viernes, 24 de enero de 2014

¿DELACIÓN EN LOS ASESINATOS DEL GENERAL SANDINO Y COMPAÑEROS? Versiones de una masacre que raya la historia y la ficción colectiva. Por: Eduardo Pérez-Valle hijo

¿DELACIÓN EN LOS ASESINATOS DEL GENERAL SANDINO Y COMPAÑEROS?

Versiones de una masacre que raya la historia y la ficción colectiva

Por Eduardo Pérez-Valle hijo

Sobre los sucesos oscuros que desembocaron en el asesinato del más insigne patriota nicaragüense, el General Augusto C. Sandino, se teje una maraña de alegatos, creíbles unos, inverosímiles otros, quizás difundidos para despistar y desviar la atención sobre acciones ocultas, propios del llamado arte de la desinformación… En este primer artículo, escarbamos en la memoria histórica entretejida por algunos personajes ligados al hecho y consultamos diversas fuentes documentales para publicar una nueva hipótesis sobre el crimen de Sandino… 



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El personaje, lugarteniente y por consiguiente persona muy cercana al General Sandino, pudo ver la masacre que ocurrió aquella noche en la casa de Sofonías Salvatierra. ¿Cómo sobrevivió a la conjura somocista? Un relato lo ubica agazapado en la oscuridad; otro, oculto en un pozo; una versión más lo describe comprando cigarrillos en los alrededores del lugar; familiares aseguran que estuvo en una función de cine; alguien que lo conoció de cerca, en San Francisco, California, lo escuchó decir que esa noche fue atrapado por caricias furtivas. Distintas historias hacen pensar en los detalles pendientes de ajustar en torno a este plan conspirativo-militar que descabezó al Estado Mayor de Sandino. Aunque lo más seguro es que al final de este reportaje, una versión definitiva salga de las interpretaciones.

Lo que sí se debe tomar en cuenta es que 78 años no han sido suficientes para descubrir lo más oculto de aquella trama que puso fin a la vida del General Augusto C. Sandino y de la mayoría de su comitiva que lo acompañó a Managua en busca de la paz definitiva. ¿Acaso todas las muertes acaecidas esa noche y los días siguientes, según los hechos, formaron parte de un plan general de exterminio? ¿Existió, quizás, una filtración en las primeras filas del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional? ¿Por qué, entonces, hubo un superviviente ileso si la orden expresa del dictador fue asesinarlos a todos?

Poca información existe sobre la parte conspirativa y operativa del complot. Sobre todo, del grado de participación de la Oficina de Inteligencia y Operaciones GN -precursora de la fatídica Oficina de Seguridad Nacional (OSN) y del Servicio Anticomunista (SAC)-, la encargada de infiltrar a las organizaciones opuestas al naciente régimen dictatorial. Esta importante división militar el mismo Jefe Director de la Guardia Nacional, Somoza García, la hizo instalar dentro de la Casa Presidencial, ubicada en la Loma de Tiscapa.

Las primeras interioridades del genocidio

Los primeros en ofrecer algunos datos de los hechos, entremezclados con disculpas imperdonables, fueron dos guardias nacionales confabulados en aquellos asesinatos, el teniente Domingo Ibarra Grijalva y el teniente Abelardo Cuadra Vega. En los relatos, un tanto divergentes, se percibe una idea clara de lo que se pretendía hacer con los miembros del Estado Mayor de Sandino, con el mismo General, e incluso con los que hubieran participado, directa o indirectamente en el magnicidio.

Las acciones contra Sandino fueron trabajos de silencioso acecho, con algunas ejecutorias conspirativas hasta ahora turbias, rodeadas de asesinatos circunstanciales al primer crimen, acontecidos por calculados propósitos de exterminio, como le sucedió de forma gradual a muchos Generales sandinistas.

Sandino vigilado, y la orden de matarlos a todos

Los llamados “puntos de observación” y la infiltración de los agentes de inteligencia militar parecen haber sido un hecho sistemático; en ese aspecto, Vega Cuadra, aunque propuesto a mostrarse ingenuo no dejó de ser más preciso que Grijalva al declarar públicamente en 2003: “Sandino estaba siendo vigilado en sus viajes a Managua, pero jamás pensé que se pudiera perpetrar un crimen de esta naturaleza”.

Mientras otro grupo consumaba el asesinato de los generales Sandino, Estrada y Umanzor, la casa del Ministro de Agricultura fue rodeada por 15 guardias,  al mando del mayor Policarpo Gutiérrez y del teniente Federico D. Blanco, asegura Abelardo Cuadra.

