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Introducción de Eduardo Pérez-Valle h., Editor-Redactor del
Blogspot:
En testimonio brindado por la Comandante Doris Tijerino
Haslam a la periodista Helena Ramos para la revista “7 Días”, edición 550 del
15 al 31 de Diciembre de 2008, publicado bajo el título “Doris Tijerino: mi
feminismo es de raíz marxista”, la entrevistada recordó las circunstancias
dramáticas y el heroísmo demostrado por el guerrillero urbano Julio Buitrago
Urroz, que perdió la vida en desigual y cruento enfrentamiento militar escenificado
en contra de numerosos miembros de la Guardia Nacional Somocista en las
inmediaciones de Las Delicias del Volga. Tijerino Haslam fue capturada junto a
otras guerrilleras, sometidas a vejámenes y terribles torturas físicas. Cuando
al fin ocurrió el proceso judicial, el representante-acusador del Ministerio
Público, doctor Raymundo Romero Chávez intentó sustraerla de sus convicciones
mediante una singular e indecorosa propuesta, precedida por una mano extendida
en saludo la que Doris Tijerino atendió y conjuró con la izquierda.
Esta “Ventana” hacia el pasado recobra el instante de ese memorable hecho, y
entrega el insustituible testimonio fotográfico de 1969, que fue recordado por
la testimoniante, en 2008.
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EL TESTIMONIO EN PALABRAS:
[…] “Fue arrestada por primera vez después de la masacre del 22
de enero del 67. “Para entonces la Seguridad no sabía que yo estaba en el
Frente, me tenían registrada como militante del Partido Socialista, y salí a
los pocos días, gracias a la gestión de una hija de Lorenzo Guerrero casada con
Guillermo Urbina Vásquez, del Partido Liberal Independiente. Ella tuvo una niña
y el papá le preguntó qué quería de regalo y tengo entendido que le pidió mi
libertad; él le dijo que yo no estaba detenida pero ella insistió en que sí lo
estaba, él ordenó que me buscaran, aparecí y me soltaron”.
“Pasar a la clandestinidad en el 68 significó para Doris
separarse de su hijo: “Mi mamá asumió la crianza, y él estaba muy chiquito,
tenía dos o tres años...”. Luego sobrevino otra prueba: el 15 de julio de 1969
la casa de seguridad cerca de Las Delicias del Volga fue rodeada por la Guardia
Nacional. En la vivienda se encontraban Gloria Campos, su pequeña hija Martha,
Mirna Mendoza, Doris y Julio Buitrago, miembro de la Dirección Nacional del
Frente Sandinista y jefe de la resistencia urbana. Sólo ella y él eran cuadros
clandestinos; Julio murió combatiendo; Doris cayó presa y fue violada y
torturada. Pero, en vez de sentirse amedrentada, denunció las vejaciones cuando
la llevaron al juicio. El escándalo de esta clase no le convenía al régimen, y
trataron de resolver el problema “por las buenas”: “Raymundo Romero, el fiscal
del proceso, llegó a ofrecerme una beca para Francia o donde yo quisiera, con
mi hijo o con las personas de mi familia que yo quisiera, a cambio de que
retirara la acusación”. Ella rechazó la proposición con bravía serenidad.”
EL TESTIMONIO EN FOTOGRAFÍA:
No fue la única mujer violada en prisión: “Por ejemplo, Lesbia Carrasquilla sufrió unas torturas salvajes, trataron de destruirla... La
Seguridad utilizaba mucho el hecho que una era mujer para hacer más dura, más
denigrante y humillante la tortura...”.
“Pese a que tenían tanta asesoría norteamericana, coreana,
israelita, qué sé yo de quién, ellos no se superaban. No sabían hacer un buen
interrogatorio, lo suyo eran golpes, y a veces eso resultaba ser una ventaja
porque una perdía el conocimiento y ya no podía hablar...”.
“Al comienzo me dieron por desaparecida, no estaba en los
registros porque había sido llevada a la Seguridad arriba de La Loma, pero
después un matagalpino hijo de alemanes –si mal no recuerdo, se llamaba Carlos
Vogl– logró trasladarme a la Quinta Sección... Lo hizo porque un oficial de
alta graduación quería pegarme; entonces, Vogl ordenó el traslado.
Era tal la
cantidad de prisioneros que no había un control estricto y pude salvarme.
Cuando salí de la Oficina de Seguridad y me metieron a una celda y cerraron las
rejas, me sentí liberada porque pensaba que para volver a golpearme y tocarme
tenían que abrir esa puerta... Antes yo estaba con una capucha, cualquiera me
podía dar un golpe y yo no lo podía ver... Para mí, estar detrás de una puerta
cerrada era la liberación”.
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