miércoles, 22 de enero de 2014

ALGUNAS LUCES SOBRE EL CUADRANTE SOLAR DE LA “QUESTA DEL RELOJ”

Por: Eduardo Pérez-Valle hijo.-

“…Más ya me ha venido a la memoria donde será bien y aun mas que bien escribilla, que es en el librillo de memoria que fue de Cardenio, y tú tendrás cuidado de hacerla trasladar en papel, de buena letra, en el primer lugar que hallares donde haya maestro de escuela de muchachos, o si no cualquiera sacristán te la trasladará”: y no se la des a trasladar a ningún escribano, que hacen letra procesada, que no la entenderá Satanás”
                                                                                    Miguel de Cervantes

«No importa que no haya reloj en el bosque para que el tiempo se cuente; se puede hacer igual de bien registrando su marcha perezosa a suspiro por minuto y a gemido por hora».
                                                                                     W. Shakespeare


Fotografía No. 1 Reloj de Sol asentado en cal cementada
Camino de la Cuesta del Reloj, 1953. 1

No deja de ser ciertamente curioso el diseño y la historia del reloj de sol preservado hoy, paradójicamente, “a la sombra”, dentro de una sala de exposición del Palacio de la Cultura. Construido en una sola pieza de piedra, hacia finales del siglo XVIII, así lo hace constar cierta inscripción lateral elaborada  sobre el macizo de roca basáltica con forma geométrica tridimensional, este poliedro regular (ortoedro) distingue por tener encima de la parte superior de las seis caras, otro relieve cuadrangular coronado al centro con una perilla tallada, cuya presencia, más que ornamental también contribuye a registrar el momento cenital del sol.

En otras dos caras de este instrumento de medición horaria están grabados dos mensajes en español antiguo; el detrimento causado por los fenómenos naturales (meteorización) y principalmente la asechanza humana, ahora no permite leerlos a simple vista ó identificar los trazos de ambos textos.

La tradición oral  transmite la versión que el reloj permaneció a la orilla del antiguo Camino Real entre Mateare y León por donde transitaban los súbditos de la Corona española, ruta necesaria como vía de intercambio comercial generado en el sistema de encomiendas. Dícese también, que fue mojón para fijar los límites entre Mateare y Nagarote. Los actuales habitantes del municipio aseguran que el sitio donde estuvo ubicado el reloj, ahora existe el plantel industrial de una productora de cemento, a poca distancia del Xolotlán y por delante colindante con la actual carretera “Nueva a León”.-  

Don Luis Cuadra Cea, 1936.

Respecto al primitivo origen y localización del cuadrante solar, hay dos referencias vinculantes: la crónica del explorador, escritor y diplomático estadounidense, John Lloyd Stepehens  (1805-1852 †)  publicado en el libro Incidentes de Viaje en Centro América, Chiapas y Yucatán, 1841, y  una foto vieja de hace cincuenta y siete años, con una interesante nota al margen, donde puede verse el reloj empotrado en cal cementada, sobre un claro de camino fondeado de maleza1. La fotografía muestra con limpidez, diferentes oquedades por desprendimiento en la superficie donde está grabado uno de los mensajes, y corrobora que el deterioro no es de hoy. Además, confirma que, el 15 de noviembre de 1953, hasta aquel paraje llegó don Luis Cuadra Cea quien por primera vez lo identificó como un reloj de sol. Posteriormente, el recordado historiador y emprendedor de la arqueología empírica en nuestro país, lo trasladó a Managua.


John Lloyd. Stepehens 

Stepehens hace constar que al recorrer el antiguo Camino Real poco distante a la línea de costa del lago Xolotlán, pudo ver el reloj en la jurisdicción del pueblo aborigen de Mateare. Veamos, narrado por el propio Stepehens, como fue aquel suceso: “Desde este pueblo [de Mateare] nuestro camino se extendía directamente a lo largo del lago, no más que a pocos pasos de la playa, y sombreado por magníficos árboles. Desgraciadamente nos vimos obligados a tomar otro camino para evitar una enorme roca que había rodado hacia abajo unos meses antes, y que probablemente todavía obstruye el camino; este nos hizo rodear por la Questa del Relox, así llamada por un venerable reloj de sol que se encuentra a un lado del camino, de una piedra gris oscuro, con una inscripción en castellano, pero con los caracteres tan gastados e indistintos que no pude descifrarlos. Carece de historia, salvo que fue erigido por los conquistadores, y permanece como una indicación de las obras con que los españoles comenzaron a colonizar el país”.2

