miércoles, 29 de enero de 2014

ALGUNAS HISTORIAS SOBRE LOS PRECURSORES DE LA MINERÍA AURÍFERA EN NICARAGUA

LAS MINAS DE  PRINZAPOLCA Y PIS-PIS, COMO FUERON DESCUBIERTAS. Por: "Harold". En: La Patria. Publicación quincenal de literatura, ciencias y artes. Año XXV. León, 1º de Julio de 1919. Tomo IX. Director y  Administrador: Félix Quiñónez.

Historia que parece cuento

Desde que los españoles llegaron a la Costa Atlántica de Nicaragua, tuvieron notica de que en el interior había un lugar donde había mucho oro, un El Dorado.

Los españoles, durante sus tres siglos de dominación, preocupados sin duda con las invasiones de los filibusteros, nunca intentaron descubrir el país de oro.

Veamos cómo fue descubierto en nuestros días.

Hace algunos años, era yo Administrador de la Aduana del Bluff y tenía como subalterno un negrito colombiano muy inteligente, que hablaba el inglés de la costa y era marino de profesión.

Una tarde, concluido el trabajo diario, nos retiramos a la casa de habitación. El negrito acostumbraba allí referirnos, después de la comida, algunos hechos curiosos del extinguido Reino de la Mosquitia, y especialmente algunos relacionados con el Serrallo que Su Magestad Mosca tenía en Laguna de Perlas. Mentiras o verdades, el negrito nos divertía. Una vez nos dijo:

--¿Conocen ustedes las minas de Prinzapolka y de Pis-Pis?
--No.
--¿Les gustaría saber cómo fueron descubiertas?
--Sí.
--En 1876, cuatro cuadrillas de huleros, al mando de Francisco Madrigal, Cinecio Mora, Domingo Herrera y Francisco Pérez, encontraron, mucho hule, de clase superior, en las montañas vírgenes del Río Prinzapolka.

Los jefes de estas cuadrillas no admitían mujeres, porque la experiencia había enseñado que eran causa de sangrientas reyertas, confirmando lo que dijo Bretón:

“En todo humano litigio,
No hay remedio,
A no obrar Dios un prodigio,
Habrá faldas de por medio.
Danza en todo una mujer,
Casada, viuda, o doncella,
Luego, el cuento está en saber
Quién es ella.”

Por la carencia absoluta de hijas de Eva, uno de los mejores peones, llamado Felipe Emigdio, desertó de la cuadrilla y se agregó a un Palenque de indios sumos, donde había una india muy “simpática”, como decimos nosotros vulgarmente, casada con un zambo, llamada Josiah. Desde que llegó, Felipe Emigdio la hizo de Tenorio y, desgraciadamente, quiso incluir entre sus Ineses a la mujer de Josiah, quien era de malas pulgas. Cuando Josiah se convenció de que las relaciones entre su mujer y Felipe Emigdio había sido algo más que platónicas, buscó a éste y lo mató alevozmente (sic), en Yauya de un balazo.  Las autoridades mosquitas persiguieron a Josiah, quien huyó a las montañas, donde por casualidad descubrió una gran mina, o lavadero de oro, en una quebrada del río Siuna.

Sus amigos fueron a verlo y les obsequió molonques de oro, del tamaño de un cacao grande, para que les sirvieran de plomada a sus anzuelos.

Pasado algún tiempo, Josiah, creyendo que las autoridades mosquitas lo habían olvidado, volvió a su casa: pero fue denunciado, preso y conducido a Blufields, donde se le juzgó y se le condenó a morir ahorcado.

Durante el juzgamiento de Josiah, los amigos de éste fueron a vender a Mr. Gustavo Schultz, alemán residente en Prinzapolka, los molonques obsequiados. El alemán se los compró a bajo precio, y con maña consiguió que le dijeran cómo los había obtenido, manifestándole ellos que Josiah estaba preso en las cárceles de Bluefields y que pronto sería ahorcado.

Mr. Schultz se trasladó a Bluefields, consiguió hablar con Josiah y le ofreció salvarlo, con tal de que lo llevase al lugar en que había encontrado los molonques de oro. Josiah le ofreció llevarlo.

Las autoridades mosquistas todo lo arreglaban con dinero, y Mr. Schultz, por medio de una buena suma de dólares, logró sacar a Josiah de las cárceles de Bluefields.

Joseiah llevó a Mr. Schultz al lugar de la montaña en que los molonques estaban a flor de tierra. El alemán comenzó sus trabajos; y era tarea de un buen peón el llenar una lata vacía de esas que vienen con ostiones.