El envío de convoyes y decenas de guardias nacionales solo podía ir en consonancia con la orden dictada: “No dejar sobrevivientes”. Mandato cumplido al pie si se toman en cuenta, incluso, los posteriores asesinatos de los rasos de la Guardia Nacional que cometieron el magnicidio y también de los presos que cavaron la fosa. El único acorde disonante sigue siendo el escape magistral y sin raspadura de aquel personaje, sobre el que varias versiones detienen su veracidad

Abelardo Cuadra lo atestigua en las siguientes palabras: “Después, Carlos Eddy Monterrey, que había mandado la escolta de ejecución, llevó a los guardias que habían consumado el hecho, en un camión, a un lugar del camino que conduce a Tipitapa, y allí les ultimó, para que no quedara testigo…Sólo quedó vivo el chofer, de sobrenombre “Papelillo”, por estar emparentado con una cocinera de Somoza.”[1]

Es más, en ese torbellino de impiedad, otros documentos acreditan el alcance criminal del plan: el exterminio masivo de cientos de partidarios y miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional en Wiwilí. Más de 300 personas fueron asesinadas. El horror vivido en esos momentos lo expresa Vicente Sáenz, un testigo del suceso, en una frase: “Durante 24 horas, los cuervos, los canes y los cerdos de los alrededores se dieron un largo festín de carne humana”.

Tres versiones de un escape inverosímil

Aquel personaje, un joven blanco, bajo y recio, boca pequeña, frente espaciosa y de cara angulosa, aparece detrás y último a la izquierda del General, en la foto que este se tomó un día antes del asesinato. Se llamaba Juan Ferretti, oriundo de Granada. Lo relevante de la primera versión sobre la huida de Ferretti  la entrega Walter Castillo Sandino, el nieto del General.[2]

Según Castillo Sandino, lo relatado puede consultarse en un documento que pertenece a su archivo histórico, en donde puede leerse el relato del coronel ex-Guardia Nacional Francisco Solórzano Murillo, quien a su vez la obtuvo de viva voz de su primo, Rolando Murillo Rivas, otra de las víctimas durante el enfrentamiento en la casa de Sofonías Salvatierra, pero quien falleció poco después, en un hospital de Managua, tras recibir esa noche varios disparos. El relato es sucinto, pero complicado: “De pronto apareció el capitán Juan Ferretti, y dijo: ‘Acaban de capturar al General (Sandino), a sus compañeros y a don Gregorio (padre del general Sandino y de Sócrates Sandino), así es que vámonos antes de que nos agarren’. El capitán Juan Ferreti huyó saltando por una tapia vecina y Sócrates Sandino corrió a su cuarto”. Si fuera cierta esa versión, ¿de qué forma se enteró de la captura que después culminó en los asesinatos?
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Esta fue la última fotografía del General Sandino antes del asesinato. Fue captada el 20 de febrero de 1934. Sandino aparece flanqueado por dos personajes brasileños, Francisco Lopes da Cruz y Leónidas Borges de Oliveira, Sofonías Salvatierra y el también brasileño, Mario Fava. De pie, de izq. a derecha: Santos López, Juan Pablo Umanzor, Sócrates Sandino; Francisco Estrada, don Gregorio Sandino y Juan Ferreti. Publicada en la Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. Segunda época. Tomo LXXI. Pág. 20. Fotografía inédita, que fue obsequiada el 5 de julio de 2011 a la AGHN., por el escritor José Roberto Faraco Braga, autor del libro: El Brasil a través de las tres Américas. Canal 6 Editora.  2011. 336. pp.

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La segunda versión del escape del lugarteniente de Sandino la brinda el granadino Fernando Malespín Ferreti, sobrino de Juan Ferreti. Su historia ubica al hombre de confianza de Sandino en otro lugar, pues su “tío le contó que la noche del crimen se sintió aburrido y decidió ir al cine, y al regresar, cuando faltaba una cuadra para llegar a casa, esta era ametrallada por la GN”. A este relato le asalta una lógica pregunta, ¿por qué en esa noche tan especial, cuando el jefe del EDSN cenaba y abordaba sensibles temas derivados de los acuerdos de paz en compañía del presidente Juan B. Sacasa, este subordinado decidió ver una película en el cine, mientras Sócrates y Santos López permanecieron en la casa?[3]

Una tercera explicación sobre la fuga inimaginable de este lugarteniente la propone Horacio Velásquez Ferreti, sobrino en segundo grado de Juan Ferretti. Aunque esta es la más novelesca de todas. “Cuando mataron a Sandino, a mi tío lo escondieron en el pozo de la casa, hasta que la Guardia revisó todo, y desde luego, menos el pozo. De aquí mi tío Juan se fue a la hacienda ‘El Carmen’, propiedad del doctor Mateo Guillén, casado con mi tía Rosa Ferretti, donde en otra acción semejante lo escondieron en el interior de un silo”, relató Velásquez Ferretti.”[4]

Pero lo que más extraña es que el sujeto, a pesar de la férrea vigilancia aplicada sobre los huéspedes en casa de Salvatierra lograra escabullirse ilesamente. Sobre este punto, tanto Abelardo Cuadra como Domingo Ibarra fueron enfáticos al reafirmar el excesivo control ejercido sobre las personas que entraban y salían del lugar. Cuadra lo volvió a reiterar en 1949 a la revista Bohemia: “el Capitán Juan Ferreti andaba paseando por las calles; recogieron los informes unos policías secretos que desde mediodía estaban apostados frente a la casa con la consigna de espiar todos los pasos de Sandino y los suyos”. Ibarra lo cuenta de otra manera en el libro “La última noche del General Sandino”. “Ferreti había abandonado la casa de Salvatierra para despedirse de unos amigos, escapó luego hacia Granada para después salir hacia Costa Rica”.[5]

Prosigue: “Los ayudantes de Sandino y su hermano Sócrates esperaban en la casa de Sofonías Salvatierra. Al escuchar los balazos que mataron a Sandino y a sus compañeros, el coronel Santos López y Sócrates salieron a la calle con sus armas en la mano. El oficial GN Policarpo Gutiérrez y sus hombres, que vigilaban escondidos la casa de Salvatierra, les dispararon al verlos salir. Sócrates Sandino falleció de inmediato. El coronel López, con una pistola 45 en cada mano, contestó el fuego mientras escapaba, matando a dos guardias e hiriendo a tres”.  