Las “caracteres tan gastados e indistintos” en el cuadrante, ininteligible e indescifrables para “el viajero” norteamericano, seguramente no fueron grabadas con el propósito expreso de darles texto que leer a los indios confinados y obligados a tributar desde las parcialidades coloniales, recordemos que, hacia el final de la tercera centuria de dominio colonialista, el calificativo  ladino, entre otras definiciones, era particularmente connotado a un segmento social mínimo en relación de los otros estratos sociales, fue aplicado a quienes lograban conocer y dominar el habla del español, ó sea, los indios “hispanizados”. Aunque, entre cientistas sociales, el término ladino es de más amplia definición, es también atribuido a partir de términos de imposición y transculturización, mezcla de razas. Desde el inicio de la conquista, los procesos aculturadores entre los indios  –esencialmente el adoctrinamiento católico-- no equivalía a una proporción creciente de indios instruidos. En el siglo XVI y XVII, a partir del  dominio del habla y la lectura “…la Corona española utilizaba [ladino] el concepto para etiquetar a los súbditos del imperio que hablaban los rudimentos de la lengua oficial ó el llamado latín vulgar”. Así lo señalan estudiosos del tema, como Robinson Herrera y Darío Euraque. 3

Sobre el antiguo Camino Real, en la ruta de la “Cuesta del Reloj”, este cuadrante solar marcó muchas horas de sometimiento; probablemente demarcó un punto de la parcialidad indígena donde por varios siglos los indios confinados de “Mathiare de la Real Corona” eran obligados a los pagos de vituallas y otros productos. Marcó el tiempo sobre la ruta de explotación y mercadeo por la cual también circularon nativos y mestizos dedicados al comercio de poca monta. A propósito, algunos importantes datos sobre los tributos indígenas del siglo XVII Y XVIII están registrados en documentos coloniales depositados en algunos archivos públicos y privados. Sobre las circunstancias del Mateare colonial anterior a la instalación del Reloj de Sol, es posible conocer un estimado de la población del siglo XVII; algunos informes de relevante utilidad están resguardados en la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua, donde pueden localizarse bajo el título “Libro de Tributos de la Provincia de Nicaragua”; fueron comprados por el BCN, y sobre la procedencia es conocido que en 1928 fueron obtenidos por el señor Enrique Pichardo M., de los Archivos de la Curia de León. Estos documentos coloniales están reunidos en un tomo; hace poco fueron objeto de un valioso artículo de reinserción histórica, elaborado por el historiador Rafael Casanova Fuertes 4. En la primera página de la citada fuente, las cifras indican que en 1685, un siglo antes de la construcción del reloj de sol, sobre esa misma ruta enviaban al encomendero español, el tributo exigido a una población diezmada, compuesta de 87 indios e indias.

LOS COMPONENTES DEL CUADRANTE SOLAR

Para analizar la función y eficacia de las proyecciones esgrafiadas sobre la superficie de la piedra, tuve la intención de hacer la propuesta conveniente a la dirección del Museo Nacional de Nicaragua, a fin de verlo funcionar orientado al sol de levante. Ese propósito fue inalcanzable, porque en las últimas tres semanas que antecedieron a la redacción de este artículo, el Cuadrante Solar fue trasladado del museo “Huellas de Acahualinca” al Museo Nacional en el Palacio de la Cultura, y esa imprevisto detuvo la posibilidad de examinar la parte gnomónica, epigráfica e iconográfica; no obstante, gracias a la suerte favorable el asunto varió por la valiosa ayuda del arqueólogo Edgard Espinoza Pérez, a quien debo la obtención de tres magníficas fotografías del calco hecho a tres caras del cuadrante, realizadas en el año 2000, por él y la arqueóloga japonesa Fumie Lizuka, quien permaneció en nuestro país como parte  del servicio voluntario japonés “Jóvenes en el Extranjero”.

