tiempo, y ayer como hoy, hace palpitar con igual emoción las gratas impresiones. Ese algo es el mismo aliento que inspiró a Rubén, un día en la playa, junto al rumor de las olas en una tarde otoñal.

Las almas nobles y delicadas se buscan y se juntan, Margarita era una niña, y Rubén, el poeta laureado que retornaba al solar patrio en busca de sosiego y redención. Aquella tarde, cuando Darío y la niña se encontraron en la playa, él le hizo un cuento a la manera de los poetas: “Margarita está linda la mar, y el viento trae esencia sutil de azahar…”

Margarita Debayle vive hoy, vivirá siempre, rodeada de muchos recuerdos del gran vate nicaragüense. Con verdadera devoción conserva sus cartas, fotos y versos manuscritos. Ama con ternura cada objeto, y cuando habla de Rubén, lo hace con mística y sentimental inspiración. Parece como si escuchara todavía en su boca: “Este era un rey que tenía un palacio de diamantes… y una gentil princesita, tan bonita Margarita, tan bonita como tu…”

La vida de los hombres, como el curso de los ríos, nunca retorna a sus cauces originales; pero a veces es posible revivir los recuerdos que el tiempo se ha llevado para siempre. Esto es lo que Margarita Debayle hace cada vez que evoca el nombre de Darío. Lo revive en su recuerdo, y en su palabra entusiasmada, parece haber un aleteo, el mismo quizás, que escuchaba el poeta cuando bajaban hasta su lado los ángeles de la inspiración.

--“Me pienso en otros sitios a ratos, los sitios en que de niña contemplé de cerca al poeta insigne. Yo no fui nunca capaz de imaginar entonces la significación del encuentro, la importancia de ser Margarita, la musa de Rubén Darío”, dice la viuda de Pallais, mientras acaricia material autógrafo de Darío.

Doña Margarita Debayle, viuda de Pallais, es una dama con fortuna poética. Ni un solo gran inspirado de su tierra ha dejado de consagrarle versos, Fernando Buitrago Morales en junio 11 de 1920 le decía: “Margarita, me han dicho que el estanque, profundo y apacible de tus ojos, forma espejos muy hondos”.

Alberto Ordóñez Argüello también le dijo: “Ay Margarita Debayle, dulce madam de Pallais, vengo de la mar y estaba oscura de la guerra cruel. No era la mar de tu cuento, linda mar que vio Rubén”.

El hombre que a fine del siglo pasado deslizó una emoción nueva en la poesía de habla castellana tenía en el notable médico Luis H. Debayle, a uno de sus mejores amigos. Doña Margarita, la heredera legítima de los papeles de su padre, tiene con orgullo las cartas y tarjetas cruzadas entre su padre y Darío.

Era el año de 1908. Ya Rubén había dejado de ser, hacía mucho tiempo, el poeta niño. “Azul” lo había lanzado a la fama en Chile. Luego vendrían Buenos Aires, Nueva York y París. Ocho años antes de que muriera en la ciudad de León, dejó en el álbum de la pequeña Margarita su poema famoso: “Margarita, está linda la mar”.


lunes, 16 de junio de 2014

MARGARITA  DEBAYLE NOS HABLA DE SU ÉPOCA

Memorias  de una distinguida dama que inspiró el famoso poema de Rubén Darío. En: Novedades, domingo 7 de abril de 1968.
 
MARGARITA DEBAYLE
Una tarde de tantas, de esas que mueven el pensamiento al recuerdo, nuestro Encargado de “NOVEDADES CULTURAL” se presentó en la residencia de doña Margarita Debayle, no con la intención de hacer una entrevista de tipo periodística sino con el buen afán de entablar una conversación, que llevara el recuerdo de doña Margarita hacia el pasado, hacia aquel bello tiempo cuando Rubén Darío, nuestro máximo héroe cultural, era el mejor amigo del padre de doña Margarita, el Dr. Luis H. Debayle, sabio de la medicina y fino poeta. “Yo siempre tenía desde mi niñez un gran deseo de conocer a ese gran amigo y admirable poeta que mi padre tanto quería y mencionaba y cuando lo conocí me impresioné enormemente, pues todo él irradiaba simpatía, bondad y talento”, nos dice doña Margarita, mientras vuelve los ojos de su alma hacia el pasado, recordando la época ida, en declaraciones a nuestro Redactor Cultural. (Fotografía de Napoleón Zelaya).-

—Háblenos de su infancia, de su época

—De mi infancia solo tengo recuerdos gratos, pues teníamos un hogar muy feliz. -Mi madre era una Santa, linda y dulce mujer y mi padre estaba considerado como un gran cirujano pero al mismo tiempo era cariñoso y amante de la literatura y la poesía y le llamaban el sabio Debayle.