Nada de lo anterior coincide con la información ya referida, contenida en el documento mecanografiado, sin firma, resguardado en el archivo histórico de Wálter Castillo Sandino, proporcionado por los familiares del ex coronel G.N. Murillo;[6] porque de acuerdo a esta confronta de hechos, como se podrá apreciar, Ferreti no estaba en el escenario interior conminando a Santos López y a Sócrates para largarse. Pero, por otra parte extraña que, Ibarra Grijalva no abundara sobre Ferreti, porque dejó sin explicar cómo pudo salir tranquilo de la casa vigilada.

La verdad al servicio del engaño

El historiador Luciano Cuadra Water (q.e.p.d. † 2011), sobrino de Abelardo Cuadra Vega, publicó en el blog Nación Güegüense que, “sobre el tema de Ferretti, es curioso que Sofonías Salvatierra no lo mencionara en su libro “Sandino o la Tragedia de un Pueblo”. Tampoco lo hace el profesor Edelberto Torres en su libro Sandino. En cambio, Eduardo Pérez Valle, en el libro El Asesinato de Sandino, cita a Abelardo Cuadra, quien asegura que “Ferreti estaba afuera tomando” (ingiriendo licor).

Entre las diferentes actuaciones del sobreviviente también encontramos la versión de Francisco Gurdián Guerrero, antiguo redactor de La Noticia en segunda época,  recordaba al coronel hacia 1960, porque visitaba las oficinas del periódico del que era vecino, cuando residió en casa de don Benedicto Loredo, con una de cuyas hijas hacía algunos meses había contraído matrimonio.


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                                                                 ARTHUR BLIS LANE

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El centro y eje de la acción era la escurridiza evasión del lugarteniente sandinista. “El coronel Juan Ferretti se salvó de ser asesinado aquella noche del 21 de febrero de 1934, por estar de visita en el Hotel Ayala.  Más tarde apareció en Managua, empleado en el Gobierno de Somoza. En una de las numerosas charlas que sostuvimos, Ferreti aseguró que poco después del ametrallamiento de la casa de Salvatierra la noche del 21 de febrero, “el Ministro norteamericano que pasaba por allí, se detuvo y bajó de su carro para ver los cadáveres”.[7]

“Lograron escapar por la parte de atrás de la casa al terminársele el parque, el Coronel Santos López quien resulta herido en el intercambio de disparos y el Coronel Juan Ferreti que andaba de visita en el Hotel Ayala[8], y llegaba al lugar de los hechos, huye a Costa Rica donde dio declaraciones.”


Otra versión frente al ojo atento y el oído ávido de la opinión pública

Como si el misterio no fuera suficiente, a las generalidades del hecho trágico le fueron añadidas más versiones confusas, y también, con el paso del tiempo hubo más “olvidos”; si bien la parte intelectual de los crímenes fue público y los gatilleros están identificados, Somoza y la Guardia Nacional supieron mantener a la "sombra" otros detalles conspirativos.
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El derrocamiento de la dictadura apenas alcanzaba su primer aniversario, cuando la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, en 1979 y 1980, toma la decisión de localizar la fosa común en donde fueron enterrados los cadáveres del General y demás víctimas de las masacres.

Con la ayuda de la tradición oral y los testimonios escritos en diferentes épocas, a la que fue agregada la cooperación del anciano y exTnte. G. N. Abelardo Cuadra Vega, fueron emprendidos los trabajos de búsqueda que resultaron infructuosos. Para sorpresa de la población que seguía las noticias, en esos días apareció publicado un artículo en el recién fundado periódico El Nuevo Diario, bajo el título Fuga dramática y heroica del coronel Santos López, escrito por Benjamín Cabrales Castillo.

De acuerdo al testimonio de Cabrales Castillo, recogido del propio Cnel. Santos López, mientras ambos permanecieron por varios años en Honduras, hasta donde llegaron a refugiarse en casa de Don Toribio Tijerino, luego de sobrevivir a los asesinatos selectivos iniciados el 21 de febrero de 1934; en la noche del ametrallamiento y los asesinatos ocurridos en la casa del Ministro Salvatierra, en ese episodio el Cnel. López no resultó herido;  la herida de bala --un refilón en la pierna-- la recibió después, durante el encontronazo con una patrulla de la Guardia Nacional. El Coronel avanzaba por campos desolados en busca de la frontera. Pero el detalle más relevante asociado a nuestra reconstrucción de hechos, aparece en el mismo inicio del aquel testimonio, Cabrales Castillo afirma:

Cuando el Gral. Sandino y el grupo de valientes guerrilleros que lo acompañaban llegaron a Managua se hospedan en casa del Ministro de Agricultura Don Sofonías Salvatierra, y el día que asesinaron al General Sandino y sus Generales, Ferreti le pidió permiso al Gral. Sandino para ir a visitar  para ir a visitar a familiares a Granada, según me contó el Coronel Santos López.