GNOMÓNICA DEL CUADRANTE SOLAR


Fotografía No. 1 - Reloj de Sol 
Calco hecho por los arqueólogos Edgar Espinoza Pérez y Fumie Lizuka

Según el diseño que puede apreciarse en la fotografía 1, el cuadrante solar de una cara es, del tipo vertical directo a mediodía orientado (Vertical a levante). En la superficie contiene doce líneas horarias esgrafiadas que parten hasta el interior de la banda horaria encerradas en un semicírculo, las horas están indicadas en número romanos demasiado deteriorados, que apenas permite distinguir la nomenclatura, distribuida de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Las líneas horarias comienzan en el extremo izquierdo del cuadrante, a partir de  las 6 (VI) horas del crepúsculo matutino, hasta las 12 (XII) horas en la meridiana, de donde continúa hasta llegar al ocaso en otras seis horas. Puede verse que la meridiana, y los doce ángulos del trazado, no están bien graduados, por tal motivo, es probable que por medio de ella no podrá obtenerse información exacta del valor de la latitud local respecto al lugar donde se mira, porque el dato se obtiene de la orientación del reloj hacia la posición de la Estrella Polar (del Norte), o sea, es el ángulo configurado entre la dirección y el plano horizontal del cuadrante (el ángulo llano del semicírculo). Encima de la meridiana conserva el orificio donde se aloja el gnomon o estilo (varilla) que proyecta la sombra con la cual se mide el tiempo solar aparente.

ICONOGRAFÍA RELIGIOSA

En la parte de abajo del reloj está otra inscripción que sin la ayuda del calco, resulta menos reconocible e inadvertida, consiste en iconografía simbólica y religiosa, una cruz latina o crux ordinaria con pedestal cónico, flanqueada por dos racimos de uvas, simbolismo propio de la exégesis bíblica, propio del mensaje eclesial y cristológico; representa la cruz más habitual en las iglesias de la cristiandad latina. El brazo mayor de la cruz está alineado con el centro geométrico del reloj.  De ahí que pueda suponerse que el trabajo esgrafiado en la construcción del reloj  pudo ser obra encargada a algún fraile conventual de los que transitaban en labor de adoctrinamiento. 

PALEOGRAFÍA Y EPIGRAFÍA

Para quienes por oficio están dedicados sólo a la paleografía, la labor ó desciframiento nunca deja de ser un reto al que ponen buena dosis de paciencia; no menos dificultoso resultó nuestro empeño de interpretar la escritura colonial hispanoamericana en el reloj. En la tarea emprendida hubo algunos elementos gráficos insalvables, sin embargo, el mensaje ha sido recobrado en casi la totalidad.

CALCO No. 1

Calco hecho por los arqueólogos Edgar Espinoza Pérez y Fumie Lizuka

TRANSCRIPCIÓN DEL CALCO No. 1



Transcripción y Traducción: Eduardo Pérez-Valle h.

TRADUCCIÓN

El texto en castellano antiguo está distribuido en ocho líneas.

Conserva la riqueza de alma y vida
el medio, el invierno, el verano,
porque el hombre es su creación
en ley, en fe, en razón de este mundo
natural, a estos sabios entendidos,
dejó  a la ciencias y artes a su cuido
para que el ver que con ellas se alabe
el Altísimo Majestad Real que está en el Cielo


Fotografía No.3 Cara lateral derecha del Cuadrante Solar
Calco: Edgar Espinoza Pérez y Fumie Lizuka

TRADUCCIÓN por Eduardo Pérez-Valle h.
                 
  Este camino real se abrió
el año de 1781
                                   por orden de la Majestad y Señor
              de campo
                                   Gobernador y Capitán General del Rey
                                   Don Matías de Gálvez
                                   el descubridor y protector de
                                   este, el capitán Antonio Rovira

Para comprender el contexto del mensaje  grabado en 1781, nada me parece más indicado que referirnos al Capitán General Matías de Gálvez y Gallardo, personaje militar y político que tres años antes de la instalación del Cuadrante Solar en el Camino Real de Mateare, ocupó la Capitanía General que perteneció al Virreinato de Nueva España;  Presidente de la Audiencia de Guatemala, falleció en 1784.  Por otra parte, el historiador Tomás Ayón escribe en su Historia de Nicaragua, las circunstancias que propiciaron en el contexto de la guerra declarada entre el imperio inglés  y el español, la  llegada urgente a la provincia de Nicaragua del Capitán General Gálvez al mando de fuerte destacamento militar destinado a enfrentar al ejército inglés que tras dos ataques a la tropa española del Castillo de San Fernando de Omoa, en Honduras, los obligó a rendirse. Gálvez retomó el Castillo de San Fernando y luego prosiguió a la provincia de Nicaragua con el propósito de deshacer los asentamientos ingleses en el territorio de Mosquitos. Ayón expone que  el 22 de febrero de 1780, el Capitán General estaba en Granada donde permaneció cuatro meses y otros dos en Masaya.5