Por algunos años Mr. Schultz mantuvo sus trabajos clandestinamente, pagando a sus peones 4 reales y la comida.

La noticia de semejante riqueza se esparció al fin. Llegaron nuevos cateadores, con disgusto de Mr. Schultz. El oron en polvo circulaba con profusión, en botes de cristal, con peso de onzas y de libras, y los peones y algunos patrones también, los derrochaban en el juego, en las cantinas y en las mujeres. Era aquello una California. Nadie tenía garantías más que en su puñal o su revólver. Los tahúres jugaban con el puñal en la mano y el cubilete en la otra.

Este estado de cosas llegó a oídos del Gobierno de Nicaragua, y este resolvió enviar una autoridad. En 1889 fue enviado por el Gobierno el señor Francisco Traña, quien fue el primer Comandante o autoridad, que hubo en el río Prinzapolka.

Nuevas y riquísimas zonas fueron descubiertas por el indio Tigüís, en Cuicuinita, que producen oro del más alto quilate.

También descubrió otras el indio Paipa, de quien se dice que tiene un crique, muy rico, del cual va sacando oro, sigilosamente, a medida que lo necesita.

La señora Pía Vargas, de León, fue la primera que descubrió oro en un crique de Pis Pis, donde está hoy la gran mina de Constanza. Un negro llamado Creamen, llamándose Agente de las autoridades del Cabo, despojó a dicha señora; y en la montaña que ésta descubrió hay ahora las siguientes minas, cuyo conjunto ha tomado el nombre de Mineral de Pis Pis:

Bonanza, de José Lapiére, francés; El Marsh, de Charles Lobner, americano; Lone Star, de Norman Makinish; Constanza, de Hary Carlos; Siempreviva, de la Compañía de su nombre; Concordia, de N. J. Martin; Josefina, de Eduardo Perera, mejicano; Los Ángeles, Compañía Dietrich; Santa Rita, de N. Parker; Fraternidad, de Mr. Platts; Minesota, de Mayo Potter, americano.

Estas minas en explotación tienen sólo, en maquinaria moderna más de $8.000.000 de dólares. Producen más de 100,000 dólares al mes. Ocupan más de… 1.500 operarios. Ellas dan vida al Río Coco y al puerto del Cabo Nuevo. El Distrito tiene bonitos pueblos: San Pedro y El Limón, con casitas de estilo americano, con tranvía y luz eléctrica. Sus calles son macadamizadas, mejores que las de Managua.

El mineral se comunica con El Cabo por el río Waspook y el Coco.

Pero volvamos al Prinzapolca.

Después del descubrimiento de Pis Pis se verificaron nuevos descubrimientos en Tunquí y San Luis de Oconwás.
Se formaron varias poblaciones y se estableció el comercio.

Por las condiciones malsanas del Siuna, se trasladó la Comandancia a Weí-la-wás, pero como el Comandante era un señor Cortés, muy obeso, tuvo temor de pasar los rápidos de Bacán y Saucerre, y se quedó en Cuicuina, por lo cual esta población quedó de cabecera del Distrito, hasta que incendio y las inundaciones del río la destruyeron completamente.

Verificada la reincorporación de la Mosquitia, fue nombrado primer Juez de Minas, el Dr. Telémaco López, quien radicó su oficina en la barra del Prinzapolca, por la facilidad de las comunicaciones, pues la barra en el punto de convergencia de las dos vías fluviales, la del Siuna y Cuicuinita por el río Prinzapolca, y la de Pis Pis, Tunquí y Oconwás por el Bambana.

En 1892 llegaron a Siuna, varios personajes de la Costa del Pacífico (del interior) pidieron a Mr. Schultz sus títulos legítimos, y como no los tenía, lo despojaron de sus minas. Schultz se fue, pero dejando la mina vacía, pues había recojido (sic) todo el oro de la superficie y sacado más de 300.000 dólares, con lo cual pagó una deuda de 100,000 dólares, y se volvió a Alemania, su país, a gozar del resto.

Calló el negrito, dejándonos con el pesar de no haber sido nosotros parientes siquiera de Mr. Schultz.

Creyendo yo que era una fábula lo relacionado por el negrito, tomé informes con personas fidedignas y me ratificaron lo dicho por él.

¿Y qué fue de Josiah? Pues Mr. Schultz escapó de matarlo, al notar que le robaba. Huyó a la montaña e hizo otro descubrimiento, que el Comandante Chavarría no pudo nunca conseguir que le revelase. Atacado por una enfermedad contagiosa, volvió a la Costa y murió solitario, en la más triste y calamitosa miseria.



HAROLD