No sé si es que yo lo quería mucho y me esforzaba por complacerlo en todo; pero tengo el orgullo de pensar que yo era su predilecta.

Nuestro colegio, el Colegio de La Asunción, el mejor en esa época, estaba á una .cuadra de nuestra casa y como mi abuelo el Presidente Roberto Sacasa las trajo a Nicaragua y mi padre era el médico de ellas, éramos muy bien cuidadas por ellas y nos querían con especialidad. En el tiempo de mi infancia, no existían esas fiestas, ni bailes, ni romances con niños de nuestra edad y yo era tan piadosa que las monjitas decían que me iban a hacer monja.

Las vacaciones las pasábamos en nuestra hacienda Filadelfia y allí teníamos piscina, caballos de paso, coches con caballos,  etcétera., en fin todo lo mejor que una niña podía desear para ser feliz. Mi madre estaba todo el tiempo con nosotros en su hogar, cuidando de su esposo y de sus hijos. ¡Qué  tiempos aquellos tan distintos A los de ahora!

—  ¿Eran las relaciones sociales durante aquella época?

—Según mi criterio y lo que yo experimenté; las relaciones sociales eran muy cordiales, pero había mucha distinción y pulcritud. La mujer era la reina de su hogar y su vida la dedicaba a hacer feliz a los suyos; no había tantas fiestas como ahora; pero cuando las había eran esplendorosas.

En esos famosos bailes se repartían carnés con su lapicito a las Señoras y Señoritas, donde los hombres apuntaban y comprometían con ellas sus bailes; y eran ellos los que se peleaban por bailar con nosotras, y no las jóvenes las que los solicitaban A ellos; en esos momentos se repartía el champán y la orquesta tocaba música clásica. Yo siempre bailaba con uno de mis hermanos, la primera pieza, pues era la costumbre que la primera pieza se debía bailar con su novio o comprometido para casarse y hasta que tuve mi prometido o sea mi esposo con quien me casé le di a él la primera pieza del baile.

— ¿Le gusta la poesía moderna?

—Como dije antes, quisiera ser más culta en literatura, y sobre todo más moderna para poder apreciar muchas manifestaciones de la belleza moderna, que comprendo poco y por lo tanto no puedo gustarla a mi me parece que lo sencillo, lo armonioso es lo bello en poesía y talvez muchos intérpretes modernos caen en el error de querer interpretar lo complicado en formas aun más complicadas. Uno de los poetas modernos. que más comprendo y me gusta es Pablo Antonio Cuadra.

— ¿Cuántos años tiene de viuda?

—18 años tengo de estar viuda—

— ¿Por qué no se volvió á casar?

— Porque Dios no lo quiso así; de lo cual me siento muy satisfecha, pues ¿sí tengo más tiempo de dedicarme a Dios, a mis hijos y nietos, que complacen y llenan mi vida enormemente y también aprovecho lo que  más puedo para hacer caridades y así llevar algo al final de mi vida y merecer mejor vida futura, ya que esta por más felices que seamos no nos llena completamente y a cada paso nos decepcionan muchas ingratitudes.

—  ¿Usted seguramente, siendo niña, había oído hablar del Maestro, que impresión le causó Rubén?

—Yo siempre tenía desde mi niñez un gran deseo de conocer a ese gran amigo y admirable poeta que mi padre, tanto quería y mencionaba y cuando lo conocí me impresioné enormemente, pues todo él irradiaba simpatía, bondad y talento y aunque era aún muy niña, supe apreciar el especial cariño que el me demostró desde que me conoció.

—Cuándo Darío escribió para Usted el famoso poema. ¿Cuál fue su reacción sentimental?

—Como yo le pedí un cuento y él me lo narró en su poesía tan maravillosamente, yo me puse loca de alegría y para complacerlo me lo aprendí de memoria y se los recité y él al oírme me abrazó y besó efusivamente y le vi derramar unas lágrimas; y al preguntarle por qué lloraba, me contestó: “¡Porque te quiero mucho, mi niña, y los has recitado con mucho sentimiento”!

— ¿Después cuando Rubén vagaba por el mundo con toda su gloria a cuesta, cómo lo recordaba Usted?

