martes, 14 de enero de 2014

SOBRE EL SEPULCRO DEL INMORTAL. Por: Juan Ramón Avilés.  En: El Gráfico; Semanario Nacional Ilustrado. Managua, D. N. 8 de febrero de 1931. Año VI. Núm. 233. Editores Propietarios: Ángel M. y Carmen J. Pérez e hijo, Ltd.

¡Ha Muerto!

QUE águila ideal, al expirar el poeta, habrá ascendido en un vuelo seguro hacia los cielos, en línea recta hacia Dios, hendiendo el éter, buscando la Eternidad como cima de la suprema montaña, para detenerse en ella plegando las alas extremecidas? (sic)

¿Qué estrella se encenderá mañana, junto a la Cruz del Sur, en la cual se concrete el alma diamantina que se acaba de desligar de la tierra vulgar?

¡Ha muerto! Y esta frase fatal lo resume todo: Se ha derribado la montaña sagrada, ha fracasado una torre de cristal; se han roto las siete cuerdas mágicas de la Lira; “en la basílica del Arte están tocando vacante”; y el cisne, enamorado de Leda, inmaculado señor del misterio, ha inclinado el cuello sobre la piedra sombría del enigma, el mármol negro de la muerte.

¡Maestro! Has de resucitar entre el atolondramiento de los judíos y aquel que te hiera, iluminado será por la sangre del costado…

Sobre tu sepulcro, como sobre la tumba de Leopardi, nada mejor que una gran rama de laurel vivo, desgajada de los bosques nativos, para que ponga sobre tu sueño un perenne rumor encantado, y la amargura de la vida y la gloria de la inmortalidad.