Ya por la tarde salió a la calle Sócrates Sandino hermano del Gral., y regresó bastante picado, de manera que el Gral. Sandino le ordenó al Coronel Santos López que no lo acompañaría a Casa Presidencial, pues tendría que cuidar a Sócrates y no dejarlo salir a la calle, orden que el Coronel Santos López cumplió.

Ya siendo como las 10 de la noche Sócrates se durmió en una silla mecedora, en ese momento llegó el yerno de Don Sofonías que se sentó a platicar con el Coronel Santos López y pasados unos pocos minutos llamaron de la cocina a Santos para darle un café; el Coronel López se fue a la cocina y le pidió a un niño que se fuera a la puerta a vigilar y que si miraba guardias que lo llamara, desgraciadamente en ese momento que el niño llegaba a las puertas se acercaba un grupo de guardias y el niño le gritó al Coronel López: la guardia, y a continuación la guardia le disparó al niño y disparó matando a Sócrates y al yerno de Salvatierra.


Santos López sacó su 45, disparó contra la guardia hiriendo o matando 2 guardias e inmediatamente se subió a una escalera que estaba en la cocina saltando para la calle al lado de la iglesia El Calvario, de manera que la guardia no lo vio y se fue corriendo sobre la calle rumbo a la montaña y doblando sin detenerse bastante detrás de la loma, durmiendo por las lomas de Mateare. Muy de mañana caminó para Momotombo encontrando a la guardia en una encajonada de una hacienda de un Sr. Argüello, con los que se lio a tiros; el tiró a 2 guardias y a él le dieron un refilón en una pierna, pero por suerte los guardias huyeron y  él pudo seguir adelante hasta llegar a una cuevas en Momotombo

El hombre ubicuo y sus versiones de película

Si de versiones y adiciones se trata, Carlos Mántica Abaunza consiguió de viva voz de Ferreti otra historia en que él mismo se ubica en distintos tiempos y lugares. Asegura el conocido hombre de letras y, negocios, en declaraciones a la periodista Helena Ramos, que en San Francisco, California, conoció y entrevistó a Juan Ferretti, quien sin negar las anteriores declaraciones, armó otras volutas con olor a tabaco: “Pude conocer a Juan Ferretti, el lugarteniente de Sandino, que escapó la noche del asesinato, salió a comprar cigarros y por eso se salvó. Luego él me contó cómo se voló la barda en la parte trasera de la casa de Sofonías Salvatierra y cómo vio llegar el auto del cónsul americano”[9]

Al único sobreviviente ileso, parece ser que  le interesaba sobrepujar historias, desbancar versiones sobre versiones para sostener el prestigio personal triturado por las circunstancias de aquella noche. No obstante, debe admitirse que nunca antes alguien discutió o puso en duda el resultado indemne de este burlador de la muerte. Cuando le tocó dar la primera versión pública lo hizo con estas palabras llenas de aplomo:

“El ministro americano es el verdadero jefe de la Guardia Nacional de Nicaragua, con Moncada, principal persona responsable del cobarde asesinato de mi inolvidable jefe; desde mi escondite pude ver al Ministro (Lane) que llegó a inspeccionar la casa de Salvatierra… minutos después del asalto. Preguntó: ¿Todo está consumado? Revisó los cadáveres y salió satisfecho”.

Nuevas preguntas que el lector responderá se ciernen sobre esta divagación  ¿Hubo conversación audible, entonces?, ¿a qué distancia y en qué sitio pudo haber estado uno de los más cercanos del General de Hombres Libres?   Una vez iniciado en sus secretos y en este incesante juego de apariencias, el enredo del personaje central de esta historia fue transformándose en imprecisiones que hacían falta reunirlas para entenderlas.

Leo R. Sack, ex embajador yanqui en Costa Rica, informó al Gobierno de los Estados Unidos, sobre las declaraciones de Ferretti publicadas en el Diario de Costa Rica, con el título “Ferretti el ayudante de Sandino”: “Como fue anunciado, ayer llegó de Puntarenas el Coronel Juan Ferretti, ayudante del General Sandino y único sobreviviente en la horrible tragedia del 21 de febrero que ha logrado poner a salvo su vida al cruzar la frontera e internarse en territorio costarricense. Fueron a la Estación del Pacífico a encontrar el Coronel Ferreti, don Federico Solórzano Montiel y don Adolfo Ortega Díaz. Tengo sensacionales revelaciones que hacer –nos dijo-, revelaciones que hasta hoy me he callado, porque quería llegar hasta aquí y hablar personalmente con los redactores del Diario. Ferretti es un joven de 22 años, sencillo, de pocas palabras. Habla en lenguaje popular. Pero, al expresarse acusando, su voz cobra energía de mando y su lengua se mueve con soltura y naturalidad. Al escuchar de sus labios las anteriores palabras, no podemos menos que sorprendernos, y le preguntamos:

-¿Está usted seguro de lo que está diciendo?