--- Yo lo recordaba siempre como lo vi de niña y mucho rezaba por él, pues siempre mi padre nos leía sus cartas llenas de tristeza. Yo sentí mucho no estar en Nicaragua ni volverlo a ver.

Cuando él pasó por New York en 1916 venía ya muy enfermo rumbo a Nicaragua. Nosotros estábamos en Filadelfia y los doctores y amigos que lo acompañaban, por su estado, no dejaron ir a vernos al colegio como él deseaba; pero me escribió una carta en versos maravillosos describiéndome como él pensaba en su imaginación poética a su pequeña Margarita ya hecha mujer. Esos versos se los di a guardar a mi maestra de español Sister Asumption que era gran admiradora de Rubén. En ese mismo año después de seis meses de haber muerto nuestro gran poeta, nosotros llegamos a Nicaragua de vacaciones, y lo primero que me preguntó mi padre al verme fue por esos versos; yo le contesté que se los había dado a guardar a Sister Asumption por temor a perderlos. Mi padre inmediatamente escribió al colegio pidiéndolos y la Superiora le contestó que desgraciadamente Sister Asumption en esos días había muerto de un accidente y que la habían enterrado, como era la costumbre, con todos y su cofresito de cartas y recuerdos y que seguramente allí había puesto ella los versos.

¿Fue la época injusta con Rubén Darío?

—Yo creo que sí, como pasa siempre con los grandes hombres, que hasta que se mueren éstos genios son apreciados como se lo merecen.

— ¿Los contemporáneos de Rubén apreciaban el valor del poeta?

Los amigos y poetas de su época lo apreciaban mucho como lo demuestra la historia, ya que contó entre sus admiradores grandes poetas que fueron orgullo de las letras hispanas; uno de esos amigos y admiradores fue mi padre y él consiguió con el Presidente Zelaya que lo hicieran Ministro de nuestro país; pero en esa época pagaban muy poco y pasaba él dificultades que mi padre se las aliviaba mandándole lo que podía de dinero.

— ¿Daba Rubén la impresión de ser triste por naturaleza?

—Lo que yo recuerdo de él me parece que su semblante era triste, pues tuvo en su vida íntima grandes decepciones y sufrimientos y todos los honores que recibió en vida fueron muy poco para calmárselos.

—  ¿Cómo se siente usted ahora que es conocida en todo el mundo?

—Me siento muy orgullosa de nuestro gran poeta pues por él Nicaragua es conocida por todo el mundo y es también por su poesía que mi nombre de niña es conocido por todo el mundo, y también yo deseara ser superior intelectualmente para poder merecer tantos agasajos y honores que me hacen a causa de este maravilloso cuento que siendo niña yo le inspiré.

— ¿Cuáles son los poemas de Rubén que mas le gustan?

El que me gusta más es mi cuento; hay tanta armonía, tanta delicadeza, tanta imaginación que todas las niñas y niños se encantan con él y está traducido ya en varios idiomas para libros de lecturas para niños; también me gusta, “Era un aire Suave”; la Sonatina; estos tres versos están grabados en un disco Long Play que la compañía Istmo los grabó en el Centenario de Rubén  Darío, cuando yo los recité en el Teatro, y están a la venta en Centro América, Panamá y Sud—América.  La Marcha Triunfal es maravillosa y según me contaron en Madrid donde admiran y quieren tanto a Rubén, nuestro gran poeta se inspiró en el cambio de guardia que cada mañana y tarde se hacía en el Palacio Real de Madrid, en la Playa de Oriente. Me encanta La dama que tuja; Los Motivos del Lobo, en fin, todos, casi todo lo de Rubén me agrada, poesías y prosa, pues cuanto uno más los lee, más gustan y comprende.

“La época —nos dice doña Margarita—, fue injusta con Rubén, cosa que siempre pasa con los grandes hombres, que hasta que se mueren son apreciados como se merecen”. “Como yo le pedí un cuento y él me lo narró en su poesía tan maravillosamente, yo me puse loca de alegría y para complacerlo me lo aprendí de memoria y se lo recité y él al oírme me abrazó y besó efusivamente y le vi derramar unas lágrimas; y al preguntarle que por qué lloraba me contestó: "porque te quiero mucho, mi niña, y lo has recitado con mucho sentimiento”. Tal, en parte, son los maravillosos recuerdos de doña Margarita Debayle, la musa que siendo niña, inspiró uno de los bellos poemas de Rubén Darío. En conversación con doña Margarita, hemos recopilado sus recuerdos en forma cuidadosa, de tal manera que no pierdan el encanto que ella les imprimió con su palabra, por constituir valiosos testimonios de una época que produjo al genio más grande de América.’— 

