miércoles, 22 de enero de 2014

RECORDANDO LA CASA PRESIDENCIAL*

Por: Dr. Eduardo Pérez-Valle. 

Construida en cumbre de la loma de Tiscapa, siempre ha sido símbolo de controversia y contraste.

** Obras iniciaron el jueves 17 de octubre de 1929.
**  La obra costó 171,013.50 dólares.
**  Entre terremoto y terremoto, ofreció albergue a 13 gobernantes.

Habiéndose declarado recientemente Parque nacional la histórica Loma de Tiscapa, que dominaba Managua desde el Sur, nos parece acertado hacer unas cuantas remembranzas sor sobre la mansión o Casa Presidencial construida en su cumbre, y  que en sus 42 años de existencia, entre terremoto y terremoto, ofreció albergue a 13 gobernantes.

El 4 de enero de 1931, en el tercer año de su gobierno, inauguraba el presidente José María Moncada el Palacio Presidencial, más comúnmente llamado Casa Presidencial. El acto inaugural llevóse a efecto durante una suntuosa recepción. Suntuosa hasta donde lo permitía la crisis económica en que se debatía el mundo desde 1929, y que al deteriorar sensiblemente los precios del café en el mercado exterior, gravitaba pesadamente sobre la economía de Nicaragua, país recién emergido de una cruenta y devastadora guerra civil.

LUGAR DEL ESPEJO

La Loma de Tiscapa sobre la que se levantaba la Casa Presidencial, es una eminencia de 145 metros de elevación con apariencia de volcán milenario, en cuyo cráter apagado se abre la pupila enorme de una laguna que refleja los cambiantes matices del firmamento. Tiscapa se llama este paraje, que en la florida lengua mexica significa “lugar del espejo” (tezcaltl, espejo; pan, lugar).

Este sitio bucólico, que se hubiera dicho poblado de ninfas y donde podía esperarse descubrir la huella de Pan bajo los “encendidos oro” del sol tropical, sufrió durante el gobierno del presidente Zelaya (1893-1909) sustanciales transformaciones. El bosque fue talado, la maleza destruida; en sus laderas se cruzaron trincheras; en la cima se construyeron atalayas y casamatas. Y el nombre fue desde entonces “Fortaleza de la Loma de Tiscapa”. Al pie se construyó un recinto amurallado que fue denominado “Campo de Marte”. El ingeniero italiano don Napoleón reconstruyó las murallas, trincheras, atalayas y casamatas.

TISCAPA, PRINCIPAL FUERTE

Siete presidentes se sucedieron  tras el fundador de la fortaleza, hasta llegar a Moncada, constructor de la Casa Presidencial. A través de ese período fue Tiscapa el principal pinto fuerte de Managua. Durante el ejercicio presidencial del antecesor de Moncada, don Carlos José Solórzano, la noche del 24 de octubre de 1925, el comandante de Tiscapa entregó la fortaleza al General Emiliano Chamorro, quien depuso a Solórzano, asaltando el poder, lo que dio origen a la desastrosa guerra civil de 1926-27. Es el famoso golpe bautizado popularmente como “el lomazo”:

Elevado a la presidencia el general Moncada, quien condujo las armas constitucionalistas contra la usurpación, desmanteló las fortificaciones y destinó la colina que señorea Managua para lugar de residencia oficial del presidente de la República, quizá en una afán de alejar la posibilidad de que ocurriesen futuros “lomazos”.

ENCARGAN EN ESTADOS UNIDOS PLANO DE UN GRAN PALACIO

Moncada solicitó a una firma arquitectónica de los Estados Unidos las trazas de un gran palacio que debía construirse frente a Managua, en el preciso punto en que la Avenida Central cortaba la cumbre de Tiscapa. Una extensa explanada se fue acondicionando en este lugar, el de suelo más firme que ofrece el borde del antiguo cráter volcánico.

Entretanto quiso el presidente ocuparse en la construcción de un puesto de guardia que controlase la entrada al recinto presidencial. Se confió esta obra al arquitecto pisano Mario Favilli, quien había ingresado a Nicaragua en 1908 y trabajado al servicio de la firma Luisi & Ferracuti en Managua; luego habíase radicado en Granada, donde se empleaba en obras de arquitectura y marmolería y en la producción industrial de ciertos materiales de construcción.

INFLUENCIA DE LA ARQUITECTURA ARABIGA

Favilli trazó el edificio que se le encomendaba adoptando los ventanales ajimezados de la arquitectura arábiga, así como el arco en herradura que caracterizaba a los grandes monumentos concebidos en dicho estilo. Las formas arquitectónicas del norte de África, exhibidas con insistencia en las publicaciones periódicas italianas a partir de 1912, influyeron decisivamente en el ánimo del arquitecto. Aquel año Italia había arrebatado un jirón al Imperio Otomano y establecía su colonia Tripolitana en las antiguas tierras de Libia.

Los ventanales de arcos túmidos imprimieron al edificio un marcado sello morisco. Una amplia escalinata conducía al saliente del cuerpo central, una galería exterior coronada en la fachada por tres arcos traspasados. Sobre el ático de este cuerpo, dos leones echados, con la esfera del mundo entre sus garras, custodiando las insignias patrias: escudo y bandera. El primero en relieve sobre el arco central; la segunda en su asta, enclavada en el pináculo del edificio. Los cubos laterales, con ventanales de ajimez, tenían adosados sendos cuerpos de planta semicircular de muy gracioso aspecto.