Y con firmeza contesta:

-Ni Sandino ni sus hombres han tenido para qué mentir nunca. Lo que he dicho lo sostengo porque me consta.

Aquí nos hace un relato del asalto a la casa del Ministro Salvatierra y nos cuenta cómo escapó milagrosamente:

-Cuando vi que todos caían en derredor mío y que los forajidos invadían la casa, no me quedó otro recurso que tirarme al suelo y hacerme el muerto. Pasaron sobre mí. Seguramente, al ver que sólo cadáveres había, salieron a llamar a los demás asesinos de la patrulla, y entonces pudimos huir el Coronel Santos López y yo. No sé para dónde cogió López; apenas pude verlo manando sangre de las piernas, pero huyendo. Yo me salté un tablado y me quedé muy calladito, escondido y viendo todo lo que pasaba dentro de la casa. Me era imposible emprender la fuga inmediata, porque la casa estaba rodeada. Esto no pude hacerlo sino hasta en la madrugada, que me metí en una casa vecina, cuando ya la patrulla se había ido con los cadáveres. Pero estoy seguro de que fue la misma Providencia quien me puso detrás de aquel cerco de tablas, como testigo suyo, para que después pudiera salir por el mundo a denunciar a los culpables. Desde mi escondite pude ver al Ministro de los Estados Unidos que llegó a inspeccionar la casa de Salvatierra tres minutos después del asalto.
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El General Augusto C. Sandino y el Profesor Sofonías Salvatierra

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-Preguntó: “¿Todo está consumado?”, revisó los cadáveres y salió satisfecho. El joven Rolando Murillo, yerno del Ministro Salvatierra, que estaba caído con siete balazos en el hígado, le suplicó al yanqui que lo llevara, pues se sentía de muerte, y sólo obtuvo por respuesta un gesto desdeñoso. Recuerdo perfectamente cuando los guardias se abrieron en valla, diciendo: “Aquí está el Ministro americano, démosle paso”. Y el Ministro yanqui entró sin el menor aspaviento, hizo la pregunta que he dicho y otras más, todas referentes a lo que acababa de suceder con la mayor familiaridad, como que ya sabía de antemano lo que habría de pasar. Y yo quiero que el mundo sepa esto. En todo momento, desde que me vi con vida y emprendí la fuga, me he sentido como el depositario sagrado de la Historia y he buscado un lugar seguro en donde poder gritar a los cuatro vientos esta revelación.”

 El  “distanciamiento” de Ferretti

La persona de Ferretti vuelve a surgir, rehecho por la Revolución Popular Sandinista. Pero al poco tiempo vuelve a esfumarse en arrebatos tempestuosos.  Fernando Malespín Ferretti rememora que el exlugarteniente del General Sandino, en dos ocasiones volvió a Nicaragua, la primera, durante el gobierno de Somoza García, y la segunda, en los primeros días del triunfo revolucionario del FSLN, en 1979. Llegó de los Estados Unidos de Norteamérica, vistió traje militar y ocupó por breve tiempo el alto cargo de Inspector General del Ejército Popular Sandinista.

“A comienzos de la década de los cincuenta Somoza se cansó de perseguirlo, le ofreció seguridad para su vida y lo nombró en un cargo en el departamento de carreteras. Vivió varios años en Managua, contrajo matrimonio con una señorita de apellido Loredo y después se fueron a Estados Unidos. Atraído por el triunfo de la revolución sandinista, vino a Nicaragua y fue nombrado Inspector General del Ejército. Al poco tiempo se dio cuenta de la voracidad de los comandantes y me dijo: esto no me gusta, y regresó a Estados Unidos donde descansan los restos del coronel Juan Ferreti, hermano de mi padre.”

¿Quién habrá propiciado el acuerdo a través del cual Somoza otorgó garantía a  la vida del ex coronel sandinista, a tal grado que, además de desistir en la “persecución”, lo contrató como empleado del Gobierno, nombramiento que fue publicado en La Gaceta, Diario Oficial? ¿Acaso, en esos menesteres, ayudó el señor Fernando Malespín Ferreti, quien ocupó a finales de los 40 y de forma sucesiva a principios de 1950, con 29 años de edad, el cargo de “Colaborador” del doctor Arnoldo Jirón Icaza, Oficial Mayor de la Secretaría Privada de de Anastasio Somoza García?[10]

El colofón, otra invención y el comienzo de un final de película

En 1979, después de 45 años, el mismo personaje, con 67 años, brinda otra declaración en Managua sobre aquella noche de horror. “Aquel 21 de febrero, día de la gran traición al nicaragüense más ilustre y con mayor amor a su patria, partieron a la Presidencial el General Sandino, acompañado de Sofonías Salvatierra a su diestra y Gregorio Sandino a la izquierda. En el asiento delantero iba el chofer de Salvatierra, Francisco Rodríguez y los Generales Juan Pablo Umanzor y Francisco Estrada. Previamente el General Sandino me había ordenado que me fuera al Hotel Michigan a buscar a un guatemalteco. Era éste un experto en cooperativas mineras que, además de los miembros de su estado mayor, acompañaba al General. A eso de las siete de la noche abandoné el hotel, pero me entretuve en una fiesta que había en el trayecto.