Musa del Centenario. En: La Noticia, Managua D.N., viernes 6 de enero de 1967

La culta dama nicaragüense, doña Margarita Debayle de Pallais, electa Musa del Centenario por la Guardia de Honor de Rubén Darío, recibirá el homenaje emocionado del público Nicaragüense, durante la gran Velada Dariana el día 16 de enero, en el Teatro González.


domingo, 15 de junio de 2014

MONKEY POINT Y EL RÍO PUNTA GORDA EN EL TESTAMENTO DE JOSÉ DOLORES GÁMEZ. Por: Eduardo Pérez-Valle h.

¿Reincorporación o  Repartición  de  la Mosquitia?

Por: Eduardo Pérez-Valle hijo

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TESTIMONIO

"Número cuarenta y uno. En la ciudad de Rivas, Departamento de Rivas, a las once y media de la mañana, del ocho de Abril de mil novecientos diez y ocho. Ante mí, Samuel Jiménez notario público, de este departamento y testigos que nominaré, compareció Don José Dolores Gámez, a quien doy fe de conocer, de que tiene la capacidad legal necesaria para obligarse y para otorgar éste testamento, de que es agricultor, viudo, vecino de Managua, domiciliado en esta ciudad y mayor de edad, dijo: Primero: que es Nicaragüense, nacido en la ciudad de Granada el doce de Julio de mil ochocientos cincuenta y uno, siendo sus padres Don José Dolores Gámez y Dona Leonor Guzmán, ambos criollos, casados y vecinos de la propia ciudad de Granada"...

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    Suele oírse que la probidad en política, es ficción. Escogimos un tema singular de nuestra Historia para ejemplificar ese dicho breve y sentencioso. Hemos decidido abrir otra “ventana” de la Historia para mostrar un ejemplo sobresaliente cuyo origen o causa deberá colegirse.

   No es de ayer, que en nuestro país, la obtención de recursos destinados a la  implementación de proyectos públicos, inicia bajo abundantes cálculos técnicos y decires, y termina cobijado bajo viejos códigos del falseo. Cuando aparecen en el escenario constituyen sensacionales progenituras rodeadas del imaginario o de la abundante ficción colectiva; pero, otro de los factores que más multiplica los daños, ha sido la falta de políticas públicas gubernamentales con obligación de continuidad. 

    En este cometido ha de servir –a grandes rasgos— la historia del pretendido Ferrocarril del Atlántico, cuyos pergeños y primeros intentos de implementación empezaron hace más de dos siglos y medio. El asunto parecía “dar pie con bola” durante el gobierno de José Santos Zelaya (Zelaya (Managua, 1º de noviembre, 1853 - Nueva York, 19 de mayo,  1919†), y así, en 1897 arrancó otro de los soñados megaproyectos nacionales.

   Abarcaba el trazado, una línea ferroviaria a partir del puerto de San Miguelito en el Lago Cocibolca hasta concluir en la bahía de Monkey Point, con una extensión aproximada de 188 kilómetros. Los tramos más extensos incluían áreas en la Costa Caribe definidas en línea casi recta, en la misma ruta del Río Punta Gorda, en el Atlántico Sur.  Hubo maquinaria y construcción de algunos kilómetros de rieles y  durmientes.

   Con 17 millas de rieles instalados en la zona de San Juan del Norte, el dinero calculado para la obra ascendía a US$ 2, 645,035., con trabajos previstos durante 3 o 4 años.

    En la consecución de esos planes, el ferroviario y, después, el del Canal Interoceánico, el Presidente José Santos Zelaya contaba con el apoyo de José Dolores Gámez[1], el funcionario más cercano y de total confianza del dictador. Gámez formó parte del gabinete de ministros; desempeñó diversos cargos durante los 17 años, 3 meses y 5 días, sin interrupciones en el ejercicio del poder. 

    Tres años antes de iniciar el asunto de la línea ferroviaria, Zelaya emprendió la campaña militar en la Costa Atlántica, lograda en 1894 a través de las ejecutorias encabezadas por José Madriz. Allanado el camino, Zelaya empezó a configurar  negocios y llenó la tesorería particular y la de muchos adeptos.

