viernes, 16 de mayo de 2014

DR. ANDRÉS VEGA BOLAÑOS: CULTOR DE LA HISTORIA. Por: Eduardo Pérez-Valle hijo




El historiador francés Antonio Varillas (1624-1696) famoso por sus libros de historia llenos de mentiras y premeditados errores, al cuestionársele respondía: --“Posiblemente eso que me señaláis es como decís; pero, ¿no está mejor como yo lo cuento?

En nuestro país  siempre han surgido abundantes párrafos  plagados de buena imaginación, por lo general provienen de las oportunas conveniencias económicas y políticas... Podríamos enumerar interminables relatos, antiguos y arraigados, provenientes de advenedizos productores de escarceos de historia nacional; debido a esto, gran cantidad de acontecimientos han quedado perpetuados con la asentada expresión: “Lo que dije, dicho está”. Si es cierto bien… si no lo es, también.  

Entre los nicaragüenses precursores de la investigación documental, rigurosa, y bajo perspectiva científica, en Archivos extranjeros, permanece inscrita la labor del doctor Andrés Vega Bolaños. Un gran momento de aquel trabajo agotador de este apóstol de la Historia, aconteció el 17 de febrero de 1953. En aquella fecha, la alegría asomó en el rostro del insigne diplomático y miembro de número de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, cuando recibió en Madrid la autorización para imprimir el primer tomo de documentos históricos del S. XVI sobre Nicaragua, bajo el título de “Colección Somoza”.

¿Cuánto sufrimiento intelectual hubo de padecer en aquella espera? Algo de ello podemos conocer por medio de las cartas de trabajo: “Estoy abrigando la ilusión de que ésta será mi última súplica y de que ya mereceré contestación afirmativa al logro de mis proyectos. Recibí el acuerdo autorizando la formación de la tan soñada y mendigada Colección Somoza”.

Cientos de gestiones, días completos viajando en automóvil de Madrid a Sevilla, en busca de los documentos inéditos en los Archivos, de Simancas, el General de Indias, en el Archivo del Ministerio de la Marina, etc., aportando su escaso dinero personal en la consecución de esa primigenia  y ubérrima colección de documentos.

Para su agobiado corazón de roble enfermo, la Historia es el elemento vivificante de su inagotable energía. Nos lo transmiten sus propias palabras: “Por la razón fundamental, para mí premiosa, de no gustarme la vida sin trabajo, o dicho de otra manera, de serme fundamentalmente necesario estar atento y ocuparme de algo, me he anticipado a dar órdenes al copista de mi amistad en el Archivo General de Indias, proceda a trabajar. Estoy seguro de no recibir ninguna contraorden y de que pronto dispondré de dinero con que pagar y poder proseguir trabajando con la intensidad que me interesa”.

Un lunes, 9 de noviembre de 1953, cual prodigo y amoroso padre, el Dr. Vega Bolaños observaba en la imprenta el inicio del tiraje del primer tomo, mil en total, de aquella obra trascendental para la Historia Nacional; muchos posteriormente han reconocido su importancia y sus resultados, pero dejemos la más certera valoración en las palabras de su propio autor: “Si se logra forma la Colección, estoy  seguro de que todos los capítulos de nuestra historia, tendrán que modificarse y ampliarse”. De eso, muchos trabajos concienzudos han dejado numerosas constancias,

Nunca imaginó el Dr. Vega Bolaños que aquella plática sostenida en París, con Guillermo Sevilla Sacasa, proponiéndole la Colección, le habría de tomar con la dignidad de un filósofo y la fe de un mártir. Más de una vez enderezó enérgicas palabras para lisonjas de las cuales no gustaba: “La obra en sí es lo que vale y el apoyo que se presta a esa obra dice más que la frase mejor rebuscada”.

Fue tal el acierto y el éxito de la publicación de los Documentos Coloniales, que las ventas encargadas al doctor Ramiro Ramírez, a un precio de 15 córdobas por tomo, del I al X, se agotaron en los cuatro primeros años; en 1957 se emprendió la venta de los tomos del XI al XV. Diecisiete tomos fueron impresos.

Al cesar en el cargo de Embajador de Nicaragua en Madrid, trajo consigo suficiente material para imprimir seis tomos más, los que no pudieron ser editados por no encontrar más apoyo económico del Gobierno. Esos tomos se perdieron en el terremoto de 1972, cuando la casa del Dr. Vega Bolaños se desplomó.

Al acucioso y tenaz investigador, aquella desventurada acción de la naturaleza le perdió no se sabe cuánta valiosa documentación histórica de su archivo y biblioteca. Aquello fue trágico y lamentable porque debemos consignar que en nuestro país, salvo una media docena de bibliotecas y archivos particulares, el resto es bastante incompleto, en cuanto a calidad documental y cantidad de libros. Sin omitir el número decreciente de nuevos historiadores a la medida o superiores al distinguido personaje.

Para los que vivimos entre túmulos de libros y documentos, y donde la falta de espacio agobia, vale citar a propósito de esta circunstancia, otra reflexión de nuestro evocado intelectual: No se olvide que por lo general el libro que se edita en Nicaragua  pasa a  la calidad de reliquia al día siguiente de su aparición. Ya pasé la tarde del sábado recién pasado revisando mis libros y coleccionadores, seguro de guardar muchos documentos sobre los primeros movimientos de independencia y algunas notas  que orientarán  la búsqueda y encuentro de varios otros… Con lo que es de mi conocimiento y fácil de localizar se podría formar un volumen por demás interesante; más interesante de los muchos que al respecto se han publicado en varios países de América”.

Además de realizar la famosa compilación de Documentos Históricos Coloniales, el Dr. Vega Bolaños escribió y publicó varias obras de gran importancia: Destrucción de San Juan del Norte en 1854; edición de 1970. Gobernantes de Nicaragua, Notas y Documentos, editada en 1944; su comentada obra Los acontecimientos de 1851, editada en 1945. Los atentados del Superintendente de Belice 1840-1842, edición realizada en 1971. Estando en Madrid reeditó los tres tomos de la Historia de Ayón, la Historia de Gámez y Cuarenta años de historia de Nicaragua, 1838-1878 de Francisco Ortega Arancibia.

Él nos ha recordado en estas líneas un poco de aquellos días, su manera de pensar y actuar. Yo rindo un modesto homenaje a su hidalga figura. Su silla en la Academia de Geografía e Historia aún permanece y, permanecerá, vacía.



No hay comentarios:

Publicar un comentario