Cuando desembocaba en la esquina, a unos 80 metros de la casa de Salvatierra, observé a un nutrido grupo de guardias que disparaban enloquecidos hacia la vivienda del Ministro. Inmediatamente ordené al cochero que se regresara y por el gran estruendo de las balas, el caballo se encabritó y se cayó, mientras tanto yo me lanzaba del coche y saltaba una tapia para evadir a los asesinos. De repente me encontré en el interior de la casa de Arturo García, un mecánico que había conocido en Puerto Cabezas. Envié a Arturo García a observar qué pasaba en la casa de Salvatierra. García dijo que vio al Ministro americano Arthur Blisss Lane, observando la sacada de los cadáveres de la casa. Yacían acribillados a tiros cobardemente Rolando Murillo, Sócrates Sandino y un niño que dormía en un canapé.

En la confusa situación que se presentaba, tomé un taxi que conducía ‘Caballón’, un conocido chofer de la época. Pensé dirigirme a la Presidencial para informar al General Sandino lo que había ocurrido en la casa de Salvatierra, pero desistí al observar un movimiento de tropas por todos los contornos. Le pedí a ‘Caballón’ que me dejara en el Hotel Ayala, donde me encontré con mi hermano Humberto Ferretti y el guatemalteco, quien lloraba lleno de ira e indignación al momento de descargar la pesada noticia: ‘Sandino fue vilmente asesinado por Somoza’. Cuando me disponía a salir, unos 12 guardias cateaban el Hotel Michigan. Entonces opté por cambiar mi indumentaria y pedí a “Caballón” que me diera el timón del taxi, para salir camuflado como chofer.

Nos dirigimos hacia arriba, buscando salida hacia Tipitapa. Llevaba al chofer y a mi hermano como pasajeros. Cuando llegamos a la altura de la Aviación, me paró un retén de guardias y me dijeron que si traía pase. Yo les pregunté por qué lo exigían, respondiéndome uno de ellos: ‘Es que estamos persiguiendo al Coronel Ferreti…’ Para desviar la atención, les dije en tono enfático: ‘¡Ojalá y lo agarren y que lo maten a ese jodido!’ Después le pedí al chofer que consiguiera el pase, lo que en efecto ocurrió y decidimos trasladarnos por unos potreros. Llegamos a pasar por el sitio donde horas antes los secuaces Carlos Eddy Monterrey y Pablo Emilio Canales, habían consumado el atroz asesinato de los generales. Logramos llegar a Masaya y seguimos hacia Granada. Unos seis kilómetros antes de llegar me bajé del vehículo y me fui a pie por veredas. Posteriormente logré caminar hasta la frontera con mis pies ensangrentados y agobiado por las garrapatas, logrando llegar a Costa Rica, para cumplir fielmente con la ordenanza de mi General: denunciar al mundo el vil asesinato ordenado por Somoza y la complicidad abierta de los gringos”.[11]



De pie: (de derecha a izquierda) Juan Ferreti, Abraham Rivera y el Bachiller Aguilera. Sentados: Francisco Estrada y Sócrates Sandino

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No es necesario recalcar más el carácter displicente de este personaje de novela e intriga, que gustaba crear olvidos y entresijos a la memoria. Fue un personaje controversial a quien parece no haberle importado la multitud de contradicciones sobre las que nadie deparó en mejor momento, sin embargo, seguirá atado a ellas. En este punto sólo se puede afirmar que por muchas décadas permaneció incógnito, “alejado del pasado” en algún lugar de San Francisco, California, donde falleció y está sepultado. Paradójicamente, fue el único miembro del    Estado Mayor del General Augusto C. Sandino que llegó con vida al memorable e histórico derrocamiento de la dictadura somocista, pero también, el único que supo la verdadera historia de aquel 21 de febrero. Por lo demás, el lector ya tiene su versión.  
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NOTAS: 



[1] El relato de Cuadra Vega (1947) puede localizarse en el libro: El asesinato de Sandino, Documento testimoniales, presentación, recopilación y compilación del doctor Eduardo Pérez-Valle. Managua, Ministerio de Cultura. 1986. 71 pp.

[2] “La verdad sobre la muerte de mi abuelo”, declaraciones de Wálter Castillo Sandino. En: La Prensa, 2 de febrero de 2009.

[3] Juan Ferreti. Por: Fernando A. Malespín Ferreti. En: La Prensa, viernes 4 de marzo del 2005. Edición No. 23741.

[4] Velásquez, Horacio: publicación digital: http://www.eldomingazo.com)

[5] Testimonio de un oficial de la G.N. sobre la última noche de Sandino. Traducción libre de Luciano Cuadra Waters. En: La Prensa. Domingo 20 de febrero del 2005. Edición. No. 23729.

[6] Comunicación personal de Wálter Castillo Sandino al autor.

[7] Francisco Gurdián Guerrero fue periodista. Hacia 1960 trabajaba como Redactor del diario La Noticia.