    Con certeza se han enunciado, por diversos autores,  las faltas de probidad del régimen zelayista, La denominada “Reincorporación” asimismo incorporó negocios personales en la Costa Caribe de Nicaragua.

   La oportuna y esclarecida pluma del recordado intelectual y periodista Juan Felipe Toruño, legó a nuestras frágiles memorias, el artículo “Bodas Pasos-Zelaya”[2]. Toruño recordaba las depuestas controversias partidarias, superadas por las conveniencias económicas, ayuntadas y, “bendecidas”, ante el altar eclesial. Mostremos por esta “ventana” el testimonio de Toruño:

    Sobre este tópico de bodas elegantes y suntuosas en el Managua antiguo, también hay que citar el matrimonio de don Joaquín Pasos, con la señorita Juanita Zelaya, hija del primer matrimonio del entonces Presidente Zelaya.

   Don Joaquín Pasos fue uno de los conservadores granadinos, bautizado con el nombre de “probonos”. Era un grupo de ciudadanos nicaragüenses desafectos al régimen tiránico del general Zelaya, pero que cambiando de táctica, me refiero al grupo, no al partido, decidieron acercarse al Gobernante  el primer paso, fue el matrimonio de don Joaquín con la señorita Zelaya.

   Como las anteriores, la novia, hija de un Presidente y el novio proveniente de distinguida familia granadina, la boda fue un acontecimiento social.

   El cortejo nupcial salió de la residencia de la prometida, la misma casa donde estuvo por años la Librería Alemana, y donde antes vivía doña Juana López de Zelaya, la madre de don Santos.

   El matrimonio trajo como consecuencia el acercamiento de un grupo granadino al régimen imperante y la formación de los famosos monopolios, uno de los motivos que tuvo la oposición al régimen para levantar la bandera de la rebelión contra el gobernante que durante 17 años rigió los destinos de Nicaragua.

  Y surgieron entonces los monopolios del aguardiente y del tabaco, cuyas oficinas estaban, la del aguardiente, en la casa de dos pisos donde hoy está el almacén Kellerman, pero cuya construcción era distinta, aunque tenía dos pisos.

  Era propiedad del doctor Luciano Gómez, omnipotente personaje de la época; las oficinas del monopolio del tabaco estaban sobre la calle de Candelaria, en la casa que creo hoy es de la propiedad del doctor Emilio Álvarez Lejarza. 

Desde luego que dichos monopolios fueron motivo para el enriquecimiento personal de los monopolistas, entre los que figuraban el señor Pasos y los demás "probonos"" granadinos y adictos a Zelaya
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     Lo anterior pertenece a ese tipo de antigua intrepidez oportunista en los escenarios de la “vida social” y en el seno de los partidos políticos de Nicaragua. La “Reincorporación” constituyó otra especie de “matrimonio por conveniencia”, en esa vez, con la abundante y promisoria riqueza de la región. José Santos Zelaya tenía otro “horizonte”, distinto al que pudieran describirle los encargados de mantener “el orden”. Algo de eso podemos conocer por medio de la carta enviada por Rigoberto Cabezas al Gral. Zelaya:


 "En vista de lo que es este territorio, de la riqueza que esto promete, de los edificios públicos que estamos ocupando, de la renta que se puede organizar y del prestigio político que esto da al partido liberal, cada vez me siento poseído de la convicción de que al aprovechar el momento oportuno se ha hecho lo mejor que se podía hacer[3]

   De la misma manera podríamos localizar otras “entusiastas” misivas, como de igual manera encontraríamos a diversos intercesores cuyos ejes visuales sólo ubican la figura falsa del Gral. Zelaya, atribuyéndole portentos nacionalistas y situándolo como el adalid de la política pro recuperación de la soberanía agraviada por las compañías norteamericanas.  Uno de esos, desacertado, es Jaime Wheelock Román, quien le concede inmerecidos créditos por haber “cancelado concesiones” a compañías yanquis. Sobre este particular es bien sabido que Zelaya, en el intento de contener su salida del Gobierno, accedió a todas las demandas del Gobierno de Estados Unidos, y se “bolseó” para dar parte de su dinero, en cumplimiento de lo acordado, pero de nada le sirvió.

