miércoles, 9 de julio de 2014

TRES MOMENTOS EN LA DANTESCA AGONÍA DE LA LAGUNA DE TISCAPA 1969 - 1986 - 1990...

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LAGUNA DE TISCAPA, 1938. Fotografía de Don Adán Díaz F.
Archivo Histórico "Dr. Eduardo Pérez-Valle"
LAS MUJERES QUE HAN ENVEJECIDO EN LAS PIEDRAS. Por: Ángela Saballos. En: La Prensa, 14 de Marzo de 1969.

Como parte del paisaje las lavanderías de Tiscapa se ven desde el borde de la laguna. La ropa tendida en las rocas, niños correteando de un lado a otro, la vida agridulce que se mueve en medio del jabón, del paste con el que friegan, de los pescaditos que les pican las piernas metidas hasta más arriba de la rodilla en la suave agua de Tiscapa.

En su mayoría ancianas, las lavanderas han pasado su vida en esas piedras, veredas tan escarpadas para bajar y subir que sólo la costumbre facilita.

“La que más ha trabajado aquí es doña María pero no está, ¿por qué no va donde doña Nila o doña Fabiana? Son aquella de esas piedras”.

Y casi cayéndome llegué donde aquellos monumentos rugosos de ancianidad y trabajo.

Doña Nila prefirió decir que era sorda, pero doña Fabiana de lo más cooperativa respondió:

“Aquí en envejecí, pero soy de Matagalpa. Mi nombre no es el que le dije. Como es para La Prensa, mejor hablo de verdad. Me llamo Fabiana Aráuz y tengo 35 años de trabajar aquí. Andaba en 17 años, recién casada cuando mi señor decidió venirse a Managua. Lo seguí. Pero ahora quedé sola, sin hijos… Agarré este trabajo para pasar mi vida. Tengo 70 años.

Con las piernas y cabeza envueltas en trapos, las canas peinadas, las manos ocupadas restregando ropa, enjuagándola, doña Fabiana se interrumpe un instante… “¡Parece que tuviera algo en las canillas de tantos piquetes de pescado!” Y me enseña a los pecesitos que ajenos a nuestra plática nadan felices, de vez en cuando mordiendo los pies descalzos y extranjeros en las aguas.

POR LO MENOS NO HAY CALOR

“Capaz que una se asfixia en calor de Managua, comenta; “porque aquí con esta brisa que corre nos refrescamos mucho”.

Pagando un córdoba diario, las lavanderas tienen derecho a usar las rocas en las restriegan la ropa.

Hay una parte de la laguna que han abandonado perpendicular al Parque Lilliam “porque llegan muchos vagos a fregar, y a decir vulgaridades. Nosotras aunque pobre, sabemos usar bien la lengua, además, hay una robadera terrible en ese muchachero”, comenta una de ella, más joven. “Ahí sólo doña María la más viejecita llega, porque ya se acostumbró, y no puede lavar en otro lugar”.

NUNCA HE IDO A UN HOSPITAL

Más hacia el sur está Rosa Emilia Muñoz, con 21 años de llegar a la laguna.   “¡Soy de Nandasmo, señorita, la ciudad del Chorizo!”. “Yo sólo sé decir que nunca he ido a un hospital, jamás he molestado a una enfermera”.

Quemada por el solo como todas, Rosa Emilia es de lo más amable y sencilla. De unos 60 años de edad cuenta que ella aprendió a leer en un libro prestado. “Así aprendí aunque fuera el B CH D”. El que no sabe y el que no trabaja es porque es muy haragán”, comenta.

DIESEL CONTRA REUMATISMO

Rosa Emilia ha tenido sus hijos en la laguna, los ha criado allí mismo en Tiscapa donde llegan desde temprano y salen a veces hasta las 6 y media. Como remedio para evitar el reumatismo, usan aceite diesel. “En las gasolineras se portan bien, porque por 25 centavos nos dan una botellilta”.

Cuentan que “esto no era así”. “Era un caminito lleno de piedras, pero como mandaron un tractor, ahora se camina mejor, pero nosotras nos cruzamos a la parte de las piedras”.
Cada lote de rocas que ellas alquilan tiene su dueño. A veces una de ellas les renta el sitio a las otras.