[8] Los hoteles Michigan y Ayala (del 34) estuvieron en las inmediaciones de la actual Carretera Norte, cerca del barrio Candelaria, en el mismo sector donde años más tarde tuvieron local, sitios de diverso giro, convertidos en referencia para dar direcciones y orientarse, entre esos: “Candelas Llanes”, “Transportes Vargas” cercano al famoso prostíbulo de los años 70, conocido como “La Casa Amarilla”, también cercano al salón “Nacho Quinto”. Para estimar la distancia que mediaba entre la casa de habitación de Sofonías Salvatierra Borge y los dos hoteles donde dijo el Coronel Juan Ferretti debía encontrarse con dos personas, recordemos que, la casa de Salvatierra quedaba en la Calle 15 de Septiembre, frente a la iglesia El Calvario, y los mencionados negocios estaban de El Calvario, una cuadra al lago, tres cuadras abajo. Sobre esa referencia de la “Vieja Managua”, puede consultarse el testimonio del señor Carlos Guerrero, citado por Miguel A. Arcia Mendoza: ¿Cómo inicio el boxeo en Nicaragua? Revista digital Nokcaut. Domingo, 19 de junio de 2011. El profesor Manuel S. Cruz T. cronista de la vieja Managua, publicó en El Nuevo Diario del 2 de diciembre de 1999: “Junto a mi casa se encontraba el Hotel Michigan de don Antenor Ocampo; frente a éste el Hotel Ayala de don Francisco Ayala, recuerdo en este hotel a la más tarde célebre poetisa María Teresa Sánchez, esposa del escritor don Pablito Steiner y a su hermana Edith, esposa de nuestro querido poeta Manolo Cuadra*. Tanto don Antenor por parte del Michigan como María Teresa Sánchez por el Hotel Ayala eran muy activos conquistando pasajeros en la Estación del Ferrocarril a la hora de la llegada de los trenes. La Estación del Ferrocarril se encontraba a tres cuadras de dichos hoteles y como la Estación del Ferrocarril era la única entrada a Managua, por esa razón dichos hoteles siempre permanecían llenos de turistas nacionales. Otra circunstancia que favorecía a dichos hoteles era la existencia de Transportes Matagalpa". *[Acotación nuestra: Manolo era hermano de Abelardo Cuadra, conjurado en la muerte del Gral. Sandino; y por esas coincidencias de la historia, los propietarios del hotel Ayala donde llegó Ferretti, eran los familiares de la esposa de su hermano Manolo].

[9]  En la entrevista, Carlos Mántica Abáunza dice que el General Gustavo Abáunza coadyuvó a elaborar el libro “El Verdadero Sandino o el Calvario de Las Segovias”, 1ª. Ed. Litografía Robelo, 1936. Esa publicación aparece bajo la falsa autoría de Somoza García, cuando en realidad fue confeccionado por el Tnte. D. Ibarra Grijalva. La referencia de Carlos Mántica es la siguiente: “Me interesó su correspondencia que se publicó en “El verdadero Sandino o el calvario de Las Segovias”, en cuya recopilación tuvo algo que ver mi abuelo el general Gustavo Abáunza. En San Francisco [California] pude conversar con un señor [Ibarra Grijalva (?)] que fungía como secretario durante la recopilación, y me mostró dos falsificaciones en la correspondencia, en una frase le agregaron estos jodidos, en realidad Sandino nunca usaba tal expresión, él decía estos chingados, por la influencia del lenguaje mexicano”.

[10] Acuerdo del Presidente de la República: Único: Reorganizar el Personal de Empleados de las distintas dependencias de Casa Presidencial y Jefatura Suprema del Ejército. En: La Gaceta, Diario Oficial, 22 de julio de 1953. Páginas 1529 – 1530. Ratificar en el cargo al señor Fernando Malespín Ferretti. En: La Gaceta, Diario Oficial, 6 de Julio de 1954. Pág. 1337.

[11] Esas declaraciones fueron brindadas en Managua, después que Ferretti llegó del extranjero y fue integrado al Ejército Popular Sandinista con el cargo de Inspector General. Fueron publicadas en La Prensa, el 12 de septiembre de 1979. Con Abelardo Cuadra Vega sucedió algo similar en cuanto al relato hecho en aquellos primeros años y el que luego rindió en 1979. En 1947, fue publicado el primer relato en el periódico “El Universitario”, órgano de los estudiantes de la Universidad Central.

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RECUADRO:

En 1937, exactamente el 16 de abril, el entonces Teniente Guardia Nacional Carlos Eddy Monterrey, quien disparó contra los Generales Sandino, Juan P. Umanzor, y Francisco Estrada, fue relevado como jefe de la 16ª Compañía encargada de la Guardia Presidencial y en sustitución quedó otro de los asesinos, el capitán Federico Davidson Blanco. Carlos Eddy Monterrey fue enviado (recompensado) por Somoza para ingresar una escuela de aviación en Nueva York, el 25 de ese mismo mes, el asesino pasó por San José, Costa Rica, rumbo a los Estados Unidos, en tal circunstancia, cables periodísticos de la época dieron cuenta de “un incidente en aquella capital entre el Coronel Juan Ferretti, ayudante que fue de Augusto C. Sandino y el Subteniente Carlos Eddy Monterrey”. (La Noticia, 16 y 25/04/37).

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FUENTES

CABRALES CASTILLO, BENJAMÍN: Fuga dramática y heroica del Coronel Santos López. En: El Nuevo Diario, domingo 3 de Agosto de 1980. Página 6. 