   En aquel desenlace de Zelaya como dictador, sirvió de “punta de lanza” uno de sus más conspicuos seguidores, el General Juan J. Estrada, quien levantó la espada y apuntó su arma desde el cargo conferido por el propio Zelaya. Desde la Costa Atlántica, el Gobernador e Intendente de esa región encabezó la revolución que lo forzó a salir del país. En aquel enfado elevado a guerra intestina, Estrada proclamó contra su antiguo jefe:

EL ROBO ELEVADO A CATEGORÍA DE GOBIERNO

"El robo lo elevó Zelaya a categoría de gobierno. Y ha constituido rigurosamente en diez años atrás, el único número de su programa administrativo. "Monopolios de tabaco, de aguardiente, de especies fiscales, de navegación en los lagos y en los ríos; concesiones de destace, de pesca de hulería, de minas de perlas de sal; desfalcos horribles en la Hacienda pública; empréstitos interiores formulados a nombre de la nación para su propio bolsillo; las aduanas libres para sus cómplices y mil infamias más, que han agotado todas las fuerzas de los nicaragüenses, paralizado de modo triste el progreso nacional y apagado todo lo que es luz, idea, libertad". 

¿REINCORPORACIÓN O REPARTICIÓN DE LA 

MOSQUITIA?

  La Mosquitia, cuya recuperación costó tanto esfuerzo al patriotismo nicaragüense, dejó de ser presa de los negros de Jamaica para convertirse en despojo palaciegos, en complicidad con unos cuantos norteamericanos que a la postre se adueñaron de todo.

   La repartición de terrenos en la costa del Caribe entre los partidarios, daba frío. Y se adoptó el sistema de no dar publicidad a las transacciones, como lo mandaba la ley, y hacer de ellas, solo vagas referencias. Por último se decretó que para la denuncia de terrenos en la Costa, bastaba su publicación en un periódico de Bluefields, en vez de publicarlo en el Diario Oficial.

JOSÉ DOLORES GÁMEZ TESTA Y OTORGA MONKEY         
POINT…

    Ahora corresponde escrutar los datos antes expuestos y localizar otros elementos de juicio alrededor de las actuaciones del General José Santos Zelaya y de don José Dolores Gámez.  Aportar otros elementos de convicción ante el severo juicio de la Historia, o bien, como diría el Dr. Emilio Álvarez Lejarza: ante “La Historia, Tribunal de Última Instancia”.

   Con el Testamento otorgado por José Dolores Gámez y las citas íntegras de algunas cláusulas pertinentes, al tema en cuestión, cada quien deberá colegir sobre lo indicado. ¿Hubo “Reincorporación o hubo Repartición de la Mosquitia? ¿Primaron otros intereses sobre la explicación pública de dotar al país de un Ferrocarril al Atlántico? Conozcamos qué  revela el documento; lo que declaró y otorgó el otrora Ministro de José Santos Zelaya que estuvo relacionado con el trazado de la línea ferroviaria iniciada en 1897:

Testimonio número cuarenta y uno. En la ciudad de Rivas, Departamento de Rivas, a las once y media de la mañana, del ocho de Abril de mil novecientos diez y ocho. Ante mí, Samuel Jiménez notario público, de este departamento y testigos que nominaré, compareció Don José Dolores Gámez, a quien doy fe de conocer, de que tiene la capacidad legal necesaria para obligarse y para otorgar éste testamento, de que es agricultor, viudo, vecino de Managua, domiciliado en esta ciudad y mayor de edad, dijo: Primero: que es Nicaragüense, nacido en la ciudad de Granada el doce de Julio de mil ochocientos cincuenta y uno, siendo sus padres Don José Dolores Gámez y Doña Leonor Guzmán, ambos criollos, casados y vecinos de la propia ciudad de Granada…

José Santos Zelaya y José Dolores Gámez
  
PAPEL SELLADO ÚTIL DE LEY CORRESPONDIENTE AL FOLIO DONDE ESTÁ LA CLÁUSULA "DÉCIMO CUARTO"


REVERSO DE LA ANTERIOR HOJA DEL TESTAMENTO DE DON JOSÉ DOLORES GÁMEZ, EN DONDE LE DEJA A FAMILIARES LA BAHÍA DE MONKEY POINT Y OTORGA EL RÍO PUNTA GORDA CON AMPLIAS EXTENSIONES EN SUS DOS RIBERAS.

  El encontronazo, con esta evidencia, ocurre cuando Gámez declara en la siguiente cláusula: 

Décimo Cuarto: que el monto de sus bienes, además de los adquiridos durante la sociedad conyugal ganancial con su finada esposa, consta de varias casas, que tiene en la ciudad de Managua, y que por ser bien conocidas de sus herederos no enunciara, así como también la de una vasta extensión de terrenos que en común con el General Don Santos Zelaya tiene en la costa atlántica, abarcando la bahía de Monkey Point y el río Rama o “Punta Gorda” con   toda su parte navegable e importantes zona agrícolas, hacia el interior de la República y cien caballerías más de terreno en el antiguo trazado del ferrocarril al Atlántico, en el punto llamado El Almacén en la parte alta del río Punta Gorda..