En cuanto a José Rovira, era hidalgo español residente en la Provincia de Nicaragua y fue el primer alcalde de Managua. Don Gratus Halftermeyer, historiador y cronista por excelencia de nuestra vieja Managua, lo consigna en su libro “Historia de Managua”6.

Respecto a Rovira hay otro dato igualmente relacionado a monumentos coloniales conmemorativos. En el periódico La Noticia que dirigió don Juan Ramón Avilés, fue publicado que dos años después del terremoto de 1931, en septiembre de 1933, por decisión de don Rafael Villavicencio, Presidente del Distrito Nacional, “fue colocada a la derecha de la entrada y al pie de la primera grada del reconstruido Palacio del Ayuntamiento, una piedra colonial que data de hace de más de dos siglos. Obsequio hecho por la distinguida familia del extinto don Mariano Guerra al gobierno local de Managua, El señor José Rovira, primer alcalde de Managua hace más de dos siglos, que fue quien hizo grabar la leyenda en esa piedra, fue un ascendiente de don Mariano Guerra, cuya viuda es quien la ha entregado al Distrito Nacional.”  (Fotografías 4 y 5)



Fotografía No. 4. Palacio del Ayuntamiento, antes del terremoto de 1931. Obsérvese la ausencia de la “piedra colonial”.-



Fotografía No. 5. Palacio del Ayuntamiento en reconstrucción. En la parte derecha al pie de la primera columna y a orillas de la primera grada, puede apreciarse la “piedra colonial” colocada en 1933.
“En dicha piedra puede leerse, aunque un poco borroso por el tiempo la siguiente inscripción: Bajo las órdenes del Sr. Governador Int. Dn. José Salvador se reedificó este Rl. Cavildo por el primer Alce. De este pl. Do. Antonio Roma. 1726”.7 

José Salvador fue el Gobernador e Intendente de la Provincia, quien “a los diez días del mes de marzo de 1810 ordenó el amojonamiento (límites coloniales) de Managua. 8

El término “reedificar” en la inscripción de esa otra piedra colonial conmemorativa, sugiere que, el alojamiento del Real Cabildo sufrió destrucción; como dato coincidente, recordemos que ese mismo año de 1726, ocurrió el terremoto que destruyó las iglesias coloniales de Chinandega y Chichigalpa.

EL CUADRANTE SOLAR “DESPUÉS DEL PÁRAMO DE LAVA”

El testimonio sobre otro cuadrante solar a orilla del camino real entre Managua y Masaya, está en la obra de Ephraim George Squier. La obra de este diplomático estadounidense es apreciada por la trascendencia de la calidad testimonial y científica. Permaneció en nuestro país como Encargado de Negocios de los Estados Unidos de Norteamérica ante los gobiernos de Centroamérica. Valga decir que lo extraño del caso es, que durante la primera estadía de Squier en Nicaragua, por espacio de un año, de 1849 a junio de 1850, viajó por los caminos principales de los pueblos de occidente; de paso hacia la ciudad de León estuvo en la ciudad de Nagarote, y la ruta obligada era sobre el mismo camino antiguo que dejaba atrás a Mateare y la “Questa del Reloj”, sin embargo, el minucioso Squier no dejó testimonio sobre el cuadrante erigido por Rovira en homenaje a Gálvez.

Sesenta y nueve años después, en la Nicaragua independizada del colonialismo español, Squier narra la existencia de otro cuadrante solar, colonial, que definía límites entre Masaya y Granada “después del páramo de lava”, conozcamos en las palabras de Squier los detalles de aquel suceso:

“…Pasado el páramo de lava… a mitad del camino entre Masaya y Managua, dimos de sopetón con una gran piedra que a la primera ojeada una de las “piedra antiguas” del país… resulto ser no obstante una relox del sol”. Cuadrante solar dejado allí por los españoles con doble propósito de marcar la distancia y las horas. Tiene una inscripción que las injurias del tiempo han borrado ya. En su lugar vese ahora una ruda cruz en profundo bajo relieve” 9