CALDERÓN RAMÍREZ, Salvador: Últimos días de Sandino. México, Ediciones Botas, 1934.

CUADRA VEGA, Abelardo: Relato verídico del asesinato de A. C. Sandino. Periódico El Universitario. Órgano del Centro Universitario de Managua. Semanario de la Causa Universitaria que es a la vez la Causa del Pueblo y la Libertad. Lema: CULTURA, JUSTICIA, PATRIA. Managua, 31 de enero de 1947.

CUADRA VEGA, Abelardo: Segunda versión del asesinato de Sandino En: El Nuevo Diario. 28 de febrero de 2003.

GURDIÁN GUERRERO, Francisco: La última noche del General Sandino. Managua, 1979

IBARRA GRIJALVA, Domingo: The Last Night of General Sandino, Vantage Press, 1973.

MALESPÍN FERRETI, Fernando A. Juan Ferreti. En: La Prensa, viernes 4 de marzo del 2005. Edición No. 23741.

PÉREZ-VALLE, Eduardo: El Martirio del Héroe, la muerte de Sandino: Testimonio Múltiple. Empresa Nicaragüense de Ediciones Culturales, Managua, Nicaragua, 1984. 3ª edición. 76 pp.

RAMOS, Helena: Carlos Mántica: “Cristo transformó mi vida” En: Revista El País. Año III, No. 32. Nicaragua. Junio 1995.

ROMERO, Ramón: Somoza asesino de Sandino. Prólogo de Vicente Sáenz. México: Ediciones Patria y Libertad, [1959]. 206, (1) p.

SAXON SHILDERS, James: Sailing South American Skies, Edit.Casa Farrar & Rinehart Inc., de New York. 1936.

45 años y le cumplió al General. Diario La Prensa, Managua 12 de septiembre de 1979.

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ANEXO


Dibujo, tinta china sobre cartulina, por: Eduardo Pérez-Valle (1947)

¡Levántate, Augusto César!...

Por: Eduardo PÉREZ-VALLE (1947) *

"Jamás como ahora podrá lamentar la Patria el asesinato de su Héroe Máximo, Augusto César Sandino. Sandino! Tesoro sacrosanto de la nacionalidad, surgido un día prodigioso del barro nicaragüense, fecundado por la planta del indio. Ascendió a las alturas donde reinan los héroes, reptando por la escala ideal de una sublime locura: consideró a su Patria su principio y su fin.

Patria! Alfa y omega del nicaragüense Sandino. Patria! Suma razón de bélico lirismo del Sandino latinoamericano. Patria! Execración de la salvaje tiranía que clavó su raíz emponzoñada en el pecho vehemente del Protector de la Raza.

Las lágrimas de Nicaragua ahora más que nunca han de verterse sobre la tierra huérfana, y han de buscar desesperadamente en su entraña sombría las reliquias del Héroe, para embeberlas en sus imprecaciones. Las lágrimas de Nicaragua no han de secarse en torno de los huesos y la memoria del más amado de sus hijos. Han de gritar diciendo:

Levántate, Augusto César, terror de los impíos rojos y verdes que carcomen el alma de tu Patria! Levántate, Augusto César, azote de los yanquis, sedientos de rapiña! No has muerto aún. Y al impulso omnipotente de tu espíritu, la Patria con quien sueñas, recostado en su propio corazón, va a resurgir del abismo para alcanzar las cumbres de una gloria inmortal.

El águila extranjera y el buitre nativo han de batir sus alas bajo tu pendón rebelde.

Levántate, que ahora como nunca es tuya la Patria en quien pusiste tu orgullo, a quien ofrendaste el suave olor de tu gran sacrificio.

Levántate, ahora que en los pechos honrados hierve la venganza, y el vendaval del odio azota el rostro de tus cobardes asesinos.

Levántate, que hay un millón de hermanos tuyos prestos a la guerrilla, esperando el tronar embriagante de tu alarido reivindicador.

Levántate, que aún te esperan Las Segovias verdeantes para darte su abrazo de esperanza; aún te espera la montaña nicaragüense, para repetir con sus ecos el grito de tu fusil.

* Publicado en el periódico Avanzada. Órgano del Centro Universitario de Managua. Semanario de la Causa Universitaria que es a la vez la Causa del Pueblo y la Libertad. Lema: CULTURA, JUSTICIA, PATRIA. Managua, 11 de junio de 1947.
                                                                                                 
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Anastasio Somoza García junto al General Sandino en el momento de darle el último “abrazo de la muerte”. Somoza hizo lo mismo en dos ocasiones. La segunda vez, el diario La Noticia destacó la fotografía con el título: “El Segundo Abrazo de Somoza a Sandino.

Domingo 26 de noviembre de 1933, edición No. 4424. Juan Ramón Avilés puso el siguiente pie de foto: El segundo abrazo fraternalmente histórico* que se dieron los Generales Sandino y Somoza, tuvo lugar en la hacienda “El Encanto” y no “El Cañón”, ahí se dirigieron después.” *Las negrillas son nuestras.




Documento firmado por los conjurados en el asesinato del General Sandino y compañeros