    La historia registra que Zelaya llegó a poseer 6 millones de pesos oro, fruto de saber utilizar el verbo "incorporar". Entonces, seguiremos inquiriendo: ¿Tuvo honradez administrativa? El Testamento de José Dolores Gámez es irrebatible; ya alejado del poder, legó los bienes “adquiridos” que confiesa le pertenecen junto al Gral. José Santos Zelaya.  Ese personaje, “el de la línea del tren” es el mismo que por falta de sindéresis legislativa, el 2 de marzo de 2011 fue declarado “Héroe Nacional” de Nicaragua, y que ahora, por esas complacencias mutuas de la política criolla tiene estatua dentro de un parque en las cercanías de la Asamblea Nacional de Nicaragua. En verdad, en este país no deja de escucharse ese dicho breve y sentencioso: “la probidad en política es ficción”.




ÚLTIMA HOJA DEL PRIMER TESTAMENTO DE DON JOSÉ DOLORES GÁMEZ. POSTERIORMENTE OTORGÓ OTRO TESTAMENTO, REFORMADO,  EN TESTIMONIO No. 76, PROTOCOLO No. XII DEL NOTARIO SAMUEL JIMÉNEZ, DICTADO EN RIVAS, EL 8 DE NOVIEMBRE DE 1946.



Notas:

[1] José Dolores Gámez se convirtió en el “Hombre de confianza” de Zelaya. Fue Ministro de la Guerra durante la Revolución del 93. Diputado a la Asamblea Legislativa por el Departamento de Rivas. Fue cuando se promulgó la Constitución Política, llamada la libérrima, que firmó Gámez como Constituyente en 1903. Ministro de Relaciones Exteriores, viajó con algunos familiares por países de Europa, como Inglaterra, Francia, España y otros. Ministro de Gobernación.

[2] BODAS PASO – ZELAYA Por Juan García Toruño. En: El Centroamericano. León, 20 de agosto de 1967.

[3] Cfr. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, Tomo XII, 1953. Pág. 61.

sábado, 14 de junio de 2014

Don Eugenio Lang, fundador de FERRETERÍA LANG

CUANDO SE ARRANCAN LAS HOJAS DEL CALENDARIO DE DOS SIGLOS DISTINTOS. En: La Prensa, 12 de Noviembre de 1968.


En más de sesenta años de trabajo se pueden vivir muchas situaciones diferentes, que coloquen al hombre, frente a muchas alternativas. Y para desarrollar una vida de trabajo, de más de medio siglo, se tiene que haber vivido casi el doble de tiempo.

Es cierto, que en los años presentes las cosas transcurren más rápidamente. Que no es condición indispensable vivir muchos años, para presenciar cambios notables en el proceso evolutivo de la humanidad. Que la tecnología que respalda al hombre del presente, difiere notablemente de la del siglo pasado, circunstancia por la cual, posiblemente, un cuarto de siglo sea suficiente para ver y vivir cambios notables. Pero seguramente, la permanencia de un hombre en esta tierra, por espacio de casi un siglo, debe proporcionarle mucho mayores satisfacciones y experiencias. Porque significa, haber sido testigo de todo un proceso de civilización, con todos sus aciertos y errores, con todas sus satisfacciones y  amarguras. En una palabra, de manera más intensa, más humana.

Cuando a fines del siglo pasado, en 1897, salió de Alemania, su
tierra natal, don Eugenio Lang, probablemente nunca pensó que su meta definitiva fuera Nicaragua. Bastante distante estaba este pedazo de tierra americana, de aquel europeo de Oehrigen, en Wuertemberg, provincia alemana, en donde había nacido en 1874. 


Las corrientes migratorias originadas en Europa, tenían como principal destino a los Estados Unidos de Norte América; los países latinoamericanos eran poco escogidos excepto aquello que, como Argentina, Chile y México, habían promovido la inmigración europea, en busca de mano de obra calificada, y del concurso técnico que se podía importar del Viejo Mundo a través de ellos. 