CUADRANTES SOLARES INADVERTIDOS

No es improbable que en las iglesias coloniales de Nicaragua hayan sido construidos diferentes diseños de cuadrantes solares para la medición del tiempo. Sería interesante revisarlas, tal vez lo que podría parecer una simple incisión en la pared es parte de un cuadrante solar elaborado por las misiones eclesiásticas. A tal propósito sería necesario escudriñar en las torres, paredes, en todo sitio donde la disposición arquitectónica sugiera un posible o adecuado emplazamiento. Sobre todo, ahora que la Escuela de Física de la UNAN cuenta con expertos y entusiastas de la Cosmología que han fundado el “Observatorio Astronómico” de la Universidad Nacional.  La gnomónica es parte inseparable de la bóveda celeste y la construcción de cuadrantes solares representaría un motivo práctico de enseñanza, aprendizaje, y de mejoría en sitios públicos. Como alguien bien dijo: “Me gustan los relojes de sol porque combinan al tiempo, la astronomía, las matemáticas y la cosmogonía en un solo objeto. Es una perfecta combinación entre historia, ciencia y arte.”

En relación del asunto, cabe referir que en el último aporte editorial del historiador Orient Bolívar Juárez, está incluida una breve referencia  ilustrada, sobre  la existencia de “la Piedra del Tiempo” ó Cuadrante Solar de la “Questa del Reloj”.10

Por ahora, el Cuadrante Solar de la “Questa del Reloj” es el único identificado en nuestro país. Acertadamente, las autoridades del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), decidieron trasladarlo al Palacio de la Cultura donde es mostrado al público después de haberlo declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la Nación.

NOTAS

1 La fotografía fue tomada en 1953 por alguien de nombre David. Posiblemente, David Arellano, músico pianista, quien tuvo afición por asuntos arqueológicos de Nicaragua.-

2 STEPHENS, John L.: Incidentes de Viaje en C.A., Chiapas y Yucatán. (Traducción de la 1ª Ed. Inglesa, por Benjamín Mazariegos Santizo). Quetzaltenango. Tip. El Noticiero Evangélico, 1940. T. II, pp. 9 y 10. 

3 QUIRÓS SOTO, Ronaldo y DÍAS ARIAS, David: Mestizaje, indígenas e identidad nacional en Centroamérica: De la Colonia a las Repúblicas Liberales. Cuadernos de Ciencias Sociales No. 143. Facultad de Ciencias Sociales, San José, Costa Rica, agosto 2007. 129 pp.

4 Una obra inédita de Luis Cuadra Cea sobre las comunidades indígenas de Nicaragua en el siglo XVII. Por: Rafael Casanova Fuertes. En: Nuevo Amanecer Cultural, 23 de Octubre de 2010.

5 AYÓN, Tomás: Historia de Nicaragua: desde los tiempos más remotos hasta el año de 1852. Fondo de Promoción Cultural. BANIC. Tomo III. (2ª  edición). Serie Histórica. Página 92 -135.

6 HALFTERMEYER, Gratus: Historia de Managua: Data desde el siglo XVIII hasta hoy. 3ª. Ed. Talleres Nacionales Nicaragua. D.N. 1959.

7La piedra colonial del Palacio del Distrito Nacional. En: La Noticia, 22 de septiembre de 1933. pp.3.

6.----Piedra Municipal de Managua, de más de dos siglos. En: La Noticia, 17 de septiembre de 1933. Pág. 

8 Ratificación de los límites coloniales de Managua (1810). Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. Editor Jorge Eduardo Arellano. 2ª época. Tomo LXV. Agosto 2007. pp. 201 y 202.

9 SQUIER, Ephraim George: Nicaragua, sus gentes y paisajes (Trad. de Luciano Cuadra). Imp / Ed.: San José, Costa Rica: EDUCA, 1972.  2a. ed. 525 p. Serie: Viajeros, 1

10 JUÁREZ, Orient Bolívar: Historia de la Geodesia y la Cartografía en Nicaragua, 1ª ed.  Managua. Ediciones Jano, 2010. Capítulo III.  p. 17.   

Bibliografía:

CAVALLINI DE ARÁUZ, Ligia: Elementos de Paleografía Hispanoamericana; San José, Costa Rica. Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1ª edición. 1986.