Por fin llegaron los planos solicitados a los Estados Unidos. El proyecto del Palacio Presidencial era grandioso, de mucho lujo y elevado costo. Sólo los planos estaban valorados en 5,000 dólares.

Terminado el cuerpo de guardia, se dio fin a su escalinata de acceso, toda de mármol de Carrara, y se colocaron los leones custodios. El hermoso conjunto de la obra operó el cambio. A Moncada pareció aquel mucho edificio para un destacamento militar, como también le habían parecido muchos dólares los 5,000 que pedían los arquitectos por los planos del Palacio. La crisis económica, que persistía y se agudizaba hizo lo que faltaba. Se devolvieron los planos a Estados Unidos  y se destinó el puesto de guardia para Casa Presidencial. Se ordenó a Favilli que ampliara el edificio agregando dos extensas alas en la parte posterior, donde pudieran ubicarse cuantas dependencias hacían falta en el trazado original.

Por esa época proyectábase hacer algunas mejoras en el viejo Palacio Nacional. El constructor del gobierno, don Abelino Serrano, había pedido a España, por medio del agente comercial don Dionisio Martínez Sanz, un lote de azulejos de excelente calidad para decorar los salones del Palacio. Pero en presencia de la magnífica obra de artesanía, al presidente pareció un despropósito destinar tan bellas y costosas piezas ornamentales a un edificio viejo y desmantelado. Destináronse a la flamante Casa Presidencial; y al propio señor Martínez Sanz correspondió, según las estipulaciones del contrato, dirigir la colocación de los azulejos en su nuevo destino.

EL GRAN TERREMOTO DE 1931

Concluyóse prontamente el ala occidental, acometiéndose de inmediato la construcción de la oriental. Efectuábase esta parte de la obra cuando sobrevino el gran terremoto del 31 de marzo de 1931. La onda sísmica pareció venir de occidente. Los obreros que trabajaban en lo alto contaban que la tierra se agitaba como si fuese fluida y una inmensa ola la recorriese desde occidente, la sacudida ascendió por la ladera occidental de Tiscapa y al llegar a la cúspide causó una falla enorme que partió en dos la Casa Presidencial.

El ala oriental, que se construía, quedó completamente desprendida del resto del edificio, como si una espada gigantesca la hubiese cercenado. Su nivel bajó cuarenta centímetros. Hubo derrumbes considerables en esta sección, pues los muros de contención que se construían sobre la laguna aún no habían sido terminados.

En la ruina completa que sufrió el Palacio Nacional aquel aciago día se perdieron los primitivos planos de la casa Presidencial, archivados en el despacho del Ministro de Fomento, Ingeniero Bernabé Portocarrero.

El área de algunos de los principales ambientes era la siguiente: Antesala, 54 metros cuadrados; Salón principal, 100 metros; Salón de Las Banderas, 100; Salón de los Diplomáticos, 90; Salón de Visitas, 90; Comedor, 75 metros cuadrados.

SE ABANDONAN OBRAS

Después del terremoto, por la penuria en que quedó el país, se abandonaron las obras. La capital se estableció transitoriamente en la vecina ciudad de Masaya. Fue el ingeniero Contesti, otro italiano, quien algún tiempo después se encargó de reconstruir el ala oriental y hacer múltiples adiciones a la planta del edificio, algunas de ellas ajenas al aire morisco adoptado originalmente.

Contiguo al ala oriental se construyó un extenso edificio que ocuparon las oficinas de las diversas secretarías: Privada y de la Presidencia, en la parte alta; de Información  y Prensa, Militar, Oficina de Seguridad y Oficina de Correspondencia Telegráfica, en la planta baja; aquí también se hallaban los archivos principales de todas las dependencias. Se construyó asimismo, separado del conjunto principal, un alojamiento con suficiente capacidad para la Guardia Presidencial y las oficinas correspondientes.

EL TERREMOTO DE 1972

El terremoto de 1972 partió con una enorme falla la Loma y la Laguna de Tiscapa, dejando completamente inhabitable la Casa Presidencial. El 24 de marzo de 1974 se comenzó su demolición, la que se dio por concluida a lo largo del año.

LOS HUÉSPEDES DE CASA PRESIDENCIAL

Por Eduardo PÉREZ-VALLE


1.  José María Moncada           1931-1932
     (Su período presidencial comenzó en 1929)
2.  Juan Bautista Sacasa           1933-1936
3.  Carlos Brenes Jarquín                   1936-1937
4.  Anastasio Somoza García   1937-1939
5.  Anastasio Somoza García   1939-1947
6.  Leonardo Argüello              1947
7.  Benjamín Lacayo Sacasa     1947-1948
8.  Víctor M. Román y Reyes  1948-1950
9.  Anastasio Somoza García   1951-1956
10. Luis Somoza Debayle         1957-1963
11. René Schick Gutiérrez        1963-1966
12. Lorenzo Guerrero               1966-1967
13. Anastasio Somoza Debayle 1967-1972

* Fue publicado en: El Nuevo Diario, lunes 8 de Julio de 1986.