PUBLICIDAD EN LA REVISTA "EDUCACIÓN" DE LOS HERMANOS CRISTIANOS DEL INSTITUTO PEDAGÓGICO DE MANAGUA.  Número 37, Año VII., SEPTIEMBRE DE 1925.

Don EUGENIO LANG, fue contratado para trabajar en México, por la Casa Sommer, Hermann & Co. de Hamburgo, con quienes estuvo por espacio de dos años en su establecimiento, y  dos años de viajero con muestrario por todo México. Concluido su contrato, resolvió visitar a su hermano Herbert, que vivía en New York, donde decidió quedarse para trabajar y estudiar en la Universidad de Columbia hasta concluir en el año de 1904.

Su decisión de viajar a Nicaragua fue puramente casual; en New York, el Cónsul General de Alemania, estaba buscando un secretario para el Consulado de Alemania en Nicaragua, don EUGENIO recibió la propuesta y de inmediato, decidió embarcarse para acá donde trabajó con el señor Vice-Cónsul, Don JUAN HAETASCH, que por aquel tiempo era el representante de Alemania en nuestro país.

Seguramente que para ese entonces, la vida de Managua fuese muy tranquila. Probablemente con la veinteava parte de su población actual, con menos importancia comercial, con menos inmigración interna, etc., empezando la mutación que sufre la aldea para convertirse poco a poco en ciudad. Las labores consulares, dada la importancia del país, seguramente no eran muchas. Todo lo cual, para alguien con experiencia de trabajo en Europa y EE. UU., inclinaron al joven extranjero a decidir que debía de ocupar mejor su tiempo y es así, como decide dividir su tiempo, trabajando para el Consulado medio día, y para la Casa Brockmann, el otro medio día.

En 1909, don EUGENIO, dio la primera manifestación de haber decidido hacer de Nicaragua su segunda patria; efectivamente, ese año, contrajo matrimonio con la señorita Juana Zelaya, y  para esa fecha, también ya trabajaba de manera independiente, pues habían concluido sus compromisos de trabajo con el Consulado Alemán y la Casa Brockmann. Enviudó pocos años después, de ese matrimonio nació Don ENRIQUE LANG. Sus otros hijos: Don FEDERICO, Don GUILLERMO, Doña LUISA y Doña OLGA, son fruto de su segundo matrimonio, efectuado en 1915, con la apreciable señora Doña María Habid de Lang.


La vida del señor Lang es el símbolo de la constancia y el esfuerzo; una vida prolongadísima que ha sufrido todas las alternativas posibles, y dentro de las cuales, siempre han descollado el esfuerzo y la paciente labor del hombre dedicado a su trabajo.

Durante el terremoto de 1931, vio caer el edificio que ocupaba su negocio, frente a la actual Casa Dreyfus, y no hubo pólizas que lo respaldaran al ni resarcieran sus pérdidas. En 1941, al entrar Nicaragua en guerra con Alemania, fue recluido en el campo de concentración que se estableció en la Quinta Eitzen, en Managua, y posteriormente deportado del país y cerrado su negocio.

Sin embargo, con toda la energía y dinamismo que ha sido su característica, reconstruyó su negocio empezando en un galerón de madera después del terremoto, lo volvió a reconstruir a su regreso del destierro, construyó la esquina del magnífico edificio que actualmente ocupa la Ferretería Lang en 1938, el cual amplió años más tarde, con un edificio de seis pisos anexo, sobre la Avenida Bolívar, y hoy, al llegar a los NOVENTA Y CUATRO AÑOS de edad, ve también ampliados sus testimonios de trabajo con la conclusión de un nuevo edificio comercial sobre la Calle 15 de Septiembre.

Es claro, que dentro de sus alternativas a través de la vida tan dilatada, se ha sumado a su esfuerzo, el esfuerzo y  la capacidad de uno de sus hijos, Don FEDERICO, quien es el que desde hace muchos años está al frente de los negocios, y quien ha canalizado el prestigio que su padre adquirió en pro del crecimiento del patrimonio que éste forjó a través de su vida tesonera.


Muy lejos deben de parecer los recuerdos de su patria natal, a este hombre que ha arrancado las hojas del calendario de dos siglos distintos. Un enorme tesoro espiritual debe de haber acumulado, puesto que siempre optó por el camino más dura de la vida: la honradez y el trabajo. Y muchas satisfacciones debe de representar para él, hoy que al cumplir NOVENTA Y CUATRO AÑOS, rodeado de todos sus hijos, 23 nietos y 12 biznieto, recibe el triunfo de toda una posteridad agradecida.