Algunas lavanderas han prosperado con los años, o sus hijos les han dado casas, por lo que se vuelven “propietarias” y dejan de lavar.

QUE NO NOS RETRATEN

“Mire, aquí somos todas necesitadas, y hay días en los que no comemos porque no logramos ajustar la plata necesaria, verdad Angelita”. Y diciendo esto se dirige a su compañera de trabajo, Ángela Abea, leonesa de 69 años.

“Pues sí, y ve”, responde Ángela, vestida como todas ellas y tan amistosa como Rosa Emilia, “pero como otro oficio no tenemos, éste es el machete”. Se interrumpe un momento para llamar a uno de los hijos, “¡Ideay, vení regá la ropa!” Corriendo un muchachito se acerca a cumplir con el mandato, como de veinte años, mece a un tiernito en su hamaca”.

“¡Que no nos retraten, eso sí que no! Ya estamos muy viejas. Una vez me retraté y después me arrepentí!”. Coqueta como mujer  que es a pesar de los años, Ángela prefiere que no la fotografíen.

Una vende-frescos pasa cerca de ellas y la encargan el almuerzo. A veces ellas traen su comida lista, pero este día prefieren comprar C$1.75. para así repartirla entre los acompañantes.

EL SENADO DE TISCAPA

“Las señoras que prefieren no contestarle es porque tienen miedo de meterse en problemas”, comenta una de ellas, refiriéndose a doña Nila de 90 años y con cuarenta de bajar a Tiscapa.

“Doña Nila tiene hijas que parecen sus hermanas”. “Todas viejecitas, pero fuertes porque se alimentaron bien en su tiempo”.

Y allá están las que forman la Cámara Superior del Senado, o podría llamársele también, El Consejo Superior de Ancianas: Doña Nila, 90; doña Mercedes Reyes, 80, las dos surcadas de arrugas, fumando un puro grandísimo y negro; doña Fabiana 70, “la señora blanquita”, como le llaman porque es la más clara de tez.

Son las que ya no abandonan sus piedras, ni su laguna, por muy viejas, o por muy cansadas han de ir diariamente. Entre una pieza y otra de ropa se quejan y comentan de la cantidad de trabajo de las exigencias de los clientes, de que las encuentran no importa dónde ellas estén, y hasta el fondo de la laguna llegan incesantemente los motetes de ropa. “¡Más y más motetes, y todos para hoy!” Se desesperan dichosas de poder desesperarse y comentar.


“Y don Pedro Joaquín”, preguntan todas. “¿Se va a acordar de nosotras?” “¿Vamos a salir en La Prensa?” Y poco a poco, a medida que escalo jadeante la subida, va quedando abajo el reino de estas mujeres trabajadoras, que gozan y viven de la Laguna de Tiscapa. Las dejo en su paraíso hueco tan dentro de la ciudad y tan distinto a ella.

******************Ω Ω****************** 1986

TISCAPA NO APTA PARA LOS BAÑOS. En: La Prensa, 20 de enero de 1986.

Las aguas de la Laguna de Tiscapa no se encuentran en estos momentos aptas para el baño de los veraneantes, se conoció en la oficina de Divulgación de la Alcaldía de Managua.

Actualmente la institución ha anunciado una prohibición que se suspenderá cuando se realicen los estudios pertinentes de sus aguas, labor en la que se encuentran involucrados la Universidad Nacional, el Instituto de Recursos Naturales y del Ambiente y la misma Alcaldía.

“Año con año la Alcaldía prohíbe en cierta época bañarse en las aguas de la laguna, debido a que se produce un cambio en su aguas, ya que las lluvias  arrastran hasta ella sedimentos  lodo”, dijo Ileana Machado, encargada de Divulgación de la Alcaldía

Se espera que al igual que el año pasado la prohibición se interrumpa antes de la Semana Santa, ya que la laguna por su cercanía es el balneario más concurrido de los managuas. 

******************Ω Ω Ω Ω Ω Ω Ω Ω****************** 1990

                                                                                                                     

RÉQUIEM PARA TISCAPA. Por: Jorge Jenkins M. En: El Nuevo Diario, junio de 1990.

Con la entrada del invierno las primeras lluvias torrenciales comienzan a causar los ya conocidos destrozo de todos los años: aluviones cada vez más caudalosos que bajan de la Cuenca Sur de la ciudad, azotada por un despale inmisericorde y el mal manejo de cuenca. Managua tiene tantos cauces que con sus materiales se podrían haber construido ya varias carreteras y obras importantes. Pero a pesar de sus constantes ampliaciones y reparaciones, los cauces cada día son insuficientes porque el despale continúa en las partes altas de las sierras. En el verano basureros, y en la estación lluviosa caudalosos ríos que irremisiblemente llevan toda su descarga  de sedimentos y desechos contaminantes al Lago Xolotlán. Ríos esporádicos y lagos forman una Venecia trágica, donde la población vive al sobresalto de la posibilidad muy real de los desbordes e inundaciones, y luego de las enfermedades derivadas de esta caótica situación. La capital a orillas de un basurero de residuos sólidos, se recrea en otro basurero de inmundicias que es su lago, quien ahora cobra venganza al devolverle a los managuas, insectos vectores de enfermedades y condiciones generales de insalubridad.

TISCAPA ABARROTADA DE BASURA
Como si fuera poco, el abandono de las consideraciones ambientales está amenazando a otros cuerpos de agua que traen beneficios a la población: Asososca está sobreexplotada  y bajo amenaza de intrusión del agua contaminada del Lago Xolotlán; el turismo desorganizado y el despale están afectando Xiloá y Apoyeque; Nejapa está quedando en un charco lodoso; Acahualinca queda ya sólo para enseñar a las futuras generaciones cómo se mata una laguneta, y Tiscapa, potencial reserva de abastecimiento de agua potable para la capital que más agua tiene, pero no la tiene para el uso humano, está sufriendo un agudo proceso de contaminación.

TISCAPA MERECE UNA REFLEXIÓN

Tiscapa se muere y merece al menos una reflexión. Al verterle el caudal y basuras de varios cauces con pretextos demagógicos y profundo desprecio por la naturaleza y la población, se embarró el espejo de unos de los cuerpos de agua más bonitos y potencialmente más útiles de Managua.


Sedimentos, basuras de todo tipo, cadáveres de animales, heces y químicos, hacen ahora de esta laguna un lugar peligroso para el baño, cuando no potencialmente apto para favorecer la transmisión de enfermedades. Es cierto que en el pasado Tiscapa ha tenido un cierto nivel de contaminación, especialmente por las lavanderías que ahí existían, pero su acción era moderada y en nada comparable  al inmenso volumen de contaminación que le añaden los cauces año con año. En el sector oriental de la laguna se encuentra el vertedero de los cauces, que bien podría ser el de una pequeña central hidroeléctrica. Como una lección de la naturaleza nada queda ya del emprendimiento de diversión y del anfiteatro que ahí se montó; todo quedó sepultado por las aguas, y las luces de espectáculos quedaron como candilejas, sumergidas en la nostalgia. 

Como si fuera poco, las acciones de organismos ambientalistas que voluntariamente han sembrado árboles en sus laderas, se han visto desalentados por acciones irresponsables de quema de las laderas y tala de sus incipientes bosques.

La contaminación acelerada de Tiscapa amenaza también a las aguas subterráneas de donde se nutren los pozos de la ciudad (la laguna puede considerarse como un pozo más, enorme, de origen volcánico), pone en riesgo a las distintas formas de vida que se encuentran en sus aguas, estropea sus valores escénicos, restringe su uso y coloca, en fin, al borde de constituirse en un foco contaminante en medio de la ciudad.

Oremos managuas, que estamos en primera fila para asistir al sepelio ecológico de Tiscapa, de ver cómo una ciudad mata sus propios recursos, y limita la oferta de uno de los elementos más valiosos para la vida: el agua. La paradoja de tener agua, mucha agua Mana-agua, que no nos podemos beber, puede llevarnos a situaciones muy difíciles en el futuro. Venecia tropical, estrangulando sus posibilidades. Réquiem para Tiscapa. Ojalá la sed del futuro mejor nos alienta a la acción del rescate. 


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